El padre Teofil Părăian de Sâmbăta de Sus

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Padre Teofil Paraian.

Fotografía del Padre Teofil Paraian.

El padre Teofil Părăian es uno de los más populares líderes espirituales contemporáneos de la ortodoxia rumana, conocido por su equilibrio en el ascetismo, por ser un confesor lleno de humor y buen sentido y muy querido entre las nuevas generaciones. El 29 de octubre de este año habrán pasado cinco años desde su fallecimiento en su monasterio, en Sâmbăta de Sus, cerca de las montañas Făgăraș en Transilvania.

El padre Teofil Părăian nació el 3 de marzo de 1929 en el pueblo de Topârcea, cerca de Sibiu, siendo el hijo mayor en una familia de cuatro hijos, siendo bautizado con el nombre de Ioan (Juan). Pero comenzó su vida con una seria deficiencia en la vista. A la edad de dos años se quedó completamente ciego, por lo que tuvo que estudiar en una escuela para niños invidentes en Cluj (1935-1940), posteriormente en Timișoara (1942-1943) y después en el liceo normal C.D. Loga de la misma ciudad, donde terminó el bachillerato en 1948. Durante sus estudios conoció a otro famoso padre espiritual, Arsenio Boca, que le enseñó la oración de Jesús.

Preocupado por la vida espiritual, Ioan ingresó en 1948 en el Insituto Teológico de Sibiu, que terminóm en 1952 y poco después -en abril del año siguiente- entró como novicio en el monasterio Brâncoveanu de Sâmbăta de Sus. Fue tonsurado durante la fiesta de la Dormición de la Theotokos ese mismo año y tomó el nombre de Teofil (Teófilo, “amante de Dios” o “amado de Dios”). Su situación inusual no estaba acorde con los cánones ortodoxos respecto a la ordenación, aunque el metropolita Nicolae Colan de Transilvania lo ordenó de diácono en la misma fiesta siete años después (1960). Sirvió como diácono durante un largo tiempo hasta el 13 de mayo de 1983, cuando el metropolita Antonie Plămădeală lo ordenó sacerdote. En 1986 recibió el título de Protosynkelos y en 1988, en otra fiesta de la Virgen (su Natividad) recibió el título de archimandrita.

Los cánones de la Iglesia Ortodoxa son muy claros acerca de las cualidades que un hombre debe tener para ser sacerdote, y un ciego es rechazado simplemente por el hecho de que no puede cumplir con el servicio de la Divina Liturgia, el sacramento más grande, al no ser sólo un servicio de oración y canto, sino también de gestos religiosos. La partición del Santo Pan, que se convierte en el verdadero Cuerpo de Cristo, es un gesto que precisa mucha atención, para que ni la más mínima partícula se pierda. Por otra parte, se necesita la integridad humana porque el sacerdote simboliza la perfección de la humanidad.

El padre Teofil Paraian celebrando la Divina Liturgia.

El padre Teofil Paraian celebrando la Divina Liturgia.

Sin embargo, las cualidades espirituales del padre Teofil convencieron a los dos metropolitas de no aplicar los cánones eclesiásticos. Sin ser poético, se podría decir que en lugar de ojos corpóreos, el monje Teofil tenía muy buenos ojos espirituales. Es más, los metropolitas que decidieron tener el valiente gesto de ordenarlo, eran hombres de gran apertura y auténticos visionarios.

El padre Teofil no fue tan famoso en tiempos comunistas, debido a la relativa falta de libertad espiritual. Después de la caída del telón de acero, él empezó a recibir visitas de estudiantes y más tarde fue invitado a conferenciar en casi todas las universidades de Rumanía, especialmente durante los cuatro ayunos del año. Personalmente estuve presente en algunas de sus conferencias en la gran aula de la universidad de Galați en los años en que estudié en el seminario y quedé encantado con la belleza de su discurso, en el cual el optimismo, humor, amor a la vida y equilibrio eran los condimentos más importantes. Una vez, durante un viaje con un coro de seminaristas y chicas de la Escuela Pedagógica, a la cual pertenecí, le visitamos en Sâmbăta y nos recibió con una gran sonrisa, pidiéndonos que le cantáramos canciones populares. Nos dijo que no nos escandalizáramos porque a un monje le gustara oír canciones profanas, porque a él le gustaba la belleza y sabía que ésta no puede hacer daño alguno.

Tuvo muchos hijos espirituales, y algunos de ellos tomaron el nombre de Teofil como un gran honor. El más famoso de ellos probablemente es el obispo vicario Sofian de la Archidiócesis Rumana en Alemania. Según él, el padre Teofil fue invitado a más de 200 conferencias y en más de cuarenta ciudades durante 17 años, lo que es una gran actividad para un hombre de su discapacidad.

Fotografía del Padre Teofil Paraian.

