Santos José de Arimatea y Nicodemo, discípulos del Señor

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Imagen procesional de San Nicodemo venerada en la ciudad de Marikina (Filipinas).

Imagen procesional de San Nicodemo venerada en la ciudad de Marikina (Filipinas).

Introducción
Jesucristo, al predicar el Evangelio se hizo un nutrido grupo de seguidores. Además del Colegio Apostólico, podemos recordar al grupo de los 72 discípulos, al conjunto de mujeres que le servían, y sin duda tuvo muchos simpatizantes y amigos fuera de estos círculos, como lo fueron San José de Arimatea y San Nicodemo, ambos miembros activos del Sanedrín que juzgó y condenó a muerte al Redentor, acción que ambos jamás apoyaron y tampoco aprobaron. El mensaje del evangelio dio frutos de vida eterna en sus corazones y ahora, son un ejemplo a seguir, pues esa es la principal función de un santo en la Iglesia.

San Nicodemo
El Capítulo 3 del Evangelio de Juan nos habla de este santo por primera vez. El detalle más interesante luego el bello diálogo que hace Jesús con él, es que va a buscarlo de noche para platicar con él, buscando la protección de la oscuridad para pasar desapercibido y no ser identificado.

Nicodemo sabe que Jesús tiene un mensaje trascendente y una misión precisa. Como maestro de la Ley, seguramente ha repasado los escritos del Pentateuco y de los Profetas y entrevé que Jesús es el Mesías. Pero no está seguro y quiere estarlo. Por eso cuando está frente a Él, le dice: “Maestro, sabemos que vienes de parte de Dios, porque nadie puede realizar los signos que tú haces Si Dios no está con el” (Jn. 3,1). No es el caso repetir toda la escena y el diálogo en este momento, sin embargo, es preciso reconocer que este episodio da origen a una bella catequesis sobre el bautismo, cuya utilidad sigue siendo actual para administrar el primero de los sacramentos. El conocimiento de Nicodemo sobre Cristo fue creciendo seguramente y tuvo la oportunidad de defenderlo cuando se opone a que se aprenda a Jesús “¿Acaso nuestra ley juzga a un hombre sin haberle oído y sin saber lo que hace?”. (Jn. 7, 51).

Tumba de los santos Nicodemo, Abibo y Gamaliel en la catedral de Pisa, Italia.

Tumba de los santos Nicodemo, Abibo y Gamaliel en la catedral de Pisa, Italia.

La Fe de Nicodemo fue creciendo con el paso del tiempo, al grado de que cuando Cristo ha muerto en la cruz y es abandonado por todos, da la cara por su amigo. Ya no es a escondidas sino a plena luz, sin miedo, sin resquemor. En compañía de San José de Arimatea, se encarga de desclavar el Sagrado Cuerpo de Cristo de la Cruz y darle sepultura. De su cuenta corrió también aportar las resinas y esencias para embalsamarlo.

Los rastros de Nicodemo se pierden en la historia. Se refiere que hacia el año 451, cuando se descubrieron las reliquias de San Esteban Protomártir, también se encontraron las de San Gamaliel, San Abibo y las de nuestro Santo. Alguna tradición lo hace autor del Evangelio de Nicodemo, que es la refundición de otros dos apócrifos: Actas de Pilato y descenso de Cristo a los Infiernos. Sus reliquias tuvieron un altar en la Catedral de Parma, actualmente se hallan en la Catedral de Pisa.

San José de Arimatea
Los datos biográficos entresacados del Evangelio son realmente pocos. Podemos afirmar que es oriundo de Arimatea, ciudad de Judea, es un hombre justo que esperaba el reino de Dios e integrante del Sanedrín. Por lo que se deduce, tenía cierta relación con Pilato, si no, no se hubiera presentado con tanta confianza a reclamar el cuerpo del Maestro. Seguramente tenia desahogo económico, porque regaló el Sepulcro nuevo para sepultar al Señor en él. Es imposible no aceptar que también él conocía a Cristo, pues solamente un verdadero amigo, no se avergüenza de él. Aunque los Evangelios solo narran el episodio de su protagonismo de desclavar de la cruz al Señor y darle sepultura, podemos tener certeza de que la experiencia de Cristo en la vida de esta sanedrita fue intensa, para poder aceptarlo en su corazón.

Imagen de San José de Arimatea con el cuerpo de Cristo. Hermandad de Santa Marta, Sevilla (España).

Imagen de San José de Arimatea con el cuerpo de Cristo. Hermandad de Santa Marta, Sevilla (España).

Fuera de los Evangelios no se conoce más sobre su vida y su destino; los Apócrifos del Pseudo-evangelio de Pedro, las Actas de Pilato y un extraño documento del S. IV llamado La Venganza del Redentor lo envuelven en fantasticas leyendas. Posteriormente las redacciones caballerescas y la leyenda del Santo Grial, que era una copa donde José de Arimatea había depositado la Sangre de Jesús al lavar su cuerpo antes de sepultarlo, lo hacen protagonizar unas aventuras novelescas.

Baste reconocer en este hombre al discípulo por el que el cuerpo del Señor, no paró en una fosa común como se hacía con los ajusticiados y que por su intervención, la tumba que hoy esta vacía y sigue hablando de la Resurrección, fue una aportación suya a toda la cristiandad.

Culto
A estos dos santos es frecuente verlos representados en la escena del descendimiento de la Cruz y la sepultura de Cristo, los pasos de Semana Santa en España son una rica demostración de ello. La veneración de ambos en los calendarios se remonta hasta el s.X por lo menos. Con la actualización del Martirogio Romano en el año 2000, la memoria de ambos santos ha sido unida. En efecto, anteriormente se recordaba a San Nicodemo el 3 de agosto en el aniversario del descubrimiento de sus reliquias y a San José de Arimatea el 17 de marzo. Actualmente la fecha asignada para su celebración es el 31 de agosto.

Presunta tumba de San José de Arimatea en Glansbury, Reino Unido.

Presunta tumba de San José de Arimatea en Glansbury, Reino Unido.

Oración
Oh Dios, que en tu infinita bondad elegiste a los Santos José de Arimatea y Nicodemo para sepultar en un sepulcro nuevo el cuerpo de tu amado Hijo descendido de la Cruz, haz que nosotros, hechos semejantes y sepultados junto con tu mismo Hijo en la muerte, resucitemos con él a la vida que no tiene fin. El, que vive…

Humberto

Bibliografía
– VV.AA, Año Cristiano VIII, agosto, Editorial BAC, Madrid 2005 pp. 1150-1158.

