“Katherine of Alexandria” (2014): crítica de una adaptación cinematográfica

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Una de las portadas de la película.

Una de las portadas de la película.

Hace unos meses, esta servidora se estrenaba en el campo de la crítica cinematográfica de películas de Santos con el título de “Santa Bárbara” (2009) de Carmine Elia. Hoy, apenas unos días después de su esperado lanzamiento, se presenta la oportunidad de hablar sobre una producción británica inspirada en la vida y martirio de una Santa que es tan conocida, famosa y venerada como lo ha sido Santa Bárbara a lo largo de los siglos de existencia de la cristiandad: Santa Catalina, mártir de Alejandría en Egipto, celebérrima patrona de filósofos, estudiantes y sabios, conocida por su martirio en la rueda de cuchillas.

Esta película, que ha sido lanzada directamente a su formato DVD sin pasar por la gran ni por la pequeña pantalla, es importante al ser la última película en la que apareció el ya fallecido Peter O’Toole, un actor de renombrada talla y fama mundial. Además, para que los lectores no se pierdan, es importante hacer notar que esta producción ha aparecido con dos títulos: el original Katherine of Alexandria (“Catalina de Alejandría”), que hace referencia a la auténtica protagonista de la película; y el posterior y más comercial Decline of An Empire (“La Decadencia de un Imperio”), título con el que ha sido comercializada en Estados Unidos.

Ficha técnica
Título: Katherine of Alexandria – Decline of An Empire
Web oficial: http://katherineofalexandria.com/
Año: 2014
Duración: 108 minutos
Productora: Katherine of Alexandria Ltd.
Colaboración: Lionsgate
Director: Michael Redwood
Reparto: Nicole Keniheart (Catalina), Peter O’Toole (Galo), Julien Vialon (Majencio), Samantha Beckinsale (Vita), Edward Fox (Constancio Cloro), Jack Goddard (Constantino), Joss Ackland (Rufo), Steven Berkoff (Liberio), Tony O’Brien (Justo), Jean Marlow (Elena), Kate Gartside (Teodora)

Sinopsis
“¿Por cuál fuerza divina tal pureza en cuerpo y alma nos fue concedida sobre esta tierra? Entiendo que no había idiomas que ella no pudiera hablar, ni poemas que no conociera, ni rincón de la mente humana que no hubiera sondeado. ¿Fue un deseo de los dioses crear y admirar esta Santa desde las alturas celestiales? ¿O quizá nació para que los mortales la contemplemos y nos maravillemos de su conocimiento, belleza, y, ¡ay!, de su eventual sufrimiento?” (Galo)

Acercamiento a la historia real de Catalina de Alejandría, mártir cristiana del siglo IV, que fue la primera mujer en criticar públicamente a los dioses romanos, ayudando a convertir a la nueva religión, el cristianismo, a infinidad de personas antes de morir ajusticiada.

Trailer:

Resumen y crítica
ATENCIÓN: A partir se este punto se desvelan detalles importantes de la trama (spoilers).
Esta película pretende ser una versión de la vida de Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir cristiana de la Antigüedad, ampliamente conocida y venerada desde entonces. En principio, lo que uno esperaría de una película sobre la Santa, es que se tratase de una adaptación cinematográfica de la passio de la Santa, es decir, de la leyenda en torno a su vida y martirio (ver artículo para más información). Aún así, habría que advertir y recordar a los telespectadores que se trata de una ficción, ya que realmente desconocemos el mínimo detalle acerca de la vida real de la Santa. Sin embargo la presente película no se trata, en ningún caso, de la adaptación literal de la passio de la Santa, documento carente de todo valor histórico, sino que es una versión personal del director. La trama es bastante fiel a la figura de Catalina, tomando bastantes detalles de la passio, pero se trata de una adaptación realista, creíble, sin los elementos fantásticos ni milagrosos que abundan en la passio, presentándonos una trama más verosímil, por lo que los que esperen ver la historia de la Santa tal cual la han leído en los libros y la han visto en cuadros y esculturas, deben saber que no van a encontrar tal cosa, sino una historia adaptada de forma que nos muestra a una mujer santa, pero real, que debido a su valor y sabiduría acaba sufriendo un terrible martirio. Daremos un rápido recorrido sobre la trama y una crítica en general, y cada cual, después de visionarla, que juzgue por su cuenta.

