El Gran Ayuno en la cristiandad oriental

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"Coliva", hecha con grano hervido y miel o azúcar, es el alimento consumido durante los réquiems, pero también  tomado frecuentemente durante el ayuno.

“Coliva”, hecha con grano hervido y miel o azúcar, es el alimento consumido durante los réquiems, pero también tomado frecuentemente durante el ayuno.

El período de ayuno que precede a la fiesta cristiana más importante es el más largo de los grandes ayunos, pero también el más duro. Aunque es litúrgico, este período se marca a través del cambio del rito usual de las siete oraciones durante el día y a través de ceremonias especiales. Consecuentemente, hay también tradiciones populares de esta época.

Breve historia
El Gran Ayuno duraba para los primeros cristianos no más de una semana antes de la Pascua. Era simplemente una preparación especial para la Fiesta de la Resurrección y tiempo de lamento por la Pasión de Cristo. Poco tiempo después se duplicó por un tiempo de preparaciones para catecúmenos, las personas que se preparaban para ser bautizadas en la noche de Pascua.

Después de los tres primeros siglos, el cristianismo se convirtió en religión de Estado y el número de catecúmenos se hizo visiblemente menor. Prácticamente todos los adultos estaban cristianizados – aquí pasaremos por alto el nivel de cristianización y las razones de su conversión – y prácticamente sólo los neonatos eran candidatos al bautismo. En este contexto, la ceremonia bautismal – inicialmente incluida en la Divina Liturgia de la noche de Pascua – tendió a ser organizada separadamente, como un servicio religioso independiente que incluso tenía carácter privado, y se organizaba a lo largo del año.

La entrada de Jesús en Jerusalén. 1140-1170. Mosaico de la Cappella Palatina. Palermo, Italia.

La entrada de Jesús en Jerusalén. 1140-1170. Mosaico de la Cappella Palatina. Palermo, Italia.

En cambio, el período de ayuno de los catecúmenos fue tomado en observancia por todos los cristianos, que lo veían como un período de arrepentimiento y penitencia, una especie de preparación para el “segundo bautismo”, el “bautismo de lágrimas” o confesión. Hoy en día, en la tradición ortodoxa oriental, hablamos de dos ayunos antes de Pascua, que incluyen un total de 49 días o siete semanas. Los primeros 40 se conectan con el ayuno de Jesús en el monte Quarantania cerca de Jericó, donde fue tentado por el demonio, y los últimos siete con la Pasión. Los dos que quedan, días de “medio-ayuno”, son las fiestas de la Anunciación y el Domingo de Ramos, donde a los creyentes se les permite consumir pescado, productos derivados y bebidas alcohólicas.

Prescripciones culinarias
En lo referente a la intensidad del ayuno en este tiempo, los creyentes ortodoxos observan la más dura retención alimentaria. En el Domingo de la Expulsión de Adán del Paraíso, ocho semanas antes de la Pascua, los sacerdotes y los cristianos se hacen reverencias unos a otros y se piden perdón. Por ello es también llamado el “Domingo del Perdón”. Ese día está también marcado por comidas festivas, donde todo está permitido y la opulencia está aceptada, por el período que viene. Hasta la medianoche todos pueden comer y beber lo que quieran. Teóricamente todo está permitido, pero no la concuspicencia ni emborracharse. En la práctica, se dan casos en que esto ocurre. En cualquier caso, no hay ninguna ceremonia similar a los Carnavales occidentales y hasta hoy estas fiestas no son populares en los países de Europa oriental, no porque la Iglesia las prohíba, sino porque no forman parte de la tradición popular.

Fresco ortodoxo griego de la entrada de Jesús en Jerusalén.

Fresco ortodoxo griego de la entrada de Jesús en Jerusalén.

El tiempo de ayuno comienza el lunes. La primera semana es más dura que todo el ayuno y se da el llamado “ayuno negro”, que significa nada de comida ni bebida hasta la puesta de sol, cuando se permite solamente tomar agua, té, verduras hervidas y semillas, pero no aceite ni alcohol. Este método de ayuno, respetado literalmente y mucho más en los monasterios, fue copiado por los musulmanes para su mes de ayuno del Ramadán, con la excepción de que ellos se permiten comer de todo durante la noche.

