San Jacob, patriarca del Antiguo Testamento

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo ruso del siglo XVIII.

Icono ortodoxo ruso del siglo XVIII.

El nombre de Jacob (en hebreo, יעקב, que significa “talón”), le fue impuesto porque al salir del seno de su madre tenía cogido con su mano el talón de su hermano gemelo Esaú (Génesis, 25, 26). Sin embargo, Yahvé le cambió ese nombre por el de “Israel”: “… Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No te llamarás más Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido” (Génesis, 32, 27-28).

Los eventos de su vida vienen narrados en el libro del Génesis. Su madre se llamaba Rebeca y era estéril, aunque gracias a las oraciones de su padre Isaac, ella quedó encinta y parió a dos gemelos: Esaú y Jacob, los cuales ya se empujaban en el seno materno, presagio de las luchas fraternas que les esperaban en vida: “Y sus hijos luchaban dentro de ella y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Yahvé. Y Yahvé le respondió: dos naciones hay en tu seno y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas. Un pueblo será más fuerte que el otro y el mayor servirá al menor”. (Génesis, 25, 22-23). Esaú nació el primero, por lo que le pertenecía la primogenitura, pero este se la vendió a su hermano menor por un plato de lentejas en un momento en el que estaba hambriento y cansado: “Y amaba Isaac a Esaú porque comía de su caza, pero Rebeca amaba a Jacob. Y guisó Jacob un potaje de lentejas y volviendo Esaú del campo, cansado y hambriento, dijo a Jacob: te ruego que me des de comer de ese guiso porque estoy muy cansado. Y Jacob le respondió: Véndeme hoy tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí que me voy a morir, ¿para qué pues me servirá la primogenitura? Entonces Jacob dio a Esaú pan y el guiso de lentejas y él comió y bebió, se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura” (Génesis, 25, 28-34).

Jacob ofrece un plato de lentejas a su hermano Esaú. Lienzo de Zacarías González Velázquez.

Jacob ofrece un plato de lentejas a su hermano Esaú. Lienzo de Zacarías González Velázquez.

Estando su padre Isaac ya viejo y enfermo, antes de morir, quiso dar su bendición a su hijo primogénito, o sea, a Esaú, pero Jacob, aconsejado por su madre Rebeca, se camufló y haciéndose pasar por su hermano consiguió la bendición: “Mira, el olor de mi hijo es como el olor del campo que Yahvé ha bendecido; Dios te de el rocío del cielo y los bienes de la tierra, abundancia de trigo y de mosto. Que te sirvan los pueblos y que las naciones se inclinen ante ti. Sé el señor de tus hermanos y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Sean malditos los que te maldijeren y benditos los que te bendijeren” (Génesis, 27, 27-29). Todos recordamos esta historia bíblica y cómo Esaú quiso vengarse de su hermano intentando matarlo, por lo que Jacob, con la bendición de Isaac, escapó marchándose a Paddan Aram, donde se desposó con algunas mujeres de la familia de Labán.

Durante el viaje a Betel, Dios se le apareció en sueños en la famosa visión de la “escala de Jacob”, por la que subían y bajaban los ángeles y en cuya parte superior estaba el mismísimo Yahvé, que le prometía una especial protección: “Y llegando a un cierto lugar, durmió allí porque ya el sol se había puesto. Cogió piedras de aquel paraje y las puso en su cabecera acostándose en aquel lugar. Y soñó con una escalera, que estaba apoyada en la tierra y que su extremo tocaba el cielo y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y he aquí que Yahvé estaba en lo alto de ella y le dijo: Yo soy Yahvé, el Dios de Abrahán tu padre y el Dios de Isaac; la tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra y se extenderá al occidente, al oriente, al norte y al sur y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí que Yo estoy contigo y te guardaré por dondequiera que fueres y volveré a traerte a esta tierra, porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño y dijo: Ciertamente, Yahvé está en este lugar y yo no lo sabía. Y tuvo miedo y dijo: ¡Qué terrible es este lugar! No es otra cosa que la casa de Dios y la puerta del cielo. Y levantándose por la mañana, tomó la piedra que había puesto en la cabecera y la alzó como señal y derramó aceite encima de ella. Y llamó a aquel lugar Bet-el, aunque antes se llamaba Luz” (Génesis, 28, 11-19). Jacob hizo voto de reconocer siempre a Yahvé como su Dios y de volver a Betel para transformar el lugar en un santuario.

