Beatos Luis Martin y Celia Guérin, esposos (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotomontaje con los retratos de los esposos, realizado para su beatificación.

Fotomontaje con los retratos de los esposos, realizado para su beatificación.

Introducción
“Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7, 16). El santoral contiene los nombres de todos los bautizados que se tiene la certeza de que han llegado al cielo y conforman la Iglesia Triunfante. Esta lista está conformada por hombres y mujeres de todos los pueblos, de todas las razas, de todas las naciones, de todas las edades, de todos los tiempos. Sin embargo, queda la sensación al leerlo de que son los consagrados quienes ocupan únicamente un lugar en este listado. Eso es necesario aclararlo: los laicos tienen un espacio propio desde el principio; baste recordar las primeras generaciones de mártires. Por ello y acorde al espíritu del Concilio Vaticano II que impulsa la figura del laico y que promueve su desarrollo como protagonista de la Iglesia que peregrina en este mundo, desde el pontificado de San Juan Pablo II, se ha vuelto nuevamente la mirada hacia el laico para proponerlo como ejemplo de santidad. Baste recordar a los Beatos Luis y María Beltrami Quatrocchi, Pedro Jorge Frasatti, Laura Vicuña, etc. quienes conforme al Evangelio, han tomado en serio lo que dice: “Ustedes son la sal del mundo y la luz de la tierra” (Mateo 5, 13-14), “Que los hombres vean sus obras para que den gloria a su Padre celestial”, (Mateo 5, 16).

Al referirse este artículo a una pareja de esposos, Luis Martin y Celia Guérin, padres de Santa Teresita del Niño Jesús, es necesario aclarar que ellos no son Santos porque son progenitores de esta Santa Doctora de la Iglesia; su grandeza de espíritu y su vida de cristianos ejemplares son el origen de la eximia y preclara santidad de la Santa de Lisieux. Así, en el núcleo familiar de Alençon y luego de Lisieux, se generó un modo de vida donde Dios fue todo en todos. Luis y Celia enarbolaron como insignia las palabras del Evangelio: “Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos”. (Mateo 7,18).

Refiérese que cuando San Pío X (José Sarto entonces) fue nombrado obispo, al enseñarle su anillo episcopal a su madre, ésta le enseñó su argolla matrimonial y le dijo: “Sin éste, no hubiera ése”. Así pues, si la más grande Santa de los tiempos modernos, como llamó este Papa a Santa Teresita, es quien es, esto se debe sin duda alguna a sus padres, a quien la Iglesia propone como ejemplo ahora a todas las parejas de esposos y padres cristianos.

La Beata con sus dos hermanos.

La Beata con sus dos hermanos.

Celia Guérin
Azelia María o Celia María Guérin, como ella misma se presenta, nació el 23 de diciembre de 1831 en Pont, Gandelain, siendo la segunda hija del matrimonio formado por Isidoro Guérin y Luisa Juana Macé. Sus hermanos fueron María Luisa, que sería religiosa visitandina, e Isidoro. Su infancia fue enfermiza y creció junto con una rígida educación dada por su madre. En 1843 se muda con su familia a Alençon. Allí estudió con las Religiosas de los Sagrados Corazones, con quienes obtuvo muy buenas calificaciones. Alguna vez, motivada por la familiaridad con estas hermanas, tuvo la idea de consagrarse, pero Dios le tenía preparado otro destino; trató de ingresar con las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, pero la superiora le hizo ver que ésa no era la voluntad de Dios. Desde entonces, ésta era su oración: “¡Dios mío, ya que no soy digna de ser tu esposa como mi hermana, aceptaré el matrimonio para cumplir tu santa voluntad! Entonces dame, te ruego, muchos hijos, y haz que todos se consagren a Ti”. Convenía preparar su porvenir y, conforme a una inspiración, se puso a estudiar el arte del punto de Alençon. Pronto obtuvo una gran destreza en esta artesanía y estableció un taller en su casa, donde trabajaba primorosamente y con dedicación por horas, produciendo verdaderas obras de arte que eran consideradas de alto valor, con cuyo comercio dio prosperidad a su hogar.

