Beato Pedro de Asúa y Mendía, sacerdote mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

Hoy, día de su beatificación, queremos escribir este artículo sobre el Beato Pedro de Asúa y Mendía, arquitecto y sacerdote mártir de la diócesis de Vitoria.

Pedro de Asúa y Mendía, nació en Valmaseda (Vizcaya) el día 30 de agosto del año 1890, siendo el penúltimo de seis hermanos, hijos del matrimonio formado por don Isidro Luís de Asúa y San Millán y doña Francisca Mendía Conde. Fue bautizado por el coadjutor de su parroquia el día 4 de septiembre, quién le impuso los nombres de Pedro León Juan. Cuando tenía cuatro años, ingresó en el Colegio de las Hijas de la Cruz en Valmaseda para recibir la instrucción primaria y en él permaneció hasta que cumplió los nueve. Era un niño inocente, respetuoso, juicioso y dócil a quién le gustaba asistir a las ceremonias religiosas que se celebraban en la capilla del colegio.

Recibió el sacramento de la Confirmación el día 23 de julio del año 1899 e hizo su Primera Comunión el día de la Inmaculada del año 1900. Desde ese año hasta el 1906 estudió en el colegio de Orduña, preocupándose cada vez más por sus estudios y teniendo informados de ellos a sus padres mediante una relación epistolar bastante estrecha. Era además muy desprendido con sus compañeros y es por esto por lo que quiero transcribir unas palabras que sobre él escribió su buen amigo y compañero Ignacio María Smith: “En la época en la que fui encargado de la procura – nombre que dábamos a una especie de economato que teníamos para proveernos de los objetos imprescindibles para los estudios – era frecuente la aportación de Pedro con sus vales, pues las monedas no nos servían para las transacciones, para socorrer las necesidades de otros compañeros, hecho no insólito en él, pero que no abundaba en los demás”.

Conseguido el título de bachiller en el año 1906, como era un gran amante de la naturaleza, observando la belleza y el orden de las construcciones naturales y como además le entusiasmaban las matemáticas, marchó a Madrid para estudiar arquitectura, consiguiendo terminar la carrera en el año 1914, cuando tenía veinticuatro años de edad. El título oficial de arquitecto, le fue expedido por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, el día 11 de marzo del 1915. Compaginaba sus estudios de arquitectura con la música, algo que le venía de familia porque ambos padres eran grandes aficionados musicales. Las vacaciones las pasaba en Valmaseda, donde seguía participando en la escolanía de la parroquia y, junto con su grupo de amigos, en las diversiones y romerías propias de la época estival. Aunque tenía muchas amigas, no se le reconoce ninguna relación especial con ninguna de ellas, lo que no fue obstáculo para que conociera los problemas propios de esa etapa juvenil; en este sentido, le escribía a un amigo que se encontraba en Cuenca: “Debes tener cuidado de no intimar demasiado con personas que no lleven una vida honesta y, si bien es verdad que a veces no hay más remedio que trabar amistad con ellas, no es menos cierto que esa amistad debe reducirse entre ciertos límites prudenciales, que sin pecar de grosero sirven para darse uno a respetar”.

Calle del seminario y catedral de Vitoria, España, donde el Beato se formó para sacerdote.

Calle del seminario y catedral de Vitoria, España, donde el Beato se formó para sacerdote.

Conseguida la titulación, en el mismo año 1915, dirigió la construcción del “Coliseo Albia” de Bilbao y terminado este, en el año 1917 realizó diversos trabajos en Madrid, principalmente dirigiendo reformas de casas y construyendo el frontón “Jay-Alay”. Posteriormente, marchó de nuevo a su pueblo natal para construir las “Escuelas Mendía”, un proyecto de uno de sus tíos, que finalizó en el otoño del 1920, fecha en la que ingresó en el seminario. Sus trabajos como arquitecto lo compatibilizaba con sus obras de apostolado y – como era un enamorado de la Eucaristía, que recibía diariamente y ante la cual pasaba largas horas de adoración en el Sagrario -, con su entrega a la obra de la “Adoración Nocturna Española”, quiso extender esta devoción en todos los ambientes donde se movía. Con solo veintisiete años de edad era todo un apóstol de la Eucaristía. Un joven arquitecto que amaba su profesión, a quién la vida se le mostraba sin tropiezos ni dificultades pero que estaba dispuesto a dejarlo todo para “ser sacerdote en el mundo, ya que hacen falta sacerdotes celosos y cultos”. Se lo comunicó a sus padres y ellos, complacidos, le dieron su bendición.

