San José Benito Cottolengo, presbítero y fundador

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Óleo-retrato del Santo.

Óleo-retrato del Santo.

Introducción
La ciudad Turín, al norte de Italia, tiene dentro de su área el recuerdo y el sepulcro de muchos santos en comparación con otras ciudades; lo singular del caso es que ellos vivieron y trabajaron por el Reino de Dios allí mismo, dando testimonio de su fe en Jesucristo. Ya desde el comienzo del cristianismo hasta bien entrado el siglo XX, encontramos admirables ejemplos de santidad, siendo desde la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX la conjunción del tiempo donde convivieron la mayoría de ellos. A continuación veamos el elenco de estos personajes de los cuales ya muchos de ellos tienen un artículo elaborado.

Comenzamos con los Santos Mártires de Turín Adventor, Solutor y Octavio, San José Cafasso, San Juan Bosco, Santa María Dominica Mazzarello, Santo Domingo Savio; por un tiempo vivieron allí los Santos Luis Versiglia y Calixto Caravario, que murieron mártires en China, San Luis Orione, San Luis Guanella, San Leonardo Murialdo. En el grupo de los Beatos hallamos al Beato Miguel Rúa, Beato Felipe Rinaldi, Beata Magdalena Morano, Beato Francisco Faa di Bruno, Beato José Allamandi, Beata Juana Francisca de la Visitación Michelotti, Beato Pedro Jorge Frassati y entre las candidatas al honor de los altares están la Venerable Margarita Occhiena, la Sierva de Dios Julia Colbert y su esposo el Siervo de Dios Carlos Tancredi. Esta lista no estaría completa si no se hablara de San José Benito Cottolengo, sacerdote ejemplar, promotor de la caridad y cuya obra es toda una institución. Valga este artículo como un homenaje a este santo en el día de su celebración.

Biografía
San José Benito Cottolengo nació en Bra, en el Piamonte, el 3 de mayo de 1786, siendo el primogénito de una familia de doce hermanos formado por Agustín Cottolengo y Benita Chiaretti, la cual tuvo una sólida formación cristiana, aprendiendo de su madre la preocupación por los pobres y necesitados.

Grupo escultórico del Santo con su lema: "El amor de Cristo nos urge".

Grupo escultórico del Santo con su lema: “El amor de Cristo nos urge”.

Sus estudios en el Seminario fueron difíciles pues no tenía capacidad para ellos, por lo que se encomendaba a Santo Tomás de Aquino para que le ayudara a estudiar y comprender, para obtener inteligencia y buena memoria, lo que logró por intercesión del Doctor Angélico. Al concluir sus estudios sacerdotales, fue ordenado en la capilla del Seminario de Turín por Monseñor Pablo Solaro el 8 de junio de 1811. Entones se dedicó a la dirección de almas y preocupado por las obras sociales y de caridad, sobresalió por su dedicación a los pobres y enfermos sin recursos.

Alternó estas actividades con los estudios teológicos, en los que quien antes tenía dificultades, ahora era sobresaliente, lo que le hizo ganar una canonjía en la Colegiata del Corpus Domini, un templo muy querido en Turín y construido para conmemorar un milagro eucarístico. Demostró entonces una gran habilidad para la predicación mientras en su alma se despertaba una gran inquietud espiritual que le hacen buscar la contemplación, la renuncia a las cosas superfluas y la búsqueda de una dirección que le impulsara a un apostolado de acción social cuyos destinatarios fueran los últimos y más olvidados por la sociedad. Cabe señalar que en este tiempo y por estas razones se inscribió en la Tercera Orden de San Francisco de Asís, lo cual le serviría para ver como hermano y amarle como tal al despreciado por ser marginado, enfermo y pobre.

El 27 de septiembre de 1827 asiste a la muerte de María Gonnet, que murió porque ningún hospital la quiso atender, dejando varios hijos en la orfandad. Así tuvo la inspiración de fundar un hospital que socorriera todo tipo de enfermos rechazados por las instituciones existentes, fundando dicha obra en un local anexo a la iglesia donde era canónigo. Los inicios de esta obra fueron sencillos, con espacio reducido y con lo más imprescindible para asistir a sus destinatarios, contaba con el apoyo de algunos voluntarios, varias jóvenes aspirantes a la vida religiosa y de unos cuantos seglares asalariados. Fue así como nació el Instituto de la Divina Providencia, germen del posterior proyecto social del santo.

Estampa devocional italiana del Santo.

Estampa devocional italiana del Santo.

Este lugar pronto resultó insuficiente y dado que en 1831 hubo un brote de cólera, las autoridades clausuraron el establecimiento aunque con la disposición de reabrirlo en otro lugar adecuado y cercano. Las dificultades no lo alteraron pues siempre estuvo confiado en la Divina Providencia en quien había depositado su vocación a la caridad. Pronto hubo un lugar disponible donde inició la Pequeña Casa de la Divina Providencia en abril de 1832. Desde este núcleo se recibieron como preferidos a los más necesitados y excluidos. Las camas pronto pasaron de cinco a ciento cincuenta sin faltar el apoyo legal, con la colaboración de jóvenes de ambos sexos que dieron origen a congregaciones de oración y escuelas. Pronto el edificio recibió el nombre del fundador: “El Cottolengo”. Los enfermos allí recluidos recibían apoyo moral, cuidado de su salud y formación religiosa. Para este fin, el santo instituyó a las Damas de la Caridad, a las que nombró Vicentinas, aunque el pueblo las llamaba coloquialmente “Cottolengas”.

Liberal y profuso, repartía a manos llenas cuanto disponía sin preocupación por el cálculo. Distribuyó a los enfermos por áreas según la enfermedad que padecían, así surgieron proyectos para adolescentes con asistencia e instrucción, formación de oficios, el cultivo de la vocación religiosa, residencia para sordomudos, acogida para niños sin familia, enfermos psíquicos e inválidos. El lugar pronto adquirió el carácter de una ciudad autónoma con medios e instituciones propias que ayudaban en su sostenimiento: panadería, sastrería, carnicería, etc.

Para un mundo actual donde todo gira en torno al dios dinero, San José Benito Cottolengo causa estupor por su confianza ciega en la Divina Providencia, que hace salir el sol sobre buenos y malos y que manda la lluvia sobre justos e injustos. Sin preocuparse por el mañana y vivir al día con sus propios problemas, rechazó ayudas económicas oficiales y rentas fijas, hubo entonces cuentas que eran saldadas de manera admirable, con la ayuda de la Santísima Virgen María. No faltaron tampoco los milagros en favor de los necesitados como cuando el santo multiplicó los alimentos para dar abasto a todos. Cuando faltaba algo necesario, enseguida hacía buscar una cama vacía y concluía, cuando era hallada, que Dios no enviaba lo necesario por ello.

Procesión con las reliquias del Santo.

Procesión con las reliquias del Santo.

