Santa Amancia en Santa Eugenia de Berga

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Reliquias y lápida de Santa Amancia, mártir de las catacumbas. Santa Eugenia de Berga, Osona (España).

Reliquias y lápida de Santa Amancia, mártir de las catacumbas. Santa Eugenia de Berga, Osona (España).

Siguiendo la estela de otros artículos en los que hemos hablado de diferentes reliquias pertenecientes a mártires de las catacumbas o cuerpos santos -es decir, reliquias de cristianos de los primeros siglos extraídos de las catacumbas romanas y donados a diferentes lugares del mundo para su veneración local- hoy hablaremos de una mártir llamada Amancia que actualmente se venera en una capilla -oratorio privado- en un caserío de Sala d’heures, en el municipio catalán de Santa Eugenia de Berga (Osona), España, tratándose sin duda de los escasos ejemplares que deben quedar en la zona mediterránea, dada la masiva destrucción que sufrieron estas reliquias durante la Guerra Civil Española en zona republicana (1936-1939).

Para ello voy a basarme en los datos que tan amablemente nos facilita Joan Arimany i Juventeny en su web Dulia, y sin los cuales no hubiese sido posible la realización de este artículo. El enlace a su trabajo está reseñado a pie de artículo, por tanto, a quien desee ampliar con más datos y sea conocedor de la lengua catalana le recomiendo remitirse a esta fuente para su enriquecimiento. Gracias de antemano al autor por su valiosa aportación para conocer más sobre esta mártir de las catacumbas venerada en Cataluña.

Donación pontificia
En realidad, originalmente el cuerpo de esta mártir de las catacumbas -del cual se ha dicho, erróneamente, que está momificado- no estaba destinada a su ubicación actual, sino que fue venerada en una localidad distinta, en Arenys de Mar. Llegó a este destino gracias a la figura de Antoni Pasqual i Lleu (Arenys de Mar, 7 de marzo de 1643 – Vic, 25 de julio de 1704), hijo de una familia acomodada que hizo carrera eclesiástica y en 1669 obtuvo el doctorado en derecho canónico en el colegio de San Clemente de Bolonia, donde ocupó una cátedra universitaria, llegando a ser también vicario general de Madrid, visitador eclesiástico de Toledo, auditor y consultor jurídico del cardenal Portocarrero, archidiácono y, finalmente, obispo de Vic.

Gozos en honor a la Santa, cuando aún se veneraba en Arenys de Mar.

Gozos en honor a la Santa, cuando aún se veneraba en Arenys de Mar.

Pues bien, este ilustre personaje, durante su estancia en Roma, obtuvo del papa Clemente X diversas reliquias, como solía acontecer en estos casos y con estas personalidades. Estas reliquias -aparentemente, todas de mártires de las catacumbas: San Félix, San Cándido y Santa Clemencia- las destinó a altares que la familia consideraba como propios y eran festejadas con procesiones que iban hasta su caserío familiar. Finalmente, el 1 de septiembre de 1675, ya había obtenido el cuerpo de nuestra protagonista, Santa Amancia.

Una Santa nominis propris
La primera y agradable sorpresa respecto a nuestra Santa de hoy, aparte de su conservación, es que constituye uno de los escasos ejemplos en que conocemos el auténtico nombre de la persona en cuestión, es decir, que tiene nominis propris: que sabemos su nombre propio; y que ha sido respetado, conocido y mantenido, sin necesidad de otorgarle uno falso ni cambiárselo, como por desgracia sí se ha dado en muchos otros casos.

Esto lo sabemos gracias a la lápida funeraria de la mártir, extraída con ella de la catacumba de Ciríaca, en la via Tiburtina de Roma. La inscripción latina reza así:

RECESSIT IN PACE AMANTIA QVI VIXIT ANN(OS) X D(IEI) XXV

es decir, “descansó en paz Amancia, que vivió diez años y veinticinco días”. Por lo tanto, de su lápida se extraen dos datos seguros: su nombre real -Amancia- y su edad exacta al morir, diez años y veinticinco días. Una niña, y pequeña, en realidad.