Como había estudiado latín, ingresó directamente como alumno externo en los cursos de Filosofía del Seminario de Vitoria. Como asimismo tenía profundos conocimientos de Lógica, Psicología Experimental y Ética, solo le quedaba estudiar Metafísica General y la Especial, en los tres campos de la realidad: el mundo, el hombre y Dios. En el Seminario de Vitoria permaneció un año. Sin que se sepa el por qué, el año siguiente, se matriculó como alumno externo en el Seminario Conciliar de Madrid, cursando el primero de Teología: Teología fundamental, Teología Dogmática, Lengua Hebrea y Arqueología. Al año siguiente volvió a Vitoria matriculándose como alumno interno en el Seminario Conciliar, donde terminó sus estudios teológicos. El Rector del Seminario definió brevemente su comportamiento: “A pesar de que Don Pedro de Asúa reunía relevantes cualidades personales y sociales, no pretendió nunca ni singularidades ni excepción alguna respecto de la disciplina del Seminario, apareciendo en todo como uno de tantos”. Trabajo, sencillez, compañerismo y oración.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

Fotografía del Beato en su hábito sacerdotal.

En el último curso se plantea la idea de acondicionar mejor el Seminario de Vitoria, le encargan la confección de los planos del nuevo Seminario, hace sus primeros croquis de las plantas y cómo sería la fachada y recaba la ayuda de otro arquitecto. Compagina estos trabajos profesionales con sus estudios y preparación para recibir las Órdenes Sagradas. El 5 de abril de 1924 fue ordenado de diácono y el 14 de junio, de sacerdote. Cantó su Primera Misa solemne, en su localidad natal, el día 27 de junio, festividad del Sagrado Corazón de Jesús.

Determinados cuales serían los terrenos donde se construiría el nuevo seminario, se colocó la primera piedra el 28 de abril de 1926; la construcción del seminario duraría casi cuatro años y medio. Dejó de ser arquitecto para ser sacerdote y ahora, que ya lo era, trabajaba de nuevo como arquitecto, aunque sin cobrar ni un solo céntimo en concepto de honorarios. Además, se sabe que más de una factura las pagó él de su propio bolsillo. Dirigía las obras con toda amabilidad, aun cuando algún trabajador se hubiera equivocado al realizarlas, su paciencia era inalterable, su modestia y simpatía no tenían limitaciones; todos los trabajadores apreciaban en él un conjunto de virtudes que sobresalía de lo corriente, de lo ordinario. Aunque pertenecía a una noble y rica familia y había adquirido un importante prestigio y renombre como arquitecto, jamás se observó en él el menor atisbo de vanidad, sino todo lo contrario. El 28 de septiembre de 1930 fue bendecido e inaugurado el nuevo Seminario, asistiendo al acto el rey Alfonso XIII. Roma lo premió dándole el título de Camarero Secreto Supernumerario, lo que suponía darle el título de Monseñor, título que jamás utilizó.

Durante la época de la República él fue el arquitecto de la diócesis: arregló iglesias en ruinas, reparó casas e instalaciones parroquiales, dirigió las obras de las escuelas de Guecho, hizo los planos de una reforma en el Seminario de Santiago de Compostela, los planos del Seminario de Oviedo y otras muchas obras más. Esto le dio la posibilidad de relacionarse con muchos sacerdotes, de abonar personalmente muchas de esas obras cuando las parroquias no disponían de medios económicos y de aprovechar su presencia en los pueblos para hacer comprender a los sacerdotes y seglares comprometidos, la importancia de la catequesis y del apostolado en la Acción Católica. Aun así, a pesar de ocupar este puesto de arquitecto, su mayor anhelo era ser nombrado párroco de la parroquia más humilde de la diócesis, por lo que tuvieron que insistirle una y otra vez para que entendiera que esa también era una forma de trabajar, de prestarle un gran servicio a su diócesis. El quería ser como el santo cura de Ars y como no le fue posible hacerlo en un pueblo o aldea, se dedicó al apostolado en su pueblo natal, al que acudía siempre que tenía algún tiempo libre.

