Nuestra Señora de los Dolores

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"Mater Dolorosa", lienzo del pintor barroco italiano Carlo Dolci.

“Mater Dolorosa”, lienzo del pintor barroco italiano Carlo Dolci.

Introducción
Para entender la fiesta mariana de este día, hay que utilizar dos textos bíblicos: el primero del libro del Génesis y el segundo del Evangelio de San Juan. En el primer caso, recordamos a la primera pareja que cayó en el pecado y en el segundo a Cristo y María en el Calvario, siendo el primero el Redentor de los caídos y la segunda, la mujer asociada a la salvación del género humano. En una de sus homilías, San Juan Crisóstomo compara como en el Edén estaba un hombre, la mujer y el árbol de cuyo fruto prohibido comieron, desobedeciendo el mandato de Dios y logrando como consecuencia el dolor, la muerte y la derrota. En cambio, en el segundo pasaje, Cristo es el nuevo Adán, María, la nueva Eva, la Cruz, donde esta clavado el Redentor es el árbol de la vida, cuyo fruto salvífico es Cristo mismo. Cristo y su Madre obedecieron el plan de Dios y obteniendo así la reparación del error de la primera pareja. El Señor Jesús logró el perdón, la esperanza, la recreación del hombre y la salvación del género humano. Así en este proceso, quiso tener a María a un lado suyo, para hacerla madre de la humanidad redimida, siendo así una verdadera Madre de los vivientes.

El texto evangélico de esta fiesta
Para sintonizar mejor con lo que esta fiesta celebra, conviene recordar el pasaje alusivo del Evangelio de San Juan: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su Madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” y luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa” (Jn. 19,25-27).

María al pie de la Cruz
En toda la vida pública de Cristo, luego de su primer milagro en las bodas de Cana, el Evangelio no refiere algún hecho donde intervenga directamente María de Nazareth. Esto podría entenderse desde dos puntos, el primero, María no aparece reclamando atención y queriendo ser el centro de las miradas, proponiéndose como la Madre de Cristo. No roba cámara ni llama la atención, permanece en su hogar cumpliendo sus obligaciones y esperando la hora de Cristo. Cuando ésta llega, que es el punto siguiente, se muestra como la que es solidaria con el que sufre, la que permanece al lado de Cristo cuando todos le abandonan, la que no teme que la relacionen con Él. Lo hace porque en su Madre y está consciente de que debe colaborar con a su lado para que se realice la Redención.

"Descendimiento de Cristo", de Roger Van Der Weyden. Museo Nacional del Prado, Madrid (España). Obsérvese cómo se representa a  la Virgen desmayada.

“Descendimiento de Cristo”, de Roger Van Der Weyden. Museo Nacional del Prado, Madrid (España). Obsérvese cómo se representa a la Virgen desmayada.

Los sufrimientos de María deben verse a la luz de la fe, una fe como la suya, que ve en Cristo a su hijo, que como judía sabe que el que pende en la Cruz es su Mesías y como creyente sabe que el crucificado es su Dios. Todo ello en base a la experiencia de su oración y su meditación constante, sobre todo a la luz del misterio de la Encarnación: María estaba convencida de que la vida que había germinado milagrosamente en su seno no podía acabar en la Cruz.

Sin embargo, esto no impedía que sintiera la emoción y los sentimientos por ver sufrir a su Hijo. Los padecimientos de Jesús los vivió Ella uniéndose íntimamente al varón lleno de dolores con la firme esperanza de la resurrección, pero de momento, tuvo que sentir o mejor dicho, vivir, esa espada de dolor que en la Presentación de su Hijo en el Templo de Jerusalén le profetizó Simeón que iba a traspasar su alma. Así María podría decir con palabras que la liturgia pone en su boca lo que siente en estos momentos en su corazón: “¡Oh vosotros cuantos pasáis por el camino: mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor!” (Lam. I, 12), y con la misma Palabra de Dios, los fieles podrían responderle: “¿Con quién podré compararte? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿Quién te podrá salvar y consolar, virgen, hija de Sión? Inmenso como el mar es tu quebranto: ¿quién te podrá curar?” (Lam. 2, 13).