En 1853 su hermana ingresa en el monasterio de la Visitación de Mans, allí toma el nombre de Sor Dositea; por correspondencia mantendrá una relación fraternal y amistosa con ella, porque la quería muchísimo. Con la separación de su hermana, se abrió realmente la posibilidad del matrimonio. La joven tenía una figura atrayente. Era vivaz, fuerte, amable, muy alegre y culta, práctica e íntegra, con una gran fe. Por estas cualidades, era normal que atrajera las miradas de los muchachos. En cierta ocasión atravesó el puente de San Leonardo y se cruzó con un hombre de noble fisonomía. Sintió que una voz le decía; “Éste es el hombre predestinado para ti.” Discretamente se enteró del nombre de ese joven: Luis Martin.

Uno de los encajes realizados por la Beata.

Uno de los encajes realizados por la Beata.

Luis Martin
Conocemos bastante del Beato Luis Martin gracias a los escritos de Santa Teresita, quien lo describe como un viejo venerable, muy piadoso, que adora a sus hijas, es un poco soñador y que vive de sus rentas. Luis José Luis Estanislao Martin nació el 22 de agosto de 1823 en Burdeos, hijo del matrimonio formado por Pedro Martin y María Ana Fanie Boureau. Recibió el agua bautismal sin tardanza, difiriéndose la crismación hasta octubre del mismo año porque su padre, que era militar, no estaba presente. El arzobispo de Burdeos debió presentir su futuro, pues dijo a los padres del pequeño: “Regocíjense: ¡Este niño es un predestinado!”. Por los azares de la milicia, la familia que tuvo otros cuatro hijos, vivió en Avignon, Estrasburgo y finalmente Alençon; luego el capitán Martin se jubiló y allí estableció una relojería. De él se refiere que era gallardo y muy piadoso. En alguna ocasión el capellán del regimiento le preguntó por qué permanecía arrodillado durante la misa tanto tiempo y le respondió: “Lo hago porque creo”. Este hombre forjará el carácter, la fe y la personalidad de su hijo Luis Martin, que era el predilecto. A él sus padres le dieron una buena educación, desde joven fue aficionado a la lectura y en Rennes estudio la relojería. En su juventud era un excelente nadador.

Cuando cumplió 22 años tuvo el deseo de una vida más perfecta, su fe era grande; tenía el deseo enorme de servir con agrado a Dios. Por septiembre de 1845 hizo un peregrinaje a pie hasta Suiza, al Gran San Bernardo, buscando una orientación vocacional y con el deseo de ser admitido en este lugar. Cuando el prior del monasterio platicaba con el joven, al advertirle que no sabía hablar latín, le sugirió que volviera entre los suyos y allí terminara de estudiar humanidades; hasta el fin de sus días añoró no haberse quedado a vivir allí. Luis Martin vio en este percance una indicación providencial y se dedicó de lleno a su oficio de relojero.

Fotografía del Beato a los 40 años de edad.

Fotografía del Beato a los 40 años de edad.

Poseedor de una estatura alta, fisonomía simpática, aire militar, frente ancha y abierta, faz bella y ovalada, con unos ojos dulces y profundos; anhelaba consagrar a Dios su libertad y había hecho de su taller un retiro claustral. Le gustaba la pesca y hacer largos paseos. Era austero y su tenor de vida era causa de aflicción para su madre, pues por lo visto no tenia intenciones de formar un hogar a sus 35 años. Fue la madre de nuestro Beato quien logró que se relacionara con Celia Guérin, luego del misterioso encuentro con ella en el puente de San Leonardo.

