El padre Arsenio Boca: el Santo de Transilvania

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía en sepia del Padre Arsenio Boca.

Fotografía en sepia del Padre Arsenio Boca.

El padre Arsenio Boca, conocido como “el Santo de Transilvania”, es una importante figura de la espiritualidad rumana de la segunda mitad del siglo XX. Su tumba en el monasterio de Prislop, condado de Hunedoara, que es visitada por cientos o incluso miles de personas diariamente, muestra su popularidad entre los creyentes ortodoxos en Rumanía, de modo que su futura canonización sería cuestión de tiempo.

Niño y estudiante
Nacido el 29 de septiembre de 1910 en Vaţa de Jos, condado de Hunedoara, en aquel entonces formando parte del imperio austrohúngaro, con el nombre de Zian, fue un niño muy inteligente. Después de seguir los cursos del liceo nacional ortodoxo de Brad, que finalizó como líder de su generación en 1929, se marchó a Sibiu y comenzó los estudios de teología en la Academia Teológica de Sibiu, terminándolos en 1933. Como joven y estudiante no se sintió apasionado por lenguas extranjeras, aunque leyó estudios en francés de psicología, caracteriología, grafología, todo en el marco de un gran interés por entender la profundidad del ser humano. Ya de niño le gustaba dibujar, pintar y esculpir, y era un gran calígrafo.

Pero la teología no era suficiente para el joven pensador. Su inclinación por el arte, un interés constante que tuvo su vida entera, empezó prácticamente en 1933, cuando el metropolita Nicolás Bălan de Transilvania le dio una beca para que asistiera a los cursos de la Academia de Bellas Artes de Bucarest. Durante ese estudio de tres años, asistió paralelamente a cursos de medicina, antropología y mística cristiana. En esos días tradujo el poco conocido trabajo “La Escalera del divino ascenso”, de San Juan Clímaco, del griego. Pero destacó, por supuesto, como estudiante de artes plásticas. Su primer trabajo conocido es la figura del voivoda Mihai Viteazul (1595-1601) del Ateneo Rumano. Paralelamente, su carrera religiosa como eclesiástico comenzó en 1935, como lector y más tarde hipodiácono del monasterio de Sâmbăta de Sus, que es el monasterio más importante del sur de Transilvania. Aún no era monje, primero fue ordenado el 11 de septiembre de 1936 como diácono célibe y siguió los cursos de la Academia de Bellas Artes hasta su graduación en 1939. Es el mismo año en que marchó tres meses al monte Athos (a la sketa rumana de San Juan Prodromos), para una investigación de la vieja versión romana de la Philokalia. De vuelta en casa -es decir, al monasterio de Sâmbăta de Sus – fue tonsurado como monje el primer viernes después de la Pascua de 1940 y recibió el nombre de Arsenio.

Caligrafía del padre Arsenio Boca.

Caligrafía del padre Arsenio Boca.

Monje y padre espiritual
Arsenio comenzó su vida como monje en Sâmbăta en 1940, siendo visto como la “resurrección” de esta monasterio transilvano, con el gran apoyo del metropolita Nicolás Bălan, que quería que esta comunidad fuese un monasterio “de élite”. Como se puede ver, el interés del joven monje combinaba una comprensión sintética del ser humano, teniendo a la vista tanto la tradición patrística filocálica, los estudios de biología, incluso la genética -que era de gran interés en la generación de 1935-1940, conocida normalmente como el tiempo de movimientos como el nacionalsocialismo, el fascismo y los extremismos de izquierda-; este interés no impidió el misticismo y existencialismo que sacudió a los grandes pensadores de la Europa de aquel tiempo. Las notas del monje Arsenio de esta época se puede agrupar en dos temas principales, la familia cristiana y “la teología del dolor”.

Joven, pero muy bien preparado en la dirección teológica que el metropolita deseaba para sus monjes, Arsenio fue ordenado sacerdote y abad de Sâmbăta de Sus en 1942, donde empezó una reforma externa e interna. En 1943 comenzó la nueva traducción de la Philokalia completa al rumano, junto con el dogmatista Dumitru Stăniloae y Serafim Popescu, otro monje de Sâmbăta. El primero de los doce volúmenes de este trabajo fue publicado en 1946, y los otros ya en los años comunistas, siendo ésta la principal razón por la cual nunca es mencionado entre los colaboradores, a pesar de que los manuscritos traducidos fueron traídos por él del monte Athos.