Las siguientes semanas del ayuno ortodoxo oriental no son tan duras. La consumición de comida durante el día y la cocina con aceite se acepta de nuevo, salvo en los miércoles y viernes; además, en sábados y domingos se permiten las bebidas alcohólicas, pero con moderación.

El duro programa de la primera semana se repite de nuevo en la semana de Pasión. Por supuesto, los ancianos, los enfermos y los niños no deben respetar estas consideraciones de ayuno. Además, cabe decir que las prescripciones no son respetadas hoy en día por todos los cristianos ortodoxos. Muchos de ellos las respetan sólo la última semana, y un gran grupo ayuna los 49 días adoptando simplemente una dieta vegetariana.

Un fiel cristiano combina estas prescripciones de ayuno con otros hábitos especiales: abstinencia sexual, interés en reducir el comportamiento pecaminoso, más silencio, respetar a los demás más de lo habitual, renunciar a los placeres diarios de oír música, radio; renunciar a ver la tele o películas; vestir sobriamente, hacer actos de caridad, etc.

Ceremonia durante la liturgia de los dones presantificados. Los sacerdotes llevan ropas negras sólo en esta ocasión.

Ceremonia durante la liturgia de los dones presantificados. Los sacerdotes llevan ropas negras sólo en esta ocasión.

Cambios litúrgicos
El tiempo de preparación para la fiesta de la Resurrección se conoce como el período del Triodion, llamado así por el libro usado durante las liturgias. Triodion significa “el libro de los tres himnos”, llamado así porque el habitual canon de ocho himnos cantado durante completas y maitines se cambia por un canon más corto de tres himnos. El tiempo del Triodion se compone de tres semanas preparatorias (y cuatro domingos), cuando las ceremonias litúrgicas son similares a las de todo el año salvo unas odas especiales con carácter penitencial (que recuerdan el pecado, la caída y el arrepentimiento) y las siete semanas de ayuno, cuando los servicios son más largos de lo habitual y consisten en cambios que resumiremos a continuación. También cabe mencionar que la habitual Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo se celebra sólo los sábados. Los días hábiles los sacerdotes celebran la liturgia de los dones presantificados, compuesta por el papa San Gregorio Magno, que es de hecho sólo una ceremonia litúrgica vespertina de comunión con el cuerpo y la sangre de Criso consagrados el domingo anterior. Finalmente, cabe añadir que los domingos, salvo el Domingo de Ramos, se celebra la Divina Liturgia de San Basilio, que consiste en no grandes cambios respecto a la de Crisóstomo, salvo unas oraciones eucarísticas más largas.

La primera semana, de ayuno duro, implica también un ayuno litúrgico. De este modo el lunes y el martes no hay liturgia, de manera que los monjes y las monjas no rompen el ayuno hasta el atardecer del miércoles, en la liturgia de los dones presantificados. Otra especialidad de este tiempo es que, después de los servicios de maitines, la primera, la tercera, la sexta horas y la Tipika, al anochecer son celebradas junto con la hora nona, vísperas y Grande Completas combinadas con el Canon Penitencial de San Andrés, obispo de Creta.

Detalle de San Andrés de Creta, quien escribió el Canon Penitencial, en un fresco ortodoxo griego.

Detalle de San Andrés de Creta, quien escribió el Canon Penitencial, en un fresco ortodoxo griego.

La ceremonia será así muy larga, combinada con muchas “grandes reverencias” o metanoia(s), es decir, reverencias hasta tocar la frente con el suelo, y “pequeñas reverencias”, que supone hacer la señal de la cruz y tocar el suelo con los dedos, como señal de caída y arrepentimiento. Al final de cada una de las siete alabanzas, el sacerdote acude al centro de la iglesia y recita la oración de San Efrén el Sirio: “Oh Señor y Maestro de mi vida, no me des espíritu de pereza, intromisión, ansias de poder ni habladuría…” (una gran reverencia) “sino dame a mí, Tu siervo, espíritu de castidad (integridad), humildad, paciencia y amor…” (una gran reverencia)… “Sí, oh Señor y Rey, concédeme el ver mis propias faltas y no juzgar a mi hermano. Porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amén”. (Una gran reverencia). Por supuesto, todos los cristianos se inclinan juntos con el celebrante y rezan en una actitud humilde.

