San Antonio María Zaccaria, sacerdote fundador

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Escultura del santo, obra de Cesare Aureli. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Escultura del santo, obra de Cesare Aureli. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Hoy quiero escribir sobre un joven sacerdote santo, quien con sólo treinta y seis años de vida, dio vitalidad a una Iglesia que necesitaba una transformación urgente. Se trata de San Antonio María Zaccaria, que nació en Cremona (Italia), en el año 1502, siendo sus padres Lázaro y Antonieta Pescaroli. A los pocos meses de nacer se quedó huérfano de padre, por lo que creció bajo la vigilancia de su madre, la cual a pesar de las penurias económicas sufridas como consecuencia de los continuos conflictos de la época, supo desarrollar en su hijo una atracción hacia la caridad para con los pobres y hacia una vida piadosa y carente de todo tipo de lujos.

Sus primeros estudios los realizó en Cremona, pero con dieciocho años de edad se matriculó en la universidad de Padua, de la que salió en el año 1524 como licenciado en medicina. Regresó a Cremona, donde no ejerció la profesión, y donde se puso bajo la dirección espiritual de un fraile dominico, que le inculcó se dedicara al apostolado popular, dando clases de religión y catequesis en una pequeña iglesia dedicada a San Vidal, pero al morir fray Marcelo – que así se llamaba este sacerdote dominico –, su nuevo director espiritual lo encaminó hacia el sacerdocio. Entró en el seminario, se ordenó de sacerdote en el año 1528, y en su primera Misa se vio sorprendido por la aparición milagrosa de un coro de ángeles en el momento de la Consagración. Pronto fue nombrado beneficiado de la iglesia de San Jorge, lo que le proporcionaba una cómoda situación económica.

Sabiendo de las carencias que había de clero, se dedicó totalmente al ministerio sacerdotal, pero como veía que su trabajo no suplía tal carencia, se dedicó a fundar una serie de grupos de seglares, que vivían a nivel personal el Evangelio, y a los que preparó para que le ayudasen en sus tareas apostólicas. Renunció al beneficiado de San Jorge, aceptó ser el capellán de la condesa Ludovica Torelli de Guastalla, y con ella, en el año 1530, se marchó a Milán, donde conoció a dos sacerdotes: Bartolomé Ferraru y Jacobo Antonio Morigia, quienes le acompañarían en sus trabajos apostólicos.

El Santo con sus compañeros y colaboradores. Iglesia de los padres barnabitas de Cremona, Italia.

El Santo con sus compañeros y colaboradores. Iglesia de los padres barnabitas de Cremona, Italia.

Allí, se inscribió en el Oratorio de la Eterna Sabiduría, que estaba cercano al convento de las monjas agustinas de Santa Marta, sabedor de que iba languideciendo el fervor en el mismo como consecuencia de la muerte de la Venerable Arcángela Panigarola y del fundador, monseñor Juan Antonio Bellotti. La primera había fallecido en el 1525 y el segundo, tres años más tarde. Muy pronto se convirtió en el cabecilla espiritual de aquella antigua confraternidad, de tal manera que esta floreció bajo su impulso, formándose tres nuevas familias religiosas, que él puso bajo la protección de San Pablo.

La primera fue la de “Los hijitos de San Pablo”, llamados “Clérigos Regulares de San Pablo Decapitado” (o Barnabitas, por el nombre de la primera iglesia milanesa donde se establecieron, que estaba dedicada al apóstol San Bernabé), los cuales fueron aprobados por el Papa Clemente VII el día 18 de febrero del 1533. Ayudado por la condesa Ludovica Torelli de Guastalla, fundó también a las “Hermanas Angélicas de San Pablo Converso”, con un grupo de mujeres que realizaban una labor apostólica en las calles y en los hospitales, Congregación que fue aprobada por el Papa Pablo III, el 15 de junio de 1535. Finalmente, en 1539, fundó a “Los casados devotos de San Pablo”, (o Laicos de San Pablo), congregación de seglares que, aunque estaban vinculados entre sí por el enlace matrimonial, colaboraban con los padres barnabitas. ¿Por qué vinculó a estas tres fundaciones con el apóstol de los gentiles? Lo hizo tanto por su devoción hacia el santo apóstol, como para imbuir del espíritu paulino a quienes formarían parte de estas tres fundaciones.

Convencido de que un gesto vale más que mil palabras, para llamar la atención de los descreídos fieles, envió a los padres barnabitas y a las madres angélicas a realizar actos de mortificaciones públicas en las calles de Milán, convencido de que una drástica demostración externa de vida de penitencia convencería al pueblo mucho más que una predicación formal sobre la penitencia. El pueblo se mostró influenciado de manera muy positiva, pero el clero reaccionó violentamente, acusando ante la Curia romana tanto a Antonio María como a sus discípulos de herejía y de tener ideas revolucionarias. Por este motivo, fue sometido a dos procesos eclesiásticos: uno en el 1534 y otro en el año 1537, pero de ambos salió absuelto.

Lienzo de San Antonio Maria Zaccaria, obra de Mattia Traverso. Iglesia de San Sebastián, Livorno (Italia).

Lienzo de San Antonio Maria Zaccaria, obra de Mattia Traverso. Iglesia de San Sebastián, Livorno (Italia).

Los hasta en ese momento inquisidores, las autoridades eclesiásticas y el pueblo fiel le permitieron intensificar su labor apostólica, con actividades como la reinstauración de la exposición solemne de las Cuarenta Horas, que aunque habían sido fundadas en el 1527 en la iglesia del Santo Sepulcro para los hermanos de la confraternidad de la Eterna Sabiduría, habían sido clausuradas. Lo intentó en el 1534 no con mucho éxito, pero lo logró en el mes de mayo del 1537. Instituyó la costumbre de que todos los viernes a las tres de la tarde sonaran las campanas para recordar la muerte de Cristo, predicaba no sólo en las iglesias, sino también en las calles, y diariamente impartía charlas espirituales a todos aquellos que pretendían crecer en su vida como cristianos.

Inició – primero entre las “Angélicas” -, la implantación de la comunión diaria, algo impensable en aquel tiempo, se dedicó al apostolado de la dirección espiritual, a las misiones populares e incluso se atrevió a emprender la reforma de algunos monasterios. Pero a lo que verdaderamente dedicó sus mejores empeños fue a la dirección espiritual de las “angélicas”, que era la primera Congregación de mujeres consagradas que realizaban apostolado fuera de los monasterios de clausura, y esto lo hizo incluso renunciando a ser el superior general de su Congregación masculina.

