Santo Tomás Becket, arzobispo mártir de Canterbury (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vidriera del Santo en la catedral de Canterbury, Reino Unido.

Vidriera del Santo en la catedral de Canterbury, Reino Unido.

Santo Tomás Becket, arzobispo de Canterbury, fue asesinado por instigación del rey Enrique II de Inglaterra en el año 1170 e inmediatamente fue venerado como mártir de la libertad de la Iglesia, siendo canonizado tres años después de su muerte.

Era hijo de un rico comerciante normando de la ciudad de Londres y su madre, que también era de Normandía, era una mujer excepcionalmente piadosa. Un amigo de su padre, Richard de L’Aigle, que estaba enamorado de una de sus hermanas, le enseñó a montar a caballos, a cazar y a participar en torneos. Desde joven, Tomás de vio dotado de una aguda sensibilidad, de una memoria extraordinaria, de una enorme facilidad de palabra y una gran capacidad de actuación, aunque como nos lo demuestran sus escritos, no era un gran pensador. Tal era su personalidad que muchos creen que si no hubiera sido martirizado, nunca hubiera sido canonizado.

Con diez años de edad realizó sus primeros estudios en la Abadía de Merton. Posteriormente marchó a Francia y después de un período de estudios en París y de trabajar durante un tiempo como oficial de la seguridad financiera de un magistrado de Londres, llegó a la famosa y bien dotada Curia del arzobispo Teobaldo de Canterbury. Desde allí fue enviado a Bologna (Italia) y a Auxerre (Francia) a fin de que estudiara derecho, llegando a ser archidiácono de Canterbury en el año 1154 y preboste de Beverley y al año siguiente, canciller de Inglaterra.

Su estrecha amistad con el nuevo rey Enrique II, su personal capacidad, su pródiga hospitalidad e incluso su valor militar, contribuyeron al éxito de sus siete años de gobierno y le garantizaban un futuro prometedor. Fue compañero de caza y de diversiones del rey y su amistad llegó hasta tal punto que Enrique II envió a uno de sus hijos a vivir en la casa de Tomás. Enrique, basándose en las costumbres de sus antepasados, quería ser soberano absoluto eliminando los privilegios del clero, ya que consideraba que estos privilegios menoscababan su autoridad y como canciller de Inglaterra, Tomás expresó su apoyo a los intereses del rey contra la Iglesia. En el año 1162, muerto el arzobispo Teobaldo y en contra de la voluntad del capítulo catedralicio, creyendo el rey que esta situación de amistad perduraría en el tiempo, lo promovió a la sede arzobispal de Canterbury. Tomás Becket fue consagrado como obispo el día 3 de junio de 1163.

Lugar donde estuvo sepultado desde el 1220 al 1538. Catedral de Canterbury, Reino Unido.

Lugar donde estuvo sepultado desde el 1220 al 1538. Catedral de Canterbury, Reino Unido.

Pero siendo ya arzobispo, Tomás adoptó deliberada y ostentosamente una austera conducta de vida, renunciando a su cargo de canciller. Su transformación fue radical, aunque sin embargo, incluso sus más acérrimos defensores no creen que esta fuera una conversión en el sentido más profundo de la palabra. Vistió como un monje, comenzó a utilizar cilicios y disciplinas, oraba por las noches, lavaba los pies a los pobres y otras nuevas actividades de ese estilo, pero que sin embargo no hicieron mella ni en su obstinación, ni en su orgullo personal.

Sus anteriores obligaciones y amistad con el rey, le impidieron oponerse a él, primero en las cuestiones de las tasas y tributos y posteriormente, en la reivindicación de los jueces seculares para juzgar y castigar a los eclesiásticos por delitos que ya eran juzgados en los tribunales eclesiásticos y en la libertad de apelar a Roma. El rey reivindicaba la autoridad de los derechos consuetudinarios durante los reinados de sus predecesores. Tomás lo rechazó, después lo admitió y finalmente, se volvió a oponer a ellas, inclinándose a favor del Papa Alejandro III, quién le impuso el palio de arzobispo en el Concilio de Tours.

