Santa Helicónide, virgen mártir de Tesalónica

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa devocional italiana de la Santa, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional italiana de la Santa, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Hoy es la festividad de una mártir griega de curioso nombre con distintas variantes -Helicónide, Helicónides, Helcónide, Helicónida o Helcónida, y las mismas versiones sin H- que vivió en el siglo III y procedía de la ciudad de Tesalónica, aunque como veremos, pasó por dos procesos distintos y acabó sufriendo el martirio en Corinto.

El Martirologio Romano de 1956 dice textualmente el día 28 de mayo: “En Corinto, Santa Elcónida, mártir, en tiempo del emperador Gordiano. Atormentada primero bajo el presidente Perennio con varios suplicios, y de nuevo torturada por su sucesor Justino, pero librada por un ángel, por último cercenados los pechos, arrojada a las fieras, probada por el fuego y decapitada, consumó el martirio.

Desarrollando esta breve aunque detallada referencia podremos conocer un poco mejor a la mártir que celebramos hoy, para lo cual seguiremos su passio griega.

Passio de la Santa
Según nos dice este relato, Helicónide era una virgen cristiana que vivía en Tesalónica. Durante la persecución del emperador Gordiano, en el siglo III, se había trasladado a la ciudad de Corinto, donde se dedicaba a exhortar a los habitantes para que dejaran de adorar a los ídolos insensibles y abrazaran la fe en Cristo, para que rindieran culto al verdadero Dios, Creador del universo. Es decir, que era una predicadora y que evangelizaba al pueblo.

Por estas actividades, fue arrestada por orden del procónsul Perinio, Peronio o Perennio -tampoco está claro el nombre exacto de este magistrado- el cual, admirándose de su belleza física (ya estamos otra vez con lo de siempre) trató de persuadirla, con halagos y amenazas, para que sacrificase a los dioses. Como ella rechazó la oferta, la entregó a los verdugos para que la torturaran, quienes la ataron por los pies a un yugo de buey y le destrozaron las plantas de los pies, la sumergieron en un caldero de plomo derretido y la atormentaron con otras atrocidades de este estilo. Pero de todo esto salió indemne gracias a la intervención de un ángel.

Sinaxis de los Santos celebrados el 28 de mayo: Nicetas, Helicónide, Ignacio y Eladio. Ilustración para el Prólogo de Ochrid.

Sinaxis de los Santos celebrados el 28 de mayo: Nicetas, Helicónide, Ignacio y Eladio. Ilustración para el Prólogo de Ochrid.

Temiendo que fuera una hechicera, el gobernador inventó nuevos tormentos para ella: le desollaron la cabeza, le quemaron los pechos y la cabeza con fuego, mientras ella sufría estoicamente el dolor. Peronio entonces mandó suspender el tormento y luego le propuso de nuevo que sacrificara a los dioses, prometiéndole que si lo hacía, le daría grandes honores y la nombraría sacerdotisa. Ya fuera por estar exhausta de dolor o porque ya estaba pensando en su próximo paso, la Santa pareció consentir la propuesta, así que un cortejo de sacerdotes paganos y notables de la ciudad la condujo al templo, al son de trompetas y tambores, para que todos vieran a la cristiana que iba a sacrificar.

Cuando estuvo en el templo, Helicónide pidió que la dejaran sola y, apenas lo estuvo, abatió y destruyó a todos los ídolos que se encontraban dentro (eran, concretamente, las estatuas de los dioses Palas, Júpiter y Esculapio). Pasado un rato, los sacerdotes entraron en el lugar y, al ver la destrucción cometida por la santa, se enfurecieron y maldijeron a la virgen, gritando: “¡Matad a la hechicera!”. Le dieron una paliza y la arrojaron en prisión, donde permaneció cinco días, pero no quedó abandonada a sus heridas, sino que Cristo Salvador y los santos arcángeles Gabriel y Miguel se le aparecieron para curar sus heridas.

Entretanto, a Perinio le sucedió otro procónsul no menos cruel, que se llamaba Justino, y que tampoco consiguió vencer la fe de Helicónide. La metió en un horno ardiente, pero las llamas la respetaron y quemaron a setenta soldados que estaban presentes. Fue tendida sobre un lecho ardiente de bronce, pero nuevamente, el mismo Cristo, acompañado por los arcángeles Miguel y Gabriel, se le apareció para reconfortarla y darle la comunión (!!). Le cortaron los pechos y luego soltaron sobre ella tres hambrientos leones, que sin embargo, se acercaron mansamente a ella y se echaron a sus pies. La multitud pagana, al ver esto, en lugar de compadecerse gritaba: “¡Muerte a la hechicera!”. Como si hubieran entendido lo que la gente decía, los tres leones saltaron fueran de la arena y atacaron al público, que huyó aterrorizado (!!). No sabiendo ya qué hacer con ella, el gobernador ordenó decapitarla. Ella marchó a su propia ejecución contenta, y oyó una voz convocándola a las moradas celestiales. Finalmente, la decapitaron, y en el instante de su muerte se obró un nuevo prodigio, pues de su cuello cortado manó leche, no sangre. Su cuerpo fue reverentemente enterrado por los cristianos.