Las otras semanas de ayuno siguen las reglas litúrgicas de la primera semana salvo el Canon de San Andrés de Creta. La liturgia de los dones presantificados se permite en cualquier día de la semana, celebrándose prácticamente miércoles y viernes, porque el sacerdote no puede consagrar demasiados panes en la liturgia del domingo. Dos maitines se celebran inusualmente en los anocheceres de miércoles y viernes en la quinta semana de ayuno, dedicados al Canon de San Andrés y al himo del Akathistos de la Anunciación, siendo los signos de “inversión litúrgica” que va a suceder en esta Cuaresma.

El Patriarca Daniel leyendo el Canon de San Andrés de Creta. Sólo en la Gran Cuaresma visten ropas negras.

El Patriarca Daniel leyendo el Canon de San Andrés de Creta. Sólo en la Gran Cuaresma visten ropas negras.

La semana de Pasión es la más bella en cuanto a ceremonias litúrgicas. Su especialidad reside en primer lugar en la “inversión litúrgica”: esto significa que lo servicio matutinos habituales se dan en el atardecer anterior y los servicios del atardecer se dan por la mañana y al mediodía. Prácticamente, el servicio matutino del lunes se da el domingo al anochecer, y el servicio del atardecer del lunes (las vísperas del martes) sucede en lunes, sobre las diez de la noche. En todos estos extraños cambios los “servicios matutinos” tienen una estructura visiblemente cambiada, recordado lo que le sucedió a Jesús esa semana. De este modo, el miércoles se conmemora el encuentro con Judas con los líderes del templo, el jueves la Última Cena, la oración en Getsemaní y el arresto de Jesús, el viernes el juicio de Jesús, la crucifixión, su muerte y sepultura.

En esta semana, viernes y miércoles son alitúrgicos, lo que significa que no hay misa ni comunión, porque los cristianos se preparan fuertemente con un ayuno más largo. El jueves se celebra la Divina Liturgia de San Basilio, durante la cual el sacerdote lava los pies a doce personas, recordando a Cristo, que lavó los pies de los apóstoles.

Un servicio muy especial, de rara belleza, es el “servicio matutino del viernes”, que se celebra al anochecer del jueves, también conocido como el servicio de los doce Evangelios. Durante dos o tres horas de oración intensa se leen todos los capítulos de los Evangelios referentes a todo desde la Última Cena hasta el Entierro de Cristo, siendo leídos de los Cuatro Evangelistas. La lectura de los doce Evangelios se combina con bellos himnos cantados en ocho tonos diferentes. El núcleo de la liturgia es el momento en que el sacerdote llega con una gran cruz desde la cámara del altar y la coloca en el centro de la iglesia. Los creyentes la adornan con flores, paños populares, se inclinan ante ella y besan las piernas de Cristo. Todos creen fuertemente que Cristo está realmente crucificado ante ellos, en la iglesia.

"Prohodul Domnului" (funeral del Señor) en el Patriarcado Rumano.

“Prohodul Domnului” (funeral del Señor) en el Patriarcado Rumano.

Después de la “víspera del sábado”, celebrada el Viernes Santo en torno a las diez de la noche, cuando un sudario pintado con la escena del Santo Entierro es colocada en el centro de la iglesia, tiene lugar el más bello servicio de los maitines de sábado, que tiene lugar al anochecer del viernes. Es la ceremonia del Entierro de Cristo. Todos los cristianos actúan como si estuviesen en un funeral. Traen flores, velas, besan el sudario como si fuese el icono que acompaña normalmente al difunto. A continuación, se inclinan ante la mesa donde está puesto el sudario, pasan bajo él y llegan hasta la cruz, que está allí desde el día anterior. A través de este gesto, los cristianos imaginan que han entrado en la tumba de Cristo y se han inclinado ante Él.

Durante el servicio, cuando cantan como en un funeral, recuerdan la muerte de Cristo, imaginan el dolor de María, de las mujeres mirróforas, de José y de Nicodemo. Al final de esta ceremonia, el sacerdote y los celebrantes toman el sudario y rodean la iglesia con él, siendo seguidos por todos los cristianos, que llevan velas y cantan el habitual Agios funerario: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ¡ten piedad de nosotros!” Al volver a la iglesia, los celebrantes llevan el sudario tan alto, que los creyentes cruzan bajo él para volver a entrar en el santuario. Finalmente, el sacerdote toma el sudario y lo coloca en la mesa del altar -que ahora simboliza el Santo Sepulcro -, toma la cruz dejada en medio de la iglesia y la deja de nuevo detrás de la mesa del altar, y bendice a los cristianos.