Entre sus pensamientos podemos hallar los siguientes:
– “¿Vivimos entre angustias y estrecheces? Demos lo que nos queda para dar vía libre a una mayor Providencia: Si no hay camas, aceptaremos enfermos, si no hay pan y vino, aceptaremos más pobres”.
– “Estén seguros que la Divina Providencia no falta nunca…si alguna vez faltare algo, no puede ser sino por nuestra falta de confianza”.
– “Es necesario confiar siempre en Dios, si Dios responde con su Divina Providencia a la confianza ordinaria, proveerá extraordinariamente a quien extraordinariamente confíe”.
– “Qué gran injusticia harán a la Divina Providencia si dudasen de ella un solo momento y – y que Dios no lo permita – se quejen de ella”.
– “Queden tranquilos, no tengan miedo, todos nosotros somos hijos de tan buen Padre que piensa más en nosotros que nosotros en Él.”
– “No anoten lo que la Divina Providencia envía y no quieran saber el número de enfermos, cometerían una indelicadeza con la Divina Providencia. Ella es más práctica que nosotros en la teneduría de libros y no nos necesita, no nos mezclemos en sus asuntos”.
– “En la “Pequeña Casa” no se debe rezar nunca por el pan material, Nuestro Señor nos ha enseñado a buscar el Reino de Dios, que todo lo demás se nos dará por añadidura y nosotros debemos rezar así”
.

No en vano el P. Fontana, un oratoriano de Turín decía: “Se encuentra más fe en el Canónigo Cottolengo que en toda Turín”. Y ello porque el Santo decía: “Creo más en la Divina Providencia que en la existencia de Turín”.

Urna con las reliquias del Santo.

Urna con las reliquias del Santo.

San José Benito Cottolengo murió el 30 de abril de 1842 a los cincuenta y seis años. Fue beatificado el 29 de abril de 1917 por el Papa Benedicto XV y canonizado el 19 de marzo de 1934 por el Papa Pío XI, quien lo definió como “Genio del bien”.

La obra por él iniciada, continúa viva después de su paso por esta vida; según su carisma, es un monumento a la Providencia de Dios. La inquietud social que brotó de su preocupación por los más necesitados, hace que los beneficios de la caridad sigan llegando actualmente para socorrer a muchísimas personas que acuden a este lugar.

Humberto

Bibliografía
– MARTÍNEZ PUCHE, José A. Nuevo Año Cristiano: abril, EDIBESA, Madrid, pp. 408-410.
– VV.AA., Año Cristiano: abril, BAC, Madrid, 2003, pp. 672-676.

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Santos Teodora y Dídimo, mártires de Antioquía

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Icono ortodoxo copto de los Santos.

Icono ortodoxo copto de los Santos.

Ayer, al tiempo que hablábamos de los mártires de Rávena-Milán, se celebraba también la fiesta de una pareja de mártires cuya historia es una de las más curiosas y amenas que se pueden encontrar en la hagiografía tradicional: la de los Santos Teodora, virgen, y Dídimo, soldado, mártires en Antioquía según algunas versiones, y en Alejandría según otras. De la passio existen dos ediciones, una latina y otra griega, pero ha conocido un desarrollo posterior por el encanto intrínseco que ofrecía esta historia.

La historia, que no tiene desperdicio, fue reproducida en la Leyenda Áurea de Santiago de la Vorágine como “Una santa doncella de Antioquía”, donde no daba nombre a los protagonistas. Este relato, narrado por San Ambrosio originalmente, es una historia ejemplificante pensada y descrita para que sirviera de instrucción de los cristianos en la fe; tiene un gran encanto en su simplicidad. Hay que hacer notar, sin embargo, que es la tradición ortodoxa quien da el nombre de Teodora -cuyo nombre significa, en griego, “regalo de Dios”- a esta mártir y la sitúa en Alejandría (aunque no especifica cuál, habiendo varias Alejandrías, como Antioquías, en el mundo antiguo), mientras que la Leyenda Áurea, de tradición católica, no le da nombre y la sitúa en Antioquía.

Sin duda el relato de la Leyenda Áurea -uno de los más entretenidos de La Vorágine- está inspirado en la passio de los Santos Teodora y Dídimo, por lo que, para darle más “jugo” al artículo que, de otro modo, se quedaría algo corto, reproduciremos un extracto de esta versión, advirtiendo al lector lo que es -un relato edificante- para luego desgranar lo que se encuentra tras él.

“Una santa doncella de Antioquía”
En esta ciudad, en efecto, vivía una joven virgen, tan recatada que nunca se dejaba ver en público y vivía enclaustrada en su casa, donde hacía continuo ejercicio de oración y meditación. Sin embargo, cuanto más se ocultaba de las miradas de las gentes, más se excitaban los curiosos y los indiscretos, pues se rumoreaba que la joven era de una exquisita belleza. Como ella no quería despertar apetitos lascivos ni esperanzas amorosas en nadie, para conservar su dignidad, se ocultó de miradas indiscretas, y así concitó una gran curiosidad alrededor de ella.

Icono ortodoxo griego de Santa Teodora, mártir de Alejandría.

Icono ortodoxo griego de Santa Teodora, mártir de Alejandría.

En aquel tiempo surgió la persecución contra los cristianos, y con ella un serio problema para la joven, pues habiendo vivido siempre encerrada, no tenía dónde ir y su corta edad le impedía manejarse por el mundo. Al llegar la persecución a la ciudad, un grupo de violentos hombres, oyendo la fama de santa que tenía la joven, entraron como una turba en su casa y se la llevaron entre empujones y malos tratos. Luego, la expusieron en la plaza pública para que todo el mundo la contemplase y saciase su curiosidad, y en efecto, reconocieron todos que era muy hermosa, creando entre el público una gran expectación.

Luego la entregaron a manos del gobernador de la ciudad, Eustracio, que se dirigió a ella y la interrogó: “¿Cómo es que, siendo tan bella y estando ya en edad núbil, no te has casado?” Ella respondió: “No he tomado marido porque me he consagrado al Señor y he decidido permanecer virgen por su Nombre.” Eustracio dijo que le daba tres días para reflexionar y sacrificar a los dioses, o de lo contrario, la llevaría a un burdel para que la obligaran a prostituirse -léase este artículo para saber más sobre la violación ritual de las vírgenes antes del suplicio-. Ella no dijo palabra alguna y bajó el rostro, pues la sola idea de tener miles de ojos mirándola la hacía enrojecer.

Durante los tres días que la virgen permaneció encerrada, reflexionó para sí misma: “Veamos qué debo hacer en esta coyuntura: me piden que elija entre el martirio y la virginidad. La virginidad del alma es superior a la del cuerpo. Las dos juntas son un bien excelente y debo conservarlas mientras sea posible, y cuando ya no lo sea, debo preferir la primera aunque tenga que sacrificar la segunda. Puedo permanecer pura a los ojos de Dios aunque mi cuerpo lo hayan manchado los hombres.” Este tipo de reflexión, que vemos apuntada en otros lugares como la passio de Santa Lucía, pretendía exculpar a las vírgenes cristianas que eran violadas durante los procesos judiciales, librándolas de la mancha espiritual que podía suponer el estupro, siendo preferible que conservaran la fe -no apostatando con un sacrificio pagano- a que conservaran la integridad física… en cualquiera de sus aspectos.

