El Beato Scoto y la Inmaculada Concepción

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Mosaico del Beato Scoto ante la Inmaculada. Pontificia Università Antonianum, Roma (Italia).

Mosaico del Beato Scoto ante la Inmaculada. Pontificia Università Antonianum, Roma (Italia).

Cuando escribimos sobre el Beato Juan Duns Scoto hace exactamente un mes, expusimos “grosso modo” cual había sido su posicionamiento ante el hoy dogma de la Inmaculada Concepción. Hoy, día en el que celebramos este privilegio de la Santísima Virgen, quiero abundar en este asunto aun a sabiendas de que quedarán muchas cosas en el tintero.

Antes de que apareciera nuestro Beato en la historia, ya parte del pueblo cristiano otorgaba a María esta prerrogativa en su concepción en previsión a lo que Ella sería años más tarde: la Madre de Dios, el sagrario que llevaría en su vientre al Verbo encarnado y la criatura que lo educó, alimentó y apoyó en todas sus actuaciones. La fe popular intuía este privilegio y lo defendía. Existe un libro apócrifo del siglo II, el Evangelio de Santiago (del que ya hemos escrito en este blog), que tuvo mucha influencia en la liturgia y que “podría ser el origen” de las fiestas de la Inmaculada, la Natividad de María y la de su Presentación en el Templo. Este evangelio nos narra como San Joaquín estaba desolado porque en su vejez aún no había concebido a un hijo y cómo un ángel se lo anuncia diciéndole que su esposa lo hará padre. Este texto, aunque sea apócrifo, ya nos da a entender la santidad de María y del mismo, casi se puede intuir, que su concepción sería milagrosa. De hecho, influyó en la vida de la Iglesia porque ya en el siglo VII en algunos lugares se celebraba la festividad de la Inmaculada Concepción, aunque todos sabemos que no era dogma y que tenía sus detractores. El pueblo cristiano sabía que en la concepción de María había ocurrido algo excepcional.

Es verdad que en el Concilio de Éfeso (siglo V), este tema no se toca pues el origen del mismo era resolver el problema de las dos naturalezas de Cristo, pero ya en él se define que María es la “Theotokos”, la Madre de Dios, una criatura especial. Más tarde, San Agustín defiende que en María no existió nunca ningún tipo de pecado, basándose en que por su maternidad divina, Ella había recibido una gracia especial de Dios, un “privilegio especial” como posteriormente cantaría el pueblo cristiano.

El Beato Juan Duns Scoto ante la Inmaculada Concepción.

El Beato Juan Duns Scoto ante la Inmaculada Concepción.

Esta doctrina popular, esta creencia popular, no definida aun oficialmente, sin embargo tuvo influencia en la liturgia y ya en el siglo VIII, los monjes palestinos celebraban la fiesta de la “Concepción de la bienaventurada Ana” el día 8 de diciembre, en función de que nueve meses más tarde se celebraba el “Nacimiento de María”. De esto nos hablan tanto san Andrés de Creta como Juan, el obispo de Evia. El Patriarca Focio de Constantinopla lo admite en la primera mitad el siglo IX y a finales de ese mismo siglo, el Papa León VI lo extiende a todo Occidente. En realidad no se celebraba expresamente la Concepción Inmaculada de María tal y como la entendemos hoy en día, ya que el concepto de pecado original no quedó definido tal cual hoy lo conocemos hasta mucho después, en el Concilio de Trento. Se celebrada que su concepción y su nacimiento fueron un milagro.

En el siglo XI, antes de la invasión normanda de Inglaterra esta fiesta era celebrada y, aunque quedó suprimida durante dicha invasión, pronto se recuperó e incluso fue defendida en el Sínodo celebrado en Londres entre 1127-1129. Desde Inglaterra la fiesta se extendió por media Europa, siendo el caso más famoso el de la catedral de Lyon a la cual se opuso el mismísimo San Bernardo de Claraval. Desde este momento se avivó la controversia entre quienes defendían la concepción inmaculada de María (los “immacolisti”) y los que no la defendían (los “macolisti”). Pero la celebración de la fiesta se fue extendiendo, logrando un gran impulso en el Capítulo General de los Franciscanos celebrado en el 1263, que decidió festejarla en toda la Orden. Ya en aquella época, algo más “calmado”, Santo Tomás de Aquino decía que “aunque la Iglesia Romana no celebra la Inmaculada Concepción, tolera la práctica de aquellas iglesias que celebran esta fiesta”. Roma callaba y toleraba, pero todo cambiaría cuando el Beato Juan Duns Scoto defendió esta tesis en la Universidad de París y cuando el Papa Juan XXII, la celebró solemnemente en Avignon donde estaba exiliado.

