San Acacio de Kavsokalivia, monje eremita

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

No se conoce la fecha exacta de su nacimiento, que fue en Golitsa de Agrafa (Grecia), la actual Agios Akakios, en los años de la dominación otomana. Como murió en el año 1730 con cerca de cien años de edad, varios autores mantienen que su fecha de nacimiento puede establecerse alrededor del 1630. Sus padres eran unos ortodoxos muy piadosos, que en aquellos años difíciles educaron a su hijo como un niño normal, pero esta felicidad pronto se truncó, ya que siendo Acacio aun niño, su padre murió prematuramente. La madre quedó viuda aunque no se desanimó y asumió la responsabilidad de educar a sus tres hijos – Acacio, Constantino y Atanasio -, trabajando muy duramente. Estas circunstancias hicieron que Acacio solo recibiera una educación muy rudimentaria y que incluso tuviese que trabajar en su infancia. Los turcos no oprimían físicamente a los habitantes de Grecia, pero les hacían pagar grandes impuestos y el diezmo de todas sus cosechas y ganado; la vida no era nada fácil.

Acompañado de su hermano Atanasio, con veintitrés años de edad y escuchando previamente a su madre, decidió abandonar su tierra natal para hacer vida monacal, ingresando en el monasterio de la Santísima Trinidad en Sourvias, región de Zagorà Volos. Este monasterio había sido fundado por San Dionisio de Olimpos en la primera mitad del siglo XVII. El era un joven con una cierta fortaleza física y allí pasó sus primeros años como monje, llevando vida cenobítica, realizando con gusto todos los trabajos que se le encomendaban y en los que ponía todo su celo, ya fueran tareas humildes o tareas pesadas y difíciles. Como las condiciones eran duras, aunque las aceptaba de manera gustosa, echaba de menos el tener más tiempo para dedicarse a la oración y fue por esto por lo que empezó a sentir un cierto disgusto, una cierta insatisfacción, añorando vivir de manera más eremítica, más solitaria, más dedicado a la contemplación.

Algunas veces salía del monasterio y se retiraba a lugares solitarios cercanos, comiendo solo hierbas silvestres, y aunque después volvía al monasterio, seguía creciendo en él el deseo de vivir en soledad. Los monjes trataron de persuadirlo, pero él tenía cada vez más claro que tenía que retirarse al Monte Athos para vivir en alguna de las muchas cuevas existentes en aquella península. Y, con el permiso del abad, se marchó al Monte Athos a fin de realizar sus sueños. En un principio se acercó al monasterio Megisti Lavra (Gran Laura), donde estuvo un brevísimo período de tiempo, marchando luego a la sketa de Santa Ana, al monasterio Grigoriou – donde recibió instrucción monástica por parte de dos ancianos y venerables monjes -, quedándose con ellos por espacio aproximado de un año. Visitó el monasterio de Simonos Petra y durante el camino fue acompañado por otros dos monjes. Al llegar la noche, después de haber comido algunas hierbas silvestres y bebido un poco de agua, los dos monjes se echaron a dormir tranquilamente mientras que él estuvo toda la noche en oración. Aquello, a él no le hizo ninguna gracia, no sabía qué camino tomar. Aun así, estuvo algún tiempo en una sketa cercana al monasterio Pantocrator. Como diríamos cariñosamente y perdón por la expresión, era de “culo inquieto”, ya que durante casi una década no tuvo un domicilio fijo y permanente, buscaba algo que no terminaba de encontrar.

Zona de Kavsokalivia, en el Monte Athos (Grecia).

Zona de Kavsokalivia, en el Monte Athos (Grecia).

Por eso se marchó a Katounakia, cerca de la sketa de Santa Ana, a unos veinte minutos del monasterio de la Gran Lavra, aunque en zona desértica en plena montaña. Por allí vivían algunos ascetas, pero cada uno independientemente en su cueva. Allí, en la zona denominada Kafsokalivia, relativamente cercana al monasterio de la Transfiguración de Nuestro Señor, vivió por espacio de unos veinte años dentro de una cueva, comiendo lo que encontraba alrededor de la misma: hierbas, castañas, algunos frutos silvestres y bebiendo solo agua de lluvia que recogía en un cántaro y que en época de sequía llenaba en un arroyo laderas abajo. Su único vestido era un viejo rasón. En esta parte de la Montaña Sagrada, a principios del siglo XIV se había establecido San Máximo el Kafsokalyvita, quién allí vivió durante varios años, construyendo una pequeñísima iglesia de la que aun se conservan algunas ruinas. El apelativo de Kafsokalivia se debe a él porque allí construyó una especie de choza fabricada con ramas y trozos de madera; el apelativo pasó a toda aquella zona. Precisamente, San Acacio quiso vivir como San Máximo, por el que sentía verdadera veneración. Existe una tradición que dice que un día San Máximo se le apareció a San Acacio, iba vestido con una túnica blanca y estaba rodeado de numerosos monjes y le dijo: “Todos estos padres han encontrado en esta zona su propia salvación”. Aquella aparición fue para él un acicate más.