Fotografía del Padre Teofil Paraian.

El padre Teofil vivió en Sâmbăta durante 56 años, por lo que el monasterio y el gran confesor se hicieron tan afines hasta la confusión en la mentalidad común de los rumanos ortodoxos. Sus oraciones, conferencias y diálogos fueron puestos por escrito hasta 2009 en 40 libros diferentes y muchos audio CDs y DVDs. Pero más que un gran orador, él era un destacado confesor y consejero para todos aquellos que acudían a confesarse con él. Solamente en sus últimos años empezó a ser difícil estar con él, debido a su edad y a sus problemas de salud. El padre Teofil falleció, tras sufrir durante varios meses, el 29 de octubre de 2009, a los ochenta años de edad. En sus funerales participaron muchos obispos y sacerdotes, pero también gente de todo el país. El patio interior del monasterio quedó prácticamente anegado de peregrinos que venían a decirle adiós. Fue enterrado en una tumba en el monasterio, que es hasta hoy lugar de peregrinación.

Las enseñanzas del padre Teofil
El archimandrita Teofil Părăian fue un gran amante de la cultura. A pesar de su ceguera ha leído mucho y tenía una gran memoria, así que aprendió de memoria muchos poemas, que gustaba de citar durante sus charlas. Solía decir que en la vida le habían ayudado dos cosas, la fe en Dios y la cultura, que él entendía que estaban fuertemente conectadas.

En su teología, el padre Teofil estaba muy próximo a los estudios bíblicos, y especialmente al Nuevo Testamento, estando interesado en soteriología, de modo que tomaba la Escritura no como un científico sino más bien como un hombre preocupado por su propia salvación y la de otros. La Biblia era para él un icono de palabras y un camino para conocer a Cristo. Pero el padre espiritual tenía también una relación estrecha con las enseñanzas de la Philokalia, el tesoro monástico de interpretación bíblica. La oración de Jesús, muy presente en las enseñanzas del padre filocálico, fue muy importante para él como forma de disciplina espiritual.

Incluso aunque no podía celebrar la Divina Liturgia solo, estaba muy próximo a la vida litúrgica. Entendía los servicios de las iglesias como el camino más práctico de enseñar la fe y muchas de sus predicaciones solían tener como tema principal una de las oraciones litúrgicas, que él explicaba como el núcleo de la fe ortodoxa. En sus palabras, la participación de los fieles en los sacramentos de la Iglesia era el aprendizaje activo de las bases de las enseñanzas cristianas. En una conferencia en Brașov, en 2007, dijo: “La enseñanza de nuestra Iglesia está contenida en los servicios, y no sólo en los libros y en las tradiciones. ¿Cuál es la ventaja del servicio litúrgico, cuando aprendemos durante la oración y cuando rezamos curante el ejercicio de aprendizaje? ¿Cuál es la ventaja de esta situación? Es ésta: estamos aprendiendo de un modo activo, aprendemos al rezar. Aprendemos nada sobre Dios cuando aprendemos sobre Dios, pero generalmente aprendemos con Dios sobre Dios, aprendemos las verdades de Dios en Su misma presencia. Cuando participamos de los santos servicios, experimentamos quién es Jesucristo para nosotros y cómo debemos imaginar a Jesucristo como salvador. No sólo el clero es el que sirve en los santos servicios de la Iglesia, sino todos los cristianos.

Fotografía del padre Paraian con el Coro Camerata Juventus del Seminario Sacerdotal y la Escuela Pedagógica de Garati. Sambata de Sus, Rumanía, año 1997.

Fotografía del padre Paraian con el Coro Camerata Juventus del Seminario Sacerdotal y la Escuela Pedagógica de Garati. Sambata de Sus, Rumanía, año 1997.

El padre Teofil no estaba de acuerdo en que los cristianos, y especialmente los monjes, ejercitaran un ascetismo extraordinario, sino que era partidario de una vida de equilibrio, en el cual la oración, el descanso nocturno y el ayuno eran partes de una vida normal, evitando cualquier exceso. Respecto a la Santa Eucaristía, creía que la participación en la comunión debía ser lo normal en la vida, una idea que no era muy popular en su época, pero que tiene muchos defensores incluso hoy.

El optimismo del padre Teofil le hizo muy popular, especialmente entre los jóvenes. Casi todas sus charlas en las unversidades se deben a invitaciones de asociaciones de jóvenes ortodoxos, como ASCOR (Asociación de Estudiantes Cristianos Ortodoxos) y LTOR (Liga de la Juventud Ortodoxa), con filiales en las grandes ciudades de Rumanía. Tenía muchos contactos con el mundo académico rumano, pero también con teólogos de Europa occidental, siendo un orador que dominaba el alemán. No era un ecumenista abierto, pero no estaba de acuerdo con discutir en polémicas confesionales. En lugar de eso, predicada una unidad interior de la fe, que es la única solución a la falta de soluciones teológicas.

