Santas Rufina y Segunda, mártires romanas

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Detalle de una pintura de las Santas (s.XVII). Monasterio de Santa Rufina, Roma (Italia).

Detalle de una pintura de las Santas (s.XVII). Monasterio de Santa Rufina, Roma (Italia).

Hoy, día 10 de julio, conmemoramos a dos mártires romanas poco conocidas a nivel universal, pero que ofrecen un atractivo interesante que las desmarca de otras: se trata de dos Santas que son auténticas, históricas, recordadas en documentos de absoluta fiabilidad y cuya existencia, por tanto, no es puesta en duda por nadie.

Fuentes documentales y onomástica
El testimonio más antiguo de la existencia de estas dos Santas se encuentra en el Martirologio Jeronimiano, el cual, en su primitiva redacción, las recuerda de esta manera el día 10 de julio: “Via Cornelia miliario IX, Rufinae et Secundae”. Esta indicación geográfica aparece en algunos de los “Itinerarios romanos” de los cuales hemos hablado en otros artículos de este blog. En el “De locis Sanctorum” se dice: “Iuxta eamdem quoque viam (Corneliam) S. Rufina, S. Secunda, S. María, S. Marius, S. Ambacu, S. Audafax et alii quam plurimi sancti iacent”; es decir, que ubica a las dos mártires junto con otros; y en la “Notitia” de Guillermo de Malmesbury: “In eadem via (Cornelia) ecclesia altera in qua requiescunt santae virgines Rufina et Secunda”. El Calendario marmóreo de Nápoles las conmemora el día 9 de julio: “passio Rufine et Secunde”.

Desde el Martirologio Jeronimiano, la memoria de estas dos mártires pasó al resto de los martirologios históricos y por lo tanto, al Martirologio Romano: “Item Romae sanctarum virginum et martyrum Rufinae et Secundae sororum, quae in persecutione Valeriani et Gallieni, tormentis subactae, ad ultimum altera gladio capite liso, altera caesa cervice, migrarunt in coelum; quarum corpora in Basilica Lateranensi prope baptisterium debito honore servantur”.

Lienzo de las Santas. Iglesia de Santa Rufina in Trastevere, Roma (Italia).

Lienzo de las Santas. Iglesia de Santa Rufina in Trastevere, Roma (Italia). Fotografía: Alvaro De Alvariis.

Estas referencias son indudables, es decir, el martirio y sepultura de las Santas en el miliario noveno de la Via Cornelia en Roma, junto a otros conocidos mártires como la familia persa formada por Mario, Marta, Habacuc y Audifax, entre otros; pero además, como no podía ser de otra manera, estas dos Santas, llamadas Rufina -en latín, “pelirroja”, llamada así bien porque ella lo era o, más probablemente, lo fueron sus antepasados- y Segunda -significado obvio, “la segunda nacida”, se llamaba así habitualmente a los hijos e hijas nacidos tras el primogénito- cuentan con su propia passio, que los bolandistas han datado en el siglo V y que ubica su martirio en tiempos de Valeriano y Galieno (año 260). Martirio, por tanto, ubicado en el siglo III, passio redactada en el V: hay 200 años de diferencia y por ello hay que tratar el relato con cierta cautela, siempre con la garantía de que, si bien hay que coger la historia con pinzas, sus protagonistas sí son personas reales.

Passio de las Santas Rufina y Segunda
Como ocurre en muchos otros relatos, nuestras protagonistas son presentadas como dos hermanas -cuando realmente, no hay prueba histórica de ello- que habían nacido en Roma, siendo sus padres -Asterio y Aurelia- pertenecientes a la noble gens de los Rufos (de ahí el nombre de una de ellas, tenida por la mayor -Rufina- puesto que lógicamente, debido a su nombre, Segunda sólo podía ser la menor). Cuando alcanzaron la edad núbil las prometieron en matrimonio a dos jóvenes patricios, Armentario y Verino, que eran también cristianos como ellas y con los que habían tenido amistad desde la infancia.