Siempre se ha dicho que el Beato Scoto enfrentó sus tesis con el mismísimo San Buenaventura, pero esto no es del todo cierto ya que este último podríamos decir que mantuvo una tesis intermedia: algo especial había en María cuando ésta era considerada como mediadora entre Cristo y los hombres y cuando era considerada más santa que el conjunto de todos los santos juntos. El principal escollo era las palabras de San Pablo: “Todos hemos pecado en Adán y todos hemos sido redimidos por Jesucristo”. (Primera Corintios, 15, 22) y por eso, quienes estaban en contra de la concepción inmaculada de María, lo estaban porque defendían la universalidad de la redención de Cristo y también la universalidad del pecado de Adán.

El Beato Juan Duns Scoto defiende a la Inmaculada Concepción.

El Beato Juan Duns Scoto defiende a la Inmaculada Concepción.

Hechas todas estas premisas, resumamos cual era la tesis del Beato Scoto y cómo la defendió. Nuestro beato defendía la primacía absoluta de Cristo, pero también consideraba lo que podríamos llamar una “redención previa a María” por lo que tuvo el privilegio de ser redimida antes de su concepción en previsión de quién iba a ser. La tradición dice que cuando Scoto tuvo que defender en público su posición ante todas las autoridades eclesiásticas y académicas existentes en París – muchas de las cuales lo acusaban de herejía -, antes de entrar en aquella asamblea tuvo que pasar por la capilla del Palacio Real en la que había una estatua de María, ante la cual él oró diciéndole: “Dignare me laudare te, Virgo sacrata” y que la imagen inclinó la cabeza en señal de aprobación. Allí, mientras exponía su tesis, lo hizo de manera tan clara que nadie osó interrumpirlo, pero cuando terminó de hablar fue asaeteado a preguntas.

Sin entrar en los detalles de ese debate, sin embargo si quiero reseñar que uno de los presentes, Landulfo Caracciolo, que posteriormente sería nombrado arzobispo de Amalfi, llegó a escribir: “Nuestro Señor Jesucristo destinó a Duns Scoto, distinguido doctor de la Orden de los frailes menores en París, a donde fue llamado por mandato del Papa para un debate público sobre la Concepción de la Virgen. Scoto rechazó de tal manera todos los argumentos y razones de los opositores defendiendo la santidad de la concepción de María, que algunos de los oponentes quedamos impresionados y no pusimos objeciones. Por esta razón empezamos a llamarle “Doctor subtilis” y yo, Landolfo, deseoso de seguir la doctrina y las reglas del Papa y habiéndolo jurado en la Sorbona, deseo celebrar devotamente la fiesta de la santísima Concepción de María y quiero que esta fiesta sea solemnizada por todos”. Desde ese momento las tesis defendidas por Duns Scoto se fueron asentando en toda la Iglesia Católica hasta que finalmente, el beato Pío IX declaró el dogma el día 8 de diciembre de 1854. La mismísima Virgen María lo reafirmaba cuatro años más tarde en Lourdes autodefiniéndose: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

Pero dicho cómo defendió Scoto su tesis, ¿cuál era el meollo de la misma? Scoto era franciscano y, al igual que San Francisco, tenía conciencia de la relación tan estrecha que había entre el Hijo y su Madre, una relación que no sólo fue momentánea durante el tiempo en el que vivieron en Palestina, sino una relación con unas profundas raíces teológicas y eclesiales. La primacía corresponde a Cristo, pero éste, como el Verbo que es predetermina cómo sería la santidad de su Madre incluso con el privilegio de su Concepción Inmaculada y esta tesis, él considera que es lo normal, lo que un hijo quiere para su madre y que no contradice ni a las Escrituras ni a la doctrina anterior de la Iglesia. Cristo es el primero y Cristo predetermina y, por lo tanto, María no tendría ningún sentido sin Cristo.

