San Arialdo, diácono milanés mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Pintura en la iglesia de San Calimero, Milán (Italia).

Pintura en la iglesia de San Calimero, Milán (Italia).

San Arialdo nació alrededor del año 1010 en la localidad lombarda de Cucciago, en la provincia italiana de Como, en el seno de una familia de vasallos originaria – según unos – de la vecina localidad de Alzate Brianza y, según otros, de Carimate, también cercana a Cucciago. Tanto en una localidad como en la otra se utilizan apelativos atribuidos al santo. Por eso a veces se habla de Arialdo Alzati y otras veces, Arialdo de Carimate. Desde muy joven sus padres lo encaminaron hacia la vida religiosa.

En primer lugar fue educado por maestros locales en las artes del trivium (gramática, retórica y dialéctica) y del quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía), perfeccionando sus estudios posteriormente en algunas otras escuelas superiores de tipo universitario. No se sabe con certeza qué centros de estudios frecuentó, pero parece que fueron los de Laón y París. Sin embargo, sí que es cierto que en aquel tiempo entró en contacto con un movimiento reformista de inspiración cluniacense, que posteriormente se llamó movimiento reformista gregoriano, gracias al Papa San Gregorio VII, cuyo origen era benedictino.

Teniendo ya unos cuarenta años, de vueltas en Milán, fue ordenado de diácono por el arzobispo Guido de Velate, agregado al cabildo metropolitano con el encargo de enseñar las artes liberales en una escuela cercana a la catedral, que preparaba a los futuros sacerdotes. Hay historiadores que afirman que, cuando murió el arzobispo Ariberto de Intimiano en el año 1045, Arialdo fue elegido por una asamblea de clérigos y seglares, junto con otros tres precandidatos, a fin de que de entre ellos se escogiera al sucesor del arzobispo fallecido, pero que, sin embargo, el emperador Enrique III prefirió elegir a Guido de Velate. Esta afirmación no se sostiene, porque Arialdo en aquella época ni estaba en Milán (llegó en 1050), ni era aún diácono.

Escultura en la parroquia de su localidad natal: Cucciago (Como), Italia.

Escultura en la parroquia de su localidad natal: Cucciago (Como), Italia.

Arialdo, que era de un temperamento fuerte y de una ardiente palabra, en el año 1056 comenzó a predicar en Varese contra dos grandes defectos existentes en la Iglesia: la simonía y el nicolaísmo. Esto último consistía en abusar de la admisión a las órdenes sagradas a personas que ya estaban casadas, o más bien amancebadas, y que pretendían seguir estándolo una vez ordenados. El abuso de la clerogamia (el que tanto los obispos como los sacerdotes tuvieran mujeres e hijos), que los reformistas denominaban “concubinato del clero”, estaba erradicado como práctica general en el norte de Italia desde el Sínodo de Pavía celebrado en el 1022, pero en los años más cruciales de la lucha por la reforma gregoriana, esta práctica era defendida como síntoma de una cierta libertad de la Iglesia Ambrosiana, que había estado bajo la influencia de las costumbres orientales.

Esta práctica fue prohibida tajantemente por el Papa Nicolás II en un Sínodo celebrado en la Basílica Lateranense en el año 1059, ordenando la excomunión de los sacerdotes casados que no repudiasen a sus esposas y prohibiendo a los laicos participar en las misas celebradas por ellos. De ahí viene el término “nicolaísmo”.

Dado el escaso éxito de la predicación de Arialdo, éste, junto con Anselmo de Baggio, los hermanos Landolfo Cotta y Erlembaldo y algunos otros, pusieron las bases de una asociación propia con el empeño de favorecer la reforma gregoriana. Para Arialdo y sus compañeros, los clérigos tenían que beber de las fuentes de las Sagradas Escrituras y en este sentido, ser verdaderos maestros para los laicos; los sacerdotes tenían que ser perfectos imitadores de Cristo. Si el clero era corrupto, no podía iluminar al pueblo fiel.

Estampa devocional representando el lugar del martirio.

Estampa devocional representando el lugar del martirio.