Pasados los tres días y hecha comprobación de que la joven seguía adelante en su proposición, Eustratio mandó ejecutar su amenaza. La llevaron al prostíbulo, y allí la metieron en una habitación y atrancaron la puerta. Mientras fuera discutían los hombres quién sería el primero en entrar y tener el privilegio de llevarse su virginidad, ella se arrodilló en el centro de la estancia, alzó las manos y suplicó a Cristo que la asistiera en aquel trance: “¡Haz, Señor, por tu bendito nombre, que quien entró virgen en este antro de lujuria, virgen salga de él!”

Teodora y Dídimo se intercambian las vestiduras. Grabado de Jan Van Luyken.

Teodora y Dídimo se intercambian las vestiduras. Grabado de Jan Van Luyken.

Al momento, irrumpió en la habitación un corpulento soldado. Cuando el elegido ya iba a entrar para solazarse con la muchacha, este joven imponente y de mirada fiera, intimidando a los demás, se había arrogado el derecho de entrar el primero. Ella lo contempló aterrorizada, creyéndose ya perdida, sin embargo, el soldado le propuso intercambiar sus ropas, para que ella pudiese escapar: “Cuando salgas de aquí, no mires atrás. No tengas miedo, todo saldrá bien: yo moriré en tu lugar y tu quedarás salvada de la injuria a la que te habían destinado.”

A continuación, se despojó de la clámide, y se la entregó a la doncella, que inclinó el cuello para recibirla. Luego le pasó el gorro, dentro del cual la joven recogió y escondió su cabellera y se embozó el rostro. Ella se despojó de sus vestidos bajo la ropa del soldado y se los entregó, vistiéndose él de mujer. Trocadas las ropas, ella salió apresuradamente, pasando por delante del grupo de clientes, que discutía aún sobre quien sería el siguiente en entrar. Al verla salir, pensaron que era el anterior cliente, y entró uno en la cámara. Pero al ver a un hombre en lugar de a una mujer, se quedaron estupefactos, y pasado el primer instante de estupor, reconocieron al soldado y la farsa que había tramado. Enfurecidos porque había propiciado que la codiciada víctima escapara, se apoderaron de él y lo llevaron ante Eustracio. Él se proclamó cristiano, y por ello fue condenado a muerte.

El día en que iban a ajusticiar al soldado, se congregó una gran multitud en el patíbulo dispuesto a presenciar la decapitación. Cuando ya estaba el hacha en alto para descargar el golpe mortal, de pronto se oyeron rumores y susurros ahogados que hicieron detenerse al verdugo. La hermosa virgen había aparecido entre la multitud y subía tranquilamente los escalones del patíbulo, yendo a parar junto al reo, el verdugo y el grupo de los perseguidores. Cuando él le preguntó, sorprendido, qué hacía allí, ella respondió: “Cuando yo acepté tu propuesta, no lo hice para salvar mi vida, sino mi honor, así pues, aquí estoy. Si estos malvados quieren ultrajarme, sigo siendo mujer, si quieren derramar mi sangre, aquí la tienen. No necesito que nadie muera para salvarme a mí. Esta sentencia de muerte fue dictada contra mí, y es a mí a quien debe ejecutar.”

Martirio de los Santos. Grabado barroco.

Martirio de los Santos. Grabado barroco.

Él protestó, diciendo que se había ofrecido a morir en su lugar, a lo que ella insistió: “Prefiero morir inocente a seguir viviendo con la conciencia atormentada de haber sido yo la causa de tu muerte. Mi cuerpo no hubiese podido resistir ser profanado, pero sí puede ser martirizado. Huí del deshonor, pero no de la muerte, te cedí mis vestidos, pero no mi persona.”

“Ten en cuenta esto”, prosiguió ella, “a una mujer pueden vejarla violándola, pero a ti no pueden [1], te aplicarían otra pena. ¿No te sentirías más dichoso si vieras mártir a la que pretendían hacer prostituta? ¿No te disgustaría saber que, después de tu martirio, la joven a la que ayudaste era devuelta al prostíbulo y mancillada de todos modos?”. A continuación, ella ofreció mansamente su cuello al verdugo, que la decapitó. El soldado no pudo menos que reconocer que aquélla era una mujer de gran fe y coraje. Después de la joven, fue ajusticiado el soldado. Ambos cadáveres fueron de inmediato incinerados.

La passio antioquena
Aunque el relato de La Vorágine esté considerablemente dramatizado, Franchi de’ Cavalieri, que es el hagiógrafo que mejor ha estudiado la passio original de los Santos Teodora y Dídimo, de la cual ha sido extraído, dice que ésta es una de las mejor conservadas y que, en líneas generales, reproduce el verdadero interrogatorio, sin añadir torpes ampliaciones (que de eso ya se encargó La Vorágine).

Martirio e incineración de los cadáveres de los Santos. Grabado de Jan Van Luyken.

Martirio e incineración de los cadáveres de los Santos. Grabado de Jan Van Luyken.

Según esta passio, y yendo en términos más puristas, Teodora fue llevada ante el juez (erróneamente se dice que se llamaba Proclo) ante el cual profesó su fe cristiana. Llamado el curator civitatis de Alejandría, un tal Lucio, para que diera información sobre Teodora, éste dio las mejores diciendo que era de optimo genere, o sea, que era de familia noble. Entonces se produjo una animada discusión entre la mártir y el juez, en la que Teodora se mostró inamovible, hasta tal punto que este emitió un veredicto de condena al meritorium -el prostíbulo- después de haberle concedido tres días para que recapacitase.

Sigue diciendo la passio que el Señor le envió a Dídimo, un soldado cristiano, el cual le propuso disfrazarse de militar a fin de escapar de aquel lugar infame. Ella, siguiendo las instrucciones de Dídimo, lo hizo, eludió la vigilancia y consiguió la libertad, mientras que Dídimo fue descubierto como encubridor, fue arrestado y encerrado en el lugar en el que había estado Teodora.

Llevado ante el presidente Eustracio, fue condenado a morir decapitado, mientras que Teodora, aunque ya no es recordada en la passio, también se unió al recuerdo de Dídimo, reconociéndosele la categoría de mártir. Su martirio fue recordado por el obispo Eusebio de Emessa en un elogio sobre las mártires antioquenas Berenice (Verónica), Prosdocia (Proscudia) y Domnina.

Santa Teodora vestida con los pertrechos de San Dídimo. Grabado de Joost Van der Vondel.

Santa Teodora vestida con los pertrechos de San Dídimo. Grabado de Joost Van der Vondel.

