San Juan de Ávila, apóstol de Andalucía

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Retrato del Santo. Anónimo (s.XVII). Museo de El Greco, Toledo (España).

Retrato del Santo. Anónimo (s.XVII). Museo de El Greco, Toledo (España).

Nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), el día 6 de enero del 1499, siendo hijo de Alonso de Ávila y Catalina Xixona. Alonso, su padre, era de ascendencia judía, aunque desde hacía varias generaciones su familia se había convertido y su madre Catalina pertenecía a una noble y rica familia castellana. Al bautizarle le impusieron el nombre de Juan y en su pueblo aprendió a leer, a escribir y las primeras nociones de gramática. Con catorce años de edad se fue a Salamanca para estudiar Derecho, pero no llegó a graduarse porque una grave crisis de identidad se apoderó de él. Hay quienes afirman que abandonó los estudios porque la Universidad implantó como requisito el estatuto de limpieza de sangre y, consecuentemente, al ser de ascendencia judía, tuvo que abandonar. Esto podría explicar la crisis de ánimos que le afectó. Entró en un convento del que tuvo que irse y, desanimado nuevamente, se volvió a su casa donde vivió de forma muy austera, casi encerrado en una habitación de la que apenas salía.

Cuando tenía algo más de veinte años de edad, un fraile franciscano le aconsejó que siguiera estudiando, que no se desanimara y logró que Juan se fuera a estudiar Artes y Teología a Alcalá de Henares. Allí se graduó de bachiller y se enamoró de las obras de Erasmo de Rotterdam, humanista y teólogo holandés, cuyas doctrinas estaban entonces de moda. En Alcalá conoció y se hizo amigo de don Pedro Guerrero, futuro arzobispo de Granada. Durante su estancia en aquella ciudad, murieron sus padres. Aunque no se conoce la fecha exacta, antes de la primavera del 1526 se ordenó de sacerdote y fue a cantar misa a Almodóvar, donde sus padres estaban sepultados. Repartió entre los pobres la herencia que le habían dejado – unos cinco mil ducados -, y decidió vivir en la extrema pobreza.

Quiso marcharse como misionero a las Indias y se fue a Sevilla con la intención de embarcarse con el dominico Julián Garcés, que posteriormente sería obispo de Tláxcala. En Sevilla conoció al sacerdote Hernando de Contreras que había fundado un colegio para enseñar humanidades y religión; se conocieron y allí trabajaron juntos durante algún tiempo. Don Hernando comentó con el arzobispo de Sevilla, Alonso Manrique, las dotes de Juan como predicador, por lo que el arzobispo le pidió que predicase en el día de Santa María Magdalena de 1526 en la iglesia sevillana del Salvador. Después de escucharlo, le ordenó por santa obediencia que no se marchara a las Indias, diciéndole que “estas tierras andaluzas serán tus Indias”.

El Santo predicando. Lienzo barroco de Pierre Subleyras (1746).

El Santo predicando. Lienzo barroco de Pierre Subleyras (1746).

Desde entonces y hasta los últimos años de su vida este fue su ministerio: la predicación por toda Andalucía y es por eso por lo que se le conoce como “el apóstol de Andalucía”: Sevilla, Granada, Écija, Córdoba, Utrera, Baeza, Alcalá de Guadaira… y Montilla. Desde el año 1527 al 1531 residió en Écija (Sevilla), donde se dedicó a la predicación, a la catequesis y a la dirección espiritual de cuantos a él acudían. Pero a causa de una de sus predicaciones, fue denunciado por unos clérigos envidiosos ante la Inquisición, quién en 1532 decidió meterlo en la cárcel inquisitorial de Sevilla en la que estuvo hasta el 5 de julio del año siguiente. Después de ser juzgado por herejía, fue absuelto, aunque con la advertencia de que cuidara sus expresiones a fin de que no fueran malentendidas.

La Inquisición le obligó bajo pena de excomunión a que en Écija y en Alcalá de Guadaira (de donde provenían las denuncias en contra suya), diera las debidas explicaciones y aclarase los malentendidos. El lo hizo, pero a finales de 1534 abandonó la archidiócesis de Sevilla, marchándose a Córdoba, donde entró en contacto con fray Luís de Granada que, posteriormente, sería su biógrafo. En la diócesis cordobesa se dedicó de nuevo a la predicación aunque siempre muy atento a las advertencias de la Inquisición. Fue en Córdoba donde se reunieron con él quienes serían sus primeros discípulos.