Según reza su authenticae, las reliquias fueron reconocidas por Joseph Eusanius Aquilani, fraile agustino, obispo de Porfira y prefecto de la sacristía del Palacio Apostólico, haciendo constar asimismo que el “sacrum corpus sive ossa corporis sanctae Christi martiri Amanticae repertum una cum vase sanguinis…”, es decir, que las reliquias de la mártir fueron enviadas junto con el vaso de sangre, que sería la prueba del martirio.

Pero… ¿era realmente prueba del martirio? La inscripción de la lápida nada insinúa en ese aspecto. Simplemente menciona que Amancia “descansó en paz”, es decir, que falleció. A menos que el vas sanguinis contenga realmente sangre -pues se han dado casos donde sólo contenía ungüentos o perfume-, podríamos encontrarnos ante una niña que hubiese muerto de causas naturales. Tampoco nada indica que fuese cristiana de religión, aunque es cierto que el epitafio “in pace” es propio de loculi cristianos. Ya sabemos que en esta época se hacían extracciones sin criterios arqueológicos rigurosos y que se cometían muchos errores a la hora de atribuir naturaleza de cristianos y mártires que, simplemente, a menudo no lo eran.

Gozos en honor a Santa Amancia editados en 1885, cuando aún era venerada en Arenys de Mar.

Gozos en honor a Santa Amancia editados en 1885, cuando aún era venerada en Arenys de Mar.

Pero sigamos con Amancia. Desde Roma, Antoni Pasqual hizo llegar los restos de la Santa al caserío familiar, en la calle d’Avall de Arenys de Mar, y allí fue depositada ya antes del 3 de noviembre de 1679, en el oratorio privado, donde sería venerada durante más de un siglo.

Vicisitudes de las reliquias
El cuerpo de la Santa fue trasladado a Vic, sin embargo, el 12 de octubre de 1819, por un sucesor de los Pasqual, Miquel de Fontcuberta, a la residencia donde ya había vivido el descendiente y sobrino del obispo que recibiera a la Santa en Roma. Se hizo tal cosa, probablemente, por cautela, debido a la situación conflictiva de la Guerra del Francés.

Sin embargo, anteriormente ya se habían enviado allí reliquias de la Santa, un hueso en concreto, el 19 de noviembre de 1707, que según la authenticae del 24 de junio de 1708 debía venerarse públicamente en el convento de Santa Teresa. En la primera mitad del siglo XIX se sabe por visitas pastorales que las reliquias de la Santa ya eran veneradas en la capilla de San Juan de Sala-d’heures.

Y aquí recibió devoción hasta que en 1936, con el estallido de la Guerra Civil, el cuerpo de la Santa fue profanado, aunque no destruido; y hubo que trasladarlo a la capilla interior de la Virgen del Carmen en el caserío. Actualmente la ubicación es la mencionada y como se puede observar en la foto, los restos de la Santa constituyen unos pocos huesos que están unidos mediante telas y rellenos para darles forma de figura humana. De ahí que, lógicamente, no pueda considerarse que estemos ante un cuerpo momificado ni mucho menos incorrupto; como erróneamente se ha dicho en algunas fuentes.

Conclusión
Poco más es lo que podemos decir de este cuerpo santo venerado en esta localidad catalana, de cuya información debemos acreditar y agradecer nuevamente al enlace abajo reseñado. Es un auténtico privilegio contar con unas reliquias que hayan sobrevivido a la Guerra Civil a pesar de su profanación, lo cual no es nada frecuente en la zona mediterránea española; todavía es mejor contar con una lápida inscrita y conocer el auténtico nombre de la persona venerada.

Gozos en honor a la Santa. Edición moderna, cuando ya era venerada en Santa Eugenia de Berga.

Gozos en honor a la Santa. Edición moderna, cuando ya era venerada en Santa Eugenia de Berga.

