La Vigilia Pascual

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la edícula en el interior de la Basílica, rodeada por fieles con velas con ocasión de la Noche de Pascua. Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén (Israel).

Vista de la edícula en el interior de la Basílica, rodeada por fieles con velas con ocasión de la Noche de Pascua. Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén (Israel).

La madre de todas las santas vigilias
Así es como san Agustín [1] llamaba a la Santa Vigilia Pascual que se celebra en la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección. En efecto, ya desde esos primeros siglos, se entendió que en esa noche algo era distinto. No se trataba de una vigilia cualquiera (vigilia es la anticipación o preparación al día anterior de la celebración de una solemnidad o fiesta), sino que es recordatorio del acontecimiento fundamental del que manan, nacen o se refieren todas las fiestas litúrgicas del año cristiano. Tal es así, que cualquier celebración, cualquier acto litúrgico, y yendo más allá, cualquier aspecto de la vida cristiana, se centra en el misterio pascual de Cristo y ponen en él su cimiento. “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe” (1 Cor. 15, 14).

Con el tiempo, las vigilias de otras fiestas han ido perdiendo empuje, y las otrora habituales en todo el año litúrgico van siendo reducidas a unas pocas que merecen recordarse (Nochebuena, Pentecostés, Inmaculada…). Incluso durante el siglo XX se difuminó ésta que nos ocupa, siendo la asistencia de los fieles habitualmente escasa. Pero desde la reforma de Pío XII de 1955 [2] y el empuje de algunos movimientos laicales de nuevo cuño, que la celebran con gran piedad, ha resurgido con gran fuerza. Es de agradecer que haya sido puesta en el gran lugar que le corresponde como la principal y más importante solemnidad anual para el cristiano.

Esta vigilia es, por tanto, algo especial para el seguidor de Cristo vivo y resucitado, pues su sentido salvífico, cristológico, escatológico, sacramental y simbólico está a rebosar. No puede en estas pocas líneas explicarse toda la riqueza de la Vigilia Pascual, pero intentaremos acercarnos a ella mediante unas pocas pinceladas que resuman lo más importante.

Vista de la edícula en el interior de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén (Israel), iluminada para la noche de Pascua.

Vista de la edícula en el interior de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén (Israel), iluminada para la noche de Pascua.

La Vigilia Pascual: centralidad del Triduo Pascual
Con la Vigilia Pascual (y podíamos decir que con su prolongación-epílogo de la Santa Misa del domingo de Pascua o Resurrección) termina el gran triduo que conmemora la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Si el Jueves Santo recordábamos la cena del Señor (eucaristía-entrega-cordero inmolado) y el Viernes Santo su pasión y muerte, en la vigilia del domingo celebramos ya su triunfante resurrección. No puede entenderse un día sin los demás, los tres van unidos inseparablemente. “La liturgia, y aún la misma vida cristiana por el bautismo, que nos injerta en el misterio pascual, tienen su sentido en la pasión, muerte y resurrección de Cristo” [3]. Aunque ahora celebramos los tres hechos por separado en tres días, en los primeros siglos de la Iglesia, no fue así. Se necesitó un lento desarrollo litúrgico.

El acontecimiento pascual, los tres hechos mencionados, todos en uno, fue lo que impactó a los discípulos y llenó de contenido su predicación hasta los confines del mundo. La Pascua es algo que debe ser el centro del cristiano, que debe dar vida nueva y comunicarse a los demás hombres, pues por ellos, por su salvación, Cristo padeció, murió y resucitó, y se entrega sacramentalmente en cada Eucaristía. Por eso este misterio redentor no acaba en la conmemoración pascual, sino que toda la liturgia, toda la vida de la Iglesia es pascual. Siempre debe ser entrega, oblación, redención, alegría del sepulcro vacío, anuncio y promesa.