Fotografía del nuevo seminario construido por el Beato.

Fotografía del nuevo seminario construido por el Beato.

Como sacerdote era humilde en extremo, pacífico aun en las mayores contrariedades, de una prudencia exquisita, generoso con todos sin hacer distinción alguna, comprensivo, piadoso y que llevaba una vida espiritual conforme en todo con lo dictaminado por el Derecho Canónico para un sacerdote secular. Un rasgo que ya desde niño le caracterizó fue su amor a la Eucaristía y eso lo expresaba no solo en el modo en el que oficiaba la Santa Misa y en su predicación, sino en sus asiduas visitas para orar ante el Sagrario. Tenía por costumbre cada vez que iba a un pueblo para visitar unas obras, pasarse antes por la parroquia para visitar al Santísimo. La Eucaristía era el foco que iluminó toda su vida sacerdotal. Suyas son estas palabras: “Qué queremos expresar al decir que Cristo está personalmente en la Eucaristía? Que ahí está el Verbo Divino unido a su sacratísima Humanidad, en la que habita, como dice San Pablo, la plenitud de la divinidad corporalmente. Por tanto, está en su compañía la Santísima Trinidad, porque no puede separarse una Persona de otra, ya que son un solo Dios…”. Como consecuencia de estos sentimientos eucarísticos, fundó la Adoración Nocturna en Valmaseda.

En su pueblo no solo desarrolló una intensa actividad sacerdotal, sino que también realizó una importante acción social. Apremiaba a los ricos para que pusieran sus bienes al servicio de los más necesitados, daba ejemplo viviendo tan modestamente que incluso llevaba una sotana raída y desteñida por el tiempo, jamás se puso el capisayo de Monseñor, los pobres siempre eran bien acogidos en su casa, visitaba asiduamente a los enfermos, consideraba escandaloso que la Iglesia se apartara de las clases trabajadoras y defendía con ahínco no solo el derecho del hombre y de la mujer al trabajo, sino que este tenía que ser justamente remunerado. Dos derechos: trabajo y justa remuneración. Decía que “el ideal de una sociedad cristiana era estar bien organizada, para dar trabajo a todos los que quieran trabajar y retribuirlos debidamente. Los esfuerzos de todos, deben encaminarse en este sentido”. Y consecuente con esto, realizó numerosas gestiones a favor de trabajadores que, o bien tenían problemas económicos familiares, o habían sido tratados injustamente en sus trabajos. También por eso, le encantaba predicar dando a conocer las enseñanzas de las encíclicas “Rerum novarum” de León XIII y “Quadragessimo anno” de Pío XI.

Realizó otras muchas actividades docentes, como consiliario de la Asociación de ex alumnos maristas, como apóstol de la Acción Católica y como director de retiros espirituales, pero para no alargar en exceso este artículo no incidiré en estas actividades apostólicas llevadas a cabo por Don Pedro. Sin embargo, no me resistir a añadir que era miembro de la Tercera Orden Franciscana.

Sepulcro del Beato en el interior de la capilla del seminario.

Sepulcro del Beato en el interior de la capilla del seminario.

Últimos días de su vida
El 18 de julio de 1936 estalló en España la Guerra Civil y el País Vasco, desde el punto de vista geográfico, estaba en el llamado bando republicano. Aunque era muy conocido y querido en Valmaseda, fue llamado varias veces por el “Frente Popular” para que se presentase en el Ayuntamiento de la localidad. Él, intuyendo que las cosas podían ir a peor, comentó un día en la parroquia: “Hay que estar preparado para todo, aun para el sacrificio de la vida, por si el Señor nos la exige”. El 25 de agosto fueron a buscarlo a su casa, pero no lo encontraron porque estaba en Bilbao. De Bilbao marchó a Erandio a casa de unos familiares y allí, el día 29 de agosto, a las tres y media de la tarde fue detenido en casa de sus tías y montado en un auto, lo llevaron a Liendo (Cantabria), donde llegaron a las once de la noche. Lo hicieron descender del coche y custodiado por unos milicianos lo hicieron adentrarse por un camino a la derecha de la carretera. Mientras ascendía, Don Pedro iba rezando: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Virgen Inmaculada, recíbeme en tus brazos”. Al llegar a una pequeña explanada, fue fusilado. Dos tiros atravesaron su cabeza y un tercero le destrozó la clavícula derecha. Los milicianos arrastraron el cadáver y lo tiraron al foso de un calero antiguo. Un vecino de Liendo, que escondido había presenciado toda la escena, por miedo no dijo nada.