La zona de Kafsokalivia, – como puede verse en una de las fotos del artículo – es una zona empinada, situada en una de las estribaciones del Monte Athos y, al mismo tiempo fría, pues durante buena parte del año está expuesta a los vientos del Norte y durante el invierno soporta muchas nevadas. La vida en aquel lugar no era nada fácil, se necesitaba un esfuerzo sobrehumano, la vegetación escaseaba y por eso, en muchísimas ocasiones el santo tuvo que bajar por aquella empinada ladera hasta una zona más cercana al mar Egeo. Conforme envejecía, esta tarea era más didícil. En aquella zona, durante siglos, se santificaron muchos monjes: Pedro el Atonita, Eutimio el Nuevo, Nifón el Miroblita, Nilo el Ermitaño y muchos otros; o sea, no solo San Máximo en el siglo XIV y San Acacio en el siglo XVII. El silencio era sepulcral, solo se oía el ruido producido por el viento y el cantar de los pájaros. Era el lugar ideal y por eso agrandó y “acondicionó” su cueva, que en adelante, fue su casa. Esta tiene la entrada muy estrecha, el interior es más espacioso: mide aproximadamente unos cinco metros de largo por dos metros y medio de ancho. La tradición dice que todas las mañanas aparecía un pájaro muy hermoso, que le llenaba el corazón de alegría y que para él era como un ángel venido del cielo.

Gruta del Santo en Kavsokalivia, Monte Athos (Grecia).

Gruta del Santo en Kavsokalivia, Monte Athos (Grecia).

Inevitablemente, su fama de santidad y ascetismo trascendió por toda la península del Monte Athos y más de un obispo – entre ellos el Patriarca de Jerusalén -, numerosos sacerdotes, monjes y seglares – entre ellos el famoso escritor ruso Basil Varskis -, acudieron a él buscando consejo o simplemente para charlar y recibir su bendición.

De él se cuenta una anécdota que es considerada como un verdadero milagro. Durante una época de sequía, todos los monasterios del Monte Athos tuvieron problemas de abastecimiento de agua; los pequeños estanques monacales quedaron secos y como Acacio tenía fama de santo, algunos abades decidieron enviarle a un monje artesano llamado Timoteo a fin de que le instase para que mediante la oración consiguiera de Dios el agua tan necesaria. Él lo recibió con amabilidad y lo acompañó a una zona muy rocosa e invocando a la Santísima Trinidad le dijo al monje dónde debía excavar. Timoteo quedó sorprendido ya que la zona no era la más proclive, por lo que le puso algunas objeciones. Acacio insistió, Timoteo obedeció y surgieron tres manantiales, que suministraron de agua a todos los monjes. Los monjes construyeron las correspondientes canalizaciones para la distribución del agua a todos los monasterios. Aun hoy en día se conservan parte de estas canalizaciones. De él se cuentan otros milagros, pero yo no quiero entrar en este asunto a fin de no hacer excesivamente largo el artículo.

Todos sabemos que durante los cuatro siglos que duró la dominación turca en las tierras griegas, la Iglesia Ortodoxa se vio fortalecida gracias a la sangre de muchos mártires. Compañeros suyos fueron los santos monjes mártires Román de Karpenisi, Nicodemos de Elbasan y Pacomio de Rossios. En otra ocasión dedicaremos un artículo a estos tres santos mártires. Poco después de que Román (Romano) fuese martirizado, San Acacio abandonó Kafsokalivia y se fue a una gruta cercana al “metochion” (iglesia autónoma) de San Atanasio. Allí predijo su muerte: “Ya la inmortalidad no me queda tan lejos; aquí se quedarán otros”. Estas fueron sus últimas palabras, pues murió el 12 de abril del 1730, “Domingo de las Mirróforas”, con cerca de cien años de edad. Anualmente es recordado en el Monte Athos en esta festividad. Como su fiesta litúrgica es el 12 de abril y este día normalmente cae dentro de la Gran Cuaresma, cuando eso ocurre, la fiesta se traslada al jueves de la semana de Pascua.