La trama
“Roma es un reptil moribundo, y tú eres uno de sus más insignificantes venenos”. (Catalina)
Catalina (Nicole Keniheart) -llamada en la película Caterina o Ekaterina– es la hija de una tribu nómada de árabes del desierto egipcio. Durante una acampada en la costa de Alejandría, su familia se encuentra con una avanzadilla del emperador Majencio (Julien Vialon), el cual, cautivado por la belleza, elocuencia y atrevimiento de la adolescente -que no vacila en enfrentarse a él y llamarle “veneno”-, decide secuestrarla para su satisfacción personal, ordenando matar al resto de la familia, salvo a un chico joven -el futuro Constantino (Jack Goddard)- que se había criado con ella. Llevada a palacio, y fascinado por el talento de la muchacha, que sabe hablar y escribir en varios idiomas, la pone bajo el custodio de Galo (Peter O’Toole), bibliotecario de Alejandría, ordenándole que la instruya en sus costumbres, religión, sabiduría y literatura; aprovechando la facilidad de idiomas de Catalina para usarla como traductora en palacio.

El emperador Majencio (Julien Vialon) está obsesionado con Catalina (Nicole Keniheart), quien lo rechaza.

El emperador Majencio (Julien Vialon) está obsesionado con Catalina (Nicole Keniheart), quien lo rechaza.

Quince años después, la bonita adolescente se ha convertido en una mujer cuya belleza sólo es superada por su sabiduría. Para complacerla, Majencio le ha construido una biblioteca para ella sola y le ha traído todos los libros y obras fundamentales de la literatura grecolatina, con la esperanza de que ella acceda a cohabitar con él, ante la consternada emperatriz Vita (Samantha Beckinsale), su esposa, que se debate entre los celos y la perplejidad al no entender cómo simplemente su marido no la toma como a cualquier esclava y se deshace de ella. Catalina rechaza a Majencio, y aprovecha su tiempo escribiendo libros sobre su fe, proclamado al único Dios todopoderoso y saliendo a predicar a los más pobres y desfavorecidos de Alejandría, a los que convierte al cristianismo. Molesto por esta actitud, Majencio la hace encerrar en prisión de vez en cuando, para escarmentarla, pero las noches pasadas en la celda no hacen mella en el ánimo de la valiente mujer. Los libros de Catalina cruzan el mar, llegan a los confines del Imperio, son leídos y asimilados por gentes de todas partes del Mediterráneo, y para cuando los senadores y notables de Roma se dan cuenta, alarmados, de lo que ha sucedido, se encuentran con que los escritos de Catalina, además de contener las verdades de la fe cristiana, denuncian a Roma, a sus dioses, e incitan a la rebelión.

Uno de esos lugares adonde han llegado los escritos de Catalina -pasados por contrabando en las naves mercantes- es el Muro de Adriano, en Caledonia (actual Escocia), en Britania, donde el emperador Constancio Cloro (Edward Fox) combate a los bárbaros con ayuda de un joven comandante, Constantino. Casi todos los bárbaros varones han sido ya liquidados por las tropas romanas, por lo que son las mujeres -madres, hijas, hermanas, parientes, esposas- las que han tomado las armas contra sus enemigos, quienes, perplejos, se encuentran con que no pueden hacer frente a su enconada resistencia. Estas mujeres bárbaras dicen seguir las enseñanzas de una cristiana egipcia llamada Ekaterina, y ostentan un símbolo parecido a una especie de rueda con puntas. Constantino, que se había unido al ejército romano desde joven con la esperanza de encontrar a quienes asesinaron a su familia y se llevaron a su amiga de la infancia, reconoce en este símbolo un dibujo que ella solía hacer sobre las rocas de la playa, y cae en la cuenta de que Ekaterina, “la profeta” como la llaman sus seguidores, es su amiga Catalina, la que ha estado buscando todo este tiempo.

Catalina (Nicole Keniheart) predicando a los pobres de Alejandría.

