Santa Pelagia, mártir de Antioquía

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Hace un tiempo nuestro amigo y compañero Antonio nos presentaba a Santa Pelagia de Jerusalén, una famosa penitente cuya identidad, en realidad, está en parte tomada de la mártir homónima que conmemoramos hoy, Pelagia de Antioquía. En efecto, el Martirologio Siríaco, del siglo IV, dice el 8 de octubre: “ad Antiochia Pelagia” y ese mismo día el Martirologio Jeronimiano hace idéntica conmemoración.

El que tengamos un mayor conocimiento de esta mártir se debe a San Juan Crisóstomo, el cual, según la tradición, dedicó dos homilías a esta mártir. San Ambrosio tenía conocimiento de ella y la menciona dos veces en su obra De virgínibus y en la Epístola XXVII ad Simplicianum, alterando ligeramente su historia; porque la presenta como hermana de las mártires Berenice (Verónica) y Prosdocia (o Proscudia), que también eran de Antioquía. Al menos que de las intenciones del obispo de Milán, este término no deba tomarse sensu lato, por el hecho de que las otras dos dieron sus vidas por mantener su virginidad; como veremos que le ocurrió también a nuestra mártir de hoy.

Historia de la Santa
Según San Juan Crisóstomo, en tiempos del emperador Numeriano, Pelagia -nombre griego que significa “mar profundo”- era una joven cristiana de quince años, perteneciente a una familia antioquena de alto rango, que fue buscada por orden del gobernador; con toda probabilidad, para comparecer ante el tribunal y ser obligada a sacrificar a los dioses. Los soldados encargados de arrestarla rodearon su casa paterna a fin de capturarla, y, encontrándose sola y sin que nadie pudiese ayudarla; después de que ella lo pidiese, le dieron algo de tiempo para que se cambiase de ropa; a fin de presentarse más decentemente vestida ante el magistrado que la convocaba.

Pelagia, que no debía tener un pelo de tonta, era consciente de los ultrajes a los que se vería sometida a causa de su virginidad. Era muy probable que los soldados abusaran de ella pues, como ya hemos dicho en otras ocasiones, la ley romana prohibía la ejecución de vírgenes, que eran violadas para que se pudiera llevar a cabo la sentencia. De modo que ella, sabiendo lo que se le venía encima, rogó a Dios que la preservase de las manos de sus agresores y, subiendo al lugar más alto de su casa, se arrojó a la empedrada calle, matándose en el acto y huyendo así, con una muerte voluntaria, del deshonor al que iba a ser sometida.

Eusebio de Cesarea hace probablemente alusión a ella cuando dice que “huyendo de la prueba, antes de caer en manos de los adversarios, se precipitó voluntariamente desde lo alto de la casa, pensando que morir era huir de la crueldad de los impíos”. Esta afirmación es confirmada por el hecho de que, inmediatamente después, Eusebio hace mención de las muertes de Berenice y Prosdocia, otras dos cristianas que se dieron muerte a sí mismas -arrojándose a un río- cuando se vieron en peligro de ser violadas por los soldados.

La Santa se escabulle de sus agresores. Grabado a partir del Menologio de Basilio II.

La Santa se escabulle de sus agresores. Grabado a partir del Menologio de Basilio II.

Dice, pues, San Juan Crisóstomo: “(…) la bendita Pelagia corrió a encontrarse con la muerte con tanto deleite, que no esperó a las manos del verdugo ni fue al tribunal, sino que escapó de sus crueldades por el exceso de su propio entusiasmo. Porque aunque estaba preparada para torturas, castigos y cualquier tipo de pena, también tenía miedo de ver destruida la corona de su virginidad. En verdad, podéis ver que ella temía la depredación sexual de hombres impíos, de modo que se adelantó a ellos y se destruyó a sí misma, anticipándose a la violencia vergonzosa. Ningún hombre cristiano ha intentado nunca esto. Comparecieron ante el tribunal y desplegaron su coraje allí. Pero las mujeres, que por naturaleza son más vulnerables al daño, concibieron para ellas mismas este tipo de muerte.”

