Los santos y el sufrimiento (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Siervo de Dios Angelo Bonetta.

Fotografía del Siervo de Dios Angelo Bonetta.

Siervo de Dios Angelo Bonetta
Cigole (Brescia), 18 de septiembre de 1948 – 28 de enero de 1963

Como las chispas de un fuego crepitante, el aumento de brillantes y ardientes, que no llegan todos a la misma altura, muriendo unos antes que otros o que caen en el fuego que los generó, así, entre los seres humanos, hay ciertas almas que todavía viven en la juventud de la vida, antes de volver al Padre, sin llegar a ver un largo camino en su existencia. Este es el caso de tantos niños, adolescentes y jóvenes, afectados plenamente en su desarrollo físico y mental por enfermedades incurables o por accidentes mortales; la pérdida de los parientes es aun mucho mayor, cuando el Calvario es prolongado pero el final, sin embargo, es seguro. El sufrimiento vivido por los jóvenes y adolescentes es aún más desgarrador, porque junto al dolor es visible una vitalidad propia de la edad, que por la enfermedad lo comprime y bloquea permaneciendo en el lecho del dolor. Pero también en muchos casos sorprende la serenidad y la aceptación de la voluntad de Dios, a veces difícil de encontrar entre los adultos.

La Iglesia, la comunidad parroquial y civil, las asociaciones, los mismos parientes y amigos, lo han hecho después de la muerte prematura transmitiendo los mensajes recibidos de ellos, aunque sea en su breve vida terrenal, pero especialmente ayudando con ejemplos al distraido, frenético y convulso mundo de los jóvenes de hoy en día. Algunos son Siervos de Dios, otros son Venerables e incluso Santos y Beatos a los que llamamos o definimos como “testigos de la fe de nuestro tiempo”. Citemos a algunos de estos jóvenes, que son explendores de la fe cristiana, ángeles que pasan por la tierra dejando una luminoso estela de virtud, pureza, ejemplos y amor: Silvio Dissegna de doce años, de Moncalieri; Aldo Blundo de quince años, de Napoles; Angela Iacobellis de treve años, de Napoles; José Ottone de trece años, de Torre Annunziata; Maggiorino Vigolungo de catorce años, de Benevello (Cuneo); Maricarmen Gonzalez-Valerio, de nueve años y española; Laura Vicuña de trece años y chilena; Santo Domingo Savio de quince años y de Torino; Aldo Marcozzi, de catorce años y de Milano; Paola Adamo, de quince años y de Taranto; Ninni Di Leo, de dieciseis años y de Palermo; Pedro Percumas de diecinueve años y lituano; Domenico Zamberletti de trece años y de Varese; Willy De Koster, mexicano de diez años, etc.

A ellos hay que añadir al Siervo de Dios Ángel Bonetta, de catorce años de edad, o sea, un adolescente, que nació el 18 de septiembre del 1948 en Brescia, hijo de Francisco Bonetta y de Julia Scarlatti. Vivísimo e inteligente, como siempre suele decirse, estaba siempre dispuesto a crear problemas uno detrás del otro provocando una fuerte reacción de sus padres. Pero en el ámbito de esta vivacidad se vio obligado a echar el freno a causa de su pasión por la natación. Con la complicidad de su hermana y ocultándoselo a sus padres, iba a menudo a nadar al río Mella, que es un río peligroso como casi todos los ríos. Pero si su hermana confesaba a sus padres la escapada de Ángel, estos le prohibían que fuera a nadar al río. Por eso tuvo que echar el freno.

El Siervo de Dios Ángel Bonetta postrado en su lecho.

El Siervo de Dios Ángel Bonetta postrado en su lecho.

Frecuentó el asilo de las Canosianas que, vigilantes y atentas, notaron la fuerte inclinación del niño hacia la oración. Tenía una profunda devoción a Jesús, que se llegó a acrecentar con los años por el amor a la Eucaristía y al sacramento de la confesión. Las hermanas canosianas fueron siempre para Ángel como una segunda familia y su escuela, como una segunda casa. Su bondad se vía en sus ojos que eran brillantes y sinceros.

