Beata Alexandrina María da Costa, virgen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen de la beatificación.

Imagen de la beatificación.

Introducción
La espiritualidad salesiana tiene una profundidad muy honda y aunque su función principal es la educación de la juventud, no pierde de vista la integración de toda la comunidad para que los muchachos tengan el respaldo de los adultos. Por ello, San Juan Bosco tuvo la idea de crear a los Salesianos Cooperadores, laicos en su mayoría (incluye a sacerdotes seculares como es el caso de San José María de Yermo y Parres) para tener el apoyo de los bautizados adultos que comparten su ideal de hacer de los jóvenes “buenos cristianos y honestos ciudadanos”. Y esa formación espiritual tiene tres fundamentos: el amor a Jesucristo Sacramentado, a María Auxiliadora y el Papa. Estas devociones bien aprendidas y aún, mejor experimentadas, hacen que la espiritualidad salesiana sea semillero de santidad.

Por ello, en esta gran familia no solo caben clérigos y religiosos, misioneros y mártires: el laico tiene también un papel protagónico y aunque muchas veces entendamos que el laico tiene una figura activa y con aspecto apostólico, hoy presentamos el caso de una persona discapacitada que mediante su oración y ofrecimiento al proyecto de Dios, se ha convertido en un ejemplo asombroso de como Cristo escoge a lo débil del mundo para confundir a los fuertes. Tal es el caso de la Beata Alexandrina María da Costa.

Infancia
Nació el Jueves Santo 30 de marzo de 1904 en Balazar, provincia de Oporto y recibió el bautismo el 2 de abril siguiente Sábado de Gloria, como se le conocía entonces al Sábado Santo. Desde los seis años se enlistó en el catecismo e hizo su primera Comunión cuando tenía los siete. A esta edad le fascinaba ir a la iglesia para admirar las imágenes de Nuestra Señora del Rosario y de San José.

Tuvo una hermana que se llamaba Diolinda, de carácter sereno y apaciguado, en contraposición del de ella, que era vivaracho. “Es como una cabrita”, decía su madre. Arremetía a pedradas contra las piadosas damas que volvían de la iglesia cubiertas de sus velos negros. Esas señoras rezanderas le resultaban particularmente antipáticas: cierta vez, durante un sermón, tuvo la ocurrencia de atar de dos en dos las cintas de sus mantones; al final, luego del pequeño gran escándalo que se hizo, debió huir del templo para no explotar en carcajadas.

Fotografía de la Beata en la cama, con una imagen de María Auxiliadora.

Fotografía de la Beata en la cama, con una imagen de María Auxiliadora.

Pero punto y aparte, era una mujercita entregada a las labores domésticas: cargar la leña, lavar la ropa en el arroyo, tenía un particular empeño por la limpieza de la misma: “No consigo pensar que el Niño Jesús tuviera su ropa sucia. Siempre he pensado en llegar a ser Santa, pienso yo que el Señor no quiere suciedad en el alma ni en el cuerpo.” Con doce años comienza a trabajar como sirvienta en la casa de un campesino que vive muy lejos de su entorno. Este hombre es un bruto y exige a la niña que trabaje más allá de sus fuerzas. Tiene ante ella el comportamiento de un verdadero animal. A pesar de su juventud y la alegría que tenía por su naturaleza personal, siente verdadera amargura por esa situación. Finalmente no pudiendo soportar esto, antes de los cinco meses renuncia a su trabajo. Pero para no ser una carga para su familia, aprovechando que tiene energía física exuberante, trabaja en el campo. Puede cargar un saco de cereales con la fuerza de un adulto. Pronto cumple catorce años y se perfila como una hermosa muchacha. Las miradas se vuelven sobre ella para mirarla, algunas veces con turbias intenciones, como lo hizo su ex patrón, que se encapricha con ella. Aun hombre casado que le dedicó un piropo soez, le propina una solemne bofetón y un joven rico que la esperaba luego del trabajo con la intención de meterle mano, tiene que escuchar a voz en grito un reclamo en su contra.