Catalina (Nicole Keniheart) predicando a los pobres de Alejandría.

En Roma ha cundido la alarma por los escritos transgresores de la cristiana egipcia, muy difíciles de controlar ya que ella los copia en diversos idiomas. Cuando una delegación de senadores romanos llega a Alejandría para consultar el tema con Majencio, son recibidos por la emperatriz Vita, quien reconoce enseguida que esos panfletos son de Catalina. El estilo de la culta cristiana es tan poético y profundo que, en principio, Vita no ve nada peligroso en él, pero cuando Catalina es convocada a hablar con ella y con los senadores, admite abiertamente que ella no da culto a sus dioses y que no cree en ellos. Vita busca entonces una solución y propone que Catalina se enfrente, en una audiencia pública, a los más sabios e instruidos senadores de Roma, para que sea derrotada, humillada y avergonzada por ellos en público, y así, sea desacreditada y olvidada como farsante y charlatana. Esta solución le parece a la emperatriz mucho más aceptable que ejecutarla en público, como querrían los senadores, pues así la convertirían en mártir y sólo lograrían la rebelión y la furia de sus innumerables seguidores, lo que no convenía al Imperio en un momento de debilidad política, con dos emperadores enfrentados y el ejército dividido y sin moral. De hecho, para forzar más las cosas, intentan presionar a Catalina para que se deje vencer por los sabios, pero ella se niega rotundamente a mentir y a contribuir a una farsa. Entonces, envían a un soldado, que le da una brutal paliza, y la encierran en prisión; para que el día de la audiencia tenga un aspecto lamentable que contribuya a empeorar su imagen. En la celda, es visitada por un arrepentido y conmovido Galo, quien está obligado a asistir a la audiencia como rival suyo, pidiéndole perdón por lo que tiene que hacer y adivirtiéndole que, si no se deja vencer, la matarán. “Conozco las palabras falsas que podrían salvarme, le dice Catalina, pero una muerte natural, de anciana, al cabo de los años, no parece ser apropiada para una alma como la mía. Jamás renegaré de mi Padre”.

A pesar de haber sido maltratada, Catalina (Nicole Keniheart) se enfrenta a los sabios y eruditos de Roma y los vence en lid dialéctica.

A pesar de haber sido maltratada, Catalina (Nicole Keniheart) se enfrenta a los sabios y eruditos de Roma y los vence en lid dialéctica.

El día en que Catalina es llamada ante los eruditos de Roma, está harapienta, magullada y sin poder mantenerse en pie. Esto satisface a los eruditos porque creen que será fácil vencerla, pero se encuentran con una enconada resistencia por parte de la Santa, la cual, recurriendo a su cultura y a su inmensa fe, deshace los argumentos de sus contrincantes y los hace enmudecer de consternación, mientras es jaleada por sus discípulos, que están en la sala. Galo, iluminado, se adelanta y proclama que Catalina dice la verdad, atrevimiento que pagará con su vida. En cuanto Majencio descubre lo que ha sucedido, monta en cólera y ordena que sea ejecutada con crueldad: siendo destrozada en una rueda de púas.

Cuando la noticia de la muerte de Catalina llega a oídos de Constantino, él, consternado, quiere desertar del ejército, pero Constancio Cloro le nombra su sucesor. No le queda más remedio que asumir la púrpura imperial y encontrarse con Majencio en el puente Milvio, cerca de Roma, donde ha sido convocado. Pero cuando están uno frente a otro, Constantino reconoce en Majencio al hombre embozado que secuestró a Catalina y mató a su familia. Furioso, lo asesina, vengándose del daño hecho; y emprende un viaje a Alejandría con las mujeres bárbaras seguidoras de Catalina para encontrar su cuerpo. Allí, rodeado de sus seguidores, la hace enterrar en el monte Sinaí, y hace solemne promesa, sobre la tumba de Catalina, de honrar su memoria permitiendo que todos puedan acudir allí a venerarla sin miedo, asegurando que no habrá más persecuciones de cristianos y que en adelante, todos podrán rezar a Dios en paz y libertad, como ella quería.