Intentando de alguna manera justificar lo que es, a todas luces, un acto de suicidio, el Santo prosigue diciendo: “Mi opinión es que, si hubiese podido preservar su virginidad y obtener la corona del martirio, ella no habría rehusado ir al tribunal. Pero como era inevitable perder una de las dos, pensó que esto sería una estupidez, siendo posible obtener las dos victorias, mejor que partir de este mundo tan sólo medio coronada. Por esta razón ella no quiso ir al tribunal ni convertirse en un espectáculo para ojos lujuriosos, o dar oportunidad a ojos depredadores de verse revelada ante su vista y ver cruelmente insultado su santo cuerpo. En lugar de eso, ella pasó de su habitación y de las dependencias de las mujeres a otra morada: el cielo…”.

“No miréis superficialmente lo que sucedió, mas considerad cómo debió ser criada esta gentil muchacha, sabiendo que no había nada más allá de su cámara, mientras los soldados se alzaban en masa contra ella, de pie en su puerta, convocándola al tribunal, arrastrándola por el mercado y por todo tipo de sitios. No estaba allí su padre, ni su madre, ni su nodriza ni ninguna asistente femenina, ningún vecino, ninguna amiga. Fue abandonada en manos de esos verdugos. Quiero decir ¿cómo no puede ser correcto que estemos estupefactos y maravillados porque ella tuviese la fortaleza para salir y responder a esos soldados ejecutores, de abrir su boca y pronunciar un sólo sonido, de mirarlos, permanecer de pie, respirar? (…) Además de lo dicho, me maravillo de cómo los soldados le permitieron ese favor, de cómo la mujer engañó a los hombres, de cómo ellos no se dieron cuenta del engaño…”.

Grabado de la Santa, obra de Joost Van Der Vondel.

Grabado de la Santa, obra de Joost Van Der Vondel.

Concluye diciendo que, aunque era habitual que muchas mujeres se quitaran la vida antes que verse violadas, y, por tanto, ellos deberían haberse “olido” el asunto, Dios cegó el entendimiento de los soldados para que cayesen en el engaño de Pelagia. Y que la mártir falleció, no de la caída desde tan alta altura -puesto que se han dado ejemplos de gente que no muere de este tipo de caídas- sino porque Dios tomó su alma para evitar el escarnio. Naturalmente, ésta es la opinión de San Juan Crisóstomo, pues, recordemos, se trata de un sermón, un elogio.

Culto y festividad
La homilía de San Juan Crisóstomo fue pronunciada con ocasión de la festividad de la Santa, el día 8 de octubre. Los sinaxarios bizantinos la conmemoran este día, pero la memoria de Pelagia se conmemora también el día 9 de junio. El calendario Palestino-georgiano del Sinaítico 34 hace conmemoración de la mártir el día 7 de octubre y diversos calendarios jacobitas la señalan en la fecha tradicional del día 8.

En Occidente, el culto de Santa Pelagia permaneció ignorado en estos días, celebrándose el día 19 de octubre, fecha en la cual, en base al Martirologio de Floro, la tomaron el resto de los martirologios históricos, dedicándole el siguiente elogio: “In Antiochia Syriae, sanctórum martyrum Beronici, Pelagiae et aliorum quadraginta et novem”, elogio que se encuentra en el Martirologio Romano, ese mismo día y apenas modificado. La presencia de Pelagia junto a Berenice se explica porque, como ya hemos dicho, ambas eran ciudadanas antioquenas y por su mismo género de muerte voluntaria.

El prestigioso bolandista Delehaye defiende que la mártir de Antioquía es la que ha dado origen a las otras dos Pelagias: la de Jerusalén -la penitente- y la mártir de Tarso -de la cual hablaremos en otra ocasión-; y que de la existencia de ésta de Antioquía no hay ningún género de dudas; porque la mencionan y recuerdan fuentes tan ilustres como San Ambrosio, San Juan Crisóstomo y Eusebio de Cesarea.

¿Martirio?
Como hemos podido ver, esta virgen antioquena, al igual que otras que se quitaron la vida para no verse violadas, siempre ha sido considerada mártir y nadie jamás ha puesto en duda esta característica suya. Pero acaso hoy en día esto se nos antoje extraño; es más, se nos antoje incomprensible que una persona que ha cometido suicidio pueda ser considerada Santa.