Un salto de cuatro metros
El Sábado de Gloria de 1918, estaba Alexandrina en su casa, acompañada de su hermana y una amiga haciendo trabajos de costura. Entonces vieron como tres hombres se dirigían al cuarto donde ellas estaban con la intención de atacarlas y con rapidez pudieron encerrarse por dentro. Estos brutos lograron destrozar las puertas y Diolinda y la otra joven fueron retenidas por esos desgraciados. Alexandrina miró la ventana abierta y se arrojó por ella para salvarse. Fueron cuatro metros de altura los que había entre el ventanal y el suelo. Cuando pudo incorporarse tomó un palo y fue a defender a las otras dos muchachas: “¡Perros, fuera de aquí!”, les gritó amenazante. Ellos se retiraron y las jóvenes continuaron su trabajo. Poco después fue presa de fuertes dolores y estuvo obligada a guardar cama por largos períodos.

Fotografía de la Beata en su lecho.

Fotografía de la Beata en su lecho.

Luego de peregrinar por hospitales, un médico de Oporto, Juan de Almeida, le dijo claramente a su mamá: “Quedará paralítica para siempre”. Con diecinueve años, Alexandrina se postró en su cama para no levantarse más. Aquel cuerpo lleno de vida, al que la madre había comparado con una cabrita, está reducido a un guiñapo inmóvil e inútil para siempre. Es entonces a cuando Alexandrina discierne su vocación, transformándose en víctima mística junto a Jesucristo crucificado por la salvación de los pecadores de todo el mundo.

Al principio hizo todo lo posible por lograr su curación. Hasta le prometió a Dios que si se aliviaba se haría misionera y vestiría de luto toda su vida, ella a quien tanto le gustaba los vestidos atractivos. Su madre, su hermana y primas oraban por ella haciendo muchas novenas, pero sus fuerzas poco a poco se fueron disminuyendo. Entonces ella sintió la necesidad de orar y unirse a Jesús. Sin saber cómo, se ofreció a Dios como víctima por los pecadores. Así, poco a poco sus deseos de sanar se fueron diluyendo y viendo el peligro de tantas almas que tienen el riesgo de perderse, tuvo el deseo de sólo pensar en Dios.

Hubo entonces una peregrinación a Fátima, ella quería participar, pero no pudo. Entonces tiene una experiencia mística, está de pronto en su parroquia ante el Sagrario y comprendió que Jesús también estaba prisionero en el Tabernáculo, entonces le dice: “Jesús, tú estás prisionero en el Sagrario y yo en mi lecho por tu voluntad, nos haremos compañía”. Desde esa fecha peregrina espiritualmente ante todos los sagrarios y ella se siente como la lámpara viva que anuncia su presencia.

Un lecho, un altar
Pese a las limitaciones que puede significar el estar reducido a la inmovilidad en una cama, Alexandrina nunca perdió la calma, ni la alegría ni su confianza en Dios. Su vida de oración se fue profundizando al grado de profundizar en una vida mística. Desde 1931 Jesucristo se le manifiesta y la invita a inmolarse junto con él, sugiriéndole un camino a seguir: amar, sufrir, reparar. En 1936 escucha esta invitación del Señor: “Ayúdame a salvar a la humanidad”. Como su enfermedad se va agravando, su párroco decide llevarle la Comunión diariamente. Desde el 13 de octubre de 1938 hasta el 20 de marzo de 1942 sufre cada viernes los dolores de la Pasión. Se le revisa clínicamente mediante varios médicos y el mismo Papa manda a un canónigo, Manuel Vilar, a que revise con prudencia su situación. Ella vivió místicamente la Pasión íntima de Jesús, desde el mediodía hasta las tres de la tarde recuperaba el movimiento del cuerpo, casi levitando en su cama y a través de ella eran palpables, los sufrimientos del Redentor: Getsemaní, el camino al Calvario, la Crucifixión. Hay películas grabadas y fotografías que se usaron como testimonio para su beatificación. El 20 de marzo de 1939 Jesucristo le predice el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que se iniciará el 1 de septiembre del mismo año “como castigo de los graves pecados”. Entonces ella se ofrece como víctima por la paz.