Semejanzas y divergencias con la passio
Quienes conozcan a fondo la leyenda de Santa Catalina, habrán comprendido a estas altura que esta película es muy fiel a algunos aspectos de la misma, aunque otros los adapta libremente. Eso no está mal en absoluto porque, como ya hemos indicado, la passio de Santa Catalina es un relato fantasioso, inverosímil y de nulo valor histórico, cuya adaptación fiel y literal hubiese resultado un tanto ingenua. La versión de Michael Redwood nos ofrece una visión más verosímil, por lo menos en cuanto respecta a la trama de la Santa.

Secuencia del martirio: Catalina (Nicole Keniheart) es torturada y ejecutada en una rueda de púas.

Secuencia del martirio: Catalina (Nicole Keniheart) es torturada y ejecutada en una rueda de púas.

Por ejemplo, hay diferencias en el origen de la Santa: en la passio era una princesa, hija de una reina siciliana y un príncipe samaritano, pagana en origen y conversa por un ermitaño. En la película es hija de una tribu nómada árabe, que ha sido cristiana desde siempre. Es más creíble lo segundo respecto a lo primero, ya que príncipes y princesas no había ya a esas alturas del Imperio, ya plenamente provincializado; pero también es verdad que el nombre de Ekaterina -pura, inmaculada- es griego y no parece el más lógico en una muchacha árabe. En cualquier caso, en lo demás se ha respetado considerablemente la passio: la Santa es una mujer culta, instruida, muy sabia, que se enfrenta a los eruditos que ostentan el poder -no son cincuenta y no son filósofos propiamente dichos, como en la passio, sino que son unos diez y son más bien senadores, bibliotecarios y sabios en general, lo que es casi lo mismo- y que sufre un terrible martirio en una rueda de púas.

En el martirio tenemos una diferencia sustancial, y es que estamos acostumbrados a los lienzos y esculturas de la princesita castamente arrodillada entre ruedas de cuchillas que se rompen sin tocarla, mientras angelitos del cielo bajan a salvarla. Naturalmente, esto pretende ser una película histórica y no una copta -que sí hubiese adaptado este tipo de pasajes literalmente, como se ve en la película de Santa Damiana-; por tanto, la protagonista de la película no elude el tormento: Catalina muere en la rueda, no descuartizada, troceada ni fileteada en una rueda de cuchillas estrictamente; sino en otra variante de rueda que también existía en la época: la rueda de púas, de rotura –breaking wheel, en inglés- es decir, en una rueda-plataforma lanzada desde gran altura que, efectivamente, al final de la secuencia del martirio se rompe, sólo que el cuerpo de la ajusticiada se rompe con ella. Un punto fuerte a favor de la película que destruye las fantasías milagreras de las passio y nos da un baño de auténtica realidad: la de los mártires cristianos que hallaron una muerte horrible por confesar a Jesucristo.

Secuencia del funeral de la Santa: Constantino (Jack Goddard) besa el cadáver de Catalina (Nicole Keniheart).

Secuencia del funeral de la Santa: Constantino (Jack Goddard) besa el cadáver de Catalina (Nicole Keniheart).

Por lo demás, el punto fuerte de la película es la interpretación de Nicole Keniheart como Santa Catalina: el católico medio, devoto de la Santa, quedará estupefacto al ver lo acertada y fiel que está la figura de la mártir en la película, es imposible no reconocer a Catalina en la actuación de esta actriz rumana, hasta ahora desconocida. Desde el primer instante de la película no nos cabe duda de que estamos ante una Santa, de hecho, los paganos que la rodean, como se constata a lo largo de la película, creen que están ante una diosa encarnada en mujer mortal. Y no es de extrañar con el aura sobrenatural que rodea a Catalina en toda la película, una mujer en la que la belleza es sólo un accesorio sin importancia: serena, inspirada, inalterable, habla con una dicción lenta y solemne que hace que todos los que la oyen se queden escuchándola embobados, eruditos y realeza incluida. Habla poco, pero cuando habla dice todo un mundo. En personas viles o malvadas no malgasta palabras salvo que se vea forzada a ello. Su mensaje es para los pobres y sufrientes del mundo. Y ante la adversidad, la tortura o el sufrimiento, se entrega a su destino mansamente, sin resistencia, sin gritos, como si desde el principio supiera lo que le esperaba. De hecho, que de niña pintara ya un símbolo semejante a una rueda de púas es una insinuación de que tiene el don de profecía y sabía cómo iba a morir. “La profeta”, la llaman los suyos, y esto viene reforzado en otra escena en la que profetiza la condenación del alma de Majencio. Indiferente a los requerimientos sexuales del emperador, que no sabe obligarla ni someterla; y a los celos de su esposa Vita, que está perpleja ante una mujer que es incapaz de mentir para salvar la vida.

