“Han taladrado mis manos y mis pies”

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle de la mano de un Cristo Crucificado con el clavo correctamente insertado desde el rigor histórico y anatómico.

Detalle de la mano de un Cristo Crucificado con el clavo correctamente insertado desde el rigor histórico y anatómico.

“Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos” (Salmo 22, 16-17).

Ayer escribimos sobre cómo habían crucificado a nuestro Señor, pero hoy quiero que profundicemos más sobre las heridas de sus manos y de sus pies. Este es un tema duro, durísimo, pero hemos de tener conciencia del sufrimiento tan terrible que supuso nuestra Redención. Cristo pudo salvarnos con un simple acto de su voluntad, pero quiso sufrir en carne propia lo que ninguna persona ha padecido. Para tratar este tema, utilizaremos la misma bibliografía de esta serie de artículos, ya que es trabajo de especialistas en esta materia.

Desde el punto de vista teórico, la crucifixión de las manos puede hacerse en tres sitios de la misma, o sea, en la palma, en la articulación cúbito-radial inferior y en el carpo (muñeca). Estamos acostumbrados a ver miles de imágines de Cristo crucificado en las palmas de las manos, pero es plenamente sabido que las palmas de las manos no pueden soportar el peso de una persona. Si esto es así, ¿por qué los artistas nos representaron de esta forma al Crucificado? Todas las representaciones artísticas son posteriores a la abolición de la crucifixión por parte del emperador Constantino, por lo que los artistas no conocían cómo se había llevado a cabo la crucifixión, ya que ni los textos sagrados lo explican. Si se lee el salmo 22, se dice textualmente: “han taladrado mis manos”, el mismo Cristo le dice a Tomás: “Mete tus dedos en mis manos”, pero ¿qué es exactamente la mano? Antiguamente, cuando la anatomía del cuerpo no era conocida como lo es hoy, sencillamente se creía que las manos eran simplemente las palmas. Hay quienes ponen como justificación de esto los estigmas de los estigmatizados, pero si se estudia cada caso, puede comprobarse que no todos los estigmatizados lo fueron en la misma parte de la mano: unos en las palmas, otros en la parte superior junto a los dedos, otros en la parte de las muñecas e incluso otros, en los laterales de las mismas; luego las estigmatizaciones no confirman nada. Además, unos tenían heridas profundas que atravesaban las manos y otros, simples rasguños o heridas superficiales.

Sólo la anatomía nos dice qué es la mano: el carpo, el metacarpo y las falanges, o lo que es lo mismo, la muñeca, la palma y los dedos. El doctor Pierre Barbet (1884-1961) que ha estudiado este tema a fondo realizando multitud de experiencias en cadáveres o en brazos cortados en cirugía ha podido comprobar esto como si fuera “en vivo”. Ha comprobado que clavadas las palmas a cuerpos que pesaban más de cuarenta kilos, a los pocos minutos, estas se desgarraban y en menos de un cuarto de hora, el cuerpo se caía. Si esto ocurría con un cuerpo inerte –que no se movía – y de pequeño peso, ¿qué podría pasar con un cuerpo vivo que se mueve y que puede pesar el doble? Puede alegarse que como Cristo también estaba clavado por los pies, el peso del cuerpo no recaía solo sobre las manos, pero esto tampoco es así porque la cruz de Cristo no tenía “sedile” ya que no se quiso alargar el tormento, entre otras cosas porque era la víspera de la Pascua, pero aun así Jesús murió pronto, antes de tiempo, cosa que incluso extrañó a Pilato. Para los forenses, esta rápida agonía es una prueba de que Jesús solo fue clavado con clavos, porque si hubiera estado atado y hubiese tenido “sedile”, hubiera vivido más tiempo.

Vista del Espacio de Destot, zona por la que se introdujeron los clavos en el Hombre de la Síndone.

Vista del Espacio de Destot, zona por la que se introdujeron los clavos en el Hombre de la Síndone.