La visión de la escala de Jacon. Ilustración de William Blake. British Museum, Londres (Reino Unido).

La visión de la escala de Jacon. Ilustración de William Blake. British Museum, Londres (Reino Unido).

En casa de Labán, Jacob se enamoró de Raquel y para conseguirla como esposa sirvió a su tío durante siete años, quién pasado este tiempo lo engañó dándole a Lía, su hermana mayor. A fin de conseguir a Raquel, Jacob estuvo al servicio de Labán otros siete años, transcurridos los cuales tuvo a Raquel como esposa. Pero como Raquel era estéril, las dos hermanas, siguiendo las costumbres mesopotámicas de la época, dieron a Jacob a sus criadas Bala y Zelfa. Con las cuatro mujeres, Jacob tuvo doce hijos. Los hijos de Lía eran Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. De Raquel tuvo a José y posteriormente a Benjamín. De Bala – que era la criada de Raquel -, tuvo a Dan y Neftalí y de Zelfa – que era la criada de Lía -, tuvo a Gad y Aser (Génesis, 35, 23-26). De Lía tuvo a su hija Dina. Raquel murió al dar a luz a Benjamín durante el retorno desde Mesopotamia, cerca de Belén, en el camino de Éfrata donde Jacob la sepultó. Pero antes he dicho que Raquel era estéril y si lo era, ¿cómo dio dos hijos a Jacob? La Biblia nos da la respuesta: “Y se acordó Dios de Raquel y la oyó y le concedió hijos. Y concibió y dio a luz un hijo y dijo: Dios ha quitado mi afrenta y llamó a su hijo José, diciendo: Añádame Yahvé otro hijo” (Génesis, 30, 22-24). Y, en efecto, tuvo a otro hijo, a Benjamín, aunque murió en el parto.

Jacob se vio obligado a recurrir a la astucia y al engaño para compensar el daño sufrido por Labán y a escapar sigilosamente con su familia y sus bienes después de haber trabajado como pastor durante veinte duros años; fue el mismo Dios quién le mandó marcharse. Labán lo alcanzó, pero reconciliándose, hicieron las paces. A Jacob se le apareció una multitud de ángeles en Mahanaim y en contra de todos sus temores, su hermano Esaú le salió al encuentro con espíritu fraterno, para reconciliarse con él. Jacob se estableció en Siquém, en la tierra de Canaán, donde su hija Dina fue deshonrada por Siquém, el hijo de Hemor, rey de Siquém. Pero aunque hubo un intento de reparar tal deshonra, los hermanos de Dina, especialmente Rubén y Simeón, cogiendo una espada, la vengaron dolosa y bárbaramente, arrasando sus tierras, robando sus ganados y llevándose cautivos a sus mujeres e hijos. Jacob los reprendió y protegido por Yahvé abandonó Siquém.

Jacob conoce a Raquel, hija de Labán. Lienzo de William Dyce (1845).

Jacob conoce a Raquel, hija de Labán. Lienzo de William Dyce (1845).