En el mes de mayo del año 1539 fue en misión de paz a Guastalla, población que estaba sometida a interdicto por decisión Papal, que en el derecho canónico es una censura eclesiástica por la cual las autoridades religiosas prohíben a los fieles la asistencia a los oficios divinos, la recepción de los sacramentos y dar sepultura cristiana a los difuntos. Consiguió, aunque con muchísimo esfuerzo, apaciguar los ánimos y arreglar el conflicto, pero esto tanto le afectó físicamente que tuvo que volver a Cremona, junto a su madre, donde murió el 5 de julio de 1539, con poco más de treinta y seis años de edad.

Fue sepultado en la iglesia de San Pablo en Milán, aunque en el año 1891 su cuerpo fue trasladado a la iglesia de los Padres Barnabitas de dicha ciudad. Rápidamente fue venerado como si fuera un beato, pero esta veneración fue suspendida por el Papa Urbano VIII en el siglo XVII. Su Causa fue introducida en la Sagrada Congregación de Ritos el día 20 de septiembre del año 1806, siendo declarado Venerable el día 2 de febrero del año 1849. Fue beatificado el día 3 de enero del año 1890 y finalmente, canonizado por el Papa León XIII, el 27 de mayo del 1897. Su festividad se celebra en el día de su muerte, o sea, el 5 de julio.

Urna con los restos del santo en la iglesia de los barnabitas en Milán, Italia.

Urna con los restos del santo en la iglesia de los barnabitas en Milán, Italia.

Su vida fue tan breve que no se tiene un compendio de cuál fue su doctrina espiritual, aunque es cierto que en él aparecen claros síntomas de un inmenso amor a Cristo, una atracción especial ante la obra apostólica de San Pablo, una lucha feroz contra la tibieza sacerdotal y una entrega total a su apostolado. De él se conservan doce cartas, seis sermones y las Constituciones de las Congregaciones por él fundadas.

No existe ninguna representación iconográfica que nos muestre sus características físicas, aunque sin embargo, en la iconografía sí que están bien representados sus tres grandes amores: la Eucaristía, el Crucifijo y San Pablo. Era considerada una persona tan íntegra y tan pura que desde el primer momento fue conocido como el “padre angelical” o “el ángel hecho de carne” y es por eso por lo que normalmente aparece representado con un lirio. En muchas representaciones iconográficas aparece acompañado por dos compañeros de fundación, a los que se les ha dado el título de beatos, y que son los anteriormente mencionados padres milaneses Bartolomé Ferraru y Jacobo Antonio Morigia.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Gabuzio, A., “Historia de la Congregación de los Clérigos Regulares de San Pablo”, Roma, 1852.
– Premoli, O., “Historia de los barnabitas en el siglo XVI”, Roma, 1913.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

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Padre Juan Iovan de Recea

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Fotografía del padre Juan Iovan de Recea, ya anciano.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea, ya anciano.

El padre Juan Iovan fue un monje y confesor, conocido por su práctica de aconsejar la comunión frecuente. Era el confesor de las monjas de los monasterios de Vladimirești en Moldavia, Plumbuita en Valaquia y Recea en Transilvania, y sufrió en las prisiones comunistas a causa de su fe.

Primeros años
El padre Juan Iovan nació el 26 de junio de 1922 en Husasău Criș, condado de Bihor en Rumanía occidental, siendo bautizado como Silvio Cornel, el octavo hijo del sacerdote Gabriel y su esposa María, y creciendo en un saludable entorno cristiano. Tras la escuela primaria, marchó al instituto a Oradea y siguió sus estudios en la facultad de Teología de Cluj, y después, debido a la ocupación húngara, en Sibiu, donde se graduó en 1946 con una tesis sobre la Eucaristía y la vida mística.

En 1947, comenzó su doctorado en teología, pero nunca lo terminó. Paralelamente estudió Derecho en Cluj y trabajó como profesor de religión en el Instituto Gheorghe Barițiu de Cluj y en el Instituto Comercial para chicas de la misma ciudad. Como estudiante, y posteriormente, fue muy activo entre las organizaciones estudiantiles, y solía organizar conferencias para refutar la doctrina comunista, hablando abiertamente en contra del peligro comunista para Rumanía.

Durante sus estudios teológicos, conoció la remarcable personalidad de Arsenio Boca, quien le aconsejó que dejara de teorizar y comenzara una auténtica vida espiritual. Así, se convirtió en el monje Juan y fue ordenado diácono en el monasterio Sihastru en Moldavia del sur, y sólo un año más tarde, en 1949, hieromonje (sacerdote) en el nuevo monasterio de monjas de Vladimirești, donde la hermana Vasilica – la que después sería la madre Verónica Gurău – comenzó una nueva vida monástica para las chicas en esta región, pues quería una vida ascética dedicada a la Virgen María.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea orando con las monjas.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea orando con las monjas.

Monje y confesor
El padre Juan llegó a Vladimirești al mismo tiempo que la monja Teodosia Lațcu y otras, de modo que en poco tiempo el monasterio se convirtió en uno de los más grandes de Rumanía en número y también famoso por la intensa vida allí practicada. En Vladimirești sirvió como confesor de las monjas durante siete años e inició un movimiento espiritual basado en la densa participación en la Santa Comunión, algo muy inusual incluso en la actual Rumanía, donde todavía domina la norma no escrita de una Comunión esporádica, a menudo reducida sólo a cuatro veces durante los cuatro tiempos de ayuno. Esta “innovación”, que vino del obispo mártir Nicolás Popoviciu de Oradea, el que le ordenó de diácono, fue interpretada como un retorno a las prácticas de los primeros cristianos. A veces él incluso realizaba confesiones en grupo y a las acusaciones que recibió él respondía que “el demonio también roba las almas por grupos”.

Este movimiento nada común, sorprendente para la jerarquía de la Iglesia, pero especialmente molesto para los comunistas, que habían tomado el poder en 1947, fue perseguido con burlas, propaganda injusta y no muy tarde por la persecución, oculta o directa, combinada con la restricción de libertades y derechos religiosos.

Juan y la monja Verónica trabajaron a menudo juntos para sostener las necesidades de la Iglesia. En 1948 visitaron el monasterio de Miclăușeni, cerca de Roman, y evitaron su cierre enviándoles diversas monjas de Vladimirești, para fortalecer la vida monástica en este lugar. Según una afirmación conservada en sus declaraciones grabadas para el archivo de la Securitate, se sabe que en Miclăușeni había un relicario con reliquias de San Menas, entre otros Santos. Tras la oración de la monja Verónica ante ellas, las reliquias empezaron a exudar mirra, que los dos usaron para ungirse el rostro y los ojos.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea con la madre Verónica Gurau en el monasterio Vladimiresti.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea con la madre Verónica Gurau en el monasterio Vladimiresti.