El renacimiento de la ortodoxia rumana en los años 30 no fue sólo visto en Sâmbăta de Sus. Algunos fenómenos similares, normalmente conectados con la mística, el redescubrimiento eucarístico y la reforma moral, deben mencionarse: el movimiento popular de Maglavit (en el sureste, que toma el nombre del campesino Petrache Lupuhad, una visión de Dios Padre); el Rugul Aprins, movimiento de la Zarza Ardiente (iniciada por Sandu Tudor en el monasterio Antim de Bucarest, como un movimiento ortodoxo entre los intelectuales), Oaesta Domnului, la armada del Señor (iniciada en Transilvania por el padre Iosif Trifa y orientado hacia una renovación moral), Vladimireşti (iniciado al sur de Moldavia, llamado así por la hermana Vasilica, posteriormente Veronica Gurahhad, una visión de Cristo), Slatina-Sihăstria (una renovación monástica de los monasterios del norte de Moldavia). Todos ellos mostraron cómo la necesidad de una nueva comprensión de la fe ortodoxa, incluyendo visiones místicas y cambio de moralidad, se sentía al mismo tiempo en varias regiones de Rumanía.

El padre Arsenio Boca fotografiado con la familia del dogmatista Dumitru Staniloae.

El padre Arsenio Boca fotografiado con la familia del dogmatista Dumitru Staniloae.

Pero algunos de éstos tenían relación con el extremismo de derechas, como la Legión del Arcángel Miguel, iniciado por Corneliu Zelea Codreanu, que resultó ser una desastrosa combinación de ortodoxia con puntos de vista antisemitas y xenófobos. El padre Arsenio evitó todo contacto con movimientos políticos y sociales que no tuvieran mucho que ver con la ortodoxia tradicional. Incluso siendo muy joven, su figura carismática atraía miles de peregrinos a Sâmbăta. Si ya tenía fama de visionario en sus años de estudio de teología, ahora empezaba a ser visto como profeta o, como mínimo, como un lector de almas. Muchos testimonios muestran que era capaz de conocer las profundidades de alguien sólo con mirarles, y algunas veces él mostraba los pecados o debilidades de uno desde el primer contacto visual.

Con la ocupación soviética, el padre Arsenio fue primero encarcelado durante dos semanas, en julio de 1943 en Râmnicu Vâlcea, siendo liberado poco después. Las masas de gente que se reunían en Sâmbata eran problemáticas desde el punto de vista de las autoridades comunistas, que sospechaban que cualquier encuentro podía ser un complot contra el régimen. En el corto período de libertad que siguió, Arsenio escribió su principal trabajo, CărareaÎmpărăţiei, “El camino del Reino”, un libro de teología mística en siete capítulos, considerados los siete escalones de una escalera. Pero aun libre, empezó a ser vigilado por la policía secreta. Ya en 1945, una nota en su expediente decía que “el hieromonje Arsenio es un hombre de una vasta cultura, un predicador religioso con un extraordinario poder de persuasión, y, además, un misticista con un conocimiento muy serio del faquirismo (!¿)” y otro de 1953 lo asociaba con un movimiento antroposófico de Cluj, diciendo que “este monje tiene el don de la clarividencia y, después de entrar en el movimiento antoposófico, ha hecho un rápido progreso, siendo admirado por todos los miembros del grupo”. Es cierto que incluso hoy, muchos parapsicólogos, radioestesistas y yoguis en Rumanía miran a Arsenio Boca con gran admiración, pero no existen pruebas claras de que él se hubiese unido a ellos, no al menos por sus escritos.

Fotografía del padre Arsenio Boca durante su estancia en prisión.

Fotografía del padre Arsenio Boca durante su estancia en prisión.

Después de otro corto arresto en Brașov en 1946, el 14 de mayo de 1948 Arsenio fue arrestado de nuevo y enviado a Făgăraș, siendo acusado de legionarismo y de apoyar a los partisanos anticomunistas de las montañas de Făgăraș y, tras un mes y medio de torturas y declaraciones repetitivas, fue liberado. Las autoridades comunistas lo acusaban de reunir grandes masas y de haber lanzado mensajes subversivos en sus sermones, como “los lobos serán desgarrados por las ovejas atacadas”, explicado como “los creyentes, aunque escasos en número, no serán suprimidos por el poder de los descreídos, siempre que se reúnan en torno a la Iglesia”. En una declaración, para probar que nunca apoyó al movimiento legionarista, Arsenio escribió que, desde su punto de vista, los legionarios no tenían futuro y que “muchos pecados colgaban de sus cuellos”.

Para librarlo de más situaciones desagradables, el metropolita Nicolás lo trasladó al monasterio de Prislop en Hunedoara, con la misión oficial de atraer a los grecocatólicos de vuelta a la ortodoxia. Aquí se quedó como abad y posteriormente -cuando el monasterio se convirtió en un convento de monjas- como confesor. Los cortos períodos de libertad los iba alternando con cortos, pero repetidos períodos de encarcelamiento (1950, 1953), con un arresto más prolongado temporalmente en el canal del Danubio (enero de 1955-marzo de 1952) y seis meses en las prisiones de Jilava y Oradea (noviembre de 1955-abril de 1956).

Puede parecer extraño, pero en esta época él hizo amistad con importantes líderes comunistas, como Gheorghe Gheorghiu-Dej, el futuro presidente de Rumanía, y Petru Groza, el primer ministro comunista de Rumanía, y se ha dicho que el patriarca Justiniano quiso ordenarlo obispo, cosa que nunca llegó a suceder.