Estampa devocional italiana de la Santa.

Estampa devocional italiana de la Santa.

Interpretación
Como decíamos, todo este rollo, tan entretenido como inverosímil, es contado por una passio griega de la que se desprenden los elogios que los sinaxarios y menologios dedican a esta Santa a la que, como indicábamos al principio, conmemoran tanto el 27 como el 28 de mayo. El Martirologio Romano, que antes hemos citado, hace conmemoración el 28 de mayo, aunque cambiando el nombre de la santa por el de Elcónides o Elcónida, como también hemos visto. El Martirologio Jeronimiano simplemente la ignora, e igualmente lo hacen otras fuentes antiguas.

Aunque la passio dice que está escrita en base a los testimonios oculares de dos personajes llamados Luciano y Pablo de Samosata, no merece crédito alguno por razones obvias. No es más que una mediocre composición retórica, llena de incongruencias -caso de indicar un consulado común entre los emperadores Gordiano y Filipo-, como otras muchas passios griegas y latinas de la Edad Media.

Con todo, aunque el relato en sí carezca de todo valor crítico e histórico, sería demasiado aventurado descartar igualmente la existencia de esta mártir, que es igualmente venerada por la cristiandad católica y ortodoxa. Existe la posibilidad de que estemos ante una mártir real, pero cuya vida y martirio está adornada de clichés tan típicos, que no ha quedado nada a lo que recurrir para conocer a quién está detrás de este cuento tan dramatizado.

Los bolandistas, en el Acta Sanctorum, han deducido que su martirio pudo haber tenido lugar en 244, último año del reinado del emperador Gordiano III -pues, efectivamente, hubo tres emperadores romanos con este nombre, y el relato elude identificar exactamente a cuál se refiere-.

Iconografía, culto y reliquias
Aunque el culto a la Santa ha llegado hasta hoy por menciones textuales y bibliográficas -que no por monumentos ni templos concretos, los cuales no parecen haber existido-, lo cierto es que apenas existen representaciones artísticas de ella -que yo haya encontrado- y todas son muy recientes, representándola simplemente como una virgen mártir o aludiendo a alguna escena o secuencia de su martirio, como el elemento de la leche brotando del tajo del cuello, un elemento que comparte con Santa Catalina de Alejandría.

No he podido averiguar si actualmente se conservan reliquias suyas o dónde se veneran, tampoco su nombre, ciertamente extraño a nuestros oídos, parece haber tenido repercusión en la antroponimia actual. Siendo una desconocida en tantas fuentes antiguas, es complicado poder establecer con seguridad nada sobre ella, quedándonos tan sólo un historiado relato de martirio.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum: enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1984.

Enlaces consultados (27/05/2015):
– http://oca.org/saints/lives/2015/05/28/101556-martyr-heliconis-of-thessalonica
– www.santiebeati.it/dettaglio/54940

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “Santa Helicónide, virgen mártir de Tesalónica

  1. Muchas gracias, Ana María, por este nuevo artículo. Yo creo que en este caso se colma ya el vaso de todas las leyendas vistas y por ver. Que existiera una mujer cristiana llamada Elicónides, que por defender su fe fuera martirizada en Corinto es muy posible, pero toda la sarta de cuentos chinos que la acompañan, no se las cree ni quién las escribió.
    A lo largo de la historia se ha hecho muchísima más hagiografía barata que hagiografía seria y si no fuera por los bolandistas, en esta disciplina, aun nos seguiríamos creyendo que los burros vuelan. Si Baronio y compañía, en su afán de llenar páginas y páginas del Martirologio hubiera conocido la existencia de Caperucita Roja y Blancanieves, seguro que las hubiera incluido como vírgenes mártires.
    El siglo pasado se hizo una purga en el Martirologio pero a mi modesto entender, se quedó muy corta, cortísima. Yo hubiera cogido este texto y lo hubiera sacudido como se sacude a una piña de dátiles, de la que se caen al suelo todos aquellos que no están bien agarrados. Aun hace falta una buena purga y espero que algún día se haga.
    De todos modos, aun dicho lo dicho, yo de manera muy especial, te agradezco todo este esfuerzo de aclaración al que nos tienes ya acostumbrado en el blog.

