Beata Alexandrina María da Costa, virgen

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Imagen de la beatificación.

Imagen de la beatificación.

Introducción
La espiritualidad salesiana tiene una profundidad muy honda y aunque su función principal es la educación de la juventud, no pierde de vista la integración de toda la comunidad para que los muchachos tengan el respaldo de los adultos. Por ello, San Juan Bosco tuvo la idea de crear a los Salesianos Cooperadores, laicos en su mayoría (incluye a sacerdotes seculares como es el caso de San José María de Yermo y Parres) para tener el apoyo de los bautizados adultos que comparten su ideal de hacer de los jóvenes “buenos cristianos y honestos ciudadanos”. Y esa formación espiritual tiene tres fundamentos: el amor a Jesucristo Sacramentado, a María Auxiliadora y el Papa. Estas devociones bien aprendidas y aún, mejor experimentadas, hacen que la espiritualidad salesiana sea semillero de santidad.

Por ello, en esta gran familia no solo caben clérigos y religiosos, misioneros y mártires: el laico tiene también un papel protagónico y aunque muchas veces entendamos que el laico tiene una figura activa y con aspecto apostólico, hoy presentamos el caso de una persona discapacitada que mediante su oración y ofrecimiento al proyecto de Dios, se ha convertido en un ejemplo asombroso de como Cristo escoge a lo débil del mundo para confundir a los fuertes. Tal es el caso de la Beata Alexandrina María da Costa.

Infancia
Nació el Jueves Santo 30 de marzo de 1904 en Balazar, provincia de Oporto y recibió el bautismo el 2 de abril siguiente Sábado de Gloria, como se le conocía entonces al Sábado Santo. Desde los seis años se enlistó en el catecismo e hizo su primera Comunión cuando tenía los siete. A esta edad le fascinaba ir a la iglesia para admirar las imágenes de Nuestra Señora del Rosario y de San José.

Tuvo una hermana que se llamaba Diolinda, de carácter sereno y apaciguado, en contraposición del de ella, que era vivaracho. “Es como una cabrita”, decía su madre. Arremetía a pedradas contra las piadosas damas que volvían de la iglesia cubiertas de sus velos negros. Esas señoras rezanderas le resultaban particularmente antipáticas: cierta vez, durante un sermón, tuvo la ocurrencia de atar de dos en dos las cintas de sus mantones; al final, luego del pequeño gran escándalo que se hizo, debió huir del templo para no explotar en carcajadas.

Fotografía de la Beata en la cama, con una imagen de María Auxiliadora.

Fotografía de la Beata en la cama, con una imagen de María Auxiliadora.

Pero punto y aparte, era una mujercita entregada a las labores domésticas: cargar la leña, lavar la ropa en el arroyo, tenía un particular empeño por la limpieza de la misma: “No consigo pensar que el Niño Jesús tuviera su ropa sucia. Siempre he pensado en llegar a ser Santa, pienso yo que el Señor no quiere suciedad en el alma ni en el cuerpo.” Con doce años comienza a trabajar como sirvienta en la casa de un campesino que vive muy lejos de su entorno. Este hombre es un bruto y exige a la niña que trabaje más allá de sus fuerzas. Tiene ante ella el comportamiento de un verdadero animal. A pesar de su juventud y la alegría que tenía por su naturaleza personal, siente verdadera amargura por esa situación. Finalmente no pudiendo soportar esto, antes de los cinco meses renuncia a su trabajo. Pero para no ser una carga para su familia, aprovechando que tiene energía física exuberante, trabaja en el campo. Puede cargar un saco de cereales con la fuerza de un adulto. Pronto cumple catorce años y se perfila como una hermosa muchacha. Las miradas se vuelven sobre ella para mirarla, algunas veces con turbias intenciones, como lo hizo su ex patrón, que se encapricha con ella. Aun hombre casado que le dedicó un piropo soez, le propina una solemne bofetón y un joven rico que la esperaba luego del trabajo con la intención de meterle mano, tiene que escuchar a voz en grito un reclamo en su contra.

