San Pedro Canisio, Doctor de la Iglesia (I)

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Lienzo. de San Pedro Canisio. Colegio de San Miguel de Friburgo, siglo XVII.

Lienzo. de San Pedro Canisio. Colegio de San Miguel de Friburgo, siglo XVII.

Hoy, día en el que conmemoramos su muerte, quiero escribir sobre este santo Doctor de la Iglesia aunque, dada la importancia de su vida y la amplitud y complejidad de su obra, es inevitable que tenga que hacerlo en tres artículos correlativos.

Pedro Kanijs (Canisio), nació el día 8 de mayo de 1521 en Nijmegen (Holanda). Su nacimiento fue contemporáneo a dos acontecimientos que incidieron profundamente en su vida y en su obra: la “Dieta de Worms” (una asamblea de príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico, celebrada en Worms) que pronunció un bando contra Martín Lutero y la conquista de la ciudad de Pamplona, en Navarra, donde San Ignacio de Loyola fue gravemente herido.

Su ciudad natal pertenecía al ducado de Geldern y por lo tanto, en aquel tiempo, era todavía territorio alemán. Su familia formaba parte de la aristocracia de la ciudad y su padre, después de haber estudiado en la Universidad de París, había educado a los príncipes de la Corte del duque de Lorena y de vueltas a su ciudad, había sido nombrado burgomaestre, lo que equivalía a lo que ahora es un alcalde. En el año 1519 se había casado con la hija de un farmacéutico – Egidia van Houweningen – con la que tuvo tres hijos, siendo Pedro el primogénito. Su madre murió al nacer el tercer hijo, no sin antes aconsejar y conseguir de su esposo que su familia siguiera fiel a la Iglesia Católica. Su padre contrajo segundas nupcias con Wendelina van den Berhg, que fue una verdadera madre y no una madrastra con los tres hermanos. De este segundo matrimonio nacieron ocho hijos, uno de los cuales, Dietrich, siguió el ejemplo de su hermano Pedro ingresando también en la Compañía de Jesús.

Por tanto, Pedro creció en el seno de una familia profundamente católica a pesar del cisma provocado por Lutero. El mismo lo escribe en sus “Confessioni”: “Yo encontraba en aquellos tiempos una profunda alegría mirando las pinturas de los santos y asistiendo a las funciones litúrgicas; los días de fiesta, servía voluntariamente en la Misa y desde muy pequeño asumía el rol del sacerdote, tratando de imitarlo en su oficio cuando cantaba, rezaba o leía la Misa. Y hacía tan bien ese papel, que a mis compañeros de juegos les enseñaba lo que el sacerdote tenía que hacer. Una costumbre, un celo que en aquel entonces era pueril, pero que ya revelaba una tendencia que más tarde se desarrollaría y en la que se podría demostrar la Divina Providencia”.

San Pedro Canisio delante del emperador Fernando I y del cardenal Otto. Cesare Fracassini (XIX), Museos Vaticanos. Fuente: Alinari.

San Pedro Canisio delante del emperador Fernando I y del cardenal Otto. Cesare Fracassini (XIX), Museos Vaticanos. Fuente: Alinari.

Contrariando a su padre, que pretendía que su hijo estudiase una brillante carrera, Pedro decidió estudiar teología durante su estancia en la Universidad de Colonia. Allí estuvo desde el 1536 al 1546, a excepción de un curso que pasó en la Universidad de Lovaina, entrando en estrecha relación con un grupo de piadosos sacerdotes que pretendían una verdadera reforma de la Iglesia, manteniendo vivo el espíritu humanista holandés, la mística alemana y la llamada devoción moderna. Este círculo de sabios y santos sacerdotes influyó fuertemente en Pedro, especialmente Nikolaus van Esche y el prior Gerhard Kalckbrenner y el sub-prior Johann Justus Lansperger, de la Cartuja de Santa Bárbara.