La Beata fotografiada durante un éxtasis.

La Beata fotografiada durante un éxtasis.

Mística de la Eucaristía
En 1832, el Jueves de Corpus Chisti, apareció sobre la tierra una cruz de color diverso en el camino que va de la iglesia parroquial al barrio de Alexandrina, llamado del Calvario; a pesar de los intentos hechos por el párroco para borrarla, incluso usando agua, la cruz se formaba nuevamente. En un éxtasis del 5 de diciembre de 1947, Jesús le revela el significado de esa cruz: “Envié la cruz a esta parroquia como anuncio de tu crucifixión. La cruz estaba lista, pero faltabas tú, eres la victima elegida en los planes divinos. No es sólo mi Alexandrina la que está crucificada sino Cristo en ella y con ella es como he obtenido dos frutos: el amor a la Cruz y una gran reparación”. Cabe señalar que este signo está visible hasta hoy y bien documentado.

Jesús Eucaristía se convirtió en el centro de sus atenciones, por ello se inscribió en la asociación de las Hijas de María y en el grupo de Marías de los Sagrarios Calvarios, asociación fundada por el Beato Manuel González. Sucesivamente Cristo le dice: “Ve a mis tabernáculos, vive allí, de ahí viene la fuerza para todos ámame mucho, piensa en mí; gracias a ti se salvarán muchos pecadores”. “Ven a mis tabernáculos, ven a mi escuela aprende de tu Jesús el amor al silencio, la humildad, la obediencia y el abandono”. Luego de la Comunión, Jesús le indica un nuevo tabernáculo: “¿Quieres encontrarme, hija mía? Búscame en tu corazón y en tu alma, ahí habito tu corazón como en mi tabernáculo. ¡Si supieras cuánto me consuelas y cuánto socorres a los pecadores con sólo decirme que eres mi víctima”.

Alexandrina tuvo que afrontar por ello incomprensiones, abandonos, calumnias y persecuciones, lo que afrontó y vivió eucarísticamente, perdonando siempre y ofreciendo esta prueba al Señor, que le dice también “Ánimo hija mía, te hago semejante a mí, también yo fui perseguido. Ama la soledad, ve a los sagrarios, hablemos con amor y ternura de esposos, no me dejes ni siquiera un momento solo en la Eucaristía”.

Jesús también le pide la salvación de las almas, invitándola a estar crucificada con él. También le pide, como a Santa Margarita María de Alacoque, la comunión reparadora de los nueve viernes primeros y la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María, su Madre. En vísperas de la Guerra Civil Española, todavía Cristo le señala el corazón de su Madre como remedio para la humanidad en peligro. Por órdenes de Jesús, pidió al Papa que se realizara dicha consagración, por lo que la Santa Sede interrogó tres veces al arzobispo de Braga sobre Alexandrina. Por fin, el Papa Pío XII consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María el 31 de octubre de 1947. Desde entonces, la vivencia visible y sensible de la Pasión de Cristo en el cuerpo de la enferma terminó de presentarse.

La Beata en su lecho de muerte.

La Beata en su lecho de muerte.

Por espacio de trece años, inició un ayuno total que se prolongará hasta su muerte, viviendo únicamente con el alimento de la Eucaristía: “No te alimentarás ya nunca sobre la tierra, tu alimento es mi Carne, tu sangre es mi divina Sangre, tu vida es mi vida: la recibes de mí cuando uno mi Corazón al tuyo, cuando te consuelo. No quiero que uses medicinas, excepto aquellas a las que no se atribuye alimentación. Grande es el milagro de tu vida, hija mía, hago que sólo vivas de mí, para mostrar al mundo el valor de mi Eucaristía y lo que significa mi vida en las almas“.

