San Francisco de San Miguel (o de La Parrilla), franciscano mártir en Japón

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen del santo en su localidad natal.

Imagen del santo en su localidad natal.

Nació en el año 1545 en un pueblecito vallisoletano, muy cercano a la ciudad, llamado La Parrilla, siendo sus padres, Francisco de Andrada y Clara de Arco, siendo bautizado el día 15 de noviembre de 1549, imponiéndosele el nombre de Juan. Tenemos en esto, un caso parecido al de San Francisco Blanco, pues si este dato no concuerda con la edad con la que fue martirizado, quiere decir que no fue bautizado inmediatamente después de su nacimiento. Quizás haya que tener en cuenta que en aquella época no existía la diócesis de Valladolid, y su pueblo pertenecía a la de Palencia, de la que quedaba más alejada.

Su infancia transcurrió en su pueblo, donde desde muy pequeño, daba muestras de una tierna devoción a la Virgen, de un cariño especial con los pobres a los que en más de una ocasión les daba su comida y de ser un niño dócil con sus padres. Como en alguna ocasión su familia pasó apuros económicos, Juan se puso a trabajar con otros agricultores, primero en Medina del Campo y posteriormente en Valladolid. Al ser muy trabajador y muy honrado, era un jornalero muy apreciado, aunque cuando le proponían hacer cosas que a él no le parecían justas, se negaba diciendo: “eso no es de conciencia”. Esta actitud la mantuvo siempre.

Cuando tendría unos veinte años de edad murieron sus padres en muy pocos meses. Tras este duro golpe, decidió abandonar sus actividades agrícolas ingresando en la Orden Franciscana, concretamente en el convento de San Francisco de Valladolid, donde el 9 de enero de 1567 tomó el hábito con la intención de convertirse en hermano lego, cambiando su nombre por el de Fray Francisco de San Miguel. Tras un año de noviciado, profesó como hermano lego haciéndose cargo del cultivo de la huerta y de la cocina del convento: como hermano lego, tomó como modelos de vida a los beatos Gil y Junípero de Asís, compañeros de San Francisco.

Posteriormente, fue trasladado al convento de Calahorra y más tarde, al de Scala Coeli en El Abrojo, este último fundado por el futuro San Pedro Regalado. Aunque en ese momento ya había realizado los votos solemnes, como San Pedro Regalado había redactado unas nuevas Constituciones, él renovó sus votos. Allí destacó por su obediencia y sus penitencias. Tuvo que ejercer el oficio de limosnero, por lo que fue conocido y querido en todos los pueblos de la comarca, pero deseando estar en un convento aun más austero, lo solicitó al Padre Provincial y, con el permiso del General de la Orden, fue destinado al convento de Coca, perteneciente a la Provincia Franciscana de San José. En este convento estuvo varios años hasta que decidió alistarse para ir a misiones: primero lo hizo en el año 1578 y, no consiguiéndolo, lo volvió a hacer en el año 1580. Así, aparece alistado en Sevilla el día 15 de mayo de 1581, junto con otros dieciséis misioneros embarcados en la nave “San Cristóbal” rumbo a México.

Imagen del Santo en la parroquia de San Lorenzo de Valladolid, España.

Imagen del Santo en la parroquia de San Lorenzo de Valladolid, España.

Cuando llegaron a México, fue destinado al convento de los Santos Cosme y Damián, haciéndose cargo de la portería del convento, donde atendía a todos los pobres que se acercaban solicitando ayuda. En México coincidió con San Pedro Bautista, permaneciendo junto a él hasta el momento del martirio de ambos en Nagasaki. En el año 1584 embarcaron hacia Filipinas, donde estuvieron cinco años en Camarines y cuatro en Manila, haciéndose cargo de la portería del convento. Allí se le consideraba un santo y de hecho, en el proceso que se inició después de su martirio, existen dos testimonios fechados el 27 de junio de 1597, del padre Santiago de Castro, que era el tesorero de la catedral, adjudicándole la realización de dos milagros: “… y del dicho fray Francisco de San Miguel, vio este testigo que el ducho Padre, con ser lego, acudía a enseñar y catequizar a los naturales de aquella Provincia con mucho fervor y caridad, y que en presencia de este testigo habiendo ido a bautizar a una india infiel, que estaba en mucho peligro, este testigo y el dicho Padre estando más de dos horas con ella para ver si volvía en sí, porque estaba sin habla, para bautizarla, e nunca pudo hablar aunque se hicieron las diligencias posibles, y en abriéndola, él hizo la señal de la cruz en la lengua, y luego la dicha enferma habló y recibió el bautismo. Y otra vez, el dicho padre fray Francisco envió a llamar a este testigo con mucha prisa par mostrarle un indio a quien había picado una culebra de las que en picando muere la persona a quien pican; y a lo que se quiere acordar este testigo, porque ha muchos años que pasó, fue para confesar e bautizar el dicho indio, porque no se acuerda bien si era cristiano o infiel. Y habiendo llegado este testigo, vio al dicho indio con la picadura en una pierna, de donde le salía mucha sangre y él estaba muy fatigado y no podía hablar; y preguntando este testigo a los demás indios qué culebra era la que le había picado el dicho indio, le respondieron que eran de las que mataban luego en picando. Y el dicho Padre fray Francisco, haciendo la señal de la cruz algunas veces sobre la herida que tenía y poniéndole unos ajos, sin hacerle otra cosa ninguna, sanó luego de la dicha mordedura el dicho indio”. Para poder atender mejor a quienes acudían a él, aprendió el idioma del país, llegando incluso a predicar en la iglesia a los nativos en su idioma aun siendo hermano lego.