Por lo anterior, por vivirse todo unido en cada momento litúrgico, en los primeros decenios del cristianismo no se celebraba la Vigilia Pascual como conmemoración anual de la Pascua-Muerte-Resurrección, sino que todos los domingos eran fiesta pascual (y aún siguen siéndolo de alguna manera). No será hasta bien entrado el siglo II cuando se establece un día privilegiado para vivir esta celebración con mayor solemnidad. Por los escritos patrísticos se aprecia que era muy festejada, con gran éxtasis y fervor por parte de los asistentes. Eran todos los bautizados y catecúmenos los que se reunían, pues no se entendía que un cristiano no acudiera a esta celebración principal. Era tanto el fervor en esta noche santa, que el sentir popular creía que la parusía, o segunda venida de Cristo ocurriría durante una Vigilia Pascual. Así lo reflejan algunos sermones que se conservan.

Celebración de la Resurrección en la noche.

Celebración de la Resurrección en la noche.

Poco a poco, sin perder la centralidad pascual, se fueron introduciendo los elementos litúrgicos que luego describiremos, sobre todo especialmente el bautismo, ya que al ser la celebración más importante de año, era (y es) un momento ideal para administrar dicho sacramento redentor (muere el hombre viejo, nace el hombre nuevo). Se van estructurando y afianzando sus partes con el paso de los años y se van perdiendo otras que pasan a otros días (la pasión y muerte) como “fases” de una misma solemnidad, hasta configurar lo que hoy tenemos y entendemos como Triduo Pascual.

La Vigilia Pascual consta de tres partes fundamentales (aunque podemos a su vez subdividirlas en más): a) bendición de la luz, b) lecturas con cantos y oraciones, c) celebración de los sacramentos de iniciación y d) coronadas todas ellas con la Eucaristía. Veamos lo más importante de cada una.

Liturgia de la Vigilia Pascual
a) Bendición de la luz
La bendición de la luz era un rito que existía en el mundo judío tanto en su liturgia como en la acción cotidiana de encender las luces de una casa durante el atardecer. A dicha acción le acompañaba una oración-bendición. Es muy probable que el mismo Jesús, en la Última Cena, hubiera pronunciado esta bendición judía. La Iglesia dio nuevo significado a este rito gracias a la rica teología que se desprende de las mismas palabras que sobre la luz pronunció Jesús durante su vida. Hay vestigios de que en las primitivas comunidades cristianas, ya en el siglo IV, se usaba esta bendición de la luz en la Vigilia Pascual.

Fotografía del papa Francisco durante el rito del Lucernario del año 2013.

Fotografía del papa Francisco durante el rito del Lucernario del año 2013.

Al comienzo de la Vigilia la oscuridad invade todo el templo donde se va a celebrar la liturgia. El templo se transforma así en una especie de sepulcro. Dicha oscuridad nos recuerda que, real y verdaderamente, no de manera simulada, ha muerto el autor de la Luz (Gen. 1,3), el Salvador-Luz que nos visitó de lo alto (Lc. 1,78), el Cristo luminoso transfigurado en el Tabor (Mt. 17,1ss), la Palabra-Luz verdadera (Jn. 1,8), la Luz que ilumina al mundo (Jn. 8,12). Es un momento de dolor contenido y sereno, de espera, de silencio. En la puerta del templo es bendecido el cirio pascual. Será usado durante todo el tiempo pascual y durante la celebración de bautismos, y representa al mismo Cristo resucitado, por eso durante dicho tiempo pascual es incensado en las celebraciones litúrgicas.

Portado por un diácono, el cirio, ya bendecido, entra en el templo y sirve como guía a todo el pueblo, nuevo Israel, que peregrina tras su Salvador en la procesión de entrada, y va tomando del cirio pascual la luz que arderá en las pequeñas velas que cada uno porta. Tras tres aclamaciones del pueblo, el diácono, desde el ambón, proclama, normalmente cantando, el “Exultet” o Pregón Pascual. Dicho pregón, de gran antigüedad (probablemente compuesto por San Ambrosio) y enorme calidad literaria, nos describe poéticamente el significado espiritual de la luz en la noche iluminada por la Resurrección de Jesucristo, aludiendo a las grandes etapas de la historia de la salvación, desde la creación hasta el presente. No deja indiferente al creyente la gran fuerza de las palabras de este pregón, el anuncio de la Resurrección y el gran lirismo y simbología de la luz y el cirio. Es un momento único de esta noche, irrepetible durante el año.

