Los Santos y el gato (I)

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Detalle de un gato en "La Anunciación" de Lorenzo Lotto.

Detalle de un gato en “La Anunciación” de Lorenzo Lotto.

Introducción
En la mitología griega y romana el gato no está presente. En cambio, solemos asimilarlo a Egipto. Heródoto narra que los egipcios le tenían gran devoción en la ciudad de Bubastis. Aquí veneraban a la diosa Bastet, representada con cuerpo de mujer y cabeza de gato. El culto al gato en la civilización egipcia se conoce desde 1550 a.C.

La simbología del gato es ambivalente: es expresión tanto del bien como del mal. Un gato puede verse en la escena de la Anunciación, obra de Vico Consorti, en la Puerta Santa de la Basílica Vaticana. Es el único caso en San Pedro del Vaticano. En la Cábala hebrea, el gato es asociado a la serpiente, símbolo del mal, siendo automáticamente convertido en emblema de la mentira y la traición, hasta tal punto de que los cristianos empezaron a representar un gato a los pies de Judas. También en el budismo el gato es asociado a la serpiente y se le reprocha que no llorara la muerte de Buda.

En la tradición patrística poco o nada se dice del gato, por lo demás, la Sagrada Escritura parece ignorarlo. Sólo hay un versículo del libro de Baruc, en el cual, profetizando la deportación a Babilonia del pueblo elegido, lo amonesta para que no caiga en los cultos paganos:

"La Virgen del Gato", óleo de Federico Barocci.

“La Virgen del Gato”, óleo de Federico Barocci.

“Tened cuidado, por lo tanto, no os volváis completamente similares a los extranjeros; que el temor a sus dioses no se apodere de vosotros. A la vista de una multitud que se postra delante y detrás de ellos y los adora, decíos a vosotros mismos: “Debemos adorarte, Señor.” Pues mi ángel está con vosotros, y es él quien se cuida de vuestras vidas. Ésos tienen una lengua pulida por un artesano, cubierta de oro y plata, pero son simulacros falsos y no pueden hablar. Y como una doncella que ama los adornos, toman oro y hacer coronas para las cabezas de sus dioses. A veces también los sacerdotes, quitándoles el oro y la plata a sus propios dioses, los gastan en sí mismos, y también lo dan a las prostitutas en los burdeles. Luego adornan con ropa, como a los hombres, los dioses de plata, oro y madera; pero no son capaces de escapar de la oxidación y la carcoma. Están envueltos en un manto de púrpura, pero hay que limpiarles la cara del polvo del templo que se posa abundante en ellos. Como el gobernador de una región, el dios tiene un cetro, pero no extermina a quien le ofende. Él tiene un puñal y un hacha en su mano derecha, pero no se librará de la guerra y de los ladrones. Por ello, es evidente que no son dioses; ¡no les temáis, pues! Así como un vaso de barro se vuelve inútil una vez roto, así también lo son sus dioses, colocados en los templos. Sus ojos están llenos de polvo, levantado por los pies de los que entran. Así como alguien que ha ofendido a un rey mantiene atrancado el lugar donde está para no ser llevado a la muerte, así los sacerdotes aseguran los templos con puertas, con cerraduras y barras, para que no sean saqueados por los ladrones. Encienden lámparas, incluso más de las que necesitan, pero los dioses no pueden ver ninguna. Son como un tramo del templo cuyo interior, se dice, se quemó, y también, sin darse cuenta, junto con sus túnicas se quemaron los insectos que se arrastran fuera de la tierra. Sus caras están ennegrecidas por el humo del templo. En su cuerpo y la cabeza anidan los murciélagos, las golondrinas, las aves, así como los gatos. De esto se deduce que ellos no son dioses; ¡no les temáis, pues!” (Bar 6, 4-22).

El gato, según los autores medievales, es tratado con sospecha y bien poca benevolencia. ¿Será culpa de esos ojos que brillan en la oscuridad y que parecen tan inquietantes? ¿O quizá por su índole sensual, que aún hoy nos hace decir “parece una gata en celo”? ¿O quizá porque, a diferencia del perro, es muy poco adiestrable, hasta tal punto de ponerlo como modelo de aquellos que no quieren someterse a las leyes divinas? He aquí por qué se asimila el gato -especialmente el de color negro- al demonio, y por extensión, a la brujería y a la blasfemia.