El 26 de mayo de 1593, San Pedro Bautista fue nombrado embajador de España en Japón y ambos, junto con otros dos frailes, partieron hacia su nuevo destino, donde llegaron después de dos meses de viaje. Se establecieron en Meako donde construyeron un pequeño convento al estilo del de la Porciúncula de Asís. En la Semana Santa del año siguiente, le encargaron montar el monumento del Jueves Santo y a quienes le preguntaban el por qué de las celebraciones de esos días, como no conocía el idioma japonés, optó por imitar en su cuerpo algunos episodios de la Pasión de Cristo, desvistiéndose de su hábito y haciéndose azotar por los japoneses.

Detalle de la imagen del santo en su localidad natal.

Detalle de la imagen del santo en su localidad natal.

En el año 1582, Taikosama tomó el control de todo el país, formando un imperio. En un principio fue tolerante con los cristianos, pero incitado por los bonzos, decretó la expulsión de los misioneros. Es verdad que inicialmente esta orden no se aplicó con rigor y los misioneros eran tolerados mientras se movieran en la clandestinidad y vistiendo como japoneses. Así estaban nuestros frailes cuando en noviembre de 1596 embarrancó en Urando el galeón San Felipe. El gobernador de Urando, llamado Nobunaga, conociendo las riquezas que transportaba el navío, lo expropió y para encubrir el robo, el emperador promulgó un nuevo edicto acusando a los frailes de hacer proselitismo y de preparar una invasión de europeos. La noche del 8 de diciembre de 1596, el gobernador de Osaka ordenó el encarcelamiento de los misioneros. La mañana del día siguiente, fueron arrestados los frailes franciscanos, permaneciendo como prisioneros en su propio convento de Meako hasta el día 30 del mismo mes. El 3 de enero siguiente, fueron llevados a la parte inferior de la ciudad y se les cortó la mitad de la oreja izquierda. Los montaron de tres en tres en unas carretas, paseándolos por toda la ciudad y portando encima su condena a muerte: “Por cuanto estos hombres vinieron de los Luzones, con título de Embajadores, y se quedaron en Meako predicando la ley de los cristianos, que yo prohibí muy rigurosamente los años pasados, mando que sean ajusticiados, juntamente con los japoneses que se hicieron de su ley; y así estos veinticuatro serán crucificados en Nagasaki; y vuelvo a prohibir de nuevo la dicha ley para en adelante, porque venga a noticia de todos; y mando que se ejecute; y si alguno fuese osado a quebrantar este mandato, sea castigado con toda su generación. El primer año de Queycho, a los diez días de la undécima luna”. En pleno invierno japonés y con la intención de atemorizar a los cristianos japoneses, los pasearon a pie o a caballo por las ciudades de Kyoto, Fushimi, Osaka y Sakay. Así, viajaron casi mil kilómetros hasta llegar al lugar del martirio: la colina de Nisnizaka, cercana al mar y frente a la ciudad de Nagasaki. Allí fueron martirizados.

Fresco de los mártires de Nagasaki. Coro del templo de La Recoleta, Cuzco (Perú).

Fresco de los mártires de Nagasaki. Coro del templo de La Recoleta, Cuzco (Perú).

Como hemos explicado en alguna otra ocasión en este blog, fueron crucificados, utilizando una cruz de dos travesaños clavados a un tronco. La víctima estaba sujeta por cinco anillos de hierro que le aprisionaban el cuello, las manos y los pies. Los mataron atravesándolos con dos lanzas, que entrando por los costados, se cruzaban en el pecho, saliendo por los hombros. Así fue descrito su martirio: “Una inmensa multitud cubría el Calvario de Nagasaki…. El Santo de La Parrilla caminaba al lugar del suplicio completamente descalzo, todo suspenso en Dios, a quien iba a ofrecer su vida; un devoto portugués le quitó una cruz de reliquias que llevaba al cuello, y afirmó con juramento que después que él la llevaba puesta se vio libre de muchas tentaciones que antes le acosaban. Marchaba con paso firme y tranquilo rezando por última vez el Rosario de la Santísima Virgen, llegando al lugar de la ejecución sin hablar una palabra; allí se hallaban seis sajones para cada mártir, por lo cual San Francisco como todos sus gloriosos compañeros, en poco tiempo fueron puestos en las cruces; para sujetarlos a ellas tenía cada una cinco argollas de hiero y con ellas cuando estaban extendidos sobre las cruces, les sujetaron por el cuello, la muñecas y gargantas de los pies, siendo levantadas en alto y colocadas en hoyas casi todas al mismo tiempo… Poco antes de recibir las lanzadas, Fr. Pedro Bautista comenzó el Benedictus, que continuaron todos, callando a medida que iban entregando su alma al Creador, a impulso del hierro del verdugo, quedando San Francisco sus ojos clavados en el cielo, que eran donde estaban sus nobles aspiraciones mientras habitó en la tierra. Este espectáculo tan cruel como glorioso, ocurrió a las diez de la mañana del miércoles 5 de febrero de 1597…”. Los cuerpos de los mártires estuvieron expuestos varios meses en sus cruces sin mostrar ningún signo de corrupción. Las aves carroñeras no tocaron los cuerpos, que permanecían frescos y flexibles y de los que incluso seguía fluyendo sangre.