No teniendo miedo a la amenaza comunista, el padre Juan siguió predicando contra el régimen ateo e incluso escribió una memoria, quejándose denunciando que la Iglesia se había visto privada de sus textos para misionar en las escuelas, casernas militares y otros lugares públicos, lo que significaba que la libertad religiosa estaba prácticamente restringida, aunque teóricamente garantizada por la Constitución.

Poco después, el padre Juan, junto con la abadesa Verónica, la monja Teodosia y otras monjas, fueron objeto de la primera persecución directa contra los monasterios rumanos. Vladimirești fue el primer monasterio cerrado por los comunistas, después de un proceso donde se les acusó se esconder generales alemanes durante la ofensiva soviética, a finales de la Segunda Guerra Mundia. Aunque esta acusación no ha podido ser probada, otra -la de apoyar partisanos anticomunistas ocultos en las montañas con dinero, cartas y comida- estaría probada por las declaraciones de diferentes testigos.

El padre Juan era un activo apoyo de todos los movimientos anticomunistas, su cristianismo era fuertemente militante, basado en el activismo social, y diciendo palabras directas contra nada hería las enseñanzas cristianas. Aunque él nunca fue un Legionario (miembro de la Legión de San Miguel Arcángel, un partido de extrema derecha en Rumanía basado en la doctrina cristiana, pero que desafortunadamente obraba mediante públicas ejecuciones y asesinatos), él apoyaba a personas de estos círculos, sin fomentar en ellos ninguna agresión física y manteniéndose fuertemente posicionado dentro de la correcta fe de la Iglesia.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea bautizando a un niño.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea bautizando a un niño.

Tiempo de prisión
Bajo presión política, el hieromonje Juan fue apartado del sacerdocio el 17 de enero de 1955, debido a sus confesiones grupales y su insubordinación después de que se le prohibiera predicar y retirarse a otro monasterio. El arresto tuvo lugar la noche del 29 al 30 de marzo de 1955, cuando cientos de soldados invadieron el monasterio y arrestaron a Juan, a la abadesa Verónica y a las monjas Teodosia y Micaela. Un año después, el convento fue cerrado.

Durante una investigación en Galați, el padre Juan fue sentenciado a muerte, pero pronto se le conmutó por una cadena perpetua. Su condena, registrada con el número 1655 del 5 de diciembre de 1955 estipulaba que “Juan Cornelio Silvio (su nombre civil) sacerdote en el monasterio del pueblo Tudor Vladimirescu, ha mostrado su hostilidad contra el régimen a través de sus prédicas y las palabras que mantuvo (…) ya sea directamente o usando términos en doble sentido (…). Él hizo actos de favor a los bandidos Lupeș Ion y Ghiță Păiș, a pesar de que conocía sus actos terroristas (…) él favoreció toda la actividad de la monja legionaria Micaela Iordache (…) de modo que, con voto unánime, lo condenamos a trabajos forzados de por vida -por favorecer el crimen y los actos de terror- y a la confiscación de todas sus posesiones”.

A diferencia de Arsenio Boca, que nunca celebró la liturgia después de haber sido injustamente retirado del sacerdocio, motivado por la obediencia a las autoridades eclesiásticas, el padre Juan solía celebrar el Santo Sacramento en las prisiones, usando ornamentos litúrgicos improvisados. El habitual antimension (que, traducido, significa “sustitutivo de mesa”, siendo la pieza de lino con la escena del entierro de Cristo en ella, que contiene reliquias de santos y por tanto, sustituye el santo altar de la iglesia), él lo cosió a su camisa, de modo que podía llevarlo con él a las prisiones. En lugar del epitrahil (traducido como “alrededor del cuello”), el equivalente ortodoxo a la estola católica, usaba una cuerda que solía esconder a modo de cinturón. El cáliz era una caja de caucho duro, y el vino lo traía en botellas de vino tónico. Su teología, centrada en la presencia eucarística de Cristo, no le permitía vivir sin la Santa Comunión.

Fotografía del padre Juan Iovan, ya anciano, en Recea.

Fotografía del padre Juan Iovan, ya anciano, en Recea.

Como los demás prisioneros políticos, el padre Juan pasó por varias prisiones. Después de Galați, donde contrajo tuberculosis gangliónica, fue trasladado al hospital penitenciario del ex-monasterio de Văcăreşti en Bucarest, después a Jilava, cerca de la capital, y después a Transilvania, donde permaneció mucho más tiempo, en las terribles prisiones de Gherla y Aiud, los gulags rumanos.

El procedimiento de “reeducación” contra los “enemigos del pueblo” era muy duro en todas estas prisiones. Los prisioneros eran terriblemente torturados, y especialmente los religiosos obligados a hacer cosas muy humillantes, como oficiar la Eucaristía con materias fecales, escupir a la Cruz y a los iconos, se les forzaba a masturbarse, a estimularse con perversiones sexuales, se les abandonaba al hambre durante cuarenta días y entonces se les obligaba a comer carne en Viernes Santo, etc.

Lo que le ocurrió al padre Juan apenas se sabe, porque él nunca quiso hablar de esta época. En lugar de esto, solía decir: “No puedo y no quiero olvidar la prisión. Allí viví los momentos espirituales más edificantes de mi vida. Allí nací por segunda vez y Dios me dio a vivir incontables milagros, para conocer Su poder”. En Aiud sólo se sabe que fue obligado a leer la “Biblia hilarante”, un libro de propaganda contra la Biblia comúnmente usado en tiempos comunistas. Como se negó a hacerlo, lo enviaron a Zarca, que era la celda de aislamiento y exterminio, un lugar pequeño, oscuro y húmedo, donde muchos murieron.

Rehabilitación
Después de nueve años y medio, el 1 de agosto de 1964, fue liberado por el decreto de amnistía a prisioneros políticos. Bajo severa vigilancia de la Securitate, se estableció en Bucarest, para no crear problemas a sus amigos más cercanos. Allí le ayudó la ingeniera María Chichernea, la futura abadesa Cristina del monasterio de Recea.

Mosaico votivo del padre Juan Iovan y la abadesa Cristina en Recea, Rumanía.

Mosaico votivo del padre Juan Iovan y la abadesa Cristina en Recea, Rumanía.