Sus adversarios, que también veían en este movimiento una injerencia de la Iglesia romana en la Iglesia ambrosiana, de manera despreciativa denominaron a esta asociación “Pataria” (del vocablo dialéctico milanés “patée” que se utilizaba para denominar a los vendedores de basura reutilizada – hoy diríamos reciclada -; y que era sinónimo de “pelagatos”). Pero la “Pataria” perseguía también otros fines: la independencia de la tutela de los emperadores germánicos y la lucha contra el feudalismo. De esta manera se explican unas ciertas asperezas mostradas por Arialdo en esta lucha dialéctica, con elementos que se infiltraban buscando venganzas personales o para explotar determinadas situaciones en su propio beneficio.

Los seguidores de la “Pataria”, bajo la guía de Arialdo que, junto con Landolfo Cotta, se convirtieron en líderes de este movimiento, cuando Anselmo de Baggio fue elegido obispo de Lucca en el año 1057, hicieron que se aprobara una proclama “de castitate servanda” con la intención de que todos los miembros del clero la suscribieran, abandonando a sus concubinas y viviendo en castidad. En un principio, el arzobispo Guido de Velate subestimó este movimiento de Arialdo, pero cuando vio el alcance de la misma, envió una delegación al Papa Esteban IX informándole de lo que estaba ocurriendo. Inicialmente, el Papa no aceptó los postulados de Arialdo, haciendo distinción entre los sacerdotes legítimamente casados y los que vivían en concubinato. Entonces, nuestro santo se centró más en su batalla contra la simonía.

El Papa aconsejó al arzobispo Guido convocar un sínodo a nivel regional para solucionar este conflicto. Este sínodo se celebró en Fontaneto d’Agogna en el año 1059, pero Arialdo y Landolfo no se presentaron, por lo que fueron excomulgados por los obispos lombardos. Los partidarios del movimiento patarino siguieron aumentando, sobre todo entre los campesinos, y dos clérigos de Monza fueron encarcelados por orden del arzobispo por haberse adherido al movimiento encabezado por Arialdo. Esto y la dudosa elección de los abades de los monasterios de los Santos Celso y Vicente y de San Ambrosio provocó una rebelión contra el arzobispo detrás de la cual, ¡cómo no!, estaba Arialdo, quien consideraba que estas dignidades habían sido compradas con dinero, o sea, eran actos de simonía.

Relieve del martirio del santo. Iglesia de San Calimero, Milán (Italia).

Relieve del martirio del santo. Iglesia de San Calimero, Milán (Italia).

Arialdo y Landolfo recurrieron al Papa Nicolás II, que los absolvió y envió a Milán a sus legados en dos ocasiones con el fin de apaciguar los ánimos: a finales del 1057, a Anselmo de Lucca y el monje Hildebrando y en el 1059 a Pedro Damiano y a Alselmo de Lucca, los cuales examinaron la conducta del clero milanés, apoyaron abiertamente a Arialdo y obtuvieron del obispo Guido de Milán el compromiso de imponer también la reforma gregoriana en su archidiócesis, aunque a cambio, reconociendo la validez de los sacramentos administrados por sacerdotes considerados indignos.

Arialdo y sus compañeros organizaron una comunidad de clérigos ejemplares, seguidores de las normas y cánones de la Iglesia de Roma, que vivían en comunidad en una casa llamada “la Canónica”, cercana a una iglesia dedicada a la Virgen María que estaba situada fuera de la llamada “Porta Nuova”, en lo que hoy es la plaza Cavour y en la que se vivía una intensa vida litúrgica. Profundamente embebido de este sentimiento litúrgico, intentó romanizar algunos libros y costumbres litúrgicas de la Iglesia Ambrosiana, como por ejemplo, anticipar a la mañana del Sábado Santo las funciones de la noche de Pascua (Vigilia Pascual) o incluso la costumbre de realizar las rogativas o letanías menores (procesiones estacionales que se celebraban durante la Cuaresma o incluso antes de la Ascensión) y que entraban en contradicción con el espíritu alegre del tiempo Pascual.

Mientras tanto, en el año 1061 fue elegido Papa uno de los fundadores de la “Pataria”: Anselmo de Baggio, que tomó el nombre de Alejandro II, el cual nombró a Erlembaldo – sucesor de su hermano Landolfo Cotta – como confaloniero (una especie de portaestandarte) de la Santa Romana Iglesia. La lucha en Milán se hizo aun más furibunda, culminando el día 4 de junio del año 1066, festividad de Pentecostés, cuando en la catedral milanesa el arzobispo Guido se rebeló contra el Papa, se abalanzó contra Arialdo y sus seguidores y, explotando hábilmente el parroquianismo milanés, consiguió que los expulsaran de la ciudad.

