San Pelayo, niño mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen-relicario del Santo. Monasterio benedictino de San Pelayo, Santiago de Compostela (España).

Imagen-relicario del Santo. Monasterio benedictino de San Pelayo, Santiago de Compostela (España).

Aunque ya el 13 de octubre del año 2010 -¡hace cuatro años!-, publicamos un corto artículo sobre las reliquias de San Pelayo, creo que es conveniente escribir sobre este pequeño héroe hispano, muy popular sobre todo en Galicia, donde es conocido como “San Payo” y al que ya se le rendía culto en el bajo Miño sólo tres años después de su martirio. Su propio tío Hermoigio construyó un monasterio de benedictinas en Alveos, inmediatamente después de su muerte. Podríamos decir que San Pelayo es para Galicia lo que San Tarsicio es para Roma.

A lo largo de la historia varias ciudades han reclamado ser su lugar de origen: Córdoba, León, Salamanca, Oviedo… pero la realidad es que el niño nació en Alveos (Pontevedra), perteneciente a la diócesis de Tuy, en el año 912, siendo sobrino de Hermoigio, obispo de Tuy, que vivió en la primera mitad del siglo X. En una de las liturgias más antiguas, proveniente de la catedral de Tuy, hablando de San Pelayo, se dice: “Erat quidem huius Pelagii Patruus, Hermoygius Episcopus, Cordubae carcere tentus” (Era Hermogio obispo, ciertamente tío de este Pelayo, preso en la cárcel de Córdoba) y para remacharlo aún más, en el Oficio de Vísperas se dice: “Ortusque Galletia” (nacido en Galicia).

Cuando el ejército de Abderramán III atacó Galicia, entre los cristianos que apresaron y llevaron a Córdoba estaba el obispo Hermoigio, el cual, no pudiendo soportar los tormentos de la cárcel, dio como rehén en su lugar a su sobrino Pelayo. Hay autores que afirman que fue el propio padre de Pelayo quien, para rescatar a su hermano Hermoigio, llegó a un acuerdo con los musulmanes, dejando como rehén a su hijo Pelayo, mientas cumplía el pacto de llevar a Córdoba un cierto número de cautivos, que era una de las cláusulas de dicho compromiso. Habría que retroceder hasta el siglo X para poder comprender este tipo de acuerdos, pero la realidad es que no se explica cómo un padre o un tío pueda hacer eso. Con la intención de dar a esto una explicación, en una exhortación pastoral, el obispo de Tuy, Manuel María Vidal y Boullon (1861-1929) hizo la siguiente reflexión, poniéndose en el lugar del padre de Pelayo: “Mi hermano, como es obispo, podrá hacer más apostolado que mi hijo y entregándolo a él, en realidad me estoy entregando a mí mismo. Seguro que ésta es la voluntad de Dios”. Yo, desde luego, no comparto esta idea y menos que Hermoigio lo aceptara, ya que éste renunció al martirio por volver a su diócesis y dejó a su sobrino, que era un niño inocente, en manos de unos desalmados. A mí, aquella decisión me parece una barbaridad.

Martirio del Santo. Tabla del Maestro de Becerril.

Martirio del Santo. Tabla del Maestro de Becerril.

El mismo obispo Vidal y Boullón, aunque hace la reflexión anterior intentando justificar la decisión del padre de Pelayo, resalta la heroicidad del niño: “Fue entonces cuando se manifestó de un modo visible la heroica fortaleza de este santo niño, porque en vez de intimidarse ante los rudos trabajos que le esperaban en la prisión, lejos de su familia y en poder de aquellos infieles, aceptó generosamente el sacrificio de su libertad y aun el de su vida, por la libertad y la vida de su venerable tío…” ¿Qué decir? ¿Un niño tan pequeño era consciente de todo esto o se vio forzado a admitir una decisión de sus mayores? Fuera como fuese, lo cierto es que Pelayo fue hecho prisionero.