Cooperadora salesiana
En 1945, el P. Humberto Pasquale conoce y trata a Alexandrina, a quien le da el diploma de Cooperadora Salesiana (hoy tendría que decirse “salesiana cooperadora”) para que en unión con los salesianos, trabajara por la salvación de las almas y rogase y ofrezca sus sufrimientos por todos los cooperadores del mundo. Este diploma ella lo hizo colocar en un lugar visible de su aposento para no perderlo de vista, “me siento muy unida a los salesianos y a los cooperadores de todo el mundo. ¡Cuántas veces reafirmo mi testimonio de pertenencia y ofrezco mis sufrimientos, unida a todos ellos, por la salvación de la juventud! Amo a la congregación y no la olvidaré jamás, ni en la tierra ni en el cielo”. También hizo colocar una foto de la capilla del noviciado de Mogofores, así se convirtió en la hermana víctima de los novicios salesianos que se preparan a seguir la misión de San Juan Bosco. A ellos les escribirá: “Los llevo a todos en mi corazón. Tengan confianza, Jesús estará siempre con ustedes. Cuenten conmigo en la tierra y después en el cielo, donde los espero. Por favor, rueguen por mí, soy su Alexandrina”.

En 1946, la construcción de la paz mundial se va forjando con dificultad. Jesús le promete que a su sepulcro irán muchedumbres de pecadores para convertirse, así como ya hasta su lecho se acercan multitudes. Quinientos sesenta y tres en la fiesta de San José en el año de 1953. Dos mil el 9 de mayo siguiente, seis mil el 6 de junio.

Sepulcro de la Beata.

Sepulcro de la Beata.

Última enfermedad y muerte
El 9 de abril de 1954 se cumplen doce años de su ayuno eucarístico y entonces, su vista comienza a debilitarse; debe resignarse a vivir a casi siempre en la oscuridad, incapaz de soportar un rayo de luz. Llama a su habitación “mi negra prisión” y, dirigiéndose a los pecadores, les invita a cambiar de vida afirmando: “Me he exprimido por vosotros”. Pide constantemente a Jesús morir en un día jueves y en una fiesta mariana. El 6 de mayo de 1955, la Virgen se le aparece y le dice: “Dentro de poco vendré a llevarte”. Ese lapso de tiempo se cumple el 13 de octubre, aniversario de la última aparición de Nuestra Señora de Fátima. Ese día le acompaña un grupo de personas a su lado y les susurra: “No pequen. El mundo no vale nada. Esto es todo. Reciban a menudo la Comunión. Recen el Rosario diariamente. Adiós, hasta vernos en el cielo”. Se apaga por la noche murmurando: “Me voy al cielo”.

Esa tarde se agotaron todas las rosas de Oporto, pues fueron vendidas para llevarlas a la capilla ardiente donde estaba su cuerpo. Antes de morir había pedido que se le sepultara frente al Sagrario: “En vida siempre deseé estar unida a Jesús en el Santísimo Sacramento del altar y mirar al tabernáculo cuantas veces me fuera posible, después de mi muerte quiero seguir contemplándole, teniendo la mirada fija en Nuestro Señor Sacramentado”. A su hermana Diolinda dictó su epitafio: “Pecador: si las cenizas de mi cuerpo pueden ser útiles para salvarte, acércate. Si es necesario, pisotéalas hasta que desaparezcan pero no peques nunca más. No ofendas más a nuestro Señor. Conviértete, no pierdas a Jesús por toda la eternidad. ¡Él es tan bueno!”.

Culto
Su proceso de canonización fue abierto por la diócesis de Braga en 1973. En 1978 sus restos fueron exhumados y trasladados a la parroquia de Balasar, donde actualmente reposan. Fue beatificada el 25 de abril de 2004 por San Juan Pablo II. Su celebración litúrgica se asignó al 13 de octubre, aniversario de su muerte.