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Las Iglesias bizantinas y el Rito bizantino (VII)

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Diácono de rito bizantino.

Diácono de rito bizantino.

En el anterior artículo de esta serie sobre las Iglesias y el Rito Bizantino, hablamos de los sacramentos de la iniciación: Bautismo y Crismación. Hoy queremos escribir aunque solo sean unas líneas sobre el Sacramento del Orden Sagrado, sacramento de vital importancia en la vida de la Iglesia, porque a través de él se mantiene la sucesión apostólica y recibimos la gracia mediante la administración del resto de los sacramentos. En Oriente, este sacramento es tan importante, como lo es en Occidente.

Los griegos, cuando hacen referencia a este Sacramento utilizan las palabras “cheirotonia” y “cheirothesia”, que significa “imposición de las manos” y siempre que es administrado – ya sea para la consagración de un obispo o la ordenación de un sacerdote o un diácono – se realiza dentro de una celebración episcopal de la Divina Liturgia, lo cual es lógico – igual que en Occidente -, ya que es el obispo el que administra el sacramento, o sea, quién puede completar esta acción en nombre de la Iglesia Universal. En estas tres órdenes mayores, el acto de la ordenación se realiza en el altar.

Quienes reciben previamente las órdenes menores son el subdiácono, el lector y en algunas Iglesias, el cantor. Estas órdenes, al igual que en Occidente, no son consideradas en si mismas como sacramento, por lo que se administran no en el interior del iconostasio, sino en la nave del templo.

Las órdenes menores
Cantor
El cantor es quién canta las respuestas y los himnos en las celebraciones litúrgicas. Si se hace cargo de componer la música para un servicio litúrgico, se denomina “protopsaltis” (προτοψάλτης). En la actualidad, en muchos lugares el cantor es sustituido por el coro y en estos casos, o es el director del coro o el es que lleva la voz cantante. Suele llevar sotana.

Ordenación de un sacerdote.

Ordenación de un sacerdote.

Lector
Previamente a ser ordenado como lector, el candidato que va vestido con sotana – en el caso de que no lo esté -, es tonsurado por el obispo en señal de que entra en el estado clerical. La ordenación se realiza a través de la “cheirothesia”, a diferencia de la “cheirotonia” que es la que se utiliza en la ordenación de diáconos, sacerdotes y obispos. Después de ser tonsurado, el lector es investido con un corto “phelonion” que es el que se pone cuando lee la Epístola. Este “phelonion” es reemplazado por un “sticharion” (vestidura larga y estrecha, con mangas sueltas y que se ajusta al cuello), que normalmente es el que lleva cuando actúa dentro de las celebraciones litúrgicas. Si el aspirante es un monje, la tonsura puede realizarla el archimandrita de su monasterio. El día anterior a la ordenación, el candidato debe asistir al Oficio de Vísperas y, después de la cena, guardar el ayuno eucarístico. Si está casado, debe abstenerse esa noche de tener relaciones maritales con su esposa. El día de su ordenación, el ordenante, de pie ante el obispo y con la cabeza agachada, es tonsurado en forma de cruz, se le impone el pequeño “phelonion” y el obispo, imponiéndole una mano, recita la oración de la ordenación.

Subdiácono
El subdiáconado es la última de las órdenes menores. La ordenación se realiza fuera del iconostasio y no es necesario que sea dentro de la celebración de la Divina Liturgia. Durante la Hora Sexta y después del canto del salmo 90, el lector que va a ser ordenado, se presenta ante el obispo acompañado de dos subdiáconos y, realizando tres postraciones, se para ante el obispo. Este realiza tres veces la señal de la cruz sobre su cabeza, le impone la mano derecha sobre la misma y reza la oración de la ordenación. El nuevo subdiácono besa la mano del obispo y se postra ante él.

Como el subdiácono sirve al obispo en las celebraciones litúrgicas, coge una toalla, una jarra con agua y una palangana, con la que el obispo se lava y se seca las manos. Terminado el canto de la Hora Sexta, el nuevo subdiácono permanece en el templo hasta el momento del “Querubicon” (o “Canto de los Ángeles”, que se realiza después del canto del Evangelio), cuando él y los otros dos subdíaconos le lavan de nuevo las manos al obispo. En la Gran Entrada, el subdiácono va al final de la procesión y se queda fuera del iconostasio hasta el final de la “anáfora” (canon). El subdiácono viste el “sticharion” y el “orarion” (una estrecha estola de unos tres metros de largo, que se pone alrededor de la cintura, con los dos extremos a lo largo de los hombros, formando una cruz en la espalda y metiéndola por delante bajo la sección que está alrededor de la cintura). Quién no desee ser célibe, debe casarse antes de recibir este Orden sagrado, aunque en algunas ocasiones, a discreción del obispo, puede hacerse antes de ordenarse de diácono.

Ordenación de un sacerdote.

Ordenación de un sacerdote.

Las órdenes mayores
Diácono
Al igual que en Occidente, el diaconado es el grado menor dentro de las Órdenes Mayores. Diácono (en griego διάκονος) significa “sirviente”, pues ayuda al sacerdote y al obispo en la celebración de los divinos oficios: dirige las oraciones colectivas (letanías), lee las Sagradas Escrituras, especialmente el Evangelio, mantiene el decoro de la celebración, puede tocar la mesa de las ofrendas y el altar, presentar las ofrendas al celebrante, salir y entrar en el iconostasio, elevar las Sagradas Especies después de la Consagración y, siempre, con la autorización del sacerdote o del obispo que preside, puede realizar otras tareas, como la administración de la Eucaristía.

La ordenación la realiza el obispo junto al altar imponiéndole las manos (“cheirotonia”) mientras pronuncia la oración de la ordenación. Sus vestiduras son el “sticharion” de mangas anchas, el “orarion” (que se envuelve alrededor del cuerpo cubriéndose el hombro izquierdo del que cae hasta a nivel del suelo tanto por detrás como por delante). Cuando el diácono dirige las oraciones o amonesta a los fieles, tiene un extremo de su “orarion” en su mano derecha y lo levanta. Durante la preparación de la Comunión, el diácono se pone el “orarion” al estilo en el que lo llevan los subdiáconos. Otro ornamento es la “epimanikia”, que son unos puños que se ponen en las muñecas y que se atan con una cuerda.