El Beato Juan Duns Scoto ante la Inmaculada Concepción. Vidriera contemporánea en el convento franciscano de París (Francia).

El Beato Juan Duns Scoto ante la Inmaculada Concepción. Vidriera contemporánea en el convento franciscano de París (Francia).

Dios es Amor, por amor crea al hombre, por amor le da y respeta su libertad y por amor nos hace hijos suyos y en el colmo del amor nos envía a su Unigénito al mundo. Por eso, recordemos como Duns Scoto decía que la Encarnación era el “Summum Opus Dei”. La Encarnación tiene primacía sobre todo y, por tanto, Cristo – Dios/Hombre – es lo absoluto, es lo incondicional, es la única santidad que puede dar gloria a Dios. Cristo viene al mundo para dar gloria a Dios y por eso, para Scoto, “aunque el hombre no hubiese pecado, el Verbo se habría encarnado en el seno inmaculado de María”. Esta predestinación absoluta de Cristo conlleva la predestinación de María y si María estaba predestinada a ser la Madre de Dios, tenía que participar de su santidad aun incluso antes de su concepción e incluso antes de cometerse el pecado de Adán.

En un mismo designio divino se predetermina la existencia de Cristo y el privilegio de su Madre. La universalidad redentora de Cristo, preserva a su Madre del pecado y por eso, María es santa desde el mismo instante de su concepción. Llega a decir que: “María en el mismo instante en el que debía haber asumido la herencia del pecado original, recibió la gracia de la santificación”. Dios le da la gracia en el primer momento, no después, porque si puede dar la gracia después, ¿cómo no va a poder darla antes? “Dios, desde el primer instante de la creación de María, le da la gracia que recibe cualquier persona al recibir la circuncisión o el bautismo”. María es redimida anticipadamente porque “María necesitaba de Cristo Redentor. De hecho, María habría contraído el pecado original si no hubiera sido impedido por la gracia preexistente de su Hijo. Lo mismo que todos necesitamos de Cristo para que se nos perdonen nuestros pecados, María tenía la necesidad, aun mayor, de no contraerlo”. Este privilegio no está apoyado en la propia María, sino en su propio Hijo, que fue quién la eligió como Madre.

Es cierto que Juan Duns Scoto era conocedor del texto de San Pablo y sabía que era doctrina de la época que el pecado de Adán se asumía en el momento de la copulación del hombre y la mujer engendrando a un hijo, pero, viendo esta dificultad, intentó eludir indirectamente este obstáculo mediante la teoría de la “redención universal”: reconoce que la redención se refiere a toda la raza humana y a cada individuo en particular, pero incluyendo que la redención también puede darse como preservación. De esta manera, toma de forma indirecta las palabras de San Pablo a los Romanos: “Todos han pecado en Adán, pero la gracia de Cristo ha abundado más que el pecado de Adán”, luego la Concepción Inmaculada de María coincide con la gracia divina que neutraliza completamente los efectos del pecado original. Por eso dice: “La Virgen Santísima, Madre de Dios, nunca fue un acto hostil hacia Dios, ni por razón de pecado personal, ni por razón del pecado original”. Por supuesto que él consideraba que María era hija de Adán, pero de antes de que el padre del género humano perdiese su inocencia original. El hecho de que María, por su naturaleza humana sea hija de Adán, no comporta necesariamente la inexistencia de gracia “ex se”. Por los méritos de Cristo una persona puede ser preservada porque la gracia de Cristo es más abundante que el pecado de Adán, conforme lo dice el propio San Pablo en el mismo texto. En otras palabras, Duns Scoto ilustra el privilegio mariano con el concepto de Redentor perfectísimo, presentando este privilegio como el primer y mejor fruto de la Redención. De esta manera se recupera intuitivamente el significado auténtico del texto del apóstol Pablo.

La Inmaculada Concepción con los Santos Francisco de Asís, Buenaventura, Antonio de Padua y Beato Juan Duns Scoto. Lienzo de Albert Küchler. Pontificia Università Antonianum, Roma (Italia).