De vueltas a Inglaterra puso en marcha un proyecto a fin de liberar a la Iglesia de Inglaterra de las limitaciones que él mismo había consentido que se aplicaran: quería la independencia de la Iglesia del poder civil, la libertad para elegir obispos y el respeto a las propiedades eclesiásticas. Viendo el rey el cambio de actitud del arzobispo, convocó al clero en la abadía de Westminster exigiéndose el sometimiento a su única autoridad civil. Aunque algunos clérigos estaban dispuestos a admitir los deseos del rey, Tomás se negó rotundamente. Como el rey no quiso mantener una disputa pública con el arzobispo, llegaron a una especie de compromiso, aunque sin resolver las cuestiones de fondo que les separaban. Todo quedó envuelto en una larga lucha en la cual, ni el arzobispo ni el rey cedían lo más mínimo. Tomás fue objeto de represalias e incluso se le reclamó el dinero recibido durante su etapa de canciller.

Lugar donde fue asesinado.

Lugar donde fue asesinado.

El 30 de enero de 1164 el rey convocó una asamblea en Clarendon en la que imponía sus criterios en un documento de dieciséis puntos. El clero se sometió pero Tomás se negó y no firmó el tratado. A partir de ese momento la lucha solapada entre ambos se convirtió en una guerra abierta entre Enrique y Tomás. El rey lo convocó el 8 de octubre de ese mismo año a un consejo celebrado en Northampton acusándolo de oponerse a la autoridad real y haber abusado de su cargo de canciller. En este consejo Tomás Becket se quedó solo, se opuso a las reivindicaciones reales, apeló al Papa y huyó a Francia llegando a Sens. En esta ciudad se encontró con el Papa, quién, aunque no quiso romper totalmente con el rey se negó a sus pretensiones y mostró su total apoyo a Tomás. Aunque Enrique siguió persiguiendo al arzobispo, este, en su exilio recibió la ayuda del rey francés Luís VII, quién lo protegió en la abadía cisterciense de Pontigny por espacio de dos años.

Mientras, Alejandro III trataba de buscar una solución aceptable para ambas partes, no queriendo abandonar por completo la ayuda del rey Enrique; el Papa, aunque simpatizaba con las ideas del arzobispo se negó a excomulgar al rey como Becket le solicitó. Dado el empecinamiento de Tomás, las relaciones con el Papa empeoraron cuando Alejandro III en el 1167 envió a unos legados suyos a Inglaterra a fin de actuar como árbitro entre ambos. Tomás pactó con los delegados pontificios que se sometería a las condiciones del rey si este respetaba los derechos de la Iglesia. Como el rey seguía empecinado en sus pretensiones, el Papa estuvo a punto de excomulgarlo en el año 1170 y ante esta amenaza papal, Enrique permitió el regreso de Tomás a Inglaterra, aunque sus tierras estaban confiscadas y sus defensores eran perseguidos; la reconciliación era solo aparente. Tomás permaneció en el exilio por espacio de siete años convenciéndose por si mismo de que las leyes canónicas, por si solas, no resolverían la cuestión y que dicha controversia solo se resolvería mediante la muerte de alguno de los dos o de ambos.

Martirio del Santo. Grabado de 1220 conservado en la British Library de Londres, Reino Unido.

Martirio del Santo. Grabado de 1220 conservado en la British Library de Londres, Reino Unido.

Pero la lucha personal entre ambos seguía siendo feroz, sus posiciones eran irreconciliables, ya que el rey se negaba a devolver a la Iglesia las propiedades que le había confiscado. El rey estaba convencido de que tenía que utilizar mano dura contra Tomás, que a su vez no dudó en utilizar la censura eclesiástica contra algunos de los defensores del rey, llegando incluso a amenazar con el interdicto, que es una censura eclesiástica por la cual se prohíbe a los fieles la asistencia a los oficios divinos, la recepción de los sacramento y incluso el recibir sepultura cristiana.