Urna de los santos Arialdo y Erlembaldo. Catedral de Milán, Italia.

Urna de los santos Arialdo y Erlembaldo. Catedral de Milán, Italia.

Arialdo, acompañado de Erlembaldo, se marcharon en secreto hacia Roma, pero perseguidos y apresados por los emisarios de Guido, fueron conducidos al castillo de Angera, que pertenecía a una sobrina del obispo llamada Oliva. Ella hizo conducir a Arialdo a uno de los islotes del Lago Mayor y allí, le cortaron los genitales, le amputaron la mano derecha y dos sacerdotes lo torturaron hasta la muerte, ocurrida el 27 de junio de ese mismo año. Su cuerpo fue arrojado al Lago Mayor. Como el Papa comprobó que detrás del asesinato de Arialdo estaba la mano del obispo Guido, lo excomulgó.

Erlembaldo recogió el cuerpo del santo y lo llevó a Milán; y en la fiesta de Pentecostés del año siguiente lo sepultó en la iglesia de San Celso. Ese mismo año, el Papa Alejandro II incluyó a Arialdo en el catálogo de los santos mártires y moderó el celo de los patarinos enviando a Milán una delegación que, previo el compromiso de Guido de llevar a cabo la reforma gregoriana, le levantó la excomunión.

Las reliquias de San Arialdo fueron transferidas por el arzobispo Anselmo de Bovisio en el año 1099 a la iglesia de San Dionisio, junto con las reliquias de San Erlembaldo. Posteriormente, en el año 1528, las reliquias de ambos santos fueron llevadas a la catedral milanesa, donde aún permanecen. En el año 1940 fueron reconocidas canónicamente por el beato cardenal Ildefonso Schuster, arzobispo de Milán.

Urna de los santos Arialdo y Erlembaldo. Catedral de Milán, Italia.

Urna de los santos Arialdo y Erlembaldo. Catedral de Milán, Italia.

Aunque San Arialdo fue incluido por el Papa Alejandro II en el catálogo de los mártires un año después de su muerte (fue canonizado), sin embargo, su culto fue nuevamente aprobado por la Sagrada Congregación de Ritos mediante decreto del 12 de julio del año 1904 con la fórmula “sanctus vel beatus nuncupatus”. El 25 de noviembre de ese mismo año fueron aprobados el Oficio y la Misa propia del santo. En la archidiócesis de Milán su fiesta se celebra el 27 de junio.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Castiglione, C., “Los santos Arialdo, Erlembaldo y la Pataria”. Milano, 1944.
– Pellegrini, C., “Los santos Arialdo y Erlembaldo. Historia de Milán en la segunda mitad del siglo XI”, Milano, 1897.
– Violante, C., “La Pataria milanesa y la reforma eclesiástica”, Roma, 1955.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (25/12/2014):
– http://it.wikipedia.org/wiki/Arialdo_martire

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

7 pensamientos en “San Arialdo, diácono milanés mártir

  1. En este artículo, querido amigo, has planteado dos temas muy espinosos: el primero, el celibato del sacerdocio, el segundo, la independencia de la Iglesia Ambrosiana.

    Los que estén familiarizados con el rito ambrosiano, como por ejemplo, nuestro compañero Damiano, tendrán una opinión muy clara al respecto. Yo no lo estoy, pero puedo hacer comparación con el rito mozárabe que teníamos aquí en España antes de que el Concilio lo uniformizara todo y nos obligara a romanizarnos bajo el rito latino romano. Fue una pérdida no sólo de autonomía, sino de riqueza cultural. Es una lástima que en la Historia siempre hayan primado las tendencias uniformizadoras e intransigentes en lugar del respeto a la riqueza y diversidad. Aún hoy hay quienes pretenden, cabezas cuadradas, que sólo puede haber un rito, el romano latino, y sólo una Iglesia, la católica romana, cuando la realidad, lo hemos visto bien, nos habla de muchas Iglesias y muchos ritos cristianos que nos pintan un panorama hermoso, complejo y diverso que lo sería más aún de no haber sido nuestros antepasados tan… pues eso, cabezas cuadradas. No digo más de esto.