Lo que tenía de santo, Pelayo lo tenía también de hermoso, de bello y de ello hablaron los presos y los carceleros, quienes se lo comunicaron al califa. Éste, dado a mantener todo tipo de relaciones sexuales, movido por la lujuria hizo que llevaran a Pelayo a su presencia vestido lujosamente y adornado con valiosas joyas. Isabel Flores de Lemus, en su obra “Año Cristiano Ibero-Americano”, editado en Barcelona en el 1950, describiendo este hecho de manera literaria, lo narra de la siguiente forma: “El niño se acercó al califa, hizo las tres postraciones de rigor y besó la mano de Abderramán. El emir lo contempló con arrobo, admirando la belleza del adolescente cristiano”. El califa le propuso que renunciase a su fe y reconociera a Mahoma como el verdadero profeta. Si hacía eso, lo colmaría de riquezas. Le dio a escoger entre vivir con él rodeado de lujo y entre sus más allegados o ser encerrado en la cárcel. Si decidía quedarse en palacio, sacaría también de la cárcel a los cristianos que estaban allí encerrados y traería a sus padres desde Galicia para que viviesen cómodamente en Córdoba.

Imagen y relicario del Santo. Iglesia-seminario de San Pelayo, Córdoba (España).

Imagen y relicario del Santo. Iglesia-seminario de San Pelayo, Córdoba (España).

Pelayo tendría unos catorce años de edad y llevaba tres años en la prisión, por lo que la oferta, en sí misma, era muy tentadora. Pero aunque era sólo un joven, Pelayo tenía las ideas muy claras. Volviendo al relato de Isabel Flores, Pelayo dijo: “Todo lo que tú me ofreces es nada. Yo soy cristiano, lo fui y lo seré siempre. Nunca negaré a Cristo porque lo que tú me prometes, se acaba; y Cristo, a quien yo adoro, no tiene fin ni principio, pues con el Padre y el Espíritu Santo, es un Dios único y verdadero, que nos creó de la nada y que todo lo mantiene y gobierna con su poder”. El emir se levantó enfurecido e intentó tocar al niño, pero éste se apartó diciéndole: “Vete, perro, ¿te crees que soy alguno de tus afeminados mancebos?”

Abderramán, creyendo que el niño había reaccionado con la vehemencia propia de su edad, ordenó a algunos de sus sirvientes que, con lisonjas, lo ablandasen. Al seguir Pelayo en sus trece y comprobando el califa que la fe del joven era tan firme como su voluntad de no ceder a sus pretensiones homosexuales, ordenó colgarlo en unas garruchas de hierro, subiéndolo y bajándolo bruscamente a fin de martirizarlo. Viendo que Pelayo no cedía, ordenó que le cortasen algunas partes no vitales del cuerpo y finalmente lo decapitó con una cimitarra. Era el mediodía del domingo 26 de junio del año 925.

Los verdugos tiraron el cuerpo de Pelayo al río Guadalquivir, pero los cristianos lo recogieron, sepultándolo en la iglesia de san Ginés, mientras que su cabeza la llevaron a la iglesia de San Cipriano. Como dije anteriormente, tres años después de su muerte, su tío – quizás arrepentido -, le dedicó un monasterio en Alveos. A los ocho años del martirio, Blas Braca le erigió una iglesia en Solís (La Rioja) y en el 947 se le nombró co patrono de Coimbra. En Guimaraes hicieron lo mismo en el año 959. Entre el 960 y el 967, el rey Sancho I le construyó un monasterio en León para albergar sus reliquias y en el 969 le dedicaron en Oviedo el monasterio de San Juan Bautista, al que trasladaron la mayor parte de sus restos en el año 987, donde aun se veneran. Como vemos, San Pelayo comenzó a recibir culto público desde el mismo momento de su martirio.

Urna que contiene los restos de San Pelayo. Monasterio de benedictinas de Oviedo (España).

Urna que contiene los restos de San Pelayo. Monasterio de benedictinas de Oviedo (España).

Entre el 1147 y 1152 el monasterio de Antealtares de Santiago de Compostela lo adoptó como titular, llegando con el tiempo a ser el titular de más de quince monasterios benedictinos del norte de Hispania. Su festividad se celebra el día 26 de junio, fecha de su muerte.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– FLORES DE LEMUS, I., “Año Cristiano Ibero-Americano”, Barcelona, 1950.
– GIL, C., “Santos gallegos”, Editorial Porto, S.A., Santiago de Compostela, 1976.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo X“, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