Durante la Edad Media, las devociones y sentimientos de compasión hacia la Virgen Dolorosa llegaron al grado de representarla desfallecimiento de dolor, desmayada y caída porque el sufrimiento fue insoportable. Nada más equivocado. El Evangelio dice claramente: “Al pie de la Cruz, estaba su Madre”. María permaneció firme, dolorosa pero imperturbable; transida de pena, pero no derrumbada. De pie, es decir, segura, llena de confianza, aunque de momento todo parecía ser el final y una trágica derrota.

"La Pietà", conjunto escultórico de la Virgen con Cristo muerto, obra de Michelangelo Buonarrotti (1498-99). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

“La Pietà”, conjunto escultórico de la Virgen con Cristo muerto, obra de Michelangelo Buonarrotti (1498-99). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Es entonces cuando Cristo la constituye como Madre de los hombres en la persona de Juan: “Hijo, he allí a tu Madre”, “Mujer he ahí a tu hijo”. Es el momento más sublime en la vida de María luego de la Encarnación de Jesús. Ahí comienza otra misión de donde la vienen todas las advocaciones, pues por esta maternidad espiritual, todos los hombres la invocan y la aclaman.

Al ser bajado Cristo muerto de la Cruz, la Madre Dolorosa recibe en su regazo al cadáver de su amado hijo y los causantes de esa muerte son ahora sus nuevos hijos. Por ello, al ser depositado Jesús en el sepulcro, Ella tiene plena seguridad de que se cumplirán las palabras del Redentor: “Si el grano de trigo no cae y muere en la tierra, no tendrá vida”. (Jn. 12, 24) La tarde de ese primer Viernes Santo, María es la única lámpara que brilla en las tinieblas, esas tinieblas que son más densas precisamente porque está por emerger la luz.

Historia
A partir del s.VIII, los escritores eclesiásticos hablan de la “Compasión de la Virgen”, es decir de su participación en los dolores del Crucificado. Pronto surgen las devociones a sus 7 dolores y la composición de himnos con los que el pueblo fiel profesa su solidaridad con la Virgen Dolorosa. Esta fiesta comienza a celebrarse en Occidente en la Edad Media. Se habla de la Transfixión de María, de la Recomendación de María en el Calvario. Esta conmemoración se realizaba en el tiempo de Pascua.

En el s.XII, los religiosos servitas celebran el recuerdo de María bajo la Cruz con oficio y misa especial. Hacia el s.XIV en Alemania hay una conmemoración el viernes tercero de Pascua a la que se conoció como Transfixión o Martirio del Corazón de la Bienaventurada Virgen María, o de La Lamentación de la Bienaventurada Virgen María y finalmente de Los Dolores de la Bienaventurada Virgen María.

Políptico de los Siete Dolores, obra de Albrecht Dürer (ca.1500). Museo de Dresde, Alemania.

Políptico de los Siete Dolores, obra de Albrecht Dürer (ca.1500). Museo de Dresde, Alemania.

En algunos lugares comienza a surgir la devoción a sus cinco dolores, que pronto se convertirán en siete. A Santa Brígida se le debe una piadosa tradición, según la cual la Madre de Dios le prometió que todo aquel que la honrara con el rezo de siete aves marías diariamente en honor de su siete dolores, que ella personalmente los asistiría en ese trance y que morirían en la gracia de Dios.

Hacia el siglo XVII ya se celebra el domingo tercero de septiembre esta fiesta y también el viernes anterior al domingo y de Ramos hay una conmemoración de la Virgen Dolorosa, la que popularmente se conoce como Viernes de Dolores. El Papa Benedicto XIII extendió la celebración del Viernes de Dolores a todo el mundo en 1472 y el Papa Pio VII, en 1814 fija la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores para el 15 de septiembre insertando la celebración en el Calendario Universal.

Para entender la razón de esta fecha hay que revisar este calendario. El 14 de septiembre, un día anterior, se celebra la Exaltación de la Santa Cruz; por tanto, nada mejor que este día para celebrar a la Madre Dolorosa, que como dice el Evangelio, estaba junto a la Cruz. Este comentario es muy oportuno para los lectores de México, pues al celebrarse la Santa Cruz el 3 de mayo, el día 14 de septiembre es un día ordinario y así, el 15 de septiembre pierde su conexión.

