Santa Eufrosina Kolyupanovskaya, loca por Cristo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortoxo ruso de la Santa.

Icono ortoxo ruso de la Santa.

Hoy quiero escribir sobre una santa rusa, princesa de nacimiento que, harta de la vida de la corte, renunció a todo, se hizo pasar por demente y llevó una vida de penitencia hasta su muerte. Por eso es venerada como una santa “loca por Cristo”. Se llamaba Eudoxia Vyazemskaya y había nacido en el año 1758 en un pueblecito de la provincia de Tula, en el seno de la familia del príncipe Grigori Ivanovich Viazemskii, luego ella también era princesa. En el año 1776 se graduó en la Sociedad Educativa de las Damas Nobles, ligada al monasterio Smolny, consiguiendo de esta forma entrar en la corte de la emperatriz Catalina II. Debido a su origen noble, estaba muy familiarizada con la alta sociedad de su tiempo, incluyendo al comandante Alejandro Surovov y al príncipe Yuri Dolgoruki, que más tarde llegaría a ser el más alto representante del gobierno local de Moscú.

Se desconoce el tiempo en el que Eudoxia estuvo en la corte imperial, aunque sí se conoce un curioso hecho protagonizado por ella: cuando estaba junto a dos damas de honor, fingió su propia muerte, por lo que las dos muchachas huyeron despavoridas. Las causas y las circunstancias de este acto son desconocidas, aunque según un sacerdote cercano a ella, pretendía fugarse para poder consagrarse a Dios: “Desapareció de palacio, por lo que se dieron órdenes de buscarla por todos los caminos, pero ella se vistió con ropas de campesina y marchó camino de Moscú. Aunque la emperatriz la trataba con mucho aprecio, ella determinó dedicarse al servicio divino y entrar en un monasterio, liberándose de sí misma de esta manera”.

Después de desaparecer de la corte, durante más de diez años vagó por varios monasterios, entre ellos el de Spaso Sumorin, donde veneró las reliquias de San Teodosio Totemsky. Agotada de tanto vagar y casi sin fuerzas, llegó a Moscú, donde en el año 1806 se reunió con el metropolita Platón Levshin; quien, después de escuchar su historia, le dio su bendición, considerándola como una “loca por Cristo”, y enviándola al monasterio Vvedenskii de Serpukhov con el falso nombre de Eufrosina, aunque contándole a la abadesa cuál era su verdadero nombre y su origen. Fue aceptada en el monasterio, se instaló en una pequeña cabaña cercana y estuvo trabajando en la enfermería. Eufrosina vestía con una camisa de tela gruesa, una capucha y un abrigo, pero ocultando bajo su cuello una cadena de hierro con una gran cruz de cobre; a veces usaba un trapo o un sombrero en la cabeza y siempre andaba descalza, incluso en pleno invierno. Se sabe que emitió los votos monásticos, pero se desconoce la fecha.

Retrato de la Santa, sin el hábito de monja ortodoxa.

Retrato de la Santa, sin el hábito de monja ortodoxa.

En su choza, Eufrosina tenía dos gatos, tres perros, pollos y pavos, durmiendo ella junto a los animales. Cuando un día le preguntaron por qué hacía eso, ella respondió: “¿Es que yo soy mejor que un perro?”. Para mortificarse, no limpiaba la choza y vivía entre los excrementos de los animales, por lo que aquélla desprendía un pestilente hedor. Una vez la egumena le dijo: “Madre, ¿por qué vives así?”, a lo que ella respondió: “Para contrarrestar los lujos y lisonjas de la corte”. Su choza era un horno en verano y una nevera en invierno. Por la noche, se levantaba y se dedicaba a dar vueltas alrededor del monasterio cantando salmos, y por las tardes se dedicaba a buscar flores para la iglesia y hierbas medicinales para sus pacientes en la enfermería. Frecuentaba una capilla situada junto al monasterio, aunque para asistir a la liturgia visitaba la iglesia monacal. Por humildad sólo comulgaba una vez al año – el Jueves Santo – y durante la Teofanía se sumergía en el agua helada diciendo: “Vamos a darnos un baño caliente”. Durante su estancia en el monasterio se reunió en varias ocasiones con San Filareto Drozdov, metropolita de Moscú y Kolonna, quien sentía por ella verdadera veneración, hasta el punto de llegar a besarle las manos.