12 pensamientos en “San Pelayo, niño mártir

  1. San Pelayo es un santo que me simpatiza desde hace mucho y al igual que tú, nunca logré entender ese acuerdo de liberar al tío por muy obispo que fuera y dejarlo a él como rehén en su lugar, menos todavía comprendo como es que lo dejaron allí tres años, un tiempo suficientemente largo para obtener su liberación.
    Desde mi perspectiva (ya lo había comentado en un artículo con Ana María) este santo con los santos mártires de Uganda son mártires de la pureza y de la castidad, un don no exclusivo de la Santas Vírgenes y que curiosamente en ambos casos murieron por no acceder a los deseos homosexuales de los respectivos gobernantes.
    Fíjate que he buscado sin éxito una imagen de mi agrado sobre este santo para mi colección pero no lo he logrado. Las que existen en la red no me gustan y en su mayoría son fotos de imágenes suyas. Tengo una imagen muy bien hecha de una pintura que detalla el martirio de este santo, en la cual aparece totalmente desnudo. Pero de allí a una estampas devocional no la tengo. Sí sabes de alguien que me pueda compartir una te lo agradecería.
    Sobre sus reluquias ya conocía este relicario que está en el centro de la mesa de un altar. Tengo entendido que se ha pasado un hueso a Córdoba, ¿es el que está en el relicario de la foto que está en el artículo?
    Me queda la inquietud si la cabeza y es resto de sus huesos están en el
    mismo relicario o reciben veneración por separado.
    La Iglesia de Córdoba es rica en santos mártires, independientemente de los motivos que motivaron a estos creyentes a dar su vida por Cristo. Por ello me parece muy curioso que el calendario diocesano no tenga incluido entre su santoral a San Pelayo, que aunque no nació en esta ciudad, si pasó a la vida eterna en ella, otros santos mártires que murieron en este lugar no son nativos de allí y si son recordados. ¿A qué se deberá esta omisión?
    Saludos.

    • Esa pintura que mencionas, Humberto, del Santo martirizado desnudo, es parte del retablo de Juan Soreda en la iglesia del Santo en Olivares del Duero, España: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/c3/Juan_soreda-martirio_de_san_pelayo.jpg

      Soreda es uno de los mejores exponentes de la pintura renacentista española y esta tabla es una muestra exquisita de su dominio de la anatomía humana; aunque sea inexacta en cuanto a la edad del Santo, que era un niño y aquí aparece representado como un adulto joven. También a destacar el retablo de Santa Librada de la catedral de Sigüenza, otra obra magnífica.

      No pretendo cuestionar tus gustos, pero donde estén obras como éstas y como las que adornan este artículo, que se quiten todas las estampitas devocionales del mundo.

      • Gracias, Humberto, por tu comentario.
        Yo tengo mis dudas de que San Pelayo sea un mártir de la castidad. Que pena que su martirio fue posterior al de San Eulogio y que cuando este escribió sobre los mártires mozárabes de Córdoba, obviamente, no pudo incluirlo. Las palabras de San Eulogio hubieran dado mucha credibilidad a este tema. Pero si hay una “vita”, escrita por un sacerdote contemporáneo suyo llamado Raguele, a la que no he tenido acceso, por lo que no puedo afirmar cómo narra el martirio del santo.

        Verás que “deliberadamente” he puesto el texto de su interrogatorio tal y como lo describe Isabel Flores de Lemus de la que digo que escribe de manera “muy literaria”. ¿Qué he pretendido con esto? Dejar el motivo del martirio con algunos interrogantes que puedan inducir al debate.
        La Bibliotheca sanctórum dice escuetamente que el “califa, con malvados propósitos, trató que Pelayo apostatara del cristianismo”. Pero, ¿qué podemos entender por malvados propósitos? ¿Solo cuestiones relacionadas con el sexo? ¿Por qué no, cuestiones relacionadas con la avaricia por poner un ejemplo, ya que le prometió vivir lujosamente? Ahí queda el tema. La tradición ha metido por medio el tema de la homosexualidad y no tanto la pederastia, porque hemos vivido reprimidos durante muchos siglos y era muy conveniente poner a San Pelayo como modelo de un joven casto. Yo no digo que no lo fuera – y puede ser casto tanto un homosexual como un heterosexual -, pero lo que si está meridianamente claro es que su valor le viene sobre todo, si no únicamente, por su fe inquebrantable en Cristo, por quién estuvo dispuesto a dar la vida.