Matrimonio
Los jóvenes no tardaron en apreciarse y amarse; luego de tres meses de haberse conocido, se casaron el 13 de julio de 1858. El evento se realizó a medianoche, con discreción, en silencio. La señora Celia Martin se mudó a vivir con su esposo, donde instaló también su taller. Al casarse, ambos tenían una visión muy apreciada y respetada sobre el matrimonio y, como cualquier pareja, se enfrentaron a la aventura de ser esposos y formar una familia. No había por entonces un manual de preparación al matrimonio y el tema de la sexualidad estaba cerrado a la formación de las personas. Cuando Celia Guérin se enfrentó a esta realidad, tuvo un choque psicológico. Gracias a la comprensión de Luis Martin y su actitud acogedora y llena de consuelo, fueron creciendo en un amor espiritual, pero sin consumar el matrimonio. Luego de diez meses y con la ayuda oportuna de un confesor, los esposos Martin pudieron realizar de otro modo los deseos del cielo sobre su matrimonio, y su idea del mismo se amplió. A la repugnancia original sucedió la entrega normal de la unión conyugal. La expresión del amor sin reservas se hizo para conllevarse a Dios. Santa Teresita referirá esta idea sobre el matrimonio: “El matrimonio es hermoso para aquellos a quienes Dios llama a tal estado: es el pecado el que le desfigura y lo mancilla”. Luis y Celia Martin hallaron en adelante en la vivencia del matrimonio su centro de equilibrio y su manantial de perfección. En el matrimonio y por el matrimonio se santificaron y también demostraron que el desposorio no es donde naufraga la devoción y el deseo de la santidad, sino un punto de partida a una ascensión más inflamada porque se efectúa entre dos.

Una familia
El hogar formado por estos esposos tuvo nueve vástagos: María Luisa, María Paulina, María Leonia, María Elena, María José Luis, María José Juan Bautista, María Celina, María Melania Teresa y la benjamina María Francisca Teresa. De ellos, cuatro morirán en la primera infancia, las cinco restantes profesarán en la vida religiosa, cuatro en el Carmelo y una en la Visitación. En esta vida familiar, tanto Celia como Luis aprendieron a ser esposos y a ser padres. Celia tenía el proyecto de ser una madre distinta a la suya, todo cariño, amor y entrega a sus hijos; ella estaba convencida de que los hijos son la obra maestra de la mujer.

Dibujo a carboncillo de la Beata y su hija, Santa Teresa de Lisieux, hecho por Celina.

Dibujo a carboncillo de la Beata y su hija, Santa Teresa de Lisieux, hecho por Celina.

Ambos esposos trabajaron con entusiasmo para que en su hogar hubiera alegría. Luis y Celia se dedicaron con entusiasmo a sus labores en la relojería y el taller de encaje como un apostolado, en el que se santificaban para dar el sustento a su prole. Así, laboraban arduamente toda la semana y no consentían, por todas las fortunas del mundo, quebrantar el descanso dominical. Este detalle les obtuvo la bendición de Dios, pues ambos tuvieron un rápido aumento de su clientela y la comodidad económica para su familia; cabe mencionar como una virtud especial del Beato Luis Martin el ser un buen administrador y ser cuidadoso con pagar a tiempo y justamente a los empleados.

La vida espiritual de ambos comenzaba con la misa cotidiana cada mañana, practicaban la comunión frecuente, la lectura de libros piadosos, el rezo del rosario. Esta vida anclada en Dios les dio la fortaleza para enfrentar entre 1865 a 1873 la apertura del sepulcro, cuatro de ellas para otros tantos hijos. En el hogar enseñaron a adorar a Dios como soberano, a confiar en su Providencia y a abandonarse a su voluntad; obedientes siempre de la Iglesia, es memorable su respeto a la abstinencia y los ayunos prescritos, aunque Celia expresaba lo difícil que le costaba cumplirlos. Esta mujer era servicial con todos, pero rigurosa consigo misma. Esta disciplina la obtuvo de su espiritualidad franciscana, pues perteneció a la Tercera Orden de San Francisco. Luis Martin, en cambio, estuvo afiliado a la Cofradía del Santísimo Sacramento. Ambos esposos honraban y hacían amar en su casa a la Santísima Virgen María: la imagen que hoy se conoce como Nuestra Señora de la Sonrisa era venerada especialmente en el mes de mayo.

