Beata Irene Stefani, virgen misionera de la Consolata

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Foto de la beata en el 1914.

Foto de la beata en el 1914.

Aurelia Mercedes Stefani (así se llamaba) nació en Anfo, en el Val Sabbia (Brescia) el día 22 de agosto del 1891, siendo hija de Juan Stefani y Anunciata Massari, personas que profesaban una fe muy profunda y muy valiente. Era la quinta de doce hermanos y fue bautizada al día siguiente de su nacimiento. Era una niña muy guapa y muy viva y desde muy joven demostró una fuerte sensibilidad hacia el apostolado entre sus compañeras, sus familiares y las personas mayores que ellas, todo unido a una fuerte dimensión caritativa, algo que la caracterizó sobremanera a lo largo de toda su vida. Constantemente pensaba en los pobres, ayudaba a los ancianos, cuidaba a los enfermos, reservándose siempre los trabajos más pesados y más humildes. Esta forma de ser, esta entrega a los demás estaba tan arraigada en ella que con solo trece años de edad ya le dijo a sus padres: “Yo seré misionera”.

Este deseo tuvo que posponerlo a causa de la muerte de su madre, lo que hizo recaer sobre ella la tarea de educar y catequizar a sus hermanos más pequeños. Su propia familia y su parroquia, en la que estaba fuertemente comprometida, fueron sus primeros campos de apostolado y por eso allí la conocían como “el ángel de los pobres”. Finalmente, el 19 de junio del año 1911, cuando tenía diecinueve años de edad pudo realizar su deseo. Dejó su pueblo y se marchó a Turín ingresando en el Instituto de las Misioneras de la Consolata, que un año antes había sido fundado por el beato José Allamano. El fundador la recibió con los brazos abiertos y junto con otras compañeras, vistió el hábito religioso el día 12 de enero del 1912 tomando el nombre de Irene. El 29 de enero del año siguiente, hizo la profesión religiosa y anotó lo que sería su lema de vida: “¡Solo Jesús! ¡Todo con Jesús, toda para Jesús, todo para Jesús y nada para mi!”.

Acabada su preparación, a finales de ese mismo año marchó entusiasmada hacia Kenia, siendo plenamente consciente de las dificultades que le esperaban, ya que la evangelización del país estaba en sus inicios y prácticamente no existían ni escuelas ni servicio sanitario. A Kenia llegó en el mes de enero del 1915 y se encontró un panorama realmente desolador: tuvo que adaptarse a una cultura nueva, tuvo que deshacerse de determinados prejuicios previos, tuvo que aprender un idioma nuevo que le era totalmente desconocido. Pero no se acobardó y con total humildad y llena de fe y esperanza se reafirmó en su lema: “Jesús es el Salvador y vino a salvar también a los hijos de este pueblo”. Al poco tiempo de llegar, los efectos de la Primera Guerra Mundial también llegaron a las colonias de ambos bandos y esto hizo que, de manera involuntaria, muchos misioneros se vieran implicados.

Foto de la beata realizando una visita médica en el campo de Dar es-Salaam (Tanzania).

Foto de la beata realizando una visita médica en el campo de Dar es-Salaam (Tanzania).

Su actividad misionera se vio marcada por dos hitos o etapas fundamentales en los cuales se manifestó su personalidad humana y religiosa. El primero fue el pasado en lo que eufemísticamente podríamos llamar los hospitales militares, organizados para atender a los portadores africanos enrolados para transportar el material bélico entre las colonias británica y alemana durante la Primera Guerra Mundial. Sor Irene tuvo que realizar labores de enfermera de la Cruz Roja tanto en Kenia como en Tanzania en esos hospitales de campo, en los que fueron atendidos muchísimos miles de nativos que fueron movilizados por los ingleses para defender y ensanchar sus fronteras. En grandes carpas eran hacinados los enfermos, sin ningún criterio sanitario, muchas veces maltratados y prácticamente abandonados a su suerte. En aquellas miserables condiciones, faltando de todo, ella tuvo que suplir la falta de medicamentos y de médicos, mostrándose como una religiosa cercana que daba consuelo y cariño a los allí “hospitalizados”. Entre tantas lenguas y dialectos, con un hedor insoportable, estaban mezclados enfermos de todo tipo que padecían heridas y enfermedades muy distintas.