b) Liturgia de la Palabra
Si densa era la bendición de la luz, no menos densa es la parte que le sigue. Primitivamente era una gran catequesis para los que iban a bautizarse esta noche, pero ahora es un oficio que combina lecturas de la Sagrada Escritura, cantos (salmos o cánticos) y oraciones, no siendo hasta el misal de 1970 cuando se estableció su estructura actual. Lo que más llama la atención es el número de lecturas que se proclama esta noche: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (Gen. 1,1-2,2; Gen. 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18; Ex. 14, 15-15, 1;  Is. 54, 5-14; Is. 55, 1-11; Bar. 3, 9-15. 32-4, 4; Ez. 36, 16-28; Rom. 6, 3-11; Evangelio, que varía según ciclo litúrgico), aunque por razones pastorales sólidas pueden reducirse a tres (nunca por mero capricho o por acortar la celebración sin fundamento). Entre las lecturas se intercalan oraciones y salmos de gran significación en la historia salvífica.

El papa Benedicto XVI durante la Liturgia de la Palabra en la Vigilia Pascual del año 2011.

El papa Benedicto XVI durante la Liturgia de la Palabra en la Vigilia Pascual del año 2011.

Muy emotivo es el momento en el que se terminan las lecturas del Antiguo Testamento y comienzan las del Nuevo. Se canta entonces, de una manera solemne el “Gloria” (que no se proclamó en toda la Cuaresma, exceptuando el Jueves Santo) y se hacen repicar las campanas del templo. También tiene especial significado el canto del Aleluya, el principal entre todos los del año, que precede al Evangelio.

c) Liturgia bautismal
Siempre que sea posible, es lógico que en esta parte se administren los sacramentos de iniciación cristiana (bautismo, eucaristía y confirmación si el que preside es obispo), pues desde antiguo en esta Vigilia Pascual era el momento en que los catecúmenos se incorporaban a la vida en Cristo resucitado. Con la implantación del bautismo de niños pequeños cayó muy en desuso esta costumbre, pero actualmente se insiste que al menos los catecúmenos adultos y los niños nacidos en fechas cercanas reciban las aguas bautismales en esta Vigilia, pues es esta liturgia un marco adecuado para mejor comprender su significado. Independientemente que sean adultos o niños se sigue el ritual del bautismo como siempre: óleos, letanías, vestido blanco, etc… Personalmente hace un par de años fui padrino de un niño que fue bautizado en esta noche y fue algo muy emotivo.

En el caso de adultos conversos no es raro el hecho de que puedan recibir, tras un periodo largo de catecumenado, los tres sacramentos en la misma celebración pascual presidida por el obispo diocesano del lugar. Habitualmente suele darse esta circunstancia en la Vigilia Pascual presidida por el Papa y en diócesis de importancia.

Bautizo de un joven adulto durante la segunda Vigilia Pascual del papa Francisco.

Bautizo de un joven adulto durante la segunda Vigilia Pascual del papa Francisco.

Independientemente de si hay o no bautismos en la celebración de la Vigilia, suele bendecirse el agua que va a usarse en los bautismos durante el tiempo de Pascua con la novedad de que se introduce el cirio en dicha agua y se usa un texto diferente al habitual, se procesiona solemnemente con ella hasta el baptisterio, se recita la letanía de los santos y se renuevan las promesas bautismales, encendiendo entonces de nuevo las velas que cada fiel porta.

d) Eucaristía
La Vigilia sigue con la liturgia eucarística, culmen de la celebración. No posee ningún rito que se salga de lo habitual de un domingo normal. Evidentemente los textos del ordinario a usar que el misal propone son de una mayor solemnidad. Curiosamente se usarán en los días siguientes, en toda la octava pascual, debido a que éstos se consideran como una única unidad litúrgica. Hasta tal punto es esto, que en el prefacio se dice, en toda la octava: “… En este día … “

La plegaria eucarística que suele usarse esta noche es el llamado Canon romano, más solemne. Concluye la celebración con la bendición final y el canto por duplicado del Aleluya, que se repetirá durante todo el tiempo pascual.