Veinticuatro días más tarde, pasó por el lugar un pastor, quién asomándose al fondo del pozo, vio el cadáver y lo puso en conocimiento del Ayuntamiento de Liendo y del juez municipal. Recogieron el cadáver y sus pertenencias: una boina, un reloj, dos pañuelos unas tijeras y tres duros de plata que llevaba en el bolsillo pequeño de su chaqueta. Le dieron sepultura y allí permaneció durante dos años. Mientras tanto, su familia vivió temiéndose lo peor pero sin tener confirmación alguna. Cuando Vizcaya y Cantabria fueron tomadas por las tropas de Franco, sus familiares haciendo pesquisas se enteraron de que en el juzgado municipal de Liendo había depositado un reloj con las iniciales P.A. Indagando, tuvieron conocimiento de los hechos y supieron donde estaba sepultado. El 31 de julio de 1938, fue exhumado y llevaron los restos a Valmaseda, siendo inhumado en el cementerio de su localidad natal. Actualmente, desde el 11 de abril de 1956, se encuentra sepultado en la capilla del Seminario de Vitoria.

Actual sepulcro del Beato. Fotografía cortesía del Obispado de Vitoria, España.

Actual sepulcro del Beato. Fotografía cortesía del Obispado de Vitoria, España.

A nivel diocesano, el Proceso Informativo se inició el 14 de diciembre de 1960, concluyéndose, el 24 de mayo de 1962. El Nihil Obstat se dio el 30 de septiembre del 2005. El Papa Francisco ordenó la promulgación del Decreto de martirio, el 27 de enero de 2014 y su beatificación es en el día de hoy, 1 de noviembre del 2014, en la catedral de Santa María, en Vitoria (España).

Antonio Barrero

Bibliografía:
– CASIERI, A., “Bibliotheca sanctórum, I Apéndice”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987
– GOICOECHEAUNDIA, J., “Arquitecto y sacerdote: Mons. Pedro de Ansúa y Mendía”, Gráfico-Editora, S.L., San Sebastián, 1944.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

15 pensamientos en “Beato Pedro de Asúa y Mendía, sacerdote mártir

  1. Gracias, Antonio, por presentarnos a este recién estrenado Beato. Me sorprende que le permitieran seguir siendo arquitecto y ejerciendo su oficio después de profesar como sacerdote. Tenía entendido que quien entraba en religión renunciaba a su actividad anterior, pero ahora que recuerdo el caso de los médicos, maestros y enfermeros que siguen siéndolo aunque tomen los votos; parece ser que si el oficio es de alguna utilidad a la orden o diócesis correspondiente, se mantiene. ¿No?

    • Ana María,
      Está claro que la principal misión del sacerdote es su labor sacerdotal, pero está claro que si el sacerdote también es un profesional en alguna materia que es compatible con su labor sacerdotal, puede compatibilizarla sin ningún problema. Como tu muy bien dices, ¿cuantos sacerdotes son médicos o maestros y trabajan como tales, por ejemplo, en las misiones? Lo cortés no está reñido con lo valiente.
      El era arquitecto, además, buen arquitecto y su obispo vio que esta actividad era útil para la diócesis y por eso se le encomendó trabajos como tal, pero siempre lo compatibilizó con su principal labor, que era la sacerdotal, aunque no tuviese asignada ninguna parroquia como él quería.

      Y aunque este es un tema distinto, ¿qué decimos de los llamados sacerdotes obreros? Sacerdotes que para acercarse al pueblo, se inmiscuye en él hasta el punto de ganarse el sustento trabajando codo con codo como albáñil, carpintero, en una fábrica o donde sea. Tu sabes muy bien, que en los últimos años de la dictadura, muchos sacerdotes para acercar el mensaje de Cristo a los trabajadores, trabajaban con ellos y como ellos, ya que la clase trabajadora veía a la iglesia oficial como algo alejado de su realidad y que, al vivir en otro mundo, no tenía nada que decirles. Yo conocí y trabajé con varios sacerdotes obreros, que eran jesuitas, verdaderos compañeros de trabajo, verdaderos currantes y verdaderos sacerdotes.