Nicole Keniheart es Santa Catalina de Alejandría, la ha interpretado con una grandeza y dignidad que ridiculiza a muchas actrices que han interpretado a Santas en la pantalla; y sólo por ella vale la pena verse esta película. Todo un aplauso para el director que ha mostrado el máximo respeto por la dignidad de esta mártir cristiana y la ha llevado a la pantalla dignamente, sin caer en el cliché facilón de presentar a una cara dulce, inocente y bonita pero con nula inteligencia; y buscándole un “novio” o pareja sentimental. Catalina brilla por sí sola y no necesita a nadie más. Su mejor escena: la disputa con los eruditos, que logra ponerte los pelos de punta y que es, sin duda, el clímax de la película.

Panorámica de la escena de la disputa con los sabios.

Panorámica de la escena de la disputa con los sabios.

El despropósito histórico
Pero no todo es positivo en esta película, y también tiene aspectos negativos que deben ser criticados. Se puede decir, tranquilamente, que las partes de Constantino y los bárbaros sobraban totalmente en esta película. Y no sólo porque es bastante inverosímil que en el siglo IV de nuestra era, los bárbaros -las bárbaras, perdón- aposentadas en el extremo norte del Imperio hubiesen oído hablar de una cristiana predicadora egipcia, fueran capaces de leer, fueran capaces de leer en griego, de hablar latín -inglés en la película (!!)- con sus enemigos y convertirse al cristianismo. Esto no tiene nada de histórico, pues no ya la romanización, sino la evangelización de Britania e Hibernia, como sabemos, también fue muy posterior.

Por si esto no fuese suficiente despropósito histórico, el director, que tanto respeto y acierto ha mostrado en adaptar la figura de Catalina, la ha fastidiado totalmente con la de Constantino (sí, Constantino I, el Grande, al que Lactancio y Eusebio calificaron erróneamente de “primer emperador cristiano”, que no lo fue hasta el lecho de muerte). Es de perogrullo recordar que Constantino y Catalina no vivieron en la misma época y, aunque lo hubieran hecho, difícilmente se hubieran conocido un militar de alta promoción romano, hijo de emperadores, emperador y padre de emperadores; y una cristiana de Egipto martirizada en una rueda. Pero bueno, esta modificación histórica, en pro de la trama de la película, se tolera. Lo que no se tolera es la total alteración de hechos históricos que son bien conocidos y relevantes para la historia romana y del cristianismo, en pro de una versión totalmente inventada, salida de los delirios personales del director. Sabemos que Constantino era hijo de Constancio Cloro y de Flavia Julia Helena –Santa Elena-, y que heredó el Imperio tras derrotar a Majencio en la batalla del puente Milvio. ¿Por qué en la película, Constantino “el Grande” es simplemente un comandante militar cualquiera, hijo de una tribu nómada árabe de Egipto, y Constancio Cloro le elige sucesor aún después de que haya manifestado su deseo de desertar, haya vilipendiado en público a los dioses romanos y a la Roma misma, confesado que se unió a la milicia sólo por venganza y por encontrar a su amiga perdida de la infancia? Esto no tiene ningún sentido. ¿Por qué va a todas partes sin apenas escolta, sin distintivo ni uniforme, las bárbaras le pegan palizas, los soldados se ríen de él y hasta los harapientos cristianos de Alejandría quieren esconderle el cuerpo de Catalina? Está claro que los personajes estirados, solemnes y grandilocuentes no son buenas adaptaciones, pero la del Constantino de esta película parece una broma de mal gusto por parte del director.