Celda del padre Arsenio Boca en el monasterio de Prislop, Rumanía.

Celda del padre Arsenio Boca en el monasterio de Prislop, Rumanía.

Vida como laico y pintor de iglesias
Finalmente, en 1959, los comunistas cerraron el monasterio de Prislop, dispersaron a las monjas y orquestaron un proceso de irregularidades financieras en torno al padre Arsenio, que fueron seguidas por trabajos forzados en el canal del Danubio. Se le prohibió servir en el altar (decisión que fue cancelada sólo post-mortem, en 1998), fue expulsado de la orden monástica, apartado del sacerdocio por el obispo de Arad -del que era sufragáneo- ya que “él lleva a cabo diversas actividades que dañan los intereses eclesiásticos” y, para ser controlado en todas sus acciones, fue colocado bajo arresto domiciliario en Bucarest.

Con sus dos licenciaturas (teología y artes plásticas) sólo pudo ser aceptado como pintor eclesiástico en 1968, cuando se jubiló, recibiendo una pequeñísima cantidad de dinero como pensión estatal. A partir de este año se le permitió permanecer en Sinaia, en una pequeña habitación alquilada, de donde podía salir de vez en cuando a distintos lugares, donde recibía encargos de pintar iconos.

Todavía en su “exilio” de Bucarest él pintó algunas figuras destacadas, como la Virgen Madre con el Niño vestido con zeghe (las ropas de los condenados a prisión) en la iglesia de San Eleuterio. Su obra maestra sigue siendo el conjunto de pinturas de la iglesia del pueblo de Draganescu, cerca de Bucarest.

El padre Arsenio Boca pintando la iglesia de Draganescu, Bucarest (Rumanía).

El padre Arsenio Boca pintando la iglesia de Draganescu, Bucarest (Rumanía).

Como pintor de iglesias él no respetó el canon bizantino “al pie de la letra”, pero sí espiritualmente. Eso significa que, usando las normas básicas de la hermeneia clásica, se sintió libre de interpretar la imagen de Cristo, de los Santos, de realizar iconos totalmente nuevos, como la escena de la segunda venida de Cristo, el Juicio Final, las bodas del Hijo del Rey, pero también los peligros y las tentaciones del nuevo mundo, imágenes que están fuertemente asociadas a profecías todavía no cumplidas.

Las pinturas de Drăgănescu fueron terminadas en 1984 y constituyen su obra maestra. Los intérpretes de su iconografía entienden su trabajo a varios niveles semánticos, como el catequético (enseñanza), doxológico (alabanza) y simbólico-escatológico, siendo éste el que tiende a prevalecer. Las figuras dogmáticas son secundarias y las figuras son como apariciones luminosas, parcialmente transparentes, y su materialidad tiende a intrigar a los que las ven.

Aunque no podía desempeñar su misión de sacerdote y confesor y estaba incesantemente perseguido y vigilado por la policía secreta (Securitatea), el padre Arsenio no dejó de aconsejar a los que acudían a él. Las afirmaciones sobre su clarividencia y sorprendentes recomendaciones llenan hasta hoy muchos libros y están presentes en la tradición ortodoxa contemporánea, de modo que a veces es difícil diferencias entre sus palabras reales y las mistificaciones hechas sobre él. Aún así, él ya no se atrevió a celebrar la Divina Liturgia, al estarle formalmente prohibidos todos los actos litúrgicos.

"La boda del Hijo del Rey", fresco del padre Arsenio Boca. Iglesia de Draganescu, Bucarest (Rumanía).

“La boda del Hijo del Rey”, fresco del padre Arsenio Boca. Iglesia de Draganescu, Bucarest (Rumanía).

Falleció en Sinaia, justo algunos días antes de la revolución rumana, el 28 de noviembre de 1981, siendo enterrado en Prislop el 4 de diciembre. Dejó claramente dicho que no quería ser exhumado de su tumba hasta la segunda venida de Cristo. Las circunstancias de su muerte son sospechosas hasta hoy; hay voces que dicen que él profetizó una terrible muerte para el dictador Ceaușescu, el cual se vengó enviando a un sicario que lo envenenó.

Otro dato extraño es que él pintó en Drăgănescu, en muchas escenas, el martirio de San Esteban el Nuevo, un Santo que entonces era aún poco conocido en Rumanía y que se celebra el 28 de noviembre, el día en que el padre Arsenio murió.

Veneración
La tumba del padre Arsenio es hoy uno de los lugares de peregrinación más importantes de Rumanía y, aunque no hay todavía una decisión oficial sobre su canonización, fue un santo que influyó la ortodoxia rumana durante su vida, pero todavía más desde su descanso eterno.

Tumba del padre Arsenio Boca.

Tumba del padre Arsenio Boca.