Esta fe les impulsó a dar donativos económicos a familias pobres, a visitar a los enfermos y atenderlos, procurar que el Viático llegara a los moribundos y ayudar en los trámites de la inhumación de los que no podían pagar esos gastos. Cuando alguien estaba por morir y no daba señales de reconciliarse con Dios antes de abandonar el mundo, toda la familia oraba por su conversión. De estas plegarias se alcanzaron muchas victorias. Don Luis Martin era un hombre que arrastraba con el ejemplo. Muchas personas frecuentaron por su causa el Circulo Católico, a participar en la misma, a visitar a los pobres, a alistarse, como él, en las conferencias de San Vicente de Paul. Por él muchos se hicieron miembros activos de la obra más predilecta que tenía: la Adoración Nocturna.

Puente de San Leonardo en Alençon, donde se conocieron los Beatos.

Puente de San Leonardo en Alençon, donde se conocieron los Beatos.

En un hogar así no hubo nunca un ambiente o atmósfera de sacristía. Los cantos y los gritos se escuchaban por todas partes, la alegría reinaba en la casa, pero sin alboroto ni algarabía. Hay una educación esmerada que forma en valores, actitudes y decisiones. Los padres convivían con sus hijas; dialogaban, paseaban, jugaban, vivían en una admirable comunión. Como esposo, Luis daba toda autoridad y libertad a su señora para la dirección de la casa y el cuidado de su familia, así el señor Martin ejercía toda su autoridad que siempre era respetada.

Como en todas las familias, algún hijo es el motivo de preocupación. En este caso tocó a Leonia ser causa de una atención especial. Era indisciplinada y, según su madre, una inteligencia retrasada; por más que buscaba corregirla, los métodos o disciplinas fracasaban. Realmente era una niña caprichosa. Tras esta conducta estaba la manipulación que hacía sobre la niña una criada. Esto significó para la Beata Celia Guérin una verdadera cruz, pues ignoraba la razón de la volubilidad de su hija. Gracias a la observación que hizo otra hija, María, se logró resolver el asunto. Esta táctica fue tan solapada que la mamá no la advirtió nunca.

Enfermedad y muerte de Celia Guérin
Doña Celia padeció un cáncer de pecho: con el tiempo y pese a su heroísmo, la enfermedad avanzaba. Entonces aceptó hacer una peregrinación a Lourdes, para visitar la gruta de Massabielle y pedir a la Virgen su curación. Su corazón flota entre la última esperanza y el presentimiento del fin: “Nosotros debemos situarnos en disposición de aceptar la voluntad divina, cualquiera que ella sea, porque nos reservará lo que mejor nos convenga”, escribió a su hija Paulina. Llegaron a Lourdes el 18 de junio de 1877. La peregrinación fue una serie de sinsabores y sacrificios para la mujer. A pesar de las oraciones y las abluciones, el cielo no respondió a sus deseos. En una carta escribió a su cuñada: “La Santísima Virgen nos ha dicho, como a Bernardita: “Yo os haré felices, no en este mundo, sino en el otro”. Volvió alegre a su casa y muy animosa. A su hija Paulina, que se mostró enojada con Nuestra Señora, le dice: “No esperes muchas alegrías sobre la tierra, y si no esperara las del cielo, me sentiría muy desgraciada”.

La enfermedad se aceleró con el viaje a Lourdes. Ante la inminencia de su desenlace, diagnosticado por su hermano Isidoro, le confió a éste: “¿Qué será de ese pobre Luis con sus cinco hijas? En fin, les abandono a todos en la Providencia de Dios”.

Muerte de la Beata en presencia de su marido e hijas.

Muerte de la Beata en presencia de su marido e hijas.