David Jiménez


Texto en latínTexto en español
Exultet iam angelica turba caelorum:
exultent divina mysteria:
et pro tanti Regis victoria tuba insonet salutaris.

Gaudeat et tellus tantis irradiata fulgoribus:
et, aeterni Regis splendore illustrata,
totius orbis se sentiat amisisse caliginem.

Laetetur et mater Ecclesia,
tanti luminis adornata fulgoribus:
et magnis populorum vocibus haec aula resultet.

Quapropter astantes vos, fratres carissimi,
ad tam miram huius sancti luminis claritatem,
una mecum, quaeso,
Dei omnipotentis misericordiam invocate.
Ut, qui me non meis meritis
intra Levitarum numerum dignatus est aggregare,
luminis sui claritatem infundens,
cerei huius laudem implere perficiat.
Per Dominun nostrum Jesum Christum Filium suum,
qui cum eo vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus
Per omnia saecula saeculorum. AMEN.

Vers. Dominus vobiscum.
Resp. Et cum spiritu tuo.
Vers. Sursum corda.
Resp. Habemus ad Dominum.
Vers. Gratias agamus Domino Deo nostro.
Resp. Dignum et iustum est.

Vere dignum et iustum est,
invisibilem Deum Patrem omnipotentem
Filiumque eius unigenitum,
Dominum nostrum Iesum Christum,
toto cordis ac mentis affectu et vocis ministerio personare.

Qui pro nobis aeterno Patri Adae debitum solvit,
et veteris piaculi cautionem pio cruore detersit.

Haec sunt enim festa paschalia,
in quibus verus ille Agnus occiditur,
cuius sanguine postes fidelium consecrantur.

Haec nox est,
in qua primum patres nostros, filios Israel
eductos de Aegypto,
Mare Rubrum sicco vestigio transire fecisti.

Haec igitur nox est,
quae peccatorum tenebras columnae illuminatione purgavit.

Haec nox est,
quae hodie per universum mundum in Christo credentes,
a vitiis saeculi et caligine peccatorum segregatos,
reddit gratiae, sociat sanctitati.

Haec nox est,
in qua, destructis vinculis mortis,
Christus ab inferis victor ascendit.

Nihil enim nobis nasci profuit,
nisi redimi profuisset.
O mira circa nos tuae pietatis dignatio!
O inaestimabilis dilectio caritatis:
ut servum redimeres, Filium tradidisti!

O certe necessarium Adae peccatum,
quod Christi morte deletum est!
O felix culpa,
quae talem ac tantum meruit habere Redemptorem!

O vere beata nox,
quae sola meruit scire tempus et horam,
in qua Christus ab inferis resurrexit!

Haec nox est, de qua scriptum est:
Et nox sicut dies illuminabitur:
et nox illuminatio mea in deliciis meis.

Huius igitur sanctificatio noctis fugat scelera, culpas lavat:
et reddit innocentiam lapsis
et maestis laetitiam.
Fugat odia, concordiam parat
et curvat imperia.

In huius igitur noctis gratia, suscipe, sancte Pater,
laudis huius sacrificium vespertinum,
quod tibi in hac cerei oblatione sollemni,
per ministrorum manus
de operibus apum, sacrosancta reddit Ecclesia.

Sed iam columnae huius praeconia novimus,
quam in honorem Dei rutilans ignis accendit.
Qui, licet sit divisus in partes,
mutuati tamen luminis detrimenta non novit.

Alitur enim liquantibus ceris,
quas in substantiam pretiosae huius lampadis
apis mater eduxit.

O vere beata nox,
in qua terrenis caelestia, humanis divina iunguntur!

Oramus ergo te, Domine,
ut cereus iste in honorem tui nominis consecratus,
ad noctis huius caliginem destruendam,
indeficiens perseveret.
Et in odorem suavitatis acceptus,
supernis luminaribus misceatur.

Flammas eius lucifer matutinus inveniat:
Ille, inquam, lucifer, qui nescit occasum:
Christus Filius tuus,
qui, regressus ab inferis, humano generi serenus illuxit,
et tecum vivit et regnat in saecula saeculorum.