Sus libros han sido traducidos al inglés y hay proyectos de traducción a otras lenguas europeas. Su popularidad es notoria también en el hecho de que cada año aparecen muchos libros que recogen memorias nuevas sobre el santo.

Mitrut Popoiu

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8 pensamientos en “El padre Arsenio Boca: el Santo de Transilvania

  1. ¡Qué vida tan plena! Intentaron destruir su espíritu y no lo consiguieron. Creo que es una vida fascinante no sólo por su faceta de sacerdote, monje, teólogo y místico, sino también por la de artista. Los artistas tienen todos algo del toque de Dios, aunque no sean creyentes. Los admiro profundamente por su talento y su inspiración.

    Cuando veo las pinturas del padre Boca -por desgracia, sólo una ha podido ser incluida en el artículo- veo algo de ese toque divino. Personalmente me gusta más el estilo retratista y naturalista de Nicolae Grigorescu, otro gran talento rumano, pero las pinturas de Boca reflejan también el talento de quien sabe ir más allá de las restricciones del canon bizantino y puede usarlo libremente, disponiendo de las herramientas de ese lenguaje sin traicionarlo. Me gusta especialmente su Cristo resucitado, que ilustra muy bien lo que nos cuentas de sus figuras translúcidas: http://www.crestinortodox.ro/files/image/Pr_%20Arsenie%20Boca%20Invierea.jpg

    Sobre las sospechas de que fue envenenado, yo recomendaría proceder con cautela. Es muy problemático que él no quisiese ser exhumado, pues eso impedirá el reconocimiento de sus reliquias y el estudio de sus restos para la canonización, ni ésta se da y si este procedimiento se lleva a cabo en las canonizaciones de la Iglesia ortodoxa. Quiero decir, una persona que ha sido envenenada muestra señales de ello en el cuerpo a las pocas horas de la muerte; no sé si se mantendrían en caso de corrupción. Lo que no se puede es afirmar algo que no ha sido demostrado. Ojalá no fuera verdad, pero si lo fuera, además de ante un gran líder espiritual, un pensador, un artista, estaríamos ante un mártir, o incluso sin necesidad del envenenamiento, porque también sufrió tortura y prisión durante su vida por sus ideas.

    Finalmente, quiero resaltar su gran obediencia a sus superiores, que aunque lo trataron injustamente apartándolo del sacerdocio, obedeció y no volvió a celebrar misa, aunque le debió resultar durísimo. En ese sentido, su talento para la pintura, el poder seguir predicando a través del pincel, debió ser un gran consuelo, así como el poder aconsejar a quienes acudían a él. Creo que hemos conocido a un hombre irrepetible.

    • Dear Ana Maria,
      thank you for the veeeery pertinent comments. Indeed his painting is amazing and I also doubt about the poisoning. But I am not here to judge the events which I barely know from what is asserted. AS it really was, I do not know. In any case, brothers in our small monastery at the diocesal centre here, and especially our Metropolitan Serafim recognize in Father Arsenie a saint man who simply made you shake by seeing him. Shake not because of the fear, but because of the saintness he spread

  2. Muchas gracias, amigo Juan, por este artículo sobre el santo padre Arsenio Boca.
    ¡Qué bueno que en este día en el que celebramos el día de San Andrés apóstol, santo patrono de la Iglesia Ortodoxa, nos escribas sobre un cultísimo santo contemporáneo rumano, que aunque aun no esté oficialmente canonizado, lo será algún día dada la fama de santidad y culto popular recibido en Rumanía.
    No se cual sería su pensamiento acerca del ecumenismo ya que fue encargado de atraer hacia la ortodoxia a los grecocatólicos (proselitismo), pero aun así yo hoy quiero recordar el fraternal encuentro entre el Santo Padre Francisco y Su Santidad Bartolomé I, Patriarca Ecuménico, en la festividad de San Andrés y el simbólico gesto del Papa al hacerse bendecir por el Patriarca. Quiera Dios que estos pasos ecuménicos sigan adelante en ambas Iglesias para que algún día también los católicos podamos venerar de “todas, todas” al futuro san Arsenio Boca.

    • Dear Antonio,
      the meeting of St. Andrew Feast at Constantinople is a great thing and a new step to the union, I hope…
      As about Father Arsenie, it is only when I documented my article I barely found the idea that he was moved, in order to make mission among the Greek Catholics. I doubt he really made something in this sense. His mission was not in the direction of proselytism, so I could not imagine him preaching against greek Catholicism or other confession…

  3. Al finalizar la celebración de la Divina Liturgia en la Sede del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, con motivo de la festividad del apóstol San Andrés, el Santo Padre Francisco y Su Santidad el Patriarca Ecuménico han leído estos dos discursos, que aunque sean largos, creo que es interesante que transcribamos hoy en este blog.