Los dos meses que le quedaban de vida fueron atroces, pero no decayó. Aprende su oficio, decía. Éste es su camino de la cruz, por el cual se irá desprendiendo poco a poco de la tierra. Dos veces sale más muerta que viva a la iglesia y en casa, la plegaria, en medio de sus atroces sufrimientos, es la respiración de su alma. En su última carta escribe a su hermano: “¿Qué queréis? Si la Virgen no me cura, es que mi tiempo ha concluido y que Dios quiere bondadosamente que yo descanse fuera de la tierra….” El 26 de agosto de 1877 terminó su paso por este mundo. Al día siguiente fueron sus funerales y recibió sepultura en el cementerio de Nuestra Señora de Alençon.

Humberto

Bibliografía:
– PIAT, Esteban José, OFM, Historia de una familia, Editorial El Monte Carmelo, Burgos, 1950.

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16 pensamientos en “Beatos Luis Martin y Celia Guérin, esposos (I)

  1. Querido Humberto, gracias por hablarnos de los padres de Santa Teresa de Lisieux, a quienes apenas conocía salvo por el hecho de estar en proceso de beatificación y después beatificados. Mea culpa, yo era de las que pensaba que obtenían el estatus sólo por haber sido los piadosos padres de una importante Santa y Doctora de la Iglesia. Ahora veo que, como bien dices, de tal palo tal astilla.

    Hay un detalle que quisiera comentar y que a muchos les parecerá escabroso, pero me llama mucho la atención y creo que se debe hablar con franqueza: me refiero a la vocación de la Beata Celia. En primer lugar, renuncia a su vocación religiosa simplemente porque una monja le convence de que “ésa no es la voluntad de Dios”. ¿Y qué sabrá un tercero de vocaciones? La vocación es una voz interior, no puedes renunciar a ella porque la primera persona con la que te topas te lo desaconseja. No sé, no me pareció nada lógico lo sucedido ahí.

    Pero lo que sucede después me parece todavía más ilógico. La Beata se predispone para el matrimonio, pero según refieres, luego no se encuentra mentalmente preparada para el aspecto sexual que implica. ¿Pues qué esperaba de un matrimonio? Y desde luego que no la culpo a ella, sino al puritanismo secular cristiano que siempre ha visto la sexualidad como un pecado y ha considerado adecuado reprimirla y ocultarla, envolverla de un halo de misterio, secretismo y suciedad para enquistar las mentes de las personas y abocarlas a experiencias erróneas y desagradables o, simplemente, impedirles vivir sanamente una realidad inherente al ser humano. Da que pensar el daño que se ha hecho a los creyentes en este sentido y el que se sigue haciendo con el mantenimiento de posturas ridículamente mojigatas y fuera de la realidad.

    Debemos ya cambiar el chip a estas alturas del siglo XXI y apostar definitivamente por una educación sexual sana, basada en la higiene, en la prevención de enfermedades, en la afectividad y el respeto; y dejar esos delirios mentales de pureza y represión -para los que no opten por consagrarse, claro está- que han hecho más mal que bien a todos.

    • Ana, gracias por tu comentario. La Parroquia de mi barrio está dedicada a Santa Teresita, a quein considero com PAtrona y santa de mi devoción gracia a la devoción que me inculcó mi mamá. Por esta razón, era oportuno que abordara un articulo sobre sus padres.
      Estos Beatos tiene mucha tela de donde cortar y mucho ejemplo para imitar para los laicos, especialmente los casados y padres de familia.
      Respecto a lo que dices de la vocación de la Beata Celia, opino que si la Superiora de las Hijas de la Caridad no la recibió, fue porque tuvo el ojo para detectar si tenía la idoneidad para la vida religiosa o no. En este caso hay que anteponer en primer lugar a la Providencia de Dios. El tenía un proyecto bien definido para ella. Ve: luis Martín no sabía latín y eso que tenia una buena formación. Esto le llevó a tomar una decisión y lo demás vino solo.
      Opino que sobre la sexualidad, aunque tenemos más información hoy que antes, los problemas para enfrentar una vida sexual o conyugal plena, siguen siendo iguales o peores que antes. Y creo que la mala idea que se tiene sobre ella, no es responsbilidad en nuestra sociedad actual solo de la Iglesia Católica, otras confesiones cristianas han puesto su granito de arena. Gracias a Dios se está dando actualmente uan teología del cuerpo, donde la sexualidad se ve con seriedad y como debe hacerse, pero falta mucho para que desde esta manera se haga algo, porque para bien o para mal, la moral católica en lo que respecta a la sexualidad, es un cero a la izquierda, la sociedad actual con su hedonismo y materialismo se inclina a la opción más facil y toma siempre lo que le conviene.
      En este pais, por ejemplo, la sexualidad en educación está a cargo del estado, urge formar a los padres de familia en la materia, y anque es un acierto enfrentarla, hay muchos vacíos y torceduras que eso… es harina de otro costal y no es este el espacio para debatir al respecto.

