Santos Teodora y Dídimo, mártires de Antioquía

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo copto de los Santos.

Icono ortodoxo copto de los Santos.

Ayer, al tiempo que hablábamos de los mártires de Rávena-Milán, se celebraba también la fiesta de una pareja de mártires cuya historia es una de las más curiosas y amenas que se pueden encontrar en la hagiografía tradicional: la de los Santos Teodora, virgen, y Dídimo, soldado, mártires en Antioquía según algunas versiones, y en Alejandría según otras. De la passio existen dos ediciones, una latina y otra griega, pero ha conocido un desarrollo posterior por el encanto intrínseco que ofrecía esta historia.

La historia, que no tiene desperdicio, fue reproducida en la Leyenda Áurea de Santiago de la Vorágine como “Una santa doncella de Antioquía”, donde no daba nombre a los protagonistas. Este relato, narrado por San Ambrosio originalmente, es una historia ejemplificante pensada y descrita para que sirviera de instrucción de los cristianos en la fe; tiene un gran encanto en su simplicidad. Hay que hacer notar, sin embargo, que es la tradición ortodoxa quien da el nombre de Teodora -cuyo nombre significa, en griego, “regalo de Dios”- a esta mártir y la sitúa en Alejandría (aunque no especifica cuál, habiendo varias Alejandrías, como Antioquías, en el mundo antiguo), mientras que la Leyenda Áurea, de tradición católica, no le da nombre y la sitúa en Antioquía.

Sin duda el relato de la Leyenda Áurea -uno de los más entretenidos de La Vorágine- está inspirado en la passio de los Santos Teodora y Dídimo, por lo que, para darle más “jugo” al artículo que, de otro modo, se quedaría algo corto, reproduciremos un extracto de esta versión, advirtiendo al lector lo que es -un relato edificante- para luego desgranar lo que se encuentra tras él.

“Una santa doncella de Antioquía”
En esta ciudad, en efecto, vivía una joven virgen, tan recatada que nunca se dejaba ver en público y vivía enclaustrada en su casa, donde hacía continuo ejercicio de oración y meditación. Sin embargo, cuanto más se ocultaba de las miradas de las gentes, más se excitaban los curiosos y los indiscretos, pues se rumoreaba que la joven era de una exquisita belleza. Como ella no quería despertar apetitos lascivos ni esperanzas amorosas en nadie, para conservar su dignidad, se ocultó de miradas indiscretas, y así concitó una gran curiosidad alrededor de ella.

Icono ortodoxo griego de Santa Teodora, mártir de Alejandría.

Icono ortodoxo griego de Santa Teodora, mártir de Alejandría.

En aquel tiempo surgió la persecución contra los cristianos, y con ella un serio problema para la joven, pues habiendo vivido siempre encerrada, no tenía dónde ir y su corta edad le impedía manejarse por el mundo. Al llegar la persecución a la ciudad, un grupo de violentos hombres, oyendo la fama de santa que tenía la joven, entraron como una turba en su casa y se la llevaron entre empujones y malos tratos. Luego, la expusieron en la plaza pública para que todo el mundo la contemplase y saciase su curiosidad, y en efecto, reconocieron todos que era muy hermosa, creando entre el público una gran expectación.

Luego la entregaron a manos del gobernador de la ciudad, Eustracio, que se dirigió a ella y la interrogó: “¿Cómo es que, siendo tan bella y estando ya en edad núbil, no te has casado?” Ella respondió: “No he tomado marido porque me he consagrado al Señor y he decidido permanecer virgen por su Nombre.” Eustracio dijo que le daba tres días para reflexionar y sacrificar a los dioses, o de lo contrario, la llevaría a un burdel para que la obligaran a prostituirse -léase este artículo para saber más sobre la violación ritual de las vírgenes antes del suplicio-. Ella no dijo palabra alguna y bajó el rostro, pues la sola idea de tener miles de ojos mirándola la hacía enrojecer.