Amen.
Exulten por fin los coros de los ángeles,
Exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra, inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla,
que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo
con las aclamaciones del pueblo.

Por eso, queridos hermanos,
que asistís a la admirable claridad de esta luz santa,
invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente,
para que aquel que, sin mérito mío,
me agregó al número de los Diáconos,
completen mi alabanza a este cirio,
infundiendo el resplandor de su luz.

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque Él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su Sangre, canceló el recibo,
del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya Sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche en que sacaste de Egipto,
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Esta es la noche en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

Esta es la noche
en la que por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo, son arrancados
de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

Esta es la noche en que,
rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó del abismo.

Esta es la noche de que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo.»
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los potentes.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre Santo,
el sacrificio vespertino de esta llama,
que la santa Iglesia te ofrece
en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Qué noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!

Te rogamos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
para destruir la oscuridad de esta noche,
arda sin apagarse
y, aceptado como perfume,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
Jesucristo, tu Hijo,
que, volviendo del abismo,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.


[1] S. AGUSTÍN. Serm. 219.
[2] PÍO XII, Maxima redemptionis nostrae mysterium.
[3] Constitución Sacrosanctum Concilium, 2, 5 y 6.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

7 pensamientos en “La Vigilia Pascual

  1. Muchas gracias, David, por este artículo sobre la Vigilia Pascual, liturgia en la que recordamos y celebramos la Resurrección de nuestro Salvador, Jesús de Nazareth. Creo que este era un tema litúrgico que teníamos pendiente en este blog y hoy, gracias a ti, hemos cumplido nuestro deseo. Has sido capaz de resumir en un artículos normal lo que merecería todo un tratado de teología y creo que esto te lo agradeceremos todos los lectores.
    Quiero aprovechar este comentario para felicitar a todos nuestros colaboradores, comentaristas y lectores en esta Noche Santa en la que hemos celebrado la Resurrección de Cristo.
    ¡Hallelujah-Aleluia-Aleluya, Cristo ha Resucitado, verdaderamente, ha Resucitado, Hallelujah-Aleluia-Aleluya!

  2. ¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! Venció a la muerte, Cristo pasó de la muerte a la vida así nosotros también resucitaremos con El, de la tumba se levantó, Dios ha glorificado a su Hijo, si no hubiera resucitado vana sería nuestra fe, estaría muerta, alabemos al Señor

  3. Feliz pascua. La verdad es que repasar estos detalles litúrgicos le ayudan a uno a vivir más conscientemente esta festividad.

  4. Aleluya, Él ha resucitado, verdaderamente ha resucitado.
    Que el Dios vivo que es Nuestro Señor Resucitado otorgue paciencia, esperanza y bendición a los cristianos perseguidos de nuestro tiempo, pero sobre todo, que mueva a compasión y haga entrar en razón a estos gobiernos inmisericordes en cuyas manos está el detener esta brutal masacre, y no están haciendo nada. Él lo quiera y no tarde en hacerse realidad.

  5. En este día, el más importante del año, de hecho es su centro, deseo de todo corazón a nuestros hermanos colaboradores y lectores, que tengan un muy feliz día de Pascua. Que Cristo resucitado llene de amor y vida nueva sus vidas.
    Christos Anesti!!!!
    El Señor ha resucitado, Aleluya!!!!

  6. Credo que e articolo es muy rebuscatto. En otros artiulos que ha publicato son megliores. Olvida tambien el autor las raices della liturgia antica mal chamada tridentina pero que es importante.No debe el autor habla como si sabira y sin citar textos.

    • Bueno, si quiere Ud. citas yo les pongo las que quiera del párrafo que necesite aclaración. No he puesto más porque es un resumen muy escueto sobre esta celebración pascual y porque es un tema conocido por casi todos que no necesita, a mi entender, mucho sostén bibliográfico. No he pretendido en modo alguno hacer algo académico, sino más bien divulgativo y cercano. Un saludo. Ya me dice si quiere algo concreto.

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