      • Para Humberto.

        A veces me pregunto si la negación y la obsesión con la dimensión sexual de la vida no son como las dos caras de una misma moneda, y culturalmente a veces hemos ido dando bandazos de un lado al otro. Siempre me ha sido muy reconfortante ver como en el Evangelio se trata de una forma muy discreta y natural esta dimensión de las personas, pero sin duda aquí tampoco no es el sitio para abrir debates sobre estas cuestiones.

        • Jordi:
          No creo que andes muy lejos de la razón. De muchas maneras se ha buscado el deleite en lo prohibido y luego se espanta de lo que se ha hecho. Más que doble moral o hipocresía, a veces se da una ausencia de afecto que se quiere llenar con el placer venéreo sin saber de los compromisos o de las consecuencias. Y esto no sólo en adolescentes y jóvenes, muchos adultos se ahogan en un charco

  2. Para Meldelen.

    Cuando leemos vidas de santos y/o beatos hay que tener presente el contexto cultural de su tiempo.

    En los ambientes devotos y católicos de la Francia de estos beatos de hoy aún estaba muy arraigado el jansenismo que había aparecido por allí el siglo XVII. Piensa en comparación, y como otro ejemplo, cual es la situación de la mujer y de su sexualidad en la actualidad en un país musulmán, aunque sin duda las comparaciones siempre son odiosas. A nosotros nos pueden parecer alucinantes situaciones que analizadas según el contexto cultural tienen otra lógica que sin duda escapa bastante a los parámetros culturales de nuestra sociedad europea del siglo XXI.

    • Jordi, eso que has dicho está clarísimo. Por supuesto que las conductas responden a un contexto social, temporal y cultural concreto. Lo que yo denuncio es que estas conductas se sigan manteniendo en la actualidad, de forma anacrónica, en algunos círculos de las sociedades occidentales modernas, retrotrayéndonos al pasado y desmontando todos los avances conseguidos, no sólo en cuanto a educación sexual. Y no me atrevo a meterme en otras sociedades porque como bien dices, no ha lugar a comparación. Cada sociedad ha tenido su propia evolución, y por desgracia, también su involución.

  3. Realmente encantadores!!!
    A Teresa la he estudiado bastante y por lo poco que he leido de sus padres, realmente me han parecido unos santos en toda la definición de la palabra.
    Con lo que nos cuentas en tu articulo me quedo especialmente con alguns coss como la de Celia, de que estaba convencida de que los hijos son la obra maestra de la mujer, pues es totalmente cierto. y con Luis con lo que era muy buen administrador pues Dios le dio a cargo una santa esposa y nueve hijos y mira como esta familia se transformo en un jardin de santidad.
    Al respecto de lo de la sexualidad en mi opinión personal. la sexualidad es algo que no se debe demonizar o ser forma de verguenza para nadie, pero tampoco hay que levantarla con orgullo como si fuera una bandera. Esto es lo que se suele hacer hoy en dia y que ya es parte de una sociedad que pasa rapidamente de mojigata a pervertida.

    • Pues yo siento discrepar con la Beata, pero decir que los hijos son la obra maestra de la mujer es ver a la mujer en un término muy reduccionista y meramente biológico. ¿Acaso los hijos no son también del hombre? ¿Acaso no ha habido mujeres que, sin tener hijos, han aportado auténticas obras maestras al mundo, ya sea en el arte, en la ciencia, en la literatura o en la cultura en general?

