Las Iglesias Bizantinas y el Rito Bizantino (VIII)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Funeral de un archimandrita.

Funeral de un archimandrita.

Hoy quiero escribir sobre los ritos litúrgicos y costumbres funerarias en el Rito Bizantino, aunque recuerdo que sobre el entierro de los obispos ya escribimos en este blog, contestando a alguna pregunta o a algún comentario. Hoy ampliamos el tema y para esto tenemos que decir que estos servicios litúrgicos son varios dependiendo de quién sea el difunto: obispo, sacerdote, monje, seglar o niño.

Como es lógico, la Iglesia Ortodoxa Bizantina – al igual que lo hace cualquier otra Iglesia cristiana -, antes de que una persona fallezca, la prepara para la muerte mediante la administración de los sacramentos de la Unción, Confesión y Eucaristía. El sacerdote visita y prepara al moribundo mediante una serie de oraciones que le susciten el arrepentimiento de sus faltas y asimismo prepara a la familia para que acepte cristianamente la separación de un ser querido. A esta preparación para la muerte, generalmente se le denomina “Abluciones”.

Inmediatamente después de la muerte se celebra la primera “Pannikhida” (Паннихида), que es una oración por el eterno descanso del difunto. En la intimidad se lava el cadáver y se prepara para el entierro. Si el difunto es un seglar (hombre o mujer), sobre su cabeza se colora una “filacteria” o corona de papel es la que está escrito el “Trisagion” (Ἅγιος ὁ Θεός, Ἅγιος ἰσχυρός, Ἅγιος ἀθάνατος, ἐλέησον ἡμᾶς) o sea: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros” y en la mano derecha se le coloca un icono de Cristo, de la Virgen o de un santo o una cruz.

Funeral del patriarca Máximo de Bulgaria.

Funeral del patriarca Máximo de Bulgaria.

Si el difunto recibió la orden sagrada de lector, se le viste con el “sticharion” y si fuese subdiácono o diácono, además del “sticharion” se le pondría el “orarion”. A veces, si el difunto es un diácono, se le coloca un incensario en la mano derecha.

Si el difunto es un monje (o monja), es revestido por sus compañeros en el interior del monasterio, con el hábito monacal y se le pone una oración escrita en las manos. Si ha sido un “Stavrophore” (monje que ha alcanzado un nivel adecuado de disciplina, dedicación y humildad) o un “Megaloschema” (monje que ha alcanzado un alto nivel de excelencia espiritual; normalmente un abad), se le viste con el “mandyas” o manto, al que se le cortan dos tiras. Estas tiras se enrollan alrededor del cuerpo cruzándose sobre el pecho, la cintura y las piernas. El “klobuk” (especie de gorro cilíndrico que llevan los monjes y que está cubierto con un “epanokamelavkion” o velo que cae por la espalda), se le coloca hacia atrás para que ese velo le cubra el rostro.

Cuando el difunto es un sacerdote, el cadáver lo preparan otros sacerdotes, quienes lo ungen con aceite y lo revisten con los ornamentos propios de la celebración de la Divina Liturgia (si era un hieromonje, si ya fue preparado como si fuera monje, se le pondría el “epitrachelion” y las “epimanikia”). El rostro se le cubre con el “aer”, que es el velo que cubre el cáliz y la patena durante la celebración eucarística. Sobre el pecho se le coloca el libro de los Evangelios.

Funeral del Patriarca Pavel de Serbia.

Funeral del Patriarca Pavel de Serbia.

Si el difunto es un obispo, los sacerdotes lo revisten con los ornamentos episcopales, incluyendo la mitra. Conforme se le va imponiendo cada uno de los ornamentos, un protodiácono lo inciensa mientras se leen las oraciones propias utilizadas cuando un obispo se reviste con cada ornamento para celebrar la Eucaristía. Una vez revestido, en algunas iglesias, como en la griega, el cadáver es sentado en su sede y en sus manos se colocan el “dikirion” y el “trikirion”. Finamente el cadáver es puesto dentro de un ataúd, previamente rociado con agua bendita por sus cuatro lados, aunque en algunos casos, el obispo es sepultado sentado. En este caso, se le quita la mitra y se le coloca el “klobuk” al revés, tapándole el rostro con el velo.

En todos los casos, sea cual sea la condición del difunto, el ataúd se mantiene abierto y la tapa, que lleva una gran cruz, se coloca fuera de la vivienda del difunto (o de la iglesia) a fin de invitar a orar por el difunto a todos los que por allí pasen.