Tomás excomulgó a dos obispos que habían secundado las posiciones del rey y este fue el motivo decisivo por el cual Enrique II, en un ataque de furor ordenó a sus cortesanos que se deshicieran de ese embarazoso arzobispo. La tradición pone en boca del rey estas frases: “¿No habrá nadie capaz de librarme de este obispo turbulento?” y “Es imprescindible que Becket desaparezca”. Cuatro caballeros le tomaron la palabra y después de un altercado con Tomás lo asesinaron dentro de su propia catedral, el martes 29 de diciembre de 1170, mientras asistía al Oficio de Vísperas.

Sea cual sea el juicio que podamos hacer sobre su vida, una cosa es cierta y es cómo fue su muerte: Encomendó su causa a Dios y a los santos diciendo mientras lo asesinaban: “Acepto la muerte en el nombre de Jesús y por la Iglesia”. La noticia de su muerte sacudió a toda la cristiandad. Muy pronto se le atribuyeron numerosos milagros, sus responsabilidades fueron pronto olvidadas, siendo declarado mártir por la causa de la Iglesia. De hecho, como dije al principio, fue canonizado por el Papa Alejandro III tres años después de su muerte. El 12 de junio de 1174, el rey Enrique II tuvo que hacer penitencia pública arrodillándose ante la tumba de Becket como un peregrino más y, despojado de sus insignias reales, fue flagelado en presencia de los obispos, los abades y los monjes.

 Relicario en el Albert Victoria Museum de Londres, Reino Unido.

Relicario en el Albert Victoria Museum de Londres, Reino Unido.

Las representaciones de su martirio no se hicieron esperar y se difundieron rápidamente por toda Europa, incluida Islandia por el oeste y Armenia, por el este. Su biografía fue inmediatamente escrita en inglés, francés, islandés, castellano, italiano y en otros idiomas. En Canterbury, su culto sustituyó a los de los otros santos más antiguos venerados en aquella sede. Una serie de vidrieras de colores fueron instaladas en la catedral ilustrando la historia de su vida y de su muerte. Las peregrinaciones a Canterbury, inmortalizadas por Chaucer, fueron de las más importantes en toda Europa.

Inmediatamente fue conmemorado el 29 de diciembre, día de su muerte y el 7 de julio, día en el que en el año 1220 se hizo la traslación de sus reliquias a la capilla de la Trinidad. En Canterbury también se estableció la fiesta del regreso del exilio, el día 1 de diciembre. Pero en tiempos de Enrique VIII, concretamente en el año 1538, su tumba fue destruida, se prohibieron todas sus imágenes y se quitó su nombre en todos los libros litúrgicos. Actualmente es venerado tanto por la Iglesia Católica como por la Comunión Anglicana.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Foreville, R., “L’église et la royauté en Engleterre sous Henri II”, París, 1943.
– Knowles, D., “El arzobispo Tomás Becket: estudio de su carácter”, Cambridge, 1963.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, Tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.
– Walberg, E., “La vida de santo Tomás el mártir”, Lund, 1922.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

17 pensamientos en “Santo Tomás Becket, arzobispo mártir de Canterbury (I)

  1. Me ha dado mucho gusto leer este artículo sobre un santo al que le tengo especial afecto. Dado que me ha costado mucho obtener una imagen suya que sea de mi agrado, hasta que no lo logre, estuve en paz. Tal vez por eso me encariñé mucho con él.
    Este santo es de los elementos típicos dentro de la octava de Navidad y su celebración se reduce a una simple conmemoración.
    A Tomás Becket lo conozco desde hace mucho tiempo, aparte de leer su biografía, vi una pelucula sobre su vida: Becket. Creo que hay una obra de teatro que inspira o proviene e este filme: Becket o el honor de Dios.
    Creo que es controversial hablar sobre una conversión suya cuando es hecho obispo. Yo pienso que, salvo tu mejor opinión, el arzobispo tomó en serio su papel y decidió actuar conforme a él. Ante de ello no se tiene entendido que haya sido un hombre pecador, tal vez su punto débil era el gran afecto por su amigo el rey y esta fue la causa que causó la división en su alma: o Dios o su amigo. No creo que la reacción haya sido inmediata, sino que se fue gestando hasta que brotó. Algo parecido sucedió con Monseñor Romero, que hasta que se convirtió en pastor, decidió optar por los pobres y víctimas de su pueblo San Salvador.
    Al estar enmarcado este evento dentro decla lucha de las investiduras, Santo Tomás Becket puso su antecedente para que luego de mucho tiempo existiera una sana distancia y una buena comunicación entre la Iglesia y el Estado.
    Es una pena que Enrique VIII, con afán de llevar a cabo sus pretensiones eclesiástico políticas, haya hecho desaparecer sus reluquias. Por cierto, alguna vez leí que solamente se salvaron las de San Eduardo por ser un rey y una desconocida virgen (mártir?) llamada White o Blanca.
    Saludos.