Reliquias de la Santa en Jouarre, Francia.

Reliquias de la Santa en Jouarre, Francia.

Recordemos que aparte de Santas como Pelagia, Domnina, Berenice, Prosdocia, Pascasia y otras que se dieron muerte para evitar la violación – a la cual se añadiría una de las nueve hermanas legendarias de Santa Quiteria, Eufemia, que habría saltado por un precipicio para huir de los soldados de su padre, que la perseguían- está el célebre caso de Santa Apolonia, la diaconisa alejandrina que se arrojó, voluntariamente, a las llamas de la hoguera con que pretendían quemarla. En su caso, como ya comentamos, probablemente la impulsó el temor de ceder ante las presiones y el dolor de la tortura que había sufrido más que el temer por su virginidad, pero el resultado fue el mismo.

Ya hemos visto las razones que aduce San Juan Crisóstomo para no poner en tela de juicio la fatal decisión de Pelagia. En el pasado, los suicidas eran duramente juzgados por la Iglesia: se creía que su destino era indudablemente el infierno y no se permitía que fuesen enterrados en tierra consagrada. Hoy, la actitud hacia el suicida es más compasiva, porque quizá no estemos en derecho de juzgar un dolor tan grande o una desesperación tan extrema que conduzca a una persona a poner fin a su propia vida. Pero el caso de Pelagia y de otras mártires cristianas que no esperaron a sufrir más y que terminaron ellas mismas con su vida -por las razones que fuesen- son una interesante muestra de la transición entre la mentalidad grecorromana antigua -que, al igual que la asiática, veía el suicidio como un acto honorable y justificado- a la mentalidad cristiana altomedieval, más intransigente con este tipo de actos; en una línea muy fina que divide la muerte por honor y el suicidio injustificado. El debate está servido.

Que Santa Pelagia, mártir de Antioquía, ruegue por todas las mujeres y menores abusados y ultrajados del mundo; y socorra y asista misericordiosamente a los que, llevados por la desesperación y el sufrimiento, no ven una salida a su situación.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova, Roma 1984.

Enlaces consultados (02/10/2014):
– 365rosaries.blogspot.com.es/2011/10/october-8-feast-of-two-saint-pelagias.html
– ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Pelagia
– www.johnsanidopoulos.com/2009/10/three-female-christian-responses-to.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “Santa Pelagia, mártir de Antioquía

  1. Un martirio un poco polemico, ya que hoy en dia podria considerarse como suicidio, pero San Juan crisostomo sostenia que esa muerte no podria considerarse suicidio como tal, ya que fue una inspiracion de Dios antes de perder la hermosa virtud de la castidad, ya que era novia de cristo, me recuerdo tambien del caso de la Beata Alejandrina da Costa (1904-1955) que prefierio lanzarse de la planta alta de su casa antes de que fuese violada, aunque esta ultima se salvo pero por las fracturas quedo postrada en cama de por vida. en estas vidas vemos la renuncia misma de sus vidas por no violar su consagracion a cristo de preservar la viriginidad.

    • Gracias por tu comentario, Juan. Bueno, yo tengo mis reparos en que Dios pueda inspirar a una persona el tirarse desde un sitio alto para matarse; tampoco creo que lo inspira el demonio: creo que un acto tan terrible sólo puede inspirarlo el dolor más intenso o la desesperación más profunda, como ya he dicho en el artículo. Respeto profundamente la interpretación de Crisóstomo y yo no soy quién para cuestionar a un Santo, pero sí es cierto que estamos ante un sermón, una homilía en elogio a una mártir, y que él tenía que decir lo que tenía que decir para que no pareciese que estuviese defendiendo un suicidio. Porque lo de Pelagia fue un suicidio, ya podemos darle las vueltas que queramos. Esta pobre niña -porque con quince años, ayer y hoy, no se es mucho más que una niña- hizo lo que hizo porque no vio salida a su situación y no quería verse entre los brazos de los soldados; pero tampoco en el tribunal del magistrado, ni en la picota de los azotes, ni en el potro de tortura; porque seguramente sabría que si lo primero sería insoportable, lo siguiente sería mucho peor.