Como ofició ilegalmente de sacerdote, fue juzgado de nuevo por abuso de sus funciones y condenado a trabajos forzados durante un año en 1966. Liberado de nuevo, vivió en las casas de ex-monjas de Vladimirești, pero siendo estrechamente vigilado por la Securitate, siendo muchas veces agredido y una vez más arrestado entre 1970 y 1971, durante una subida a Tecuci, donde intentó fortalecer a algunas ex-monjas que vivían en esta ciudad.

Fue en 1979, después de una memoria apoyada por el Santo Sínodo del metropolita Antonio Plămădeală de Transilvania, cuando se le reintegró de nuevo como sacerdote, permitiéndosele oficar en el monasterio Cernica y luego en Plumbuita, los dos cercanos a Bucarest, donde se quedó durante doce años. En 1991, el arzobispo Andrés de Alba Iulia -entonces metropolita de Cluj- le invitó a poner las bases para un nuevo convento en su diócesis. Así fue cómo el padre Ioan, junto con la ingeniera María, que se convirtió en la monja Cristina, fundaron el nuevo monasterio en Recea, cerca del aeropuerto de Târgu Mureș en el centro de Transilvania.

En 1992 ya habían construido un altar y una campana, en 1993 la entrada del convento y en 1995 la iglesia. Ésta última fue consagrada en septiembre de 2003, en presencia de los patriarcas Pedro VII de Alejandría y Teoctisto de Rumanía.

Fachada de la iglesia del monasterio de Recea, Rumanía.

Fachada de la iglesia del monasterio de Recea, Rumanía.

Últimos años y veneración del padre Juan entre la gente común
El padre Juan continuó su misión como confesor de las monjas en el nuevo monasterio hasta el año 2008, promoviendo su teología eucarística entre todos sus hijos e hijas espirituales. Muchos de ellos hablan del confesor que tenía una gran manera de llegar a sus profundidades interior y de encontrar buenas raíces en todas las cosas.

Hay testimonios de su clarividencia procedentes de personas que le conocían. A un sacerdote que lo juzgó poco ascético por verlo tan gordo, le respondió con una anécdota de la prisión, cosa que muy raramente hacía: “Sabes, cuando me interrogaban antes del proceso, en una ocasión no me dejaron ir al baño en tres días, para que me hiciese mis necesidades encima y se profanaran así mis ropas sacerdotales. Pero resistí y los riñones se me atascaron, de modo que mi cuerpo debe estar reteniendo líquidos desde entonces”.

El mismo testigo dice que el padre Juan solía pasar varios días en su silla de confesor, desde la madrugada hasta la medianoche, sin tiempo para comer, porque quería mucho a la gente que acudía a él y no quería que se fueran sin apoyo y perdón para sus pecados. La “oración del corazón” (“Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ¡ten piedad de mí, pecador!”) la practicaba desde sus tiempos de estudiante y la perfeccionó en sus últimos años.

Cuando fomentaba la comunión frecuente, decía: “El cáliz es la raíz de la unidad de la Iglesia. Sin la Santa Comunión nos quedamos sólo con teorías, con doctrinas”. A los conservadores que veían sus creencia como una laxitud a la hora de compartir el Cuerpo de Cristo y una relativización de la importancia de la Eucaristía, se oponía firmemente, pues pensaba que el Cuerpo y la Sangre del Señor eran la comida habitual de los cristianos, y que sin ellos, estamos en peligro de morir de hambre. Sus enseñanzas aún ganan muchos adeptos hoy en la Iglesia rumana.

Tumba del padre Juan Iovan en el monasterio de Recea, Rumanía.

Tumba del padre Juan Iovan en el monasterio de Recea, Rumanía.

Falleció el 17 de mayo de 2008 y fue enterrado en el monasterio de Recea. Su tumba es ya un lugar de peregrinación y, durante una visita en la que tomé parte en agosto de 2013, el nuevo confesor del monasterio nos dijo que, a veces, cerca de la tumba se esparce un hermoso aroma, típico de la tumba de los Santos. El mismo confesor nos habló de una profecía del padre Juan, a quien conoció hace muchos años y que le anunció que sería el nuevo confesor de Recea. Testimonios de este tipo permanecen aún en labios de muchos cristianos que le conocieron, y que creen que fue un santo.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Metropolita Andrés Andreicuț de Cluj, Părintele Ioan Iovan de la Recea – Călugăr dârz, statornic şi anticomunist, en: idem, Cuvinte împărtășite, Editura Reîntregirea, Alba Iulia, 2007, 5-21.
– Claudiu Târziu, A murit Părintele Ioan de la Recea. Legenda continua, en: Formula AS – nr. 821/2008.

Enlaces consultados (22(02/2015):
– www.fericiticeiprigoniti.net/ioan-iovan/65-parintele-ioan-iovan-de-la-recea
– http://ioaniovan.ro/

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos mártires coptos de Libia

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Icono copto de los 21 mártires, obra de Tony Rezk.

Icono copto de los 21 mártires, obra de Tony Rezk.

El sábado pasado, día 21 de febrero, Su Santidad Tawadros II, Papa de Alejandría y Patriarca de la Iglesia Copta Ortodoxa, anunció que los 21 mártires coptos asesinados en el mes de enero por el IS en Libia serán incluidos en el Synaxarion Copto, conmemorándose su martirio el día 8 del mes Amshir, o sea, el 15 de febrero del calendario gregoriano, día en el que además la Iglesia Ortodoxa Copta conmemora la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo. Tengamos en cuenta que el calendario litúrgico copto es el juliano que tiene trece días de diferencia con el calendario gregoriano.

El asesinato de estos 21 cristianos coptos a manos del Estado Islámico fue un martirio en toda regla. El obispo copto católico de Giuzeh, Anba Anthonios Aziz Mina, dijo a la Agencia Fides que “aunque el video de las ejecuciones se ha realizado como si se tratara de una terrible representación cinematográfica con el objetivo de sembrar el terror, sin embargo en este vídeo se ve como algunos mártires en el momento de su terrible ejecución repiten las palabras “Señor Jesucristo”. El nombre de Jesús fue la última palabra que pronunciaron sus labios. Como en la pasión de los primeros mártires, se confiaron en Aquel que poco después los acogería en su seno. Así celebraron su victoria, la victoria que ningún carnicero les podrá quitar. Ese nombre susurrado en el último instante fue el sello de su martirio”.

La comunidad internacional, toda persona de buena voluntad, se estremeció al ver este vídeo y todos se solidaron con la Santa Iglesia Copta, maltratada y castigada por los asesinos de IS, pero que contaba con 21 nuevos mártires. El Santo Padre Francisco, en una comunicación con Su Santidad Tawadros II, le decía emocionado que “habían sido decapitados por el solo hecho de ser cristianos y que esos mártires lo eran de la Iglesia universal”.