En el año 1540, fue promovido como “maestro en artes” y junto al estudio de la teología, adquirió una extraordinaria familiaridad con las Sagradas Escrituras, lo que fue el comienzo de un serio trabajo científico a nivel personal. Si en la edición alemana de la obra de Johannes Tauler, aparecida en Colonia en el año 1543, se nombra como editor a un “Petrus Noviomagus”, identificado por Braunsberger y Tesser como San Pedro Canisio, mientras que Streicher y Brodrick lo niegan, sin embargo es cierto que es suya la edición en Colonia en 1546, de las obras de los Padres de la Iglesia con textos de San Cirilo de Alejandría y de San León Magno. Ésta es su primera obra y es, al mismo tiempo, el primer libro publicado por un jesuita.

Entretanto, en el año 1543, Pedro Canisio había entrado en la Compañía de Jesús, que había sido aprobada tres años antes por el Papa Paulo III, habiendo hecho previamente en Maguncia los ejercicios espirituales junto a San Pedro Favro, que como sabemos, fue uno de los primeros compañeros de San Ignacio de Loyola. En torno a Pedro Canisio, se constituyó en Colonia la primera comunidad jesuita en territorio alemán, que era la tercera al norte de los Alpes, después de las de París y Lovaina.

En una discusión que tuvo con el arzobispo Hermann de Wied, proclive al protestantismo y que intentaba llevar a su diócesis hacia las tesis de la Reforma Protestante, Pedro fue el portavoz del clero y de los fieles católicos que se oponían a los planes reformadores del arzobispo. De esta forma, en el año 1545 presentó los intereses de su ciudad ante la “Dieta de Worms” y poco después, hizo lo propio ante el mismo emperador en Colonia. A finales de ese año, fue enviado a Amberes para hacer lo mismo ante el emperador Carlos V, para presentarle las quejas de la ciudad contra el arzobispo de Wied.

Vidriera en la basílica de Dillingen (Alemania).

Vidriera en la basílica de Dillingen (Alemania).

El cardenal Otto Truchsess de Valdburg, arzobispo de Augsburgo – que también había estado en la “Dieta de Worms” -, como Pedro era un eminente teólogo, puso sus ojos en él llevándolo como su teólogo personal al Concilio de Trento. Antes de marchar hacia el Concilio, en el verano de 1546 recibió la ordenación sacerdotal en la ciudad de Colonia. Poco después de su llegada a Trento, en marzo de 1547 el Concilio se trasladó a Bolonia, donde durante unos meses participó en algunas comisiones teológicas especializadas en temas concretos. En el verano de ese mismo año, San Ignacio lo llamó a Roma, haciendo allí su noviciado como jesuita bajo la dirección del propio Ignacio. De este período de su vida él mismo escribe: “Me veo aquí, en la casa de la sabiduría, en la escuela de la humildad, de la obediencia y de todas las virtudes y me gustaría aprender más, no necesitando para ello que me lo impusieran por obediencia”.

En la primavera del año 1548 fue enviado al colegio de Messina para que enseñara latín y allí estuvo hasta finales de julio del año siguiente cuando San Ignacio lo envió a Baviera atendiendo a una petición del duque Guillermo IV, que quería tener presente a los jesuitas en la Universidad de Ingolstadt. Haciendo una breve parada en Roma, el 4 de septiembre de 1549 emitió los votos solemnes, habiendo recibido dos días antes la bendición del propio Papa Paulo III para ejercer su nuevo encargo en Alemania. Como él mismo lo escribe, después de recibir la bendición del Papa, visitó la tumba de San Pedro: “Plazca a tu infinita bondad, santo Padre y eterno sacerdote supremo, que yo implore a tus apóstoles que son venerados en la basílica vaticana y que gracias a ti obraron grandes maravillas, a fin de que quieran conferir una constante eficacia a la bendición que he recibido del Papa. Yo experimenté una gran consolación y la presencia de tu gracia que Tú has permitido me tocase a través de su intercesión. Así bendigan y confirmen mi misión en Alemania, siendo para mí como si quisiera prometerme la benigna asistencia para ser destinado por así decirlo como apóstol en Alemania. Tú sabes, Señor, cuanto y con qué frecuencia he confiado en este día por el cual tuve que soportar constantes preocupaciones y que, como hizo el propio Pedro Favro, hicieron valer todas mis fuerzas. Mi deseo era vivir y morir en Alemania y para esto deberé colaborar, por así decirlo, con el ángel de los alemanes, San Miguel.