    • Amigo Humberto,
      Hay que reconocer que Santo Tomás Becket es un santo un tanto controvertido, porque si bien es verdad que su vida con respecto a sus posiciones a favor o en contra del rey cambió cuando fue consagrado como obispo, no cambió su carácter.
      De hecho, en el artículo hay una cierta crítica hacia su forma de proceder, poniéndose incluso en duda algunas de sus acciones e incluso diciendo que el Papa buscó a alguien más diplomático que él.
      Estaba claro que el conflicto entre ambos no desaparecería hasta que no desapareciera uno de los dos y eso lo tenían claro tanto el uno como el otro. Y además te recuerdo que las reivindicaciones del arzobispo a favor de la Iglesia, iban más por el camino de las acciones terrenales que por las espirituales. Aqui se trataba de que el rey quería tener unas prerrogativas materiales y jurídicas que habían tenido sus antepasados, pero no se trataba de suplantar a nivel espiritual la autoridad del obispo de Roma, cosa que si ocurrió siglos más tarde en tiempos de Enrique VIII.
      El carácter de Santo Tomás fue difícil porque así era él, sus intenciones podían ser buenas – aunque tuvo algunas “vacilaciones” incluso siendo obispo -, pero está claro que él entendía que así había que defender a la Iglesia. No pongo en duda su martirio pero me reafirmo en lo dicho: si no hubiera sido mártir, no estaría canonizado.

      • Perdona, pero se me olvidaba. Si que se conservan las reliquias de algunos santos británicos e irlandeses anteriores a Enrique VIII. El y sus sucesores no lograron hacerlas desaparecer todas, aunque si a muchas.

        • Te agradezco si a ojo de buen cubero me refieres algunos casos. He recordado ahora a San Eduardo rey y mártir. Hay muchos santos ingleses del primer milenio que fueron canonizados en el S. XIX. Serán de estos casos los que tu refieres.
          Por otro lado proponer a quie quiera que vea la película de Becket, donde Richard Borton interpreta a Santo Tomás y Peter O Toole al Rey Enrique.
          Saludos.

          • Me refiero a santos del primer milenio reconocidos como tales desde entonces y por lo tanto, venerados por las Iglesias Católica y Ortodoxa. Tendría que buscarlos en mis archivos pero te aseguro que son bastantes.

            Esa película la vi hace muchos años y la verdad es que me gustó pero la recuerdo vagamente. Sería bonito verla de nuevo.

  2. Realmente es una lastima que ya no existan reliquias de Santo Tomas Becket.

    Personalmente no vi un signo de santidad muy visible o destacable en lo que nos cuentas, solo disputas y conflictos. Y me parece muy razonable aquello que si no hubiese sido martirizado nunca habria sido canonizado.

    Claro que por menos de lo que el hizó también se ha canonizado.

    • Gracias, Jhonatan, por tu comentario.
      Si que se conservan más reliquias de Santo Tomás Becket, lo que pasa es que “están muy repartidas”. Supongo que en el artículo de mañana aparecerán fotos de algún otro relicario, pero si lo deseas, puedo enviarte otras fotos por e-mail.