Durante los tres días que la virgen permaneció encerrada, reflexionó para sí misma: “Veamos qué debo hacer en esta coyuntura: me piden que elija entre el martirio y la virginidad. La virginidad del alma es superior a la del cuerpo. Las dos juntas son un bien excelente y debo conservarlas mientras sea posible, y cuando ya no lo sea, debo preferir la primera aunque tenga que sacrificar la segunda. Puedo permanecer pura a los ojos de Dios aunque mi cuerpo lo hayan manchado los hombres.” Este tipo de reflexión, que vemos apuntada en otros lugares como la passio de Santa Lucía, pretendía exculpar a las vírgenes cristianas que eran violadas durante los procesos judiciales, librándolas de la mancha espiritual que podía suponer el estupro, siendo preferible que conservaran la fe -no apostatando con un sacrificio pagano- a que conservaran la integridad física… en cualquiera de sus aspectos.

Pasados los tres días y hecha comprobación de que la joven seguía adelante en su proposición, Eustratio mandó ejecutar su amenaza. La llevaron al prostíbulo, y allí la metieron en una habitación y atrancaron la puerta. Mientras fuera discutían los hombres quién sería el primero en entrar y tener el privilegio de llevarse su virginidad, ella se arrodilló en el centro de la estancia, alzó las manos y suplicó a Cristo que la asistiera en aquel trance: “¡Haz, Señor, por tu bendito nombre, que quien entró virgen en este antro de lujuria, virgen salga de él!”

Teodora y Dídimo se intercambian las vestiduras. Grabado de Jan Van Luyken.

Teodora y Dídimo se intercambian las vestiduras. Grabado de Jan Van Luyken.

Al momento, irrumpió en la habitación un corpulento soldado. Cuando el elegido ya iba a entrar para solazarse con la muchacha, este joven imponente y de mirada fiera, intimidando a los demás, se había arrogado el derecho de entrar el primero. Ella lo contempló aterrorizada, creyéndose ya perdida, sin embargo, el soldado le propuso intercambiar sus ropas, para que ella pudiese escapar: “Cuando salgas de aquí, no mires atrás. No tengas miedo, todo saldrá bien: yo moriré en tu lugar y tu quedarás salvada de la injuria a la que te habían destinado.”

A continuación, se despojó de la clámide, y se la entregó a la doncella, que inclinó el cuello para recibirla. Luego le pasó el gorro, dentro del cual la joven recogió y escondió su cabellera y se embozó el rostro. Ella se despojó de sus vestidos bajo la ropa del soldado y se los entregó, vistiéndose él de mujer. Trocadas las ropas, ella salió apresuradamente, pasando por delante del grupo de clientes, que discutía aún sobre quien sería el siguiente en entrar. Al verla salir, pensaron que era el anterior cliente, y entró uno en la cámara. Pero al ver a un hombre en lugar de a una mujer, se quedaron estupefactos, y pasado el primer instante de estupor, reconocieron al soldado y la farsa que había tramado. Enfurecidos porque había propiciado que la codiciada víctima escapara, se apoderaron de él y lo llevaron ante Eustracio. Él se proclamó cristiano, y por ello fue condenado a muerte.

El día en que iban a ajusticiar al soldado, se congregó una gran multitud en el patíbulo dispuesto a presenciar la decapitación. Cuando ya estaba el hacha en alto para descargar el golpe mortal, de pronto se oyeron rumores y susurros ahogados que hicieron detenerse al verdugo. La hermosa virgen había aparecido entre la multitud y subía tranquilamente los escalones del patíbulo, yendo a parar junto al reo, el verdugo y el grupo de los perseguidores. Cuando él le preguntó, sorprendido, qué hacía allí, ella respondió: “Cuando yo acepté tu propuesta, no lo hice para salvar mi vida, sino mi honor, así pues, aquí estoy. Si estos malvados quieren ultrajarme, sigo siendo mujer, si quieren derramar mi sangre, aquí la tienen. No necesito que nadie muera para salvarme a mí. Esta sentencia de muerte fue dictada contra mí, y es a mí a quien debe ejecutar.”

Martirio de los Santos. Grabado barroco.