    Discurso del Patriarca Ecuménico:
    Santísimo y amado Hermano en Cristo, Francisco, Obispo de Roma,
    Gloria y alabanza damos a nuestro Dios Trino que nos ha concedido la alegría inexpresable y el honor particular de la presencia personal de Vuestra Santidad, durante el festejo de este año de la memoria sagrada del fundador, a través de su predicación, de nuestra Iglesia, el Apóstol Andrés el Primer Llamado. Agradecemos cordialmente a Vuestra Santidad el precioso don de su bendita presencia entre nosotros, junto con su venerable Séquito. Con amor profundo y gran honor os abrazamos dirigiéndoos el cordial abrazo de la paz y del amor: “Gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Rom 1,7). “Porque nos apremia el amor de Cristo” (2 Cor 5,14).

    Todavía conservamos fresco en nuestro corazón el recuerdo de nuestro encuentro con Vuestra Santidad en la Tierra Santa en común peregrinaje piadoso al lugar donde nació, vivió, enseñó, padeció, resucitó y ascendió, allí donde estuvo antes, la Cabeza de nuestra fe, así como también el agradecido recuerdo del evento histórico del encuentro allí de nuestros inolvidables predecesores el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Athenágoras. Aquel encuentro de ellos, hace ya cincuenta años, en la Santa Ciudad, cambió la dirección del curso de la historia; los paralelos y algunas veces enfrentados caminos de nuestras Iglesias se encontraron en la visión común del descubrimiento de la perdida de su unidad, el amor congelado ha vuelto a inflamarse y fue acelerada nuestra voluntad de hacer todo lo que esté de nuestra parte para que de nuevo se edifique nuestra comunión en la misma fe y en el Cáliz común. Desde entonces se abrió la vía de Emmaús, vía probablemente larga y algunas veces escabrosa, pero sin retorno, invisiblemente caminando junto con nosotros el Señor, hasta que Él se nos revele “en el partir el pan” (Luc 24,35).

    Esta vía la han seguido desde entonces y la siguen todos los sucesores de estos inspirados jefes, instituyendo, bendiciendo y apoyando el diálogo de la caridad y de la verdad entre nuestras Iglesias para la elevación de los obstáculos acumulados por un milenio completo en las relaciones entre ellas, diálogo entre hermanos y no, como antiguamente, de adversarios, precisando con toda franqueza la palabra de la verdad, pero también respetándose recíprocamente como hermanos.

    Dentro de este clima del camino común trazado por nuestros mencionados predecesores, os acogemos hoy también, Santísimo Hermano, como portador del amor del Apóstol Pedro a su hermano el Apóstol Andrés, el Primer Llamado, cuya memoria sagrada solemnemente celebramos hoy. Según costumbre sagrada, instituida y observada ya desde décadas por parte de las Iglesias de la Antigua y Nueva Roma, representaciones oficiales de ambas intercambian visitas durante la fiesta patronal de cada una de ellas, para que también a través este modo sea demostrada la hermandad carnal de los dos corifeos Apóstoles, que de común han conocido a Jesús y han creído en Él como Dios y Salvador. Esta común fe la han transmitido a las Iglesias que han fundado con su predicación y han santificado con su martirio. Esta fe han vivido y han dogmatizado los Padres comunes de nuestras Iglesias, reunidos desde oriente y occidente en Concilios Ecuménicos, heredándola en nuestras Iglesias como fundamento inquebrantable de nuestra unidad. Esta fe, que hemos conservado en común en el oriente y en el occidente por un milenio, somos llamados nuevamente a ponerla como base de nuestra unidad, de modo que “manteneos unánimes y concordes” (Fil 2,2) avanzamos junto con Pablo adelante “olvidando lo que queda atrás y lanzando hacia lo que está por delante” (cfr. Fil 3,14).

    Porque en verdad, Santísimo Hermano, nuestra obligación no se limita en el pasado, sino que se extiende sobre todo y, especialmente en nuestros días, en el futuro. Porque, ¿para que vale nuestra fidelidad al pasado, si esto nada significa para el futuro? ¿Qué utilidad tiene nuestro orgullo por todo que hemos recibido, si todo esto no se traduce en vida para el hombre y el mundo de hoy y del mañana? “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre” (Hebr 13,8), y su Iglesia viene llamada a tener su visión dirigida no tanto al ayer, sino al hoy y al mañana. La Iglesia existe por el mundo y por el hombre y no por si misma.

    Nuestra visión dirigida al hoy no puede evitar nuestra agonía también para el mañana. “Luchas por fuera, temores por dentro” (2 Cor 7,5). Esta comprobación del Apóstol para su época, vale integra hoy también para nosotros. Porque, mientras todo el tiempo que nos ocupamos con nuestras contradicciones, el mundo vive el temor de la supervivencia, la agonía del mañana. ¿Como puede sobrevivir mañana una humanidad afligida hoy por muchas divisiones, conflictos y enemistades, muchas veces también en el nombre de Dios? ¿Cómo será repartida la riqueza de la tierra más justamente de modo que no viva mañana la humanidad una esclavitud más horrible, que jamás conoció antes? ¿Qué planeta encontrarán las próximas generaciones para habitar, si el hombre moderno con su avidez lo destruye cruel y irremediablemente?