Oración
Dios, Padre bueno, que has dado a tu Iglesia a Alexandrina María, unida íntimamente a la Pasión de tu Hijo, para que, en todos los rincones del mundo, se encienda el amor a la Eucaristía y la devoción al Inmaculado Corazón de María; haz que seamos también nosotros morada de tu Espíritu y testimonios apasionados de tu amor misericordioso. Por nuestro Señor Jesucristo…

Humberto

Bibliografía
– BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de Santos. Editorial CCS, Madrid 1998 pp. 141-146.
– MEMORIA, La Eucaristía, Luz y Vida del Nuevo Milenio, XLVIII Congreso Eucarístico Internacional, Guadalajara, México, 2004. Arquidiócesis de Guadalajara, A.R. Ediciones de Impre-Jal, pp. 427-431.
– VVAA, Nuevo Año Cristiano X Octubre, Editorial BAC, Madrid, 2006, pp. 346-355.

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16 pensamientos en “Beata Alexandrina María da Costa, virgen

  1. Habia escuchado bastante de esta beata pero no conocia su historia.
    Me parecio bastante comica la anecdota de como amarro los velos de las señoras piadosas…. eso es tan de niña y verlo en una beata si que conmueve.
    Acerca de sus visiones y éxtasis solo puedo decir que es impresionante hasta que punto el Señor puede colmar de dones tan esplendidos a sus hijos.
    Ojala pronto scuchemos de misticos de nuestro siglo, asi como en el pasado estuvo Santa Gema, San Pio y esta beata que Dios quiera pronto se vea agregada al catalogo de los santos.
    Saludos.

  2. Gracias Jonathan por tu participación.
    La anécdota de su travesura nos enseña como los santos y beatos son personas normales, como culaquier persona y que todos podemos llegar a ser como ellos si lo queremos.
    Las gracias místicas de la Beata Alejandrina desde mi punto de vista, mas que un don personal para ella, es una invitación a nosotros por parte de Cristo para que comulguemos; fíjate cuantas personas van a misa y cuantas comulgan. Hay doso razones desde mi experiencia para no comulgar: o se esté en pecado mortal o no se cree que Jesús está en la Hostia consagrada.
    También vale su mensaje que invita a la conversión. Hoy se ha perdido el sentido del pecado y a este, hay que llamarlo sin miedo por su nombre.
    Que tengas una bonita semana.

    • Vamos a meter la cuchara, que eso se está llevando mucho, jaja.
      Evidentemente, hay actos que por si mismos son crímenes y consecuentemente pecados graves, como una violación o un asesinato, por poner solo dos ejemplos. Pero dicho esto, yo creo que el pecado es más una actitud que un acto. No me imagino yo a Dios vestido como un policia vigilándote a ver qué haces. O se vive en amistad con Él o en enemistad voluntaria

      • Estoy muy de acuerdo con esta opinión de Antonio y me ha alegrado poder leerla. Por otra parte, Humberto, conozco a unas cuantas personas que nunca faltan a misa los domingos pero que jamás comulgan; y por su vida personal y privada, ni están en pecado mortal, ni dudan para nada de la presencia de Cristo en la Eucaristía. Así que, ¿por qué no comulgarán? Vete a saber. Desde luego la realidad no es tan simple como queremos pintarla.

        • Ana, no soy quien para juzgar la intención de las personas para no comulgar, pero en este caso no puedes ir del objetivo específico al objetivo general. Desde mi experiencia personal y con lo que he aprendido de los sacerdotes con que he convivido, no creo estar equivocado.
          La misa es un fiesta y cuando tu vas a una fiesta es para pasarla bien, para comer y beber. Si no lo haces, eres un aguafiestas. Hasta la alta Edad Media, en la misa, luego del credo. El diácono invitaba a los que no iban a comulgar a que salieran de la asamblea, y quienes lo hacían eran los catecúmenos, que aún no estaban bautizados y por no ser hijos de Dios, no podían sentarse a la mesa paterna. O los penitentes, que no podían comulgar hasta recibir la absolución y la reconciliación. Imagínate sí está praxis estuviera vigente, cuantas personas quedarían en la iglesia.
          Supongo también que alguna vez te has esmerado por hacer una comida para una persona, tu novio o tus padres tal vez. Y podría haber sucedido que luego de tanta dedicación el homenajeado te dice: gracias, pero no tengo hambre, o ya comí, o esto me engorda.
          Jesús nos espera en cada misa para darnos de comer y nuestras actitudes le dicen: gracias pero comerte me hace que perdone, o comerte me compromete a vivir el Evangelio o la hostia tiene gluten y me enferma, etc. Que sentirá el Buen Señor ante estos pretextos. A mi me haría echarle la cazuela encima a quien rechaza la comida que le preparé con cariño, jaja.
          No hay excusa Ana. Salvo que por devoción se fuera a misa varía veces en un día, para no caer en la rutina y darle el respeto que se merece este sacramento, no veo otra razón para no hacerlo.