Reliquias del Santo en su tierra natal.

Reliquias del Santo en su tierra natal.

En su honor se escribieron tres oficios litúrgicos, siendo el más conocido el escrito por uno de sus discípulos y biógrafo, el monje Gerasimos Mikragiannanitin. Los restos del santo se veneran en el monasterio de la Gran Lavra, encontrándose su cráneo en la capilla de la sketa de Kafsokalivia. Desde el mes de octubre de 1927, algunas reliquias del santo se veneran en la parroquia de su tierra natal y otras, desde el 4 de junio del 1976, en la catedral de San Atanasio de la Mitropolia de Karystia y Skyros.

San Acacio fue famoso por su vida ascética, extremadamente rígida, ya que vivía – como hemos dicho antes -, muy simplemente, durmiendo muy poco y orando mucho. Aunque prácticamente era analfabeto, su sabiduría y la pureza de su corazón fueron proverbiales en todo el Monte Athos, por lo que muchos ascetas, atraídos por su fama de santidad, se acercaron hasta donde él habitaba construyendo pequeñas “Καλύβας” (cuevas pequeñas) cercanas a su cueva.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– KRALIDES, A., “Bibliotheca sanctorum Orientalium, volumen I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1998.
– MEINARDUS OTTO, F.A., “The Saints of Greece”, Atenas, 1970.
– MOUSTAKA, A., “La santa sketa de la Santísima Trinidad de Kafsokalyvia”, Monte Athos, 1964.

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20 pensamientos en “San Acacio de Kavsokalivia, monje eremita

  1. Gracias, Antonio, por hablarnos sobnre este santo monje eremita ortodoxo. Realmente el monte Athos debe ser un lugar digno de visitar. Es una lástima -por no decir algo más fuerte- que a las mujeres nos esté vedado el acceso. Como si no tuviéramos nada mejor que hacer que ir a tentar monjes barbudos.

    • Gracias, Ana Maria, por tu comentario.
      Realmente, el Monte Athos es un vergel de santidad. Si se estudia a fondo la Sinaxis de los santos atonitas, se puede comprobar que practicamente son legión. Aun del siglo XX, han sido varios los monjes atonitas canonizados por el Patriarcado de Constantinopla.

      Es cierto que en la peninsula del Monte Athos no dejan entrar a las mujeres, cosa con la que no estoy de acuerdo aunque lo comprendo. Allí se hacen muchas peregrinaciones de fieles varones, pero incluso a los hombres, hay sitios donde no los dejan entrar a fin de no entorpecer el recogimiento y silencio de determinados lugares monásticos. Eso también lo veo normal, pués aunque los monjes digamos que no están enclaustrados, necesitan esos lugares de recogimiento. Y de los que viven en pequeñas sketas y en cuevas en los acantilados, ya ni te hablo, como era el caso del santo que hoy nos ocupa, que aun así, era muy visitado.

      • Yo, naturalmente, defiendo el recogimiento de los monjes como la que más. Cuando he visitado monasterios, no he molestado lo más mínimo a los monjes o monjas orantes, que estaban en dependencias aparte y era lógico que los visitantes no pudiesen acceder a ellas. Pero tú sabes que la prohibición tajante y radical de que las mujeres accedan a Athos no tiene que ver con esto, sino con una concepción misógina medieval que todavía no han abandonado.

        A las reliquias de Santas o de la Virgen no les hacen tantos ascos, vaya, y no es que quiera compararme yo u otra mujer a ellas, desde luego. Simplemente, cuando las veneren, no estaría de más que reflexionaran que ellas también fueron mujeres.

        • Cuando yo te he dicho que, aunque lo comprendo, no estoy de acuerdo con la exclusión de visitas de mujeres en el Monte Athos, lo he dicho porque se que la mayoría de los monjes, especialmente los más ancianos, ven a una mujer y reculan, no dándose cuenta de que ellos mismos han sido concebidos en el seno de una mujer y han nacido de ellas.
          Es verdad que aunque cada vez menos, aun existen monasterios en los que quienes alli habitan parecen que aun están en la Edad Media y eso podría aplicarse a la mayoría de los monasterios atonitas. Posiblemente haya quienes discrepen de esta visión y me tachen de exagerado, pero me atrevería a decir que, en este sentido, los monjes ortodoxos están “más atrasados” que los monjes de Occidente. Esta claro que es una opinión y que no quiero ofender a nadie.