En las Iglesias bizantinas desde siempre ha existido el diaconado permanente, o sea, que no es un paso intermedio hacia el sacerdocio. Estos diáconos están al frente de grupos educativos y administran las obras sociales, asistenciales y misionales de la Iglesia. A meros niveles administrativos, el diácono principal de una catedral se denomina “protodiácono”, el que va permanentemente unido a un obispo, se llama “archidiácono” y si es monje, “hierodiácono”. En Grecia hay la costumbre de besar la mano a los diáconos, aunque no existe ninguna prescripción a este respecto.

Consagración de un obispo.

Consagración de un obispo.

Sacerdote
El presbiterado es el segundo Orden Sagrado, intermedio entre el episcopado y el diaconado. En las Sagradas Escrituras, presbítero es sinónimo de obispo y hacía referencia al ordenado que estaba al frente de una iglesia local. A partir del siglo II es cuando se hace la distinción entre un Orden y el otro.

La ordenación de un presbítero siempre la realiza un obispo dentro de la celebración de la Divina Liturgia, inmediatamente después de la Gran Entrada, significando con esto que el nuevo sacerdote participa ya plenamente en la consagración. Durante el servicio de la ordenación sacerdotal, un sacerdote presenta al diácono candidato, quién se arrodilla apoyando la cabeza en el altar. El obispo pone su estola y su mano derecha sobre la cabeza del ordenando mientras recita la oración sacramental. Al finalizar la ordenación, todo el pueblo exclama la palabra griega “Axios”, como muestra de que el ordenando ha recibido al Espíritu Santo.

El obispo entrega al ordenando – que ya lleva puestos el “sticharion”, el “orarion” y las “epimanikias” – sus vestiduras sacerdotales: “epitrakhelion” (o estola propia del sacerdote y del obispo y que se pone alrededor del cuello), la correa o “zona”, con la que se ciñe la cintura y el “phelonion” (el equivalente a la casulla occidental).

Consagración de un obispo.

Consagración de un obispo.

Los sacerdotes, diríamos que sustituyen a los obispos, en la celebración de la Divina Liturgia y del Oficio Divino y administrando los sacramentos del Bautismo, Crismación, Confesión, Matrimonio, así como los funerales. Si se le encomienda una parroquia, su responsabilidad pastoral incluye la predicación así como la administración de los sacramentos. El sacerdote puede utilizar el “exorason” que es una sotana monástica más ancha, que puede ponerse sobre la sotana común y en la tradición rusa pueden llevar la cruz pectoral sobre el pecho. El presbítero está siempre bajo la jurisdicción de su obispo y en el altar de su parroquia está puesto el “antimensión”, que es un paño firmado por su obispo y sobre el que se colocan las Sagradas Especies durante la celebración de la Divina Liturgia.

En la tradición bizantina los sacerdotes pueden ser célibes o casados. Obligatoriamente, todos los sacerdotes monjes tienen que ser célibes, pero quienes no lo son, no tienen esa obligación. Si un sacerdote enviuda, no puede casarse de nuevo. Un sacerdote que sea arcipreste, en la tradición eslava, puede utilizar la “mitra” y el “nabedrennik” (un paño rectangular usado en la cadera derecha).

Quienes se preparan para recibir el Sacramento del Orden (sacerdocio), al igual que en Occidente, lo hacen en seminarios donde reciben una importante formación humanística, filosófica y teológica.

Obispos revestidos con el sakko y el omophorion.

Obispos revestidos con el sakko y el omophorion.

Obispo
El episcopado es la plenitud del Sacramento del Orden Sagrado. El sacerdote candidato a obispo recibe la plenitud del sacerdocio mediante la imposición de las manos “cheirotonia” por parte de tres obispos, lo que le asegura la sucesión apostólica. En caso de urgente necesidad puede actuar un solo obispo consagrante. Todos los obispos son iguales en dignidad sacramental, aunque a nivel administrativo algunos pueden recibir el título de patriarca, metropolita o arzobispo. Al recibir la plenitud del sacramento, puede administrarlo al resto de los fieles varones. El procedimiento para la consagración de un obispo se realiza mediante dos etapas: la primera es la elección del candidato y la segunda es el propio rito de la consagración durante la celebración de la Divina Liturgia.

El proceso de elección puede tener varias variantes en función de las tradiciones de cada una de las Iglesias Ortodoxas de rito bizantino: elección por parte de un consejo diocesano, elección por parte de un Sínodo de obispos o por la designación directa por parte del Patriarca. Todo candidato al episcopado ha de ser célibe y normalmente, solo se eligen entre los monjes. Cuando en algún caso ha sido elegido como candidato un varón casado, su esposa ha ingresado en un monasterio profesando los votos monásticos. Sin embargo, desde el punto de vista canónico, solo se requiere que ella de su consentimiento a la separación de ambos, aunque no al divorcio. En la tradición eslava, si el candidato no es un monje, previamente a la consagración ha de realizar los votos monásticos.

Antimension serbio del siglo XVII.

Antimension serbio del siglo XVII.

Como he dicho antes, la “cheirotonía” se realiza dentro de la Divina Liturgia y normalmente, en domingo o en la celebración de determinadas fiestas. El candidato debe estar en vigilia la noche anterior y antes de ser consagrado ha de hacer pública profesión de fe. Después del “Trisagio” (himno dedicado a la Santísima Trinidad en el que se repite tres veces la palabra santo), el ordenando se arrodilla delante del altar apoyando su frente en el mismo, sobre su cabeza se coloca el libro abierto de los Evangelios, el obispo consagrante principal coloca su mano sobre su cabeza y el resto de los obispos consagrantes, colocan las manos sobre los evangelios o sobre el obispo situado inmediatamente antes. Se dice la oración consagratoria mediante la cual, el Espíritu Santo desciende sobre el nuevo obispo quién recibe en ese momento la plenitud del Orden Sagrado. El nuevo obispo se reviste con los ornamentos episcopales y es presentado al pueblo, quién en el momento de la imposición del “omophorion” repite tres veces la aclamación “Axios”.

Obispo revestido con una mantiya azul.

Obispo revestido con una mantiya azul.