Dios le ordenó que cumpliera la promesa hecha en Betel y Jacob, recogiendo todos los ídolos que eran venerados por su gente los enterró bajo una encina cercana a Siquém. Habiendo llegado a Betel, Dios se le apareció nuevamente renovándole la promesa de tener una descendencia numerosa, de la que saldrían algunos reyes y que tomarían posesión de la tierra de Canaán. Jacob quedó amargado por el incesto de su primogénito Rubén, Raquel murió y Esaú sepultó a su padre Isaac. He resumido al máximo todos estos hechos, recomendando al mismo tiempo leer los capítulos 25-35 del Génesis, ya que en este punto, la historia de Jacob se entrelaza con la historia de José, el cual fue vendido por sus hermanos, alcanzó un alto cargo en Egipto e hizo venir a Jacob y a toda su familia asignándoles las tierras de Jessen. Jacob, antes de morir, bendijo a los dos hijos de José, Efraím y Manasés. Dio asimismo su bendición a cada uno de sus doce hijos y con espíritu profético reveló el futuro de las doce tribus. Muerto Jacob, José embalsamó su cuerpo que fue llevado solemnemente a Canaán y sepultado en Mambre, cerca de Hebrón, en la tumba de Abrahán e Isaac.

Las Sagradas Escrituras nos presentan a Jacob lleno de una afectuosa humanidad y muy inteligente en la defensa de su familia y de su pueblo, persuadido como estaba de vivir en la presencia de un Dios que le había escogido para realizar las promesas hechas a Abrahán e Isaac. Nunca, ni en los momentos más trágicos de su vida, vaciló en su fe en Dios. Vivió íntimamente unido a Yahvé, quién le había dicho: “He aquí que yo estoy contigo y te guardaré por dondequiera que fueres y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Génesis, 28, 15). Esta Providencia Divina queda representada en la célebre “escala de Jacob” y en el voto de adorarle siempre como a su único Dios. Existen otros muchos pasajes en los cuales Dios le muestra su predilección y Jacob muestra su fidelidad, pero para no alargar el artículo recomiendo de nuevo leer los capítulos mencionados del libro del Génesis.

Jacob bendice a Efraím y Manasés.

Jacob bendice a Efraím y Manasés.

Sin embargo, Jacob también tuvo sus sombras, como la adquisición de la primogenitura por un plato de lentejas aprovechándose de la debilidad de su hermano, el engaño a su padre Isaac para conseguir de él su bendición y la debilidad mostrada ante sus hijos Simeón y Leví cuando vengaron de manera tan dolorosa la deshonra de su hermana Dina. Es verdad que las debilidades de su juventud pueden atribuirse en parte a su madre Rebeca, pero aun así, las Sagradas Escrituras nos presentan a Jacob como un Patriarca escogido por la Divina Providencia para guiar a su pueblo, haciendo que la historia de la Casa de Jacob se convierta en la historia de Israel.

Jacob destaca por su amor al prójimo, incluso a los no pertenecientes al pueblo de Israel, porque tiene predilección por los inocentes, porque perdona con facilidad las ofensas y sobre todo, porque su religiosidad es inquebrantable, vivida en una comunión constante con su Dios. Por eso es exaltado por los profetas Oseas y Malaquías, por eso es recordado en los libros de la Sabiduría, del Eclesiástico y en el de Judith e incluso en el Nuevo Testamento. Leer Hebreos, 11, 9-21; Mateo, 11, 8; Lucas, 13, 28, etc. San Lucas, refiriéndose al Mesías llega a decir: “Y reinará sobre la Casa de Jacob para siempre y su Reino no tendrá fin” (Lucas, 1, 33). También los Santos Padres de la Iglesia recurren frecuentemente a las páginas de la Biblia. La bendición obtenida por Jacob en sustitución de Esaú, así como aquella en la que Jacob bendice a los hijos de José cruzando los brazos, es tomada como sustitución de la Antigua por la Nueva Alianza.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina

Los guantes que en la Edad Medía se ponían los obispos se comparaban a aquellos de pelo usado por Jacob para obtener la bendición paterna. De hecho, el “Pontificale Romano”, en el momento de su bendición, dice lo siguiente: “Reviste, Señor, mis manos de la pureza de Cristo bajado del Cielo, para que como Jacob, vuestro predilecto, con las manos cubiertas con la piel de un cabrito, obtuvo la bendición de su padre ofreciéndole una agradable comida, del mismo modo, yo merezca la bendición de vuestra gracia para la oblación que mis manos hagan de la santa hostia”. La piedra sobre la que reposó su cabeza y que después ungió con aceite, es símbolo del altar donde se inmola el Santo Sacrificio y es por esto, por lo que en la consagración de una iglesia, en el momento de la bendición del altar se cantaba la antífona: “Assumpsit Jacob petram”.