Al morir la egumena del monasterio, la recién nombrada, sintiendo envidia y malicia hacia Eufrosina, comenzó a hacerle la vida imposible, hasta el punto de asesinar a sus tres perros. Entonces ella, en el año 1845, tomando un icono de la Virgen y otro de San Nicolás, abandonó el monasterio y se trasladó a la aldea Kolyupanovo en la provincia de Tula. Allí se instaló provisionalmente en una casa de madera que le regaló un admirador suyo, el terrateniente Natalio Alekseevny Protopopov, pasando allí los últimos diez años de su vida. Ella construyó una casa aparte para atender a las mujeres ancianas y se quedó en una habitación pequeña viviendo junto a una vaca. Hizo lo mismo que había hecho en el convento: vivir con animales.

San Filareto Drozdov visita a la Santa.

San Filareto Drozdov visita a la Santa.

El sacerdote Pablo Prosper, de la iglesia de la Madre de Dios de Kazán de Kolyupanovo, fue su confesor, y aunque ella se hacía pasar por una mujer demente, pronto se extendió su fama de santidad, yendo muchos fieles a visitarla. Ella se apartó a una especie de tienda de campaña, lejos del pueblo, donde se instaló con un gato y un perro. Sentía un gran afecto por el dueño de una pequeña ferretería, llamado Alexei Tsemshu, a quien llamaba “hijo” porque había construido una pequeña cabaña para refugio de algunas mujeres.

Para orar en soledad se retiraba a una especie de barranco que había a orillas del río Oka, en las proximidades de la aldea. En el fondo del barranco, cavó un pozo del que extraía agua que distribuía entre sus pacientes. Existen testimonios de que, a través de esta agua, realizó numerosas curaciones, aunque yo sólo voy a relatar someramente tres de ellas:

– A Natalio Protopopov, que sufría de hinchazón en las piernas y de una avanzada hemoptisis, lo metió en un baño de dicha agua, calentada en un horno con estiércol de caballo, e inmediatamente salió curado del baño.

– A un sobrino de Natalio, que se puso gravemente enfermo en la víspera de su boda, le preparó un baño con hierbas recolectadas en el campo y también lo sanó de inmediato.

– A una mujer, de apellido Korelova, que aunque estaba de parto llevaba un atraso de tres días, corriendo peligro la vida del niño y de la madre, le frotó el vientre con una especie de mantequilla hecha con serrín y agua, e inmediatamente dio a luz a un hermoso niño.

Asimismo, tenía el don de clarividencia, y pongo también sólo dos ejemplos: predijo con años de antelación que una monja del monasterio Sezenovskij llegaría a ser la abadesa del cenobio, y a un sacerdote llamado Demetrio Muretova que llegaría a ocupar por este orden las sedes episcopales de Tula, Jerson, Yaroslavl y Rostov, Volyn y Zhitomir, y finalmente Kherson y Odessa; y así ocurrió. Este obispo, cuando accedió a la sede de Tula, lo primero que hizo es ir a Kolyupanovo y reunirse con ella.

Casa de la Santa en Kolyupanovo.

Casa de la Santa en Kolyupanovo.

Tres semanas antes de su muerte le dijo a Natalio Protopopov: “He visto salir de la iglesia a dos ángeles vestidos de blanco; me han llamado y me han dicho: Eufrosina, ya es hora de que vengas con nosotros”. Protopopov no supo callarse y rápidamente se extendió la noticia de que Eufrosina iba a morir, por lo que la gente comenzó a acudir a su choza con cruces e iconos, a fin de solicitarle su bendición. Natalio le envió una carta al obispo Demetrio, solicitándole autorización para enterrar a Eufrosina en el interior de la iglesia de Kazan de Kolyupanovo cuando falleciera, y el obispo lo autorizó.