Como se ve, el relato de la doncella anónima de Antioquía que se relata en la Leyenda Áurea sin duda procede de la passio de los Santos Teodora y Dídimo, siendo posible reconocer en la doncella a la primera y en el soldado al segundo. De hecho, la única diferencia es que la passio original no especifica que Teodora muriese mártir, es decir, que no volvió a morir junto a su salvador; sino que simplemente desaparece del relato, aunque luego le atribuyan la categoría de mártir. Quitándole los adornos novelescos que sin duda fueron añadidos a la redacción latina, no se duda de que podamos estar ante una historia con tintes verídicos, por más pintoresca que nos pueda parecer.

Culto, memoria y reliquias
Los sinaxarios bizantinos recuerdan a estos dos mártires el día 5 de abril, mientras que el Martirologio Romano lo hace el 28 de abril, o sea, ayer. De culto específico no puede hablarse demasiado, sin embargo, esta sabrosa historia, con un poco de todo -morbo, prostíbulos, travestismos, intercambios y sacrificios voluntarios y personales por desconocidos- fue bastante conocido como ejercicio de lectura devota. El mismo compositor barroco Georg Friedich Händel le dedicó un oratorio, Theodora, cuyo título es el mismo nombre de la protagonista.

No parecen existir reliquias de estos mártires, entre otras cosas, porque el mismo relato nos dice que sus cadáveres fueron incinerados. Sin embargo, en notorio que en Belluno (Italia) existe una urna con reliquias de “Santa Teodora de Alejandría”. Esta Santa podría ser identificada con nuestra protagonista mártir de hoy, por cuanto la imagen que aparece esculpida en la bellísima urna barroca es una santa mártir -una mujer con palma-, y no hay otra Santa Teodora mártir que responda a la ubicación de Alejandría. Hay otra Santa Teodora de Alejandría, pero no es mártir, sino penitente: la Amma Teodora de quien ya nos habló nuestro compañero Antonio.

Urna barroca con las reliquias de Santa Teodora "de Alejandría". Belluno, Italia.

Urna barroca con las reliquias de Santa Teodora “de Alejandría”. Belluno, Italia.

¿Cabría identificar las reliquias de esta urna como las de Santa Teodora, mártir en Antioquía-Alejandría? A menos que se trate de un cuerpo santo o de un error del orfebre el haber esculpido a esta santa con palma, lo cual es dudoso, es muy probable que no exista otra opción de identificación. Pero eso, por otra parte, sigue chocando con el relato: los cuerpos fueron incinerados.

No cabe decir mucho más, pues reproducir el relato entero de La Vorágine o la passio entera alargaría en exceso el artículo. Dejo el vídeo del oratorio de Händel dedicado a esta santa mártir, con una originalísima -y polémica- puesta en escena, puesto que la historia se reproduce fielmente tal cual la hemos narrado, pero con una estética moderna, contemporánea, aunque con unas interpretaciones igualmente magníficas. Los amantes de la música clásica no pueden perdérselo.

Theodora” (1749) Georg Friedich Händel

Meldelen

Bibliografía:
– VORÁGINE, Santiago de la, La leyenda dorada, vol II, Alianza Editorial, Madrid 1997.
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, ed. Città Nuova, Roma 1984.


[1] Nótese la ingenuidad del relato en este punto. No hace falta decir más.

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Santos Vidal, Valeria y Ursicino, mártires en Rávena

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Detalle de los Santos Vidal (a caballo) y Valeria (dcha.) Lienzo de Vittore Carpaccio (1514). Iglesia de San Vidal, Venecia (Italia).

Detalle de los Santos Vidal (a caballo) y Valeria (dcha.) Lienzo de Vittore Carpaccio (1514). Iglesia de San Vidal, Venecia (Italia).

Hace un tiempo, nuestro amigo y compañero Antonio dedicó un artículo a los Santos Gervasio y Protasio, mártires de Milán, por lo que hoy, día de su fiesta, dedicaremos nuestra atención al resto de los mártires que vienen asociados a ellos: los esposos Vidal y Valeria, presuntos padres de ambos; y Ursicino, que fue martirizado con ellos.

La información que hay al respecto es más bien poca. Antonio ya nos ha contado en su artículo que en el año 396, San Ambrosio encontró las reliquias de los Santos Gervasio y Protasio. Se encontró también un opúsculo, escrito por un tal Filipo, “servus Christi”, en el cual se narraba, junto al martirio de estos dos hermanos, el de sus padres (Vidal y Valeria) y el de otro cristiano llamado Ursicino, que era médico de Liguria y ejercía en Rávena.

Passio de los Santos
La historia cuenta que Valeria pertenecía a una noble familia -la gens Valeria, de la cual habría tomado el nombre- y vivió en el siglo I de nuestra era, que era esposa de Vidal, oficial del ejército romano, y que le había dado cuatro hijos varones, dos veces gemelos (!!), es decir, Gervasio y Protasio, y Diógenes y Aurelio. Siendo una madre fecunda y de una sólida fe cristiana, el mayor apostolado lo ejerció dentro de su familia, convirtiendo a muchos dentro y fuera del hogar a la fe, llegando a ser, así, una de las primeras familias milanesas cristianas.

Escultura decimonónica de Santa Valeria, matrona mártir. Duomo di Santa Maria Nascente, Milán (Italia).

Escultura decimonónica de Santa Valeria, matrona mártir. Duomo di Santa Maria Nascente, Milán (Italia).

En aquella época, su marido Vidal estaba en Rávena a las órdenes del cónsul Cayo Suetonio Paulino, quien se había hecho tristemente famoso por su hostilidad hacia los cristianos. Fue allí donde Vidal se vio obligado, por deber, a asistir al martirio de Ursicinio, el médico de la legión, quien había sido condenado a muerte por su fe cristiana. Éste, al verse conducido al suplicio y viéndolo flaquear, fue animado por Vidal, quien le dijo: “Oh, médico Ursicino, que fuiste único en curar a los demás, mira de no inflingirte a ti mismo una herida de muerte eterna con la abjuración de tu fe”. Estas palabras animaron a Ursicino, que fue martirizado y cuyo cuerpo fue recuperado y enterrado por Vidal; el cual, aquel mismo día, decidió rebelarse contra las órdenes de su comandante y no obedecerle más.

Naturalmente, esto le valió un severo castigo: cargado de cadenas, fue llevado a juicio y torturado, pero él dijo a su juez: “Eres bien necio si crees vencerme y engañarme, a mí, que con tanto cuidado y premura, he liberado a otros de tu engaño”. El cónsul Paulino dio entonces orden de darle una muerte serena e ignonimiosa: no lo hizo decapitar, sino que mandó cavar una fosa hasta alcanzar el nivel freático, arrojar a Vidal allí dentro, en posición supina, y enterrarlo vivo. Aquel tipo de martirio, penoso y humillante para un soldado de su rango, lo convirtió en el primer mártir milanés de la nueva fe en Cristo.

