San Felipe Howard, mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Retrato del Santo.

Retrato del Santo.

Introducción
La Iglesia que fundó Jesucristo se ha visto escandalosamente dividida en varios puntos de la historia a causa de los pecados de sus discípulos. Por soberbia, deseos de poder y avaricia de unos y tibieza, cobardía y negligencia de otros, ella se ha visto fragmentada y confrontada al interior y al exterior, causando por ello guerra, destrucción, llanto, dolor y muerte. De esta manera el cristianismo se ha visto imposibilitado de anunciar integralmente su mensaje de salvación a la humanidad, que le observa incrédula por su falta de unidad.

En este artículo se aborda la vida de un mártir de Inglaterra, víctima directa del cisma generado por Enrique VIII, que para poder llevar a cabo sus planes de gobierno, no dudó separarse de la sede romana y oponerse a sus indicaciones que mostraban su postura en el problema de la sucesión del trono inglés. El monarca decidió erigirse como cabeza visible de la Iglesia de Inglaterra y por ello muchos creyentes padecieron la persecución y la muerte, porque fieles a su conciencia y sabedores que Cristo fundó una única y verdadera Iglesia, permanecieron firmes ante la dificultad y distinguieron siempre que la autoridad visible de la Iglesia Católica esta instituida sobre la fe de San Pedro y de sus sucesores. Por ello, estos mártires reciben con toda justicia el nombre de mártires católicos, que entre los siglos XVI y XVII, bajo el gobierno de los reyes de Inglaterra, testimoniaron de palabra y con su sangre su fidelidad a la religión transmitida por sus ancestros y su obediencia y veneración al Papa. Entre los mártires elevados al honor de los altares encontramos hombres y mujeres, nobles, plebeyos, sacerdotes, religiosos, esposas y madres de familia, ancianos y jóvenes; todos ellos, conforme lo descrito en el libro del Apocalipsis, han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero y se han convertido por ello en miembros de su cortejo.

Infancia
Felipe nació el 28 de junio de 1557 en Londres, hijo de Thomas Howard, cuarto duque de Norfolk; y de María Fitzalan, cuyo padre era el décimo noveno conde de Arundel. Fue bautizado como católico por el arzobispo de York en la capilla del castillo de Withehal y su nombre le fue impuesto en honor del rey Felipe II de España, que fue su padrino en este sacramento. A pesar de esto, el Santo fue educado en el protestantismo. Fueron sus mentores Juan Fox y Gregorio Martin, con cuya influencia, su inclinación a esa religión se hizo más evidente.

Retrato del Santo a los 18 años, obra de George Gower.

Retrato del Santo a los 18 años, obra de George Gower.

Estudió dos años en la Universidad de Cambridge, donde fue indiferente a la práctica de la religión. Cuando contaba entre doce y catorce años, contrajo matrimonio con Ana Dacres, hija de lord Dacres de Guilleslant. En 1572 la reina Isabel I de Inglaterra mandó decapitar a su padre, pues estuvo involucrado en el asunto político de la reina María Estuardo de Escocia; a causa de esta sentencia, no pudo heredar el ducado de Norfolk, aunque en 1580 pudo heredar de su madre los condados de Arundel y Surrey.

Vida en la corte y conversión
Pese al antecedente de la condena de su padre, Felipe vivió en la corte de la reina Isabel y llegó a ser uno de sus favoritos. Allí vivió de manera frívola y disipada, dejándose arrastrar por los lujos palaciegos y cayendo en vicios y pecados que le hicieron olvidar el respeto a su esposa y el cuidado de sus dominios. Pero en algún momento se dio cuenta de su equivocación y que en este género de vida no era feliz y decidió cambiar de vida. En 1581 fue testigo de una discusión entre San Edmundo Campion y San Rodolfo Sherwin, ambos jesuitas, frente a algunos teólogos protestantes. Se convenció entonces que la verdad estaba de parte de los católicos y optó poner su vida en paz. El 30 de noviembre de 1584, Felipe se reconcilió con la Iglesia Católica junto con su esposa Ana, a quien volvió a mostrar cariño y fidelidad. Este proceso estuvo a cargo de P. Guillermo Weston, S.J.