    Muchos ponen hoy sus esperanzas en la ciencia; otros en la política; otros en la tecnología. Pero ninguna de estas puede garantizar el futuro si el hombre no adopta la llamada de la reconciliación, del amor y de la justicia; la llamada de la aceptación del otro, del diferente, aún también del enemigo. La Iglesia de Cristo, que es la primera que ha enseñado y ha vivido esta predicación, debe aplicarla en primer lugar para sí misma “para que el mundo crea” (Juan 17,21). He aquí el porque urge como jamás en otro tiempo el camino hacia la unidad de los que invocan el nombre del gran Pacificador. He aquí el porque la responsabilidad de nosotros los cristianos es grande frente a Dios, a la humanidad y a la historia.

    Santidad,
    En el todavía breve recorrido a la cabeza de vuestra Iglesia os habéis mostrado ya en la conciencia de nuestros contemporáneos como predicador del amor, de la paz y de la reconciliación. Predicáis con vuestras palabras, pero sobre todo y principalmente con vuestra simplicidad, humanidad y amor hacia todos, con los cuales ejercitáis vuestro alto ministerio. Inspiráis confianza en los desconfiados, esperanza en los desesperados, expectación en aquellos que esperan una Iglesia afectuosa para todos. Además ofrecéis a vuestros hermanos Ortodoxos la esperanza que en vuestros días el acercamiento de nuestras dos grandes y antiguas Iglesias se continuará basándose sobre los firmes fundamentos de nuestra común tradición, la cual desde siempre observada y reconocía dentro de la estructura de la Iglesia un primado de amor, honor y servicio en el ámbito de la sinodalidad, de modo que “con una boca y un corazón” viene confesado Dios Trino y derramado Su amor por el mundo.

    Santidad,
    La Iglesia de la Ciudad de Constantino que por primera vez os acoge hoy con mucho amor y honor, como también con profundo reconocimiento, lleva en sus hombros una pesada herencia, como también una responsabilidad tanto para el presente como para el futuro. En esta Iglesia la Divina Providencia ha puesto, a través del orden instituido por parte de los sagrados Concilios Ecuménicos, la responsabilidad de la coordinación y de la expresión del consenso de las Santísimas Iglesias Ortodoxas locales. Dentro de esta responsabilidad trabajamos ya intensamente para la preparación del Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa, que se decidió fuera convocado aquí, con la benevolencia de Dios, dentro el año 2016. Las comisiones responsables trabajan ya febrilmente para la preparación de este gran evento en la historia de la Iglesia Ortodoxa, por el éxito del cual pedimos también vuestras oraciones. Desgraciadamente, la comunión eucarística entre nuestras Iglesias, rota desde hace mil años, no permite todavía la constitución de un común Gran y Ecuménico Concilio. Rezamos que una vez restablecida la plena comunión entre ellas no tarde en resurgir también este gran e ilustre día. Hasta aquel bendito día, la participación de cada una de nuestras Iglesias en la vida sinodal de la otra será mostrada con el envío de observadores, como ya sucede, por medio de vuestra gentil invitación, durante los Sínodos de vuestra Iglesia, y como, esperamos, que sucederá también durante la realización, con la ayuda de Dios, del nuestro Santo y Gran Concilio.

    Santidad,
    Los problemas que la coincidencia histórica levanta hoy frente a nuestras Iglesias nos imponen que superaremos el girar en torno nosotros mismos, para afrontarlos con la más estrecha colaboración posible. Los modernos perseguidores de los cristianos no preguntan a qué Iglesia pertenecen sus víctimas. La unidad, por la cual nos comprometemos, se realiza ya en algunas regiones, desgraciadamente, a través del matririo. Tendamos en común la mano al hombre moderno, la mano del único que puede salvarlo a través Su Cruz y Su Resurrección.

    Con estos pensamientos y sentimientos expresamos también ahora la alegría por la presencia entre nosotros de Vuestra Santidad, agradeciéndola y rezando al Señor que por las intercesiones del celebrado hoy, el Apóstol Primer Llamado y de su hermano en carne Pedro Protocorifeo, proteja Su Iglesia y la conduzca al cumplimiento de Su santa voluntad.
    ¡Bienvenido entre nosotros, muy querido Hermano!

    Discurso del Santo Padre Francisco

    Santidad, querido hermano Bartolomeo
    Como arzobispo de Buenos Aires, he participado muchas veces en la Divina Liturgia de las comunidades ortodoxas de aquella ciudad; pero encontrarme hoy en esta Iglesia Patriarcal de San Jorge para la celebración del santo Apóstol Andrés, el primero de los llamados, Patrón del Patriarcado Ecuménico y hermano de san Pedro, es realmente una gracia singular que el Señor me concede.