Stabat Mater
Este Himno se atribuye al franciscano Jocopone de Todi (+ 1306) y es un texto que se utiliza como secuencia en la misa de este día y fragmentado, como himno en la Liturgia de las Horas para Laudes y Vísperas. Es un poema de 20 estrofas, de profunda espiritualidad con clave poética. El discípulo de Cristo se siente interpelado en algunas estrofas para vivir en su interior el llanto y la pena de la Virgen Santa, para empatizar con sus sentimientos ante la Muerte de su Hijo. Este texto ha sido musicalizado por Palestrina, Pergolesi, Haynd, Wagner, Perosi y otros autores. A continuación se presenta el texto en castellano, oficializado en la Liturgia y cuyo arreglo se debe a Lope de Vega.

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena
.

Imagen de la Virgen Dolorosa en la Basílica del Monte Calvario de Jerusalén, Israel.

Imagen de la Virgen Dolorosa en la Basílica del Monte Calvario de Jerusalén, Israel.

Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo.
Porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea.
Porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea
.

Dolorosa de Francisco Salzillo. Museo Salzillo, Murcia (España). Foto de J. Zamora.

Dolorosa de Francisco Salzillo. Museo Salzillo, Murcia (España). Foto de J. Zamora.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio.
Porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.
Porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén
.

Oración:
Dios Nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo compartiera con él, de pie junto a la Cruz, sus sufrimientos, haz que nosotros, asociados con la Virgen en la Pasión de Cristo, participemos también en la gloria de la Resurrección. Por…

Humberto

Bibliografía:
– MARTÍNEZ PUCHE, José A., Nuevo Año Cristiano, Septiembre, Madrid, 2001 pp. 279-291.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

6 pensamientos en “Nuestra Señora de los Dolores

  1. Muchas gracias, Humberto, por este artículo sobre la Virgen de los Dolores.
    En primer lugar quiero decir que comparto plenamente la verdad de que Maria sabía que cuando le dió el SI al ángel Gabriel, asumía el papel que le correspondía como la Madre del Redentor, con sus pros y con sus contras, como así se lo recalcó aun más, el anciano Simeón en el templo. Eso vaya por delante. Ella sabía que era la Madre del Verbo Encarnado que había venido al mundo a salvarnos derramando su Sangre en la cruz.

    Pero dicho eso, tengo que decir también que Maria era la Madre de un Hombre llamado Jesús, el hijo de sus entrañas, carne de su carne y que como cualquier madre, sufrió hasta el extremo al ver sufrir a su Hijo. Al igual que estoy convencido de que Jesús gritaría de dolor al recibir los latigazos, al ser coronado de espinas, al ser taladrados sus manos y sus pies,….., María también gritaría de dolor al ver lo que le estaban haciendo a su Hijo. Si Jesús se acongojó en el Monte de los Olivos al ver lo que se le venía encima, ¿cómo no le iba a pasar lo mismo a Maria? Y lo que aun es más doloroso: si Jesús se sintió abandonado por el Padre cuando estaba clavado en la cruz, ¿cómo no se iba a sentir tambien abandonada Maria? Póngamonos en aquel momento, en aquellas circunstancias y comprenderemos que aunque San Juan nos diga que Maria estaba allí dando la cara al pie de la cruz de su Hijo, se derrumbaría, se desmayaría, se revolvería gritando porque no podría aguantar tanto dolor, porque no podría aguantar el abandono del Padre.
    Mitifiquemos o mistifiquemos todo lo que queramos ese trágico momento, pero no nos olvidemos jamás que Maria era la Madre de Aquel a quién estaban martirizando tan terriblemente y que como Madre, ella sufrió exactamente igual que su Hijo.
    Luego, veneremos ese dolor ya pasado, pintémoslo como queramos, hagamos todas las disquisiciones teológicas que queramos, pero aquel fue un trago que solo Ella sabe a qué grado llegó.
    Madre bendita, ayúdamos a aprovecharnos de ese sufrimiento tuyo y de la Sagrada Sangre de tu Hijo, para que tanto dolor no haya sido baldío