      Esperable es que un ama de casa y una madre de familia numerosa del siglo XIX pensara tales cosas, pero no creamos que porque sea una Beata es correcto pensar así. Las mujeres somos eso y mil cosas más, y en el siglo XXI, ya va siendo hora de que lo veamos.

  4. Gracias Jonathan por tu participación, estaba convencido que sería de tu agrado este articulo. Este par de esposos hoy beatificados, son unos vasos que supieron llenarse de Dios para llevarlo a sus projimos más directos, en esta caso, sus hijos.
    Como dices, la sexualidad no es para avergonzarse, e que San Juan Pablo segundso tenía la opinión que al ser un don de Dios, es legítimo que se disfrute, claro está dentro del proyecto de Dios dispuesto para la misma.
    Saludos

  5. Unas dudas: según que biografías se consultan este matrimonio aparece con su apellido conjunto Martin y su fiesta en las fechas de sus muertes, ¿qué es lo “oficial”?. Desconozco como es en Francia, pero a mi me gusta que en los países hispanos cada miembro de una pareja mantengamos nuestros apellidos y ambos lo pasemos a nuestros hijos. Está claro que en este matrimonio había amor y comprensión, lo que no sé si (como acostumbraban en la época y a veces aún hoy) supeditaron la individualidad al matrimonio o al marido (si mandaba él), aunque es significativo que Celia siguiese trabajando tras casarse y que Luis se incorporase a esa empresa. O sea: que me gusta que sean Luis Martin y Celia Guérin y su fiesta sea en la fecha de su matrimonio, 13 de julio, porque mantienen su individualidad en su vida en común.

    • Marian, en Francia la mujer pierde su apellido de soltera al casarse, y adopta el de su marido. Incluso actualmente, ellos que tan avanzados se ven con sus revoluciones y repúblicas laicas. Así que Celia Guérin pasó a ser Celia Martin al casarse con Luis Martin.

    • Marian, ya Ana te ha dado una respuesta que no requiere mayor aclaración. Sólamente te preciso que la celebración litúrgica como queda dicho, a diferencia de otros santos, que de ordinario es la fecha de su muerte, en este caso es el día que celebraron sus esponsales. Por ello la liturgia también reconoce la unidad familiar del apellido de Luis Martín.

  6. Gracias Humberto, verdaderamente me ha gustado mucho conocer a este matrimonio de Beatos.
    Es curioso ver como ambos padres de la Santa de Lisieux, en su juventud tuvieron vocación religiosa y que por estar predestinados a formar un santo matrimonio la abandonaran.
    Opino que esta vocación que ellos no vieron cumplida en sus personas, la transmitieron desde el calor de su hogar a todas sus hijas, y de tal manera fue, que por si solos hablan los resultados.

    Como ya dije en una ocasión de este matrimonio, poco o nada sabía, hasta que en una estampa vi que eran Beatos reconocidos por la Iglesia. Bien, pues ahora que los he conocido mejor, perfectamente pueden ser patrones de los matrimonios cristianos, de las vocaciones religiosas y en especial de los hogares y familias numerosas.

  7. Gracias David por leer y comentar este artículo. Estos beatos ofrecen a los laicos un ejemplo fuerte, amplio y seguro de imitar. No son santos de vida monástica, de ministerio pastoral o algo ajeno a la condición laical. Supieron sintonizar su vocación con el plan de Dios. Y por ello Dios los ha llenado de bendiciones y los ha colmado de santidad.

  8. Muchas gracias don Humberto por darnos a conocer más sobre la vida de estos beatos que conocía lógicamente por ser padres de Santa Teresita pero nada más y sus artículos nos dan un panorama más amplio.

    • Gracias Andrè por darte la oportunidad de leer este trabajo, me da gusto que por este medio tengas un conocimiento mas profundo de estos esposos.

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