  3. Thomas Becket es uno de esos Santos que realmente ha llegado a los altares porque a la Iglesia le ha interesado enarbolar mártires que defendieran sus intereses; y más en la sempiterna lucha de los poderes temporal y espiritual que caracterizó el tira-afloja de la Iglesia y la monarquía durante toda la Edad Media, la conocida “querella de las investiduras”. Aquí realmente hay mucho de política y muy poco de santidad, como bien dice Emmanuel; aunque por supuesto, no pretendo faltarle al respeto al arzobispo de Canterbury ni mucho menos justificar su horrenda muerte, que fue un asesinato. Él era un hijo de su tiempo, un alto cargo de la Iglesia, y como tal se comportó. Lógico que de no haber sido asesinado, no habría sido canonizado. No me cabe duda. Y además, Enrique Plantagenet también era un pájaro de mucho cuidado, con perdón por la expresión. Su mal carácter era bien conocido.

    Aunque como licenciada en Historia se me ha enseñado a separar la paja del oro en cuanto a fuentes, para mi mero entretenimiento me gusta leer novelas históricas y en ellas muchas veces Becket aparece retratado con esta sobriedad y sensatez por parte de ciertos autores, que saben lo que hay, aunque por supuesto, dejando volar la imaginación, como corresponde a una novela de ficción: desde oculto conspirador en la sombra por la corona de Inglaterra y hasta colaborador de brujas y druidas si en eso le beneficiaba al rey -caso de “La boda de Leonor”, de Mireille Calmel- hasta recto arzobispo moralista y entregado político intrigante de la corte en la celebérrima “Los pilares de la Tierra” de Ken Follett, donde se describe con mucho detalle la escena de su martirio y la “penitencia” del rey, que no fue tal sino una flagelación simbólica -mero rozamiento de la espalda real con varas, ni siquiera le golpearon-, ¡pues bueno hubiera sido que le azotaran de verdad! Basta de hablar de novelas de ficción. Películas sí que no he visto.

    Excelentes las fotografías del interior de la catedral de Canterbury y tétrico e inquietante el lugar del martirio. Desde luego, así a simple vista, no es el típico lugar que inspira devoción y recogimiento. Sí el que guarda la memoria de un acto horrible y condenable, aunque su protagonista no fuera, en sus acciones, el candidato más perfecto a la santidad impoluta tal y como la veríamos en otros.

    • Ana María,
      Realmente, ambos eran hombres de armas tomar. Habían sido grandes amigos, ambos con mucho carácter, que en un momento de sus vidas se enfrentan defendiendo cada uno los intereses de las instituciónes que representan y como estas chocan, ellos también chocan. Y puestos a ser cabezotas, no dar sus brazos a torcer y carecer de dotes diplomáticas, pues pasó lo que tenía que pasar: uno de los dos, si no los dos, pues simplemente sobraban. Lo que pasa es que como el asesinado es el arzobispo, muere dentro de la catedral durante la celebración de un oficio litúrgico y aceptando la muerte por Dios y por la iglesia, lógicamente es venerado como santo. Casos parecidos los habría por cientos en la época de las querellas por las investiduras, pero no todos, se resolvieron de la misma manera.
      Ya lo digo: si no muere martir no estaría en los altares.

      Yo no he leido la novela a la que haces referencia, pero si vi hace ya mucho tiempo la película que menciona Humberto.

      • Aunque me recuerda al enfrentamiento de el papa Gregorio VII (san Gregorio VII) con el emperador Enrique del sacro imperio romano germánico o de Inocencio XI con Luis XIV, el caso es el mismo, siempre la Iglesia ha peleado por el poder temporal, y llegando hasta querer poner antipapas como el caso primero. Claro, todo en su contexto, pero a este caso si es cercano.

  4. Antonio la verdad que no me esperaba un articulo un tanto “contra” San Tomas Becket.
    Aunque se que tratas de ser imparcial creo que haces mas hincapie en sus defectos que en sus virtudes a lo largo del articulo.
    Nunca he leido nada de este santo salvo alguna breve reseña,siendo este articulo lo mas importante que habre leido de el.
    Te agradezco este articulo pues he podido hacerme una idea de la relacion iglesia-monarca que dio origen al conflicto.