Fachada del Santuario a los mártires en Nagasaki (Japón).

Fachada del Santuario a los mártires en Nagasaki (Japón).

El proceso de beatificación se inició en el año 1616, culminando con la ceremonia de beatificación, presidida por el Papa Urbano VIII el 14 de septiembre de 1627 en la basílica romana de Santa María la Mayor. Los veintiséis mártires de Nagasaki fueron finalmente canonizados por el beato Papa Pío IX, el día 8 de junio de 1862.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo V”, Città Nuova Editrice, Roma, 1991.

Enlaces consultados (10/08/2014):
– http://www.franciscanos.org/bac/pedrobautista.html
– http://monasteriocorpus.webcindario.com/santoral.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

8 pensamientos en “San Francisco de San Miguel (o de La Parrilla), franciscano mártir en Japón

  1. Gracias Toño por este artículo sobre uno de los compañeros de San Felipe de Jesús. Me ha gustado las noticias sobre su vida antes del
    Martirio, pues las noticias ue se refieren en los libros son casi siempre referentes al martirio. También has detallado sucesos particulares antes de su muerte, lo cual le da más personalidad.
    Los milagros que refieres me quedan en duda si fueron en México o en Filipinas. ¿También en este lugar a los nativos se les decía indios?
    Una precisión: Taicosama es el nombre del cargo del gobernante, como decir el César o el emperador. El nombre de este era Hidehoshi y murió poco después de haber ejecutado esta sentencia. Le sucedería otro con el nombre de Iaistsu.
    ¿Qué nos puedes referir sobre sus reliquias?
    Saludos.

    • Indios. Cuando Colón salió desde cerca de mi casa para descubrir las Indias por una ruta hacia occidente, iba a eso: a descubrir otra ruta por la que llegar a las Indias, aunque se topó con las Américas. Es por eso que veo normal que se denominasen indios tanto a los nativos de América como a algunos nativos de Asia.
      En cuanto a si se conservan algunas reliquias del santo, yo no lo se, aunque creo que en España, desde luego no. Sin embargo, en Macao existen numerosas reliquias de santos y beatos mártires del Japón y es posible que algunas sean de él. Lo que pasa es que casi ninguna está identificada.

  2. Es absolutamente impactante la cantidad de gente que murió en Nagasaki… una auténtica masacre, entre crucificados, escaldados y quemados. Es una pena que haya tan poca informacion sobre las mujeres, porque de los frailes hay mucha…

    • Sobre los mártires del Japón hay mucho escrito; lo que pasa es que casi todo es sobre los mártires de origen europeo. Sobre los japoneses hay “pinceladas”, pero de absolutamente todos se habla en la Bibliotheca sanctorum y que conste que son algunos cientos.

  3. Muchas gracias Antonio por la información por este otro mártir Japonés porque poco se sabe de cada uno de ellos yo en mi caso por ser mexicano conozco más de San Felipe de Jesús pero de sus compañeros poco sabía, así que me parece esplendido que se hagan estos artículos tan nutridos e interesantes.

  4. A San Francisco de San Miguel lo conocí por una estampa que llego a mis manos, y personalmente, tenía muchas ganas de conocer su vida y martirio.
    Desde el primer momento supe que era mártir por su iconografía, pero a decir verdad, me llamo mucho la atención esas lazas que lo atravesaban de lado a lado. Ahora veo, que una vez más, la imaginación de los perseguidores de los cristianos a la hora de martirizar, no tiene limites ( ni en la antigüedad ni en la actualidad, solo basta ver las imágenes que nos llegan desde Irak).
    Admiro las actitud que tenia el santo, sirviendo a todos pasando desapercibido y santificando por la conversión de los lugareños. Su peculiar forma de enseñar el catecismo, en concreto la pasión de Jesús, es admirable. Con estos gestos tan cercanos vemos su ganas de ganar almas para Dios.
    Al igual que el compañero Humberto, a mi también me queda la duda de si sus reliquias fueron recuperadas.
    Gracias Antonio, es un articulo muy interesante.

    • Pues la iconografía de los 26 santos mártires de Nagasaki es muy significativa. A todos se les representa de la misma manera, porque así fue como murieron.

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