"Última Cena", fresco de Domenico Ghirlandaio. Convento de San Marcos, Florencia, Italia.

“Última Cena”, fresco de Domenico Ghirlandaio. Convento de San Marcos, Florencia, Italia.

El gato aparece en el arte sacro. Como ya hemos dicho antes, tenemos a Judas con el gato. Un ejemplo es Ghirlandaio y su Última Cena en el pequeño refectorio del convento dominico de San Marcos de Florencia (1481). Otros ejemplos son Lorenzo Lotto, Leonardo Da Vinci, Pieter Huys, Guido Reni, Federico Barocci y muchos otros. También el gato ha aparecido representado en lucha con el perro, en una clara alusión a la lucha entre el bien y el mal.

Sin embargo, el gato siempre ha sido útil contra los ratones, animales que valía la pena alejar porque eran portadores de la terrible peste y de otras infecciones. Esto hizo que el gato fuera un animal “de casa”, tanto que empezó a estar presente en los monasterios, entre los monjes y las monjas. El más famoso es el llamado gato cartujo. Una leyenda dice que los Cruzados que volvían de la expedición a Tierra Santa eran hospedados en las cartujas. Para compensar a los monjes por la hospitalidad ofrecida, ellos les regalaban un ejemplar de este exótico gato de pelaje azul grisáceo. Tenían fama de ser grandes cazadores de ratones, por ello los monjes empezaron a criarlos, para proteger sus graneros y despensas, así como para evitar la destrucción de sus preciosos manuscritos. Pero sólo es una leyenda, pues el gato cartujo es una de las razas felinas más antiguas, que fue importada a Francia desde Oriente por los caballeros templarios en torno al año 1100.

El gato, en las comunidades monásticas, se convirtió en casi un espejo de las virtudes propias de la vida monástica: adaptación, pobreza, soledad, discreción y capacidad de pasar repentinamente del sueño a la vigilia. Un ejemplo es el gato pintado por Antonello da Messina, en la National Gallery de Londres: “San Jerónimo en su estudio”. Aquí el gato evoca una silenciosa complicidad, una muda inspiración para los pensadores y escritores. Por último, también en la hagiografía está el gato. Una presencia esporádica, que va desde instrumento de tortura, hasta compañía caritativa.

Icono de Santa Gertrudis de Nivelles, patrona de los gatos. Obra de Marice Sariola.

Icono de Santa Gertrudis de Nivelles, patrona de los gatos. Obra de Marice Sariola.

Los Santos y el gato
Debemos iniciar, para hablar de la santidad y el gato, de la Santa de Nivelles, Gertrudis. El Martirologio Romano la recuerda el 17 de marzo: En Nivelles de Brabante, en la actual Bélgica, Santa Gertrudis, abadesa, que nacida de noble familia, tomó el santo velo de las vírgenes del obispo San Amando y gobernó con sabiduría el monasterio hecho construir por su madre, fue asidua en la lectura de las Escrituras y se consumió en la austera práctica de vigilias y ayunos.

Santa Gertrudis de Nivelles nació en Nivelles, en la región de Brabante (Bélgica) en 626 y murió el 17 de marzo de 659. Hija de Pipino de Landen, señor de Brabante y antepasado de Carlomagno, a la muerte de su padre (639) se hizo monja, junto a su madre Itta y su hermana Begga. Y la abadesa fue Itta hasta su muerte (652). Le sucedió Gertrudis, que aceptó el título, pero dejó a un fraile el poder efecto y se reservó para sí misma la tarea de instruir a monjes y monjas. Llamó de Irlanda a monjes doctos en la Sagrada Escritura y envió gente a Roma para enriquecer la comunidad con libros litúrgicos. Fue pronto rodeada de una aureola de santidad. Pero su verdadero prodigio fue la paz que consiguió entre las familias señoriales locales, divididas siempre por eternos enfrentamientos que para el pueblo sólo suponían saqueos, secuestros de rehenes y años de miseria. Cuando murió con sólo 33 años, en 659, la veneración fue inmediata.

Su cuerpo fue depositado en una capilla que posteriormente fue ampliada, arrasada y reconstruida hasta convertirse en basílica, de nuevo engrandecida, arrasada y reconstruida a través del tiempo. Sus restos serán entonces colocados en un precioso relicario del siglo XIII, destinado a ser víctima de la guerra, destruido en un bombardeo en 1940, junto con muchas viviendas de Nivelles.