En el año 1536 marchó a Granada, siendo amablemente acogido en su propia residencia por el arzobispo don Gaspar de Avalos. En tierras granadinas continuó con su predicación y el 20 de enero de 1538, en un sermón que dio en la ermita de San Sebastián, tuvo como oyente a un librero ambulante portugués llamado João Cidade Duarte, el futuro San Juan de Dios. Desde ese día, enfervorizado por lo que había escuchado, Juan Ciudad se dedicó a servir a los enfermos y a los pobres, tomando como director espiritual al padre Juan. Fue su director espiritual hasta el 8 de marzo de 1550, día de la prematura muerte de San Juan de Dios. Desde que se conocieron en la ermita de San Sebastián, hasta su muerte, ambos santos estuvieron estrechamente unidos como lo demuestran las cartas que Juan de Ávila escribió a Juan de Dios.

Reliquia con la mandíbula del Santo. Almodóvar del Campo, España.

Reliquia con la mandíbula del Santo. Almodóvar del Campo, España.

El 13 de agosto de 1537 murió una de sus hijas predilectas, la Sierva de Dios Sancha Carrillo, hija de los señores de Guadalcázar; el padre Juan acudió al entierro y después de dejarla sepultada en Córdoba, volvió de nuevo a Granada. A ella había dedicado la obra “Audi filia et vide”, una obra ascética que es un comentario al salmo 44 y cuya redacción había comenzado cuando estaba preso en Sevilla. Aunque no existe constancia a ciencia cierta, muy posiblemente en Granada se doctoró en Teología, porque desde entonces comenzó a conocérsele con el título de Maestro, titulación que no le era dada a un simple bachiller. Fue representante del arzobispo en el Consejo de la Universidad granadina y el fundador del Colegio de Santa Catalina. En Granada se le unieron muchos clérigos como discípulos suyos, algunos de los cuales vivían en su propia casa, dedicándose exclusivamente a la predicación, la catequesis de niños y la oración.

En marzo de 1538, don Rodrigo López, clérigo de Baeza residente en Roma, consiguió del Papa Pablo III una Bula por la que se fundaba un colegio en Baeza para enseñar a niños y jóvenes, nombrando como gestor del mismo al Maestro Juan de Ávila, el cual estaba en Granada. El marchó a Baeza, dotó al colegio de personal docente y aprovechó su estancia en la ciudad jiennense para dedicarse a la predicación y apaciguar los ánimos entre los habitantes de la ciudad, que estaban divididos en varios bandos. En 1542 el colegio fue elevado a la categoría de Universidad, estableciéndose en ella los estudios de Arte y Teología. Muerto don Rodrigo, el colegio quedó completamente a cargo de San Juan de Ávila, quién dividía su tiempo entre Granada y Baeza.

Relicario del Santo en su casa natal.

Relicario del Santo en su casa natal.

En 1539 tuvo contacto con otro santo: Francisco de Borja. El famoso duque de Gandía había llegado a Granada el día 16 de mayo, llevando consigo el cadáver de la emperatriz Isabel de Portugal a fin de sepultarla en la capilla real de la Catedral. Al abrir allí el féretro y ver el cadáver de la emperatriz descompuesto, Francisco de Borja recibió tal impacto que dijo: “Juro no más servir a señor que se me pueda morir”. Buscó al Maestro Ávila, encontrando en él la ayuda espiritual que necesitaba en aquellos momentos. Francisco de Borja, dirigido por Juan de Ávila, decidió ingresar en la Compañía de Jesús. Ese mismo año tuvo lugar el famoso sermón que convirtió a la “barragana del chantre de la catedral de Córdoba” y que algunos dolores de cabeza le dio a causa de la conversión de la mujer y el acecho del chantre a ambos.