Procesión con el sudario durante el Funeral del Señor.

Procesión con el sudario durante el Funeral del Señor.

Al día siguiente, el Sábado Santo, se celebra de nuevo la liturgia de San Basilio, donde se leen las doce profecías sobre la pasión de Cristo. El día entero es de preparación para la gran noche de Pascua.

La inversión litúrgica
La “inversión litúrgica” en estos días tiene un claro sentido simbólico. Los religiosos entienden que el año acaba en invierno y comienza en primavera. Al final, siempre hay “ceremonias caóticas”, durante las cuales los roles de la sociedad cambian en una extraña fiesta carnavalesca: los sacerdotes se convierten en laicos, los laicos en sacerdotes, los reyes pasan a ser mendigos y los mendigos reyes, los hombres se visten con ropas femeninas y las mujeres con ropas masculinas, etc. Ése es el símbolo de la disolución del viejo mundo. El nuevo año comienza con el retorno a la normalidad, la decencia y el gobierno.

Del mismo modo, los cristianos orientales suelen celebrar el inicio del año con la noche de Pascua. Es por ello que el Evangelio leído durante la Liturgia de Resurrección – el Prólogo de Juan – no tiene nada que ver con la Resurrección, sino con la creación del mundo. Litúrgicamente, los cristianos no hacen carnaval, no cambian las reglas de la sociedad, pero creen que el tiempo se descarría: la mañana se convierte en anochecer y viceversa. El tiempo no tiene ya paciencia, está esperando la Resurrección.

Los dos días restantes
Los dos días restantes de “medio-ayuno” son el 25 de marzo, el día de la Anunciación, y el Domingo de Ramos. Esos días se celebran litúrgicamente de modo habitual. Debido a los grandes eventos que se conmemoran, a los creyentes se les permite comer pescado, productos derivados del mismo, aceite y vino. Muchos predicadores subrayan estas fiestas como “pilares” de apoyo durante el tiempo de ayuno, para que el cuerpo humano no quede exhausto.

Detalle del sudario durante la celebración del Entierro de Cristo.

Detalle del sudario durante la celebración del Entierro de Cristo.

Otros pilares son los domingos, cuando se permite también el consumo de aceite y vino. Estos domingos están especialmente dedicados a las ideas de ayuno y recolección:

– El Domingo de la Ortodoxia, en conmemoración al Séptimo Concilio Ecuménico de Nicea (787) y su secuela de Constantinopla (842), cuando los iconos fueron restaurados en las iglesias.

– El Domingo de Gregorio Palamas, arzobispo de Tesalónica y gran defensor del exicastismo, la Oración de Jesús, siendo él mismo un gran ayunador y teólogo.

– El Domingo de la Cruz, colocada en medio de la Cuaresma como su axis, porque la cruz es el axis mundi.

– El Domingo de Juan Clímaco, el Santo que escribió un popular trabajo ascético, “La Escalera de Virtudes”, que se lee habitualmente durante la Gran Cuaresma.

– El Domingo de María de Egipto, conmemorando la posibilidad de arrepentimiento para todos los pecadores, sin importar lo que hicieron: todos están llamados a la restauración de la vida y alcanzar el Paraíso.

Icono ortodoxo griego de Santa María Egipcíaca recibiendo la comunión de San Zósimo.

Icono ortodoxo griego de Santa María Egipcíaca recibiendo la comunión de San Zósimo.

– El Domingo de Ramos, conmemorando la entrada del Señor Jesús en Jerusalén y la preparación de la Pasión y la Resurrección.

Para no hacer este artículo demasiado largo, cabe mencionar una vez más que el Gran Ayuno, aunque significa abstención de comida y bebida, es un tiempo de recolección, análisis interior y retorno al camino correcto, para que los cristianos preparados puedan salir al encuentro de Cristo resucitado.

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

9 pensamientos en “El Gran Ayuno en la cristiandad oriental

  1. Gracias, Mitrut. El ayuno ortodoxo me parece especialmente duro, comparable sólo, como bien dices, al ayuno musulmán del Ramadán. Mi novio, cuando cursaba su carrera, tenía compañeras musulmanas que en el mes de Ramadán lo pasaban muy mal porque no podían tomar nada ni beber una gota de agua. Encima solía pillarles en época de exámenes y una vez, una de ellas se desmayó en clase, cayéndose al suelo como una piedra. Le quisieron dar agua con azúcar para reanimarla, pero tampoco podía tomarla. Ya me dirás.