        La reliquia de Córdoba es esa de la foto y está en el seminario porque este lo tiene como titular y porque, según la tradición, está construido sobre el lugar del martirio.

  2. Gracias, amigo Antonio, ya tenía ganas de que se hablase más extensamente de este niño mártir hispano.

    Sin pretender sentar cátedra con este tema, creo que puedo explicar el hecho de por qué un niño es entregado como rehén. Era una actitud frecuente en la Antigüedad y Edad Media; y, si se lee desde su contexto, perfectamente comprensible, aunque no justificable desde nuestra óptica actual. Como he dicho otras veces, eso de los Derechos del Niño es un invento del siglo XX. Estamos acostumbrados hoy día en las sociedades ricas occidentalizadas que los niños sean protegidos y tratados con cariño y respeto, como futuro de un pueblo que son. Pero si eso no ocurre actualmente en todo el mundo y en muchas partes los niños son explotados y prostituidos, ¿qué no ocurriría en la Edad Media y en la Antigüedad, donde valían menos que nada y en muchas partes se los abandonaba o asesinaba? En la mentalidad de la época, un obispo adulto era cien mil veces más valioso que un niño de doce años, por eso Pelayo fue entregado en lugar de su tío y eso debió pesar más bien poco a quienes hicieran la transacción, aunque fueran sus mismos padres. Por otra parte, era habitual, en cualquier intercambio de rehenes, que éstos fueran niños: así se les podía criar, educar y adoctrinar con los que lo acogían, con el “enemigo”, para asegurarse, al crecer, que fueran adultos leales a su causa. La política de los rehenes fue habitual en el Imperio romano y muchas pacificaciones de provincias se aseguraron así, con la entrega de rehenes niños de bárbaros que se convirtieron en adultos romanizados.

    Así pues, no tiene nada de raro que el niño Pelayo fuera intercambiado por su tío el obispo. Un niño no valía gran cosa, incluso les parecería barato el precio; mientras que quienes lo recibían, los musulmanes, podían ganar fácilmente un adepto más.

    Dicho esto, pasar a otro tema que quisiera comentar: el de la pederastia, que no el de la homosexualidad. Siempre hablamos de homosexualidad con el tema de San Pelayo, pero no estamos ante un caso de homosexualidad propiamente dicha, sino de pederastia. San Pelayo era un niño, no un joven.

    En este punto, tengo que romper una lanza en favor de Abd-al-Rahman III, aunque poco favor puede hacérsele. Pero yo jamás he leído en ninguna parte, en ninguna fuente histórica, que este emir omeya y primer califa fuera pederasta, mucho menos homosexual ni practicante de relaciones homosexuales. Sabemos que era un hombre cruel, un militar estricto, que tenía varias esposas y muchísimas concubinas como era habitual en la cultura árabe; y que, cuando éstas lo desafiaban en lo más mínimo, las maltrataba brutalmente. Pero en ninguna parte se dice que tuviese afición a los muchachos ni a los niños; sino que le gustaban las mujeres y tenía muchas. Las trataba como basura, sí, pero mujeres; no se dice nada ni de amantes varones, ni mucho menos de niños.

    Esto lo que yo sé, no soy una biógrafa de Abd-al-Rahman ni mucho menos; pero a mí me huele que esto de la pederastia y la homosexualidad es un “sambenito” que le han colgado las fuentes cristianas a este emir omeya que no necesita más sambenitos pues, al parecer, era un “bestia” de mucho cuidado. Una calumnia de la idiosincrasia cristiana que tenía a todos los musulmanes por pederastas y homosexuales; y es cierto que había algunas de estas prácticas en las cortes nobles islámicas -¡¡como en las cristianas, no te fastidia!!- pero el Islam las prohibía tan duramente como prohibía el alcohol y la carne de cerdo, vamos. Claro que una cosa es la teoría y otra la práctica, no?

    Pero de ahí a decir que Abd-al-Rahman era pederasta y homosexual cuando lo que se conoce de él es que tenía mujeres a mansalva y que las trataba como ganado… esto tiene tufillo, ¿no?