De hecho, siglos más tarde, el Papa León XIII lo llamó el “segundo apóstol de Alemania, después de San Bonifacio, ya que durante unos treinta años participó en la reconstrucción de la iglesia alemana, que estaba acosada por el cisma, llegando a ser un promotor del movimiento de renovación católico alemán. Estuvo en Viena, en Innsbruck, Augsburgo y Mónaco y posteriormente, en Praga, Varsovia y Münster y a intervalos, volvía a Roma. Enseñó y predicó especialmente en Ingolstadt, Viena, Augsburgo, Innsbruck y Mónaco, ejerciendo una creciente influencia en la situación eclesiástica del Imperio alemán, sobre todo a través de la organización y difusión de la Compañía de Jesús, en el ambiente político y, con sus escritos, en la producción literaria.

San Pedro predicando ante el Papa. Pierre Wuilleret, Colegio de Friburgo (Suiza).

San Pedro predicando ante el Papa. Pierre Wuilleret, Colegio de Friburgo (Suiza).

En el mes de junio de 1556, San Ignacio lo nombró primer superior de la provincia jesuita de la Alemania Superior, que aunque después quedó reducida por la separación de la provincia austríaca, él dirigió hasta el año 1569, aunque con dos breves interrupciones. A él se debe la terminación de los colegios de Ingolstadt, Viena y Praga y el inicio de los colegios de Mónaco, Innsbruck, Dillingen, Tyrnau y Hall en el Tirol. Se preocupó de manera determinante por la creación de numerosos colegios en la provincia de la Alemania Inferior y organizando la Compañía de Jesús hizo que esta fuera un factor determinante y decisivo en la Contrarreforma. Aun tuvo mayor relieve su influencia personal en la política de la Iglesia y, en general, en la situación eclesiástica, teniendo una relación muy personal con todas las personas influyentes del catolicismo y contribuyendo esencialmente en la creación de una nueva autoconciencia entre los católicos alemanes. De él tenemos casi mil cuatrocientas cartas, de las que se han publicado mil trescientas dieciséis y en ellas cuenta y relata todo este tipo de relaciones tendentes a reformar a la Iglesia.

Al mismo tiempo fue consejero de los principales príncipes católicos, especialmente del emperador Fernando I, de los duques de Baviera y de los Papas Pío IV, San Pío V y Gregorio XIII, encontrándose implicado en las negociaciones políticas más importantes de la Iglesia. Su influencia tuvo una especial importancia en la aclaración de las discrepancias entre el papado y el emperador, las cuales, a finales del 1562 había llevado a la gran crisis del Concilio. En la “Dieta” de Augsburgo de 1566 obtuvo que el legado papal se abstuviese de hacer una protesta formal contra la paz religiosa obtenida el año anterior, a la que sus asesores canonistas trataron de inducirlo; eso fue importante porque de esa manera pudo evitar un conflicto armado.

Asimismo fue consejero de los nuncios pontificios en Alemania, tomando parte en numerosas discusiones religiosas con los luteranos. Su lema era: “No herir, no humillar, pero hay que defender la religión Católica con toda el alma”. Recibió del Papa muchos encargos especiales, como por ejemplo, en el año 1565, una misión ante los obispos alemanes para convencerlos a fin de que aceptaran los decretos del Concilio de Trento, las negociaciones secretas con los príncipes de la Alemania meridional en el año 1573 o la misión ante el duque de Klève en el año 1578.

Tumba del santo en Friburgo (Suiza).

Tumba del santo en Friburgo (Suiza).