Estuvo en estos “hospitales” en Voi, Kilwa y Dar-el-Salaam en Tanzania. Eran en realidad un infierno donde ella parecía ser el único ángel que los lavaba, medicaba, vendaba llagas y heridas, distribuía la comida y otras muchas más actividades, haciéndolo con un cariño y una delicadeza que a todos dejaba desconcertados. Era la caridad personificada, capaz de conquistar la admiración de muchos musulmanes, de muchos médicos sin escrúpulos e incluso de algunos torturadores que sin ambages decían: “Esta hermana es un ángel”. Aprendió las palabras fundamentales en diferentes lenguas a fin de poder consolar y animar a los enfermos a muchos de los cuales, incluso les hablaba de Jesús. A muchos preparó para el bautismo y se pueden estimar en más de tres mil personas las que voluntariamente fueron bautizadas estando en peligro de muerte.

Tumba de la beata en Ghekondi (Kenia).

Tumba de la beata en Ghekondi (Kenia).

La segunda gran etapa de su vida misionera transcurrió en la misión de Ghekondi (Kenia) entre los años 1920 al 1930. Allí, entre los agikuyus, se entregó totalmente a la evangelización con un inagotable espíritu apostólico. En un ambiente que era completamente refractario a la enseñanza, ella fue una maestra infatigable que incluso iba por el campo buscando a jóvenes y adultos para que asistieran a la escuela. Hacía de enfermera, de partera, de visitadora familiar y a todos llevaba palabras y acciones llenas de afecto y de solidaridad. Asimismo, salvó a muchísimos niños que eran abandonados por sus padres para que practicaran con ellos la brujería. Tanto era su trabajo, tanto era su amor que empezaron a conocerla y llamarla “Nyaatha”, que significa “madre misericordia”.

Acogía y agasajaba con innumerables atenciones a todas las hermanas que llegaban a la misión, ya fuera para quedarse o que simplemente estuviesen de paso. Seguía amorosamente la pista a todos aquellos que se veían obligados a emigrar a Nairobi o a Mombasa y a cuantos se desperdigaban por otras aldeas y lo hacía escribiéndoles numerosas cartas, haciendo de intermediaria entre ellos y sus analfabetas familias. A los nativos cristianos los exhortaba a seguir firmes en la fe e incluso alentó a quienes llegaron a ser los primeros seminaristas nativos.

Traslado a su sepultura actual después de su exhumación en el 1955.

Traslado a su sepultura actual después de su exhumación en el 1955.

Como todo el día se lo pasaba trabajando, después de jornadas agotadoras, esta labor epistolar la realizaba por la noche a la luz de una linterna. Su deseo de dar a conocer a Cristo y su evangelio le quemaba el alma, por lo que acudía a todas partes aunque a veces fuera recibida con ofensas. Cuando tenía unos treinta y nueve años de edad, sintió una especie de llamada interior que le exigía el sacrificio supremo de su vida, a lo que se ofreció de manera voluntaria. Solo dos semanas después de este “ofrecimiento”, asistiendo a un enfermo de peste que murió en sus brazos, contrajo la misma enfermedad que en muy pocos días hizo que ella también muriese. Era el 31 de octubre de 1930 y, como he dicho, tenía treinta y nueve años de edad. Al difundirse la noticia de su muerte, los nativos acudieron en masa a la misión para verla por última vez, superando el supersticioso temor que en aquel tiempo sentían hacia los muertos.

Este heroico testimonio fue evidenciado por todos los africanos, cristianos o no, quienes manifestaban que no había muerto por la enfermedad, sino que había muerto por amor. Era realmente una “Nyaatha”, una mujer que era toda misericordia, toda compasión, toda bondad.

Medio siglo después de su muerte, en el año 1984, su Causa de beatificación fue incoada en las diócesis de Nyeri (Kenia) y Turín (Italia). El “Nihil obstat” se recibió el 24 de julio de 1985. Fue declarada Venerable mediante decreto del Papa Benedicto XVI fechado el 2 de abril del 2011. El decreto que reconoció el milagro previo a la beatificación fue promulgado el 13 de junio del pasado año y finalmente será beatificada mañana en Nyeri (Kenia) en una ceremonia presidida por el cardenal tanzano Policarpo Pengo.