La Inmaculada Concepción con los Santos Francisco de Asís, Buenaventura, Antonio de Padua y Beato Juan Duns Scoto. Lienzo de Albert Küchler. Pontificia Università Antonianum, Roma (Italia).

Con un expertísimo movimiento dialéctico y una felicísima intuición metafísica, Juan Duns Scoto, al incorporar a su tesis el concepto de la redención universal, lo profundiza desde el punto de vista teológico y lo vuelve contra sus oponentes diciendo textualmente: “Justamente por la universalidad de la redención de Cristo, se puede argumentar que María no contrajo el pecado original porque fue preservada del mismo” y sigue diciendo: “Nadie reconcilia perfectamente a una persona de una ofensa que pueda recibir, si no puede prevenir que esta persona sea ofendida. Si la reconciliación viene tras la ofensa, el amor de la misericordia no es perfecto porque no ha prevenido la ofensa. Por lo tanto, la redención de Cristo no sería perfecta ni universal, si no hubiese podido prevenir que alguien ofendiese a Dios en su misterio trinitario y en consecuencia, si alguien no hubiera contraído la culpa original”. Y añade: “Si el Redentor universal es perfectísimo tiene la potestad de evitar cualquier pena a la persona con la que se reconcilia. El pecado original es un dolor, un castigo aun más grande que la privación de la visión beatífica de Dios, porque el pecado, entre todas las penas de la naturaleza humana, es la más grande. Y si Cristo es el mediador universal –como todos vosotros afirmáis – el debe haber merecido que cualquier persona pueda ser preservada de la culpa original y esa persona no puede ser otra que su propia Madre”.

Y también defiende el famoso principio de que la inocencia perfecta es un bien mayor que la remisión de la culpa: “La persona reconciliada no está del todo obligada con su mediador si de este no recibe lo máximo que pueda darle. De la acción mediadora de Cristo puede obtenerse la inocencia, esto es, la preservación de la culpa original, bien contraída o por contraer. Por lo tanto, no podría tenerse a Cristo de manera perfecta, si Él no hubiese preservado a alguien del pecado original. Es un beneficio mayor el preservar a alguien del mal, que permitirle que incurra en él y después sea liberado. Si la inocencia perfecta es un bien mayor que la remisión de la culpa, a María le fue conferido este bien mayor preservándola de la culpa original, que reconciliándose con ella después de haberla contraído”.

Con esta defensa de la Concepción Inmaculada de María, el beato Juan Duns Scoto se ganó el merecido título de “Cantor de la Inmaculada”. Es verdad que antes que él había existido celebraciones litúrgicas en honor de la Inmaculada, celebraciones que tenían un valor teológico, pero había teólogos que negaban explícitamente esta verdad que para nosotros, hoy es dogma de fe. Scoto comienza lo que podríamos llamar la “historia del dogma”. Él defiende esta verdad contrastándola con las Escrituras; contrasta el significado teológico de María con la autoridad de las Sagradas Escrituras y con lo que la Iglesia ya le atribuía a la Virgen: ser Madre de Dios. Esto, insertado en el principio absoluto de Cristo, permitió a la Iglesia que la verdad de la Concepción Inmaculada de María, fuera declarada dogma de fe.

"Pudo, quiso, luego lo hizo". Vidriera contemporánea del Beato Juan Duns Scoto y la Inmaculada.

“Pudo, quiso, luego lo hizo”. Vidriera contemporánea del Beato Juan Duns Scoto y la Inmaculada.

Él termina sintetizando este tema, diciendo: “Dicitur communiter quod sic, propter auctoritates et propter rationes… Sed contra dico, quod Deus potuit facere, ut Maria numquam fuisset in peccato originali…” (Comúnmente se dice, tanto por las autoridades como por las razones… pero por el contrario, yo digo que Dios pudo hacer que María nunca estuvo en pecado original). Pudo, quiso, luego lo hizo.