Sus informes sobre la Reforma en Alemania, en los cuales juzga con particular crudeza la conducta de una parte del clero, incluidos los obispos, promovieron una mejor formación y elección de los mismos, sobre todo en tiempos de Gregorio III, y fueron decisivos en las medidas adoptadas por Roma, como el aumento de las nunciaturas, la fundación de seminarios pontificios, la consolidación del “Collegium Germanicum” en Roma, etc., aunque su propuesta presentada en la “Dieta” de Regensburg de anulación de los privilegios de los nobles a la hora de elegir a los obispos, no tuvo éxito.

En el artículo de mañana seguiremos escribiendo sobre su intensa obra literaria, su personalidad y pensamiento y sobre su culto.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Cathechismi latini et germanici”, dos volúmenes editados por Fr. Streicher, Monaco, 1933.
– Kröss, A., “San Pedro Canisio en Austria”, Viena, 1898.
– Schäffer, W., “Pedro Canisio, la lucha de los jesuitas en la Reforma de la Iglesia Católica Alemana”, Göttingem, 1931.
– Schamoni, W., “Le vrai visage des Saints”, Bruges, 1955.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.


O Oriens,
Splendor lúcis aetérnae,
Et sol iustitiae,
Veni
Et illumina sedéntes in ténebris,
Et umbra mortis.
Oh Sol, que naces de lo alto,
Resplandor de la luz eterna,
Y sol de justicia,
Ven
Ahora para iluminar a los que viven en tinieblas
Y en sombra de muerte

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

15 pensamientos en “San Pedro Canisio, Doctor de la Iglesia (I)

  1. Yo me quedo con su lema de “no herir, no humillar”. Hoy en día soy testigo de cómo católicos y protestantes nos seguimos atacando de una manera que da vergüenza ajena. Es cierto que unos y otros debemos defender nuestras posiciones y creencias, pero debemos respetar también las del otro y buscar el acercamiento, lo que nos une, más que lo que nos separa. Si hoy en día hay mucho furibundo que da pena ver lo que está haciendo con los hermanos de otras confesiones a la hora de debatir, imagínate en la época de San Pedro Canisio. En ese sentido, eso de tener predisposición a no herir ni humillar no es que sea ya sólo una cualidad rara en él, es que lo coloca como adelantado a su época.

    • Qué dados somos, Ana María, a humillar, zaherir e incluso insultar a quienes perteneciendo a la amplísima familia de los creyentes en Cristo, no piensan igual que nosotros. Es ahora, cuando el ecumenismo nos está haciendo comprender que no tenemos la exclusividad de la verdad y, muchas veces, muchos de nosotros – de todos los credos -, no solo ponemos trabas, sino que criticamos e incluso maldecimos a los que consideramos, herejes, cismáticos y otras prendas por el estilo. Y contra los no cristianos, mejor ni hablar.

      Por estos lares, posiblemente seamos más indulgentes con los ortodoxos y viceversa – y no siempre -, pero con los protestantes….y no nos damos cuenta de que son hermanos nuestros, con otra forma distinta de interpretar o vivir la fe, pero hermanos al fin y al cabo. A cuantos amigos católicos que viven en paises de mayoría o no protestante no les hemos escuchado todo tipo de improperios, de desprecios y otras lindezas por el estilo. Sabes de sobras a qué y quienes me refiero. Y despues somos puritanos tratando con muchísimo esmero a cualquier muñeco mientras despreciamos a hermanos, aunque diferentes, en la fe.

      San Pedro Canisio nos está dando un ejemplo de tolerancia que ya quisiéramos tener como hábito muchos de nosotros. Si en su época y región “la cosa estaba dificil” y él reaccionaba de esa ejemplar manera aunque sin renunciar a sus creencias, ¿como no reaccionaría en estos momentos en los que al ecumenismo debemos darle el mayor de los impulsos? Quiera San Pedro iluminarnos con su ejemplo de tolerancia y ruegue por nosotros para que trabajemos de veras por conseguir la unidad de todos, aun en la diversidad.