Una de las escenas eliminadas de la película: Elena -¿Santa Elena?- (Jean Marlow) lava y unge el cuerpo la Santa (Nicole Keniheart).

Una de las escenas eliminadas de la película: Elena -¿Santa Elena?- (Jean Marlow) lava y unge el cuerpo de la Santa (Nicole Keniheart).

La adaptación del emperador Majencio es todavía peor, mostrándonos a un lunático cobarde, psicópata y tiránico que se pasa la película chillando y dando bastonazos a la gente de su alrededor -Catalina incluida- y mirando a todo el mundo como si estuviera rodeado de idiotas. ¿A qué viene esto? ¿Por qué todos los emperadores perseguidores de cristianos son retratados como una mini-copia del estereotipo de Nerón? Lógicamente, todos los emperadores no son Nerón -más bien, lo que la mentalidad cristiana pensaba de Nerón- y por tanto, resulta ridículo retratar a un emperador romano como un pelele loco y desequilibrado mental. Por no mencionar que su esposa no se llamaba Vita -sino Valeria Maximila- y que seguramente tampoco coincidió con la época del martirio de Santa Catalina, que suele ubicarse durante el reinado de Maximino Daia. Y por no mencionar que murió en batalla, no a pedradas por parte de un histérico y amargado Constantino.

En las escenas de batallas entre romanos y bárbaras no me meto, tampoco en la triste y limitada recreación de la ciudad de Alejandría. Digamos simplemente que Alejandro Amenábar, en su obra maestra “Ágora”, hizo un muchísimo mejor trabajo en ese sentido, aunque también contaba con mayor presupuesto, porque, no lo olvidemos, estamos ante una película independiente que ha estado años estancada en postproducción debido a la falta de inversores. Así que ese pequeño desliz que tiene en algunas recreaciones y decorados se lo vamos a permitir, siendo cierto también que los vestuarios están bastante conseguidos.

El tema de la religión: claramente no estamos ante una película religiosa. Parece que el director -o los inversores o los productores, vete a saber- tienen miedo de que se note que es una película sobre una Santa mártir cristiana. ¿Por qué, si no, llegado el momento del lanzamiento, cambian el título original de la película –Katherine of Alexandria-, que hace referencia a la Santa, por el génerico Decline of An Empire, y pasan a anunciarla como una película militar de romanos y una historia del emperador Constantino, cosa que no es, eliminando a la Santa de la sinopsis y de la portada de la película, para poder comercializarla en Estados Unidos? Una clara muestra de la presión del marketing y lo banal de lo comercial en nuestra sociedad: la historia de una mártir cristiana no vende, pero la de unos bárbaros dándose de tortas con romanos en Britania mientras Constantino lo ve todo, sí. De vergüenza.

Otra de las escenas eliminadas de la película: la emperatriz Vita (Samantha Beckinsale) visita a la Santa en prisión.

Otra de las escenas eliminadas de la película: la emperatriz Vita (Samantha Beckinsale) visita a la Santa en prisión.

Lo irónico es que NO es una película de romanos con bárbaros, sino de una mártir cristiana. Pero hasta bien llegada la mitad de la película no se dice que Catalina es cristiana. De hecho, la palabra Jesús es apenas mencionada dos veces, y ninguna de ellas por Catalina, que, sin embargo, sí habla de un “Dios único todopoderoso” al que ella llama “Padre”. Estrictamente hablando, igual hubiese podido referirse a Jesucristo, que al Sol Invicto o al dios egipcio Atón, porque no hay más especificaciones. Sabemos que es cristiana porque así es mencionado por algunos personajes de la película, aunque de nuevo, no refiriéndose a ella, sino a sus seguidores. Esto puede excusarse si consideramos que la película está hecha desde el punto de vista de los paganos -que creen que es una diosa reencarnada, los que la admiran; o un demonio poseído, los que la odian-; paganos que no sabían gran cosa del cristianismo ni les importaba, salvo su rebelión política a la religión de Estado.