Este acontecimiento no tardó en ser notado, las sospechas tenían tiempo gestándose y su notorio cambio de conducta hizo que sus enemigos redoblaran sus intrigas en contra de él. Tanto Ana como Felipe eran vigilados constantemente y éste llegó a estar bajo vigilancia en su propia casa. Así, con un ambiente enrarecido, Felipe determinó huir con su esposa, su hermano Guillermo y otros católicos a Flandes, vía Canal de la Mancha. En una carta dirigida al monarca, Felipe le exponía: “Me veía obligado a escoger entre la pérdida de los bienes materiales y la pérdida del alma”.

La nave fue capturada el 25 de abril de 1585 y Felipe fue a parar a la Torre de Londres. Allí, luego de un año, no se le pudo comprobar ningún delito, mucho menos el de alta traición contra la Corona; fue juzgado por delitos menores y se le impuso una multa de 10000 libras y a permanecer encarcelado hasta que la reina dispusiera. Allí en prisión se le hizo un nuevo proceso, acusándolo nuevamente de alta traición, favoreciendo así a los enemigos de Isabel I. Aunque las acusaciones carecían de fundamento y sin testigos válidos, pues los que presentó la parte acusadora habían sido torturados y confesaron por miedo, Felipe fue condenado a la pena capital en 1589. Sin saber por qué razón, la sentencia no se cumplió y el Santo permaneció en la Torre de Londres otros seis años más.

Graffiti escrito por el Santo en la Torre de Londres, Inglaterra.

Graffiti escrito por el Santo en la Torre de Londres, Inglaterra.

Prisión y muerte
San Felipe Howard pasó en prisión diez años. Su paciencia y su conducta fueron heroicas. Su conversión fue sincera y por ello pasaba la mayor parte del tiempo escribiendo y copiando libros piadosos. A su trabajo se debe la traducción al inglés del Carmen de la Doctrina; en su prisión también compuso poemas espirituales, himnos y traducciones del latín de la obra del místico alemán Johann Landsberger. También tradujo un poema de Marulic, al que le dio nuevo título: “A dialogue teween a christian and Jesu Christ hanging on the crosse”. La traducción de este poema es un muy buen trabajo que deja entrever, además de la calidad del poeta, la profundidad de su piedad y el amor que lo inspira. La trama del poema trata sobre un diálogo entre Cristo en la cruz y un cristiano.

Además de la pena de su confiamiento, mientras pudo, ayunaba tres veces por semana. Se levantaba diariamente a las cinco de la madrugada para hacer oración y hacía penitencia, particularmente por las infidelidades y malos tratos que ocasionó a su esposa. En una carta a San Roberto Southwell dice: “Nuestro Señor es testigo de que ninguno de mis pecados me hace sufrir tanto como el haber ofendido a mi esposa”. Y a ella le escribe: “Aquel que todo lo ve, sabe que lo sucedido es como un clavo en mi corazón y constituye la carga más pesada que llevo en la conciencia, tengo la intención de hacer toda la penitencia que me permitan mis fuerzas”.

El Santo prisionero en la Torre de Londres. Ilustración romántica de William Barraud.

El Santo prisionero en la Torre de Londres. Ilustración romántica de William Barraud.

En otra carta escrita cuando esperaba la ejecución dice: “En cuanto sé, la única razón por la que he sido arrestado y por la que estoy pronto a morir es mi fe”. Por haber rehusado participar en un servicio protestante, se le negó el permiso de ver a su esposa en su lecho de muerte y de conocer a su hijo. La reina Isabel le propuso que si participaba en dicho servicio, además de esa aprobación, se le restituirían sus propiedades y se rehabilitaría su apellido, recuperando también su favor real. A lo que San Felipe le mandó decir: “Díganle a su Majestad que es por mi religión por la que sufro y que siento no tener más que una vida que perder”. Él moriría sin volver a ver a su esposa y sin conocer a su hijo.

San Felipe Howard no murió martirizado, falleció a consecuencia de los malos tratos que sufrió en prisión, probablemente a causa de disentería, aunque hay opiniones que aseguran que fue envenenado. Aunque no derramó su sangre, se le considera mártir conforme a la antigua tradición de dar este nombre a quien sucumbe en prisión dando testimonio de su fe. Murió el 19 de octubre de 1595 y contaba entonces con treinta y ocho años de edad.