      • Antonio haces bien en dedicarles varios articulos a San Pedro Canisio pues su vida y obra veo que da para ello.
        Mira Antonio,comentando tu respuesta a Ana Maria debo decirte que to estuve por espacio de unos 4 o 5 años reuniendome con un grupo cristiano ecumenico.
        Mucha “paz y amor· pero cuando se tocaba el tema del papa o de temas de la iglesia catolica romana te saltaban al cuello.
        Uno podia ir con la mejor intencion que luego entre varios te hacian hervir la sangre y no voy a decir de que confesion eran,aunque tampoco hace falta pensar mucho para averiguarlo.
        Eso si,debo decir que incluso entre los cristianos catolicos romanos era de los pocos que defendia al papa (Juan Pablo II) a capa y espada,de incluso los ataques de estos.
        Menos mal que cuando se eligio papa a Benedicto XVI yo ya apenas iba,con las indezas que decian de el cuando era cardenal…
        A pesar de todo guardo muy buenos momentos y pude conocer bastante variedad de pensamientos dentro de los cristianos

        • A lo que dice Antonio sólo puedo responder amén, amén, amén; y sobre el grupo ecuménico que comentas, Abel, es lógico que hubiese desencuentros, porque así es el debate y la tertulia cuando hay variedad de pareceres. Es cuando estás dentro de tu mundo y todos piensan como tú, cuando estás cómodo y todo va como la seda. Pero… “si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?” (Lc 6, 32). El ecumenismo exige el esfuerzo de todos.

          Yo he tenido ocasión de encontrarme con varias confesiones en Internet y a mí me han dado de bofetadas ortodoxos y protestantes, vamos, que así, pim-pam pim-pam, traigo las mejillas calentitas. 😀 Eso sí, hay gente con la que se puede razonar y con la que se llega a buen puerto, y gente con la que no hay manera. Y también, que de la peor calaña te la encuentras, igualita, en tu misma confesión. Pues hay cada católico que es para echarle de comer aparte y que con correligionarios así, una se haría budista… en fin, que de todo hay en la viña del Señor.

          • Abel,
            Cuando te reunes en grupo para hablar de temas religiosos y en ese grupo hay cristianos de distintas creencias, te puedes encontrar de todo, como en botica. Eso choca, pero es normal, porque ten en cuenta que muchos de nosotros somos igual de intransigentes que otros muchos hermanos de otras confesiones.
            De todos modos, para ir a ese tipo de reuniones hay que tener las ideas muy claras y buenos conocimientos de lo que se habla, a fin de intentar explicarte y convencer; jamás vencer.

            Te cuento un caso que se me dió: un grupo de Testigos de Jehova (que no son cristianos ya que niegan la divinidad de Cristo), iban una vez por semana a casa de un amigo y lo traían loco. El, por cortesia, aguantaba y aguantaba, pero cuando no pudo más, me pidió ayuda. Entonces, el día que tocaba, yo me presenté y me llevé la Biblia en griego y la llamada Biblia de Jerusalen. Les propuse que me convencieran a mi y ellos, latosos pero muy educados, se pusieron a discutir a veces y dialogar a veces sobre algunos temas, tanto del Viejo como del Nuevo Testamento. Yo no perdí la calma, pero les rebatía y les puse en tales compromisos, que desistieron, pidieron disculpas y jamás molestaron más a mi amigo. Y solo usamos la Biblia, o sea, que no nos metimos en berenjenales de dogmas católicos ni cosas por el estilo. Nadie perdió la compostura, nadie le faltó el respeto a nadie y todos tan contentos, sobre todo, mi amigo.

  2. Yo respeto las ideas y creencias de los demas,aunque no este de acuerdo.
    Pero lo mismo pido para mi (Esto lo digo por algunos miembros de dicho grupo),que por cierto fueron supuestamente denunciados por un antiguo miembro y conocido mio ante el obispo porque (resumiendo) una vez al mes iba un sacerdote secularizado,casado y con hijos a celebrar misa y decia que no era valida.
    Yo nunca fui a una de estas misas pues tampoco lo veia claro.