    Encontrarnos, mirar el rostro el uno del otro, intercambiar el abrazo de paz, orar unos por otros, son dimensiones esenciales de ese camino hacia el restablecimiento de la plena comunión a la que tendemos. Todo esto precede y acompaña constantemente esa otra dimensión esencial de dicho camino, que es el diálogo teológico. Un verdadero diálogo es siempre un encuentro entre personas con un nombre, un rostro, una historia, y no sólo un intercambio de ideas.

    Esto vale sobre todo para los cristianos, porque para nosotros la verdad es la persona de Jesucristo. El ejemplo de san Andrés que, junto con otro discípulo, aceptó la invitación del Divino Maestro: «Venid y veréis», y «se quedaron con él aquel día» (Jn 1,39), nos muestra claramente que la vida cristiana es una experiencia personal, un encuentro transformador con Aquel que nos ama y que nos quiere salvar. También el anuncio cristiano se propaga gracias a personas que, enamoradas de Cristo, no pueden dejar de transmitir la alegría de ser amadas y salvadas. Una vez más, el ejemplo del Apóstol Andrés es esclarecedor. Él, después de seguir a Jesús hasta donde habitaba y haberse quedado con él, «encontró primero a su hermano Simón y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que significa Cristo). Y lo llevó a Jesús» (Jn 1,40-42). Por tanto, está claro que tampoco el diálogo entre cristianos puede sustraerse a esta lógica del encuentro personal.

    Así pues, no es casualidad que el camino de la reconciliación y de paz entre católicos y ortodoxos haya sido de alguna manera inaugurado por un encuentro, por un abrazo entre nuestros venerados predecesores, el Patriarca Ecuménico Atenágoras y el Papa Pablo VI, hace cincuenta años en Jerusalén, un acontecimiento que Vuestra Santidad y yo hemos querido conmemorar encontrándonos de nuevo en la ciudad donde el Señor Jesucristo murió y resucitó.

    Por una feliz coincidencia, esta visita tiene lugar unos días después de la celebración del quincuagésimo aniversario de la promulgación del Decreto del Concilio Vaticano II sobre la búsqueda de la unidad de todos los cristianos, Unitatis redintegratio. Es un documento fundamental con el que se ha abierto un nuevo camino para el encuentro entre los católicos y los hermanos de otras Iglesias y Comunidades eclesiales.

    Con aquel Decreto, la Iglesia Católica reconoce en particular que las Iglesias ortodoxas «tienen verdaderos sacramentos, y sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía, con los que se unen aún con nosotros con vínculo estrechísimo» (n. 15). En consecuencia, se afirma que, para preservar fielmente la plenitud de la tradición cristiana, y para llevar a término la reconciliación de los cristianos de Oriente y de Occidente, es de suma importancia conservar y sostener el riquísimo patrimonio de las Iglesias de Oriente, no sólo por lo que se refiere a las tradiciones litúrgicas y espirituales, sino también a las disciplinas canónicas, sancionadas por los Santos Padres y los concilios, que regulan la vida de estas Iglesias (cf., nn. 15-16).

    Considero importante reiterar el respeto de este principio como condición esencial y recíproca para el restablecimiento de la plena comunión, que no significa ni sumisión del uno al otro, ni absorción, sino más bien la aceptación de todos los dones que Dios ha dado a cada uno, para manifestar a todo el mundo el gran misterio de la salvación llevada a cabo por Cristo, el Señor, por medio del Espíritu Santo. Quiero asegurar a cada uno de vosotros que, para alcanzar el anhelado objetivo de la plena unidad, la Iglesia Católica no pretende imponer ninguna exigencia, salvo la profesión de fe común, y que estamos dispuestos a buscar juntos, a la luz de la enseñanza de la Escritura y la experiencia del primer milenio, las modalidades con las que se garantice la necesaria unidad de la Iglesia en las actuales circunstancias: lo único que la Iglesia Católica desea, y que yo busco como Obispo de Roma, «la Iglesia que preside en la caridad», es la comunión con las Iglesias ortodoxas. Dicha comunión será siempre fruto del amor «que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado» (Rm 5,5), amor fraterno que muestra el lazo trascendente y espiritual que nos une como discípulos del Señor.

    En el mundo de hoy se alzan con ímpetu voces que no podemos dejar de oír, y que piden a nuestras Iglesias vivir plenamente el ser discípulos del Señor Jesucristo.

    La primera de estas voces es la de los pobres. En el mundo hay demasiadas mujeres y demasiados hombres que sufren por grave malnutrición, por el creciente desempleo, por el alto porcentaje de jóvenes sin trabajo y por el aumento de la exclusión social, que puede conducir a comportamientos delictivos e incluso al reclutamiento de terroristas. No podemos permanecer indiferentes ante las voces de estos hermanos y hermanas. Ellos no sólo nos piden que les demos ayuda material, necesaria en muchas circunstancias, sino, sobre todo, que les apoyemos para defender su propia dignidad de seres humanos, para que puedan encontrar las energías espirituales para recuperarse y volver a ser protagonistas de su historia. Nos piden también que luchemos, a la luz del Evangelio, contra las causas estructurales de la pobreza: la desigualdad, la falta de un trabajo digno, de tierra y de casa, la negación de los derechos sociales y laborales. Como cristianos, estamos llamados a vencer juntos a la globalización de la indiferencia, que hoy parece tener la supremacía, y a construir una nueva civilización del amor y de la solidaridad.