Algunos investigadores afirman que fue clavado por la articulación cúbito-radial, pero esto es rechazado por la mayoría de ellos ya que este tipo de crucifixión produce desgarros en importantes vasos sanguíneos, no solo por los clavos, sino también por los movimientos del crucificado al intentar levantar su cuerpo para no morir por asfixia. Entonces, ¿por donde fue clavado? Los anatomistas defienden que por razones de aguante de la suspensión del cuerpo y de los movimientos del ajusticiado, la forma utilizada por los verdugos fue la crucifixión por el carpo, o sea, la muñeca. Los romanos sabían que taladrando las manos por las muñecas los clavos no solo podían soportar el peso del cuerpo, sino también los movimientos bruscos realizados para evitar la asfixia.

Los clavos utilizados fueron los conocidos como “clavos herreros”, o sea, que no eran cilíndricos, sino cuadrados, de punta roma y de cabeza ancha. El clavo fue puesto en la muñeca en el centro de la flexión del puño, concretamente en el llamado “espacio de Destot”. Aunque este espacio es pequeño, se agranda o ensancha al entrar el clavo no rompiendo ninguno de los huesos y provocando una pequeña hemorragia ya que no encuentra ninguna arteria importante. Esto es así, pero si produce un dolor intensísimo ya que se roza e incluso se hiere el llamado “nervio mediano”.

Al pegarse el primer martillazo, se produjo una herida contusa en la piel pues la punta era roma. El clavo, después de cada martillazo, fue desgarrando la carne y todo lo que se encontraba a su paso, como nervios, tendones, venas pequeñas, etc. Los dolores eran terribles pero el sangrado era escaso. Cuando los clavos llegaron al “espacio de Destot”, se encontraron con el nervio “mediano” que sube por el antebrazo entre los nervios radial y cubital. Este nervio tiene ramas motoras (mueven los dedos) y ramas sensitivas que son las que producen los dolores. El rostro de Cristo se contraería de dolor y de manera brusca, el dedo pulgar se dobló y cayó sobre la palma de la mano: el nervio mediano estaba herido y el dolor era indescriptible y ese dolor se reproduciría cada vez que Cristo se moviera. Este es uno de los dolores más intensos y terribles que puede experimentar un ser humano, por lo que probablemente, Cristo pudo desmayarse momentáneamente. Ojala el nervio se hubiera cortado, pero lo más seguro es que se quedara dañada la parte sensitiva del mismo que quedó en contacto con el clavo y fuertemente tenso sobre el mismo cuando el crucificado fue elevado, fue puesto en vertical. Estas lesiones y la sed fueron los dos tormentos mayores que Jesús tuvo que soportar en la cruz.

Detalle y recreación de las lesiones experimentadas en los pies por el Hombre de la Síndone.

Detalle y recreación de las lesiones experimentadas en los pies por el Hombre de la Síndone.

¿Por qué digo que si Cristo se desmayó fue de forma momentánea? Esta claro: si Cristo hubiese perdido el conocimiento no hubiese hablado durante las aproximadamente tres horas que permaneció vivo colgado en la cruz y todos conocemos lo que ha venido en denominarse “las siete palabras”.

Pero nuestro Señor fue crucificado también por los pies. Clavadas las manos, pusieron a Jesús de pie levantando el “patibulum” hasta acoplarlo al saliente superior del “stipes”. Esto es lo que se denominaba “ascendere crucem” (subir a la cruz). En ese momento, no estando aun clavados los pies, el cuerpo de Cristo se hundió quedando solo colgado de los clavos de las manos. Pero así no podía quedar porque su muerte hubiese sido inmediata por asfixia. Había que clavar los pies pero no a la altura a la que habían llegado, sino algo más arriba a fin de que el cuerpo pudiese tener algún movimiento para poder respirar. Por eso, le aproximaron los muslos hasta dejar las rodillas casi juntas y estas las flexionaron hacia arriba para que los pies también subieran. Posteriormente, juntaron los pies poniendo el izquierdo sobre el derecho, el cual tocaba directamente el “stipes”. Así, con un solo clavo clavaron los dos pies juntos. En esta postura, el espesor de los pies por donde entró el clavo no es muy grande, aunque el clavo si que era mayor que el utilizado en las manos; medía aproximadamente lo que llamamos “una cuarta” (de doce a catorce centímetros). De esta manera, con las rodillas flexionadas, el peso del cuerpo no recaía del todo sobre los pies, ya que lo que verdaderamente se pretendía era que el cuerpo no quedase colgando. El clavo servía de punto de apoyo para que el crucificado pudiese levantar el cuerpo, expulsar del aire viciado de los pulmones y aspirar aire nuevo.