    El poder comer de noche no basta, el ayuno, en mi modesta opinión, es una barbaridad, tal cual está concebido. Privarse de comida es malo, privarse de hidratación, de agua, es el colmo. El cerebro se alimenta de azúcar y ya bastantes tonterías se hacen hoy en pro de la estética, el tener un cuerpo diez o incluso algunas obsesiones naturistas con alimentos buenos y alimentos malos. Parece que hemos pasado de unos extremos a otros.

    En mi humilde opinión, que no es mucho ya que yo no entiendo de estas cosas, un ayuno debería consistir en privarse de caprichos y cosas no necesarias: dulces, bebidas alcohólicas, cantidades excesivas de comida. Pero suprimir comidas básicas o retirar la hidratación del cuerpo es una barbaridad y no hay sentimiento religioso que pueda justificarlo. El cuerpo hay que cuidarlo porque es regalo de Dios y a Él le honramos con buenas obras, no con extremos absurdos. “Misericordia quiero, que no sacrificios” (Mt 9, 13).

    Dicho esto y comprendiendo que muchos puristas jamás estarán de acuerdo, decir que no me extraña que mucha gente no observe el ayuno ni lo haga de forma rigurosa. No les culpo, tampoco en el catolicismo se observa realmente, al menos de modo general. Que yo haya conocido, en mi entorno sólo se observa el Viernes Santo, y con la abstención de carne, comiendo en su lugar pescado y verduras. Creo que es lo que la mayoría de los católicos de a pie hacen.

  2. Gracias Juan por este documentado artículo.
    Vaya por delante que admito que este ayuno es mucho más riguroso en Oriente que en Occidente, aunque estoy seguro que estrictamente solo se llevará a cabo en los monasterios.
    Desde luego, para mi es “antinatura”, porque creo que la penitencia en el comer está mas bien en no engolosinarse ni aglotonarse más que en dar al cuerpo lo que estrictamente necesita para poder desarrollar las labores diarias ya que supongo que durante la Gran Cuaresma se trabaja. Desde luego ese ayuno riguroso le vendría de perlas a más de un jerarca gordinflón, porque haberlos, haylos como las meigas. Para este tipo de personas si que es beneficioso el estar todo el día sin comer, aunque no sin beber.
    Yo creo que en estos tiempos, la penitencia debe ir por otros caminos: no fumar, no beber alcohol, comer más verduras y menos carnes, no hacerse regalos uno a si mismo con dulces y golosinas, abstenerse de merendar y cosas por el estilo, pero no comer ni beber durante el día me parece una auténtica barbaridad por mucho que lo marquen las tradiciones y/o los cánones.

    La Cuaresma es tiempo de preparación para la Pascua y la mejor preparación es sin dudas la que sale desde dentro del corazón y no la que entra por la boca. Dios no desprecia a un corazón contrito y humillado: “cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies” (Salmo miserere).

    Lo que si veo absolutamente lógicas son las celebraciones litúrgicas, llenas de espiritualidad y religiosidad, como son siempre todas las celebraciones de rito bizantino. En ellas si que me gustaría poder participar activa y diariamente.

    • Toño, es correcta tu apreciación sobre el modo de ayunar y la finalidad del mismo es que ayunemos, es decir, nos abstengamos del pecado. Sin embargo, creo que el ayuno es un método pedagógico para educar. Alguna vez decía un salesiano ¿cómo hablar de pureza y castidad a un muchacho si no cambian las sábanas de la cama, si no se cambian de ropa interior? Así como la higiene corporar es proporcional a la del alma, evitando ciertos alimentos y limitandolo a podemos entender como evitar el pecado. Por lo demás, yo que trabajo en oficina he sido testigo de como muchos de mis compañeros ayunan a veces hasta la hora de comida por el exceso de trabajo y no sufren, pero no venga un miércoles d ceniza porque todos están enfermos y se disculpan, acostumbrados a no comer y poder hacerlo si se puede, los católicos somos más laxos en estas disciplinas.