    • Gracias, Antonio. Bueno, las mujeres predicadoras cristianas existieron aunque la tradición haya preferido ningunearlas o rodearlas de leyenda porque el cristianismo, buen heredero de la cultura patriarcal mediterránea, prefiere a la mujer atada a la pata de una mesa. Es muy plausible que una cristiana tesalia llamada Helicónide -hay que conceder la probable autenticidad de este nombre, porque rarito, rarito, es un rato- marchara a predicar a Corinto y allí la detuvieran y sufriera el martirio. Yo con eso me quedo. Ahora bien, que la muchacha fuera ignífuga y domadora de bestias como Daenerys Targaryen o tuviera arcángeles y al mismo Cristo de guardaespaldas personales, y le corriera leche en lugar de sangre por las venas… y que encima quienes vieran eso ni se inmutaran… pues anda, que la tontá no es poca. Lo que tú dices: a sacudir la palmera.

      Y que no tengamos trazas de sus reliquias tiene una mala pinta… aunque no sería la primera vez que de un mártir histórico se ha perdido toda traza. Pero es que además apenas si tiene culto. Casi no se encuentran imágenes de ella.

  2. Eso de los productos lácteos no es esclusivo de Santa Helcónides y Santa Catalina, también se dice que a san Pablo, cuando le cortaron la cabeza brotó leche, no estoy seguro, pero como cliché que es, ha de haber más mártires lactóforos.
    En fin, que bueno que te quemaste las pestañas para darnos a conocer la historia de esta santa, de cuya existencia no queda la menor duda, los demás, como dice el Evangelio, ha sido dado por añadidura.
    Has referido como fuente el antiguo Martirologio Romano, yo no tengo de momento la oportunidad de checar el nuevo ¿sabes si está incluido en éste?
    Por otro lado una pequeña corrección: los nombres de Esculapio y Júpiter no son aplicables en el mundo griego, pues éstos son romanos, los equivalentes son Zeus y Asclepio,
    Saludos.

    • Jejejeje, Humberto, bien sé yo que el nombre de Júpiter en griego es Zeus y el de Esculapio es Asclepio, faltaría más. Pero no has pensado en que desde el año 146 a.C Grecia está anexionada al Imperio Romano como provincia de Acaya (Achaea) y que, por tanto, hace más de cuatro siglos que se ha producido la romanización de esta zona y lógicamente, la latinización de las administraciones públicas, religiosas y culturales en general. No es para nada incorrecto llamar a estos dioses Júpiter y Esculapio, porque no estamos hablando ya de la Grecia clásica, sino de la provincia romana de Acaya.

      Por supuesto que los romanos mantuvieron y aceptaron el idioma griego como lengua vehiculante cultural, pero la lengua oficial estatal es el latín, y sabemos que la religión y los cultos a los dioses eran también cuestión de Estado. Además, como en tantas otras cosas, los romanos sincretizaron a los dioses griegos con los suyos propios: si en principio Júpiter y Zeus, y Palas y Minerva eran divinidades distintas entre sí, cuando se produce la fusión entre unos y otros pasan a asimilarse mutuamente, de modo que Júpiter y Zeus pasan a ser lo mismo, Palas y Minerva se convierten en la misma diosa. Esto en origen no era así y por eso decimos que hay unas concordancias y equivalencias entre unos y otros, y en cada zona tenían unas características concretas, pero en general, Roma adoptó el panteón griego fusionándolo con su propio panteón -de origen etrusco- de modo que se diluyeron las diferencias.

      Si has leído la magnífica obra de Lucio Apuleyo, “El asno de oro”, recordarás este fragmento que el autor pone en boca de la diosa Isis donde se explica claramente cómo los dioses son lo mismo en toda la cuenca mediterránea, aunque con distintos nombres: “Los frigios, primeros seres de la tierra, me llamaban la diosa de Pesinunte, madre de todos los dioses. Aquí, los áticos autóctonos, la Minerva de Cecrops. Allá, los habitantes de Chipre batida por las olas, la Venus de Pafos. Entre los cretenses, hábiles en disparar flechas, soy Diana Díctina. Para los sicilianos, que hablan tres idiomas, yo soy la diosa Proserpina Estigia. Los habitantes de Eleusis me llaman la antigua diosa Ceres. Unos, Juno, otros, Bellona. Éstos, Hécate; aquéllos, Ramnusia. Y los etíopes, los primeros en ver la luz del Sol naciente, los de ambas, y los egipcios, que sobresalen por su antiguo saber, venerándome en su culto particular, me llaman reina Isis.” Esta novela latina del siglo II ya nos está diciendo que en esa época, los dioses tenían nombres distintos según zonas del Imperio pero su naturaleza y culto se habían uniformizado bajo una única lengua, la latina.