Detalle de los rostros de los mártires en el vídeo difundido por sus verdugos.

Detalle de los rostros de los mártires en el vídeo difundido por sus verdugos.

En este blog hemos escrito infinidad de veces sobre santos mártires de los primeros siglos de la Iglesia y no puede pasar un solo día más sin que escribamos sobre estos nuevos santos contemporáneos. Por eso es de vital importancia saber quiénes eran, de donde venían, cómo vivían. Sabemos que procedían de aldeas cercanas a Minya en Egipto y que trece de ellos eran de la localidad de Al-Our, donde habían trabajado en los campos de trigo y de alfalfa, y donde habían jugado y correteado entre vacas, cabras y burros. Fue el hambre y la miseria quienes les empujaron hacia Libia buscando trabajo.

Aunque no dispongamos de mucha información, demos al menos algunos datos. El 6 de mayo del pasado año, tras varias semanas de vacilaciones, el joven Yusef Shukri hizo la maleta y se puso en camino hacia la ciudad de Sirte. Aquel mismo día, otros vecinos de El Our iniciaron el mismo viaje. Todos terminaron en manos de los asesinos de IS quienes los decapitaron en una playa de Tripolitania. Estos días, en Internet hemos podido acceder a algunas declaraciones de algunos familiares, quienes llenos de fervor y orgullosos de sus mártires, sólo han tenido palabras de fe, esperanza y amor.

Yusef Shukri es el primero que aparece desfilando con las manos atadas y el mono naranja. Su hermana Malak, que vio el terrible vídeo, dice: “Lo reconocí al momento. Murió degollado pero con el nombre de Jesús en la boca. Es un mártir. Nosotros vivimos en un pueblo de campesinos y aquí no hay trabajo; por eso mi hermano, después de hacer el servicio militar obligatorio decidió marcharse a Libia. Hablé con él el día 2 de enero y estaba muy preocupado porque a finales de diciembre, los del IS habían secuestrado a un grupo de emigrantes de nuestro pueblo que vivían en Sirte. Al día siguiente, mi hermano corrió la misma suerte”.

Instantánea de uno de los mártires pronunciando el nombre de Jesús antes de morir.

Instantánea de uno de los mártires pronunciando el nombre de Jesús antes de morir.

La alarma había saltado cuando el 28 de diciembre fue secuestrado Samuel Alhan, un fontanero de 30 años junto con otros seis cristianos coptos. Era mediodía, habían dejado Sirte y llevaban algo más de media hora en la carretera cuando unos encapuchados les dieron el alto y los secuestraron. Bebaui, hermano de Samuel dice: “Derramaron su sangre porque eran egipcios y coptos, pero su muerte no será en vano. Su asesinato servirá para que muchos conozcan realmente lo que es el Estado Islámico, que no son ni musulmanes ni cristianos; no tienen relación con ningún Dios”.

Emad Suliman dice que aquel primer secuestro puso a los yihadistas sobre la pista de resto de cristianos coptos que residían en Sirte. “Según nos han contado algunos musulmanes que vivían por los alrededores, los yihadistas les obligaron a revelar su domicilio. Los terroristas llegaron con un listado de objetivos preguntando nombre por nombre. Mi hermano Maged fue capturado por los muyahidines la madrugada del 3 de enero en el asalto a la casa que compartía con otros doce compañeros”.

Jalaf Henin, primo del más joven de los mártires, Milad Makkin, que sólo tenía 21 años de edad, dice que “desesperado por la falta de trabajo y forzado por la penuria familiar, se enroló en el pelotón que marchó hacia Libia. Primero fueron en autobús a Alejandría y desde allí marcharon a Libia. Nunca quisimos que se fuera porque escuchábamos que había problemas. De hecho, aplazaron el viaje durante unos meses, pero al final los amigos que allí vivían los llamaron y los convencieron. Ahora son mártires de Jesús y en el cielo están mejor que aquí”.

Instante del martirio, grabado en vídeo por los verdugos.

Instante del martirio, grabado en vídeo por los verdugos.

Isa, pariente del mártir Tawadros Yusef, que estaba casado y tenía tres hijos, en las puertas de la iglesia de la Virgen María, dice: “Se lo llevaron unos enmascarados. Capturaron a los cristianos y dejaron libres a los musulmanes”. Sania, una mujer copta de unos treinta años de edad, añade: “Aquí somos todos como una sola familia. Estos mártires eran nuestros mejores jóvenes, eran unos santos, rezaban, ayunaban y eran caritativos con toda la gente”.

Shenouda Nagaty Anis, hermano del mártir Lucas Nagati, ha dicho que “cuando lo hemos sabido, mi madre ha venido a casa y se ha deshecho en lágrimas, pero estamos orgullosos de ellos porque han mantenido la fe en Jesús hasta el último momento. Su hija nació después de irse a Libia y ya nunca la verá”.

Beshir Astafanous Kamel, hermano de los mártires Bishoy y Somaily Estafanos Kamel, de 25 y 23 años de edad, también dijo: “No consigo aun hacerme a la idea de que no los volveré a ver. Los han matado solo porque eran cristianos, pero el nombre de Jesucristo estaba en sus labios cuando fueron asesinados. Estaban orgullosos de ser cristianos y yo estoy muy orgulloso de ellos. Me alegra que los del Estado Islámico no cortaran en el video la parte en la que ellos expresan la fe en Jesucristo, porque esto nos ha ayudado a fortalecer nuestra fe. La gente del pueblo ya no está triste, sino alegre, se felicitan unos a otros, porque ahora tenemos a unos mártires en el cielo. Querido Dios, abre sus ojos para que se salven y dejen la ignorancia y las enseñanzas erráticas que han recibido”. Y añadía: “Hoy, hablando con mi madre le pregunté que haría si viese a los asesinos de mis hermanos por la calle y me dijo que le pediría a Dios que les abran los ojos para que se conviertan y los invitaría a casa porque nos han ayudado a entrar en el reino de los cielos”. ¡Esto es tremendo, son las palabras de una mujer casi analfabeta, de más de sesenta años, pero con una fe inquebrantable en Jesús de Nazareth!

Sepelio de los mártires.

Sepelio de los mártires.