Un salto de cuatro metros
El Sábado de Gloria de 1918, estaba Alexandrina en su casa, acompañada de su hermana y una amiga haciendo trabajos de costura. Entonces vieron como tres hombres se dirigían al cuarto donde ellas estaban con la intención de atacarlas y con rapidez pudieron encerrarse por dentro. Estos brutos lograron destrozar las puertas y Diolinda y la otra joven fueron retenidas por esos desgraciados. Alexandrina miró la ventana abierta y se arrojó por ella para salvarse. Fueron cuatro metros de altura los que había entre el ventanal y el suelo. Cuando pudo incorporarse tomó un palo y fue a defender a las otras dos muchachas: “¡Perros, fuera de aquí!”, les gritó amenazante. Ellos se retiraron y las jóvenes continuaron su trabajo. Poco después fue presa de fuertes dolores y estuvo obligada a guardar cama por largos períodos.

Fotografía de la Beata en su lecho.

Fotografía de la Beata en su lecho.

Luego de peregrinar por hospitales, un médico de Oporto, Juan de Almeida, le dijo claramente a su mamá: “Quedará paralítica para siempre”. Con diecinueve años, Alexandrina se postró en su cama para no levantarse más. Aquel cuerpo lleno de vida, al que la madre había comparado con una cabrita, está reducido a un guiñapo inmóvil e inútil para siempre. Es entonces a cuando Alexandrina discierne su vocación, transformándose en víctima mística junto a Jesucristo crucificado por la salvación de los pecadores de todo el mundo.

Al principio hizo todo lo posible por lograr su curación. Hasta le prometió a Dios que si se aliviaba se haría misionera y vestiría de luto toda su vida, ella a quien tanto le gustaba los vestidos atractivos. Su madre, su hermana y primas oraban por ella haciendo muchas novenas, pero sus fuerzas poco a poco se fueron disminuyendo. Entonces ella sintió la necesidad de orar y unirse a Jesús. Sin saber cómo, se ofreció a Dios como víctima por los pecadores. Así, poco a poco sus deseos de sanar se fueron diluyendo y viendo el peligro de tantas almas que tienen el riesgo de perderse, tuvo el deseo de sólo pensar en Dios.

Hubo entonces una peregrinación a Fátima, ella quería participar, pero no pudo. Entonces tiene una experiencia mística, está de pronto en su parroquia ante el Sagrario y comprendió que Jesús también estaba prisionero en el Tabernáculo, entonces le dice: “Jesús, tú estás prisionero en el Sagrario y yo en mi lecho por tu voluntad, nos haremos compañía”. Desde esa fecha peregrina espiritualmente ante todos los sagrarios y ella se siente como la lámpara viva que anuncia su presencia.

Un lecho, un altar
Pese a las limitaciones que puede significar el estar reducido a la inmovilidad en una cama, Alexandrina nunca perdió la calma, ni la alegría ni su confianza en Dios. Su vida de oración se fue profundizando al grado de profundizar en una vida mística. Desde 1931 Jesucristo se le manifiesta y la invita a inmolarse junto con él, sugiriéndole un camino a seguir: amar, sufrir, reparar. En 1936 escucha esta invitación del Señor: “Ayúdame a salvar a la humanidad”. Como su enfermedad se va agravando, su párroco decide llevarle la Comunión diariamente. Desde el 13 de octubre de 1938 hasta el 20 de marzo de 1942 sufre cada viernes los dolores de la Pasión. Se le revisa clínicamente mediante varios médicos y el mismo Papa manda a un canónigo, Manuel Vilar, a que revise con prudencia su situación. Ella vivió místicamente la Pasión íntima de Jesús, desde el mediodía hasta las tres de la tarde recuperaba el movimiento del cuerpo, casi levitando en su cama y a través de ella eran palpables, los sufrimientos del Redentor: Getsemaní, el camino al Calvario, la Crucifixión. Hay películas grabadas y fotografías que se usaron como testimonio para su beatificación. El 20 de marzo de 1939 Jesucristo le predice el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que se iniciará el 1 de septiembre del mismo año “como castigo de los graves pecados”. Entonces ella se ofrece como víctima por la paz.

La Beata fotografiada durante un éxtasis.

La Beata fotografiada durante un éxtasis.