A excepción del “phelonion” y el “nabredennik”, un obispo lleva las mismas vestiduras que un sacerdote. Al “phelonion” lo reemplaza el “sakkos” (túnica con mangas anchas y un distinto patrón de recorte, que llega por debajo de las rodillas y que se sujeta a los lados mediante botones o cintas. Era una vestidura utilizada por los emperadores bizantinos y es parecida a una dalmática del rito latino). Sobre los hombros lleva el “omophorion” como símbolo de su autoridad espiritual y eclesiástica, que a veces es sustituido por el “pequeño omophorion”, que es un ornamento parecido al “epitrakhelion”. El “omophorion” es el equivalente al “palio” en el rito latino. Sobre su cabeza lleva la mitra bizantina y junto a su cruz pectoral puede colgarse un “engolpion”, que es un medallón con un icono en el centro. Asimismo, utiliza el báculo.

He procurado abreviar al máximo el artículo y no detenerme en cuestiones teológicas, porque este Sacramento tiene el mismo significado tanto en Oriente como en Occidente.

Antonio Barrero

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Contestando a algunas breves preguntas (XIX)

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Antiguo pergamino del Libro de Enoc.

Antiguo pergamino del Libro de Enoc.

Pregunta: Las distintas Iglesias y Ritos Cristianos ¿compartimos la misma Biblia?, ¿son iguales todos los libros que contiene?

Respuesta: La Biblia de las Iglesias Ortodoxas tiene ocho libros más en el Antiguo Testamento. Son éstos:

– Tercer Libro de los Reyes
– Cuarto Libro de los Reyes
– Canción de los Tres Niños (nosotros la tenemos como parte del Libro de Daniel)
– Tercer Libro de Esdras
– Historia de Susana (nosotros la tenemos como parte del Libro de Daniel)
– Bel y el dragón (nosotros lo tenemos como parte del Libro de Daniel)
– Tercer Libro de los Macabeos
– Oraciones de Manasés

Las Iglesias Coptas y Etiópicas admiten además otros dos libros:

– Libro de Enoc
– Libro de los Jubileos

Pregunta: Si se leen los evangelios se sabe que los dos ladrones que fueron crucificados con Cristo, lo insultaban. Si es así, ¿por qué a uno lo tenemos como santo?.

Respuesta: En primer lugar quiero decirte que sobre San Dimas ya escribimos un artículo hace cuatro años.

"Cristo y el Buen Ladrón", óleo de Tiziano Vecellio.

“Cristo y el Buen Ladrón”, óleo de Tiziano Vecellio.

Es verdad que los evangelistas Mateo y Marcos dicen que ambos bandidos crucificados con Él, lo insultaban (Mateo, 27, 44) y (Marcos, 15, 32), pero el evangelista Lucas hace una salvedad: “Uno de los malhechores colgados le insultaba: ¿No eres tu el Cristo? ¡Pues sálvate a ti y a nosotros! Pero el otro le respondió diciendo: ¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena?… Y decía: Jesús, acuérdate de mi cuando estés en tu Reino. Y Jesús le respondió: Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lucas, 23, 39-43), o sea, que uno de ellos se arrepintió y este detalle nos parece que hay una cierta contradicción entre los tres evangelistas.

No hay una contradicción, ya que según Orígenes, San Cirilo de Alejandría, San Juan Crisóstomo y otros, al principio ambos lo insultaban, pero en el transcurso del tiempo en el que estuvieron crucificados, uno cambió de opinión y esta es la diferencia que establece Lucas sobre los otros dos evangelistas. Ante la inminencia de su muerte y viendo la mansedumbre de Cristo, uno de ellos fue tocado en su interior y por temor o por amor, la realidad es que se arrepintió y fue perdonado, siendo canonizado por el mismísimo Hijo de Dios. Es verdad que cuando fue crucificado, Dimas estaba enemistado con Dios, pero en algún momento cambió y se arrepintió. Este pasaje nos demuestra el valor del arrepentimiento y la misericordia de Dios.

Pregunta: A lo largo de estos años de existencia del blog habéis escrito muchos artículos sobre los mártires españoles del siglo pasado, pero en ningún caso habéis comentado que algunos de ellos fueron asesinados por ahogamiento. ¿Es que esta clase de martirio no se practicó con ninguno de ellos?

Sepulcro de los beatos  Enrique Izquierdo y Eleuterio Marne. Convento de Las Caldas.

Sepulcro de los beatos Enrique Izquierdo y Eleuterio Marne. Convento de Las Caldas.

Respuesta: Pues la verdad es que si ocurrió porque, a “bote pronto” se me vienen a la cabeza los nueve dominicos que fueron ahogados en Cantabria y sobre los cuales tendremos que escribir un artículo mucho más extenso. Pero contestando brevemente a tu pregunta, te diré que el 23 de diciembre de 1936, todos los dominicos del convento de Las Caldas, fueron detenidos y tras pasar por la cárcel, fueron ahogados en el Mar Cantábrico, frente a Santander.

Estos son los beatos: José María García Tabar, Pedro Luís Luís, Miguel Rodríguez González, Eleuterio Marne Mansilla, Bernardino Irurzun Otermín, Manuel Gutiérrez Ceballos, Enrique Izquierdo Palacios, Eliseo Miguel Largo y Enrique Cañal Gómez. El mar se mostró “generoso” y aunque los mártires llevaban colgados pesos para que se hundieran, devolvió los cuerpos de algunos de ellos a la orilla. Lo dicho, escribiremos más adelante un artículo completo sobre estos beatos mártires. Y es posible que algún otro “se me haya quedado en el tintero”.

Pregunta: Como sacerdote católico romano que soy, ¿puedo conocer los trámites, protocolos o pasos para ver la posibilidad de cambiar de rito al vuestro? Desde ya, muchísimas gracias.

Respuesta: Bueno, en primer lugar tengo que decirte que salvo Mitrut y Dragoljub (que son de rito bizantino), el resto de los colaboradores del blog pertenecemos al rito latino o romano. Dicho esto, queremos decirte que lo que tienes que hacer es plantearle este tema a tu obispo y si obtienes su consentimiento, buscar a otro obispo de rito distinto – el que tu deseas – y que te admita bajo su jurisdicción. Si consigues ambas cosas, seguro que ellos tramitarán lo que tengan que tramitar. Asimismo quiero decirte que yo tengo a dos sacerdotes amigos que son bi-rituales: uno celebra tanto en rito latino como en rito bizantino y el otro celebra en rito latino y en rito armenio.

Pregunta: ¿Podíais indicarme el texto del Rorate Coeli?