Santa Eufrosina murió tranquilamente a las tres de la tarde del día 3 de julio del año 1855, después de recibir la Sagrada Comunión. Su funeral fue multitudinario y, conforme a su voluntad, fue revestida con los atuendos monásticos. Su ataúd siempre estuvo rodeado de velas y diariamente se celebró una “pannihida” (oficio de réquiem). El día 7 de julio, presidida por su confesor, el padre Pablo Prosper se concelebró la Divina Liturgia y fue sepultada en el suelo de la iglesia, poniendo encima una lápida sepulcral de madera e hierro bendecida por San Filareto Drozdov: “Eufrosina, desconocida para el mundo pero bendita a los ojos de Dios”. Inmediatamente después de su muerte comenzó a ser venerada. Como se le atribuían la realización de numerosos milagros, el obispo de Tula decretó fueran anotados en una especie de libro-registro, que fue publicado en el año 1911 y en el que se reconocían cincuenta y cinco hechos milagrosos.

La Santa en su lecho de muerte.

La Santa en su lecho de muerte.

En el año 1910 una peregrinación encabezada por Yevdokim Meschersky, obispo de Kashira y vicario de la diócesis de Tula, visitó su tumba sobre la cual, en el año 1914, fue erigido un dosel de madera dorada y una especie de piscina donde se bañaban los enfermos. En el año 1931, en plena revolución bolchevique, se quemó la iglesia de Kazan y su tumba y piscina fueron abandonadas.

En el año 1988, Eufrosina Kolyupanovskaya fue canonizada a nivel local por la diócesis de Tula y le fueron compuestos akathisto, troparion y kontakion propios. En 1993 se inició la construcción de una nueva iglesia sobre la anterior quemada y, dos años más tarde, con la bendición del obispo de Tula y mediante decreto del Patriarca Alexis II, se estableció allí un monasterio femenino, eligiéndose como abadesa a la monja Mariya Kushnir, que tomó el nombre de Eufrosina. Terminado el nuevo templo, las reliquias de la santa fueron trasladadas a una nueva urna de mármol blanco, puesta bajo un dosel de madera tallada. El templo está decorado con frescos que representan escenas de la vida de la santa. En la diócesis de Tula, su fiesta se conmemora el 16 de julio según el calendario juliano y el 22 de septiembre.

Urna de la Santa.

Urna de la Santa.

La primera biografía de la santa fue escrita por su confesor, el Padre Pablo Prosper, siendo publicada en el año 1862. En el año 1903, Juan Matveyevich Surikov, publicó otra biografía titulada: “Biografía de la bendita asceta Eufrosina, loca por Cristo y dama de honor de la emperatriz Catalina II”, cuya segunda edición fue publicada por la Lavra de la Trinidad y de San Sergio. En el año 2002 este trabajo fue enriquecido con elementos adicionales facilitados por el monasterio de Kolyupanovo. La escritora rusa Anastasia Tsvietáieva, durante su exilio en Siberia, en base a los datos facilitados por Surikov, dibujó un retrato de la santa en acción de gracias por haberse curado de una grave enfermedad de la garganta, curación que atribuía a la intercesión de la Santa Eufrosina.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Kochetov, D., B., “Eufrosina Kolyupanovskaya”, Enciclopedia Ortodoxa, Moscú, 2008.
– Surikov, J.M., “Biografía de la bendita asceta Eufrosina, loca por Cristo y dama de honor de la emperatriz Catalina II”, Posad, 1911.

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7 pensamientos en “Santa Eufrosina Kolyupanovskaya, loca por Cristo

  1. El principio de la historia de esta Santa me ha recordado a la leyenda de Santa Rosalía de Palermo, de la cual también se decía que era princesa en la corte y que huyó para ser ermitaña en el monte; para lo cual hay que estar un poco “loca”, pero que luego cambia la historia sustancialmente porque Eufrosina no se apartó del mundo.

    Me parece una vida admirable salvo lo de vivir entre suciedad y excrementos de animales, que creo no era necesario para mostrar humildad y desapego definitivo a las riquezas de la corte. A mí me enseñaron que la higiene y la limpieza están próximas a la santidad y me imagino a mi abuela tirándose las manos a la cabeza si me diera por contarles la vida de estos locos por Cristo, siendo ella una señora devota como la que más. En fin, lo de siempre, a estos Santos, mejor admirarlos que imitarlos. Creo que tenemos que quedarnos con que hacía el bien a sus semejantes, desinteresadamente, y cuando le hacían la puñeta, en lugar de enfrentarse simplemente ponía tierra de por medio.