Tumba actual de la beata en la iglesia de la Consolata en Nyeri-Mathari (Kenia).

Tumba actual de la beata en la iglesia de la Consolata en Nyeri-Mathari (Kenia).

Sus restos, exhumados en el año 1995, se veneran en la iglesia de la Consolata en Nyeri-Mathari (Kenia).

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Mina, G.P., “Suor Irene narrata dai suoi africani”, Grugliasco, 1988
– Patta, A., “Un’assistente sociale nella vigna di Dio”, La Spezia, 1990
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, Apéndice II”, Città Nuova Editrice, Roma, 2000.

Enlaces consultados (26/04/2015):
– www.irenestefani.altervista.org
– www.suorirenestefani.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

19 pensamientos en “Beata Irene Stefani, virgen misionera de la Consolata

  1. Una valiente mujer joven religiosa misionera extrovertida con celo apostolico y de fe intrepida, ayudo a soldados y a nativos africanos sin ningun tipo de escrupulos, se inmolo a si misma por amor a Dios cuidando abnegadamente a los enfermos, siendo contagiada de la peste.

    Llama la atención sus imágenes con un sombrero y habito blanco siempre sonriente, positiva, su personalidad debió ser muy amigable y comunicativa, hablando siempre del amor de Dios y Jesucristo a todo nativo y nativa que deseara conocerlo, vivió casi 40 años que los vivió intensamente en el apostolado, vivió entre la precariedad de las tríbus africanas, muy similar a la Beata Teresa de Calcuta, siendo pobre entre los pobres y sirviendo a ellos. una joven que renuncio a todos, y a si misma para Jesús a través de los pobres nativos africanos que no conocían a Dios. quería salvar almas dando a conocer la bondad de Dios y Jeús y María. ojala existieran muchas Irenes Stefani en el mundo jovenes alegres pero enamoradas de Jesús y sirviendo abnegadamente a los mas pobres y olvidados.

    a propósito se comenta que Madre Teresa de Calcuta podría ser canonizada el año que viene 2016 durante el jubileo de la misericordia, el 4 de septiembre, aun que no es oficial, si me gustaría que fuese santa, ya que marco un hito histórico a la iglesia católica, mujeres como Irene Stefani y Madre Teresa irradian todo el continente africano y asiatico de Luz y misericordia.

    • Bueno, Juan; yo creo que la labor de esta mujer fue excepcional por su entrega, abnegación, adaptación a las circunstancias, aprendizaje de idiomas y de técnicas sanitarias, por muchísimas cosas más, pero sobre todo por su amor. No en vano la llamaban “Nyaatha” (madre misericordia).
      Pero yo quiero decirte que como la beata Irene hay muchos miles de misioneros/as, religiosos y seglares, que diariamente se dejan la vida a tirones por todos los rincones de la tierra. No creo que exista ninguna religión con mas misioneros dispersos por los cuatro puntos cardinales. Ellos son puntales de la Iglesia, consuelo de los desheredados y abandonados, que incluso pierden sus vidas de manera cruenta o incruenta al “pie del cañón”, “en el tajo”, como decimos por mi tierra.

      Con respecto al tema de la posible canonización de la Madre Teresa el año que viene, te diré que ha sido una noticia que ha dado la prensa italiana, pero que inmediatamente salió a la palestra el portavoz vaticano diciendo que naga estaba aun decidido y que la Causa sigue sus trámites, pero como tu bien sabes: “cuando el río suena, agua lleva”. Ojala sea así.

  2. Irene, ¡qué nombre tan bonito! Si alguna vez tengo una hija, me gustaría llamarla así.
    Conozco bien a esta nueva Beata misionera porque me han llegado algunas estampas de ella desde Italia donde todavía aparece como Sierva de Dios. La gente la confunde con una mártir porque muchos toman su sacrificio personal y el contagio fortuito en acción médica como un martirio, lo que no es, pero que no le quita ningún mérito en absoluto, es más, se lo acrecienta, porque debió ser durísimo pasar de la cómoda sociedad occidental a la dura realidad del África colonial, en esa época, sangrada inmisericordemente por los colonizadores blancos. ¡Qué no vería ella y qué no pensaría ella de lo que estaba viendo! Sin embargo, cuidó de unos y de otros, como era su deber.
    Me alegro enormemente de su beatificación y espero que a no mucho tardar la veamos también como Santa, porque personas como éstas son las que cambian el mundo, si les dejan.