      • Claro que Dios no es un policía que nos este scechando o un fiscal que nos este acusando sin descanso. No voy a buscar el punto negro en el arroz, pero de que se ha perdido el sentido del pecado, es cierto. Sin urca puntos más específicos de los que has dado, podría decirte que mucha gente, pero realmente mucha no va a misa los domingos. Salvadas las causas que justifiquen, ni cuenta se dan que eso es un pecado mortal. Y viven en paz.

  3. Muchas gracias, Humberto, por darnos a conocer con más detalle la vida de la beata Alejandrina, a cuya beatificación tuve el honor de asistir en la Plaza de San Pedro, a escasos diez metros del Papa.

    Si te soy sincero, algo sabía sobre ella, pero no conocía su vida con el detalle con el que tu la expones. Realmente era una mística que vivía siempre en la presencia de Dios y que se llevó años alimentándose solo con la Sagrada Eucaristía. Lo que me cuesta más trabajo creer son las “visiones o profecias” catastrofistas y me explico: yo se que las guerras con consecuencia de la maldad de los hombres, pero de ahí a que Dios nos castigue con ellas a causa de nuestras culpas, va un trecho muy grande. La guerra en si es un castigo pero que nos imponemos nosotros solitos como consecuencia de nuestros actos.

    • Toño, cuando hice el artículo recordé que Alejandrina fue beatificada con la hoy Santa María Guadalupe García. Cuando esto sucedió, la referencia que tenía sobre ella era de que es miembro de la familia Salesiana. Si mal no me equivoco fue cuando también se beatificó a Eusebia Palomino y Augusto Czartorisky. Un año después, durante el Congreso Eucarístico Internacional que se celebró en Guadalajara, hubo una ponencia sobre ella y fue cuando la conocí mejor. Ese detalle de que sólo se alimentaba de la Eucaristía, siempre me llamó la atención.
      Sobre las revelaciones particulares, hay algunas cosas que llaman la atención y otras como que no cuadran; pero que tienen exacta sintonía con el mensaje de Nuestra Señora de Fátima. Al respecto que te puedo decir, sólo que nadie está obligado a aceptar y creer las revelaciones particulares, que sin embargo, en este caso, la invitación a la conversión es totalmente válida y actual.

  4. Gracias, Humberto. El otro día, cuando hablé de Santa Pelagia de Antioquía, un lector la comparó con nuestra Beata de hoy; pero ya entonces le dije que no veía lugar a comparación porque Pelagia, que saltó del tejado de su casa para huir de los soldados que la iban a arrestar, llevar al tribunal y probablemente violar y torturar; lo hizo con evidente intención de quitarse la vida; mientras que Alexandrina, a mi modesto ver, saltó por la ventana no con idea de matarse, sino de huir tan sólo, guiada por un instinto de preservación, no suicida.

    Por lo demás, estoy bastante de acuerdo con lo expresado por Antonio más arriba: yo no cuestionaré el valor y la santidad de esta muchacha portuguesa; pero no puedo creer que Dios acepte el sufrimiento de un ser puro e inocente en reparación de mil pecadores. Ese precio ya lo pagó Jesucristo por nosotros, que es el ser más inocente y más puro que ha pisado la tierra. ¿Para qué va a querer Dios el sufrimiento atroz de una chica paralítica, pura e inocente, mientras mil pecadores siguen pecando, y me refiero a pecados de verdad, no a naderías? Ese Dios no es el Dios de amor. Una joven se muere lentamente en su lecho por la parálisis y la malnutrición mientras el violador sigue violando, el ladrón sigue robando y el asesino sigue asesinando, ¿y eso satisface a Dios? ¿Es un intercambio justo? ¿Tiene algún sentido, alguna lógica? Para mí no la tiene en absoluto. Cristo ya pagó el precio por todos nosotros, para que no tengan que pagarlo los inocentes.