Cuando Valeria se supo viuda, ni pensó en sus bienes ni buscó el favor de los poderosos, sino que marchó a Rávena inmediatamente para dar el último adiós a su marido y recuperar sus resto, como dice San Pedro Damián: “No la asustaron las dificultades de un viaje tan largo, ni la detuvieron las peticiones ni protestas de los familiares, ni la disuadieron los miedos al crédulo cónsul Paulino. Para Valeria sólo había un pensamiento, una aspiración: unirse a su santo esposo mártir de la fe. Su corazón no estaba donde estaba su tesoro. Se alegraba al pensar que él había alcanzado la patria celestial, pero se dolía de verse a sí misma todavía en este mundo. Y la gloria de su esposo la guiaba en su viaje. Gozaba de sentirse llamada esposa del mártir, pero más profundamente añoraba ser coronada con la misma gloria del martirio. A tal efecto rogaba al glorioso marido para que sus corazones, que habían sido unidos en la caridad de nupcias inmaculadas, no fueran separados en la beatitud de la gloria del triunfo, y así como habían sido una sola cosa en la vida, así lo fueran también en el cielo”.

Vidriera del martirio de Santa Valeria: rechazando sacrificar a Silvano (dcha.) y molida a palos por los paganos (izqda.). Vidriera gótica de la catedral de Le Mans, Francia.

Vidriera del martirio de Santa Valeria: rechazando sacrificar a Silvano (dcha.) y molida a palos por los paganos (izqda.). Vidriera gótica de la catedral de Le Mans, Francia.

Pero Valeria no logró recuperar el cuerpo de Vidal, pues quisieron retenerlo para sí los cristianos de Rávena, que ya lo veneraban como su mártir. Por ello, resignada, emprendió el camino de retorno hacia Milán.

Sin embargo, durante el trayecto, se encontró con un grupo de personas que estaban ofreciendo sacrificios al dios Silvano. Ellos, cortándole el paso, querían que participara en los ritos paganos y comiera de la carne inmolada al dios del bosque. Ella les replicó: “Soy cristiana y no puedo ni quiero participar en el sacrificio a vuestro falso dios Silvano”. Cuando quiso seguir su camino, la atraparon y la maltrataron, pero no consiguiendo que cambiase de idea, le dieron tal paliza, golpeándola con tanta furia, que la abandonaron gravemente herida en el camino, de donde fue recogida por sus esclavos, quienes la llevaron moribunda a Milán. A los tres días concluyó su agonía, consumando así su martirio.

A la muerte de sus padres, Gervasio y Protasio heredaron todos sus bienes, pero no quisieron disfrutarlos, sino que lo vendieron todo -casa, tierras- y lo pusieron todo en manos de los pobres, liberando también a sus esclavos. Convirtieron su casa en una iglesia y diez años más tarde, sufrieron también el martirio. Pero de eso no hablaremos aquí, al artículo de nuestro compañero me remito.

Secuencia del martirio de Valeria: apaleada (izqda.) y muriendo en su lecho a causa de las heridas (dcha.) Tapiz medieval de la catedral de Le Mans, Francia.

Secuencia del martirio de Valeria: apaleada (izqda.) y muriendo en su lecho a causa de las heridas (dcha.) Tapiz medieval de la catedral de Le Mans, Francia.

Evidencias históricas y arqueológicas
Esta leyenda -pues es sólo eso, una leyenda- presenta algunas analogías con la célebre passio de Santa Cecilia, aunque en realidad no tenían ninguna relación entre ellos, es decir, que no hay una relación de parentesco real entre Vidal, Valeria, Gervasio y Protasio, sino que ha sido la redacción de esta passio quien los ha hecho esposo y esposa, padre y madre, hijos y hermanos.

Los estudiosos reconocen en este grupo de los mártires a otros santos homónimos venerados en Milán y en Rávena. y concretamente en Vidal, al Vidal mártir de Bolonia compañero de San Agrícola, en Ursicino al soldado de Sibento y en Valeria a un personaje de la “gens Valeria”, que como la “gens Ceciliae” en Roma, tuvo notable importancia en la historia más antigua de Milán como centro de culto. Vamos, que nuestros mártires de hoy son reales, pero no en el modo en que aparecen descritos en la passio, que es tan sólo una narración novelesca de personajes locales que han sufrido un desdoblamiento a partir de mártires históricos y que han sido unidos por la trama según convenia, formando una familia que no existió en la realidad.

De Rossi dice que la antigua iglesia de Santa Valeria, destruida en el año 1786, no era más que una “cella memoriae” de la antigua zona del cementerio milanés, que estaba intitulada precisamente a la “gens Valeria”. En esta zona se ha encontrado varias inscripciones de “Valerios”, en particular una en la que a un “Aurelio Diógenes” -curiosamente, los dos nombres que la leyenda atribuye al otro par de gemelos nacidos a Vidal y Valeria- y a una “Valeria Felicísima” se les denomina “Confessores, Comites martyrorum a Domino Coronati”. O sea, que tanto como ese Aurelio como esa Valeria eran venerados como confesores y mártires de la fe.

Cruz-relicario con reliquias de San Vidal (arriba), Valeria (abajo), Gervasio (izqda.) y Protasio (dcha.) Iglesia de San Vidal, Cebú (Filipinas).

Cruz-relicario con reliquias de San Vidal (arriba), Valeria (abajo), Gervasio (izqda.) y Protasio (dcha.) Iglesia de San Vidal, Cebú (Filipinas).

Esta leyenda, aunque en parte sea fantasiosa, es cierto que está documentada por algunos monumentos y que tiene una notable antigüedad. La espléndida basílica de Rávena, consagrada por Maximiano el 17 de mayo de 548, está dedicada a San Vidal y a sus hijos, como se deduce de las imágenes de estos dos santos, que aparecen puestas debajo de la lista de los apóstoles. Incluso un altar de la nave izquierda está dedicado a San Ursicino. También en los mosaicos de la Iglesia de San Apolinar el Nuevo están representados estos cinco santos: Vidal, Valeria, Gervasio, Protasio y Ursicino.

El Martirologio Jeronimiano contiene dos notas derivadas de esta leyenda. La primera, el 18 de junio, diciendo: “Ravenna civitate… in Mediolano, natale sanctórum Gerbasi et Protasi… Valeriae, Vitalis et Ursicini”. Y la segunda el 13 de diciembre: “Ravenna, Ursicini martyris”. Incluso hay documentos que indican que Ursicino fue el protomártir de Ravenna, que sufrió martirio en tiempos de Nerón.

En base a esta leyenda, existen las iglesias milanesas de Santa Valeria, San Vidal e incluso la Ambrosiana, a la cual fueron trasladados los cuerpos de Gervasio y Protasio. Todas estas edificaciones estaban situadas en la zona más antigua del cementerio, llamada “Hortus Philippi”, y el hecho de que estén tan cerca las unas de las otras dan a entender que las vidas de estos santos también fueron cercanas, familiares y que como tal, eran venerados.

Su fiesta, como decíamos al principio, se celebra hoy, 28 de abril, no siguiendo ninguna de las dos referencias del Martirologio, en realidad, sino la fecha de la dedicación de la basílica de San Vidal.