  2. Enhorabuena, Humberto. Es un artículo muy bello y lírico en cuanto a disertaciones teológicas, pero lo cierto es que estoy de acuerdo con Antonio: María fue una mujer mortal que aunque intuyese la obra de la redención en su hijo, es imposible que se quedase serena de pie ante la Cruz, esperando que pasase el mal rato. Los Evangelios son parcos y escuetos en sus descripciones, no dicen lo suficiente, y el resto nos lo tenemos que imaginar con lógica y sentido común: “al pie de la Cruz, estaba su madre”, sólo nos dice que ella estaba allí, junto a Él, pero no nos dice si de pie o sentada, de rodillas o desmayada. A partir de ahí sólo falta aplicar el sentido común para entender que es imposible que una madre no se desgarrara de dolor al ver el tormento de su hijo, y lo mismo puede decirse de todas las madres de los mártires que vieron morir con dolor a sus hijos. Tampoco dice el Evangelio que María Magdalena estuviese llorando y mesándose los cabellos como una loca, y sin embargo siempre la hemos visto así, ¿por qué una sí y la otra no?

    Nada más equivocado que pretender que el arte medieval estaba equivocado al representar una Virgen transida de dolor y desmayada. A mi entender, no existe nada más acertado. Los artistas medievales, como luego los barrocos, plasmaron mejor que nadie el dolor de una madre que ve morir tan brutalmente a su Hijo. ¿Y eso hace menos digna a María? ¿Que llorase, gritase o se desmayase de dolor al ver lo que le estaban haciendo a la carne de su carne implica que ella hubiese perdido la fe, que no esperase la resurrección o que dudase de la divinidad de su Hijo? Claro que no. Somos nosotros, humanos y teólogos estirados, los que nos inventamos esas teorías raras, deshumanizando a María y pretendiendo que fuese una especie de estatua mirando estoica el suplicio de su Hijo. Nada más equivocado.

    Uno de los grandes éxitos de la película “La Pasión” de Mel Gibson (2004) fue precisamente el mostrarnos a una María -interpretada por la actriz rumana Maia Morgenstern- que estaba transida de dolor e impotencia, al mismo que mantenía una gran fe en las promesas del Señor. Ambas actitudes no están para nada reñidas. ¿O vamos a ser tan ingenuos de creer que el mismo Cristo, o los mártires de todos los tiempos, no gritarían, llorarían o se desmayarían de dolor ante el tormento? Ante todo somos humanos, y es Dios quien nos hizo así. No discutamos su Creación. A María le hacemos un flaco favor al intentar deshumanizarla.

    Es más, en cada madre que se desmaya de dolor o grita de impotencia por la desgracia de los suyos está la Virgen Dolorosa. Que Ella ruegue por todos los que sufren a manos de otros.

    PD: Por cierto, hablando del Stabat Mater, claramente recomiendo la versión de Pergolesi. ¡Sublime! http://youtu.be/h16S3xzNoXo

    • Ana, Nuestra Señora ha sido muy elevada y eso le ha hecho que perdamos de vista sus ejemplos de simple mortal. Por ello nos seduce tanto su aspecto doloroso. Así es como la sentimos más nuestra, más de nuestra raza humana. Que Ella, que sabe de dolores, sea siempre el refugio que mitigue y difumine los dolores de esta humanidad doliente que va en camino a la Casa del Padre.

  3. Hermoso artículo Humberto gracias por compartirlo con nosotros. Y sabes muy bien que el viernes de dolores en Méxici tiene mucha fuerza más sin embargo tengo entendido que en el C Vat II San Juan XXIII suprimió esta fiesta ya que se tiene la del 15 de sep.

    • Toño, gracias por tu reflexión.
      Yo siento que esta advocación de la Virgen Dolorosa es de las más queridas por el pueblo cristiano. Nada más inherente al ser humano que el dolor y Cristo, Varón de Dolores con María, la mujer llena de dolor se identifican con los hijos de Eva, que sufren en este valle de Lágrimas. Por ello es tan popular en muchas partes esta advocación.
      María ha dado a luz a sus hijos con dolor, que estos hijos que somos nosotros sepamos retribuir a tan buena Madre todo lo que nos ama y que padeció por nosotros.
      Saludos.

      • Emmanuel:
        Tu bien conoces que la Virgen de los Dolores tiene un capítulo especial en México. Tal vez luego de la Guadalupana tenga el primer lugar.
        La Reforma Conciliar suprimió la fiesta del Viernes de Dolores pero en los años noventas San Juan Pablo II la restauró en México por su profunda devoción.
        Saludos.

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