El 14 de abril del 1955, con seis años de edad y preparado por las Hermanas Canosianas, recibió la primera comunión. Entusiasmado actuaba como monaguillo en la Misa dominical, era simpático con los amigos y con los más pequeños, jugaba muy bien al fútbol, especialmente arbitrando con la confianza de todos sus compañeros. Terminada la escuala elemental, con once años de edad entró en un colegio de Brescia para continuar sus estudios, más apenas pasados quince días comenzó visiblemente a cojear debido a un terrible dolor en una rodilla. Informados sus padres, fue ingresado en un hospital de Brescia, donde después de realizarle unas exhaustivas pruebas se le diagnosticó un tumor. Así inició un largo y doloroso Calvario, entre cuidados intensivos y hospitalizaciones que terminaron con la amputación de una pierna el día 2 de mayo del 1961. El período postoperatorio fue muy difícil, debido a que a los fortísimos dolores físicos se le sumaron los síquicos originados al saber que había perdido una pierna.

Solo tenía doce años de edad y en los momentos más difíciles encontró la fuerza al invocar la ayuda de Jesús y de la Virgen: “Señor, te ofrezco todo por los pobres pecadores, pero ayúdame Tu a no negarte nada”. En la mesilla de noche tenía la historia de los niños videntes de Fátima, a quienes la Virgen María había invitado a ofrecer penitencias y oración por la conversión de los pecadores y Ángel (o Angelino) como le llamaban, estaba destinado a imitarlos. En su larga convalecencia en el hospital conoció el Centro Voluntario del Sufrimiento y allí se convenció de que un enfermo que tiene un mínimo de fuerzas, debe ofrecerlas a Jesús Crucificado para conseguir la salvación del mundo. Y así, fue invitado a orar y a ofrecer sus sufrimientos por un anciano protestante de sesenta años de edad que estaba lejos de recibir los sacramentos y por un joven ateo inflexible.

Foto de su sepultura.

Foto de su sepultura.

De vuelta a casa, le organizaron una fiesta, pero sus amigos, avergonzados y tristes por su pierna perdida, no estaban de humor para divertirse. A Angelino se le ocurrió una broma para romper el hielo ante el asombro de todos los presentes: “¿Qué pasa con esas caras? ¿Esta es una fiesta? Mirad el lado positivo porque ahora me voy a lavar los pies y a cortarme las uñas”. El deterioro no lo detuvo, siempre estaba bromeando y de buen humor moviéndose fácilmente con las muletas. En agosto del año 1961 en los ejercicios espirituales realizados en Re (Novara) por Voluntarios del Sufrimiento, se convirtió en un amigo de todos y en un modelo para los enfermos. Minimizando su mal, comenzó a consolar a los pacientes de las distintas salas del hospital donde era ingresado de vez en cuando, instando a todos a tener una tranquila resignación y a coger fuerzas con la oración.

Pero este adolescente deseaba donarse aun más completamente a Dios, aunque sin embargo, su corta edad podría ser un impedimento. De este pequeño apóstol, se acordó el Beato Luis Novarese, fundador de los Voluntarios del Sufrimiento, quién en mayo de 1962 invitó a Angelino a prepararse para consagrarse al Señor. El 21 de septiembre de 1962, con algo menos de catorce años, pronunció los votos de pobreza, castidad y obediencia, en la Asociación de los “Silenciosos Operarios de la Cruz”, fundados también por don Novarese el 1 de noviembre del año 1950. Esta fue la alegría más grande que recibió en aquellos años de dolor, ya que veinte días más tarde, el 12 de octubre de 1962 se vio obligado a quedarse en cama de la que ya nunca se levantaría. No obstante la amputación, el tumor avanzaba en su joven cuerpo, originándole otros largos meses de sufrimiento, que fueron útiles para que consiguiera el Paraiso y la conversión de algunas almas.

Una noche le dijo a su madre: “Si yo muero pronto, ¿tú que harás?” Y ella respondió inmediatamente: “Siempre cumpliremos la voluntad de Dios”. Esta sublime afirmación iluminó a Ángel que veía presente su hora de partida hacia el Paraiso. El 27 de enero de 1963, el párroco lo confesó, le llevó la Eucaristía como Viático y le administró la Unción de los Enfermos. Cerca de la medianoche, Ángel invitó a rezar a los presentes y se quedó dormido. Sobre las dos de la madrugada, se despertó y mirando dulcemente a su madre, le dijo: “Mamá, estamos aquí. Esta es mi hora” y mirando a una imagen de la Virgen que estaba sobre su mesilla de noche, se durmió en el Señor. Era el 28 de enero de 1963. El 19 de mayo de 1998 fue abierta su Causa de beatificación.