    • Ana, con tu venia, creo que el martirio no solo es físico, me remito al himno de los mártires de la Liturgia de las Horas que dice: “Martirio es el dolor de cada día si en Cristo y por amor es aceptado, fuego lento de amor que, en la alergía de servir al Señor es consumado”. Como bien sabes, mártir en griego es testigo y el testimonio de la Beata Irene es más que elocuente. Me ha hecho recordar a un grupo de mártires, llamados de la Caridad, que hubo en Alejandría en tiempos de las persecuciones. Muchos fieles cristianos se pusieron a atender a los contagiados por la peste y murieron por esta razón, se les conoce como los Santos Mártires de la Caridad de Alejandría. Nuestra Beata no murió a consecuencias teológicas de la fe, murió por vivirla con entrega y alegría.

      • Martirio es morir violentamente por la fe y nada más ni nada menos que eso, Humberto. Se pueden hacer las disertaciones poéticas y teológicas que se quieran sobre lo que es el amor y el sacrificio espiritual, pero martirio con todas las letras es una sola cosa: ser asesinado o morir a consecuencia de lesiones por la fe.

        Hay testimonios de muchos tipos y todos son admirables, pero no mezclemos churras con merinas, porque sólo lograremos confundirnos y equivocarnos al categorizar a nuestros santos. Hablemos con propiedad.

        • Yo no voy a entrar en esta “disputa” de si fue o no fue mártir de la caridad, pero lo que si tengo claro es que murió como consecuencia del amor que tenía a los africanos, especialmente a los enfermos y a los abandonados. Casos así tenemos muchos otros, uno de ellos el de santa Juana Emilia, de la que escribimos ayer.

          • Ana, todo sacrificio es martirio, no necesariamente morir por la fe en el sentido estricto de que te matan por tu fe, se aplicó el termino a quien dio testimonio de su vida con su sangre pero no es solo eso, como dice el Papa Francisco: Sean mártires en lo cotidiano

          • Repasad el artículo sobre la clasificación de los mártires. Fuera de eso no hay martirio in stricto sensu. Hay otras formar de sacrificio, pero no son martirio. Como mucho podemos usar la palabra en sentido figurado, que es lo que hace el Papa, pero no la tomemos como literal porque al final no sabremos de qué estamos hablando.

  3. Pues he de reconocer, mi estimado Toño, que me has sorprendido gratamente con este trabajo sobre esta nuevas Beata. La Bienaventurada Irene tiene todo el encanto de lo que se imagina uno que debe ser un misionero, que enfrenta lo desconocido, que se siente nativo del lugar al que va, que da su servicio sin descanso al que lo necesita y que en todo ello transmite la luz de la fe. Mujeres como ella hacen que uno crea en la obra de las misiones y que tenga el interés por ayudar de una u otra manera a la propagación de la fe en la tierra extranjera.
    Yo creo que ella inculturó el Evangelio, aedmás de su vida, en el Continente africano, por eso, los habitantes del mismo la admiraron, la respetaron y la quisieron.
    pienso que hoy , más que nunca, debemos evangelizar nuevamente al mundo, retransmitir la fe como un experiencia personal, convencida y gozosa, el nombre de Cristo debe ser amado y venerado en los países que ya transmitieron la fe, pero necesitan retroalimentarla y claro, en esas naciones jóvenes que son tierra fértil y esperanzadora para la Iglesia, que es por esencia misionera.
    Saludos.

    • La Iglesia es misionera por naturaleza: “Id y predicad a todas las naciones, bautizándolos….” Es una tarea que impuso el Maestro y todo aquel que se sienta verdaderamente cristiano tiene que ser misionero, tiene que propagar la fe, sea donde sea.
      Es cierto que llamamos misioneros a quienes se van a lugares distintos adonde nacieron o educaron, pero misionero tiene que ser todo cristiano aunque jamás se mueva de la localidad que le vió nacer. Misionar es sembrar la semilla de la fe y en todos sitios es necesario hacerlo.
      Yo siento una especial alegría y estímulo cuando de muchos de esos paises de misión del Tercer Mundo vienen misioneros nativos a trabajar en este llamado Primer Mundo. No nos olvidemos de que en un país tercermundista nació nuestra fe y que nuestro Dios y Señor fue un hombre de tez morena, perteneciente a un pueblo orgulloso pero subyugado y aun así originó la mayor revolución de la historia. Ya se que me vas a decir que era y es el Hijo de Dios, pero no nos olvidemos que también era un simple judio.