Tenía una inmensa capacidad de trabajo: mientras se ocupaba de la fundación de Baeza, llevaba a cabo otra fundación en Jerez de la Frontera (Cádiz). A finales del año 1540 presentó ante el Cabildo de la ciudad una solicitud para que se fundara un colegio donde se impartiera lecciones de Arte y de Teología. Se consiguieron los permisos de Roma a través de la Orden de Santo Domingo, el colegio se fundó dando él sus primeras clases y encargando la posterior dirección del mismo al maestro Gaspar López. Allí en Jerez también fundó un colegio para niños, dejando a otro de sus discípulos – Juan de Lequeitio – al frente del colegio.

Desde 1541 a 1545 recorrió las provincias de Granada, Jaén y Córdoba, predicando, dirigiendo ejercicios espirituales, confesando y haciendo discípulos a los que encaminaba hacia la Compañía de Jesús. Estuvo tentado de fundar una Congregación religiosa, pero ¿para qué hacerlo si ya San Ignacio había hecho lo que a él le hubiera gustado hacer? San Ignacio – que estaba en Roma -, no renunciaba a que San Juan de Ávila entrase en la Compañía de Jesús y como este se resistía, llegó a decir: “O nosotros nos unimos a él o él a nosotros”. Hay quienes defienden que San Juan de Ávila no entró en la Compañía de Jesús, porque su salud estaba debilitándose y no quiso ser una carga para la Compañía. El seguía predicando por Andalucía y llamado por los condes de Feria en 1545 estuvo en Zafa (Badajoz), realizando hasta 1551 numerosos viajes entre Extremadura y Andalucía.

Relicario con el corazón y otras reliquias del Santo en Montilla (España).

Relicario con el corazón y otras reliquias del Santo en Montilla (España).

Cuando en el 1550 fue convocado el Concilio de Trento, el arzobispo de Granada quiso llevarlo consigo, pero su salud se lo impidió; sin embargo envío los famosos “Memoriales” sobre la reforma del clero y el ministerio de los obispos: quería que el clero viviera conforme a las virtudes evangélicas, que se dedicara al apostolado y a las obras de caridad y que sobre todo, fuera pobre; buscaba más la calidad que la cantidad de sacerdotes, siendo un acérrimo defensor del celibato sacerdotal. Y con respecto a los obispos, decía que abandonaran las cuestiones políticas y se dedicaran exclusivamente a los trabajos pastorales. Como hoy dice el Papa Francisco, San Juan de Ávila también quería “que los pastores olieran a oveja”.

En 1553 logró fundar un colegio en Córdoba, pretensión que arrastraba desde el año 1539 y lo hizo, con la ayuda del deán de la catedral cordobesa y encomendándole la dirección a los jesuitas, para lo cual fue a Córdoba San Francisco de Borja. Sus fundaciones de colegios fueron numerosas: tres universidades, once colegios menores, tres colegios de internos clérigos y una residencia de estudiantes.

Cuando ya, físicamente no podía más, se retiró a Montilla, viviendo con su amigo el padre Villarás y cuando ya no podía escribir, otro amigo le servía de amanuense. En Montilla seguía predicando, confesando y dirigiendo espiritualmente a muchas personas. Allí, entre otros, fueron a visitarle San Juan de Ribera y Santa Teresa de Jesús. Al empeorar su salud, a instancias de los jesuitas, Roma le concedió permiso para que pudiera celebrar la Santa Misa en su propio domicilio. En el mes de marzo de 1569, su enfermedad se agravó y el médico le aconsejó que hiciera testamento: “¿Qué testamento voy a hacer, si no tengo absolutamente nada?”. Su herencia la había entregado íntegramente a los pobres, vivió pobre y murió extremadamente pobre. Murió en la madrugada del 10 de mayo de 1569, en su casita de la calle San Juan, de Montilla. En Montilla se venera la mayor parte de sus restos.

Urna de las reliquias del Santo en Montilla (España).

Urna de las reliquias del Santo en Montilla (España).

En el año 1588, Fray Luís de Granada redactó su primera biografía: “Vida del Padre Maestro Juan de Ávila y partes que ha de tener un predicador del evangelio”. En el año 1635, basándose en la biografía escrita por Fray Luís de Granada y en los documentos del proceso de beatificación, el licenciado Luís Muñoz escribió su segunda biografía: “Vida y virtudes del venerable varón el P. Maestro Juan de Ávila, predicador apostólico; con algunos elogios de las virtudes y vidas de algunos de sus más principales discípulos”.