    Sobre el celibato del sacerdocio, como bien se dice en el artículo, hay que distinguir bien lo que es un sacerdote legítimamente casado y un sacerdote amancebado o que disfruta de amantes. La hipocresía de la Iglesia no deja de ser notoria puesto que, en realidad, la norma era que los sacerdotes disfrutaran de una amante si así lo querían, por más que estuviera moral y socialmente reprobado. Esto llegó a límites escandalosos en la época renacentista, donde hasta los Papas ya tenían formada una familia numerosa antes de acceder a la sede de Pedro. Suena pues, de risa, ver estas luchas intestinas por la castidad y el celibato del clero, que incluso le costaron la vida al diácono Arialdo, cuando ni ellos mismos, los grandes príncipes de la Iglesia, la respetaban. Pero tampoco el cura de pueblo, vamos. En los reinos hispánicos medievales incluso había una expresión para eso, se decía que el cura “tenía barragana puesta en su casa”. Vamos, algo tan normal como ir a por el pan. Todo el mundo sabía que la señora que limpiaba en casa del cura no sólo limpiaba su casa, y a nadie le sorprendía.

    Hipocresías aparte, ¿debe o no el sacerdote tener una compañera? No veo mal que el sacerdote esté legítimamente casado, como ocurre, de hecho, en las Iglesias orientales y en las protestantes, donde un hombre casado puede llegar al sacerdocio. Los católicos hemos sido demasiado intransigentes con este tema y la prueba es que en lugar de generar un sacerdocio casto, célibe y ejemplar, durante siglos hemos tenido precisamente lo contrario: un sacerdocio vicioso, de concubinato, amancebado, y con otros vicios que son de gran actualidad ahora mismo y que mejor ni menciono porque os los podéis imaginar. A esto nos ha llevado tanta intransigencia con el celibato sacerdotal. ¿Todo para imitar a quién? ¿A Cristo, que no se casó? Cierto, en pro de su misión. Pero muchos apóstoles sí estaban casados, como Pedro, porque no era admitido en la religión judía el quedarse soltero. Y el clero ortodoxo y protestante, no por tener familia, ha descuidado su ministerio, creo yo. Si acaso lo ha hecho más perfecto en el amor y la entrega a los demás.

    En fin, se puede estar de acuerdo o no, pero probablemente si la Iglesia hubiese sido menos hipócrita y menos intransigente en estos temas tanto en el pasado con el presente, muchas luchas y mucha sangre nos hubiéramos ahorrado, entre ellas la del diácono Arialdo, descanse en paz. Otra cosa es ser un amancebado o un mujeriego, cosa que no veo bien ni para el sacerdote, ni para el laico, ni para nadie.

    • No soy un especialista en este tema, pero aun así me atrevería a afirmar que mientras el Rito Mozárabe fue completamente abolito, Roma no tuvo c_______ para conseguirlo de igual manera con el Rito Ambrosiano. Ahora, poquito a poquito, el rito hispano-mozárabe va implantándose al menos en determinadas festividades, pero es que el ambrosiano está implantado de todas, todas. Esto nos lo podría explicar y confirmar mucho mejor nuestro amigo Damiano que supongo celebra en ese rito.

      Con respecto al tema del celibato o no celibato sacerdotal, ¿qué quieres que te diga? Que lo realmente normal, lo lógico, lo que dictamina la razón es la práctica llevada a cabo en Oriente incluso por la Iglesia Católica. Eso terminará imponiéndose aunque siempre quedarán sacerdotes que querrán ser célibes toda la vida.
      Que sean célibes los miembros de Órdenes y Congregaciones religiosas es algo normal porque tienen voto de castidad, pero un sacerdote diocesano no realiza ese voto. Cierto es que ni en Oriente se permite el casamiento posterior a la ordenación sacerdotal, pero si el que sean admitidos al sacerdocio a hombres previamente casados. Como digo eso terminará imponiéndose. Así se acabará lo de los amancebamientos actuales y “barraganas” de otras épocas. El pueblo que es muy sabio lo dice de manera traviesa:
      Si en la casa del señor cura,
      solamente hay una cama
      y en la cama duerme el cura,
      ¿donde duerme la criada?