Pero, por contrapartida, la naturaleza de esta persona es incierta. La lápida ofrece certezas en cuanto a su identidad y edad, pero no la causa de la muerte ni la fe de la finada. No se habla de martirio ni de que la ocupante del loculus catacumbal sea cristiana. Por lo tanto, ¿podría suponerse? Sólo en el caso de que los restos contenidos en el vas sanguinis sean realmente sangre, y no ungüento ni perfumes como ha ocurrido en otros casos, estaríamos realmente ante una prueba indiscutible de martirio. Y sólo en el caso de que en esa sección del cementerio de Ciríaca todos los ocupantes de los loculi fueran cristianos, podríamos dar por sentado que esta pequeña también lo era; aunque, como decíamos, el epitafio “in pace” es propio de tumbas cristianas, siendo más propio de las paganas laudatorias como “sit tibi terra levis” o invocaciones como “DDMM” (Dies Manibus). Porque no olvidemos que no sólo hay cristianos enterrados en las catacumbas romanas.

Aún así, Santa Amancia ha gozado de gran veneración a nivel local y prueba de ello son los diversos gozos que se han hecho imprimir para honrarla desde el siglo XVIII. Sin embargo, estos gozos, reflejo de la piedad popular, la identifican erróneamente con una compañera de Santa Anastasia de Sirmio, quemada viva en la isla de Palmaria junto a esta mártir, y es por eso que era celebrada también el 25 de diciembre, que es la fiesta de Santa Anastasia. Craso error, ya que, tratándose de una mártir de las catacumbas de la cual ignoramos todo salvo lo que de ella nos dice la lápida, difícilmente puede identificarse con otra mártir.

Nada más puede decirse, al menos de momento. Para ampliar más datos, nos remitimos al estupendo enlace abajo reseñado, a cuyo autor agradecemos habernos acercado el caso de Santa Amancia para arrojar algo más de luz a este misterioso y complejo mundo de los mártires de las catacumbas.

Meldelen

Enlace consultado (01/01/2015):
– http://joanarimanyjuventeny.cat/sants-postridentins/santa-amancia-la-nena-martir-viatgera

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “Santa Amancia en Santa Eugenia de Berga

  1. Excelente articulo Ana sober esta santa, sobre todo por ser sobreviviente de esa tremenda guerra que sufrió España. Hace unos día comentaba con Antonio que en Inglaterra, tras la reforma que hizo la casa Tudor, en alguna fuente leí que solo se salvaron dos cuerpos de Santos: San Eduardo y Santa White o Blanca.
    ¿Tienes una idea de cuantos corposantos se destruyeron en la guerra del 1936?
    Has hecho referencia de que el vas sanguinis bien pudiera contener otra cosa como se ha comprobado. ¿Conoces un caso concreto? ¿Si se descubrió este error, las reliquias se siguieron presentando al culto o se hicieron de la vista gorda?
    Buen punto que se conserve el nombre de esta santa.

    • Gracias por tu amable comentario, Humberto. Bueno, hace tiempo me constaba que nuestro compañero Salvador hizo una nónima de todos los mártires de las catacumbas que se han o se habían venerado aquí de donde él y yo somos oriundos -la Comunidad Valenciana- y cuáles habían sido destruidos y cuáles no; pero hacer una nónima completa de todos los de España, en caso de que no exista aún, sería un trabajo de titanes. Yo desde luego, no la conozco. Pero podría hacerse con años de minuciosa investigación y colaboración de muchos focos locales, claro.

      El dato de que muchos vas sanguinis no contienen sangre, a pesar de su nombre, es una realidad y así consta en muchos estudios arqueológicos sobre mártires de las catacumbas; y como tal lo he reproducido. Y a pesar de este error se han seguido “vendiendo” como tales, lo mismo que cuando se descubre que un Santo nunca ha existido, o es desdoblamiento de otro, o tal dato es una leyenda sin fundamento, o tales reliquias son falsas; y aún así, se siguen venerando. ¿Por qué no se corrigen estos errores? La misma respuesta vale para todo: porque algunos prefieren seguir viviendo engañados a afrontar la verdad.