Respuesta: Pues ahí lo llevas:

Rorate coeli desuper,
et nubes pluant iustum.
Ne irascaris Domine,
ne ultra memineris iniquitatis:
ecce civitas Sancti facta est deserta:
Sion deserta facta est:
Ierusalem desolata est:
domus sanctificationis tuæ et gloriæ tuæ,
ubi laudaverunt te patres nostri.
Rorate coeli desuper,
et nubes pluant iustum.
Peccavimus, et facti sumus tamquam immundus nos,
et cecidimus quasi folium universi:
et iniquitates nostræ quasi ventus abstulerunt nos:
abscondisti faciem tuam a nobis,
et allisisti nos in manu iniquitatis nostræ.
Rorate coeli desuper,
et nubes pluant iustum.
Víde Domine afflictionem populi tui,
et mitte quem missurus es:
emitte Agnum dominatorem terræ,
de Petra deserti ad montem filiæ Sion:
ut auferat ipse iugum captivitatis nostræ.
Rorate coeli desuper,
et nubes pluant iustum.
Consolamini, consolamini, popule meus:
cito veniet salus tua:
quare mærore consumeris,
quia innovavit te dolor?
Salvabo te, noli timere,
ego enim sum Dominus Deus tuus,
Sanctus Israël, Redemptor tuus.

También te adjuntamos un vídeo:

Pregunta: Sé que muchos patriarcas de Constantinopla son reconocidos como santos, bien por la Iglesia Universal o por las Iglesias Ortodoxas y se que algunos de ellos murieron como mártires a manos de los turcos. ¿Podríais decirme quienes fueron?

Respuesta: Es cierto eso que dices: muchos patriarcas constantinopolitamos son venerados como santos, pero haciendo referencia concreta a tu pregunta te diré que no todos los martirizados por los turcos a partir del siglo XVII están canonizados. Estos son:

Icono ortodoxo griego de San Cirilo Loukaris.

Icono ortodoxo griego de San Cirilo Loukaris.

San Cirilo Loukaris, estrangulado el 27 de junio de 1638. Su cuerpo fue arrojado al Bósforo. Su festividad se celebra ese día.
Cirilo II Kontaris, ahorcado en el año 1639.
Partenio I, envenenado en 1644.
Partenio II, estrangulado en 1651.
San Partenio III, ahorcado el 24 de marzo de 1657. Su fiesta se celebra el día de su martirio.
San Gabriel II, ahorcado el 3 de diciembre de 1659. Su fiesta se celebra el día de su martirio.
Melecio II, torturado y asesinado en el año 1769.
San Gregorio V, ahorcado durante la Pascua del 1821 y del que ya hemos escrito en este blog.
San Cirilo VI, estrangulado también en el mismo año.
Eugenio II, torturado, muriendo a consecuencia de las lesiones el día 22 de julio de 1822.

A los que no les pongo el “san” por delante es porque no estoy seguro de que hayan sido canonizados.

Antonio Barrero

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San Francisco de San Miguel (o de La Parrilla), franciscano mártir en Japón

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Imagen del santo en su localidad natal.

Imagen del santo en su localidad natal.

Nació en el año 1545 en un pueblecito vallisoletano, muy cercano a la ciudad, llamado La Parrilla, siendo sus padres, Francisco de Andrada y Clara de Arco, siendo bautizado el día 15 de noviembre de 1549, imponiéndosele el nombre de Juan. Tenemos en esto, un caso parecido al de San Francisco Blanco, pues si este dato no concuerda con la edad con la que fue martirizado, quiere decir que no fue bautizado inmediatamente después de su nacimiento. Quizás haya que tener en cuenta que en aquella época no existía la diócesis de Valladolid, y su pueblo pertenecía a la de Palencia, de la que quedaba más alejada.

Su infancia transcurrió en su pueblo, donde desde muy pequeño, daba muestras de una tierna devoción a la Virgen, de un cariño especial con los pobres a los que en más de una ocasión les daba su comida y de ser un niño dócil con sus padres. Como en alguna ocasión su familia pasó apuros económicos, Juan se puso a trabajar con otros agricultores, primero en Medina del Campo y posteriormente en Valladolid. Al ser muy trabajador y muy honrado, era un jornalero muy apreciado, aunque cuando le proponían hacer cosas que a él no le parecían justas, se negaba diciendo: “eso no es de conciencia”. Esta actitud la mantuvo siempre.

Cuando tendría unos veinte años de edad murieron sus padres en muy pocos meses. Tras este duro golpe, decidió abandonar sus actividades agrícolas ingresando en la Orden Franciscana, concretamente en el convento de San Francisco de Valladolid, donde el 9 de enero de 1567 tomó el hábito con la intención de convertirse en hermano lego, cambiando su nombre por el de Fray Francisco de San Miguel. Tras un año de noviciado, profesó como hermano lego haciéndose cargo del cultivo de la huerta y de la cocina del convento: como hermano lego, tomó como modelos de vida a los beatos Gil y Junípero de Asís, compañeros de San Francisco.

Posteriormente, fue trasladado al convento de Calahorra y más tarde, al de Scala Coeli en El Abrojo, este último fundado por el futuro San Pedro Regalado. Aunque en ese momento ya había realizado los votos solemnes, como San Pedro Regalado había redactado unas nuevas Constituciones, él renovó sus votos. Allí destacó por su obediencia y sus penitencias. Tuvo que ejercer el oficio de limosnero, por lo que fue conocido y querido en todos los pueblos de la comarca, pero deseando estar en un convento aun más austero, lo solicitó al Padre Provincial y, con el permiso del General de la Orden, fue destinado al convento de Coca, perteneciente a la Provincia Franciscana de San José. En este convento estuvo varios años hasta que decidió alistarse para ir a misiones: primero lo hizo en el año 1578 y, no consiguiéndolo, lo volvió a hacer en el año 1580. Así, aparece alistado en Sevilla el día 15 de mayo de 1581, junto con otros dieciséis misioneros embarcados en la nave “San Cristóbal” rumbo a México.

Imagen del Santo en la parroquia de San Lorenzo de Valladolid, España.

Imagen del Santo en la parroquia de San Lorenzo de Valladolid, España.