Un día, los prometidos de ambas volvieron del Foro con un libellum, un documento especial en el que prometían lealtad al Imperio y renegaban del cristianismo. Lo habían hecho por temor a la persecución, que podían arrebatarles bienes y la propia vida. Hablaron con Rufina y Segunda, y les dijeron: “Lo mejor es que vosotras hagáis también lo mismo, y así os libraréis de problemas con las autoridades y no tendréis nada que temer.” Pero ellas respondieron: “Nosotras no somos unas cobardes. No renunciaremos a nuestra fe cristiana.” Ellos insistieron: “No es preciso que realmente renunciéis, tan sólo debéis hacerlo a los ojos de Roma, aparentemente, como nosotros hemos hecho. No cuesta nada y os ahorrará mucho problemas.” Pero ellas, furiosas, respondieron: “Nos negamos a casarnos con unos cobardes apóstatas. Id buscándoos otras mujeres.” Y no quisieron hablar más con ellos, decepcionadas por el escaso valor y la volubilidad de sus prometidos. Hicieron, además, voto de perpetua virginidad.

Rufina es azotada en presencia de Segunda, la cual pide ser tratada como su hermana. Grabado barroco de Jan Van Luyken.

Rufina es azotada en presencia de Segunda, la cual pide ser tratada como su hermana. Grabado barroco de Jan Van Luyken.

Armentario y Verino acudieron a los padres de las hermanas, y dijeron: “Vuestras dos hijas han roto su promesa y ahora se niegan a casarse con nosotros.” Ellos, avergonzados ante la actitud rebelde de sus hijas, se dirigieron a Rufina y a Segunda y les dijeron: “Pero, ¿qué habéis hecho? ¿Cómo nos avergonzáis de este modo? Habéis dado vuestra palabra de matrimonio, y esos contratos no se rompen. Debéis mantener vuestra promesa.” Pero ellas se negaron rotundamente. Sin embargo, padres y prometidos no dejaron de insistir una y otra vez, hasta tal punto que, una noche, ambas hermanas abandonaron el hogar y huyeron a Etri, donde la familia tenía una villa de recreo, y allí se ocultaron algún tiempo.

Finalmente, Armentario y Verino las hallaron en la milla XIV de la Via Flaminia, alejándose de Roma para escapar de sus perseguidores. Con pleno consentimiento de sus padres, que no podían soportar la deshonra que sus hijas les habían inflingido al negarse a casarse con ellos, las llevaron ante el magistrado Arquesilao, y las denunciaron como traidoras y cristianas. Rufina y Segunda dijeron sin miedo: “Lo que ellos dicen es cierto y lo ratificamos. Nos negamos a casarnos con ellos porque son unos despreciables cobardes y apóstatas, y además, nos negamos a abjurar de Cristo de ningún modo, como ellos han hecho por miedo a vuestra persecución.” Y no hubo manera de sacarlas de su decisión. Arquesilao, viendo problemático el condenar a dos muchachas nobles, decidió entregarlas a Junio Donato, praefectus urbis -gobernador de la ciudad-. Era el año 257.

Las Santas, arrojadas al Tíber, logran salir a flote. Grabado de Jacques Callot.

Las Santas, arrojadas al Tíber, logran salir a flote. Grabado de Jacques Callot.

Donato les dijo que era cosa indigna de unas doncellas tan nobles y tan ilustres incurrir en los delirios de una religión que sólo era buena para criar viles esclavos. “Mal conocéis, señor, nuestra religión”, le respondió Rufina, tomando la palabra. “En ella sólo se goza de una santa libertad, porque ella sola nos libra de la esclavitud de nuestras pasiones, y nos conduce a una felicidad eterna”. El prefecto hizo llamar a su hermana menor entonces, y en su presencia, mandó golpear cruelmente a Rufina. Tan lejos estuvo aquella de intimidarse a vista de esta crueldad, que dijo al prefecto: “¿Qué razón tenéis, señor, para honrar tanto a mi hermana, y para excluirme a mí de la misma honra?” (!!!) “A lo que veo”, respondió el juez, “tan loca eres tú como tu hermana”. “No somos locas”, respondió Segunda, “pero somos cristianas, y pues en ambas hay la misma causa, parece justo que ambas logremos la dicha de padecer por Jesucristo”. “¿Qué dicha es, exclamó Donato, sufrir tormentos y perder la vida?” “Muy grande”, respondió Segunda, “porque cuantos sean los tormentos, tantas serán las coronas; y lo que llamáis perder la vida, es el origen de una eterna felicidad”.