En la Torre de Beauchamp de la Torre de Londres se puede ver todavía dos inscripciones, una grabada por San Felipe en junio de 1587 y otra, conmemorativa de su muerte, grabada por un prisionero católico de apellido Tucker en 1595. La hecha por él dice: “Quanto plus afflictiones pro Christo in hoc seculo, tanto plus gloriae cum Christo in futuro” (Cfr. Rom 8). “Cuanto suframos por Cristo en esta vida, tanto más tendremos de gloria con él en la vida futura”. Fue sepultado en el subsuelo de la capilla de San Pedro ad Vincula de la Torre de Londres. Veintinueve años después, su viuda y su hijo obtuvieron del rey Jacobo I el permiso para trasladar sus restos a la capilla Fitzalan en el castillo de Arundel.

Sepulcro del Santo. Catedral de Arundel-Brighton, Reino Unido.

Sepulcro del Santo. Catedral de Arundel-Brighton, Reino Unido.

Culto
Beatificado en compañía de otros mártires víctimas de la persecución en Inglaterra y Gales en 1929 por el Papa Pío XI, fue canonizado por el Beato Pablo VI el 25 de octubre de 1970 junto con otros treinta y nueve Beatos seleccionados de varios grupos de mártires, cuyo elenco encabeza San Cutberto Maine. La ceremonia de canonización provocó una masiva afluencia de peregrinos, muchos de ellos anglicanos, por ello, el Beato Pablo VI tuvo un gesto muy particular para que todo el ritual y la homilía no hiciera susceptibilidades a los anglicanos presentes, a cuya comunión pertenecieron en su día los verdugos de estos Santos.

Sus reliquias, que no se perdieron en estas guerras de religión, reposan desde 1971 en la catedral de Arundel-Brigthon, iglesia que en sus orígenes estaba dedicada a San Felipe Neri, pero que cuando se erigió esa diócesis en 1965, fue dedicada a la Santísima Virgen María y a San Felipe Howard en 1970. El Santo también es patrono de esta diócesis.

Humberto

Bibliografía:
– VVAA, Año Cristiano, X Octubre, Editorial BAC, Madrid, 2006, pp. 511-520.

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16 pensamientos en “San Felipe Howard, mártir

  1. Muchas Gracias Humberto por hablarnos de este Santo que ni siquiera sabia que existia.

    de lo que nos acabas de contar se me quedaron tres cosas:
    – Casarse a los 14 años!!! Dios santo, definitivamente eran otros tiempos.
    – me podrias decir que puntos exactamente el Beato Pablo VI tomo en cuenta para no ofender a los Anglicanos que asistieron a la Canonización de los martires Ingleses.
    -Si murio un 19 de octubre, significa que ese es el dia en el que se le conmemora en el martirologio o con el grupo entero de los martires ingleses?.
    Muchas Gracias por tan interesante articulo.

  2. Gracias Jobathan por tu participación siempre bien recibida.
    Pues has de saber que Inglaterra tiene un elenco muy numeroso de beatos y santos mártires. No en vano es llamada la Isla de todos los Santos.
    Casarse a los catorce años en ese tiempo dado el promedio de años de vida era normal. Con el tiempo las cosas cambian. Este es un ejemplo.
    Los gestos hacia los hermanos anglicanos pueden resumirse en dos puntos: no echar en cara que los anglicanos fueron alguna vez los verdugos de estos santos y permitir que el coro y la dirección del mismo en la ceremonia fuera hecha por ingleses y no por los responsables de la Capilla Sixtina. Al director de el coro le costó trabajo ceder la batuta.
    San Felipe Howard lo recuerda el Martirologio Romano el 19 de octubre, aniversario de su muerte.
    La celebración litúrgica entiendo que englobaría a todo el grupo, algunas fuentes que conozco refieren el 25 de octubre, aniversario de su canonización. Recientemente consulté el calendario litúrgico de Inglaterra y Gales y me di cuenta que el 4 de mayo se celebran los santos y beatos mártires en una sola ceremonia, aunque hay desperdigados algunos nombres en ese calendario como memoria opcional u obligatoria. Las Normas litúrgicas establecen que los lugares que guardan los restos de los mártires, incluyendo alguna reliquia insigne, celebren su memoria de manera obligatoria. Sí vez la tabla de celebraciones, un Patrono tiene el grado de Solemnidad y puede incluso posponer la celebración de un domingo del Tiempo Ordinario. Así es que supongo que en la Diócesis de Arundel se ha de celebrar como Solemnidad el 19 de octubre.
    Saludos.