Vista de la línea de Lisfranc, por donde entró el clavo.

Vista de la línea de Lisfranc, por donde entró el clavo.

Los forenses, que han estudiado este tema al igual que lo hicieron con las manos, dicen que el clavo no pudo pasar por la articulación del tarso, porque si el clavo lo hubiese atravesado, hubiese destrozado toda la articulación y no hubiera podido usarse como soporte, como punto de apoyo. Entonces, ¿por dónde entró el clavo? Los científicos dicen que el clavo entró por la llamada “línea de Lisfranc” entre las bases del segundo y del tercer metatarsiano. Esta parte del pie es blando, no está atravesada por la “arteria pedia”, la cual, si hubiese sido dañada hubiese provocado una gran hemorragia. El empeine quedó por encima del clavo y esto fue un buen punto de apoyo.

Este clavo también era romo, el primer martillazo provocó una herida contusa, se desgarró el tejido blando, el tendón, las fibras nerviosas y algunos vasos sanguíneos. El dolor fue muy intenso aunque menor que el dolor producido al clavarse las manos y además, ya todo el cuerpo de Cristo era puro dolor.

Con estos tres artículos, con los tres que escribimos el año pasado y, si Dios quiere, con los que sigamos escribiendo en años posteriores, queremos hacernos recapacitar sobre todo lo que sufrió nuestro Dios y Señor, Jesús de Nazaret, el Verbo Encarnado, que quiso padecer en su Cuerpo y Alma humanos tan terribles sufrimientos a fin de redimirnos de nuestros pecados, acercarnos a Dios, nuestro Padre y darnos un ejemplo supremo de amor. “Nadie ama más que el que da la vida por sus amigos” (Juan, 15, 13).

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cabezón Marín, C., “Así murió Jesucristo”, Edicel, Centro Bíblico Católico, Madrid 2003.
– Hermosilla Molina, A., “La pasión de Cristo vista por un médico”, Sevilla, 1984
– Sagrada Biblia de Jerusalén

Enlace consultado (13/03/2015):
– http://en.wikipedia.org/wiki/Crucifixion_of_Jesus

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

11 pensamientos en ““Han taladrado mis manos y mis pies”

  1. Se m hace horrible que te claven con un sayón de punta roma salvaje inhumano, no me imagino los dolores atroces que semejante acto produce si de por si es indescriptible el sufrimiento del condenado por los azotes, la corona de espinas, los golpes, etc.

    • ¡Pues eso pasó, René! Y le pasó porque Él lo quiso, por puro amor hacia nosotros, para hacernos hijos de Dios y herederos de su Reino. Así de sencillo y así de sublime.
      Pero mañana nos espera la gran alegría, porque si no hubiese había Muerte, no habría Resurrección. Feliz fiesta de Pascua

  2. Gracias por este articulo Antonio. Me hace pensar mas en aquello que padeció el Señor. Me ayuda personalmente en la vida espiritual.

    Pienso en los cristisnos que han recibido el martirio en estos tiempos cuando los crucifican, hay cosas que no se quienes suben a la red pero no me atrevo a verlos porque me da coraje que nos hagan eso. Si sufre un miembro sufre todo el cuerpo pero no veo claro en cuanto tiempo mas tendremos que deguir asi.

    • Si en algo te han ayudado estos artículos, ¡bendito sea Dios!
      Yo tampoco comprendo como se puede ser tan salvaje como para torturar y asesinar a una persona, sean por los motivos que sean y después, para alborozo de los asesinos y para amedrentar a los inocentes, colgar las imágenes en la red. Y así seguiremos mientras los gobiernos, por distintos intereses, lo sigan consintiendo.