  4. Verdaderamente murió por amor a los más pobres y enfermos del continente africano. Este celo que la empujaba a socorrer a hasta la ultima alma, sin importar las consecuencias, lo han tenido muchos santos que hemos visto aquí. Para mi es un caso muy parecido al de San Damián de Molokai.
    La hoy Beata Irene Stefani se desvivió y consumió por Cristo y por los más necesitados. Que testimonio y ejemplo más fiel, verdadero y bonito nos ha dejado esta Beata. Que su ejemplo sirva a todas las misioneras/os del mundo, para que sigan sirviendo a Cristo en sus hijos los pobres, enfermos, marginados etc.
    En la primera y segunda fotografía del articulo se puede percibir el carácter alegre y risueño de la Beata.
    Gracias Antonio.

    • Es cierto, David. Su vida tiene cierto parecido con la de San Damián ya que ambos se dedicaron a cuidar a los enfermos y dieron físicamente sus vidas por ellos, pero mientras el padre Damián estuvo encerrado en la isla maldita de Molokai, Irene Stefani se recorrió media Kenia y media Tanzania sorroriendo no solo los nativos, sino a cuantos enfermos y heridos eran hacinados en aquellos campamentos repugnantes a los que eufemísticamente, las potencias occidentales llamaban hospitales.

      El amor a Cristo y el amor a los hermanos fueron los motores de sus vidas y por eso los veneramos como modelos de santidad. Los cristianos de Kenia y Tanzania tienen motivos para estar orgullosos porque a su “Nyaatha” la han elevado al honor de los altares.
      Tu sabes que actualmente, en aquellas tierras también hay facciones guerrilleras haciéndoles la vida imposible a la población; por eso me ha llamado poderosamente la atención como en algunas ceremonias previas a la beatificación ha habido una fuerte presencia policial, incluso protegiendo la tumba de la nueva beata.

  5. Que rostro mas dulce tiene la Beata Irene en la primera fotografia.
    Murio como San Luis Gonzaga,por atender a una persona contagiada de peste.
    Lo que no me imaginaba es que fuera una enfermedad que pudiera acabar con una persona en cuestion de dias y que no hubieran medicinas para combatirla en esa decada del pasado siglo.(Otra cosa es que tuvieran acceso a ellas).
    El mayor sacrificio que pudo hacer,no dejo de atender a ningun enfermo cualquiera que fuera su enfermedad.
    Debio de ser una mujer muy fuerte tanto de cuerpo como de espiritu para realizar toda esa cantidad de labores que realizo en Africa hasta su muerte.

    • Es verdad que en este caso si que podemos decir que “la cara es el espejo del alma”. Fue una mujer no solo fuerte, sino fortísima porque se dedicó por completo a su tarea evangelizadora y humanitaria, en unas condiciones y circunstancias que no le podían haber sido más adversas. Por ello, yo creo que su mayor reconocimiento aqui en la tierra es que los nativos la llamaran “Nyaatha” (madre misericordia). Seguro que esto le produciría una alegría tan inmensa que se serviría de acicate en más de un momento.

  6. Una vida de mucha entrega la de esta nueva beata, ella fue un bálsamo en el África colonial que tanto sufrió, a través de esta beata se reconoce también la labor de tantos y tantos misioneros que entregan su vida por completo en este continente y en otros, muchas veces a costa de su vida, gracias por dárnosla a conocer Antonio

    • En la medida en la que podamos, si Dios quiere, iremos dando a conocer las vidas de los nuevos santos y beatos. Este fin de semana hay otra beatificación en Francia y ya hay un artículo sobre el nuevo beato.

  7. Es una alegría escuchar de esta beata, y su sacrificio por los enfermos, los nativos, cuando pueda investigaré sobre los martires de Kenia asesinados en una rebelión contra el protectorado británico entre 1952-1956 ya que han causado controversia entre ellas también hay algunas religiosas de la Consolata

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