Según San Agustín y San Isidoro de Sevilla, la piedra que Jacob ungió prefigura simbólicamente al mismo Cristo, cuyo nombre significa exactamente eso: “Ungido”. Otros, más rebuscados, dicen que esta piedra prefigura al evangelista San Juan que, apoyando su cabeza en el pecho de Jesús durante la Última Cena, recibió la revelación de los secretos del cielo. Honorio de Autum – geógrafo y teólogo francés del siglo XII -, dice que las quince gradas de la escala de Jacob simbolizan la virtud, que los ángeles que subían representan la vida contemplativa y que los que bajaban, la vida activa. De Lía y de Raquel se hace simbolismo con Marta y María, las hermanas de Lázaro: una simboliza la vida activa y la otra, la contemplativa. María era la preferida de Jesús así como Raquel era la preferida de Jacob.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina.

Cenotafio de Jacob en “la tumba de los Patriarcas”. Hebrón, Palestina.

Con respecto al culto, Jacob ha seguido la misma suerte que el resto de los Patriarcas del Antiguo Testamento, especialmente, Abrahán y José, a veces con el añadido del rey David, según la genealogía marcada en el evangelio de San Mateo, 1, 1-17. Los menologios griegos lo conmemoran el 19 de diciembre o en el domingo anterior a la Navidad, mientras que los latinos lo conmemoran, junto con Abrahán e Isaac, el tercer domingo de Adviento. El Menologio de Basilio lo señala el 16 de diciembre, el calendario siro-maronita el 29 de diciembre. La Iglesia Armenia lo conmemora el sábado anterior al segundo domingo después de la Transfiguración. Los coptos lo festejan el 2 de septiembre y el Sinaxario Constantinopolitano lo conmemora en el Domingo de los Santos Padres, el 18 de diciembre junto con David y el 20 de diciembre, junto con Ananías, Azarías, Misael y Daniel.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cavalletti, S., “El sueño profético de Jacob y los nombres divinos”, Revista Antonianum, XXXIII, 1958.
– Holt, T.M., “Los Patriarcas de Israel”, Nashville, 1964.
– Santa Biblia.
– Schedl, Cl., “Historia del Antiguo Testamento, tomo I”, Roma, 1959.
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.


O Sapiéntia,
Quae ex ore Altíssimi prodiísti,
Attíngens a fine usque al finem,
Fórtiter suaviterque dispónens ómnia:
Veni
Ad docéndum nos viam prudéntiae.
O Sabiduría,
Que brotaste de los labios del Altísimo,
Abarcando del uno al otro confín,
Y ordenándolo todo con firmeza y suavidad,
Ven
Y muéstranos el camino de la salvación.

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13 pensamientos en “San Jacob, patriarca del Antiguo Testamento

  1. Muy atinado este artículo hoy que comienzan las Ferias Mayores de Adviento, en el que leer la vida de los antepasados de Cristo es muy oportuna.
    Has desarrollado una buena canonización al hablar sobre sus virtudes, pues le escuche alguna vez a un sacerdote decir que este Patriarca era un tramposo y un bandido.
    Siempre me ha gustado mucho el capítulo de la Escala de Jacob. Es uno de los episodios del Génesis que recuerdo con emoción desde pequeño.
    Saludos.