Iconografía y patronazgo
San Vidal suele ser representado como un soldado a caballo que porta un estandarte, como símbolo de su carácter de oficial romano, llevando a menudo la lanza y la espada, como parte de su armadura, y la maza, que es el instrumento de martirio de Valeria, tal como aparece en los mosaicos de la basílica de Rávena.

Fresco de Santa Valeria sosteniendo a Gervasio y Protasio en brazos. Iglesia de Morinico al Serio, Bérgamo (Italia).

Fresco de Santa Valeria sosteniendo a Gervasio y Protasio en brazos. Iglesia de Morinico al Serio, Bérgamo (Italia).

Valeria no suele tener una iconografía precisa, aunque en su santuario de Cebú (Filipinas) aparece efectivamente con una maza o garrote, aludiendo a que murió apaleada. Más a menudo, Vidal aparece en el momento de ser lanzado al foso en que fue enterrado vivo. Algunas obras de arte piadosas los representan como familia, con los gemelos junto a ellos, todavía niños; o incluso a la madre, Valeria, portando a los dos bebés en brazos.

Debido a su portentosa fecundidad -según la leyenda, parió dos veces gemelos-, Santa Valeria es invocada por las mujeres que no pueden concebir hijos o que tienen dificultades en los embarazos o en los partos. Lo cual no deja de ser curioso porque en la Antigüedad un parto de gemelos se consideraba un signo de mal fario, es decir, traían mala suerte, hasta el punto de que había quien mataba a los recién nacidos por considerarlos una maldición divina, una monstruosidad antinatural.

San Vidal, por su forma de martirio -fue enterrado vivo a nivel freático- es patrono de los poceros y de quienes excavan en la tierra buscando agua.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova, Roma 1984.

Enlaces consultados (25/04/2015):
– www.santiebeati.it/dettaglio/91130
– http://win.parrocchiasantavaleria.it/la_storia/dalla_vita_di_valeria_martire.htm

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Casiana, Sofía, Melania y Maura, monjas ascetas de la montaña de Ceahlău

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Icono ortodoxo rumano de las Santas Maura de Ceahlau (izqda.) Teófana Basarab (centro) y Teodora de Sihla (dcha.)

Icono ortodoxo rumano de las Santas Maura de Ceahlau (izqda.) Teófana Basarab (centro) y Teodora de Sihla (dcha.)

En octubre de 2012, Carmen Avram, una reportera de noticias rumanas en el canal Antena3 hizo público un gran documental sobre los ascetas del monte Rarău, un pico de unos 1400 metros situado entre Moldavia y Transilvania. El título de la grabación era Pustnicii României – Între Cer și pământ (“Los ermitaños de Rumanía – entre el Cielo y la tierra”). Sus entrevistas revelaron la existencia de un mundo apenas conocido, normalmente considerado como propio de otros tiempos. Ella debatió con algunos monjes retirados, pero también con un hombre que alimentaba incluso con los ascetas más ocultos. Éste le habló sobre un monje que recientemente había fallecido a la edad de 130 años y le mostró vagamente los peñascos donde algunas monjas y monjes vivían su vida ascética, ocultos para el mundo y conocidos prácticamente sólo por Dios.

Los anacoretas y ermitaños de las montañas de Rumanía están esparcidos por todas partes hasta hoy. En cualquier caso, muchos de ellos están ubicados en torno a un monte llamado Ceahlău (1907 m), en la misma región que Rarău. Se cree que esta montaña es la antigua Kogaion, la montaña sagrada de los sacerdotes dacios. En las alturas, a los pies del monte Ceahlău han existido, a lo largo de los tiempos, diferentes eremitorios o sketas, pequeñas comunidades monásticas cuya memoria ha permanecido aunque los lugares en sí hayan desaparecido. Entre ellos son conocidos el eremitorio (sihăstria) de Dragoș (siglos XIV-XV), de Hangu (ss. XIV-XVII), Sihăstria Ceahlău (ss. XV-XVIII), Poiana Ceahlăului (ss. XVI-XVIII), Sihăstria Peon (ss.XV-XX). Los ascetas más famosos que han vivido aquí fueron la monja Maura y el monje Peon.

En este artículo hablaremos de cuatro monjas: Casiana, Sofía, Melania y Maura, que vivieron mayormente en el siglo XVII en esta área. Sus vidas son narradas brevemente por el archimandrita Ioanichie Bălan, en su Paterikon rumano.

Icono ortodoxo rumano de la Venerable Maura de Ceahlău.

Icono ortodoxo rumano de la Venerable Maura de Ceahlău.

Venerable skemamonja Casiana de la sketa de Sofía, en el monte Ceahlău
La venerable skemamonja Casiana vivió en el siglo XVII y procedía de la comunidad monástica de Topolița, cerca de Târgu Neamț, una ciudad comercial (târg) en el centro de Moldavia. Se retiró al valle del río Bistrița, que era un lugar donde habitualmente vivían muchos ermitaños y severos ascetas. Su lugar de retiro se conoce como bosques de Hangului.

Junto a algunas hermanas ascetas, ella construyó una sketa en el valle del río Buhalnița, conocida posteriormente como “la sketa Casiana”, por su nombre, y ella permaneció allí hasta que partió al Señor. La vida de las monjas consistía en cantar las habituales 7 Laudae, la lectura individual de los Salmos, una sola comida al día y una actitud silenciosa. El nombre de Casiana fue conocido en el valle de Bistrița por el poder de su oración. Ella se fue al Señor a mediados del siglo XVII.

Skemamonja Sofía
La skemamonja Sofía vivió en el siglo XVII. Sus primeros años son desconocidos. Ella se hizo monja en el mismo monasterio Topolița. Después de vivir un tiempo allí, decidió retirarse al mismo valle del río Bistrița, como su predecesora Casiana. Allí vivió durante años con sus discípulas, y se estableció finalmente en la parte oriental del monte Ceahlău, en la elevada meseta cercana a la aldea llamada Răpciune.

Debido a que estaba rodeada de muchas monjas discípulas, se sintió urgida por Dios a fundar una sketa, ya que allí había ya demasiadas monjas ermitañas, en los bosques cercanos, y era difícil para ellas sostener una vida litúrgica constante. La skemamonja Sofía hizo pues, construir, una pequeña iglesia de madera dedicada a San Juan el Teólogo, patrono de los místicos. Las celdas fueron organizadas alrededor de la iglesia y alojaron en torno a veinte monjas, que vivían una vida muy dura, distinta de la habitual regla monástica, porque eran monjas ermitañas.

Este santo lugar fue llamado, en su nombre, la Sketa Sofía, y duró casi dos siglos en Ceahlău. Sofía fue madre espiritual en este eremitorio durante unos 30 años, asistiendo a muchos. Algunos de ellos se retiraron posteriormente a lo agreste, permaneciendo allí hasta la muerte, en ayuno y oración. Otros marcharon a la soledad de los bosques sólo durante los grandes ayunos, y entonces regresaban a un eremitorio.