  2. Primero conocí la iconografía de este santo que su historia. De hecho llegué a pensar que era un mártir de los primeros siglos. Pero pues es un santo martirizado por hombres de la iglesia.
    Su historia hay que ponerla a la luz de la Reforma del S. XI, cuando muchos movimientos, incluso de base, buscaban una mejor iglesia, la que por causa de los eclesiásticos, daba una mala imagen.
    Cuando leí El Nombre de la Rosa, hay capítulos que te remiten a esta época y que describen y aluden a movimientos como los patarinos, las procesiones de flajelantes, la peste, el milenarismo, etc. Por ello, algo entiendo de este panorama.
    San Arialdo buscó la integridad del clero y por ello se ganó enemistades. para mi me ha dado una nueva visión lo que dices sobre la influencia de las costumbres ortodoxas, en lo referente al matrimonio de los sacerdotes sobre Milán, nunca imaginé que la influencia haya llegado hasta allí.
    Pero es realmente triste que los concubinatos y la simonía sigan en menor o mayor presencia en nuestra Iglesia. Y que haya Obispos indignos de su cargo, quienes se han visto envueltos en mitotes que lastiman la integridad eclesial.
    Hoy se ocupan hombres y mujeres que sean gente de iglesia, que transformen con sus vidas al mundo, que manifiesten que no solo el clero es iglesia sino que la formamos todos los bautizados y que a todos, desde nuestro lugar corresponde renovar, trasnformar y santificar al cuerpo místico de Cristo.
    Por otro lado me ha dado gusto conocer la urna que contiene sus restos. Con San Erembaldo, que no conozco, espero que puedas hablarnos pronto de él.
    me parece muy curioso que en Milán tengan a dos omas santos en una urna. El caso de hoy, San Ambrosio y san Gervasio y Protasio, ¿habrá más casos?
    Por cierto, ¿sus restos son un esqueleto revestido? tienes alguna foto con un menor acercamiento que me compartas por favor.
    Una última pregunta. En la estampa que lo representa en un islote, miro que hay en el suelo como tres llamas. ¿Qué significan?

    • Il santino di Sant’Arialdo è pieno di simbologie.
      1) l’ambrosianeità – sullo sfondo la basilica di Sant’Ambrogio e la dalmatica secondo l’usanza ambrosiana
      2) gigli e fiamme che apparvero sul suo sepolcro occultato, per svelarlo
      3) l’sola, per significare l’isolotto dove avvenne il martirio
      4) i coltelli o spade per significare il fatto che il corpo del martire fu fatto a pezzi
      5) la pietra con il nome Arialdo, quasi a significare che il Martire è una pietra dell’edificio della Chiesa Ambrosiana, della Chiesa di Dio che è in Milano.
      5) il piccolo logo con le chiave di San Pietro, per significare la fedeltà alla Chiesa Cattolica, e la scritta che rimanda anche alla professione di fede di Sant’Ambrogio: Ubi Petrus ibi ecclesia mediolanensis.

      • Bueno, Humberto, veo que nuestro amigo Damiano te ha aclarado las dudas en lo referente a iconografía.
        Si que hay más casos de inclusión de dos santos en una sola urna: a bote pronto me acuerdo de los santos Peregrino y Blanco, Pergentino y Lorentino y otros.
        Sus restos si que son “esqueletos revestidos” y te enviaré otras fotos por e-mail.

  3. No conocía a este santo pero si que su historia es muy interesante, en primero por su lucha contra la nicolastía y el amancebamiento que como bien menciona Ana ha sido algo que se ve siempre, yo últimamente eh tenido conocimiento de muchos sacerdotes que se encuentran en estas situaciones, algo lamentable y que como dice Ana si quizá la Iglesia se abriera un poco más a las posibilidades u opciones podrían ir desapareciendo.

    • De todos modos, mi querido amigo, siempre existirán casos de amancebamientos porque la condición humana es la que es, la carne es débil y a veces se olvidan los compromisos contraidos. Y caso de estos, aunque quizás menos, también se seguirán dando aunque los ordenados sean hombres casados.

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