    • La realidad, Humberto, es que yo también me planteé hablar de uno de los antepasados de Cristo en este día en el que iniciamos la semana previa a la Navidad y que hacemos, como todos los años, recordando las emotivas Antífonas Mayores que, como sabes, se cantan en la Hora de Vísperas. Son ya cinco veces las que repetimos esta costumbre que, quiera Dios, podamos seguir repitiendo mucho tiempo más.

      Dicesque una vez te encontraste a un sacerdote “echando pestes” sobre el Patriarca Jacob y to te pregunto: y ese sacerdote ¿qué tal era? ¿un dechado de virtudes?
      Ya digo en el artículo cuales pudieron ser los fallos del Patriarca Jacob, pero lo que está claro es que puestos en una balanza, los méritos pesan más que los deméritos, porque de no ser así, ¿cómo iba a ser tan nombrado en el Nuevo Testamento? “El Mesías reinará sobre la Casa de Jacob para siempre y su Reino no tendrá fin” (Lucas, 1, 33).

  2. Gracias, Antonio, por este bello artículo sobre el patriarca Jacob, y cómo no, por la primera de las bellísimas Antífonas Mayores que hoy comenzamos y que nos recuerda que la Natividad de Nuestro Señor es ya inminente.

    Yo desde niña leía con atención en la Biblia la historia de Jacob porque era una de las que mejor conocíamos, tanto por influencia de mi madre, que me instruía mucho en las Sagradas Escrituras, como en la catequesis. Y tú sabes que hasta hoy siempre he sido una persona muy concienciada con la realidad de la mujer. Como no podía ser menos, la Biblia la leía y la sigo leyendo en clave de género. Así, me daba lástima el destino de las esposas de Jacob, que tú, siguiendo a otros autores, comparas con Marta y María. Pero veo más parecido con Marta, esclavizada con tareas domésticas -¡y encima reprendida por ello!- que con María -privilegiada con las predicaciones del Salvador-, vaya.

    Me daba pena Lía, que fue despreciada por no ser la favorita y por haber sido obligado Jacob a casarse con ella primero, siendo la mayor, y Dios la recompensó haciéndola fértil, la madre de la mayoría de los hijos, y por tanto, de las tribus de Israel. Si ya es bastante duro ser casada sin que se tenga en cuenta tu voluntad y pasarte la vida pariendo hijos sin que se te pregunte si quieres, encima, vivir con el desprecio de tu marido.

    Me daba pena Raquel, que aún siendo la favorita, la que Jacob realmente amaba -y seguro que por bonita, que en esa época y aún ahora hay hombres que no saben ver nada más-, Dios la hace estéril y como mucho sólo llega a tener pocos hijos, aunque nuevamente fueran los favoritos de Jacob, y encima murió en medio de un parto horrible. Y por si fuera poco, cuando se quejaba, Jacob la reprendía. Ni quejarte podías, en medio de una vida miserable.

    Me dio pena, en fin, la pobre Dina, que fue violada, y sobre esto sobran las palabras. Y hasta la matriarca Rebeca, a la que injustamente se culpa de los fallos de Jacob y que la misoginia medieval tenía por vieja charlatana y manipuladora. La mujer en la Biblia es objeto de constante desprecio y sin embargo, si lo comparas con las acciones del hombre en la Biblia, la inmensa mayoría de ellas no tienen acciones reprobables ni destacadas. Mientras que en la Biblia hay cada pájaro que roba, miente, viola, saquea, mata… y sistemáticamente todos son patriarcas y Santos. En fin. Me sigue dejando perpleja cómo podemos leer una y otra vez estos textos y no someterlos a una profundísima crítica. Yo creo que en la actualidad no basta decir “Palabra de Dios, aménnnn”. Sin dejar de serlo, debemos ir más allá del mero texto. El Antiguo Testamento es telita marinera.

    Otro tema contemplado con indulgencia en la Biblia pero no tolerado con posterioridad: la poligamia. Daría de qué hablar. Aún hoy, la Iglesia combate contra la poligamia, especialmente en África. Curiosamente, partimos de raíces polígamas. Da qué pensar. Y que conste que no lo apruebo y que se hace bien en combatirla. Pero da que pensar, especialmente porque, aún en la actualidad, hay sectas cristianas que, remontándose a razones bíblicas, la mantienen y la defienden.