      • Para mí que ese tipo de sacerdotes son los más santos y los más necesarios. De hecho, aunque no lo dicen expresamente las Sagradas Escrituras, es muy probable que Cristo aprendiese el oficio de carpintero de su padre putativo y lo ejerciera mucho tiempo. Que luego dejara de tallar la madera para ir a predicar el Reino, desde luego, pero que oficio tenía y eso lo compaginaría con el estudio de las Sagradas Escrituras en la sinagoga. Digo yo.

        Por eso, el sacerdote obrero es para mí el que más se parece a Cristo, el que está con la gente y no hace ascos a nadie. Eso sin menospreciar al sacerdote culto y versado en letras; que también me merece un respeto siempre que su saber no lo lleve a la arrogancia y al desprecio de los demás. Por desgracia, he conocido a más de un sacerdote culto, pero altanero. El saber de filosofía o pedagogía no está reñido con el arremangarse y trabajar con la gente y por la gente. Lo hacen las religiosas, ¿por qué ellos no?

        • Está clarísimo que Cristo aprendió el oficio de artesano (carpintero) de José y que lo ejerció para ganarse el pan, hasta que se dedicó por completo a predicar la Buena Noticia. Y el propio San Pablo, que aunque decía que el que sirviera al altar, viviera del altar, al mismo tiempo se vanagloriaba de trabajar para ganarse el pan.

          Yo soy partidario de que los sacerdotes también “doblen el lomo” y sepan lo que es el trabajo, intelectual o físico. Yo tengo mis dudas de que las veinticuatro horas del día de un cura las ocupe en su labor apostólica y por eso, el trabajo y la predicación deberían ser obligatoriamente compatibles. Pero ya sabemos que una cosa es predicar y otra bien distinta es dar trigo.

  2. Antonio,por lo que he entendido despues de leer el articulo dedicado a este gran sacerdote martir,fueron a buscarlo (tras no hallarlo en su casa) ex-profeso a Erandio con la intencion de detenerle y asesinarle ya que en el vehiculo en el que se lo llevaron a su martirio solo iba el,¿me equivoco?

    Me gustaria saber que significado tenia el titulo que le dieron de “camarero secreto supernumerario”,ya que jamas lo habia escuchado.

    • Efectivamente, él iba solo junto con los verdugos que lo asesinaron.

      En el Vaticano había y aun hay todo un ceremonial y boato propio de una corte real. Un camarero secreto supernumerario era una distinción que se otorgaba – y quizás aun se otorgue – a algunas personas relevantes que podrían considerar un honor el ser un servidor papal, perteneciendo a su séquito.
      Para que veas la complejidad de todo esto, te adjunto este link por si tienes la paciencia de mirarlo tranquilamente:
      http://es.wikipedia.org/wiki/Casa_Pontificia

  3. Gracias Toño por la publicación de este Beato Mártir precisamente el día de su beatificación.
    Me ha llamado la atención que se hubiera beatificado a él sólo, me estaba acostumbrando a que los mártires españoles decla guerra civil se les honrara en manojo.
    Es interesante también que sus restos se hayan preservado y que ahora descansan en el seminario, un lugar donde el hizo tanto trabajo.
    Dice Ana que pensaba que los sacerdotes profesionistas no pensaba que siguieran ejerciendo su profesión. En Guadalajara está el Padre Rafael Uribe, arquitecto, en la comisión de arte sacro. Y tenemos un tapatío benedictino, Fray Gabriel Chávez de la Mira, también arquitecto, autor de muchos proyectos nacionales y locales. El nuevo altar de la catedral tapatía es obra suya y también tiene proyectos en el Santuario de los Santos Mártires Mexicanos que se está construyendo en esta ciudad.
    No estoy seguro, pero creo que también tiene que ver algo con la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe.
    Como verán, hay de todo en la viña del Señor.