Cuando llegaron a México, fue destinado al convento de los Santos Cosme y Damián, haciéndose cargo de la portería del convento, donde atendía a todos los pobres que se acercaban solicitando ayuda. En México coincidió con San Pedro Bautista, permaneciendo junto a él hasta el momento del martirio de ambos en Nagasaki. En el año 1584 embarcaron hacia Filipinas, donde estuvieron cinco años en Camarines y cuatro en Manila, haciéndose cargo de la portería del convento. Allí se le consideraba un santo y de hecho, en el proceso que se inició después de su martirio, existen dos testimonios fechados el 27 de junio de 1597, del padre Santiago de Castro, que era el tesorero de la catedral, adjudicándole la realización de dos milagros: “… y del dicho fray Francisco de San Miguel, vio este testigo que el ducho Padre, con ser lego, acudía a enseñar y catequizar a los naturales de aquella Provincia con mucho fervor y caridad, y que en presencia de este testigo habiendo ido a bautizar a una india infiel, que estaba en mucho peligro, este testigo y el dicho Padre estando más de dos horas con ella para ver si volvía en sí, porque estaba sin habla, para bautizarla, e nunca pudo hablar aunque se hicieron las diligencias posibles, y en abriéndola, él hizo la señal de la cruz en la lengua, y luego la dicha enferma habló y recibió el bautismo. Y otra vez, el dicho padre fray Francisco envió a llamar a este testigo con mucha prisa par mostrarle un indio a quien había picado una culebra de las que en picando muere la persona a quien pican; y a lo que se quiere acordar este testigo, porque ha muchos años que pasó, fue para confesar e bautizar el dicho indio, porque no se acuerda bien si era cristiano o infiel. Y habiendo llegado este testigo, vio al dicho indio con la picadura en una pierna, de donde le salía mucha sangre y él estaba muy fatigado y no podía hablar; y preguntando este testigo a los demás indios qué culebra era la que le había picado el dicho indio, le respondieron que eran de las que mataban luego en picando. Y el dicho Padre fray Francisco, haciendo la señal de la cruz algunas veces sobre la herida que tenía y poniéndole unos ajos, sin hacerle otra cosa ninguna, sanó luego de la dicha mordedura el dicho indio”. Para poder atender mejor a quienes acudían a él, aprendió el idioma del país, llegando incluso a predicar en la iglesia a los nativos en su idioma aun siendo hermano lego.

El 26 de mayo de 1593, San Pedro Bautista fue nombrado embajador de España en Japón y ambos, junto con otros dos frailes, partieron hacia su nuevo destino, donde llegaron después de dos meses de viaje. Se establecieron en Meako donde construyeron un pequeño convento al estilo del de la Porciúncula de Asís. En la Semana Santa del año siguiente, le encargaron montar el monumento del Jueves Santo y a quienes le preguntaban el por qué de las celebraciones de esos días, como no conocía el idioma japonés, optó por imitar en su cuerpo algunos episodios de la Pasión de Cristo, desvistiéndose de su hábito y haciéndose azotar por los japoneses.

Detalle de la imagen del santo en su localidad natal.

Detalle de la imagen del santo en su localidad natal.

En el año 1582, Taikosama tomó el control de todo el país, formando un imperio. En un principio fue tolerante con los cristianos, pero incitado por los bonzos, decretó la expulsión de los misioneros. Es verdad que inicialmente esta orden no se aplicó con rigor y los misioneros eran tolerados mientras se movieran en la clandestinidad y vistiendo como japoneses. Así estaban nuestros frailes cuando en noviembre de 1596 embarrancó en Urando el galeón San Felipe. El gobernador de Urando, llamado Nobunaga, conociendo las riquezas que transportaba el navío, lo expropió y para encubrir el robo, el emperador promulgó un nuevo edicto acusando a los frailes de hacer proselitismo y de preparar una invasión de europeos. La noche del 8 de diciembre de 1596, el gobernador de Osaka ordenó el encarcelamiento de los misioneros. La mañana del día siguiente, fueron arrestados los frailes franciscanos, permaneciendo como prisioneros en su propio convento de Meako hasta el día 30 del mismo mes. El 3 de enero siguiente, fueron llevados a la parte inferior de la ciudad y se les cortó la mitad de la oreja izquierda. Los montaron de tres en tres en unas carretas, paseándolos por toda la ciudad y portando encima su condena a muerte: “Por cuanto estos hombres vinieron de los Luzones, con título de Embajadores, y se quedaron en Meako predicando la ley de los cristianos, que yo prohibí muy rigurosamente los años pasados, mando que sean ajusticiados, juntamente con los japoneses que se hicieron de su ley; y así estos veinticuatro serán crucificados en Nagasaki; y vuelvo a prohibir de nuevo la dicha ley para en adelante, porque venga a noticia de todos; y mando que se ejecute; y si alguno fuese osado a quebrantar este mandato, sea castigado con toda su generación. El primer año de Queycho, a los diez días de la undécima luna”. En pleno invierno japonés y con la intención de atemorizar a los cristianos japoneses, los pasearon a pie o a caballo por las ciudades de Kyoto, Fushimi, Osaka y Sakay. Así, viajaron casi mil kilómetros hasta llegar al lugar del martirio: la colina de Nisnizaka, cercana al mar y frente a la ciudad de Nagasaki. Allí fueron martirizados.

Fresco de los mártires de Nagasaki. Coro del templo de La Recoleta, Cuzco (Perú).

Fresco de los mártires de Nagasaki. Coro del templo de La Recoleta, Cuzco (Perú).

Como hemos explicado en alguna otra ocasión en este blog, fueron crucificados, utilizando una cruz de dos travesaños clavados a un tronco. La víctima estaba sujeta por cinco anillos de hierro que le aprisionaban el cuello, las manos y los pies. Los mataron atravesándolos con dos lanzas, que entrando por los costados, se cruzaban en el pecho, saliendo por los hombros. Así fue descrito su martirio: “Una inmensa multitud cubría el Calvario de Nagasaki…. El Santo de La Parrilla caminaba al lugar del suplicio completamente descalzo, todo suspenso en Dios, a quien iba a ofrecer su vida; un devoto portugués le quitó una cruz de reliquias que llevaba al cuello, y afirmó con juramento que después que él la llevaba puesta se vio libre de muchas tentaciones que antes le acosaban. Marchaba con paso firme y tranquilo rezando por última vez el Rosario de la Santísima Virgen, llegando al lugar de la ejecución sin hablar una palabra; allí se hallaban seis sajones para cada mártir, por lo cual San Francisco como todos sus gloriosos compañeros, en poco tiempo fueron puestos en las cruces; para sujetarlos a ellas tenía cada una cinco argollas de hiero y con ellas cuando estaban extendidos sobre las cruces, les sujetaron por el cuello, la muñecas y gargantas de los pies, siendo levantadas en alto y colocadas en hoyas casi todas al mismo tiempo… Poco antes de recibir las lanzadas, Fr. Pedro Bautista comenzó el Benedictus, que continuaron todos, callando a medida que iban entregando su alma al Creador, a impulso del hierro del verdugo, quedando San Francisco sus ojos clavados en el cielo, que eran donde estaban sus nobles aspiraciones mientras habitó en la tierra. Este espectáculo tan cruel como glorioso, ocurrió a las diez de la mañana del miércoles 5 de febrero de 1597…”. Los cuerpos de los mártires estuvieron expuestos varios meses en sus cruces sin mostrar ningún signo de corrupción. Las aves carroñeras no tocaron los cuerpos, que permanecían frescos y flexibles y de los que incluso seguía fluyendo sangre.