    • Ana Maria,podrias infiltrate en el monte Athos aplicandote el tipo de barba que llevaba el representante de eurovision de Austria;Conchita Wurst,haber si cuela. 😉

        • Bueno, Ana, tienes la oportunidad de ser la primera santa del S. XXI disfrazada de monje. Para eso tienes una vasta información des que podrías disponer para profesar como fray Andrés de Valencia.

      • Querido Abel: podría, y te aseguro que si me empeño, cuela; pero francamente, no estoy para jorobar al personal porque sí. Ellos se lo pierden, porque de aceptar a las mujeres, tendrían una infinidad más de visitantes y peregrinos, y con ellos, donativos.

        Y, querido Humberto también, por favor, no os paséis de bromistas: la discriminación de la mujer es algo muy serio, ayer y hoy. Acepto un par de chistes sobre yo con la barba postiza, pero es bien cierto que ellos deberían cambiar. Sin las mujeres, no es sólo que no habría cristianismo, es que no habría habido ni Cristo.

        • Yo se lo mucho que te fastidia el tema de las prohibiciones a estos lugares.
          En mas de dos (o tres) ocasiones,cuando ha surgido la ocasion lo has comentado.
          aEs un tema serio y que desgraciadamente no creo que todos nosotros veamos el cambio,necesitado de un gran milagro.
          Te he hecho la broma porque lei ya hace unos años tu intencion de vestirte de monje para visitar el sepulcro de Santa Catalina,me hizo gracia y me habia venido a la memoria. 😉

          • Lo sé, Abel, no te preocupes. 🙂 Como he dicho, un par de chistes entre amigos no tiene importancia, pero no debe entenderse que por ello tomamos a la ligera la discriminación de la mujer, uno de los grandes pecados de la humanidad, todavía sin reparar.

            ¿Y sabes una buena noticia? No tengo que vestirme de hombre para venerar a Santa Catalina. Lo averigüé preguntándole a una chica que ha estado allí: bastará con que vista con decencia y me cubra la cabeza con un velo, que no haga fotos ni vídeos; y eso es un precio muy barato con tal de estar ante ella.

  2. La vida contemplativa me ha llamado la atención, se lo que es orar y disfrutar de esos momentos que a veces se te va el tiempo volando. El silencio y la soledad son propicios para el encuentro con uno mismo y sobre todo con Dios.
    Hablando de lo inquieto que era este santo, como diríamos aquí en México, entiendo que quieres decir que andaba de pata de perro. Me viene a la mente como en Occidente, San Benito reprochaba este género de vida llamando a estos monjes con un término griego que sí mal no recuero es giróvagos.
    Pienso que en el caso que nos atañe, nuestro santo padeció una crisis vocacional hasta que encontró su identidad definitivamente y pudo ser sedentario.
    Saludos

    • El término correcto en griego es “στροβιλίζεται” (giróvago o monje que vaga de un monasterio a otro porque no es capaz de sujetarse a ninguna regla). A él, en realidad no le pasaba eso. El sabía lo que quería pero no lo encontraba en los monasterios a los que acudía. Quería llevar vida eremítica, solitaria, dedicado única y exclusivamente a la contemplación y la oración y hasta que no encontró la zona de Kavsokalivia, no paró.

      Si pinchas en la foto de Kavsokalivia, la verás mucho mayor y comprobarás que un sitio más solitario no puede encontarse. Un lugar precioso para verlo y escalar por el un día, pero solo eso: un día y no para quedarse a vivir una vida entera. Está claro que allí solo oía el ruido del viento y en cantar de los pájaros y seguro que esos sonidos lo elevaban aun más a Dios. Solo una cosa lo sacó de allí: cuando se enteró del martirio de su compañero Romano.

      Dentro de unos días, escribiremos sobre estos tres eremitas mártires.

  3. Siempre que leo algun articulo dedicado a la vida de un santo eremita,me quedo pensando en el tipo de vida tan dificil que debieron soportar,no solo fisicamente,pero esta claro que les compensaba espiritualmente.
    Antonio ya que para que el articulo no se alargara no has comentado otros milagros del santo,hazlo aqui,ya sabes como me gusta leerlos. 😉

    • Abel,
      Tampoco quiero ser muy pesado, pero te narraré otros dos milagros que se le atribuyen:
      1.- En el siglo XIV en aquella zona había vivido San Nilo el Miroblita y su sepulcro manaba tanta mirra que llegaba incluso al mar Egeo (la cueva de San Nilo está a unos 200 metros sobre el nivel del mar). Entonces los navegantes griegos vieron en este hecho una forma de hacer negocios, así que iban allí, cogían la mirra y la vendían como pócima milagrosa. Este negocio incluso ocasionó riñas y peleas entre los marineros. San Acacio (que sabes que vivió varios siglos más tarde que San Nilo) fue a la cueva de San Nilo y para evitar esas peleas, ordenó al sepulcro de san Nilo que dejase de destilar mirra. Inmediatamente, se cortó.