    Una segunda voz que clama con vehemencia es la de las víctimas de los conflictos en muchas partes del mundo. Esta voz la oímos resonar muy bien desde aquí, porque algunos países vecinos están sufriendo una guerra atroz e inhumana. Pienso con profundo dolor en las tantas víctimas del inhumano e insensato atentado que en estos días han sufrido los fieles musulmanes que rezaban en la mezquita de Kano, en Nigeria. Turbar la paz de un pueblo, cometer o consentir cualquier tipo de violencia, especialmente sobre los más débiles e indefensos, es un grave pecado contra Dios, porque significa no respetar la imagen de Dios que hay en el hombre. La voz de las víctimas de los conflictos nos impulsa a avanzar diligentemente por el camino de reconciliación y comunión entre católicos y ortodoxos. Por lo demás, ¿cómo podemos anunciar de modo creíble el Evangelio de paz que viene de Cristo, si entre nosotros continúa habiendo rivalidades y contiendas? (Pablo VI, Exhort. Ap., Evangelii nuntiandi, 77).

    Una tercera voz que nos interpela es la de los jóvenes. Hoy, por desgracia, hay muchos jóvenes que viven sin esperanza, vencidos por la desconfianza y la resignación. Muchos jóvenes, además, influenciados por la cultura dominante, buscan la felicidad sólo en poseer bienes materiales y en la satisfacción de las emociones del momento. Las nuevas generaciones nunca podrán alcanzar la verdadera sabiduría y mantener viva la esperanza, si nosotros no somos capaces de valorar y transmitir el auténtico humanismo, que brota del Evangelio y la experiencia milenaria de la Iglesia. Son precisamente los jóvenes – pienso por ejemplo en la multitud de jóvenes ortodoxos, católicos y protestantes que se reúnen en los encuentros internacionales organizados por la Comunidad de Taizé – son ellos los que hoy nos instan a avanzar hacia la plena comunión. Y esto, no porque ignoren el significado de las diferencias que aún nos separan, sino porque saben ver más allá, son capaces de percibir lo esencial que ya nos une.

    Querido hermano, muy querido hermano, estamos ya en camino, en camino hacia la plena comunión y podemos vivir ya signos elocuentes de una unidad real, aunque todavía parcial. Esto nos reconforta y nos impulsa a proseguir por esta senda. Estamos seguros de que a lo largo de este camino contaremos con el apoyo de la intercesión del Apóstol Andrés y de su hermano Pedro, considerados por la tradición como fundadores de las Iglesias de Constantinopla y de Roma. Pidamos a Dios el gran don de la plena unidad y la capacidad de acogerlo en nuestras vidas. Y nunca olvidemos de rezar unos por otros.

  4. Me da gusto haber leido la vida de esta sacerdote, lleno de espiritualidad que transformó en arte. Sus obras me recuerdan a otro pintor católico, ya beatificado, Beato Juan de Fiésole, mejor conocido como Fra Angelico. Qué bueno que haya personas que ponen sus cualidades artísticas al servicio de Dios y de sus hermanos.
    Me ha dado pena saber cómo no pudo seguir celebrando la Sagrada Liturgia, he leido en las vidas de otros santos como se les restringe la autoridad para confesar o celebrar misa, y sufren por ello, sin duda ha de haber sido una gran prueba para este sacerdote esta circunstancia.
    Sin elucubrar, el fin del Dictador Ceauscescu fue muy tremendo, a mi me impresíonó por la fecha en que ocurrio, el mismo día de la Navidad. Quiera Dios que este hombre y su mujer ajusticiada el mismo día con él, hayan podido arrepentirse de sus pecados y haber alcanzado misericordia.
    Feicitaciones por este trabajo.

    • Dear Humberto,
      ’89 is a strange year… It happened a lot but still remains mystery in much of the things. How Father Arsenie have prophesized the end of the communism, I do not know precisely and as far as I know, Ceausescu was a superstitious man, so it would be difficult to believe he made something against Father Arsenie. Moreover the monk was recently not in the eyes of the secret police anymore, so an assasinate is doubtful.
      As about Ceausescu, it is shameful that he was killed like a dog in the Holy Day of the Nativity. At that time the Romanians did not understand well what a correct judgement means. But to kill a state leader, even if he was a dictator, in such a saint day…. it is something definitely not Christian. I am not the appologizer of the communist age, on the contrary I believe it was an evil time, but I believe even Ceausescu deserves to be prayed for…

      Thanks for your comments and I hope I managed to spot a light on the personality of the great saint of the modern days, servant of God Arsenie Boca

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