Gertrudis ha sido venerada desde hace mucho como protectora contra las invasiones de ratones. La narración, carente de base histórica, es todavía señal de la admiración que siempre la ha acompañado. Esta invocación contra la infestación de roedores hace de Gertrudis de Nivelles la patrona de los gatos.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

Sueño experimentado por San Juan Bosco a los nueve años de edad, en relación a Jesús, María y la salvación de las almas.

De la patrona de los gatos pasamos al sueño del santo patrón de los jóvenes: Juan Bosco. La Iglesia Católica lo recuerda el 31 de enero. Este año 2015 va a ser el bicentenario de su nacimiento en Castelnuovo d’Asti el 16 de agosto de 1815, fiesta del santo peregrino de Montpellier, que tiene en común con Don Bosco el perro, el famoso Grigio. Don Bosco murió en Turín el 31 de enero de 1888.

San Juan Bosco es el gran apóstol de los jóvenes, fue su padre y guía en la salvación mediante el método de la persuasión, de la religiosidad auténtica, del amor listo siempre para prevenir tanto como para reprimir. Sobre el modelo de San Francisco de Sales, su método educativo y apostólico se inspira en un humanismo cristiano que saca motivaciones y energías de las fuentes de la sabiduría evangélica.

Fundó los Salesianos, la Pía Unión de cooperadores salesianos y, junto a Santa María Mazzarello, las Hijas de María Auxiliadora. Entre los bellos frutos de su pedagogía, destacamos a Santo Domingo Savio, quinceañero, que bien había entendido su lección: “Nosotros, aquí en la escuela de Don Bosco, hacemos consistir la santidad en estar muy alegres y en el cumplimiento perfecto de nuestros deberes”. San Juan Bosco fue proclamado Santo en la clausura del Año de la Redención, el día de Pascua de 1934. El 31 de enero de 1988 Juan Pablo II lo declaró Padre y Maestro de la juventud, “estableciendo que con tal título sea honrado e invocado, especialmente por cuantos se reconozcan hijos espirituales suyos”.

El Martirologio Romano así lo recuerda: “Memoria de San Juan Bosco, sacerdote. Después de una dura juventud, ordenado sacerdote, dedicó todas sus fuerzas a la educación de los adolescentes, fundando la Sociedad Salesiana y, con la colaboración de Santa María Dominica Mazzarello, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, para la formación de la juventud en el trabajo y en la vida cristiana. En este día, en Turín, después de haber cumplido con muchas obras, pasó devotamente al banquete eterno”.

Don Bosco es muy famoso por sus sueños proféticos y premonitorios, y como en las Sagradas Escrituras, el Señor habla al Santo con los sueños. El más famoso es el que tuvo a los nueve años: le pareció estar junto a su casa, en un patio muy grande, donde se veían muchos muchachos. Algunos reían, otros jugaban, no pocos decían palabrotas. Al oír las palabrotas, se lanzó a por ellos, intentando disuadirlos con puños y palabras. Pero en ese momento apareció un nombre majestuoso, noblemente vestido: su rostros era tan luminoso que no llegaba a verlo. Lo llamó por su nombre y le ordenó hacerse cargo de todos esos muchachos. Juan le preguntó quién le mandaba semejante imposible: “Yo soy Hijo de Aquélla a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día”. En aquel momento apareció una mujer majestuosa junto a él, y en aquel instante, en lugar de la multitud de muchachos, había un montón de cabritos, perros, gatos, osos y otros animales. La Virgen le dijo: “He aquí tu campo, he aquí donde debes trabajar. Crece humilde, fuerte y robusto, y he aquí que lo que ahora verás que sucede con estos animales, tú deberás hacerlo por mis hijos”. Entonces, en lugar de los animales feroces, aparecieron muchos corderos mansos, que corrían, balaban y saltaban. Después de este sueño el joven Juan Bosco sintió la vocación.

Beato Ángel de Acri. Lienzo de M. Zammatei (1815).

Beato Ángel de Acri. Lienzo de M. Zammatei (1815).