El proceso de beatificación se inició en el año 1623 a instancias de la “Congregación de San Pedro Apóstol de Presbíteros Naturales de Madrid” y después de un inicio rápido, sufrió una larga e inexplicable paralización que duró hasta 1731, cuando por intervención del cardenal arzobispo de Toledo, se abrió un segundo período que fue mucho más fructífero y rápido. Enviado a Roma el proceso ordinario, se inició el proceso apostólico y así, el 8 de febrero de 1759, el Papa Clemente XIII lo declaró Venerable. Los años comprendidos entre el 1791 y el 1894, fueron decisivos para el éxito del Proceso, siendo beatificado por el Papa León XIII, el 6 de abril de 1894 y canonizado por el Beato Papa Pablo VI, el 31 de mayo de 1975. Previamente, el Venerable Papa Pío XII, el 2 de julio del 1946, lo había declarado Patrono del clero secular español. El 7 de octubre del año 2012, fue declarado Doctor de la Iglesia por parte del Papa Benedicto XVI. Su fiesta se celebra el día 10 de mayo.

Procesión con el relicario del corazón del Santo. Montilla (España).

Procesión con el relicario del corazón del Santo. Montilla (España).

Para que un santo o una santa sea declarado Doctor de la Iglesia, su obra ha de ser prolija y fecunda y la obra de San Juan de Ávila, lo fue, pero a fin de no alargar excesivamente el artículo, hablaremos otro día tanto de su obra como de su espiritualidad.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– REPETTO BETES, J.L., “Andalucía, tierra de santos”, Centro de Estudios Históricos Jerezanos, Jerez, 1982.
– SALA BALUST, L., “Obras completas del beato Maestro Juan de Ávila”, dos volúmenes, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, volumen II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (13/09/2014):
http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_de_%C3%81vila

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

22 pensamientos en “San Juan de Ávila, apóstol de Andalucía

  1. Gracias, Antonio, por hablarnos de este conocido Santo español, contemporáneo de tantos otros Santos, y reconocido tardíamente como Doctor de la Iglesia. ¡Cuán tardíamente!, ¿no? Aunque comparado con Santa Hildegarda, ha esperado relativamente poco para ver su aportación reconocida.

    En casa de los padres de mi novio siempre ha habido una teca-relicario con una reliquia de primera clase del entonces sólo Beato Juan de Ávila. Tiene el lacre intacto, así que debe ser auténtica, pero no sé si hay documento. Parece algo heredado de la familia y ya se sabe que los papeles es lo primero que se pierde… Y hablando de relicarios, se me ha caído la mandíbula -como al Santo- al ver el relicario del corazón. Aun cuando no contuviese nada, sería valiosísimo: pocas veces he visto una obra de platería tan maravillosa.

    Hoy me apetece un buen cotilleo: cuéntame más del caso de la “barragana” del chantre de Córdoba. No porque sea extraordinario, vaya; en esa época, era raro el cura que no tenía amante, jajajaja.

    • Muchas gracias, Ana Maria, por tu comentario.
      San Juan de Ávila fue el apóstol de Andalucía y también un verdadero reformador del clero andaluz. Por eso, es el patrono del clero secular español. El quería que los sacerdotes y obispos se dedicaran a lo que se tenían que dedicar: la evangelización del pueblo, pero todos sabemos como era parte del clero de la época, que vivía como tú muy bien has dicho.

      El tenía muy buenas relaciones con Córdoba, ciudad en la que estuvo algún tiempo y que siguió visitando. Bueno, pues en el año 1539 en su visita a Córdoba, con sus sermones convirtió a la “barragana” (concubina) del chantre (sacerdote que se dedicaba al coro de la catedral). La barragana se llamaba María de Hoces. El chantre, no se como se llamaba.
      Sabiendo que el chantre estaba encaprichado con ella y no la dejaba tranquila y que incluso recurrió a la fuerza para conseguir atraerla de nuevo, San Juan se la llevó con él a Montilla y desde allí, a Granada. Pues el chantre, ni corto ni perezoso, los persiguió hasta las dos ciudades diciendo que María de Hoces se había “liado” con San Juan, cosa absolutamente falsa, que no tuvo consecuencias graves para el santo porque las calumnias no prosperaron y que era fruto del odio que el chantre le cogió.