Martirio de los Santos. Grabado barroco.

Él protestó, diciendo que se había ofrecido a morir en su lugar, a lo que ella insistió: “Prefiero morir inocente a seguir viviendo con la conciencia atormentada de haber sido yo la causa de tu muerte. Mi cuerpo no hubiese podido resistir ser profanado, pero sí puede ser martirizado. Huí del deshonor, pero no de la muerte, te cedí mis vestidos, pero no mi persona.”

“Ten en cuenta esto”, prosiguió ella, “a una mujer pueden vejarla violándola, pero a ti no pueden [1], te aplicarían otra pena. ¿No te sentirías más dichoso si vieras mártir a la que pretendían hacer prostituta? ¿No te disgustaría saber que, después de tu martirio, la joven a la que ayudaste era devuelta al prostíbulo y mancillada de todos modos?”. A continuación, ella ofreció mansamente su cuello al verdugo, que la decapitó. El soldado no pudo menos que reconocer que aquélla era una mujer de gran fe y coraje. Después de la joven, fue ajusticiado el soldado. Ambos cadáveres fueron de inmediato incinerados.

La passio antioquena
Aunque el relato de La Vorágine esté considerablemente dramatizado, Franchi de’ Cavalieri, que es el hagiógrafo que mejor ha estudiado la passio original de los Santos Teodora y Dídimo, de la cual ha sido extraído, dice que ésta es una de las mejor conservadas y que, en líneas generales, reproduce el verdadero interrogatorio, sin añadir torpes ampliaciones (que de eso ya se encargó La Vorágine).

Martirio e incineración de los cadáveres de los Santos. Grabado de Jan Van Luyken.

Martirio e incineración de los cadáveres de los Santos. Grabado de Jan Van Luyken.

Según esta passio, y yendo en términos más puristas, Teodora fue llevada ante el juez (erróneamente se dice que se llamaba Proclo) ante el cual profesó su fe cristiana. Llamado el curator civitatis de Alejandría, un tal Lucio, para que diera información sobre Teodora, éste dio las mejores diciendo que era de optimo genere, o sea, que era de familia noble. Entonces se produjo una animada discusión entre la mártir y el juez, en la que Teodora se mostró inamovible, hasta tal punto que este emitió un veredicto de condena al meritorium -el prostíbulo- después de haberle concedido tres días para que recapacitase.

Sigue diciendo la passio que el Señor le envió a Dídimo, un soldado cristiano, el cual le propuso disfrazarse de militar a fin de escapar de aquel lugar infame. Ella, siguiendo las instrucciones de Dídimo, lo hizo, eludió la vigilancia y consiguió la libertad, mientras que Dídimo fue descubierto como encubridor, fue arrestado y encerrado en el lugar en el que había estado Teodora.

Llevado ante el presidente Eustracio, fue condenado a morir decapitado, mientras que Teodora, aunque ya no es recordada en la passio, también se unió al recuerdo de Dídimo, reconociéndosele la categoría de mártir. Su martirio fue recordado por el obispo Eusebio de Emessa en un elogio sobre las mártires antioquenas Berenice (Verónica), Prosdocia (Proscudia) y Domnina.

Santa Teodora vestida con los pertrechos de San Dídimo. Grabado de Joost Van der Vondel.

Santa Teodora vestida con los pertrechos de San Dídimo. Grabado de Joost Van der Vondel.

Como se ve, el relato de la doncella anónima de Antioquía que se relata en la Leyenda Áurea sin duda procede de la passio de los Santos Teodora y Dídimo, siendo posible reconocer en la doncella a la primera y en el soldado al segundo. De hecho, la única diferencia es que la passio original no especifica que Teodora muriese mártir, es decir, que no volvió a morir junto a su salvador; sino que simplemente desaparece del relato, aunque luego le atribuyan la categoría de mártir. Quitándole los adornos novelescos que sin duda fueron añadidos a la redacción latina, no se duda de que podamos estar ante una historia con tintes verídicos, por más pintoresca que nos pueda parecer.