Mística de la Eucaristía
En 1832, el Jueves de Corpus Chisti, apareció sobre la tierra una cruz de color diverso en el camino que va de la iglesia parroquial al barrio de Alexandrina, llamado del Calvario; a pesar de los intentos hechos por el párroco para borrarla, incluso usando agua, la cruz se formaba nuevamente. En un éxtasis del 5 de diciembre de 1947, Jesús le revela el significado de esa cruz: “Envié la cruz a esta parroquia como anuncio de tu crucifixión. La cruz estaba lista, pero faltabas tú, eres la victima elegida en los planes divinos. No es sólo mi Alexandrina la que está crucificada sino Cristo en ella y con ella es como he obtenido dos frutos: el amor a la Cruz y una gran reparación”. Cabe señalar que este signo está visible hasta hoy y bien documentado.

Jesús Eucaristía se convirtió en el centro de sus atenciones, por ello se inscribió en la asociación de las Hijas de María y en el grupo de Marías de los Sagrarios Calvarios, asociación fundada por el Beato Manuel González. Sucesivamente Cristo le dice: “Ve a mis tabernáculos, vive allí, de ahí viene la fuerza para todos ámame mucho, piensa en mí; gracias a ti se salvarán muchos pecadores”. “Ven a mis tabernáculos, ven a mi escuela aprende de tu Jesús el amor al silencio, la humildad, la obediencia y el abandono”. Luego de la Comunión, Jesús le indica un nuevo tabernáculo: “¿Quieres encontrarme, hija mía? Búscame en tu corazón y en tu alma, ahí habito tu corazón como en mi tabernáculo. ¡Si supieras cuánto me consuelas y cuánto socorres a los pecadores con sólo decirme que eres mi víctima”.

Alexandrina tuvo que afrontar por ello incomprensiones, abandonos, calumnias y persecuciones, lo que afrontó y vivió eucarísticamente, perdonando siempre y ofreciendo esta prueba al Señor, que le dice también “Ánimo hija mía, te hago semejante a mí, también yo fui perseguido. Ama la soledad, ve a los sagrarios, hablemos con amor y ternura de esposos, no me dejes ni siquiera un momento solo en la Eucaristía”.

Jesús también le pide la salvación de las almas, invitándola a estar crucificada con él. También le pide, como a Santa Margarita María de Alacoque, la comunión reparadora de los nueve viernes primeros y la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María, su Madre. En vísperas de la Guerra Civil Española, todavía Cristo le señala el corazón de su Madre como remedio para la humanidad en peligro. Por órdenes de Jesús, pidió al Papa que se realizara dicha consagración, por lo que la Santa Sede interrogó tres veces al arzobispo de Braga sobre Alexandrina. Por fin, el Papa Pío XII consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María el 31 de octubre de 1947. Desde entonces, la vivencia visible y sensible de la Pasión de Cristo en el cuerpo de la enferma terminó de presentarse.

La Beata en su lecho de muerte.

La Beata en su lecho de muerte.

Por espacio de trece años, inició un ayuno total que se prolongará hasta su muerte, viviendo únicamente con el alimento de la Eucaristía: “No te alimentarás ya nunca sobre la tierra, tu alimento es mi Carne, tu sangre es mi divina Sangre, tu vida es mi vida: la recibes de mí cuando uno mi Corazón al tuyo, cuando te consuelo. No quiero que uses medicinas, excepto aquellas a las que no se atribuye alimentación. Grande es el milagro de tu vida, hija mía, hago que sólo vivas de mí, para mostrar al mundo el valor de mi Eucaristía y lo que significa mi vida en las almas“.

Cooperadora salesiana
En 1945, el P. Humberto Pasquale conoce y trata a Alexandrina, a quien le da el diploma de Cooperadora Salesiana (hoy tendría que decirse “salesiana cooperadora”) para que en unión con los salesianos, trabajara por la salvación de las almas y rogase y ofrezca sus sufrimientos por todos los cooperadores del mundo. Este diploma ella lo hizo colocar en un lugar visible de su aposento para no perderlo de vista, “me siento muy unida a los salesianos y a los cooperadores de todo el mundo. ¡Cuántas veces reafirmo mi testimonio de pertenencia y ofrezco mis sufrimientos, unida a todos ellos, por la salvación de la juventud! Amo a la congregación y no la olvidaré jamás, ni en la tierra ni en el cielo”. También hizo colocar una foto de la capilla del noviciado de Mogofores, así se convirtió en la hermana víctima de los novicios salesianos que se preparan a seguir la misión de San Juan Bosco. A ellos les escribirá: “Los llevo a todos en mi corazón. Tengan confianza, Jesús estará siempre con ustedes. Cuenten conmigo en la tierra y después en el cielo, donde los espero. Por favor, rueguen por mí, soy su Alexandrina”.