    • Ohhh, pense que lo de la Canonización habia sido algo mas de tinte liturgico, pero que buena descición del Beato Pablo VI.
      Saludos.

  3. Muchas gracias, Humberto, por este artículo sobre San Felipe Howard.
    Yo tengo clarísimo que debe ser venerado como mártir aunque muriese en la cárcel y no de forma cruenta. Existen otros muchos casos en la hagiografía.
    Fue un verdadero mártir, pues aunque en su juventud llevara una vida disoluta, está claro que cuando se convierte, lo hace de veras y es perseguido por su obediencia a la Cátedra de Pedro, aunque quisieran revestirlo de alta traición contra la corona.
    Solo hay que leer los párrafos suyos que mencionas en el artículo, para darnos cuenta de la entereza de su fe y de su firme decisión de dar la vida por ella.

  4. Gracias Toño por tu participación. San Felipe Howard tiene mucho que ofrecernos como ejemplo, ya que la mayoría de nosotros nos hemos encontrado en una coyuntura semejante a la suya: apego al lujo, a la comodidad, muchos hombres casados como él, han hecho a un lado su matrimonio anteponiendo negocios y los consabidos engaños matrimoniales de los que pienso que muchísimos esposos han hecho una costumbre y un deporte nacional.
    San Felipe nos enseña a convertidor y a cambiar de vida para agradar a Dios. Y sobre todo su gran ejemplo de paciencia en la adversidad por ser fiel a las enseñanzas de la Iglesia. Lo más interesante es que no estamos hablando de una persona madura o ya anciana, sino de un muchacho que entró lla cárcel sin cumplir los treinta años y que murió sin cumplir los cuarenta. Un laico para tantos laicos que integramos la Iglesia peregrina.
    Saludos.

  5. Necesitaba encontrar el calendario y el santoral propio de la Iglesia Ortodoxa del Patriarcado de Rusia, con el propósito de participarlo a mis amigos Ortodoxos de facebook-

    gracias por el servicio brindado a quienes queremos aprender sobre la Recta Doctrina.

  6. Pues yo dudo mucho que el Santo muriese envenenado. Habladurías de quien le cuesta aceptar que un santo muerto en prisión también es un mártir (recordemos, ex aerumnis carceris) y aficionados a las teorías de las conspiraciones. Philip Howard, como bien dices, seguramente murió de disentería o alguna otra enfermedad que era habitual contraer y sufrir en prisión, más aún si permanecías muchos años en ella.

    Y sí, como bien decís, en esa época, como en tantas otras, los nobles solían contraer matrimonio muy jóvenes; lo que puede que fuera productivo biológicamente hablando, pero muy perjudicial para la madurez mental especialmente de las mujeres, que se veían abocadas a la vida sexual y a la maternidad forzadas siendo todavía niñas.

    • Ana, pues lamentablemente hoy ese problema de niños adultos es muy actual. Por lo menos en México. La falta de educación sexual, el permisivismo (¿o debo decir libertinaje?) y la falta de integración familiar da unos resultados más que alarmantes en la secundaria es frecuente ver embarazos no deseados y casamientos por lo menos al civil en chamacos y chamacas que no tienen aún los quince años. En esos siglos e incluso en los tiempos de nuestros bisabuelos si se casaban a esa edad, había un soporte familiar y económico ( tal vez eso sostenía la relación) hoy no hay eso. Quiero suponer que por lo menos en los tiempos de San Felipe Howard quienes se casaban sabían a qué le tiraban. Hoy los casaderos de treinta años padecen una inmadurez tan exagerada que provoca a la larga muchos procesos de anulación de matrimonios.
      Que San Felipe Howard interceda por tantos jóvenes casaderos para que sean conscientes de sus compromisos.

      • ¿Que en la época se San Felipe Howard, quienes se casaban sabían a qué le tiraban? Pues no. ¿Tú que crees, tratándose de matrimonios concertados sin amor, sólo por intereses políticos y para que las familias de ambas partes se beneficien? ¿Eso es bonito, eso es un matrimonio como Dios manda? Claro que no. Inmadurez, la misma, cuando sólo interesan alianzas intrafamiliares y el amor y la individualidad son sacrificadas en el altar de los intereses creados.