    Otra cosa con la que nunca tragaré son las profecías. Las dos guerras mundiales, como cualquier otra catástrofe o proceso histórico, tienen sus causas, sus orígenes y sus factores de desarrollo, bien dilucidados por los historiadores y los científicos. Creer que las causa o las anuncia Dios mediante profecías nos retrotrae al oscurantismo medieval, al terror milenarista, y por Dios, ¡que estamos en el siglo XXI! Ya sabemos de sobra qué causa las guerras, qué causa las enfermedades y los males, cómo se generan las desgracias. Y Dios no tiene nada que ver con ello.

    Nunca tragaré con estas cosas: con el sacrificio de los inocentes como querido por Dios, y con profecías apocalípticas que anuncian procesos históricos como flagelo divino y causados por pecados condenados por la religión; cuando tienen un origen que está en cualquier manual de Historia. Aparte de esto, respeto profundamente a la Beata y creo que fue una muchacha santa, íntegra, valerosa, que afrontó la desgracia que tuvo la mala suerte de sufrir -la parálisis- con un coraje que ya quisiera para mí. Fue valiente y generosa, toda una inspiración para la gente que la conoció, y eso no es poco. Ése es el mayor homenaje que puedo hacerle. Con lo que discrepo es con la interpretación que se ha dado a su terrible vida; nada nuevo: pienso lo mismo de todas las “víctimas reparadoras”. Ya lo dije de Laura Vicuña…

    • Recuerdo esa intervención que refieres y cuando sucedió, pensé que pronto iba a salir este artículo. Espero que ese lector ya lo haya visto. Coincido contigo que lo que hizo Alejandrina fue un impulso para sobrevivir al ataque, no se sí ella pensaba que podría pasarle. Tal vez fue un acto espontáneo.
      Comentaba a Toño que nadie está obligado a creer en revelaciones privadas. La Revelación plena y total la ha hecho el Padre dándonos a su Hijo, la Palabra hecha carne y que su cierra con la muerte de San Juan Evangelista hacia el año100.
      Todo lo demás a que no es obligatorio creerse tampoco está de más. Puedes tomar lo que te convenga. Siempre y cuando estas revelaciones estén aprobadas por la jerarquía eclesiástica.
      Alguna vez me recomendaron tener prudencia con estas revelaciones y no despreciarlas del todo, porque su fuente viene de la misericordia divina, es dice de Dios mismo. Yo no soy quien para decir que se crea o no, simplemente, en este caso, invito a quienes lean este artículo a que se acerquen con mayor frecuencia a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía.
      Sobre el sufrimiento de inocentes puedo decirte que es un misterio. No creo que el Padre Celestial gozara con la muerte de Cristo su Hijo, pero eso sucedió y de ese dolor y muerte brotó la vida y la salvación. Hay que sintonizar ahora la doctrina de San Pablo sobre el cuerpo místico de Cristo, en la parte que dice que con sus sufrimientos completa lo que falta a la pasión de Cristo para la salvación de las almas. Hay quien lo hace voluntariamente, ofrendando sus dolores cotidianos o extraordinarios, sean físicos o morales, hay quien hace otro tipo de penitencias, hay quien sufre sin desearlo y mucho menos sin buscarlo. Ante este dolor decla humanidad que gime hay que mirar al Crucificado, para unirnos a él, porque finalmente es la cabeza del cuerpo místico llamado también Iglesia y en la cual fuimos insertados por el bautismo. La reparación de lo que hacen nuestros hermanos no puede sernos ajena o indiferentes. La manera de hacerlo le corresponde al ingenio de cada quien.