Advirtiendo el prefecto que el pueblo se conmovía con aquel espectáculo, obró con dureza: las hizo encarcelar, las azotó hasta casi desangrarlas y, con el cuerpo destrozado y medio muertas, las tiraron al Tíber para que se ahogaran, pero fueron devueltas por el río milagrosamente (dice la leyenda que aunque las ataron con pesadas piedras, éstas flotaron y así las chicas pudieron alcanzar la orilla). Nuevamente resultaron vanos los esfuerzos para hacerlas apostatar y que aceptasen el matrimonio, por lo cual el prefecto las condenó a muerte.

Arquesilao las condujo a la milla X de la vía Cornelia “in silvam, in fundum, qui vocatur Buxo” (la actual Boccea), donde se ejecutó la sentencia: Rufina fue decapitada y Segunda golpeada hasta la muerte, con la cabeza abierta de un hachazo. Los cuerpos fueron abandonados para que fuesen pasto de los animales salvajes, pero una matrona llamada Plautilla los recogió y dio sepultura en aquel mismo lugar. Aquel lugar, en memoria de ellas y de los santos Marcelino y Pedro – allí también decapitados – fue llamada “silva candida”, el bosque blanco.

Martirio de las Santas. Lienzo de Giovanni Battista Crespi. Museo Diocesano de Cerano, Italia.

Martirio de las Santas. Lienzo de Giovanni Battista Crespi. Museo Diocesano de Cerano, Italia.

Sepulcro y reliquias
Sobre el sepulcro de las dos mártires, el Papa San Julio I, en el siglo IV, construyó una basílica, la cual, en el siglo VIII, fue restaurada por el Papa Adriano I: “Basilicam sanctae Rufinae et Secundae, quae ponitur in episcopio Silvae Candidae, quae ab olitana vetustate marcuerat, una cum baptisterio summo studio renovavit” (Liber Pontificalis, I, p. 508). Con posterioridad, en el siglo IX, el Papa San León IV la enriqueció y adornó. De esta basílica se sigue haciendo mención en diferentes documentos pontificios hasta el siglo XI.

La zona circundante a la basílica de estas dos mártires formaba parte de una villa imperial llamada “Lorium”, villa que hasta finales del siglo V dispuso de un obispo propio, como así consta en las actas del Sínodo del año 501: “episcopus Silvae Candidae”, episcopado que más tarde se llamó de “Sancta Rufina”. En tiempos del Papa Calixto II, esta diócesis fue unida a la diócesis suburbicaria de Porto, recibiendo el nombre de “Porto y Santa Rufina”. Lanzoni dice que esta diócesis fue fundada a fin de promover el culto en tres santuarios allí existentes: el de las Santas Rufina y Segunda, el de los Santos Mario, Marta y Abaco y el de Santa Basílides.

En el siglo XII, el Papa Anastasio IV, transfirió los cuerpos de las dos mártires al Baptisterio Lateranense, colocándolos en el altar de la izquierda del atrio, cerca de donde se encontraban sepultados los Santos Cipriano y Justina. Actualmente, siguen allí. La antigua basílica de la vía Cornelia fue olvidada y destruida, hasta el punto de que actualmente es imposible ubicarla.

Imagen de Santa Amalia, hermana de Santa Rufina (?) venerada en Santa Amalia, Badajoz (España).

Imagen de Santa Amalia, hermana de Santa Rufina (?) venerada en Santa Amalia, Badajoz (España).