Fotografía del multitudinario funeral del Padre Teofil Paraian. Monasterio Brancoveanu, Sambata de Sus (Rumanía).

Fotografía del multitudinario funeral del Padre Teofil Paraian. Monasterio Brancoveanu, Sambata de Sus (Rumanía).

El padre Teofil no es conocido ni como milagroso, ni como profeta. Su discurso no suscitaba ningún exceso ni celo en la defensa de la fe ante enemigos reales ni imaginarios, pero estaba lleno de amor, lo que se oía sólo con la sencilla tonalidad de su voz y lo radiante de su rostro. Aunque sus ojos siempre estaban cerrados, cualquiera que se encontraba con él podía dar fe de su aura, que era, definitivamente, la de un Santo.

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

5 pensamientos en “El padre Teofil Părăian de Sâmbăta de Sus

  1. Gracias, Juan, por este artículo sobre el padre Teófilo Paraian al que tuviste el honor de conocer personalmente.
    Hay algunas cosas que especialmente me admiran de este hombre: su sentido del humor, el no buscar controversias en materias que afectasen al ecumenismo (no lo promovía pero tampoco lo atacaba) y su forma de contactar con la gente, especialmente los jóvenes.
    No lo tuvo fácil en la vida ya que la ceguera hay que reconocer que es una grave disminución física que condiciona mucho, pero tuvo que ser un gran hombre como para que dos obispos lo ordenasen aun en contra de las normas disciplinarias o exigencias requeridas para toda ordenación. Los obispos fueron valientes, pero él también.

  2. Gracias, Mitrut (¿o prefieres que te llamemos ahora Ioan?) por hablarnos de este sacerdote ortodoxo al que tuviste la suerte de conocer. Coincido mucho con su teología del amor, del equilibrio y del amor a la vida y la belleza. Otro gallo nos hubiera cantado de haber tenido más jerarcas así, tanto en una Iglesia como en otras, lo mismo da. Demasiados teólogos de grito a voz en cuello, de dedo fulminador levantado hacia el cielo y de imprecaciones desde el púlpito, cuando lo que necesitamos son sacerdotes más humanos, más cercanos al pueblo, más preocupados más por las personas y no tanto por las ideas.

  3. Mitrut:
    Has hecho que recordara el libro del El Nombre de la Rosa, en el que un monje quiere hacer desaparecer un manuscrito de la biblioteca del monasterio porque tal dice que Cristo sí reía y él veía un peligro en esto para la religión. Que distinto sería si todos los sacerdotes rieran, sonrieran, manifestaran la alegría que llevan adentro. No quiero decir que todos los sacerdotes sean agrios, pero el P. Teófilo no lo fue y supo transmitir el gozo espiritual que lo embargaba. Yo muchas veces he comprobado y sentido la alegría espiritual, que bueno que este padre la transmitió para atraer corazones a Cristo, sobre todo de jóvenes. Ya lo decía San Francisco de Sales: “un santo triste, es un triste santo”.
    Las limitaciones visuales que tuvo no lo hicieron una persona inútil. Ojalá y todos fuéramos como esas dos obispos que interpretaron bien las normas litúrgicas y no despreciáramos a tantos seres discapacitados, no sólo de la vista.
    Me has hecho recordar también a San Isaac Jogues, mártir jesuita en Norteamérica, que fue martirizado día veces. La primera, que sobrevivió, los indígenas le cortaron los dedos de las manos para que no pudiera celebrar la Misa. El Papa le autorizo que celebrara así mutilado, aduciendo que no se podía negar a un mártir que derramó su sangre por Cristo, que alzara el cáliz de la Sangre de Cristo.
    La importancia de la Santa Misa o Divina Liturgia es muy grande y también debe serlo la dignidad personal del ministro. Ojalá que muchos sacerdotes que tienen sus facultades y capacidades en buen estado, sean siempre conscientes de la majestad de lo que celebran.
    Saludos.

    • ¡Uy! ¿Has mencionado “El nombre de la rosa”? Soberbia obra maestra que jamás me canso de releer. Adaptada también magistralmente al cine. Creo que es ésta la escena que buscas:

      http://youtu.be/5qys0uEoFbs

      Fantástico diálogo en una película tan imprescindible como el libro en que está basado.

  4. Mitrut muy emotivo el articulo sobre el Padre Teofil,se nota que lo conociste en persona.
    Una persona tan sencilla,humana,con ese impedimento en la vista pero que con su alma veia como el que posee la mejor vista.
    No se si se iniciara alguna vez un proceso para canonizar a este hombre santo,pero desde luego su ejemplo deberia ser difundido por todo el cristianismo.

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