Oración:
Deus, qui per Immaculatam Virginis Conceptionem dignum Filio tuo habitaculum praeparasti: quaesumus; ut, qui ex morte eiusdem Filii tui preavisa, eam ab omni labe praeservasti, nos quoque mundos eius intercessione ad te pervenire concedas. Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– BONNEFOY, J. F., “El Doctor de la Inmaculada Concepción”, Roma, 1960.
– LAURIOLA, G., “Il cantore dell’Immacolata, G. Duns Scoto”, Putignano, 1990
– SCHAEFER, O., “Bibliografía de la vida, obras y doctrina de Juan Duns Scoto, Doctor sutil”, Roma, 1955.

Enlace consultado (01/11/2014):
http://www.centrodunsscoto.it

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20 pensamientos en “El Beato Scoto y la Inmaculada Concepción

  1. Gracias por este artículo Antonio

    La Inmaculada Concepción es uno de los cuatro dogmas Marianos. Para mi ver y creo que has de coincidir conmigo es que el dogma de la Maternidad es el más importante de todos, pues María y solo ella es madre de Dios.

    En el seminario de Colima tenemos una hermosísima imagen de la Inmaculada concepción en la capilla del teologado y ha de tener unos 150 años como mínimo, además de esa imagen tenemos otra en mármol que estuvo varias decenas de años en un cerro a las afueras de la Ciudad de Colima que se colocó ahí por la proclamación del Dogma o por el centenario del dogma no recuerdo muy bien.

    “La virgen María es purísima desde su primer instante de su ser” es lo que hoy celebramos los cristianos, porque aunque dogma es para nosotros, hay otras confesiones cristianas que tambien la celebran aunque no la llamen dogma. ¿Qué nos puedes decir respecto a esto Antonio?

    • Está claro, amigo Emmanuel, que este privilegio le vino a la Santísima Virgen en razón a lo que ella sería posteriormente: la Madre de Dios. Porque es la Madre de Dios, es más santa que todos los santos juntos, fue preservada del pecado, se mantuvo siempre Virgen y goza de Dios en cuerpo y alma. Lo dice claramente la oración del día de hoy: el Verbo la preservó del pecado en previsión de que iba a ser el habitáculo en el que iba a ser engendrado como Cristo.

      Este es un dogma exclusivamente católico, pero todos nuestros hermanos ortodoxos admiten que la Santísima Virgen es eso: Santísima. Los ortodoxos bizantinos creen que Maria fue concebida en pecado pero que se libró de él en el momento de la Anunciación, cuando engendró a Cristo en su seno.

      • Eso me parece muy interesante. Sabia que no es dogma de Fe para otras Iglesias, pero no conocía como era su pensamiento al respecto.

        • Esa es la doctrina ortodoxa, pero sin embargo entre los fieles ortodoxos, al igual que sucede entre los católicos, hay también mucha desinformación. Recuerdo que una vez, hablando de estos temas con un amigo ortodoxo muy bien instruido me llegó a decir que nosotros al creer en la Inmaculada Concepción lo que estábamos manifestando es que Maria fue engendrada exactamente igual que Cristo, o sea, por obra del Espíritu Santo. Tuve que sacarle de este error y decirle que Maria fue engendrada simplemente por Joaquin y Ana

          • En un plan ecuménico, podríamos decir que para los ortodoxos, María es la Panagia, la toda santa. Definitivamente este término nos acerca en pensamiento y en términos técnicos o teológicos.

  2. Con semejante disertación teológica sobre la inmaculada concepción de María, todavía me cuesta más comprender cómo al Beato Scoto no se le ha reconocido aún, como mínimo, el título de Doctor de la Iglesia, si a otros Santos que combatieron abiertamente este dogma o, digamos, no se “pirraron” mucho por él, ya hace mucho que se los tiene como Doctores y también como Santos. Pero Scoto sigue siendo sólo Beato y por más que se le den apodos bonitos de Doctor Sutil, Doctor de la Inmaculada, bla, bla, bla, realmente no tiene reconocido el mérito de Doctor de la Iglesia, algo incomprensible. Creo que se le está haciendo una gran injusticia. Al menos el título de Doctor, qué menos, ¿no? Por lo que sudó con este tema. Lo de canonizarlo ya lo dejo en mentes más expertas.