  3. El otro día André me comentaba que había oído decir a una señora que, después de Cristo, ya no se crucificó a nadie más, que los romanos dejaron de usar la crucifixión. Naturalmente esto es una mentira como una catedral, pero a mí, a estas alturas, no me extraña que haya tanta gente que, no teniendo ni repajotera idea de Historia, se permita dar lecciones sobre el tema. No es una disciplina respetada. Cualquier “matao” que lea cuatro revistas o vea cuatro programas documentales se cree que sabe y se permite mirar por encima del hombro a los que han dedicado sus años en el mundo universitario. Los médicos y los abogados son bastante más respetados.

    Lo peor del caso no es eso, que no se tenga ni idea de Historia, sino que encima, esa persona dio muestras de no conocer en absoluto el mundo en el que vive, pues no sólo los romanos no dejaron de crucificar, sino que hoy, ahora mismo, los asesinos de la Daesh sigue crucificando a muchos cristianos en Siria y en otras partes, como bien decís. Yo sí he visto esas fotos y no queda lugar a dudas sobre ese tormento. Y me parece muy grave vivir ajenos a esta realidad, es decir, pensar en Cristo, y olvidarse de los que mueren por Él.

    Sobre el atravesar el cuerpo de un ser humano con clavos, ya sea el del Salvador o el del más vil de los humanos, no tengo palabras. No siempre lo hacían, casi seguro que la mayoría de las veces optaban por las cuerdas para prolongar el suplicio y así que el reo agonizante sirviese de propaganda contra las rebeliones durante el mayor tiempo posible; pero a veces se usaban los clavos como en el caso de Cristo porque había que acelerar la muerte por algún motivo, en el caso de Él, porque se venía encima la Pascua y, como bien nos ha dicho Flavio Josefo, ejecutada su justicia, los romanos no tenían interés en ofender más de la cuenta al pueblo judío dejando los cuerpos desnudos en las cruces.

    Cuando veo gente fanática que en el mundo cristiano hace simulacros de crucifixión pretendiendo honrar al Salvador, no sé si reír o llorar. Veo esos clavos mal insertados o apenas clavados y pienso que nada que ver con el auténtico suplicio de una crucifixión romana. Pero es que ni esa triste pantomima de crucifixión es necesaria ni le servirá de nada a Él, que ya pagó el precio por nosotros. Ya no muere más, gracias a Dios.

    • Yo creo que se da la paradoja de que en estos tiempos en los que a través de buenos documentales de TV podemos ver casi de todo, algunos televidentes al haber visto tres o cuatro de ellos, se creen premios nóveles en la materia. Pasa con la historia y pasa con otras disciplinas, no te creas tu que la geología se ve libre “de tales talentos”.

      De todos modos, yendo al meollo de lo que tu dices, el tormento de Cristo pasó a nivel físico aunque a nivel moral podamos hacerlo revivir con nuestros pecados, pero los tormentos de nuestros hermanos en la fe, por desgracia siguen ocurriendo día tras días. Fíjate en la bárbara masacre de estudiantes y profesores de la Universidad de Garissa en Kenia por parte del grupo somalí Al-Shabaab. Yo me identifico con las palabras del Santo Padre cuando dice que hoy hay más mártires que en los primeros siglos de la Iglesia.

      Dentro de unos días, la iglesia Apostólica Armenia va a canonizar a más de un millón y medio de mártires del genocidio del 1915; nosotros escribiremos ese día sobre ellos. Seguro que durante todo el tiempo de las persecuciones del Imperio Romano, no se llegó ni de lejos a esa cifra. Creo que ahora somos aun más bárbaros.