      En todo el territorio del antiguo Imperio se han encontrado inscripciones y documentos que llaman a los dioses indistintamente por sus nombres latinos o griegos o incluso con combinaciones de ambos, en Acaya también, como lo prueba el culto a la diosa Atenea, que es llamada indistintamente Palas o Minerva en muchos textos y fuentes, a modo de sinónimos. No es pues, una incorrección, es una obviedad: Grecia y Roma no son compartimentos estancos, sino que la romanización también llega a la primera, como la segunda gusta de ser helenizada en lo cultural.

      Aun cuando esto no fuese cierto, daría lo mismo cómo los llamara: son los mismos dioses y con ambas denominaciones eran conocidos en todo el Imperio, también en Acaya. Así que sí que aplica llamarlos por sus nombres latinos si así me place, pero es que además, aunque en todo lo demás estuviese equivocada, lo cierto es que vienen citados con sus nombres latinos en las fuentes consultadas de la passio de la Santa. ¿Por qué? Una razón muy simple: es el Estado romano quien la está juzgando, no las instituciones griegas, en aquella época ya más que extintas. Perennio y Justino son nombres romanos, hasta es posible que ellos, si eran de origen romano, llamaran a los dioses con su nombre romano: en resumen, que no tiene ninguna importancia el cómo los llames a esas alturas y además, estando en ciernes la crisis del siglo III que además de política y militar, fue de identidad.

      Por último, dejando tranquilos a los dioses y volviendo con la Santa, creo recordar que en la más reciente edición del Martirologio sigue estando presente, aunque con una referencia mucho más breve: “En Corinto, ciudad de Acaya, actual Grecia, santa Helicónides, mártir, que en tiempo del emperador Gordiano, bajo el gobernador Perenne y después bajo su sucesor Justino, fue probada con muchos tormentos y consumó finalmente el martirio con la decapitación.”

      • Muy interesante esto que nos cuentas Ana María. Siempre he tenido curiosidad por conocer a los Dioses griegos y para que se les invocaba. A grandes rasgos se quien es cada uno, pero nada más.

        • Religión Griega y Romana ha sido una de mis asignaturas favoritas de la carrera, disfruté como una nena 🙂 Normalmente la gente cree que la religión pagana es sólo una caterva de dioses con un aspecto, un nombre y una advocación concreta, y qué va!! Es complicadísima y muy rica. De hecho tras estudiarla con seriedad caes en la cuenta de que las fuentes cristianas están llenas de prejuicios, malinterpretaciones y simplificaciones sobre este tema, y te ayuda a conocer y entender mejor la época de las persecuciones. Para mí ha sido muy enriquecedor.

  3. Vaya, menudo nombrecito el de Helicónide.
    Menuda también toda la cadena de suplicios que paso antes de morir. De ser cierta una mínima parte de esta leyenda, la pobre virgen Helicónide habría pasado a la Historia por su forma de morir.
    Probablemente ya lo habrás comentado en otros artículos como el de Santa Catalina, pero esto de sangrar leche en lugar de sangre, no lo había escuchado nunca.
    Gracias Ana María.

    • En realidad lo he comentado respecto a Santa Catalina y Santa Helicónide lo de la leche saliendo del cuello, y también Santa Pistis o Fe de Roma, comenté en su día que al ser lacerada con hierros en el cuerpo, de los cortes de su carne manaba leche en lugar de sangre, mientras que cuando hirieron sus pechos, estos si que sangraban sangre roja. Algun otro caso hay, pero ahora no lo recuerdo.

      Lo de manar leche de las heridas es simplemente una alusión a la santidad de esa persona, que yo sepa, vamos.

  4. Me encanta la descripcion cuando pide quedarse a solas en el templo y se dedica a destrozar las estatuas de los falsos dioses,raro es que no la mataran alli mismo y solo le dieran una paliza¡¡¡!!!.
    Esto mismo lo he leido de algun otro santo o santa martir,de Santa Heliconide seguro que no se trataba,pues recordaria tan extraño nombre.
    Quiero tirarte de las orejas Ana Maria ; porque normalmente relatas la passio sin descalificativos,en este caso no ha sido asi.¡¡Te ha salido la venta destructora!!jejeje.

    • Abel, yo no repito más que lo que dicen los hagiógrafos que han estudiado a fondo esta passio y que le dedican esos mismos epítetos. A mí me parece un relato bastante entretenido y curioso, pero eso no quita para nada que sea una trola como una bola, nada original y copiada mil y una veces de otras mil y una trolas como una bola.
      No digo nada nuevo, a las fuentes me remito. Y además, que estoy aquí para hacer hagiografía crítica, las alabanzas se las dejamos a la Vorágine, que para esto está. 😉

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