Fotografía de la Beata Clara Luz Badano

Fotografía de la Beata Clara Luz Badano

Beata Clara Luce Badano
Vivía en Sassello, con su padre Ruggero, que era camionero y con su madre María Teresa, que era ama de casa. De fuerte carácter, dura, desinteresada, de rasgos finos y ojos claros grandes, de sonrisa abierta, le encantaba la nieve y el mar y practicaba muchos deportes. Sentía cierta debilidad por las personas ancianas a las que cubría de atenciones. Con nueve años de edad, conoció a los “Focolarini” de Clara Lubich entrando a formar parte de ellos. En la lectura de sus cuadernos subyace la alegría y el asombro por descubrir la vida. Terminado el preescolar en Sassello, se marchó a Savona donde asistió a la escuela primaria.

Con seis años de edad, durante una partida de tenis, sintió sus primeros dolores en la espalda: el primer diagnóstico fue un callo óseo, que se convirtió en un osteosarcoma después de realizarle unos análisis. Fueron inútiles las intervenciones en la columna vertebral, la quimioterapia, llegando pronto los espasmos y la paralización de las piernas. Rechazaba la morfina porque le quitaba lucidez. Quiso estar informada de todo sin perder nunca su habitual sonrisa. Algunos médicos, no practicantes, le aconsejaban recurrir a Dios.

Su habitación, primero en el hospital y posteriormente en su casa, se convirtió en una pequeña iglesia, lugar de encuentro y de apostolado: “Lo importante es hacer la voluntad de Dios…, es mantener su juego, pues otro mundo está esperando por mi. Me siento envuelta en un hermoso diseño que, poco a poco, se revela en mi… Me gustó mucho el ciclismo, pero Dios me ha quitado las piernas, aunque me dio alas…”. Clara Libich, que la seguía de cerca durante toda su enfermedad, le escribió una carta que la llenó de alegría.

Monseñor Livio Maritano, el obispo diocesano, la recuerda así: ”En ella se sentía la presencia del Espíritu Santo que la hizo capaz de convencer a la gente que se acercaban a ella, por su amor a Dios y a los hombres. Regaló a todos una experiencia muy rara y muy ecepcional”. En sus últimos días, Clara apenas podía hablar, pero quiso prepararse para encontrarse con su Esposo eligiendo un sencillo vestido blanco, muy simple, con una banda de color rosa. Llamó a una amiga para ver cómo le sentaba y dijo a su madre cómo quería que la peinase y con qué flores engalanara la iglesia, que canciones y qué lecturas quería para su funeral, porque el rito tenía que ser una fiesta.

Sus últimas palabras fueron: “Mamá, se feliz porque yo lo soy. ¡Adiós!”. Murió al amanecer del día 7 de octubre de 1990. Desde entonces, su tumba en Sassello es meta de peregrinaciones, sobre todo de jóvenes que le llevan flores, cartas, ofertas para sus negritos de África y peticiones de gracias. El proceso de su Causa de beatificación, después de la clausura de su fase preliminar diocesana, iniciada el 7 de diciembre de 1998, prosiguió en Roma desde el 7 de octubre del año 2000 hasta su beatificación por SS. Benedicto XVI el 25 de septiembre de 2010.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Fotografía de Gema Galgani, tomada cuando tenía 22 años de edad.

Santa Gema Galgani
Bogonuevo (Lucca), 12 de marzo de1878 – 11 de abril de 1903

Gema Galgani nació el 12 de marzo del año 1878 en Bogonuovo (Lucca), recibiendo el bautismo al día siguiente de su nacimiento, El 26 de mayo del 1885, en la iglesia de San Michele in Foro, el arzobispo de Lucca le administró la confirmación. Su madre Aurelia murió en el mes de septiembre de 1886, lo que le produjo un gran dolor, así como la muerte de su hermano Gino, que era seminarista y que ocurrió en el año 1894 cuando apenas tenía dieciocho años de edad.

En el año 1895, Gema recibió la inspiración de seguir con empeño y decisión la vida de la cruz como si fuera el itinenario del cristiano. Tuvo algunas visiones de su ángel custodio que le recordaba que las joyas de una esposa del Crucificado eran la cruz y la corona de espinas. El 11 de noviembre de 1897 murió también su padre Enrique y las miserables condiciones de vida de la familia la obligaron a dejar su casa en la calle San Jorge para cambiarse a otra más modesta en la calle del Biscione, nº 13. Estuvo un cierto tiempo en Camaiore, junto con una tía que había querido llevársela consigo después de la muerte de su padre, pero en el otoño del año 1899, enfermó gravemente y retornó a su casa.