      El pueblo andaluz, que es muy sabio pero muy pícaro, sabedor de que antaño, algunos curas dejaban mucho que desear en este sentido, tenía una canción cuyo estribillo era:
      Si en la casa del señor cura,
      Solamente hay una cama,
      Y en la cama duerme el cura,
      ¿Dónde duerme la criada? Ja,ja

      • Pues si ni los Papas, ni los cardenales ni los obispos daban ejemplo, teniendo amantes e incluso formando familias con ellas que alojaban cerca de sí, cómo no iban a hacerlo los curas del pueblo? En el Vaticano y en el palacio episcopal todos sabían quién era la mujer y quién el bastardo del Papa u obispo de turno, verdad? Pues en un pueblo todavía se sabría más de donde venía el hijo de la mujer que limpiaba la casa del cura, jaja.

        Yo estoy convencida de que si la Iglesia permitiera casarse a los curas, ni esto habría pasado, ni seguiría pasando ni pasarían otras cosas aún más feas que tú sabes y contra las que el Papa Francisco está luchando. Al fin y al cabo, se casan los ortodoxos, se casan los protestantes, se casan los anglicanos -creo – y nadie se ha muerto todavía.

        • Y también hay muchos sacerdotes católicos casados en los demás ritos que no sea el latino. Yo, a estas alturas de la vida, lo veo como una incongruencia y creo que terminará por imponerse el sentido común. No se si nosotros lo veremos, pero nuestros hijos, seguro que si. Entre otras cosas, estoy traería también como beneficio el aumento del número de sacerdotes. Tu sabes que algunas diócesis, en este tema, están “en cuadros”.

          Y de hecho, cuando a Roma le ha convenido, en pleno siglo XX ha consagrado incluso como obispos a hombres casados. Quiero recordar que fue en la República Checa donde los comunistas descabezaron a toda la jerarquía católica y el entonces Papa, Pío XII, permitió que en la clandestinidad fueran consagrados obispos algunos hombres casados.
          Además, hay culturas en las que no se concibe que un hombre no pueda tener hijos, sobre todo en los paises africanos y aunque sea por el bien pastoral, esto se impondrá y así se evitarán los abusos que es posible que existan.

          • Metiéndome un poco lo que dices Antonio, por ejemplo aquí en Chiapas en algunas comunidades los católicos tienen ese gran impedimento puesto que muchas de las culturas indígenas en esa región no conciben a un líder espiritual soltero, es más sienten al hombre que no esta casado indigno, por lo que muchas comunidades tienen que ser administradas por diáconos permanentes indígenas que desgraciadamente a la larga han hecho más mal que bien pues en muchos casos han llegado a querer hacer un cisma.

          • Es que es normal que en casi todas las culturas, por no decir en todas, se vea la procreación como algo innato en el ser humano. Casi podríamos decir – y se que es exagerado decirlo – que el celibato es contra natura.
            No nos rasguemos las vestiduras si escuchamos que en muchos paises africanos, muchos sacerdotes e incluso obispos tienen hijos. Eso lo ocultamos, pero es que eso es así en muchas ocasiones. Y el pueblo llano lo ve normal.

  2. A San Juan de Ávila lo
    conocí hace mucho tiempo y la noticia que más me llamó la atención fue que el quería venirse a trabajar a México y seguramente hubiera pasado si no es porque lo convencieron que su tierra de misión estaba en su propia patria. Comentabas este asunto hace un par de días, ser misionero en tu entorno es una necesidad urgente. Ya San Juan Pablo II nos invitaba desde la década de los 80 a una nueva evangelización. Que bueno que San Juan de Ávila se quedó haciendo en bien en la Madre Patria, hizo mucho y sin el creo que algunas cosas no habrían sido las que son.
    De él tengo un libro sobre sus cartas y en una de ellas hay una frase que siempre me llamó la atención: “fuiste amado en cruz, ama en cruz”, sin duda una frase con una experiencia espiritual muy profunda.
    Ahora que ha sido declarado Doctor de la Iglesia su fiesta se ha inscrito en el calendario universal, aunque por razones obvias en España continúa como memoria obligatoria, en el resto del mundo sí mal no me equivoco es con memoria opcional.
    Gracias.