Fachada del Santuario a los mártires en Nagasaki (Japón).

Fachada del Santuario a los mártires en Nagasaki (Japón).

El proceso de beatificación se inició en el año 1616, culminando con la ceremonia de beatificación, presidida por el Papa Urbano VIII el 14 de septiembre de 1627 en la basílica romana de Santa María la Mayor. Los veintiséis mártires de Nagasaki fueron finalmente canonizados por el beato Papa Pío IX, el día 8 de junio de 1862.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo V”, Città Nuova Editrice, Roma, 1991.

Enlaces consultados (10/08/2014):
– http://www.franciscanos.org/bac/pedrobautista.html
– http://monasteriocorpus.webcindario.com/santoral.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Pelagia de Jerusalén, penitente

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Lo que sabemos sobre Santa Pelagia, virgen penitente de Jerusalén, lo conocemos por San Juan Crisóstomo a través de la homilía LXVII de su “Comentario al evangelio de San Mateo, en la que cuenta la historia de una célebre comediante, que después de su conversión, deslumbró a todos pues era la primera que, no estando sometida a ninguna regla monástica, llevaba una vida piadosa y ascética.

Era San Juan todavía un joven cuando ella vino desde Antioquía – que era una de las ciudades más disolutas de Oriente -, habiendo llegado su fama a la región de Cilicia y Capadocia. Había arruinado a tantas familias, deshonrado a tantos jóvenes y estafado a tantas personas, que se decía de ella que, mediante la magia, había sido capaz de seducir al mismísimo hermano del emperador. O sea, era una mujer célebre por su mala vida y malas artes. Pero de repente, tocada por la gracia, se había convertido y le había dado un giro radical a su vida. Había llevado una vida penitente, se había purificado de su pasada vida licenciosa, superando desde ese momento, aun en la práctica de la castidad, a cualquier persona que hubiera sido virgen desde su infancia. Después de recibir el bautismo y de ser admitida al resto de los sacramentos, vivió una vida de gran austeridad, encerrándose voluntariamente en una especie de cárcel en la que nadie podía verla, muriendo después de haber llevado esa vida penitente durante muchos años.

Aunque habla de ella, San Juan Crisóstomo no nos dice cual era su nombre y nada nos permite pensar que, después de su muerte, esta penitente anónima recibiese oficialmente culto alguno. Sin embargo, su espectacular conversión no cayó en el olvido y un autor desconocido – del que solo sabemos que se llamaba Santiago y que era diácono de la iglesia de Heliópolis – encontró en ella suficiente material para escribir una novela (romance) piadosa, que se difundió rápidamente bajo el título de “La penitencia de Pelagia”. Y digo novela-romance piadosa, porque el tal Santiago empieza así su obra: “Siempre deberíamos dar gracias a Dios. ¿Quién no desea que antes de su muerte, todo pecador regrese a la vida mediante el arrepentimiento? Por eso yo, Santiago pecador, os escribo a vosotros, mis hermanos y hermanas santos, sobre algo maravilloso que ha ocurrido en nuestros días, para que la lectura de este escrito os edifique…”. A través de este romance, la fama de esta mujer, a la que él llama Pelagia, se extendió hasta Cilicia e incluso en la corte de la familia imperial. El tal Santiago, en esta obra, mezcló algunos episodios de la vida de Santa Pelagia de Tarso, con otros atribuidos a esta Pelagia de Jerusalén. Atribuyó la conversión de esta comediante a su obispo, llamado Nonno, que había venido desde Antioquia para participar en un Sínodo, celebrado en la iglesia de San Julián en Jerusalén. El fue quién la bautizó y la admitió a los sacramentos de la Iglesia.

San Nonno convierte a Santa Pelagia. Iluminación del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

San Nonno convierte a Santa Pelagia. Iluminación del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

Santiago sigue diciendo: “He aquí que estando hablando mi obispo, pasó por delante de la puerta de la iglesia una incrédula mujer, que era la prostituta más famosa de toda Antioquia. Era muy arrogante y estaba adornada con ropas muy lujosas y costosas, estando acompañada por una multitud de jóvenes y de doncellas espléndidamente vestidas. Era tal la belleza de su rostro, que los hombres no se cansaban de mirarla. Al pasar junto a nosotros, el aire quedó cargado de fragancia y al ver que su cabeza y hombros iban descubiertos, los obispos agacharon la cabeza para no mirarla, apartando sus rostros de un gran pecado. Pero el bendito Nonno, mi obispo, la miró larga y fijamente hasta que ella se perdió de vista…. Después de los santos oficios en la catedral, el bendito Nonno se puso a instruir a la gente inspirado por el Espíritu Santo. Habló del temor de Dios y de la recompensa que Dios otorga a los justos y entonces sucedió que la prostituta – que nunca había entrado en una iglesia ni tenía conciencia de sus pecados – entró en la iglesia y se puso a escuchar a mi obispo y, mientras lo escuchaba, el temor de Dios vino sobre ella haciéndole comprender cuan grandes eran sus pecados. Ella se desesperó y un torrente de lágrimas brotó de sus ojos, mientras el corazón se le rompía de dolor….” No continúo escribiendo este texto porque podéis encontrarlo aquí, pero si quiero reseñar un curioso dato: una diaconisa llamada Romana fue su madrina de bautismo.

Según este texto de Santiago, la neoconversa se retiró a un lugar solitario en el Monte de los Olivos de Jerusalén, a fin de llevar una vida de penitencia, y para camuflarse y no llamar la atención, se habría vestido como un hombre, asumiendo el nombre de Pelagio (Pelayo). ¡Ya tenemos otra vez otro caso de travestismo sacro! Otro caso de una mujer, que se viste de monje a fin de llevar una vida monacal, con o sin regla. Recordemos el caso de Santa Marina-Marino, del que hemos tratado en este blog. Y, como no podía ser de otro modo, su verdadero sexo se descubrió después de su muerte.