    • Abel,
      El sacramento del Orden imprime carácter y un sacerdote lo es y será siempre, se secularice o no, se case o no. Yo no me meteré en el tema de la licitud de los sacramentos que administre, pero en lo que no hay duda alguna, es que esos sacramentos son válidos.
      Te diré más, existen muchos casos en los que algunos obispos incluso autorizan a que esos sacerdotes puedan celebrar dichos sacramentos y ya no digamos nada si es en caso de urgente necesidad.

  3. Hace un tiempo hablábamos del Beato J. Duns Escoto, en este tema aparecieron los doctores/as de Iglesia. Haciendo un breve repaso de todos estos choqué con San Pedro Canisio, del que poco sabía.
    Veo en él a un gran mediador y defensor de la Fe católica, también a un gran líder dentro de la recién creada compañía de Jesús. Hasta tal punto llego su fama que se le apodó “el segundo apóstol de Alemania”, pero tal como estaba la situación en Alemania por aquel entonces, bien podría haberle quitado el puesto a San Bonifacio.

    Antonio, ¿sabes si es patrono de los periodistas católicos o alguna rama de estos oficios?, leí que fue el iniciador de lo que hoy podríamos llamar prensa católica. Imagino que aparte de escribir ese libro que fue el primero de la compañía de Jesús, también escribiría o organizaría algún tipo de periódico.

    • David,
      Cuando leas los otros dos artículos que faltan te harás una idea aun mayor de la grandeza de este hombre, puntal fundamental de la Iglesia y de la Compañía en su época. Por algo es Doctor de la Iglesia: verás, al menos enumerada, su obra.
      Y que yo sepa, no está declarado patrono de ninguna rama del periodismo u oficios relacionados con él. Si alguien puede aportar algún dato interesante en este sentido, yo lo agradecería.

  4. En hora buena la publicación sobre este santo cuya celebración es típica dentro del Adviento. Me han gustado mucho las ilustraciones de su sepulcro y también donde está con el Emperador y un cardenal.
    En Guadalajara hay un templo que estuvo mucho tiempo bajo la regencia de los jesuitas, por ello existe una imagen suya muy bonita. Lleva un libro que dice Catecismo. Tengo entendido que por haberse dedicado de lleno a este apostolado, es considerado Patrono de los catequistas. Lo comento en atención por lo preguntado por David.
    Saludos.

    • Yo tengo entendido, Humberto, que los patronos de los catequistas son San Carlos Borromeo y San Roberto Belarmino y que en España también lo es San Enrique de Ossó.
      Posiblemente, San Pedro Canisio lo sea de los catequistas católicos alemanes.

  5. Antonio

    Yo creía que San Pedro Canisio era sacerdote ya antes de ingresar a la compañía de Jesús, pero ahora veo que se ordenó estando ya en ese instituto.

    He leído los comentarios sobre el ecumenismo que tiene que ver con la postura que el santo mantuvo en tiempos de la reforma protestante. Pero algo tengo que comentar respecto a los Jesuitas. Los jesuitas me dicen que ellos son una orden religiosa (nacieron e tiempos del concilio de Trento) y hay otros religiosos que me dicen que los jesuitas son la primera congregación religiosa y no orden, puesto que las ordenes viven bajo una regla de vida como la de San Basilio, Benito, Francisco, Agustín… y los jesuitas no viven bajo ninguna regla de vida solo bajo constituciones. ¿Puedes aclararme estas dudas?

    • Fue el IV Concilio de Letrán, celebrado en el año 1215 el que decidió que no se crearan nuevas órdenes religiosas. Las órdenes religiosas se dividen en cuatro grupos: monásticas, mendicantes, canónigos regulares y clérigos regulares. Cada grupo está compuesto por una serie de órdenes de las que no viene a cuento hablar ahora.
      A partir de entonces se empezaron a constituir congregaciones e institutos. Los miembros de órdenes religiosas hacen votos simples y solemnes mientras que los otros solo hacen votos simples.

      • Ando liado con tantas respuestas que se me olvida contestar a algunas cosas. En general, las Órdenes religiosas tienen reglas y las Congregaciones e Institutos tienen constituciones.

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