Santa Águeda Yi So-sa, mártir coreana

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vidriera contemporánea de la Santa en una iglesia de Seúl, Corea del Sur.

Vidriera contemporánea de la Santa en una iglesia de Seúl, Corea del Sur.

El próximo 25 de noviembre se celebra la festividad de una mártir coreana, Águeda Yi So-sa -que no debe ser confundida con Águeda Yi Kannan, a la cual ya le dedicamos un artículo en el blog- que fue una de los 79 mártires de la persecución de 1839. De hecho, fue, junto a su hermano Pedro Yi Ho-yong, la primera en ser capturada y la que más tiempo pasó en prisión, luego de sufrir un terrible martirio por su fe.

Una laica coreana
Águeda Yi (o Yi Águeda, como era llamada en realidad) nació el año 1784 en Kuwul, cerca de Inchon, en la provincia coreana de Kyonggi, el mismo año en que era bautizado en Peking el primer católico coreano, Yi Sung-hun. Nuestra protagonista, que compartía el nombre asiático Yi con el griego de Águeda en honor a la mártir de Catania, como tantas otras cristianas y mártires de su época y patria, era una mujer de corazón amable y de buenas maneras, que siempre traía luz y alegría a los de su casa. Sin embargo, en su juventud no recibió una educación religiosa adecuada. Esto se debió al hecho de que su padre no era católico y de que su madre, aunque era catecúmena, realmente no entendía gran cosa del catecismo.

A la edad de diecisete años, Águeda se casó con un hombre que no era católico, por lo que su vida se distanció de la fe. Pero sucedió que no pudo tener hijos y, entristecida por esta situación, buscó algo con que llenar el enorme vacío de su vida. Este vacío fue a llenarlo su hermano, Ho-yong, que nació dos años después de que ella se casara. Él, que era diecinueve años menor que ella, fue siempre su gran fuente de alegría. Esto se hizo más patente cuando, un año apenas después de su nacimiento, el joven marido de Águeda murió, dejándola viuda tan sólo después de tres años de matrimonio y sin ningún hijo. Esta tragedia provocó en Águeda una gran inseguridad y le hizo desconfiar de su futuro. Necesitaba descubrir que su vida tenía valor, tenía algún sentido, y darle con ello estabilidad. Y esta sensación vino a intensificarse cuando su padre murió poco tiempo después de su marido.

Triste vida familiar
Vista la situación, Águeda decidió fortalecerse y decidió abandonar la casa de su marido para regresar a la de sus padres. Lo hizo tanto por retornar a los orígenes de su fe, como por el hecho de sentirse responsable de su hermano pequeño, Ho-yong. De hecho, se sentía agradecida de que su madre hubiera hecho bautizar a su padre antes de su muerte, facilitándole un tránsito pacífico. Sin embargo, la vida en el hogar era muy dura. Ella tenía que cuidar de su madre y de su hermano, pero además, la poca herencia que el padre les había dejado pronto se esfumó; por lo que se vio obligada a trabajar de costurera para poder mantener a la familia.

La Santa y su hermano son detenidos por su fe cristiana. Ilustración contemporánea coreana.

La Santa y su hermano son detenidos por su fe cristiana. Ilustración contemporánea coreana.

En medio de todas estas dificultades, Águeda nunca perdió su serenidad. Se dedicó a estudiar la doctrina católica y a enseñarla a su hermano pequeño. Juntos afrontaron la pobreza y vivieron una vida de amor a Dios y de obediencia a los mandamientos. El ejemplo de los mártires de la persecución de 1801 y su eterna victoria a través de la muerte se mantenía viva en sus corazones. Como modelaban su vida en función de la de los mártires, los demás católicos los veían como una familia católica modelo.

En el Diario Gihae escrito por Hyon Song-mun se dice de Águeda Yi: “Después de que su padre murió, Águeda perdió todas sus propiedades. Vivía con su anciana madre y su hermano pequeño en una extrema pobreza. Las dificultades que tuvo que soportar están fuera de toda descripción. A pesar de su pobreza, a ella se la veía siempre serena y con una sonrisa feliz. Es imposible relatar toda su bondad, sus bellas palabras, sus buenas obras. Ella era humilde y cortés, de modo que todos la alababan, la querían y la admiraban por la belleza de sus acciones”.