Estos son los nombres de los mártires, esculpidos en los corazones de todos los cristianos e inscritos en el Libro de la Vida: Milad Makeen Zaky, Abanub Ayad Atiya, Maged Solaiman Shehata, Yusuf Shukry Yunan, Kirollos Shokry Fawzy, Bishoy Astafanus Kamel, Somaily Astafanus Kamel, malak Ibrahim Sinweet, Tawadros Yusuf Tawadros, Girgis Milad Sinweet, Mina Fayez Aziz, Hany Abdelmesih Salib, Bishoy Adel Khalaf, Samuel Alham Wilson, un trabajador de un pueblo de Awr aun no identificado, Ezat Bishri Naseef, Lucas Nagaty Anis, Gaber Munir Adly, Esam Badir Samir, Malak Farag Abram y Sameh Salah Faruq. Santos mártires coptos de Libia, rogad por nosotros.

Este artículo lo hemos confeccionado en base a diferentes informaciones aparecida durante todos estos días en diferentes medios de comunicación.

Antonio Barrero

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San Regino, obispo mártir de Skopélon

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cono de san Regino pintado en 1741. Iglesia de la Panagía Eleftherotria, Skópelos (Grecia).

cono de san Regino pintado en 1741. Iglesia de la Panagía Eleftherotria, Skópelos (Grecia).

San Regino era de origen griego; nació en Hellades (en el centro de Grecia) a finales del siglo III, siendo sus padres unos cristianos que le inculcaron el amor por las Sagradas Escrituras y una vida de piedad. Por su virtud fue promovido al diaconado en su localidad natal y posteriormente al sacerdocio, siendo nombrado finalmente obispo de Skopélon, la actual Skópelos en Tesalia.

Como durante su episcopado la Iglesia se veía azotada por la herejía arriana que causaba tensión y confusión entre sus fieles, fue llamado por los emperadores Constancio y Constante para que participara en el Concilio de Sardica (la actual ciudad búlgara de Sofía), en el año 343, donde participaron más de trescientos sacerdotes y obispos ortodoxos, y setenta y seis seguidores de Arrio. Entre estos obispos ortodoxos estaba Regino, que como tenía unos sólidos conocimientos teológicos y un discurso convincente, refutó las tesis mantenidas por los arrianos, ratificándose la fe emanada del Concilio de Nicea. De vueltas a su diócesis, iniciada una nueva persecución contra los cristianos, fue arrestado por el prefecto de la región, siendo decapitado después de verse sometido a diversas torturas.

Esta información nos ha llegado a través de los sinaxarios más antiguos, que lo mencionan tanto el 24 como el 25 de febrero, información que es considerada verídica, ya que existen otros testimonios acerca de la presencia de San Regino en Sardica. En el siglo XI, el historiador Scilitza afirmó que Regino, junto con Arquilio de Larissa y Teodorico de Tricca, participó en “el más grande y primer sínodo”, por lo que los hagiógrafos griegos deducen que San Regino intervino también en el Concilio de Nicea, celebrado en el 325.

Desde principios del siglo XIX, la tradición griega – hoy aceptada de manera unánime -, dice que Regino nació en Lebadeia de Beocia, localidad donde es muy festejado, en la iglesia de San Nicolás. Esto quiere decir que se toman como legendarios los lazos de parentela o amistad que pudieran unir a San Regino con los santos Arquileo de Larissa y Teodorico de Tricca. Se reafirma que era hijo de padres cristianos, piadosos y ricos, por lo que recibió una buena educación, tanto en las ciencias profanas como en las eclesiásticas, que hizo que cuando falleció el obispo de Skopelos, fuera elegido como su sucesor. Por su virtud, caridad y conocimientos fue muy venerado por sus fieles, especialmente por los pobres.

Relicario del santo conservado en la catedral de Skópelos (Grecia).

Relicario del santo conservado en la catedral de Skópelos (Grecia).

Se mantiene que estuvo en el Sínodo de Sardica y que, de vueltas a su diócesis, arreciando la persecución de Julián el Apóstata, ésta se extendió rápidamente por Grecia, llegando a las islas Espóradas. Muchos cristianos fueron sometidos a torturas terribles y, a los que se mantenían en su fe, se les condenaba a muerte. Como Regino no abandonaba la predicación, fue arrestado y torturado, pero ni la tortura ni la cárcel hicieron mella en él, por lo que condenado a morir decapitado junto con cuarenta skopelitas.

Con respecto a la fecha del martirio, la misma tradición dice que ocurrió el 25 de febrero del año 362, en tiempos de Julián el Apóstata, emperador al que se recurre siempre que una persecución es posterior al año 343. Sin embargo no puede excluirse que tanto San Regino como San Pablo de Constantinopla hubieran sido víctimas del arriano Constancio II, único emperador entre los años 350 al 361.

Se dice que el santo sufrió martirio junto con cuarenta compañeros, pero ¿dónde? Parece que en un lugar cercano a Skopélon, llamado Palêiò Gephýri, donde en el año 1903 fue erigida una estela conmemorativa por parte del municipio de Skópelon, en la que se hace constar la fecha del martirio del santo obispo. Existe allí una pequeña iglesia llamada “Επισκοπή”, en la que hay alguna escultura paleocristiana y una inscripción del año 1078.

Tumba de San Regino en Skópelos (Grecia).

Tumba de San Regino en Skópelos (Grecia).

Una infeliz interpretación del texto de Scilitza ha llegado a inducir que las reliquias del santo fueron transferidas en el año 986 por parte de Samuel de Bulgaria a su capital, Prespa, pero hay una tradición que dice que en el año 1068, el rey Guillermo de Sicilia se llevó las reliquias desde Grecia a Chipre; de hecho, parte de ellas se mantienen en la iglesia del arcángel San Miguel en Nicosia. Sin embargo, los griegos creen que fueron robadas y llevadas a Chipre, bien en el año 1307 – como uno más de los robos realizados por Fernando, primo del rey de Sicilia, Federico II de Aragón – o bien en el 1538, en tiempos de la incursión del famoso corsario turco Khair al-Din, o sea, Ariadino Barbarroja, aunque no podemos descartar que el culto tributado en Chipre a San Regino pueda explicarse simplemente recordando su homónimo mártir chipriota del siglo IV, o al obispo de Constanza, que estuvo en el Concilio de Éfeso en el 431.

En el año 1740, los gobernantes de Skópelos enviaron a Chipre al preboste Hadji-Konstantin para solicitar parte de las reliquias, las cuales les fueron concedidas y depositadas en el monasterio de San Juan Bautista en Skópelos, monasterio que había sido fundado en el año 1612. En el 1833 las reliquias fueron trasladadas a la catedral, donde se veneran hasta el día de hoy.

En los sinaxarios medievales, así como en liturgia moderna griega, el recuerdo del hieromártir Regino se hace el día 25 de febrero, siendo conmemorado especialmente en su ciudad e isla. El Martirologio Romano no hace mención de esta conmemoración.