Los meses del invierno marcaron un gran sufrimiento para toda la familia debido a las penurias económicas propias de toda familia numerosa, porque además de dos tías llamadas Elisa y Elena, estaban los hermanos de Gema: Gil, Héctor y Tonino y las hermanas, Angelina y Julieta. Gil, que era el hermano mayor, estudiaba en Pisa y después de licenciarse en farmacia, trató de ayudar a su familia trabajando en el hospital de Lucca. También, con el sacrificio de todos, Totino estudiaba en Pisa. Durante el período de su enfermedad, Gema leía la biografía del venerable pasionista Gabriel de la Dolorosa (hoy santo) y tuvo la aparición del venerable que le dio palabras de consuelo.

La Santa en éxtasis. Lienzo basado en una fotografía real.

La Santa en éxtasis. Lienzo basado en una fotografía real.

En ese tiempo, maduró en ella una decisión y en la tarde del 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, hizo voto de virginidad. La noche siguiente, el venerable Gabriel se le apareció de nuevo llamándola “hermana mía” y dandole para que lo besara el emblema de los pasionistas que llevaba en el pecho. En el mes de enero, siendo baldías todas las terapias médicas, la enfermedad de Gema (una osteítis en las vértebras lumbares con absceso inguinal) llegó a paralizarle las piernas. Para agravar la situación, el 28 de enero apareció una otitis purulenta que le afectó el mastoides. En aquellos días, su hermano Gil se marchó a Bagni di San Giuliano donde obtuvo una farmacia. Gema siguió recibiendo el consuelo de las visiones del venerable Gabriel y de su ángel custodio, pero tentada por el demonio, logró vencerlo con la ayuda de Gabriel, que se había convertido en su guía espiritual.

El 2 de febrero los médicos la dieron por desahuciada; según ellos, no pasaría de aquella noche, pero Gema entre indecibles sufrimientos, sigue pasando sus días en oración. El 3 de marzo es el primer viernes del mes y la joven ha terminado una novena en honor de la entonces Beata Margarita María de Alacoque, pero al acercarse a la Eucaristía, se produce una curación milagrosa. El 23 del mismo mes, de vueltas a casa después de comulgar, Gema tuvo otra visión del venerable Gabriel que le indicaba el Calvario como su meta final. El 30 de marzo, Jueves Santo, estando Gema en oración cumpliendo la “Hora Santa” en unión con Jesús en el Huerto de los Olivos, se le aparece el mismo Cristo herido y sufriente. El mes de abril siguiente, preocupada por no saber amar a Jesús, Gema se encuentra nuevamente delante del Crucifijo y escucha palabras de amor: Jesús la ha amado hasta la muerte y es el sufrimiento el que enseña a amar.

Matrimonio místico de Santa Gema, en presencia de su ángel de la guarda. Lienzo contemporáneo.

Matrimonio místico de Santa Gema, en presencia de su ángel de la guarda. Lienzo contemporáneo.

El 8 de junio, después de haberse acercado a la Eucaristía, Jesús se le aparece anunciándole una enorme gracia. Ella siente el peso de los pecados, pero tiene una vivisón de la Virgen, del ángel custodio y de Jesús. María, en nombre de su Hijo perdona los pecados y le pide que su misión sea que de las heridas de Jesús no salga más sangre y con llamas de fuego toca las manos, los pies y el corazón de Gema. Ella se siente morir, está a punto de caerse al suelo, pero Maria la abraza y le besa la frente. Gema está arrodillada, en la tierra, con un fortísimo dolor en las manos, en los pies y en el corazón, del que le sale sangre, pero estos dolores no la afligen sino que le dan una paz perfecta. A la mañana siguiente se acercó a comulgar con las manos tapadas. Los dolores le duraron hasta las tres de la tarde del viernes, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