  3. Pues me sorprende del riguroso ayuno que nuestros hermanos ortodoxos practican, no omer mas que frutas cocidas, semillas, te, agua, me parece algo exagerado, pero es lo que me encanta de la espiritualidad, de repente se me viene a la mente a la Venerable Teresa Neuman (en el catolicismo) que solo se alimentaba de la Eucaristía (segun lo que he leido) hasta creo que el Cura de Ars ayunaba mas exagerado que los cartujos, sin contar las horripilantes penitencias que practicaba (me reservo la opinión), el ayuno es necesario si, pero que no te prives de lo elemental, mas bien private de lo innecesario, aunque haya casos como estos

  4. Una pregunta: el negro en Occidente es color de luto, según tengo entendido desde que la Reina Victoria de Inglaterra lo acostumbró por la muerte del príncipe Alberto, su esposo.
    ¿En que momento este color entra en la liturgia, tanto griega como latina? En el rito latino antes su usaba en el Viernes Santo, ahora sustituido por el rojo; también en la misa de exequias o el dos de noviembre, se usaba, hoy se propone el morado o el negro, incluso, se generaliza pastoralmente el blanco por razones obvias.

    • El color negro se usa sólo en los días entre semana en la Gran Cuaresma aunque su uso no es generalizado ya que también se usa el púrpura. Nunca ha sido utilizado el negro en los funerales cuyo color es el blanco. Sólo en Rusia se introdujo este color a partir de los funerales de Pedro el Grande por influencia occidental.

  5. Yo cumplo con el ayuno ortodoxo y desde luego no es nada anti natural. Podría decir que hasta todo lo contrario ya que no sólo hay un beneficio espiritual sino también corporal ya que la finalidad del mismo es la purificación no sólo del alma sino también la del cuerpo. Para gran asombro de mi médico después de la Santa Cuaresma todos los niveles de triglicéridos, colesteroles, glucosa etc. se encuentran en niveles óptimos.
    No es ayunar por ayunar, ni se entiende como algo aislado, sino como parte de un todo que es el ejercicio de la ascesis y que se apoya con la oración, la limosna, la confesión y la santa comunión y la lectura de las Sagradas Escrituras.
    Y eso de que el ayuno se cumple sólo en los monasterios no es cierto, los buenos cristianos, que son muchos, lo cumplen desde muy pequeños por lo que están acostumbrados al los ayunos que hay a lo largo del año. Qué hay gente que no lo cumple? pues claro, y más cuando las sociedades ortodoxas se están cada vez occidentalizando más por desgracia, pero puedo asegurar que una gran mayoría de fieles lo siguen.
    Por cierto, en los monasterios nunca se come carne y es proverbial la salud y longevidad de los monjes y monjas ortodoxos.

    • Es un punto importante el que menciona, carisimo padre sober la unidad entre el cuerpo y el alma, ambos deben purificarse, ambos deben dortalecerse, ambos deben santificase. El alma se educa con el cuerpo y el cuerpo se conduce con el alma.
      Gracias por su comentario sobre el color negro.

  6. Hola a todos, más allá de las consideraciones sobre el ayuno ortodoxo (que yo trato de seguir, así como trato de no pecar-no quiere decir que siempre pueda), debo decir que el artículista se ha esforzado por reflejar adecuadamente el ayuno de la tradición cristiana oriental . No solamente los ortodoxos lo siguen, sino que aún muchos “católicos orientales” (como se llaman los que siguen las tradiciones litúrgicas de la Iglesia Católica Ortodoxa, pero están sometidos al papa de Roma), también lo hacen.
    Pero, al comienzo del artículo al articulista se le desliza una aparente opinión (tal vez como resabio de lo que se dió en un momento, por rechazar la Iglesia emergida de las catacumbas, llamándola “iglesia constantiniana” -pero ahora ese es otro tema-) haciendo referencia al después de los tres primeros siglos de la Iglesia.
    Es verdad de que el número de los catecúmenos “adultos” se redujo en parte en algunas parte del mas extremo occidente europeo, y aún en las zonas mas centrales de la región balcánica y del Asia Menor pero el proceso de apostolado tardó muchos siglos en cubrir buena parte del continente europeo. Ni siquiera toda Europa fue culturalmente cristianizada, basta sólo con pensar en ciertas poblaciones del extremo norte, por no hablar de las zonas fronterizas del estado ruso. Ni hablemos de América, Asia, Africa y Oceanía…¡Mucho espacio hay todavía para evangelizar y tener CATECÚMENOS ADULTOS!

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