El sueño de los gatos amansados que se convierten en corderos nos lleva al “predicador de los gatos”, Ángel de Acri. El Beato Ángel de Acri, religioso franiscano de la reforma capuchina, es recordado en el Martirologio el 30 de octubre: “En Acri de Calabria, el beato Ángel, sacerdote de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, que, recorriendo incansablemente el reino de Nápoles, predicó la palabra de Dios con un lenguaje dirigido a los simples”.

Nació en Acri el 19 de octubre de 1669, y murió en su ciudad el 30 de octubre de 1739. Lucantonio Falcone tuvo un camino vocacional singularmente trabajado. Entró y salió del noviciado capuchino dos veces. La tercera intentona fue la decisiva. Fue ordenado sacerdote en 1700 en la catedral de Cassano en Ionio. Ejercitó su apostolado como padre provincial y, sobre todo, como predicador en todo el Mediodía durante 40 años. Era conocido como el Ángel de la paz, pero la predicación sistemática fue el ministerio principal de servicio que dio a la Iglesia en la Orden Capuchina durante cuarenta años. Fue el misionero más buscado y escuchado en la Italia meridional, tanto, que se decía que cuando predicaba “en casa no se quedaban ni los gatos”. Los testimonios jurados recuerdan cómo citaba de memoria la Sagrada Escritura y cómo hacía uso siempre de la evangelización del pueblo.

En vida y tras su muerte, acaecida en 1739, realizó numerosos milagros. Su cuerpo es venerado en la basílica de Acri, que le está dedicada. Ha sido beatificado por el papa León XII en 1825. Su cuerpo, recompuesto en una urna, es objeto de veneración cotidiana en la basílica a él dedicada en la ciudad de Acri.

Si Roque de Montpellier tenía un perro caritativo, Guido de Selvena tenía un gato caritativo. Guido de Selvena, religioso franciscano de la provincia de Grosseto, nació en Selvena en 1200 y murió en el convento del Colombaio en Seggiano en 1287 o 1278. Su memoria litúrgica de Beato se circunscribe a Maremma y a la Orden, el 4 o 5 de diciembre.

Ilustración del Beato Guido de Selvena con el gato trayéndole un pájaro cazado.

Ilustración del Beato Guido de Selvena con el gato trayéndole un pájaro cazado.

El convento del Colombaio fue fundado por San Francisco en 1220 cuando regresaba de Viterbo, donde había visitado al papa Onofre III. Muchos autores, hagiógrafos y cronistas franciscanos antiguos han escrito sobre el Beato Guido, pero quien se ha ocupado de él en su mayor parte es Wadding. Todavía novicio “mereció hablar dulcísimamente con Cristo”. Transcurrió su aprendizaje en Siena, y fue llevado junto con otros jóvenes al Colombaio por el Beato Pedro Pettinaio.

El Beato Guido era un hombre de tan gran fe y amor por el Señor Jesús, que cuando estaba ya cargado de años y enfermedades, el mismo Señor quiso mandarle un gato con un afecto y una disposición singular: cada día, cazaba en el bosque un pájaro y se lo traía para que el padre Francisco de Montalcino lo cocinase y se lo sirviese al Beato. En aquella época era ya su único alimento. El mismo día en que el Beato murió, el gato también expiró a sus pies. La fecha de la muerte no es segura, de ahí que se crea que pudiera ocurrir el 21 de abril de 1287 o de 1288.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
* Barbagallo Sandro – Gli animali nell’arte religiosa. La basilica di San Pietro in Vaticano – LEV, 2010
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Frigerio Luca – Bestiario medievale. Animali simbolici nell’arte cristiana – Ancora, 2014
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2015
* Jones D.M. – Animali e pensiero cristiano – EDB, 2013
* Maspero Francesco – Bestiario antico – Piemme, 1997
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Cantagalli. 1993
* Rossetti Felice – Un’amicizia coi baffi. Sorie di Santi e dei loro animali – Porziuncola, 2011
* Sitio web ladanzadellacreativittravelandexplore.blogspot.it
* Sitio web orthodoxie-celtique.net
* Sitio web papalepapale.com
* Sitio web wikipedia.org

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9 pensamientos en “Los Santos y el gato (I)

  1. Me ha gustado muchisimo este articulo porque a mi me gustan mucho los gatos, como les perros, pero no puedo tener uno propio por problemas de alergias.

    Algunos santos que mencionaste ya los conocia, como qa Santa Gertrudis y San Juan Bosco. El resto son nuevos para mi.