  5. Gracias Humberto por este articulo sobre la Beata Alexandrina Maria da Costa.
    La conocia por unas estampas que me envio Ana Maria hace ya tiempo.
    Habia leido alguna reseña breve sobre ella,nada tan completo como este articulo.
    Sobre las premoniciones sobre la segunda guerra mundial,he entendido que Dios aviso,no que fuera el quien enviara la guerra (esto lo digo respecto a los comentarios referentes a ello de Ana Maria y Antonio),por sus graves pecados.
    Los mismos humanos nos castigamos.
    Huelga decir que la Beata tuvo una union con Dios mistica que la lleno por completo hasta el fin de sus dias.
    La verdad que vivio muchisimos años para alimentarse unicamente de la Sagrada Forma.

  6. Gracias Abel por tu participación.
    Estas revelaciones hay que tomarlas con cuidado y con respeto. Bien dices cuando comentas que las guerras son consecuencias de nuestros actos, una causa efecto diría yo. Es difícil imaginar y pensar en un Dios castigador a la luz del Evangelio, él que sin embargo nos muestra que a la vez que es todo amor, es total justicia. Pienso que mucha gente vive confiadamente una imagen de un Dios que al finalmente me va a perdonar y por eso llevo ahora y pago después. Eso causa desde mi parecer un abuso de su misericordia y puede ser un pecado contra el Espíritu Santo.
    La vida de Alexandrina que subsiste de la Eucaristía, es una invitación a nosotros para que comulguemos diariamente. No se sí tu estés casado o tengas novia, pero cuando se está enamorado no se vive agusto si ver a quien amas. Así debería ser la relación del cristiano respecto a la Eucaristía, que es el amor y Dios vivo entre nosotros.

  7. Nunca antes había escuchado de esta Beata pero sus fotografías me han impactado grandemente pues su mirada es muy penetrante, fue una mujer que aun en lo malo vio lo bueno y decidió ofrecer su dolor a Dios, no se si sus revelaciones y visiones fueran ciertas pero si que debieron ayudarle mucho en su lecho y que la oración y la eucaristía la fortaleció inmensamente, su vida me recordó un poco a la de Santa Liduvina. Muchas gracias don Humberto

  8. André, fíjate que yo también pensé en Santa Luduvina. No no son las únicas que se han santificado en el lecho del dolor. Otro caso es el de Santa Ana Schaffer.
    Lo importante de sus experiencias místicas es el valorar correctamente el Sacramento de la Eucaristia entre otras cosas. Por lo cual me atrevo a invitarte a que comulgues con frecuencia, unas dos o tres veces fuera de los domingos.
    Saludos.

  9. Buenas tardes Humberto, ruego que me disculpes por no comentar los últimos artículos que has preparado estos últimos días. Últimamente estoy muy ocupado y no llego tiempo a nada.
    Sobre la Beata Alexandrina tengo que decirte que poco o nada la conocía, a pesar que es muy común ver estampas de ella.
    Su vida me ha impactado, y es que vemos una vez más como una persona invalidad, perfectamente puede servir a Dios y dar con su ejemplo abundantes frutos que sirven para la conversión de todos los cristianos alejados de Fe.
    Su vida fue un continuo si a Dios, no le negó nada y Él a cambio la premio con todos estos dones y visiones que la hacen una gran mística del S. XX.
    Su caso me recuerda al del Venerable Fray Tomas de la virgen, que estuvo 34 años en una situación similar, postrado en la cama y siendo testigo de numerosos prodigios. http://www.preguntasantoral.es/2013/10/venerable-tomas-de-la-virgen-trinitario-descalzo/
    Que alegres y confortados se irían los misiones salesianos a sus misiones, sabiendo que una “santa” como Alexandrina se ofrecía a Dios por ellos y por los frutos de sus apostolados.
    Me ha gustado mucho el mensaje que dejo para todos nosotros en su epitafio, así como su sencilla y moderna tumba.
    Gracias Humerto.

  10. Que bueno que te ha gustado este artículo, que lo hayas leído y comentado.
    Me ánimo a sugerirte que en medio de tus trabajos nunca pierdas de vista el Sagrario, y que además de comulgar frecuentemente, no olvides hacer tu visita al Santísimo Sacramento.

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