Pelagia se desprende de sus joyas y adornos. Detalle de la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

Pelagia se desprende de sus joyas y adornos. Detalle de la procesión de los Santos de Hyppolite Flandrin. Iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia).

El hagiógrafo Delehaye dice que “es muy difícil decidir si el tal Santiago, en un principio se propuso escribir una novela edificante, en la que el rol principal era soportado por Pelagia o si, habiendo conseguido posteriormente algunos otros datos, intentó componer una leyenda para la santa mártir venerada en Antioquia. Existe otros interesantes ejemplos de santos venerados a nivel meramente local, cuyas leyendas han surgido rápidamente bajo la acción de otra obra legendaria anterior, por lo que muchas veces los hagiógrafos no retrocedemos ante esta especie de metamorfosis que nos llevaría a personajes casi irreconocibles”. Esto fue tan claro para el bolandista Delehaye, que no tardó en establecer una única identidad entre esta Pelagia penitente y la Pelagia mártir de Antioquia. El hecho de que la primera de ella era conmemorada por los sinaxarios bizantinos el mismo día que la segunda y aun que una tercera supuesta Pelagia mártir de Tarso, fue para él una prueba más que suficiente. La conmemoración de tres Pelagias distintas en un mismo día, era más que sospechoso y presuponía el trabajo de algunos personajes sin escrúpulos a la hora de confeccionar vidas de santos.

Efectivamente, los sinaxarios bizantinos, basándose únicamente en este romance de Santiago, conmemoran a la Pelagia de Jerusalén el día 8 de octubre, mientras que el Menologio de Simeón Metafraste, conmemora a la otra en el mismo día. El cardenal Baronio, que ignoró a las otras dos – la de Antioquia y la de Tarso – la inscribió el mismo día en el Martirologio Romano, llamándola únicamente penitente: “Ierosolymis sanctae Pelagiae cognomento poenitentis”. La fuente en la que se basó Baronio, más que los sinaxarios bizantinos, fue el Martirologio de Usuardo, el cual, el mismo día, al nombre de Pelagia encontrado en el Martirologio Jeronimiano, le añadió lo que antes había hecho con Santa María Egipcíaca el 2 de abril, o sea, la expresión: “quae peccatrix appellatur”, diciendo expresamente que su intención era venerar a la Pelagia de la que había escrito el tal Santiago, cuya obra conocía en su traducción latina.

El Sinaxario Alejandrino de Miguel, obispo de Atrib y Malig, el día 11 del mes Babah (8 de octubre), ignorando a las dos Pelagias mártires, habla de esta diciendo que quién había logrado su conversión era un obispo llamado Pablo. Según esta versión Pablo llegó a Jerusalén con el obispo Alejandro, quién la envió a un monasterio situado fuera de la ciudad, donde ella murió después de vivir penitentemente durante cuarenta años.

"Pelagia la penitente", la Santa llorando sus pecados. Grabado barroco francés.

“Pelagia la penitente”, la Santa llorando sus pecados. Grabado barroco francés.

El Pseudo-Antonino de Piacenza dice que, en el Monte de los Olivos existía una gruta o celda que pretendía contener su cuerpo. Con respecto a este tema de la tumba quiero decir que junto a la capilla de la Ascensión en el Monte de los Olivos, en Jerusalén, está la denominada “casa de Pelagia”. En ella existe un sarcófago que fue descubierto en unas excavaciones realizadas en el siglo XIX, por el arqueólogo francés Da Sussey. Según los judíos, esta es la tumba de la profetisa Hulda, que vivió en tiempos del rey Josías en el siglo VII antes de Cristo. Ellos defienden esta tesis basándose en los escritos del rabino Moshe Basulah. Según la tradición musulmana, en esa tumba está sepultado Rava’ad Aludayah, que fue uno de los primeros místicos musulmanes del siglo VII y según la tradición cristiana, esta es la tumba de nuestra Santa Pelagia de Jerusalén; ¿?, por eso en la foto que adjunta el artículo, pongo lo de “presunta tumba”.

En Occidente, durante la Edad Media, la “Leyenda Áurea” del beato Jacobo de Vorágine, de la que tantas veces hemos hablado en este blog, se encargó de divulgar la leyenda de esta pecadora convertida. Para liarla más, en esta versión, el obispo que la convirtió se llamaba Nerón cuya sede estaba en la ciudad egipcia de Damietta, quién se la encontró adornada con muchísimas joyas – por lo que la llamó Margarita – (en latín, “perla” se dice “margarita”), la cual se echó a llorar reconociendo que su amor a Dios era menor que su amor a los hombres. Y para no ser menos, se atrevió a fijar la fecha de su muerte el día 8 de octubre del año 290. Que Jacobo de Vorágine “mezclaba las churras con las merinas”, lo sabemos ya y un dato más que lo demuestra es el hecho de que es el mismo diácono Santiago quién dice en su texto que a Pelagia se la conocía en Antioquia por el nombre de Margarita, cosa que ella misma le dijo al obispo Nonno. O sea, que ni Damietta ciudad, ni Nerón obispo, ni fecha de su muerte cierta, ni… ¡Qué capacidad inventiva tenía este buen hombre!

Presunta tumba de Santa Pelagia en el Monte de los Olivos, Jerusalén (Israel). Fuente: www.allaboutjerusalem.com

Presunta tumba de Santa Pelagia en el Monte de los Olivos, Jerusalén (Israel). Fuente: www.allaboutjerusalem.com

Iconográficamente se la confunde con otras santas pecadoras-penitentes. También se la confunde con Santa Margarita (Marina) de Antioquia, que nada tiene que ver con ella. Se la representa con atributos de su pasado pecaminoso: una máscara de comediante y joyas a sus pies, en señal de desprecio después de su conversión. Algunas veces es representada con un incensario entre sus manos en un intento de confundirla con otra pecadora-penitente (María Magdalena, a quién en Oriente se conoce como “mirrofora” o portadora de mirra).

Antonio Barrero

Bibliografía:
– DA VARAZZE, GIACOMO, “Legenda Aurea”, París, 1911.
– USENER, H., “Leyenda de Santa Pelagia”, Bonn, 1879.
. VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es