Otro error típico de las películas históricas es pecar de anacronismo, es decir, introducir valores contemporáneos en contextos donde éstos aún no existían. Que una persona criada en un palacio imperial incite a la sedición política contra el Estado romano es bastante inverosímil, más tratándose de una Santa cristiana. Pero además, algunas de las razones aducidas por ella para denunciar a los dioses romanos -por ejemplo, que son un mero préstamo de la mitología griega- eran sobradamente conocidas no sólo por la gente culta, sino también por la gente de a pie: la virtud amalgamante y sincrética de Roma, que fagocitó e incorporó sin problemas los dioses y religiones de las tierras conquistadas, era vox populi y hasta es aducida como argumento por la propia emperatriz Vita en la película, por lo que no se entiende por qué luego este razonamiento, en boca de Catalina, logra escandalizar a los senadores. Tal realidad era obvia para los contemporáneos.

Por último, una gran crítica a la postproducción: hay muchas escenas originales, rodadas para la película, que han sido eliminadas en la versión final. Esto suele suceder, lo inaceptable es que hayan sido escenas dedicadas a la Santa, que en mi modesta opinión eran imprescindibles, como la visita de la emperatriz a su celda, la quema de su biblioteca, su cuerpo arrojado a las cenizas de esa biblioteca, y cómo los seguidores lo recogen y lo honran. En cambio, las escenas de peleas con bárbaros han sido todas incluidas. Una lástima, una ocasión perdida en una película donde sobran romanos y faltan escenas de la protagonista. Menos bárbaras. Más Catalina.

Detalle de la Santa (Nicole Keniheart) durante la disputa con los eruditos.

Detalle de la Santa (Nicole Keniheart) durante la disputa con los eruditos.

Conclusiones
Estamos ante una excelente versión de la vida y martirio de una famosísima Santa cristiana que, hasta día de hoy y pese a que está rodeada de leyenda, sigue siendo venerada por toda la cristiandad católica y ortodoxa. No es una película religiosa ni devota -aunque sí inspiradora e impactante-, sino más bien una ficción pseudohistórica cuya virtud es rendir un sentido homenaje a una mujer de gran talento y sabiduría que fue brutalmente asesinada por desafiar al Estado opresor; un mensaje que sí es recurrentemente aceptable para telespectadores creyentes de todas las religiones, y no creyentes también. Estableciendo una analogía con la filósofa neoplatónica, alejandrina también, Hipatia, que también fue salvajemente asesinada por sus creencias, podemos decir, salvando las obvias distancias, que Catalina es la Hipatia cristiana, como Hipatia es la Catalina pagana.

Por desgracia, todo lo que concierne a la Santa es la parte buena de la película; la parte mala, la que sobra, la que aburre, son las interminables escenas de peleas de bárbaras con romanos y Constantino dando vueltas por el campamento mientras los soldados hacen el payaso en sus ratos libres. No entiendo las intenciones del director al llenar la película con esta morralla pseudohistórica que no tiene pies ni cabeza. Aparte de esto, es una película interesante, fascinante, y recomiendo verla. Ha salido directamente comercializada en DVD como Decline of An Empire en Estados Unidos, con audio en inglés y subtítulos en inglés y en español, aunque no se descarta que se hagan versiones para Europa y otros países y que -Dios lo quiera- mantengan su título original, Katherine of Alexandria, para hacer justicia a la que es la auténtica protagonista de la película.

Le doy un 8 sobre 10 a la película. Le hubiese dado el 10 rotundo de no ser por las bárbaras, por Constantino y las peleas de romanos que no vienen a cuento; porque la parte dedicada a la Santa es fantástica, la recreación de la disputa y el martirio son excelentes, y la actriz que la ha interpretado lo merece. Lástima que las películas independientes respondan mucho al capricho de un director que tiene una pobre documentación histórica de la época que pretende recrear; pero que al mismo tiempo ha dotado a la figura de la Santa de un acierto y dignidad inmejorables. Os la dejo aquí: no os la perdáis.

La actriz rumana Nicole Keniheart interpreta a Santa Catalina, mártir de Alejandría.

La actriz rumana Nicole Keniheart interpreta a Santa Catalina, mártir de Alejandría.

LO MEJOR: La interpretación de Nicole Keniheart como Santa Catalina. La escena de la disputa con los eruditos.