En los duelos se acostumbra a rezar en voz alta continuamente el Salterio, interrumpido a veces por algunas “panikhidas” (oraciones breves). Uno de los salmos más leído es el 118 (119), que es el más largo del salterio y que se divide en tres partes, entre las cuales, se intercala unas letanías especiales para los difuntos. Esta lectura, que pueden hacerla los familiares y los allegados, no termina hasta que el cadáver es llevado al templo para oficiar el funeral. Si el fallecido es un sacerdote o un obispo, la lectura la realiza el clero y en vez de leerse el Salterio, se leen los Evangelios. Cuando no hay suficiente disponibilidad de clero (obispos, sacerdotes o diáconos), esta lectura pueden hacerla también los seglares.

Detalle de un funeral ortodoxo.

Detalle de un funeral ortodoxo.

Después de la “panikhida” final en la casa del difunto, el cadáver es llevado al templo en una procesión encabezada por una cruz y un farol y durante la cual se canta el “Trisagion”. Siempre que sea posible, el cadáver será incensado durante el trayecto. Aunque no es obligatorio, las campanas del templo pueden doblar durante el trayecto de la casa al templo y de este al cementerio.

Una vez llegados al templo, el ataúd se coloca en el centro de la nave y se ponen alrededor cuatro candelabros en forma de cruz. El sacerdote inciensa el cadáver y se reza una “panikhida”, continuándose la lectura del Salterio o de los Evangelios hasta que comienzan los servicios litúrgicos. Durante el mismo, al lado del ataúd – que se mantiene abierto -, se coloca una mesa con “kolyva” (plato ritual hecho con trigo, nueces o almendras, canela y semillas de sésamo), simbolizando que si el grano de trigo no cae al suelo y muere, no da fruto. También se pone un poco de miel, que simboliza la dulzura de la salvación eterna.

En algunas tradiciones, sobre todos las eslavas, a la Divina Liturgia se le añaden unas “ektenia” (letanías) e himnos especiales en honor del difunto. Las lecturas (epístola y evangelio) son las apropiadas, pero distintas según el día de la semana. Al finalizar la Divina Liturgia, se reza una “panikhida” especial alrededor del ataúd.

Vista de "kolyva", plato ritual servido durante los funerales.

Vista de “kolyva”, plato ritual servido durante los funerales.

Terminada ésta se inicia el funeral propiamente dicho – “pannychis” –, llamado también vigilia, que antiguamente duraba toda la noche y parte del día siguiente y que en la actualidad queda reducido a algo más de dos horas. En la medida de lo posible, durante todo este tiempo, los fieles llevan velas encendidas y el cadáver es incensado por un diácono. Al final del servicio, el sacerdote reza la oración de absolución, que se escribirá en un papel enrollado y se colocará en las manos del difunto. Finalmente, se canta el “aleluia”.

Este tipo de funeral es el utilizado normalmente cuando el difunto es un seglar o un ordenado, no sacerdote. Si el difunto es un niño, como ha sido un ser inocente, el funeral no tiene ningún sentido penitencial, incluidas las oraciones de petición de perdón para el difunto.

En el entierro de los monjes (y monjas), no se recita el canon, sino que se cantan unas antífonas sucesivamente en todos los ocho tonos, recordándose la participación del monje en la vida de la Iglesia. Existe un ritual monástico especial, que puede variar de uno a otro monasterio. En los funerales de obispos y sacerdotes, se realizan numerosas lecturas de los Evangelios, recordando que el difunto fue un predicador de la palabra de Dios. Si el sacerdote es un hieromonje, puede ser enterrado por el ritual monástico. Si un entierro y funeral coincide en tiempo pascual, los cantos y oraciones no tienen la naturaleza penitencial de un funeral normal, sino que se cantan himnos alegres, propios de Pascua.

Sepultura de un archimandrita ruso.

Sepultura de un archimandrita ruso.

Finalizado todo, incluido el canto de la “Memoria Eterna”, el ataúd se cierra. En algunos lugares, antes de cerrar el ataúd, el sacerdote lo rocía con un poco de tierra trazando una cruz. Entonces se forma una procesión encabezada por la cruz conduciendo el cadáver desde el templo hasta el cementerio, mientras se canta varias veces el “Trisagion”. Si el fallecido es un sacerdote, durante el trayecto se canta el “Irmoi” de “Gran Canon” de San Andrés de Creta. Al llegar a la tumba – que siempre estará mirando al Este – se canta nuevamente una “panikhida” y el ataúd se sella con cuatro clavos. Mientras es bajado a la tumba, se canta una oración y finalmente, el sacerdote echa una palada de tierra haciendo la señal de la cruz.

Si el difunto recibió el sacramento de la Unción antes de morir, el sacerdote echará parte de este aceite consagrado en el ataúd antes de cerrarlo. Las cenizas del incensario se echan en la tumba antes de bajar el ataúd. Cuando por razones de salud pública se impone la cremación, esto no es óbice para la celebración del funeral según el Rito Bizantino.