    Dicho esto, no cuestiono para nada el martirio de San Pelayo y de que murió por la fe cristiana; pero creo que de lo que trata el tema es que, como se hace con cualquier rehén, quisieron islamizar al muchacho para hacerlo “de los suyos” y él se negó; por lo que fue martirizado. Es mártir de la fe, que lo sea de la castidad, me cuesta ya más creerlo por lo que he dicho de Abd-al-Rahman; aunque no niego la posibilidad de que algún otro dignatario tuviese gusto por los niños o los muchachos y le tuviese echado el ojo.

    No digo más, ya he dado bastante el rollo.

    • Ana María,
      Muchísimas gracias por tu valioso comentario sobre los dos temas más candentes de esta historia: el intercambio del niño y las causas del martirio. Sobre lo segundo, acabo de responderle a Humberto, estando contigo de acuerdo en que si el sexo hubiera estado por medio, lo hubiera sido más por una cuestión de pederastia que de homosexualidad. Yo no tengo la formación histórica que tienes tu y por eso, no me atrevo a decir cómo era Abderramán III en estas cuestiones, pero me parece muy razonable tu posicionamiento.

      Sobre el tema del intercambio: es verdad que en la antigüedad, un niño valía muy poco comparado con un obispo, pero aun así yo no justifico la actitud del padre ni del tío y se que lo estoy mirando con ojos del siglo XXI y no del siglo X. De todas formas, eso es agua pasada.
      Lo realmente terrible es el que en muchos lugares del mundo – y no solo en el Tercero -, la vida de un niño no vale nada. Ayer leía precisamente que en algunas zonas de la India, las niñas de las familias pertenecientes a las castas más bajas, eran dedicadas con absolutamente normalidad a satisfacer los deseos sexuales de los mayores. Me horroricé al leerlo, pero por desgracia es así y esto es solo un ejemplo de los miles o millones que hay.
      ¿Y quién puede afirmar con rotundidad que de hecho, aun hoy en día y en nuestros paises civilizados, la vida de un obispo (por poner un ejemplo) no vale más que la vida de un niño? Eso es una auténtica aberración. La vida del monaguillo más simple vale tanto como la del Papa y la del drogadicto más degradado, vale tanto como la de un rey. Eso es así, pero eso no lo consideramos así. ¡Dios nos ampare!

      • No puedo estar más de acuerdo contigo, es sorprendente lo poco que hemos avanzado en algunos aspectos desde la Edad Media. Para muestra un botón: ya que estamos hablando de Abd-al-Rahman III, comentar que el historiador Ibn Hayyan -uno de los suyos, vaya- dice que en una ocasión mandó quemar el rostro de su concubina favorita porque ésta le había rechazado al estar él borracho y haber intentado morderla. ¿En qué se parece eso a las mujeres de la India y Pakistán que son quemadas con ácido? En casi todo, ¿verdad?

        San Pelayo, aunque no se viese necesariamente abusado ni víctima de propuestas lujuriosas, ruegue por todas las mujeres y los niños explotados y abusados del mundo, víctima de predadores, de seres desalmados o, simplemente, de la indiferencia de los que no son ni una cosa ni otra.

        • Yo, estoy de acuerdo contigo en que tanto la Biblia como el Corán condenan las conductas homosexuales, y que también en todos los sitios “cuecen habas”, pero hay costumbres curiosas que a nosotros nos llaman la atención y te pongo un ejemplo. Yo he estado varias veces en Marruecos y allí es normal ver por la calle paseando a dos amigos cogidos de la mano aunque sean hombres, o aunque sean mujeres. Si aquí vemos por la calle a dos hombres paseando cogidos de la mano y está claro que no son padre-hijo, o abuelo-nieto…. son homosexuales. ¿Pueden estas costumbres alimentar el bulo de que entre los musulmanes hay más homosexuales que entre los cristianos? Yo si que creo que hay más homosexuales musulmanes que homosexuales cristianos, pero únicamente porque en el mundo hay algunos cientos de millones de musulmanes más que de cristianos y claro, siendo tanta la diferencia numérica….

          Y otra cosa: ¿Qué decimos de la costumbre del monacato medieval de “besarse en la boca” entre los abades? ¿Forzosamente tenían que ser homosexuales, si solo era una costumbre?
          Hay tanta tela que cortar en estos temas….