    • No, Abel. No hago más hincapié en los defectos que en las virtudes. Intento ser imparcial, lo que pasa es que era un hombre que, además de tener fuertes convicciones, también tenía fuerte carácter, vamos, que para diplomático no valía.
      Y fíjate si le doy importancia a este santo que, aunque sus escritos no son importantes, le dedicamos dos artículos y lo hacemos sobre todo, porque desde inmediatamente después de su muerte asumió un papel tan importante que se le identificó con la libertad, con la dignidad humana y con una indómita fidelidad a la Iglesia de Roma

      • Esperare al articulo de mañana.
        Iba a preguntarte si se debia a un error,dado que en el articulo no mencionabas que ibas a realizarlo en dos partes,esto lo indicas en respuesta a un comentario.
        Sobre las virtudes y defectos,es la sensacion que me ha dado,pero ya te digo que el articulo es excelente.

  5. Gracias Antonio, con este articulo por fin he podido conocer la vida y obra de este controvertido Santo ingles.
    Es poco lo que conocía de sus obras y defensas de la Fe en Inglaterra ( espere los artículos de mañana para saber mas de este tema).
    Pero de lo que no tenia conocimiento era de su amistad con el rey y después con su publica enemista. Me imagino que se tomó en serio su cargo y lo que ello conllevaba, por esa razón ya no reía las gracias al rey y le llevaba la contra en lo que veía injusto para el pueblo cristiano, ¿ tal vez le vino grande este cargo?, ya sabemos que un cargo así antes y ahora necesita de muchas virtudes y una de ellas es la de ser conciliador.

    Estas disputas fueron cada vez a más, y como ya has dicho uno de los dos tenía que quedar por encima. En este caso fue el Rey ( no podía ser otra forma), que sin piedad levanto la mano para que sus asesinos tuvieran carta blanca a la hora de matar a nuestro santo de hoy. Ya ha explicado Ana María en lo que consistía la flagelación en publico, yo no acababa de entender como después de mandar esta orden tan injusta y vil, se arrepintiera y “humillara” en publico.

    • Bueno, David, yo no se si al rey Enrique lo flagelaron o hicieron solamente el paripé, pero fuese una cosa u otra, lo cierto es que debió ser una humillación, ¿no cree? Espero que al menos se arrepintiera sinceramente por ser el instigador del asesinado de Santo Tomás.

  6. que te puedo decir mi estimado amigo sobre el mártir inglés!!! que comparto tu opinión y me gustó mucho que escribieses sobre él, personalmente hace escasos 4 meses que había leído sobre él, y es cuando encontré estas rivalidades entre el rey y el clérigo sobre las cuestiones temporales. Todo esto me hace pensar siempre en que a veces la autoridad civil le hace más bien a la Iglesia que males; repito (¡¡a veces!!!) y es que, sin dejar lo terrenal pues formamos parte de este mundo finito y mutable, las cuestiones espirituales tienen que ser de mayor importancia y trascendencia para los cristianos, sin dejar tampoco a un lado lo temporal.

    Siempre he creído que la Iglesia tiene un objetivo “Predicar y dar a conocer el Evangelio”, más sin embargo en la Historia nos damos cuenta que este objetivo no era esencialmente lo primordial para la Iglesia, éstos momentos han sido bastante oscuros y vergonzosos en la historia de la Iglesia.

    Y actualmente no estamos tan perdidos, aun existen estos clérigos que se sirven de poder civil para tener sus beneficios, al igual el poder civil se sirve de la Iglesia para hacer sus tranzas.

    • ¿Qué quieres que te diga, Emmanuel? Intercambios de intereses entre la Iglesia y los Estados los ha habido, los hay y, si Dios no lo remedia, los seguirá habiendo. Si no, que se le pregunten a la jerarquía española cómo se comportó en tiempos de Franco e incluso en tiempos posteriores. Ahora parece que algo está cambiando y se nota en esto la mano del Santo Padre.
      A mi hay dos acciones que me averguenzan tremendamente: una es la regañina pública que le echó el Papa Wojtyła a Ernesto Cardenal en Nicaragua y la otra es el darle públicamente la comunión al canalla de Pinochet en Chile: al dictador, caricias y al que intentaba resolver los problemas del pueblo, regañina pública para mas escarnio. Dios nos perdone.

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