Antonio Barrero

Canto del Trisagion (Τρισάγιον)

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13 pensamientos en “Las Iglesias Bizantinas y el Rito Bizantino (VIII)

  1. Gracias, Antonio, por esta descripción del ritual funerario monástico en el mundo ortodoxo y, sobre todo, por el canto del Trisagion. En Viernes Santo también lo cantamos aunque más armonizado y mezclado con latines, como bien sabes.

    Me ha llamado la atención la ofrenda de comida en el funeral. En el mundo antiguo era habitual hacer ofrendas de comida en los funerales; aunque esa costumbre la hemos perdido bastante los católicos, salvo en América, donde hasta se sirven comilonas después de los entierros. Yo como que no me veo con ganas de comer en día de luto. En otras culturas y religiones sí que se mantiene.

    • En algunos monasterios y conventos occidentales, después de sepultar a algún religioso/a de la comunidad, también se sirve un refrigerio. Eso lo he visto personalmente.

    • Bueno, las comidas más representativas en estos menesteres funerarios puede decirse que tiene mayor presencia casi siempre cuando concluye el novenario, en que se da a los congregados una cena. A veces sencilla, otras veces más formal, como agradecimiento por el acompañamiento en estos días de oración.
      Otro tema amplio sería la ofrenda que se pone en el altar de muertos para el 2 de noviembre y sobre la misma sepultura, costumbre que se realiza en algunos lugares que verdaderamente hace morir el hambre de los asistentes por su cantidad y variedad.
      Saludos

      • Pero hay diferencia de significado. En Occidente – y me refiero exclusivamente a las celebradas posteriores a los funerales religiosos y no en los días de muertos en México -, la comida o refrigerio se hace “para celebrar” el que nuestro hermano difunto ha alcanzado su meta, que es vivir en la presencia de Dios.
        En el Rito Bizantino no es que se celebre una comida, es que se pone la kolyva al lado del difunto durante la liturgia funeral, simbolizando que si el grano de trigo no muere, no da fruto y se pone la miel simbolizando la dulzura de la salvación eterna.
        Son cosas distintas.

      • No me estoy refiriendo a pequeños tentempiés de cortesía ni a ofrendas de Días de Muertos, Humberto, sino a una comida que se sirve a los asistentes del funeral después de enterrado el difunto. En Estados Unidos estamos hablando de auténticas comilonas, todo un banquete con mesas enormes de buffet donde la gente se da la panzada y que podemos ver en películas, algo simplemente de mal gusto, si tenemos en cuenta que alguien acaba de ser sepultado. Pero bueno, son costumbres y teniendo en cuenta que muchas veces ir a un funeral es cosa de obligación o compromiso más que de deseo, tampoco está mal irse a casa con la panza llena. Yo no podría tragarme ni una tosta de pan, pero cada cual…

        • Lo que nos faltaba es que lo mismo que hemos importado el Papa Noel y Halloween, importáramos también esas costumbres.
          Yo creo que cada pueblo ha de guardar sus costumbres pero no me agrada importarlas.

      • Ana, es que me fui con la finta de América, que aunque cada hemisferio se apropia del nombre, para efectos prácticos, de México al Sur es América o América Latina. Hacia el Norte de México es Estados Unidos y Canadá, si bien es cierto que los norteamericanos con la Doctrina Monroe, se identifican con América. Pero para los latinoamericanos hay como te darás cuenta, diferencias sustanciales.
        Ese banquete que refieres por ejemplo.

  2. Gracias Toño por darnos a conocer estos aspectos litúrgicos en la iglesia ortodoxa sobre los funerales. Tienen una riqueza pedagógica muy importante y desde mi punto de vista, expresa muy bien el parecer de la fe sobre la muerte.
    Me ha llamado la atención que en algunos casos el cadáver de un obispo sea sentado. Aparte de la iglesia Copta, hay alguna otra iglesia que tenga esta costumbre?
    Gracias.

    • La Iglesia copta no sepulta a los obispos sentados; la que lo hace es principalmente la ortodoxa griega (y no siempre), aunque también conozco algún caso raro en Bosnia y en Montenegro.
      Es célebre el caso de San Atanasio III Patelario y ese santo es ucraniano.

  3. Antonio gracias por seguir con esta serie de articulos que nos da a conocer los diferentes ritos bizantinos,en este caso el de los funerales.
    Me he quedado con la mosca detras de la oreja por el hecho de que rocian con agua bendita el interior del ataud.
    Despues de uno ver muchas pelis de terror le da por pensar que es por alejar el mal o algo parecido,¿sabes tu el motivo?

    • Jajaja. No me hagas reir, Abel, que va a venir Drácula y te va a coger por los pies.
      Bromas aparte, tu sabes que el agua bendita es un sacramental y como tal, sirve para bendecir y limpiar. El interior del ataúd se rocia con agua bendita simplemente para bendecirlo.

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