LO PEOR: Las escenas en Britania. La penosa adaptación de las figuras de Constantino y Majencio. La total tergiversación histórica de una parte absolutamente prescindible de la película.

“Mi queridísimo Padre,
mantengo que toda la gente que vive en la tierra son Tus hijos.
Ésta es Tu tierra, protégela. Permíteme descansar en paz”
. (Catalina)

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

4 pensamientos en ““Katherine of Alexandria” (2014): crítica de una adaptación cinematográfica

  1. Es buena idea que se hagan peliculas sobre las vidas de santos. Su mensaje pedagògico es bueno, sobre todo ahora que la gente ha perdido el hàbito de la lectura. No quiero decir con esto que sea suplirlo sea mejor, pero de dos males el menor…
    Coincido contigo, las licencias històricas y “artìsticas” que se toman en este tipo e pelicula, cusan mucho daño, pues se da por un hecho cierto lo que allì se presenta y dado que la gente, por no leer ha perdido a capacidad de discernir, se cree todo. Vaya como muestra la peilcula del Codigo de Davinci.
    Creo que Santa Catalina ha de sentirse honrada por cuanto la han representado, aunque también darìa su réplica por lo que se ha desviado esta pelicula de los datos històricos fiables.
    Saludos

    • Estamos de acuerdo en todo. Pero me sorprende el caso de El Código Da Vinci, película que tengo en mi videoteca y que, para mí, no es más que una ficción pseudo histórica que me proporciona entretenimiento y alguna emoción con esa espectacular puesta en escena y esa banda sonora maravillosa. Nunca comprenderé cómo se ha despotricado tanto contra algo que no es más que ficción. No veo que resulte tan dañina como se ha dicho, no dice nada que no se conociera ya de los Evangelios apócrifos; y no somos quiénes para censurar. Peores son las películas que mezclan fantasía con realidad y el telespectador medio no sabe distinguir una de otra.

      Por eso, esta película de Santa Catalina me resulta contradictoria: la parte legendaria, la de la Santa, está perfecta; la histórica, de la que había fuentes fidedignas con las que documentarse, es un desastre. ¿A quién se le ocurre?

      Deduzco por tu comentario que no la has visto todavía. No pierdas ocasión de hacerlo, no te arrepentirás, como tampoco te arrepentirás de ver la de Santa Bárbara. Yo, si fuera catequista, pasaría estas películas a los alumnos, para luego hacer un interesante forum de debate.

  2. Muchas gracias, Ana Maria, por este artículo sobre la crítica a una película realizada sobre Santa Catalina de Alejandría. Tengo que reconocer que no la he visto y prometo hacerlo, pero por lo que describes minuciosamente en el artículo, ya me hago una idea de las “bondades y maldades” del film, tanto desde el punto de vista histórico como hagiográfico.
    Gracias de nuevo y prometo verla.

  3. Te agradézco Ana María por el artículo y la crítica. La verdad que a mí me interesan mucho todas las historias que nos hablan de algo tan humano y a la vez sobre natural como es el Testimonio de los mártires.
    Ya antes había visto la historia de Santa Barbara, no sin previamente leer “Las actas de los Mártires”.
    Siempre he pensado que llevar al cine este tipo de temas es bastante dificil, no solo por el hecho que algunos testimonios como el de ambas santas, carecen de más elementos que colaboren con mejorar y hacer más fiel el guión de la historia sino porque, a no ser que sea un documental, los directores de películas y guionistas deben armar una historia que reúna una cantidad de ingredientes que suele apartar del testimonio histórico o hasta razonable el asunto.
    Pero a pesar de ello, me parece muy bueno que en los últimos años haya quienes dediquen tiempo y esfuerzo a estos asuntos.
    Creo que después de ver estas dos películas, el gusto del espectador avisado sobre estos temas reclamaría una obra dedicada a San Felicidad y Perpetua y sus compañeros. A diferencia de las dos santas anteriormente citadas, el testimonio del propio puño de Santa Felicidad es hermoso, descriptivo y muy realista de acuerdo a cómo se dieron los hechos.
    Nuevamente gracias por el artículo que nos ofreces.

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