    • Si que llevas razón. Los anteriores Papas nos tenían acostumbrados a beatificar a racimos y cuando una beatificación de un mártir español es individual, nos extraña. Seguro que esta Causa ha sido investigada mucho mas que algunas otras, donde entraron algunos mártires de los cuales ni se tiene seguridad del martirio, ni se sabe como fue, ni se encontraron jamás el cadáver, etc. Solo por el hecho de que la persona desapareció y no dieron con él, ya se dió por muerto y martirizado. Para mi eso es falta de rigor.

  4. Gracias Antonio, leer un articulo de un Beato recientemente creado siempre se agradece.
    El Beato Pedro de Asúa siempre estuvo guiado por la eucaristía, hasta el mismo momento de su muerte fue su faro. Eso siempre lo admirare yo de un sacerdote, que permanezca enamorado de Jesús bajo las especies del Pan y el Vino, a lo largo de toda su vida. Ese amor le llevo como vemos a fundar las adoraciones nocturnas para que Jesús sacramentado nunca estuviese solo, ¿i cuantos sant@s habrán dando al mundo estas horas de adoración a solas con Jesús!?
    Vemos también en el nuevo Beato su personalidad de autentico pastor, a pesar de ser de una familia acomodada, él nunca se sintió mas que nadie y con creces lo demostró con su ejemplo y trabajo.
    Al igual que el Santo Cura de Ars quería crecer en santidad entre los más pobres y sencillos, dejando a un lado todos los “privilegios” y buenos puestos que le ofrecían. Poco a poco se hizo santo en medio de todo y todos, hasta que llego el día que así, sin más, decidieron que molestaba y lo hicieron desaparecer. ¿ Que daño pudo hacer para buscarse esta muerte tan injusta?, pues yo creo que el “daño” de hacer el bien a todos. Y es que como dicen en mi tierra: el bien y la paz, a muchos despierta malestar.
    Antonio, ¿ sabes si su sepulcro ha sido trasladado o modificado en forma de altar, ahora que ya esta reconocido como Beato?.
    Que el Beato Pedro de Asúa interceda por todos nosotros.

    • David,
      Toda muerte violenta es injusta y la de un inocente lo es mucho más y el padre Pedro solo supo hacer el bien como seglar y como sacerdote. Pero tu sabes que en aquel tiempo se cometieron auténticas barbaridades por ambos bandos, aunque desgraciadamente solo vemos beatos en los asesinados por uno de ellos. Esto es absolutamente injusto.

      Las reliquias del beato han sido reconocidas canónicamente y puestas en una urna nueva. Una réplica exacta de esa urna es la urna pequeña que se presentó como relicario en la ceremonia de la beatificación.

      • Gracias Antonio,
        Es totalmente cierto, en una guerra entre hermanos ambos bandos fueron los culpables de tanto horror. Como en este caso se cebaron injustamente con este Beato, pues por eso me refería a sus verdugos como culpables, pero ambos fueron bandos fueron sembradores de guerra y oído.
        Dios quiera que estas guerras que por desgracia se están dando tanto, cesen ya de una vez.

        Referente a las reliquias, ya he tenido la oportunidad de verlas en la pagina de la Diócesis, y esa urna a la que te refieres es muy bonita.

    • Inma,
      Esa oración tiene que ser aprobada oficialmente por la Iglesia y como tarde en aprobarse lo que tardó la oración de la beatificación del 2007, mejor que te sientes para esperar porque de pie te cansarás. Tardaron casi tres años.

  5. Señor Barrero: le agradezco sinceramen la poca o nula información que se ha dadote la información que ha reunido sobre el Beato Pedro de Asúa y Medía. Yo era un niño de 8 años pero me impresionó el relato de su muerte que me proporcionó un pariente del que fue Arzobispo de Valencia Mons. Olaechea. Tuve en mi poder el libro sobre su vida ” Arquitecto y Sacerdote”, que se me extravió en algún traslado.
    He sentido de forma especial la poca o nula información que se ha dado en la Diócesis de Bilbao sobre su vida y beatificación, como si existiera una actitud vergonzante sobre su beatificación. Personalmente siempre le consideré un gran santo y espero su canonizacíón, aunque por mi edad será difícil poderla disfrutar.

    • Don Agustín,
      Porque sabíamos que el Beato Pedro de Asúa había sido un gran hombre y un gran sacerdote, quisimos dedicarle este artículo en el día de su beatificación. Hemos querido colaborar dándolo a conocer. Hemos puesto nuestro granito de arena.

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