    • En primer lugar quiero decirte, Humberto, que su espiritualidad es tan profunda y su obra tan grande, que necesariamente tendremos que escribir sobre él en otra ocasión.
      Yo creo que la Iglesia reconoció su valía con cierta tardanza; antes debió ser beatificado, antes debió ser canonizado y antes debió ser declarado Doctor de la Iglesia. Pero bueno, las cosas son como son. En España si que ha sido reconocido mucho antes, pues el clero español lo tiene como su patrono y en todos los seminarios españoles se le conoce muy bien y en Andalucía, donde él principalmente realizó su evangelización – al menos en algunas zonas – si que es especialmente conocido y venerado.

      Es cierto que él quiso ir a misiones y finalmente se encontró que su tierra de misión estaba en su patria, pero fue porque le fue impuesto por santa obediencia; si no, lo hubieseis tenido por ahí y ahí se hubiese quedado.
      Gracias, Humberto, por tu comentario.

      • Se me olvidó comentarte que el lienzo barroco es muy bonito, lo voy a tomar con permiso para mi colección. En las redes es difícil encontrar imágenes de calidad de este santo. Oye, que se me hace que llevas una vida oculta y además de fotos de relicarios y reliquias también tienes colección iconografica, jeje.
        Saludos amigo.

        • No te creas. Yo, normalmente, selecciono las fotos que se ponen en mis artículos, pero me dejo aconsejar por quienes saben más que yo de estos temas. Y tenemos compañeros/as bien conocedores de iconografía y de arte en general, ¿eh?. Además, aunque no los textos porque nos los copian, si se pueden captar las fotografías y aun no sabe todo el mundo que pinchando sobre ellas, salen normalmente más grandes y con más resolución.
          Yo creo que parte del éxito del blog, no solo está en los contenidos y debates, sino también en las fotos y reconozco que en cuanto a relicarios y tumbas de santos, no existe ningún otro blog que se pueda comparar a este. ¡Modesto que es uno!, jajaja.

  3. Antonio pensaba casi seguro que ya se habia realizado el articulo correspondiente a nuestro famoso Santo español,(no,no lo he confundido ni con San Juan de la Cruz ni con ningun otro San Juan,jeje).
    Veo que el proceso se hizo casi eterno hasta su canonizacion por el Beato Papa Pablo VI,no me lo imaginaba.
    Ver los restos del santo tan esparcidos me produce algo de pena,con lo precioso que quedaria todo reunido de nuevo,”arreglarlo” un poco y vestirlo,con mascara,guantes,etc.
    Vamos,si por mi fuera reuniria los restos de cuanto santo y santa existiese (que no tuvieran huesos duplicados en otras partes) y mandaria hacer obras maestras para renovar la devocion. 😉

    • Abel,
      En primer lugar hay que decir que los restos de San Juan de Avila no están incorruptos y que la mayor parte de ellos están en Montilla, ciudad donde murió. Dicho esto, a mi me parece normal que algunas ciudades relacionadas con él quieran tener reliquias suyas, sobre todo su localidad natal. Además, absolutamente todas las reliquias de San Juan de Avila son auténticas.
      A mi en concreto, no me van los muñequitos de cera o escayola, simulando un cuerpo que no lo es, aunque tenga alguna reliquia dentro.

  4. Antes que nada, muchas gracias Antonio, por presentarnos a este querido Santo y Doctor de la Iglesia. Se le deben muchos aportes a la Cristiandad y la verdad es que yo ya echaba de menos un articulo dedicado a él ( precisamente porque no conocía muchos de los puntos de su vida que nos has contado).

    Bien, son muchas cosas las que destacaría de San Juan de Ávila, pero para no alargarme solo comentare las que desconocía. Aunque destaco su esfuerzo e hincapié en reformar el clero y las curias provinciales, en su día ( y hoy en día también) era una cosa totalmente necesaria de subsanar.
    Cuando renuncio por obediencia a irse a las misiones, hizo caso a lo que sus superiores le aconsejaban. Y eso exactamente también lo hizo otro gran Santo sacerdote como Felipe Neri. Gracias a Dios ( o a los superiores de ambos) uno evangelizo Roma y el otro el Sur de España.
    Que la vocación de San Juan de Dios, viera en parte por San Juan de Ávila dice mucho de lo que serian esos famosos sermones. Solo hay que ver quien fue S. Juan de Dios y lo que es su obra.
    Su estrecha colaboración con los Jesuitas, me hace preguntarme ¿ por qué definitivamente no ingreso en la compañía?, como vemos se profesaban simpatía mutua, y dado el caso de estar enfermo, a la compañía de Jesús no creo que le hubiera importado atenderlo.