  4. El encabezado de este artículo es un texto del salmo 21 que es conocido como la Pasión según David. Este salmo, precisamente por evocar lo de las manos taladradas es de los que más me han impresionado.
    Hace unas horas rezábamos el vía matris y la reflexión sobre la estación en que Jesús es clavado hacia precisamente referencia sobre sus dolores y los de la Virgen Santísima en ese momento.
    Ya se que vas a salirme con lo de más falso que el Rey Melquiades, pero me gustaría que hicieras un artículo sobre las reliquias de los clavos de Cristo. En estos días pude ver en internet (porque buscaba fotos de variS reluquias) la famosa corona lombarda que yo suponía inexistente. También vi el santo chiodo de Milán y el de Santa Cruz de Jerusalén en Roma. A lo mejor salen más de los que pueda haber en una ferretería pero siempre es sabroso leer un artículo tuyo al respecto.
    En esta tarde del Sábado el Rey duerme, mientras hagamos compañía a nuestra Señora en su Soledad. Con gozo esperemos la Vigilia Pascual para poder exultarnos en Cristo que emerge de la muerte.
    Saludos.

    • Si, Humberto, hoy ha sido un día de reflexión pero ya aquí, en estos momentos en los que te escribo, ya hemos celebrado la Vigilia Pascual en algunas parroquias y estamos conmemorando gozosos la Resurrección de nuestro Dios y Señor, Jesús de Nazareth.

      ¿Qué he hable de los clavos? Ya hemos escrito y publicado un artículo en este blog sobre las reliquias de la Pasión.
      Con respecto a los clavos, sabemos que fueron tres, pero por decirte algo, te diré que hay relicarios con clavos completos de la Pasión en: el llamado Tesoro de Teofano, Essen (Alemania), en la basílica de San Marcos de Venecia (tres nada menos), en el tesoro de la catedral de Colonia, en la iglesia de la Virgen del Faro en Constantinopla, en la catedral de Trier (Alemania), en la catedral de Cristo Salvador en Moscú, en el Patriarcado de Georgia, en el Vaticano, en la catedral de Milán….. si quieres, sigo pero ya van once. Lo que tú dices: más que en una ferretería. Mejor dejarlo aquí, ¿no te parece?

  5. Gracias Antonio por esta serie de articulos tan interesantes aunque terribles sobre el sufrimiento que padecio Nuestro Señor Jesucristo en sus ultimas horas.
    Comento este articulo ya el dia de Pascua,con la Resurreccion de Jesucristo presente en este dia.
    Siempre he pensado que al igual que en todas (o casi todas) las iglesias hay presente una imagen de Jesucristo crucificado,tambien deberia haberlo de un Jesucristo resucitado o victorioso sobre la muerte,ya que la primera imagen desgraciadamente es la que siempre tenemos en mente,al menos en mi caso y de tanto haberla visto de niño y adolescente en mi iglesia parroquial.

    • Estaría bien que hubiesen más imágenes de Resucitados, porque sin la Resurrección de Cristo, vana sería nuestra fe, pero quiero recordarte, Abel, que “Dios reinó desde un árbol”. “Regnavit a ligno Deus”, dice el himno “Vexilla Regis”.
      Y es así de cierto:porque lleva dos mil años reinando desde lo alto de la cruz, en los campanarios de todas las iglesias, en muchos de los montes más altos del mundo, el multitud de monumentos, alzando hacia ella sus ojos cientos de miles de millones de personas. Han pasado los imperios y los reinados: el romano, el bizantino, el chino, el otomano, el español, el británico, el comunismo….. y Él sigue ahí, reinando desde lo alto de un madero. Su Reino no tendrá fin.
      Por eso, la imagen del Resucitado nos llena de alegría, pero la imagen de un Crucifijo (y podemos imaginarnos lo que ello supuso realmente), nos llena de esperanza, nos quita todos los miedos, nos tranquiliza, nos anima a seguir adelante. ¡Qué sería de nosotros sin la cruz de Cristo! De instrumento de ignominia se convirtió en signo de salvación.
      Quiera nuestro Señor dar ánimos a tantos hermanos nuestros que están siendo perseguidos por su fe y abrirle los brazos (como realmente lo hace) a todos aquellos que prefieren dar la vida antes que negarlo.
      Todos los santos mártires de hoy en día, rueguen por nosotros.

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