      Dicho esto, que nadie piense que cuestiono en lo más mínimo la santidad de esta mártir cristiana. Que piense que lo suyo es martirio propiamente dicho o no ya es más personal, pero no tengo interés en cuestionarlo. Si ha valido para tantos, vale para mí. Indudablemente Pelagia fue una víctima de la brutalidad de las persecuciones y en ese sentido tanto da que la mataran otros o que se matara ella. Como Apolonia, Domnina, Verónica o Proscudia, se adelantó a morir sabiendo que quizá, puesta en la tortura, hubiese flaqueado en la confesión de la fe.

      Por último; Juan, la comparas con la Beata Alexandrina da Costa. Yo no lo haría, pero ésta es mi opinión personal. Alexandrina saltó por una ventana para escapar de un abuso sexual, y dudo mucho que su intención fuera matarse. Pelagia saltó de su tejado con toda la intención de morir; sabiendo que no podía escapar. No es lo mismo.

      Yo tampoco diría que era “novia de Cristo” (supongo que con esto te refieres a virgen consagrada). Esto no lo dice en ninguna parte, ni Crisóstomo, ni ninguna otra fuente. Alabar la virginidad de una Santa o el celo con que ésta la guardaba no significa que estemos ante una virgen consagrada necesariamente. No demos por sentado cosas que no sabemos.

  2. Muchas gracias, Ana María, por este artículo sobre Santa Pelagia de Antioquia.
    Dando por hecho que es santa, virgen y mártir porque no quiso renegar de su fe ni sacrificar a los dioses, y centrándome solo en que era una joven adolescente, yo me pongo en el pellejo de cualquier niño o joven que sabe que lo van a maltratar e incluso matar. Si puede ¿qué va a hacer si no es huir? Y que en esa huida pueden originarse percances, incluso mortales, ya es de sobras conocido. Yo eso no lo veo como suicidio, sino huída cargada de miedo que puede desembocar en algo peor y que de hecho, desembocó.

    Y si hablamos de suicidios, ¿qué decimos entonces de los santos mozárabes, todos adultos y conocedores de lo que les podía pasar cuando iban voluntariamente a provocar a los musulmanes buscando el martirio? ¿Eran también suicidas? Pues los veneramos como santos y sin rechistar.

    • Gracias, Antonio. Bueno, te digo lo mismo que a Juan: cuando Pelagia saltó del tejado de su casa, dudo mucho que pensara que iba a llegar ilesa al suelo. Si era lo suficientemente lista como para imaginarse lo que esos soldados le iban a hacer, también sabría que se iba a matar de la caída, o no hubiese elegido el tejado para saltar. No fue un percance, fue intencionado. Quien espera escapar no elige el tejado, sino una ventana, una puerta trasera… Pero ella no vio salida y por eso se tiró.

      Hablas de los que se presentaron voluntariamente ante el tribunal y los que iban fastidiando a las autoridades para que los condenaran. Esos, para mí, más que suicidas, son fanáticos. Y sí, unos y otros los veneramos como Santos cuando a otros en la misma situación los condenamos. Dobles raseros los hay para todos los gustos.

  3. Gracias por este artículo Ana María. Me has puesto a reconsiderar la opinión que tenía sobre esta santa, a quien las últimas referencias posteriores al Vaticano II, consideran una sola persona con las otras dos santas homónimas de Antiiquia y Tarso. Me parece extraño que mientras hay posturas sobre santos cuya historia los hacen parecer apócrifos, haya también santos históricos que pretenden fusionar con otros o de plano negar su existencia.
    Quiero hacerte un comentario sobre el suicidio: éste siempre será considerado por la Iglesia como pecado, pues sólo Dios puede disponer de la vida. La postura que se tiene hacia el suicida es la que cambia, pues para que un acto sea considerado como pecado tiene que tener libertad, consentimiento y conciencia del acto. Una persona que se suicida muchas veces tiene trastornos que limitan o suprimen alguna de estas condiciones. Por lo cual no puede asegurarse que se comete un pecado. Quien comete suicidio se encomienda a la musericordia de Dios, quien tiene la última palabra. Recordemos que el individuo tiene hasta la última fracción de segundo antes de morir para arrepentirse. Ahora bien, hay una opinión generalizada que dice que una persona puede tener una muerte clínica, pero su alma no se desprende inmediatamente. Ese lapso de tiempo la persona se puede arrepentir y es incluso cuando la absolución se puede dar bajo condición: “sí vives, yo te absuelvo en…” Hay quien dice que en tiempo de calor el alma se desprende menos rápido que en tiempos de frío.
    Cosa muy distinta es asegurar que todos los que se suicidan se salvan.
    Los funerales que se hacen para los suicidas, a parte de encomendarlos a la bondad de Dios, también tienen la función pastoral de dar consuelo a los deudos ante tan trágico desenlace.
    Espero que pronto se publique la biografía de Santa Pelagia de Tarso.