Desde aquella tarde, todas las semanas, Jesús llamó a Gema para que ejerciera con Él la obra de la salvación, uniéndola a todos sus sufrimientos físicos y espirituales. Esta grandísima gracia, para Gema fue motivo de inefables alegrías pero también de profundos dolores. En su casa había confusion e incredulidad por lo que le ocurría; a Gema la regañaban sus tías y sus hermanos, a veces se veía ridiculizada y burlada por sus hermanas, pero ella lo soportaba en silencio y esperaba. En los meses de aquel verano conoció a los padres Pasionistas comprometidos en una misión popular en la Catedral; uno de ellos entró en la casa de los Giannini. Gema conocía ya a la señora Cecilia con la que había iniciado una verdadera y profunda amistad, por lo que era para ella como una segunda madre y en enero del 1900 comienza a escribirle al padre Germán – el sacerdote pasionista al que había conocido -, encontrándose con el personalmente en el mes de septiembre. También en septiembre, Gema abandonaba definitivamente a su familia para irse a vivir a la casa Giannini, volviendo a su casa solo en raras ocasiones para consolar a su hermana Julieta.

Relicario con el corazón de la Santa. Santuario de Santa Gema Galgani, Madrid (España)

Relicario con el corazón de la Santa. Santuario de Santa Gema Galgani, Madrid (España)

En el mes de mayo del año siguiente, Gema enfermó de nuevo, se repone pero recae en octubre. Mientras tanto, mueren su hermana Julia (el 19 de agosto) y su hermano Tonino (el 21 de octubre). El 24 de enero, por orden médica, la familia Giannini debe transferir a Gema a un apartamento alquilado por su tía Elisa, viviendo allí Gema la experiencia del abandono de Jesús en la cruz y el silencio de Dios. Es fuertemente tentada por el demonio, pero su fe no se viene abajo, no perderá la paciencia y siempre estará llena de amor y de reconocimiento hacia quienes la atienden en su enfermedad. Al mediodía del 11 de abril del 1903, Sábado Santo, como antes se hacía, las campanas anuncian la resurrección de Cristo y a las dos menos cuarto de la tarde, Gema se dormirá en el Señor asistida amorosamente por la familia Giannini.

El 14 de mayo de 1933 el Papa Pío XI incluirá su nombre entre los beatos de la Iglesia. El 2 de mayo de 1940 el Papa Pío XII reconociendo la práctica heroica de sus virtudes, la elevará a la gloria de los santos y la pondrá como modelo para la Iglesia universal. Su fiesta se celebrará el 11 de abril, mientras que en la Familia Pasionista y en la diócesis de lucca, se la festejará el 16 de mayo.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiografico: 1977 – 2008
* Dora Samà – “La vita nascosta in Cristo. La Monachella di San Bruno”, Sud Grafica Marina di Davoli (2006)
* AA. VV. de santibeati.it

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

5 pensamientos en “Los santos y el sufrimiento (II)

  1. Acabo de leer su publicación sobre los santos y el sufrimiento II y me parece que tienen un pequeño error sobre Clara Luce Badano, no es sierva de Dios sino Beata pues el 25 de diciembre de 2010 fue incorporada al orden de los bienaventurados después que Benedicto XVI diera su aprobación para lo mismo.
    Sus padres estaban presentes en la ceremonia que se efectuó en el Santuario de Nuestra Señora del Divino Amor. Su fiesta litúrgica se celebra el 29 de octubre.

    • Así es, Manuel. Al parecer este artículo se redactó con anterioridad a su beatificación, aunque ha sido publicado ahora en nuestro blog. Gracias por tu indicación, ya ha sido rectificado. Saludos.

    • Muchas gracias, Manuel, por corregirnos ese error. Efectivamente, Clara Luce Badano es beata, desde el 25 de septiembre del 2010. Fue beatificada en septiembre, no en diciembre.

  2. Gracias Damiano.
    Yo no conocía a la joven Beata Clara Luce. Su testimonio desde la enfermedad es sobrecogedor. Con mucha entereza, para ser tan joven, acepto la enfermedad y con su ejemplo nos mostró un camino mas para amar a Dios y ser santos.
    Que bonitas visiones tuvo Santa Gema, no me canso de leer las confortadoras visiones de San Gabriel de la Dolorosa donde le daba ánimos y la consolaba en esas duras enfermedades que soporto.

    • Pues qué mal por mi parte, porque tengo estampas de esta Beata y juraría que te había mandado alguna. Me vuelvo loca con esto de los intercambios y ya no sé a quién le he mandado qué. Veamos si para el próximo envío tienes una Clara Luce para ti 🙂

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