Culto, memoria y reliquias
Los sinaxarios bizantinos recuerdan a estos dos mártires el día 5 de abril, mientras que el Martirologio Romano lo hace el 28 de abril, o sea, ayer. De culto específico no puede hablarse demasiado, sin embargo, esta sabrosa historia, con un poco de todo -morbo, prostíbulos, travestismos, intercambios y sacrificios voluntarios y personales por desconocidos- fue bastante conocido como ejercicio de lectura devota. El mismo compositor barroco Georg Friedich Händel le dedicó un oratorio, Theodora, cuyo título es el mismo nombre de la protagonista.

No parecen existir reliquias de estos mártires, entre otras cosas, porque el mismo relato nos dice que sus cadáveres fueron incinerados. Sin embargo, en notorio que en Belluno (Italia) existe una urna con reliquias de “Santa Teodora de Alejandría”. Esta Santa podría ser identificada con nuestra protagonista mártir de hoy, por cuanto la imagen que aparece esculpida en la bellísima urna barroca es una santa mártir -una mujer con palma-, y no hay otra Santa Teodora mártir que responda a la ubicación de Alejandría. Hay otra Santa Teodora de Alejandría, pero no es mártir, sino penitente: la Amma Teodora de quien ya nos habló nuestro compañero Antonio.

Urna barroca con las reliquias de Santa Teodora "de Alejandría". Belluno, Italia.

Urna barroca con las reliquias de Santa Teodora “de Alejandría”. Belluno, Italia.

¿Cabría identificar las reliquias de esta urna como las de Santa Teodora, mártir en Antioquía-Alejandría? A menos que se trate de un cuerpo santo o de un error del orfebre el haber esculpido a esta santa con palma, lo cual es dudoso, es muy probable que no exista otra opción de identificación. Pero eso, por otra parte, sigue chocando con el relato: los cuerpos fueron incinerados.

No cabe decir mucho más, pues reproducir el relato entero de La Vorágine o la passio entera alargaría en exceso el artículo. Dejo el vídeo del oratorio de Händel dedicado a esta santa mártir, con una originalísima -y polémica- puesta en escena, puesto que la historia se reproduce fielmente tal cual la hemos narrado, pero con una estética moderna, contemporánea, aunque con unas interpretaciones igualmente magníficas. Los amantes de la música clásica no pueden perdérselo.

Theodora” (1749) Georg Friedich Händel

Meldelen

Bibliografía:
– VORÁGINE, Santiago de la, La leyenda dorada, vol II, Alianza Editorial, Madrid 1997.
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, ed. Città Nuova, Roma 1984.


[1] Nótese la ingenuidad del relato en este punto. No hace falta decir más.

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8 pensamientos en “Santos Teodora y Dídimo, mártires de Antioquía

  1. Muchas gracias, Ana María, por este artículo sobre los santos Teodora y Didimo.
    Sin querer molestar a nadie tengo que decir que me da la risa leyendo el relato de la Leyenda Aurea; está claro que el escritor tenía una mente fantasiosa, pero también está claro que “el vulgo tenía unas tragaderas” que ni te cuento. Suena tan a cuento chino – y que me perdonen los chinos -, que me da la risa. El otro relato, aunque tenga también sus trolas, parece más creible.
    Dos cosas más: precioso el relicario y ¿sabes que en Palermo hay, lo que yo creo que es un cuerpo santo, que a veces lo ves llamado Teodoro y otras veces, Teodora? !!!!!

    • Todavía recuerdo cuando, en mis ratos de recreo en el instituto, me sentaba a leer la Leyenda Áurea en la biblioteca. La historia de la doncella de Antioquía era una de las que más me entretenían. Tenía que meter la cabeza tras el libro y reírme por lo bajo para no molestar a nadie.

      La verdad es que si lo unes todo… la virgen bella que no sale de casa y nadie la conoce, los clientes haciendo cola, impacientes, para entrar a abusar de ella, el tío que le propone el cambio de ropas, los viciosos encontrándose un tío con ropas de mujer… aburrido no es, desde luego. Pero me parece que llevado a la pantalla provocaría más risa que devoción. Hoy en día no colaría en absoluto, me temo, aunque en su época era lectura devota obligatoria y me imagino que hasta inspiradora.