        Nos creemos que vivimos tiempos disolutos y que el matrimonio “no es lo que era”. ¡Pues gracias a Dios que no es lo que era, porque lo que era antes da miedo, cuando no lástima! Actualmente hay más amor entre dos novios que eligen libremente vivir juntos, sin casarse, que entre cualquier matrimonio concertado de cualquier época.

  7. Gracias Humberto por hablarnos de este martir ingles en tan terrible epoca.
    Cuando uno se pone a pensar que todo comenzo por el enchaprichamiento de Enrique VIII de divorciarse de la reina Catalina para casarse con Ana Bolena…
    Provoco una gran fractura en la iglesia por un capricho del que luego se deshizo como si nada.
    He leido y escuchado en algunas ocasiones que el Papa Clemente VII tendria que haber cedido a las pretensiones del rey ingles,pero esta claro que las dos leyes (humana y divina) amparaban a la Reina Catalina.

    • Con tu venia, Abel. En otras ocasiones, el Papado había concedido la anulación matrimonial a otros reyes que lo habían solicitado. La cuestión no estaba en que no se pudiese disolver el matrimonio; sino en las razones que se aducían para ello. No voy a decir que al Papado le apeteciera tocarle las narices a Enrique VIII porque sí, pero estaba claro que, dependiendo de cómo estuviesen las relaciones políticas, uno conseguía más o menos cosas. La actitud de Enrique VIII, que tampoco justificaré en absoluto, no es muy distinta de otros monarcas que en esa época comenzaron a reforzar notablemente su poder. Lo que pasa es que, si son amigos del romano pontífice, no nos da por señalarlos tanto con el dedo. Si les gusta tocarles las narices a Roma, entonces nos parecen rebeldes o malos. Pero en realidad, Enrique VIII no era ni mejor ni peor que otros reyes en este aspecto. Lo que no es de recibo es el sarao de las seis esposas ni la sangre que se llevó por delante en sus empeños, la de la desdichada Ana Bolena -que al final se llevó la peor parte- entre ellos.

      Tampoco es del todo exacto que comenzara ahí. En realidad, la Reforma protestante iniciada por Lutero, que había calado en otros países, también tuvo que ver. Y ésta a su vez es sólo otra intentona, esta vez triunfante, de una espiritualidad que hunde sus raíces en las herejías bajomedievales. Vamos, que nada surge de la noche a la mañana. En este caso, el “cabreo” de Enrique VIII con Roma porque no le concedía la anulación matrimonial fue como la chispa que hizo estallar lo que ya estaba ahí desde hacía tiempo.

    • Gracias Abel por comentar este trabajo. Me parece oportuno referir que el problema de Enrique VIII comienza con la cuestión del sucesor al Trono que no podía dar la Reina Catalina de Aragón. Por ello Don Enrique anduvo como picaflor aquí y allá con este pretexto de base. No está de más referir que los monarcas eran atletas en las olimpiadas de alcoba y que además de su catedral tenían sus capillitas.
      Enrique no creo que haya sido la excepción. Viendo más profundo yo identifico dos pecados que endurecieron el corazón de este rey que en su juventud escribió contra la reforma protestante de Lutero y por lo cual el Papa le reconoció públicamente. Su primer error fue haberse dejado llevar por la lujuria. Podrán decir que la cuestión política no tiene nada que ver en este asunto pero he leído tratados de espiritualidad donde se refiere que las personas encadenadas a este vicio pierden notoriamente la sensibilidad espiritual, dejando que la indiferencia les enfríe el temor de Dios y endureciendo su corazón, tal vez justificando su proceder. El otro pecado fue la avaricia con la avidez de las riquezas que Enrique enajenó de los episcopados, abadías y parroquias que fue expoliando a la Iglesia católica cuando los pastores no querían consentir su voluntad. Su codicia le insensibilizo también. Todo lo demás se vino como de cascada y pues los resultados ya los conocemos.
      Saludos.

      • Humberto, en esa época, el rey que no se llevaba dejar por la lujuria, la avaricia y la codicia, era rara avis. No se me ocurre darte ninguna excepción.