La skemamonja Sofía fue venerada por la santidad de su vida y por su sabiduría espiritual, tanto por laicos como por monjes. Ella partió al Señor hacia finales del siglo XVII. A principios del siglo XIX, la Sketa Sofía estaba casi abandonada, por lo que la iglesia de madera fue trasladada al monasterio de Durău.

Fresco ortodoxo rumano de la Venerable Maura de Ceahlău.

Fresco ortodoxo rumano de la Venerable Maura de Ceahlău.

Venerable Skemamonja Melania de Sihăstria Durău-Ceahlău
La palabra rumana “sihăstria” procede del griego ”hesychia”, es decir, silencio. En la mentalidad rumana, “sihăstrie” es un pequeño monasterio, normalmente una sketa, situada en un lugar de difícil acceso. La Venerable Melania vivió en el siglo XVII en el eremitorio de Sihăstria Durau. La tradición dice también que la skemamonja Melania fundó otra sketa en el lado occidental de la montaña de Ceahlău, conocida como Sihăstria Melaniei o Sihăstria Durău.

Sobre Melania se sabe algo más. Fue bautizada con el nombre de Mariana, y se cree que era hija de un príncipe o, al menos, un noble de Iași, la capital de Moldavia. Ella quería ser esposa de Cristo, y abandonó secretamente el hogar paterno junto a dos fieles sirvientas. Ellas fundaron un refugio en la cima del monte Ceahlău, sobre el actual monasterio Durău. Vivieron allí muchos años, casi ignoradas por todos. Con el tiempo, a su alrededor se fueron asentando otras monjas, de modo que necesitaron una iglesia adecuada. Por ello, alrededor de la iglesia de madera en honor a la Anunciación de la Virgen, fue fundado el eremitorio (sihăstria) de Melania, que fue el eremitorio de monjas más severo en el monte Ceahlău. En torno a la abadesa Melania se juntaron treinta monjes del monasterio y ermitaños, formando una famosa comunidad exicasta femenina. Algunos vivían en común y otros solos, en cabañas de madera alrededor el eremitorio. El único lugar común era la iglesia.

Melania fue famosa por practicar la oración de Jesús. Formó a muchos discípulos y alcanzó el nivel espiritual de los grandes exicastas de Moldavia. Se unió pacíficamente a Cristo tras dar el último beso a sus hijas espirituales.

Venerable Maura de Ceahlău
La monja Maura vivió posteriormente, en los siglos XVII-XVIII. Fue criada por sus padres en una aldea del valle de Bistrița, no lejos del monte Ceahlău, en una muy piadosa atmósfera de oración, ayuno y asistencia regular a los servicios litúrgicos. Su nombre de pila era María. En verano sus padres la llevaban frecuentemente en peregrinación a los grandes monasterios del condado de Neamț, y le permitían ir a las sketas de monjas en torno a la montaña de Ceahlău que ya hemos mencionado, y también al eremitorio de Silvestre, y a Durău, que se convirtió en el más famoso eremitorio de monjas del Moldavia durante el siglo XVIII.

Vista del monte Ceahlau desde su lado oriental.

Vista del monte Ceahlau desde su lado oriental.

Ella decidió convertirse en monja cuando cumplió los veinte años de edad. Primero vivió en el eremitorio Silvestre de monjas, llamado también “Schitișor” (pequeña sketa) donde había unas pocas almas amantes de Cristo bajo la dirección de un abad gentil y humilde. Sólo unos pocos años después ella tomó el skema monástico y fue llamada Maura. Fue conocida por ser muy ascética, gentil y humilde, amante del silencio y la oración. En su ejercicio ascético, dormía sólo unas pocas horas durante la noche, sentada en una silla, hacía cientos de postraciones y reverencias, comía sólo una vez al día, al atardecer, y normalmente pan seco y verduras, y bebía sólo agua.

Para lograr un silencio todavía más intenso, construyó para sí misma una pequeña celda cerca del bosque. El nivel espiritual de Maura aumentó de tal modo que los pájaros y los animales salvajes la querían y se volvieron mansos en su presencia, siendo especialmente honrada por las ciervas. Los ancianos dicen que Maura siempre caminaba alrededor de la montaña de Ceahlău e incluso en ocasiones iba a las aldeas con una cierva siguiéndole. Otra santa mujer que fue muy cercana a los animales salvajes fue Santa Teodora de Sihla, que obtenía su alimento de los pájaros.

Muchas monjas de la región de Ceahlău se reunieron en torno a Maura y vivieron según su modo de vida, en incesante oración, amor, humildad, una única comida diaria al atardecer, largas vigilias nocturnas y lectura del Salterio y otros santos libros.

Peregrinación y liturgia en Ceahlau el 6 de agosto de 2013. -6-august-2013

Peregrinación y liturgia en Ceahlau el 6 de agosto de 2013.
-6-august-2013

Maura se retiró a una ascesis todavía más severa del eremitorio de Silvestre a un claro llamado Ponoare, bajo la cima del monte Ceahlău. Aquí estuvo acompañada sólo por una discípula y su querida cierva. Incluso así, la encontraron pronto las monjas y creció nuevamente una comunidad en torno a ella, así que construyeron en el claro una pequeña iglesia de madera dedicada a la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor. Hoy, ese claro es llamado “Poiana Maicilor” (el claro de las monjas, literalmente, “de las madres”). En este oasis de paz y oración, Maura vivió hasta que partió hacia el Señor.

Sintiendo cercano su final, dio a sus hijas los últimos consejos y, tras su fallecimiento, las monjas la enterraron en el claro. Sus reliquias permanecen ocultas hasta hoy. Actualmente una nueva sketa, llamada Poiana Maicilor, se ha construido en el lugar de la antigua sketa de la Monja Maura (desde 1997). La iglesia tiene como patrona a Santa Teodora de Sihla y la Protección de la Virgen (Pocrov). Hoy viven en esta sketa once monjas.

El nombre de sketas y pequeñas iglesias de madera en la montaña de Ceahlău es cada vez mayor e incluye asentamientos tanto de monjas como de monjes. Sólo la sketa de Durău ha resistido al paso del tiempo, con permanencia ininterrumpida hasta el siglo XX.

Vertiente oriental del monte Ceahlau. Fotografía: Paul Pătrăţanu.

Vertiente oriental del monte Ceahlau. Fotografía: Paul Pătrăţanu.

Veneración
No hay veneración pública de las monjas mencionadas en este artículo. Aunque aún no han sido canonizadas, sus vidas son conocidas entre los peregrinos que visitan los santos lugares de esta área. Su memoria se mantiene en pequeñas oraciones devotas ortodoxas llamadas “akathist”, una especie de equivalente oriental europeo del rosario.