      Yo he visto muchas fotos de vas sanguinis y en algunos es fácil apreciar que contienen sangre seca, pero en otros lo que se ve es otra cosa. De todos modos no voy a citar ejemplos porque no estaría siendo justa: eso lo tiene que decir un análisis químico del contenido del vaso, no mi ojo avizor ni mi boquita serena.

      Por ejemplo, según ha dicho Giovanni Brasci, rector del Santuario de Santa Filomena en Mugnano del Cardenal en un informe del año 2002, se ha estudiado el contenido del vas sanguinis de Santa Filomena, que contiene sangre seca y una esquirla de hueso fracturado, luego Filomena sí sería mártir, porque son evidencias de una muerte traumática, es decir, violenta.

  2. Hola Meldelen. Por supuesto todos los artículos de Dulia están a vuestra disposición. Encantado que sean útiles y merezcan vuestra atención.
    Sólo quiero comentar que en el título del artículo seria interesante precisar que el municipio donde está santa Amància es Santa Eugènia de Berga (comarca de Osona) y no en la población de Berga (comarca del Berguedà). Por más indicaciones, decir que la santa se encuentra a unos 3 km de Vic. Se trata de un oratorio privado, como se comenta, y por tanto su acceso es limitado.
    Este caso se entiende en el contexto del redescubrimiento de las catacumbas romanas, en época posterior al concilio de Trento. En esta época, todos los restos encontrados en las catacumbas se asociaban a supuestos mártires santos. Sus supuestas reliquias llegaron a la mayoría de parroquias y iglesias. La devoción estaba impulsada por los decretos de Trento. Es importante ver que la mayoría de nombres de estos supuestos mártires están directamente relacionados con adjetivos, valores o otros conceptos universales adoptados por el Cristianismo: “Víctor” como victorioso, Pacífico, Amància como “amantíssima” o “amada”, Clara, Justa, etc.
    Un cordial saludo a todos.

    • Saludos, Joan, es un honor que hayas venido a visitarnos y a comentar mi pobre artículo, que no habría sido posible sin tu previa investigación. Por favor, llámame Ana.

      Sobre lo que comentas, sé que Santa Amancia está en Santa Eugenia de Berga, pero había querido abreviar poniendo “Berga” para que el título del artículo no fuese tan largo, y para que no se nos colase el nombre de otra Santa, también mártir -y quizá patrona de la localidad, seguramente- que viniese a complicar la toponimia, pero me acabo de dar cuenta de que he metido la pata, con la mejor intención, porque no es la misma Berga de Berguedà. Me pasa esto por no ser catalana, discúlpame. Ahora mismo hago que lo corrijan.

      Lo demás que comentas es -o debería ser- sobradamente conocido por quienes se acercan a este mundo de los mártires de las catacumbas, por desgracia, no siempre ocurre así. En el caso de Amancia, que como bien dices en latín alude a la que es amada, en este caso no es un nombre impuesto por un cura, obispo o Papa, en alusión a una virtud cristiana o a sí mismos; sino que es el nombre auténtico de la misma enterrada. Toda una rareza.

      Gracias por tu visita, y si gustas, nos encantaría verte más a menudo por aquí. Saludos. 🙂

  3. Me ha gustado mucho el artículo sobre Santa Amancia y las precisiones que has hecho referente a las formas en las que fueron extraidos los cuerpos santos de las catacumbas.
    Yo soy de los que piensan que muchos de ellos no son de verdaderos mártires o al menos, hay serias dudas de que pudieran serlos. Las catacumbas eran verdaderos cementerios en los que se sepultaban a cristianos y paganos, mártires y no mártires. Si desde luego la excavación se hace de manera científica hay medios más que suficientes como para saber distinguir todos estos detalles, pero dudo de que en los siglos XVI al XVIII estos métodos rigurosos se siguieran en todos los casos, por lo que no es descabellado pensar que veneramos como mártires a personas que no lo fueron.
    No me estoy refiriendo para nada a este caso de Santa Amancia, aunque siempre quedará la duda de si una niña de tan corta edad sufrió o no martirio.