    • Muchas gracias, Humberto, por tu interesante comentario. Yo a los suicidas no los juzgo ni lo haré jamás, su situación me produce horror y compasión y quisiera que nadie se viera en esa tesitura.

      Efectivamente, mientras la Pelagia de hoy es una mártir histórica, la cosa se complica en el caso de las otras dos, que parecen ser un desdoblamiento de ésta. Prometo escribir sobre la niña mártir de Tarso cuando proceda.

  4. Es terrible el destino de las martires que se ven “forzadas” al suicidio Ana Maria.
    Forzado no porque las obligaran a ello,sino porque la situacion que se les presentaba era monstruosa sabiendo a ciencia cierta lo que harian con ellas.
    Para mi son martires ,lo de suicidio en este caso hay que cogerlo con pinzas.
    Esta claro que ella no deseaba la muerte hasta que se presentaron los soldados encargados de arrestarla.
    Obviamente ella es martir porque iban a arrebatarle su pureza en primer lugar.

    • Gracias, Abel. Yo tampoco puedo discutir tu opinión y la Santa me merece todo el respeto del mundo. Intento ponerme en su lugar y no puedo culparla, porque aunque yo no habría tenido valor para saltar desde un tejado, probablemente luego sí habría flaqueado en el tribunal o en la tortura. Así que, ¿quién soy yo para juzgarla?

  5. El caso de esta Santa Pelagia lo conozco desde hace tiempo y siempre me ha llamado la atención por eso de ser un suicidio, aunque no cabe duda que también es martirio. Por otro lado comentarte que aquí en México las antiguas culturas mesoamericanas tenían una concepción sobre los suicidios muy diferente pues ellos lo consideraban el acto de valor más grande y por eso existía un cielo especial para los suicidas y por si fuera poco tenían una diosa patrona Ixchel que también según las leyendas se había suicidad ahorcándose, lógicamente esta cosmovisión cambio mucho al llegar el cristianismo.

    • Gracias, André. No sería la única cultura; de hecho, lo más habitual en la Historia de la humanidad ha sido considerar el suicidio como un acto honorable y digno de admiración, no como un pecado; algo exclusivo, hasta lo que yo sé, de las religiones monoteístas.

      Así, tanto en la antigua Grecia como en Roma el suicidio era un acto dignísimo y admirable, cuando no se podía vivir ya honorablemente. Por ello, en las clases nobles romanas, cuando se caía en desgracia políticamente, solía condenarse al culpable a que se suicidara, para darle la oportunidad de morir honorablemente y dejar un buen recuerdo a sus congéneres. Pero irónicamente, esto no estaba bien visto por los dioses y por eso, el que amortajara el cuerpo del suicida debía cortarle las manos y enterrarlas aparte, para que cuando el difunto se presentara ante los dioses, éstos no pudieran verle las manos mancilladas con el suicidio.

      Tú que eres aficionado al manga y al anime japonés, también sabrás que en el Japón mal llamado “feudal”, el suicidio también era bien visto y alentado cuando no se podía vivir con dignidad, realizado en forma del brutal ritual de destripamiento conocido como seppuku, en el caso de los varones, o el degollamiento en el de las mujeres. Y bueno, así en otros mil casos.

      La constante histórica ha sido ver el suicidio como un acto honorable de valor y dignidad y estoy persuadida de que un resquicio de eso queda en la interpretación benevolente del suicidio de Pelagia que hace Crisóstomo, pues queramos o no, por más cristianos que fueran, se habían criado como todos en el Mediterráneo de aquella época: nietos de Grecia e hijos de Roma.

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