    • Ana Maria,
      No soy yo quien compara a Lía y Raquel con Marta y Maria: son San isidoro, San Agustin… Yo me remito a ellos: se hacen esos paralelismos, se mencionan esos simbolismos y yo insinúo incluso que algunos son más que rebuscados. Yo no me identifico con algunas de estas cuestiones.

      Si hoy en muchos lugares del mundo la mujer vale menos que nada, ¿qué iba a valer en tiempos tan remotos? ¿por qué habría de haber diferencia entre un pueblo u otro ya fuera el “pueblo de Dios” o algun pueblo vecino? Lee Proverbios 31.10-31 y ahí queda todo dicho. Es verdad que dice “Habla siempre con sabiduría y da con amor sus enseñanzas”, pero el resto del texto sagrado se podría resumir en: “criada para todo”. Era lo normal y se veía con normalidad. Lo realmente grave es que aun hoy en día, muchos, muchísimos piensan así.
      Por supuesto que el Antiguo Testamento es Palabra de Dios, pero el amén, yo me lo reservo en muchos, muchísimos casos.

      Y con respecto a la poligamia, ¿qué decir? Si ya a veces es difícil vivir en pareja, ¿como no sería “vivir en multitud”?, jaja. Me apunto a la monogamia.

  3. Antonio quizas sea de los pocos o el unico colaborador del blog que no se haya leido el Antiguo Testamento de cabo a rabo,por eso hay bastantes pasajes que conocia de oidas,como el sueño de la escalera al cielo.
    Tenia entendido que habia un personaje en el Antiguo Testamento que luchaba con un angel con una espada en llamas,en un principio pense que era Jacob,pero ya veo que no,pues nada mencionas del asunto,si te viene a la memoria quien puede ser me lo dices para leer dichos pasajes,me intrigan.
    Ana Maria comenta unas cosas de los pasajes,que aunque no me sorprendan,no recordaba(he leido la historia hasta cierto punto),como que cuando Raquel se quejaba,Jacob la reprendia (aunque no se si he entendido bien,¿la reprendia por los dolores del parto,por sus quejas…?

    • Abel,
      Supongo que te estás refiriendo al pasaje siguiente: Josué 5:13-15 pero en este caso el tema es a la inversa, porque es el ángel del Señor el que se presenta ante Josué para ayudarle. Yo te aconsejo que leas este Libro entero, porque te será ameno.
      De este Principe del ejército de Yahvé habla la biblia en otros pasajes y hay exégetas que ven en él prefigurado al futuro Mesías, pero en fin, este tema es muy complejo y es mejor que lo dejemos aqui.

    • Con el permiso de Antonio, si no le importa:

      Génesis 30, 1-3: “Pero viendo Raquel que ella no daba hijos a Jacob, tuvo celos de su hermana, y dijo a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero. Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel, y dijo: ¿Estoy yo en lugar de Dios, que te ha negado el fruto de tu vientre?”

      Es decir, la reprendía porque ella se quejaba de no tener hijos. En la cultura hebrea, ser estéril era una maldición; tanto para varón y para mujer, y en toda cultura machista y patriarcal, que para la historia de la humanidad lo han sido prácticamente todas, la mujer que no da hijos no sirve para nada. El sufrimiento de Raquel debía ser mayor si se tiene en cuenta de que nunca se culpaba a un hombre de esto -en su mentalidad, sólo ella podía ser la estéril, no él-; así que, desesperada, se le ocurre pedirle un hijo a Jacob -que es como decir que se acueste con ella, a ver si le da un hijo- y la reacción de él es enfadarse y reprenderla. Bueno, es el colmo. Ya bastante castigo es un matrimonio y una maternidad forzadas como para encima soportar el estrés de no poder cumplir esa condena impuesta por la sociedad y la tradición, convirtiéndote en una paria.