Lugar donde fue martirizado el santo.

Lugar donde fue martirizado el santo.

El miniaturista Simeón Blanchernita del Códice vaticano greco del año 1613, representa el martirio del santo con la imagen convencional de un obispo con la cabeza cubierta, barbudo, con el homoforion blanco adornado con dos cruces de oro, casi arrodillado, con las manos protegidas, mientras que el joven ejecutor hace vibrar su espada blanco-celeste.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Giannopoulos, N., “Catálogo de los obispos de Tesalia”, Atenas, 1915.
– Syros, C., “San Regino, obispo mártir de Skopelos”, Skopelos, 1996.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo XI”, Città N. Editrice, Roma, 1990.

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Los santos y el oso (IV)

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Mosaico paleocristiano de San Urso de Rávena. Basílica de San Apolinar in Classe, Rávena (Italia).

Mosaico paleocristiano de San Urso de Rávena. Basílica de San Apolinar in Classe, Rávena (Italia).

Santos de nombre Urso (“oso”)

San Urso de Rávena
San Urso, obispo de Classe, transfirió definitivamente la sede episcopal a Rávena en torno al año 402, cuando el emperador Honorio, por razones de seguridad estratégica, puso en aquella ciudad la capital del Imperio en Occidente. En el elenco episcopal de la Iglesia de Rávena el nombre de Urso precede inmediatamente al de San Pedro Crisólogo, luego asumiendo la exactitud de esa fuente, el episcopado de Urso debe conocarse a inicios del siglo V. Urso edificó en Rávena la “ecclesia catholica”, es decir, la catedral, llamándose posteriormente esta en su honor como basílica Ursiana, dedicándola a la Anástasis de Nuestro Señor en el día de Pascua. Según Agnello, Urso murió después de veintiséis años de episcopado, el día 13 de abril de un año en torno al 425. Su memoria era celebrada en Rávena el día de Pascua, aniversario de la dedicación de la basílica Ursiana. Una tradición dice que Urso era de origen siciliano, factor que explicaría la difusión del culto en Rávena a los santos sicilianos desde el siglo V.

San Urso, mártir tebano
Los santos Urso (Orso) y Víctor son tenidos por las fuentes más antiguas como los únicos soldados de la Legión Tebana escapados de la masacre de Agaunum (la actual Saint-Maurice en Suiza) y como tales son recordados también en el nuevo Martirologio Romano el día 30 de septiembre. Llegados a la vecina localidad suiza de Soleure, fueron alcanzados y decapitados por odio a la fe junto con otros sesenta y seis compañeros, como así es indicado por algunas fuentes.

San Urso de Auxerre
El Martirologio Romano recuerda el 30 de julio en Auxerre, en las Galias lugdunenses (Francia), a San Urso obispo. Ese mismo día vienen también recordados otros ocho santos con el mismo nombre.

Estampa devocional italiana de San Urso de Aosta.

Estampa devocional italiana de San Urso de Aosta.

San Urso, abad
El día 27 de julio, el Martirologio Romano recuerda en Loches, junto al río Indre en el territorio de Tours, en Francia, a San Urso abad, padre de innumerables cenobitas, célebre por su extraordinario espíritu de abstinencia y por otras virtudes.

San Urso de Aosta
Las informaciones fragmentarias que tenemos de San Urso de Aosta no permiten datar con precisión su vida (entre los siglos V al VIII), pero sin embargo sí que es seguro que murió un 1 de febrero. Según las fuentes, era sacerdote y custodio de la Iglesia-cementerio de San Pedro. Este tipo de iglesias eran unos lugares solitarios y el custodio era una suerte de eremita a la que la gente se dirigía buscando dirección espiritual. El culto a San Urso está extendido en todo el noroccidente de Italia, es invocado contra las inundaciones y enfermedades de los animales. La milenaria fiesta de San Urso se celebra en Aosta la vigilia de su conmemoración.

Beato Urso de Narni
En la Abadía de San Casiano de Narni, durante los trabajos de restauración, fueron encontradas dos inscripciones en mármol que ilustraban la historia de la abadía y de la ciudad. Una de las dos inscripciones une el nombre de Crescencio de Teodorada al del beato Urso y la segunda cuenta el descubrimiento de su cuerpo acaecido el día 5 de abril del año 1100. El beato Urso es probablemente el fundador o primer abad de San Casiano.

San Urso de Troyes
Predecesor de San Lupo, séptimo obispo de Troyes, fue nombrado obispo en el año 426. No se conoce ninguna otra noticia de este santo obispo, recordado en los antiguos martirologios el día 25 de julio.

Lienzo barroco de San Urso de Fano, obispo.

Lienzo barroco de San Urso de Fano, obispo.

San Urso de Fano
Se dice que en el año 1113, durante los trabajos de reconstrucción de la catedral de Fano, que había sido destruida por un incendio dos años antes, se encontraron las reliquias de los Santos Fortunato, Eusebio y Urso, que habían sido obispos de Fano y de cuyas tumbas se habían perdido todo rastro. Urso sucedió al obispo San Fortunato en el año 620, habiendo sido llamado por el clero de la ciudad debido a la fama que había adquirido como ermitaño que predicaba el Evangelio. El obispo trabajó bastante para elevar el nivel del pueblo, desvastado por las miserias de la guerra y murió, según algunos, alrededor del año 625, mientras que otros defienden que fue en el 639.

Cuenta una leyenda que en el día de la festividad del santo, un campesino estaba arando con sus bueyes en el campo. Un viandante, viéndolo trabajar en día de fiesta, lo reprendió recordándole que era la festividad de San Urso. Este le respondió que si el santo era un oso (“orso” en italiano), él era un perro, y continuó arando. De improviso, delante de los bueyes se abrió un agujero que se tragó al blasfemo, al arado y a los animales. La “Bibliotheca sanctorum” dice que en Fano, la calle dedicada al santo obispo es denominada ahora “Fossa di Sant’Orso”.

Beato Urso Badoer
Fue Dux de Venecia en el año 910 sucediendo a Pedro Tribuno. Fue un hombre que buscó la paz en sus contactos de la República Veneciana con las otras potencias marítimas del Mediterraneo. Después de veinte años de haber sido elegido Dux, renunció a este cargo para retirarse al monasterio de los santos Félix y Fortunado en Ammina. El título de beato se le dio por primera vez en el año 1593, fijándose su conmemoración litúrgica el día 24 de noviembre. Del beato tenemos una pintura en el Palacio ducal, obra de Domenico Tintoretto. Un segundo cuadro se encuentra en la iglesia de la Madonna dell’Orto y una estatua en la basílica de la Salud, obra de Cavrioli (1670).