    Gracias a este artículo y al que publicaste hace un mes sobre el mismo Beato Scoto, Antonio, se me acaba de hacer una lucecita en la mente y acabo de reconocer el tema plasmado en el techo de la iglesia franciscana de Dubrovnik (Croacia) que fotografié hace algunos años:

    http://meldelen.deviantart.com/art/Ordinis-Seraphici-Patrona-129606943

    Como ves, es la Inmaculada Concepción como “Ordinis Seraphici Patrona” -no necesita traducción- acompañada de San Francisco de Asís y otro santo que yo hasta ahora nunca había podido identificar, pero al cotejarlo con las obras de arte de estos dos artículos, al verlo con la pluma de escribir, el gorrito-solideo tan característico y el libro con la inscripción “Potuit, decuit, ergo fecit” -pudo, quiso, luego lo hizo-; pues lo acabo de identificar: ¡es el Beato Scoto!

    Me encanta cuando aprendo cosas nuevas. Gracias, amigo. 🙂

    • Yo tampoco lo entiendo, Ana Maria. Creo sinceramente que la Iglesia ha sido y es injusta con el beato Juan Duns Scoto. Sin hacer desmerecimiento de él, a mi me da la risa cuando se dice que San Bernardo es el santo mariano por excelencia, él que negó y combatió esta verdad, que aunque en aquel momento no era de fe, no dejaba de ser verdad. A mi corto entender, el santo mariano por excelencia es el beato Scoto y esto la Iglesia aun no lo ha reconocido, lo que a nivel personal considero injusto. Nada más que hay que conocer su encendido razonamiento en defensa de este privilegio de Maria.
      Todo el mundo en general,
      A voces, Reina escogida,
      Diga que sois concebida,
      Sin pecado original.

      Hízoos vuestro Esposo caro
      Libre de leyes y fueros
      Y dio con que defenderos
      Un privilegio de amparo:
      Fue privilegio especial
      El ser de Dios defendida,
      Porque fuistes concebida
      Sin pecado original.

  3. Antonio menudo articulo has trabajado para dia tan especial,mis felicitaciones.
    Al tema.Siempre que he pensado en el pecado original,creia que lo teniamos al momento de nacer,no habia caido (por lo que era doctrina de la epoca de que el pecado de Adan se asumia en el momento de la copulacion¿?) que lo adquiriamos en el mismo momento de ser engendrados,algo que me parece terrible,pues hacen quedar el acto de amor entre dos personas,por la cual conciben otra vida como algo pecaminoso,a mi entender.
    Otra cosa.¿Que hay de San Joaquin y Santa Ana?
    ¿Hasta que punto estuvieron libres de pecado?
    ¿O solo lo estuvieron para el momento en que concibieron a Maria Santisima?
    Si me pudieras comentar lo que se sepa al respecto telo agradeceria.

    • Abel,
      El hecho de que el pecado original sea contraido en el momento de ser engendrados eso no quiere decir que el acto conyugal en si mismo sea pecaminoso ni muchísimo menos. El que dos personas copulen, si hay amor por medio, es también un acto de amor y por lo tanto, un acto bueno.

      Recordarás que ya hemos escrito sobre San Joaquín y Santa Ana y lo que dijimos sobre ellos en aquel momento. Joaquin y Ana (o como en realidad se llamaran) nacieron con el pecado original como cualquier ser humano, pero no pecaron ni muchísimos menos cuando engendraron a María. Si a lo largo de sus vidas tuvieron otras faltas, eso solo Dios lo sabe.

      • Abel, me permito hacerte una precisión con el permiso de Toño. El pecado original más que un acto personal es un estado de vida. De ahí que no tenga el tipo de culpa. Este pecado es el origen de todo el desorden biológico u espiritual en el ser humano, cuyo alcance de causa-efecto afecta a la comunidad, el ecosistema y por supuesto, que al alma y al cuerpo.
        Saludos.

        • Pues yo no he entendido qué has querido decir, Humberto, con eso de “desorden biológico” o “causa-efecto en el ecosistema”. Los ritmos de la biología y de la naturaleza en general, ecosistemas incluidos, con sus mecánicas, perfecciones e imperfecciones, tienen sus explicaciones científicas y no veo qué tendrá que ver el pecado original con todo eso.