      2.- Él utilizaba una especie de taburete en el que reclinaba la cabeza cuando dormía. Un monje de Symi que había estado en Kavsokalyvia quitó unas pequeñas astillas del taburete y se las llevó a Atenas a una familia que tenía a un hijo muy enfermo. Puso las astillas en un vaso de agua y se la dio al niño para que la bebiera. Inmediatamente el niño se curó

      Estos dos milagros y muchos otros se relatan en el libro “La Montaña Sagrada, el Monte Athos”, publicado en Atenas en el año 1957 por el archimandrita Crisóstomo Moustakas.

      • La verdad Antonio que son muy curiosos,sobre todo el del sepulcro de San Nilo,del que manaba tal cantidad de mirra,madre mia!.
        Lo de poner astillas del taburete del santo en un vaso de agua,ya es algo mas…peligroso,aunque segun cuentas se recobro milagrosamente.
        Gracias Antonio por compartir estos dos milagros atribuidos al santo.

  4. Para mi también es muy interesante conocer las vidas santas que llevaban y llevan estos monjes eremitas.
    En el caso de San Acacio, me sorprende que siendo casi analfabeto adquiriese toda esa sabiduría en un sitio tan apartado del mundo.Sin ningún medio para crecer en sabiduría y cultura. Pero como para Dios no es nada imposible, gracias a su confianza, recogimiento y Fe a Él, fue adquiriendola poco a poco.

    Tienes razón en eso que dices; los peregrinos que buscaban su consejo, cuando emprendían el camino para llegar hasta él, también tendrían que prepararse para vivir una jornada de senderismo y escalada 🙂 solo hay que ver donde esta la cueva enclavada.

    Gracias Antonio.

    • Gracias, David, por tu comentario.
      Estamos de acuerdo en que “el saber no ocupa lugar”, que la educación es la base para que una persona pueda desarrollarse social y humanamente y que esta debe ser una de las principales preocupaciones o prioridades de toda sociedad mínimamente civilizada. Pero dicho eso, yo creo que la verdadera sabiduría solo procede de Dios porque ¿para que sirve que ganes todo el mundo si pierdes tu alma?
      San Acacio, no tuvo ocasión de adquirir muchos conocimientos cuando estaba en su tierra natal, era prácticamente analfabeto, pero en los monasterios, aunque solo fuera conversando con los monjes más ancianos, si fue consiguiendo una verdadera sabiduría.
      Yo me atrevería a decir que se puede ser analfabeto pero ser un sabio, lo mismo que se puede tener un doctorado universitario y al mismo tiempo ser un simplón que no sabe lo que dice.
      El adquirió esa sabiduría que lleva a los hombres a Dios, que sabe aconsejarles qué es lo que les conviene para salvarse y por eso era tan buscado por personas relevantes que sabían que sus consejos eran sabios, aunque él apenas supiera leer o escribir.

  5. Pues yo mi estimado Antonio prefiero la comodidad que andar sufriendo todo eso y cuando hablo de comodidad hablo de llevar una vida simple sin exageraciones y necesidades inventadas.

    Yo cuando leo de estos santos no se ni qué pensar, y sigo sin comprender el por qué vivir de esta manera. Imagínate a la humanidad viviendo así?????? Con una vida simple y con una auténtica caridad creo que basta.

    En fin, que me perdonen todo estos santos y santas pero realmente no puedo admirar este estilo de vida.

    • Pues como no podía ser de otro modo, estás en tu derecho.

      Está claro que toda la humanidad no puede vivir así, porque entre otras cosas no habría desarrollo, no se podrían utilizar los medios que nos da la Naturaleza para hacer vivir dignamente a todos los seres humanos, no estaríamos donde estamos.
      Pero si que es bueno que existan personas que añoren a Dios, que quieran vivir solo para y por Él, porque si nos creemos que entre todos formamos una sola familia, en ella es necesario que algunos de sus miembros oren por los demás. Cristo se lo dijo claramente a Marta: “Maria ha escogido la mejor parte”. La oración es necesaria, no solo para la vida de la Iglesia, sino para toda la humanidad y algunos tendrán que dedicarse a ella.
      Por eso, los anacoretas son necesarios y también son un modelo de vida. Así al menos, lo veo yo.

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