¿Segunda o Amalia?
Después de presentar las pruebas arqueológicas y documentales que demuestran la existencia histórica de estas mártires, y el relato de su passio -que, como ya se ha dicho, debe ser tomado con cautela-; he dejado para el final una cuestión espinosa a la que, honestamente, no he encontrado solución: el hecho de que, en algunos textos, la mártir Segunda es llamada Amalia.

La referencia de las Santas Rufina y Segunda es históricamente indudable, pero sucede que, en algunos textos, aparece la referencia de las Santas Rufina y Amalia, contando exactamente la misma historia que en el caso de las dos primeras y siendo celebradas exactamente el mismo día. De lo cual se desprende que, en estas versiones, Segunda es llamada Amalia, generando tal confusión que incluso llega a verse en algunos comentarios la referencia a las “Santas Rufina, Amalia y Segunda”, viendo tres personas donde sólo hay dos y siendo cierto que Amalia y Segunda son la misma Santa, pero llamadas con diferentes nombres.

¿Por qué, entonces, este cambio de nombre? ¿Por qué llamar a Segunda con el nombre de Amalia, nombre totalmente distinto, que da lugar a esta confusión? ¿Es un error de los traductores, de los hagiógrafos? ¿Es la confusión con otra Santa mártir del mismo nombre -que hay más de una- o es un segundo nombre, también asociable al de Segunda? No he encontrado respuesta. Quizá algún amable lector, más experimentado, pueda arrojarnos luz sobre este tema.

Meldelen

Bibliografía:
– CIGNITI, B., “Bibliotheca sanctórum, tomo XI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (29/06/2014):
http://www.amigosdesantaamalia.es/martir_santa_amalia.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

8 pensamientos en “Santas Rufina y Segunda, mártires romanas

  1. Conocía a estas santas desde hace tiempo pues estaban incluidas, sí mal no recuerdo, en el antiguo calendario litúrgico. La passio no la conocía, es una novedad para mi, así como que el nombre de Santa Rufina esta unido a la diócesis suburbicaria.
    Me da gusto conocer el destino de sus reluquias, aunque me hubiera gustado también conocer una foto alusiva a ellas.
    Gracias por este trabajo.

    • Gracias a ti, Humberto, por tu amable comentario. Los diálogos de la passio están reconstruidos y dramatizados, por lo que conviene tomarlos más como un relato agradable que como otra cosa.

      Dispongo gracias a nuestro compañero Antonio de la foto del sepulcro en la basílica Lateranense, pero no es muy nítida y no cabía en el artículo. Con gusto te la podríamos hacer llegar.

      • Sabes, Ana, que si hubiese podido hubiera escaneado la buenísima foto del sepulcro que tengo en mi colección. A la primera de cambios, en cuanto pueda, la escaneo y os la envío tanto a ti como a Humberto.

  2. Ana, este día se festeja a Santa Amalberga, Amalia o Amelia religiosa de Flandes. Curiosamente en un Santoral que yo tengo se refiere inmediatamente después de estas mártires. Tal vez esto que refieres se deba a un error de los copistas; en la bibliografía que tengo no se refiere este detalle, que me ha resultado muy curioso.

    • Pues eso debe ser, que alguien ha confundido a esta Santa Amalia con Segunda hermana de Rufina, seguramente al estar todos estos nombres juntos, al existir también otras Amalias que son mártires, o el simplemente parecerles raro el nombre de Segunda y tomarlo por un error. Sin duda, quienes veneren a la hermana de Santa Rufina como “Amalia” es a Santa Segunda a quien están venerando, que es lo que importa.

      Gracias por esta indicación.

  3. Hola, estuve leyendo la historia de las santas y me gustaria saber cuál es su patronazgo, porque no lo sé. Muchas gracias

    • Saludos, Gabriela. Hasta donde yo sé, son las patronas de la diócesis Porto-Santa Rufina en Roma. También lo son, lógicamente, de las parroquias intituladas a su nombre en esta zona, que hay unas cuantas. Otro patronazgo no les conozco.

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