          • Ana, es simple, por el pecado la naturaleza gime hasta que el hombre recupere su dignidad primigenia. En este sentido lo que he querido decir es, como lo
            dijo San Juan Pablo II, que la contaminación también es un pecado. La deforestación, ensuciar las aguas, aniquilar especies animales, todo ello dentro del ecosistema, donde se integra el ser humano, esto es un pecado personal y colectivo que tiene su origen en el pecado de Adán y Eva.

          • Cierto, maltratar la naturaleza es pecado. Pero la naturaleza es maltratada por el egoísmo del ser humano, que la explota en su propio beneficio sin ningún respeto por sus ritmos de recuperación. Siento discrepar con Juan Pablo II pero no creo que los delitos ecológicos tengan nada que ver con el pecado original. De hecho, en el pasado ni siquiera teníamos capacidad para hacer tanto daño como tenemos actualmente. La mayoría de barbaridades contra el ecosistema se gestan en la Revolución Industrial, que no es anterior al siglo XIX, así que ya me dirás qué tendrán que ver Adán y Eva con eso.

  4. Gracias Antonio, que bueno a sido conocer el pensamiento y defensa que hizo el Beato Scoto sobre este tema.
    A lo que habeis comentado ya, no puedo añadir otra cosa mas. Solo diré que la Virgen María Inmaculada lo ilumino en este sentido para que extendiera y propagara lo que hoy en día es dogma.
    Como vemos, en vida y después de la muerte recibió muchos sobrenombres con relación a la Inmaculada Concepción de María. Podrías también llamarlo “abogado de la Inmaculada” porque hizo todo lo posible para defender y hacer ver la veracidad de este tema.

    Aprovecho para felicitar a la Orden de la Inmaculada Concepción y otras muchas comunidades e institutos religiosos que hoy están de fiesta.

    • Me uno a tus felicitaciones y pido a Dios que el Beato Juan Duns Scoto sea pronto canonizado y declarado Doctor de la Iglesia.

      Por cierto, ¿sabes que el Santo Padre promulgó anteayer tres decretos por los cuales se canonizan a tres beatas? Dos palestinas y una francesa.

      • Me da gusto la canonización de la Carmelita Maria la Palestina. Fue beatificada con la hoy Santa Teresa Teresa Benedicta de la Cruz. Parece que el Carmelo seguirá de fiesta tras las últimas canonizaciones.
        Saludos.

  5. Pues en la Madre Patria ha concluido hace un para de horas esta solemnidad tan entrañable para ese querido país, aquí en México apenas van a ser las siete de la noche. De hecho estoy preparándome para ir a misa de 8 de la noche.
    Pues que más puedo decir de este formidable artículo, tan profundo, preciso y claro. Como tú has comentado también yo he tenido que aclarar lo que significa la Inmaculada Concepción, a gente que piensa que el acto sexual en sí es pecado. Me he valido de estos argumentos del Beato Juan Dusn para explicar que Cristo es el culmen y centro dvla Redención, y como es que a nosotros la Redención se nos da como medicina y a María fue como una vacuna.
    En este tiempo de adviento, la figura de María es central y protagónica, más que en el mes de mayo como decía el Beato Pablo VI, por ello, la presentación de este artículo ha sido de lo más oportuno para prepararnos junto con María, la sin pecado, al nacimiento del Cordero sin mancha.
    Por cierto, estamos en las fiestas Patronales de Nuestra Señora de Guadalupe, que además de Inmaculada, es la Virgen del Adviento y la Virgen del Apocalipsis. Es decir, la Mujer nueva, la Madre de Dios y Madre Nuestra.

    • Gracias, Humberto, por tu comentario.
      Creo que la frase usada: “La Redención se nos da como medicina, pero para Maria fue como una vacuna”, sintetiza todo el trasfondo de este tema. Su Hijo nos perdona nuestros pecados, pero a Ella, en previsión de su Pasión y Muerte y por ser su Madre, la preservó porque en ningún momento podía estar manchada ni siquiera por un pecado de herencia, que no es personal.

  6. A el Deberian de proponerlo como candidato para ser declarado como doctor de la Iglesia Universal, tendrian que canonizarlo equipolentemente como hicieron con santa hildegarda de bingen, pero valdria la pena que lo propusieran como doctor de la iglesia, saludos amigos desde Venezuela.

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