  3. Antonio me alegra ver que se publica de nuevo otro articulo de San pelayo,en este caso narrando su corta vida y martirio.
    Cuando se publico el articulo sobre sus reliquias pensaba que ya no veria nada mas en este blog sobre el adolescente santo,pero veo que me he equivocado.

    Sobre el tema de la supuesta homosexualidad (o bisexualidad) de Abd-al-Rhaman III poco puedo decir.
    Ana Maria es la historiadora,yo no he leido ninguna biografia de este califa,pero el hecho de que ya se narrara ese suceso en aquella epoca puede que le de rasgos de veracidad,aunque como comenta Ana Maria a los musulmanes se les media a todos con la misma vara.
    Yo me quedo con el hecho de que fue un martir.
    ¿Que no lo sea de la pureza?.Pues bien,hay otros casos como los Martires de Uganda o uno de los martires de la guerra civil de los que hable,(ahora mismo no me viene a la cabeza el nombre).
    Haber santos o beatos martires masculinos de la pureza los hay,pero pocos admitidos como tales.

    • En eso tienes mucha razón, Abel: en que habrá varones mártires de la pureza, pero admitidos, bien pocos, vete a saber cuántos y cuáles. San Pelayo no lo creo por lo que ya se ha dicho. Es más, creo que popularmente esto se habrá tapado “por vergüenza”, ya sabemos lo que la cultura cristiana ha pensado y sigue pensando de la homosexualidad.

      Creo que fue Abu-abd-Allah (más conocido como Boabdil) el rey musulmán hispano al que le atribuyeron bisexualidad por tener entre sus amantes a algún hombre además de mujeres; pero él y Abd-al-Rahman III son personas distintas y muy alejadas cronológicamente uno de otro, ni siquiera pertenecientes a la misma dinastía. Y no me meto ya en la cuestión básica de que experimentar con prácticas homosexuales no supone necesariamente tener una orientación homosexual. Simplemente creo que, como Boabdil tenía este sambenito, se lo colgaron a muchos otros reyes y nobles musulmanes.

      Esto es por especular: quién sabe si con “afeminados mancebos” Pelayo se estaría refiriendo a los eunucos y no necesariamente a otra cosa. Ya sabemos lo que la castración hace a las hormonas de los muchachos, el crecimiento se congela y no llegan a experimentar una pubertad sana… manteniendo un aspecto semi-infantil y una voz atiplada, lo que en adultos se tiene por “ser afeminado”. Eunucos sí que había en todas partes, pero no tenían por qué ser amantes de nadie, aunque sí eran esclavos y podían ser requeridos sexualmente como cualquier esclava. Básicamente eran los guardianes de los harenes.

      • Llevas razón, Abel. El otro día lo dijiste sobre San Wenceslao y hoy sbre San Pelayo. ¡Tenemos tantos temas pendientes, que nos faltan muchos años de blog para poder ir tratándolos!

        Yo estoy de acuerdo contigo que ha habido y aun hay muchos varones cristianos mártires de la pureza. Eso no lo pongo en duda, pero en el caso de San Pelayo, yo no lo tengo tan claro. No lo niego en redondo, pero me atrevería a “ponerlo en cuarentena”. Lo que está claro es que fue un valiente cristiano que nos ha de servir de modelo tanto a jóvenes como a adultos.

  4. Antonio pues gracias por darnos a conocer algo sobre San Pelayo del que no había escuchado, por lo general los Niños santos y mártires antiguos casi siempre están rodeados de leyendas y este no fue un caso aislado, yo no puedo comentar mucho al respecto pues desconozco mucho referente a la invasión musulmana a España pero no cabe duda que San Pelayo fue un mártir de Cristo que ahora ruega por nosotros.

    • Estimado André,
      Los musulmanes estuvieron en la Península Ibérica casi ochocientos años y en esos años pasó de todo: momentos de muchísima tensión y persecuciones por ambas partes y momentos de coexistencia pacífica entre las tres religiones monoteistas.
      En el califato de Córdoba también pasó de todo porque cada califa tenía su forma de actuar. Hubo momentos de persecuciones y hubo momentos de colaboración hasta incluso con los obispos católicos.
      A San Pelayo le tocó vivir en uno de los peores momentos y fue moneda de cambio entre unos y otros. Pagó las consecuencias porque predominó en él su fidelidad a Cristo.

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