    Respecto a sus reliquias, yo he tenido la oportunidad de venerar muy cerca de mi casa las reliquias de su corazón, con motivo del año jubilar de 2012 ese relicario estuvo itinerante por todo el país – y razón tiene Ana María en que es una obra maestra de platería -, el resto de reliquias son también de gran valor artístico, pero sobre todo sentimental, las de Almodovar del Campo salen todos los años en procesión y me consta que las acompañan una gran cantidad de fieles.

    • PD: Se me olvidaba comentar, como curiosidad, que el pueblo de Almodóvar del Campo aparte de contar entre sus hijos ilustres con varios obispos, mártires jesuitas, y religiosos.
      Tiene el privilegio de ser pueblo natal de esta gran Santo y Doctor de la Iglesia, Juan de Ávila y también de San Juan Bautista de la Concepción, reformador de la orden de los Trinitarios, fundo la rama de los Trinitarios Descalzos.
      Al igual que su paisano, también estuvo muy vinculado a Andalucía, allí fundo muchos conventos y esta enterrado en uno de ellos. Concretamente en el Ntra Sñra de Gracia, Córdoba.

      • David, muchas gracias por tu comentario.
        Que la relación entre San Juan de Avila y los jesuitas era muy estrecha es cosa bien sabida como lo demuestran las palabras de San Ignacio o la relación de San Francisco de Borja. Parece que es cierto que él no ingresó en la Compañía para no ser una carga, pero también es cierto que él evangelizaba Andalucia de manera independiente, moviéndose de un sitio para otro y a lo mejor, como jesuita sometido a obediencia, no tendría tanta libertad de movimiento.

        • Saludos ANTONIO

          A San Juan de Avila lo comencé a leer a finales del 2006 estando en el seminario, me gusta la forma ne que plasmaste su biografía.

          Yo creo lo mismo que tu respecto del por qué no se hizo jesuita simplemente estaría limitado a la obediencia cuando hizo mucho en el sur de España y siendo ejemplo para muchas otras vocaciones de su tiempo.

          Me da gusto que por fin sea Doctor de la iglesia y sea reconocido como Maestro que es para los cristianos y no cristianos. Espero que su aliento por enderezar las funciones esenciales de un pastor de acuerdo al Evangelio den cada vez mayor fruto.

          Gracias por tu artículo.

          • Yo también creo que San Juan de Avila fue más útil para la Iglesia fuera que dentro de la Compañía de Jesús. Tenía más libertad de movimiento y se dedicó más a evangelizar mi tierra.
            Posiblemente, san Ignacio se lo habría permitido, pero si no, él solo tuvo que obedecer la voz de su conciencia y no estar a las órdenes de nadie. De todos modos, las relaciones fueron buenísimas y San Juan, a todo el que pudo, lo dirigió hacia la Compañía de Jesús.

            En cuanto a lo de Doctor de la Iglesia, está claro que cuando Benedicto XVI se lo reconoció es porque había motivos para ello. Ya lo he dicho antes, pero ahora te lo repito: fue tan prolija su obra y su doctrina que, al menos un capítulo tendremos que dedicarle de nuevo.

  5. Y hablando de Doctor de la Iglesia siempre creí que el papa Benedicto nombraría a más santos como doctores de la Iglesia, digo cabeza tenía y conocimiento como el Prefecto de la Doctrina de la Fe pero aun asi nos nombró a Una Doctora y a San Juan de Ávila.

  6. Muchas gracias Antonio siempre había tenido muchas dudas referentes a este gran Santo del que siempre había escuchado una que otra cosa pero era poco lo que en realidad sabía de él, tener a un Doctor de la Iglesia como él realmente enaltece a la Iglesia completa.

    • Así es, André. Y no solo es un orgullo para la Iglesia Española y la Iglesia Universal, sino que yo me atrevería a decir que también es un orgullo para nuestra lengua común.

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