      La pobre no tuvo suerte; primero tuvo que compartir su marido con su hermana y dos esclavas para darle descendencia; aunque luego tuvo a José; y para cuando ya tuvo a su último hijo, murió. Génesis, 35, 16-20: “Entonces partieron de Betel; y cuando aún faltaba cierta distancia para llegar a Efrata, Raquel comenzó a dar a luz y tuvo mucha dificultad en su parto. Y aconteció que cuando estaba en lo más duro del parto, la partera le dijo: No temas, porque ahora tienes este otro hijo. Y aconteció que cuando su alma partía, pues murió, lo llamó Benoni; pero su padre lo llamó Benjamín. Murió, pues, Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, es decir, Belén. Y erigió Jacob un pilar sobre su sepultura; ese es el pilar de la sepultura de Raquel hasta hoy.”

      Ben-Oní significa en hebreo “hijo de mi dolor”, porque lo parió con tanta dificultad que el parto la mató. Pero ni esa última voluntad de su esposa respetó Jacob. Le cambió el nombre a su hijo por Benjamín. Y eso que era su esposa predilecta.

      En fin, que eso son las mujeres en la Biblia, como en tantos otros sitios: un cero a la izquierda.

      • Claro que no me importa, porque a mi se me olvidaba contestar a Abel en este tema y lo he hecho de manera genérica contestándole a David pero sin entrar en detalles. Te has adelantado y has sido mucho más precisa que yo. Gracias.

          • Ana Maria te agradezco los pasajes en los que hacen referencia a lo que preguntaba.
            Que triste la realidad de la mujer hasta hace cuatro dias por asi decir.
            Aparte de que solo ha cambiado en una parte del mundo,en otra estan igual que hace 2000 años,vamos!.

  4. Gracias Antonio, es un articulo estupendo que narra a con el máximo detalle la vida del Santo Patriarca.
    No puedo añadir nada mas a lo que nos comentas y a lo que comentan los compañeros.
    Como Abel, conozco el antiguo testamento por partes y conocer ahora la historia completa de la vida y obra de Jacob es una maravilla.
    No conocía a sus tantas mujeres, aunque si sabia que todos sus hijos formaban las tribus. También me ha llamado la atención su tumba, pensaba que no se conservaría con el paso de los años.

    • Los “lios” que pudieran existir entre Jacob y sus cuatro mujeres, tres de ellas impuestas por Labán y por las costumbres de la época y solo una escogida, son la causa de las posibles quejas y reprensiones, porque imaginate como tratar con cuatro personas cuando las rencillas entre ellas ponían al marido en un aprieto. Yo se que esta respuesta se la tendría que haber dado a Abel, pero en un lapsus se me ha olvidado.

      Y entrando en uno de los temas que tu tocas, o sea, la tumba, tengo que decirte que no es una tumba propiamente dicha, sino un cenotafio y tu sabes qué diferencia hay entre una cosa y otra.

      • Yo sé que para un hombre es muy fácil simpatizar con Jacob e imaginárselo rodeado de mujeres discutiendo y poniéndole la cabeza como un bombo; pero la monstruosidad de la poligamia quienes la sufrían eran ellas, siempre sufriendo estrés por verse desplazadas por otra, por ver sus hijos desheredados o rechazados en favor de los de otra; y eso sin contar con matrimonios forzados, relaciones sexuales forzadas, maternidades forzadas; y además, no sólo compartir el marido con otras esposas, sino con otras mujeres que no lo eran -esclavas y concubinas-; más todas las tareas domésticas y extradomésticas que también recaían sobre ellas.

        Perdóname, pero a mí, Jacob no me da ni pizca de pena. Ni él ni todos los santos patriarcas del Antiguo Testamento. Me dan pena ellas. Y sus hijas. Y sus nietas.

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