Martirio
Águeda Yi fue arrestada por la policía junto con su hermano en febrero de 1835, siendo ambos arrojados a la prisión. El interrogatorio al que fueron sometidos se desarrolló mediante tortura, pues la intención del comisario de policía era forzarlos a renegar de su fe y a denunciar a otros creyentes como ellos. Sin embargo, ellos replicaron: “Dios es nuestro Padre y no podemos traicionarlo. Si te damos los nombres de otros creyentes, les perjudicaremos, de modo que tampoco lo haremos”. El comisario dio orden de torturarlos, y la forma de tortura empleada era tan brutal que había sido prohibida por decreto real en 1732, pero de nuevo reintroducida especialmente para el interrogatorio de los católicos.

Águeda fue apaleada hasta que su carne colgó a tiras y sus piernas quedaron dolorosamente retorcidas y deformadas, pero permaneció firme. Como se negaba a renegar de Dios y de su fe, los verdugos la desnudaron, la colgaron del techo con los brazos atados a la espalda, y la golpearon por todo el cuerpo con un palo. Pocos días después la volvieron a sacar para golpearla hasta que su cuerpo no fue más que un desecho ensangrentado. Pero las únicas palabras que ella dijo al torturador fueron: “No puedo traicionar a la Iglesia”.

Martirio de la Santa. Ilustración contemporánea coreana.

Martirio de la Santa. Ilustración contemporánea coreana.

El comisario, dándose cuenta de que no iba a tener éxito, llevó a hermano y hermana de nuevo ante el tribunal, que juzgó el caso y emitió sentencia. Pero pasaron los cuatro años siguientes en la cárcel porque la sentencia no fue confirmada por el rey. En estos cuatro años, y a pesar de que Pedro y Águeda estaban en celdas separadas, de vez en cuando los guardias les permitían reunirse y los hermanos aprovechaban estas ocasiones para fortalecerse el uno al otro y hacer solemne promesa de que morirían juntos, como mártires, el mismo día. Pero Pedro no pudo cumplir la promesa: malherido, con los huesos rotos y fuera de lugar por las palizas, sucumbió a la debilidad y a la enfermedad: “Hubiese querido morir por la espada, admitió, pero ya no quiero nada que no sea la voluntad de Dios”, y falleció el 2 de noviembre de 1938, a los 36 años de edad, siendo el primero de los 103 santos mártires coreanos.

Seis meses después de la muerte de Pedro Yi Ho-yong, llegó la confirmación real de cumplir con la sentencia. Así que el 24 de mayo de 1839, Águeda fue sacada de prisión, junto con otros ocho católicos que habían sido arrestados después de ella. Los llevaron al lugar de ejecución, más allá de la Pequeña Puerta Oriental, y allí los decapitaron. Águeda tenía 56 años de edad. Se dice que se santiguó reverentemente justo antes de que le cortaran la cabeza.

Fue canonizada el 6 de mayo de 1984 en la plaza Yoido, en Seúl, por el papa San Juan Pablo II. Como ya hemos dicho al inicio del artículo, su festividad, la suya y la de su hermano, se celebra el próximo día 25 de noviembre, pero ante la imposibilidad, por razones de calendario, de publicarlo en ese día, los recordamos hoy.

Meldelen

Enlaces consultados (17/11/2014):
– http://english.cbck.or.kr/Saints103/211
– http://english.cbck.or.kr/Saints103/219

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

8 pensamientos en “Santa Águeda Yi So-sa, mártir coreana

  1. Gracias, Ana Maria, por este artículo sobre otra santa mártir coreana, santa cuya vida fue de lo más normal dentro de su clase o casta, pero que demostró un interés especial por la fe católica, una vivencia intensa de su fe y un saberla poner por delante de cualquier interés, incluso la vida.
    Una vida sencilla, sin aspavientos ni milagritos, pero ejemplar y una muerte cruentisima que le abrió las puertas del Paraiso.
    Santa Águeda Yi So-sa, ruegue por la Iglesia que está sufriendo en muchas partes del mundo y de fuerzas a cuantos mártires actuales están siguiendo sus pasos.