En 1946, la construcción de la paz mundial se va forjando con dificultad. Jesús le promete que a su sepulcro irán muchedumbres de pecadores para convertirse, así como ya hasta su lecho se acercan multitudes. Quinientos sesenta y tres en la fiesta de San José en el año de 1953. Dos mil el 9 de mayo siguiente, seis mil el 6 de junio.

Sepulcro de la Beata.

Sepulcro de la Beata.

Última enfermedad y muerte
El 9 de abril de 1954 se cumplen doce años de su ayuno eucarístico y entonces, su vista comienza a debilitarse; debe resignarse a vivir a casi siempre en la oscuridad, incapaz de soportar un rayo de luz. Llama a su habitación “mi negra prisión” y, dirigiéndose a los pecadores, les invita a cambiar de vida afirmando: “Me he exprimido por vosotros”. Pide constantemente a Jesús morir en un día jueves y en una fiesta mariana. El 6 de mayo de 1955, la Virgen se le aparece y le dice: “Dentro de poco vendré a llevarte”. Ese lapso de tiempo se cumple el 13 de octubre, aniversario de la última aparición de Nuestra Señora de Fátima. Ese día le acompaña un grupo de personas a su lado y les susurra: “No pequen. El mundo no vale nada. Esto es todo. Reciban a menudo la Comunión. Recen el Rosario diariamente. Adiós, hasta vernos en el cielo”. Se apaga por la noche murmurando: “Me voy al cielo”.

Esa tarde se agotaron todas las rosas de Oporto, pues fueron vendidas para llevarlas a la capilla ardiente donde estaba su cuerpo. Antes de morir había pedido que se le sepultara frente al Sagrario: “En vida siempre deseé estar unida a Jesús en el Santísimo Sacramento del altar y mirar al tabernáculo cuantas veces me fuera posible, después de mi muerte quiero seguir contemplándole, teniendo la mirada fija en Nuestro Señor Sacramentado”. A su hermana Diolinda dictó su epitafio: “Pecador: si las cenizas de mi cuerpo pueden ser útiles para salvarte, acércate. Si es necesario, pisotéalas hasta que desaparezcan pero no peques nunca más. No ofendas más a nuestro Señor. Conviértete, no pierdas a Jesús por toda la eternidad. ¡Él es tan bueno!».

Culto
Su proceso de canonización fue abierto por la diócesis de Braga en 1973. En 1978 sus restos fueron exhumados y trasladados a la parroquia de Balasar, donde actualmente reposan. Fue beatificada el 25 de abril de 2004 por San Juan Pablo II. Su celebración litúrgica se asignó al 13 de octubre, aniversario de su muerte.

Oración
Dios, Padre bueno, que has dado a tu Iglesia a Alexandrina María, unida íntimamente a la Pasión de tu Hijo, para que, en todos los rincones del mundo, se encienda el amor a la Eucaristía y la devoción al Inmaculado Corazón de María; haz que seamos también nosotros morada de tu Espíritu y testimonios apasionados de tu amor misericordioso. Por nuestro Señor Jesucristo…

Humberto

Bibliografía
– BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de Santos. Editorial CCS, Madrid 1998 pp. 141-146.
– MEMORIA, La Eucaristía, Luz y Vida del Nuevo Milenio, XLVIII Congreso Eucarístico Internacional, Guadalajara, México, 2004. Arquidiócesis de Guadalajara, A.R. Ediciones de Impre-Jal, pp. 427-431.
– VVAA, Nuevo Año Cristiano X Octubre, Editorial BAC, Madrid, 2006, pp. 346-355.

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