    • ¿Qué te digo, Antonio? No puedo estar más de acuerdo contigo. Es que se sabe que así han sido las cosas. Muchos errores del pasado se pueden subsanar ahora con investigaciones científicas, pero a menudo falta el interés o los medios para ello, en verdad.

      El otro día me comentó Montse un dato que fue de mi máximo interés, y es que en la lápida de un mártir de las catacumbas venerado en su tierra -San Herculano- el epígrafe dice que el lóculo ya fue comprado en vida del muerto. Eso dice una cosa muy clara: que la familia del finado era rica, rica, si ya se podía permitir comprar el lóculo en vida. Pero, ¿esto es un mártir? Claramente es complicado, ya que los mártires son enterrados más arbitrariamente en el cementerio, según van muriendo, y no tienen “compradas” las tumbas de antemano. Sería como mínimo rarito, ¿no? Lo más lógico es que nuestro Herculano, más que mártir, fuese un señorito rico que pagó por ser enterrado junto a los mártires. Ha pasado en tantos otros casos, los célebres fundadores de cementerios… que al final, como él, han sido confundidos también con los mismos mártires. ¡Toma carambola!

      En el caso de Santa Amancia, se puede aceptar que fuera cristiana a regañadientes por la laudatoria “in pace” -que para mí tampoco supone un 100% de garantías-; pero, ¿y el martirio? ¿Dónde se alude en esa lápida, ya sea con letras, ya sea con símbolos, a que es mártir? No se ve por ningún lado. Sólo quedaría analizar químicamente el contenido del vas sanguinis, si es que se conserva después de su profanación sufrida en la guerra, y ver si realmente contiene sangre, en cuyo caso sí estaríamos ante una mártir; y si no, pues… otro caso más al bote. Habríamos venerado como mártir a una niña romana que, en realidad, murió de causas naturales.

  4. Ana Maria este es uno de los casos que me fascinan por la gran cantidad de datos fidedignos que se conservan.
    Daros las gracias a ti y al señor Joan Arimany que tan amablemente te ha brindado su informacion.
    ¿No se puede aceptar al 100% (o 90%) que solo a los cristianos en esa epoca les pusieran”in Pace” en la lapida?
    El caso del “vas sanguini” ya es otro cantar,si no se conserva actualmente y no se puede ver si contenia restos de sangre o analizarla,por esa parte ya no se puede hacer nada.
    Otra cosa,os agradeceria bien a ti o a Salvador que me facilitarais la lista de los corposantos que se hayan en la Comunidad Valenciana (se conserven o no).

    • “In pace” es un epitafio típicamente cristiano, lo que no significa que no haya excepciones. Pero por lo general sí lo es, debido a que descansar en paz es una creencia más cristiana que pagana. Los paganos solían creer que los muertos no llevaban una existencia muy feliz en la otra vida, de ahí el “sit tibi terra levis”, las invocaciones a los dioses Manes y otras fórmulas más aplacatorias y melancólicas que lo que buscan es calmar al muerto y pedirle que se quede donde está; pero lo que es descansar en paz, no es que estuvieran muy convencidos de ello. En paz estaba el vivo, por vivir.

      Yo imagino que Salvador no tendrá inconveniente en que te comparta la nómina de mártires de las catacumbas “valencianos”, ya que me la compartió tan amablemente en su día. Lo que no sé es si está completa.

    • Este caso debes estar agradecida a Joan Arimany por los datos aportados más que a mí, pues a él le debemos las referencias dadas sobre este cuerpo de las catacumbas 🙂 Pero gracias por tu amabilidad, como siempre, es un placer darte a conocer más casos como éste, sabiendo que son de tu interés.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA

*