    • Amén, Antonio.
      A mí me llama la atención el hecho de que no recibiera una adecuada instrucción religiosa y llegara a alejarse de la fe por circunstancias personales de su vida; pero luego, no sólo estudió atentamente la doctrina que se había perdido, sino que la vivió intensamente, la enseñó a su hermano, que sería catequista, y la defendió hasta la muerte, y en medio de una tortura terrible. Es el ejemplo claro de que los antecedentes no tienen por qué marcar una trayectoria vital; si uno quiere, puede, y la ignorancia, la falta de preparación o el ambiente no son excusa para no tener una adecuada formación y cultura religiosa, si es que se quiere tenerla, claro.

  2. Es un gusto poder ir descubriendo cada dia nuevos santos/as o beatos/as como es el caso de nuestra martir de hoy.
    Estoy un poquito en desacuerdo con vosotros por el tema de que se alejara de la fe al casarse con un hombre no cristiano.
    Si se puede entender a causa de la poca instruccion que recibio de su madre,que la mujer ya debio hacer y enseñar lo que pudo en las circunstancias de la epoca.
    Pero creo que el hecho de alejarse del hogar y casarse y compartir vida con una persona no cristiana no es motivo suficiente para que alguien vaya dejando su religion a un lado.
    Ana Maria me gustaria preguntarte si las mujeres que fueron martirizadas junto a ella tambien han sido canonizadas o tienen proceso abierto.

    • Abel,
      Con el permiso de Ana Maria, meto la cuchara.
      El 24 de mayo de 1839, junto con Santa Agueda Yi So-a, fueron martirizadas las santas Magdalena Kim Ob-i, Ana Pak A-gi, Águeda Kim A-gi, Bárbara Han A-gi, Lucía Pak hui-sun y tres varones: Agustin Yi Kwang-hon, Damián Nam Myong-hyok y Pedro Kwom Tung-i. Como ves, los nueve están canonizados. Días más tarde, dentro del mes de mayo, otros cristianos coreanos también fueron martirizados, algunos de los cuales están canonizados y otros beatificados

    • Pero eso de que se alejó de la fe al casarse con un marido no católico no lo he dicho yo, ni lo ha dicho Antonio, sino que lo dice la fuente que he consultado, Abel. Si es verdad o no ya queda a conciencia del que ha escrito eso, pero no veo por qué pudiera mentir. A veces, cuando nos rodeamos de gente no creyente, nuestra vida de cristianos se resiente. Es natural.

      Por otra parte no sabemos a qué se refieren con eso. No creo que se refiera a que perdió la fe o dejó de creer. Más bien que igual perdió la costumbre de rezar o de asistir a misa, si es que podía hacerlo. No es lo mismo, creo yo.

      Por último, a lo de sus compañeras ya te ha respondido Antonio. De todos modos, como tengo intención de ir hablando poco a poco de todas las mártires coreanas, japonesas y chinas (¡ahí es nada!), iremos viéndolas una por una.

  3. Siempre digo que me gusta conocer la vida de estos mártires del continente asiático. No deja de llamarme la atención la manera con la que abrazaron la Fe de Cristo, a veces como vemos aquí fueron muy pocos los conocimientos, pero suficientes para seguir creciendo en santidad y soportar firmemente y con convicción un martirio tan cruel como el de Sta Águeda Yi So-sa.

    No deja de sorprenderme el hecho de que ya bien entrado el s. XIX, se rescataran técnicas y métodos de tortura que hasta para los mismos torturadores eran demasiado duras. Y todo para que los cristianos renegaran de su fe. Nunca llegare a entender hasta que punto puede llegar el ser humano haciendo el mal a su prójimo.

    Gracias Ana María.

    • Todavía hay martirios peores y más refinados entre los mártires asiáticos, como hemos visto en el caso de las Santas Magdalena y Marina de Nagasaki, y otros que veremos, también entre las coreanas. El caso de Santa Águeda Yi So-sa y otros es simplemente tratar de vencer a una persona a garrotazo limpio, de una brutalidad y simpleza que resulta irónico que los asiáticos consideraran como bárbaros a los occidentales.

      Lo peor del caso es que este tipo de torturas se siguen aplicando en la China comunista de hoy. Yo he visto fotografías de mujeres que han sido apaleadas así en las dependencias de la policía y el estado de sus cuerpos es tan horrible que esa ilustración que ves de la Santa ensangrentada parece de cuento de hadas. Y esas fotos, horror de horrores, son de hace unos pocos días. ¡Que Dios lo perdone!

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