    Sinceramente creo que los gatos siempre han sido vistos muy superficialmente, y como no son tan “lambiscones” como los perros, a muchas personas no les parecen tran atractivos.

    Muchas Gracias.

  2. Gracias por este artículo, Damiano. El gato es uno de mis animales favoritos. Siempre he querido tener uno aunque nunca ha podido ser porque mi madre era alérgica a su pelo y se daba por sentado que mi hermana y yo también lo éramos. Al final ha resultado que sólo mi hermana lo es, no yo. Así que no veo la hora de tener uno, aunque esperaré a estar un poco libre de estudios y a tener la casa un poco mejor acondicionada, porque a diferencia de muchos, no voy a tener un animal en casa simplemente para adorno.

    Probablemente es uno de los animales cercanos al ser humano que más ha sufrido la incomprensión y la ignorancia de mentalidades cortas e irritables. Precisamente lo que se le atribuye como defecto lo veo yo como virtud: su indomabilidad, su fría inteligencia, su carácter esquivo y silencioso, su sinuosidad; lo hacen increíblemente bello y atractivo a mis ojos. Definitivamente me gusta. Esta naturaleza indomable que es propia de los felinos ha justificado su estúpida asociación con el demonio, y hasta en la Edad Media a estos pobres bichos se les sometía a juicios y ordalías, llegando a ser torturados y quemados vivos públicamente “porque tenían el demonio dentro” o porque se creía que eran responsables de algún otro tipo de mal. En fin, sin comentarios.

    Los vínculos de los Santos con los gatos mencionados aquí son bastante infundados, “cogidos por los pelos” podríamos decir, salvo el último: Guido da Selvena. Dices que era extraordinario que un gato cazara para alimentar a un humano al que le tenía cariño, pero esto no es nada raro y doy fe de ello porque conocí un caso así el verano pasado: una amiga se encontró una gata que había parido una camada de gatitos en el jardín de su chalet. La gata estaba muy débil y no podía moverse, pero esta chica la alimentó, cuidó de los gatitos y todos salieron adelante. Cuando se recuperó del todo, esta gata, todas las mañanas, sin falta, cazaba una rata gorda y bien hermosa y se la dejaba a esta chica a la puerta de casa, incluso esperaba a que saliera todas las mañanas para ir al trabajo, plantada al lado de la pieza. Al principio le daba un asco horrible y no entendía de qué iba la cosa, hasta que alguien le explicó que la gata le estaba dando las gracias por haberla salvado, dándole la mejor pieza que había cazado ese día. Bueno, pues eso es lo que le ocurría a Guido da Selvena, ni más ni menos. Probablemente aquel gato tenía algo que agradecerle o simplemente, le tenía cariño, por eso cazaba pájaros para él. ¿Quién dice que sólo los perros pueden ser un amigo fiel?

    • Yo no tengo gatos ni los he tenido nunca, pero no dejo de comprender que son unas mascotas que acompañan mucho, que siendo esquivos son fieles y que incluso dan menos lata que otras mascotas, como el perro. Yo tengo una perrita que me tiene “enchochado” y supongo que quienes tienen a un gato, el mismo cariño ha de tenerle. A mi me caen muy bien, pero en casa nunca los ha habido.
      Que algunos gatos hayan tenido relaciones con algunos santos lo veo tan normal que creo absurdo el ponerlo en dudas. Otra cosa serán las leyendas que puedan acompañar a estas relaciones.

    • Este tipo de historias son las que no me hacen perder del todo la fe en la humanidad. Esos monjes han hecho más por la humanidad al socorrer la vida de ese ex-asesino que todos esos líderes internacionales que sólo parlotean ante los micrófonos, y ahí queda todo.

  3. Tengo dos libros de pinturas sobre la Anunciación y la Última Cena, donde vienen las dos pinturas que incluyes en este articulo y que cuando la vi (hay otras con el mismo detalle) me causó gracia, pues en mi casa tenemos gatos y mios hermanas los quieren mucho. En la pintura de la Anunciación me da cierta risa, pues parece que el gato se ha asustado y huye al ver al Arcángel, algo muy propio de los gatos cuado se dan cuenta de la presencia de un exrtaño en el hogar.
    Supongo que escribrás sobre San Martín de Porres, que es el más famoso de los santos con su gato, infaltable con el perro y el ratón en sus estamapas.
    saludos.

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