    • Santa Eufrosinia Kolyupanovskaya si que fue una dama de la Corte (cosa que no se puede asegurar de esta rosalía), de eso si que hay constancia, así como que la dejó voluntariamente para dedicarse a llevar una vida extremadamente pobre y miserable, llevando a la práctica la ascética oriental que denominamos “locos por Cristo”. En verdad hay que estar verdaderamente loco para dejar una vida de comodidades y escoger una vida miserable, pero si eso se hace por amor a quién siendo el Señor se hizo pobre entre los pobres, es un signo de santidad.
      Ella siguió en el mundo, llevando a la práctica, sin ningún genero de dudas algunas o muchas excentricidades, pero practicando continuamente la caridad y la entrega a los demás, cosa que le reconoció en persona el propio San Filareto.
      Sin tener que llegar a tanto porque la higiene no está reñida con la santidad, sería bueno sin embargo, que fuésemos más “simplones” (entiéndase bien esta expresión), más sencillos en nuestro proceder, menos señoritos y menos engreidos, porque Dios se manifiesta más a los simples que a los doctos.

  2. Me sorprende este artículo, pues hasta ahora, tenía la idea que los locos por Cristo pertenecían únicamente al género masculino. Con la vida de esta santa me queda claro que no, salvo que sea una excepción.
    Me ha causado simpatía el que viviera con animales, he sintonizado con ella pues en mi casa, mis hermanas tienen unos gatos y de niño, mi papá solía tener en cada gallos o gallinas que luego de algún tiempo terminaban en la mesa.
    Comprendo bien el sentido de la higiene que ya alude Ana María, y si vivía en medio de la suciedad, imagino el olor y la presentación de su hogar, no la justifico, pero creo que en materia de higiene, así como en otras materias, hemos adelantado mucho en el último siglo. Lo que si comparto con ella es su espíritu de penitencia, realmente rara, pero válida. Con eso pagaba lo que ella sentía como pecado cuando vivió en la corte. ¿Qué tenía en mente, que actos, palabras, miradas o actitudes, omisiones tal vez? La reparación del mal hecho con penitencia es necesaria hoy como ayer. Ella lo hizo así y así se santificó, lo cual quiere decir que no andaba tan equivocada.
    Saludos.

    • Que los locos por Cristo son sólo hombres? Veo que no has leído los artículos que Antonio dedicó a Santa Xenia de San Petersburgo, Santa Matrona de Moscú y esa enorme lista confeccionada por Mitrut donde se ven una infinidad de “locas por Cristo”. Échale un vistazo.

    • Amigo Humberto,
      En el grupo de los santos locos por Cristo hay tantas mujeres como hombres y de algunas de ellas ya hemos escrito y, si Dios quiere, lo seguiremos haciendo. Es cierto que esta forma de santificación, aunque por aqui tenemos algunos ejemplos, nos es rara en Occidente, pero en las iglesias de Oriente abundan más de lo que creemos y siempre, absolutamente siempre, estos locos por Cristo, más o menos dementes a los ojos de este mundo, están profundamente inmersos en una vida de oración y de entrega que ya la quisiéramos tener nosotros.
      Qué vio o qué sintió en la Corte no lo sabemos aunque nos lo podemos imaginar y está claro que esa vida lisonjera a ella le dejó una secuela negativa que quiso “estar purgando” toda su vida.

  3. Ya sabes Antonio que estasvidas de los locos por Cristo nunca dejan de sorprenderme.
    Se ve que era una gran mujer,preocupada por los mas desfavorecidos.
    Le gustaba estar rodeada de animales,precioso….pero mantener todas las heces de los pobres animales en la choza me parece como minimo espantoso.
    No se como no cogio alguna enfermedad,aunque eso no lo sabemos,aparte de que a los pobres animales tampoco les gusta vivir entre sus propios excrementos.
    Gracias por relatar algunos de sus milagros y dones,como el de la clarividencia.
    Me quedo con lo dicho siempre en estos casos por Ana Maria;”hay que admirarlos,no imitarlos”

    • Hay que admirarlos e imitarlos y me explico: imitarlos en su sencillez, en su entrega a los demás hermanos y a los animales, imitarlos en la oración es incluso a veces, en sus simplezas, aunque claro está que haciendo siempre eso compatible con el llevar en lo personal una vida digna, al menos en lo referente a limpieza e higiene.

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