      Eso sí, el oratorio de Händel, aún con su puesta en escena contemporánea, es bellísimo y conmovedor. Y es que de una historieta bastante estrambótica Händel te saca una obra maestra.

      De lo que contiene realmente el relicario, la verdad, mis dudas tengo. Y en cuanto al cuerpo santo de Palermo, depende, si está dentro de una figura digo yo que será reconocible si es hombre o mujer.

      • Te hablo un poco de memoria porque tendría que buscarla y no me es nada fácil, pero creo que va vestida de hombre y lleva nombre de mujer.
        Haré todo lo posible por encontrarla y te la enviaría, aunque no se si tendré que escanearla.

        • Gracias de antemano 🙂 Bueno, muchos cuerpos santos están mal vestidos por ignorancia. Basta con que la falda sea muy corta y enseñe media pierna para que eso ya no sea un vestido femenino, pero se lo ponen igualmente a figuras que son claramente femeninas. Y del calzado no me hables. He perdido la cuenta de cuerpos santos femeninos que llevan calzado masculino militar (las caliga de la soldadesca legionaria).

          Así que vete a saber si en este caso es otra pifiada de ese estilo o estamos ante alguien que cree tener a nuestra Santa Teodora “travesti” de hoy.

  2. Te agradezco que hayas escrito este artículo sobre estos santos que la verdad no recuerdo conocer. No cabe duda que la Leyenda Dorada es el mejor Arsenal para novelas agiograficas para dar algo que entretiene por sus enseñanzas Morales, didácticas y su estilo novelesco. Es una suerte que tu hayas leído ese libro, yo sólo lo conozco de referencia.
    Saludos.

    • En mi caso, se trató de que la profesora de Historia del Arte mostró interés en que se compraran los dos volúmenes de la Leyenda Áurea para la biblioteca del instituto, diciendo que conocer este texto era imprescindible para conocer la iconografía y las leyendas de los Santos, un rasgo esencial para reconocerlos en las obras de arte y hacer un buen análisis iconológico. No le faltaba un ápice de razón, y es más, creo que hay mucha gente devota que no lee y por eso la pifia constantemente a la hora de identificar o representar a los Santos. Si se molestaran en culturizarse leyendo esta obra, que no es nada difícil de leer, otro gallo cantaría. Y me temo que en esto incluyo a mucho personal de museo, que sabe mucho de técnica y de rasgos formales artísticos, pero lo que es la iconografía… no está de moda y no la perfeccionan.

  3. La historia de “Una santa doncella de Antioquia” es de las que mas me gusta de “La Leyenda Dorada”,a pesar de las mofas y demas que puedan surgir de personas que no saben de que se trata.
    Muy buena decision la de tu profe de Historia del Arte el que se empeñara en que se adquirieran los dos volumenes,es para aplaudirla.
    Creo que cualquier interesado en el tema de la hagiografia deberia leerse estos volumenes si esta en sus manos el poder hacerlo,no sera tiempo perdido.
    Eso si,yo me queme las pestañas con esa letra tan pequeña y ademas con dos columnas por pagina..¡¡terrible!!.
    Gracias por tan interesante articulo Ana Maria,ahora ya se el nombre de la santa doncella de Antioquia en la que se baso Jacobo della Voragine.

    • Esa profesora era estupenda, ella y el profesor de latín y griego son lo mejor que he tenido, en docencia, no les ha superado ningún profesor de la universidad, que ya es decir!!

      Tienes razón, el sistema de las dos columnas por página era algo engorroso de leer, pero así se ahorraba espacio y papel, evitando que tuviese más volúmenes. Además la edición que yo leía tenía ilustraciones con pequeñas miniaturas medievales en cada encabezado. Recuerdo que en este caso se veía a la virgen embozada con clámide y petaso escurriéndose del burdel delante de los clientes que hacían cola. Muy pintoresco.

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