        El cristianísimo Felipe II, del que tantas maravillas se han escrito sólo porque era aliado del Papa, gozaba en privado de ciertos lienzos de Tiziano como cualquier vecino de barrio goza de la pornografía actual. Incluso murió de sífilis, una enfermedad que no deja lugar a dudas acerca de cómo se contrae. Así que no seamos injustos y le atribuyamos sólo a Enrique VIII pecados que, en esa época, eran propios hasta del Papa. ¡Pues anda que no ha habido Papas codiciosos, avaros y lujuriosos! ¡Madre mía!

        Lo más censurable de Enrique VIII fue su desmedida crueldad con la gente de su alrededor, a la que usó, manipuló, y cuando no le sirvió, ejecutó; católicos, protestantes y anglicanos, enemigos y aliados, hombres y mujeres, laicos y eclesiásticos, tanto da. Ése es su mayor pecado. Todo lo demás, peccata minuta. Nada que no hiciese hasta el Tato.

  8. Ana, bien comentas como a otros monarcas si se les favoreció con la anulación del matrimonio. Este asunto es muy prolijo para tratarse en este comentario, no soy muy experto en derecho canónico y su casuística pero pienso que las razones para anular un matrimonio son las mismas que entonces. Aunque bien pudiera haber un buen amasijo. Recuerdo haber leído como fue que Enrique VIII pretendía la anulación invocando la ley del levirato pues la Reina Catalina había sido esposa de su hermano y que habiendo muerto fue como Enrique se vio elevado al trono.
    Yo creo que hoy como entonces un matrimonio rato y consumado es indisoluble por derecho divino, que autoridades eclesiásticas muevan los hilos para hecer parecer las cosas de otro color, eso no habla sino de la descomposición moral que ha llegado a las instituciones. Te voy a poner dos ejemplos: el Presidente Fox estaba casado canónicamente y siendo presidente (ya estaba separado) se casó con otra mujer también con enlace eclesiástico. Pues tiempo después, no recuerdo si él estaba todavía en el poder, cuando se pudieron casar luego de una anulación.
    Nuestro actual Presidente Peña Nieto enviudó de una manera muy rara siendo Gobernador del Estado de México. Tras una campaña mediática de Televisa llegó a la primera magistratura del país. Como estaba soltero se le hizo un romance con la actriz Angélica Rivera que estaba casada eclesiásticamente también pero divirciada. A ésta última se le anuló el matrimonio con el pretexto de que su matrimonio religioso con José Alberto Castro (hermano de Verónica Castro, la de Los Ricos también lloran) se hizo sin las amonestaciones y en un barco. Ésto hasta dónde lo tengo entendido. Así es que como verás, novelas las ha habido desde el S. XVI en Inglaterra hasta el S. XXI en México, sólo que por distinta televisora y tal vez con menos derramamiento de sangre.

    • Humberto, una cosa es la teoría y otra la práctica. Y la práctica es ésta: si estás dotado de poder, la ley divina y la humana te las pasas por el forro y haces lo que te da la santa gana. No hay ninguna descomposición moral actual o que sea fruto de una degeneración de nada: siempre, siempre, desde la Edad Media, cuando a la Iglesia le ha convenido saltarse sus propias normas en aras de intereses políticos y económicos, lo ha hecho, porque así hacen los poderosos. ¿Por qué entonces ha habido Papas corruptos, Papas guerreros, obispos ladrones, cardenales puteros, sacerdotes lujuriosos? ¿Por qué se han disuelto tantos matrimonios reales desde la Edad Media? Esto no es una cosa de hace cuatro días.

      La Iglesia puede tener toda esa parafernalia moral y teológica que refieres, pero a lo largo de la Historia sólo ha hecho uso de ella cuando le ha convenido, cuando no; se la ha saltado para responder a sus propios intereses. Porque así obran los que tienen poder, da igual que estén coronados con una corona real o una tiara papal. Así, matrimonios disueltos por voluntades políticas o alianzas estratégicas, hay la tira.

      A ver si se nos cae ya la venda de las ojos: la Iglesia, cuanto más ha sido digna de admiración, es en la actualidad, cuando de verdad ha empezado a interesarse por su pueblo y a pensar en las injusticias del mundo. En el pasado, fue lo mismo que cualquier otro órgano de poder: corrupto, contradictorio, cruel e interesado.

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