La vida ascética en la montaña de Ceahlău se vive intensamente hasta hoy, tanto en su más misterioso y silencioso aspecto, lejos de los ojos del mundo, sino también en la común vida monástica. En 1992 el patriarca Daniel, que era entonces metropolita de Moldavia y Bucovina, inició el establecimiento del monasterio en el monte Ceahlău, siendo su principal fundador. El asentamiento está construido en una meseta de la montaña, rodeada por altos peñascos. Los materiales de construcción fueron transportados por helicópteros del ejército rumano y a expensas del ejército y del príncipe Dimitrie Sturdza, descendiente de la familia principesca de Moldavia, pero también de otros donantes de Rumanía y del extranjero. En agosto de 1993 la iglesia estaba terminada, siendo dedicada a la Fiesta de la Transfiguración del Señor y a San Esteban el Grande, príncipe de Moldavia. La consagración tuvo lugar el 28 de agosto en presencia del metropolita, junto a un grupo de obispos, sacerdotes y diáconos.

Vista general del monte Ceahlau, Rumanía.

Vista general del monte Ceahlau, Rumanía.

El lugar es difícilmente accesible durante el invierno. Pero en verano es habitual que haya peregrinaciones en torno al 6 de agosto, el día de la Transfiguración.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Ioanichie Bălan, Patericul Românesc, Editura Mănăstirii Sihăstria, 2005, pp. 226-230 and 257-259.
– Vasile Dumitrache, Mânăstirile și schiturile României pas cu pas, editura Nemira, Bucharest 2002.

Enlaces consultados (26/04/2014):
– www.eurotv.md/stire-sfintii-care-strajuiesc-ceahlaul
– http://alpinet.org/main/poteci/puncte_ro_t_poiana-maicilor_id_2172.html
– www.youtube.com/watch?v=wy-Y7wS33jI
– www.biserici.org/index.php?menu=BI&code=389
– http://ortodoxiepenet.blogspot.de/2011/08/liturghie-arhiereasca-pe-muntele.html
– http://ziarullumina.ro/actualitate-religioasa/ceahlau-muntele-rugaciunii

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San Leoncio de Monemvasia, eremita

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Cráneo e icono del santo delante del iconostasio del monasterio de los Santos Arcángeles.

Cráneo e icono del santo delante del iconostasio del monasterio de los Santos Arcángeles.

Hay que decir que estamos hablando de un santo venerado a nivel local, que no aparece ni en los sinaxarios ni en los menologios bizantinos.

San Leoncio vivió en la última etapa de los emperadores Paleólogos, concretamente, en tiempos de Constantino XI, que fue el último emperador bizantino (1449-1453). Se cree que nació en el año 1377 y era originario de Monemvasia – ciudad ubicada en una pequeña península de la costa este del Peloponeso -, siendo hijo del gobernador de toda la zona del Peloponeso, por lo que pertenecía a una familia noble y muy piadosa que lo educó en los principios de la moral ortodoxa. Fue un niño muy normal aunque cuando comenzó su educación escolar, mostró mucha diligencia, sintiendo verdadero placer tanto por los estudios de letras como por los de ciencias. En pocos años se convirtió en un excelente científico que quiso marchar al extranjero a fin de aprender idiomas.

Cuando terminó sus estudios, su padre lo envió a Constantinopla para que se codeara con los filósofos más sobresalientes a fin de conseguir una experiencia que él creía necesaria para poder dedicarlo a un trabajo funcionarial de alto rango dentro del palacio imperial. Fue tal la sabiduría y sensatez que adquirió Leoncio que el propio emperador sentía por él un afecto especial. Pero su padre murió y Leoncio tuvo que regresar a su tierra natal. Este admirado filósofo tuvo que abandonar la fastuosidad de la corte y regresar con su madre Teodora, quién al quedar viuda, quiso ingresar en un monasterio para dedicar el resto de sus días a la oración y la penitencia. Así, Leoncio se convirtió en el heredero de todas las posesiones de sus padres. El obedeció a su madre y esta ingresó en un monasterio.

Monasterio de los santos Arcángeles.

Monasterio de los santos Arcángeles.

Aunque contrajo matrimonio no llevó una vida mundana, sino que manifestaba un cierto fanatismo hacia todo lo que significara una vida virtuosa y de piedad. El matrimonio tuvo tres hijos, pero a él siempre le rondaba por la cabeza aquellas palabras de Cristo: “El que deje su casa, sus hermanos, padres, mujer, hijos y posesiones por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna” (Marcos, 10, 29), por lo que intentó y consiguió convencer a su esposa para que se quedara con sus hijos y todas sus propiedades y él pudiera dedicarse a llevar una vida dedicada enteramente a Dios viviendo como eremita.

Se encontró con un santo ermitaño llamado Menidi que fue para él un excelente maestro en las enseñanzas de Cristo y a quién siguió llevando una vida ascética con tanto ahínco, rigor, humildad y paciencia que rápidamente se ganó la admiración de todos. Pero como aun se sentía insatisfecho, se marchó al Monte Athos donde encontró a unos monjes, ascetas como él con quienes compitió en humildad y obediencia, convirtiéndose en un subordinado de los mismos, aunque era considerado por los eremitas atonitas como un ser excepcional, superior en virtud a todos ellos.

Como se sintió sobrevalorado, huyó de nuevo al Peloponeso, donde vivía en absoluta soledad, dedicado únicamente a la oración y al ayuno. Cuando fue descubierto, marchó hacia el norte, concretamente al Monte Klokos que está cercano a Aigio, donde pasó el resto de su vida. Durante el invierno el frío era intensísimo y en el verano, el calor era insoportable, pero él todo lo sobrellevó con infinita paciencia y fortaleza de ánimo. Sufrió todo tipo de tentaciones y llegó a sentir lo que los místicos llaman “la aridez del alma”. Jamás perdió el ánimo, siempre continuó en su camino de soledad y oración y Dios lo recompensó con el don de milagros.

Cráneo del santo conservado en el monasterio.

Cráneo del santo conservado en el monasterio.

En aquel tiempo, los hermanos de Constantino Paleólogo – Tomás y Demetrio – eran los déspotas del Peloponeso. Como sentían por Leoncio gran admiración y respeto por ser un hombre de Dios, le construyeron una iglesia dedicada a San Miguel Arcángel y algunas celdas anexas que con el devenir de los siglos se ha convertido en el actual monasterio de los Arcángeles. Le consiguieron abundantes reliquias de la Pasión y de algunos santos e incluso Demetrio terminó sus días siendo monje del mismo.

Sin quererlo, sin buscarlo, Leoncio se convirtió en un nuevo padre del desierto alrededor del cual se juntaron muchos otros eremitas. Murió en el año 1452 con setenta y cinco años de edad, siendo sepultado en una cueva en la que había vivido muchos años como ermitaño. Es recordado el día 11 de diciembre.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Bogiazidis, H., “El beato Leoncio de Monemvasia”, Atenas, 1923
– Papadopoulos, A., “El santo Leoncio Paleólogo Mamonas”, Thessaloniki, 1940
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum orientalium, tomo II”, Città nuova Editrice, Roma, 1999.

Enlace consultado (02/04/2015):
– www.kalavrytanews.com/2012/07/blog-post_2813.html

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