Relieve escultórico de San Urso en la catedral de Nápoles, Italia.

Relieve escultórico de San Urso en la catedral de Nápoles, Italia.

San Urso de Nápoles
Sobre este santo obispo de Nápoles tenemos muy poca información. En un documento fechado en el año 1446, se hace referencia a un fresco del siglo V encontrado en la iglesia de San Efebo, que representa la deposición del obispo Urso, después de haberse descubierto su sepultura y sus reliquias. Algunas fuentes dicen que fue el sucesor de San Severo, entre el 409-410. En la catedral napolitana hay un medio busto de este santo obispo.

San Ursio (Urso) caballero
Ursio nació en el seno de una noble familia franca. Mientras aún era un bebé de pañales, un adivino predijo a su madre que iba a matar a su padre. Siendo muy joven fue enviado a la corte de Carlomagno a fin de ser educado en las artes de la caballería. Durante este período, Urso demostró tal valor, que fue elevado al rango de ser uno de los doce condes palaciegos de Carlomagno. El único sufrimiento que Urso tenía era que cada vez que regresaba a su casa, se encontraba a su madre llorando al recordar la profecía del adivino. En una ocasión, preguntándole por la razón de dicho llanto, tuvo conocimiento de que su destino lo convertiría en parricida. Entonces, para evitar que la profecía se cumpliese, junto con un compañero llamado Cliento, decidió abandonar Francia. Llegó a Dalmacia y se enfrentó al ejército del rey pagano logrando ganarles, lo que le atrajo la atención de la hija del rey, impresionada por tanto valor y por tanta fe. El rey, a petición de su hija, invitó a Urso y a Cliento, los cuales le demostraron la fuerza de su religión y de su valor como caballeros hasta tal punto que el rey de Dalmacia decidió convertirse al cristianismo junto con su pueblo, concediéndole al mismo tiempo la mano de su hija para que contrajesen matrimonio. A la muerte del rey, se convirtió en el nuevo rey de Dalmacia.

El padre del rey Urso, a pesar de ser consciente de la profecía, teniendo conocimiento de lo ocurrido a su hijo fue a verlo a Dalmacia. Llegado allí fue acogido por su nuera mientras el rey estaba de cacería, siendo invitado a descansar junto a ella y a su hijo. Un camarero de Urso, en el cual se dice que habitaba el mismísimo diablo, dijo a Urso que mientras él estaba de caza, un hombre estaba acostado con su esposa. Urso se precipitó a la habitación y viendo a su esposa acostada con otro hombre, se enfureció y mató a su padre, su hijo y su mujer.

Fresco de San Ursio en la iglesia de San Dionisio de Santorso, Italia.

Fresco de San Ursio en la iglesia de San Dionisio de Santorso, Italia.

Al darse cuenta de lo que había hecho, se arrepintió inmediatamente de lo acontecido y decidió ir a Roma para solicitarle al Papa Adriano I expiar su pecado. El pontífice impuso a Urso que, vestido de peregrino, con la cabeza gacha y sin preguntar a nadie donde estaba, fuera a visitar la iglesia de Santa María en el Monte Summano. Urso salió a hacer su peregrinación penitencial sin hablar absolutamente con nadie: visitó Jerusalén y Santiago de Compostela y el 3 de mayo, después de estar peregrinando durante doce años, llegó al Monte Summano. En las cercanías del monte escuchó a unos pastores que decían: “Rápido, vayámonos con nuestros rebaños a casa porque tendremos que ordeñarlas y sobre el monte Summa hay una gran niebla y, como es costumbre, lloverá”.

Entonces se dio cuenta de que había llegado al final de su viaje penitencial. Se encaminó hacia el castillo del lugar llamado Salzena. En el camino encontró a una sirvienta de nombre Oralda a la que le pidió agua, pero no obteniendo respuesta, murió. En ese momento, las campanas comenzaron a sonar por si solas y la gente del lugar, al acudir, se encontraron al peregrino con el bastón en floración, signo de su santidad, por lo que le erigieron una iglesia. Llegando la noticia al emperador Carlomagno, fue a Sant’Orso a fin de recoger el cuerpo del santo caballero, pero no pudiendo moverlo de aquel lugar, se marchó a Francia sólo con el brazo y con el bastón florecido. La fiesta de San Urso se celebra el día 3 de mayo.

En Vejano (Viterbo) se cuenta esta historia: un mendicante que pasaba por el santuario de San Urso intentó robar el anillo del dedo del santo y al hacerlo, se desgarró el brazo, que se llevó consigo en su peregrinación. Habiendo llegado a Vejano, en una localidad llamada Sant’Urso, intentó descansar, pero donde quiera que se movía, estaba lloviendo. Entonces, trató de dejar el brazo y se dió cuenta de que llovía justamente donde estaba el brazo. Teniendo conocimiento de este hecho los habitantes de aquel lugar, decidieron construir una iglesia, obviamente con el nombre del santo, a fin de custodiar el brazo. Este brazo fue robado, pero se ha construido un relicario que en su interior conserva un hueso pequeño del brazo anterior. Las dos poblaciones: Vejano (Viterbo) y Sant’Urso (Vicenza) veneran a San Ursio (Urso) como su patrono.

San Urso, niño mártir de las catacumbas. Basílica de San Alfonso de Ligorio, Pagani (Italia).

San Urso, niño mártir de las catacumbas. Basílica de San Alfonso de Ligorio, Pagani (Italia).

San Urso, mártir romano
Se trata de un mártir de las catacumbas, o sea, “un cuerpo santo”. San Urso es un niño venerado en el Santuario de San Alfonso María de Ligorio en Pagani (Salerno).

Un segundo san Urso, con Quirino y Valerio, es venerado en la iglesia de San Salvatore in Lauro en Roma.

Un tercer San Urso, proveniente de las catacumbas de Priscila, está en la Basilica de San Paolo Maggiore en Bologna.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Librería Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiográfico: 1977 – 2014
* Musolino, Niero e Tramontin – Santi e Beati veneziani – Ed. Studium Cattolico Veneziano, 1963
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Edizioni Cantagalli
* Sartori Enio – Alla soglia dell’alba. Il Summano e la leggenda di Sant’Orso tra mito e storia – Ed. Signumpadova, 2000
* Sito comune.vejano.vt.it
* Sito imagessaintes.canalblog.com
* Sito scuole.provincia.terni.it
* Sito terredellupo.it
* Sito treccani.it
* Sito wikipedia.org

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