Santa Wiborada, reclusa mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Miniatura de la Santa en un códice de la biblioteca de la catedral de Sankt Gallen (Suiza).

Miniatura de la Santa en un códice de la biblioteca de la catedral de Sankt Gallen (Suiza).

En los primeros tiempos de nuestro blog, nuestro compañero Antonio atendió una consulta hecha por un lector respecto a quién fue la primera Santa canonizada del mundo, en sentido de proceso canónico. La respuesta es que lo fue nuestra protagonista de hoy, Santa Wiborada (o Viborada) de Sankt Gallen, reclusa y mártir durante la Alta Edad Media. Vamos a dedicar este artículo a hablar un poco más de ella, pues hoy es el día en que conmemoramos su martirio y mañana, el de su fiesta.

La vida de esta reclusa del monasterio de San Galo, en la actual Suiza, está descrita en dos biografías. Una fue escrita entre los años 993-1047 por el monje Hartmann; la segunda fue recopilada por el monje Erimano entre los años 1072-1076. De esta santa y de la invasión húngara de San Galo, ocurrida en el año, 926 habla también el Casus sancti Galli, que fue redactado por Ekkeardo IV en el siglo XI. De su reclusión y de su martirio dan testimonio también los Annales sangallenses mayores y su canonización también está documentada en una anónima Continuatio del Casus sancti Galli. O sea, existe bastante documentación histórica de que la se deducen los hechos siguientes.

Sanadora, maestra y peregrina
Su fecha de nacimiento se ignora, pero se sabe que provenía de una noble familia germana de la región de Turgovia (Thurgau), en Suabia, que comerciaba con los excedentes de su producción agraria y local. Concretamente nació en la ciudad de Kligna, condado de Aargau. Pese a su desahogada posición, desde muy pronto renunció a los lujos, especialmente en el vestir. Aconsejada por su hermano menor Itto (o Hatto), que era sacerdote y, más tarde, monje de San Gallo, durante su juventud se dedicó a atender a los pobres y a los enfermos, a quienes invitaba para curarlos en la misma casa paterna. Fue ella quien enseñó latín a su hermano, para que pudiese cantar el Oficio Divino; era, pues, una mujer culta además de trabajadora. Además, se sabe que hizo peregrinación a Roma junto a su hermano, a quien daba su pleno apoyo, algo insólito también para una mujer de la época.

La Santa atendiendo a un visitante. Miniatura medieval.

La Santa atendiendo a un visitante. Miniatura medieval.

Después de la muerte de su madre, en el año 912, vivió durante cuatro años en soledad, en una celda junto a la iglesia de San Jorge (cercana a San Galo) donde se dedicó a llevar una vida ascética y de oración que la preparase para vivir posteriormente como monja reclusa. En 916 se encerró de por vida en una celda del abad-obispo Salomón III, cercana a la iglesia de San Magno. Es una de las primeras reclusas cuya existencia está probada históricamente, viviendo durante diez años totalmente dedicada al ascetismo y a la oración.

Las razones por las cuales tomó una decisión tan radical son más bien turbias. Probablemente debido a su autonomía y al ejercicio de la medicina, así como el ser letrada, algo que la mentalidad de la época toleraba muy mal en una mujer, alguien la acusó anónimamente de una grave infracción o delito que ha quedado desconocido; quizás su virtud o buena reputación fueron puestas en entredicho; y es que las mujeres autónomas, y además una que recibía en casa a muchas personas -aunque fuese para bien, como la sanación- y trabajaba estrechamente con un hombre -aunque fuese su propio hermano- siempre estaba expuesta a todo tipo de calumnias o ataques de sus congéneres. Y cuando no se trataba de esto, se trataba de sospecha de brujería, una acusación harto frecuente en cualquier mujer que ejerciera la medicina o tuviera nociones de sanación y conocimiento de remedios terapéuticos.

La realidad es que, para poder probar su inocencia, a Wiborada no le quedó otro remedio que someterse al juicio de Dios, un proceso judicial medieval, carente de toda lógica y justicia, que se basaba en inflingirse voluntariamente un daño físico; tras el cual, si no quedaba herida o mutilación alguna, se entendía que la persona era inocente y se la exculpaba; en cambio, de sufrir la más mínima lesión, se entendía que era culpable y caía sobre ella todo el peso de la ley (con semejante justicia, es de entender que pocos se libraban…). Concretamente, ella sufrió la ordalía del fuego, teniendo probablemente que entrar en contacto con algún hierro al rojo vivo o someterse a quemaduras.

La Santa oyendo misa desde la ventana de su celda. Miniatura medieval.

La Santa oyendo misa desde la ventana de su celda. Miniatura medieval.

El resultado le fue favorable, ya que fue exonerada del delito que se le imputaba y fue declarada inocente, pero la vergüenza sufrida en este proceso y la imposibilidad de superar este estigma social la llevó a tomar la drástica decisión de recluirse para siempre: retirarse del mundo, y convertirse en una asceta. Una mujer, llamada Rachildis, a la que ella habría curado, la siguió y se hizo anacoreta como ella, viviendo enclaustradas en la mansiuncula -habitación pétrea, tapiada por completo, con sólo una ventana dando a la iglesia para oír misa y otra para atender a los visitantes- adosada a la iglesia de San Magno.

Reclusa y profetisa
Como estaba dotada del don de profecías, era visitada por muchos que le solicitaban consejo; esto parece un poco contradictorio con su vida como reclusa, pero así se dice concretamente en ambas biografías: vivía encerrada, emparedada en una celda, pero la visitaban constantemente muchas personas que la seguían como una guía espiritual y estaba al tanto de lo que ocurría en el mundo exterior.

También se dedicaba a labores prácticas en su encierro: cosía ropa para la gente y encuadernaba libros para la biblioteca del monasterio, tarea manual y artesana de poca consideración social -siendo más sublime el trabajo iluminatorio de los monjes del scriptorium– pero de gran valor y utilidad para la conservación de los manuscritos iluminados.

La Santa aconsejando a un visitante desde su celda, adosada a la iglesia de San Magno. Miniatura medieval.

La Santa aconsejando a un visitante desde su celda, adosada a la iglesia de San Magno. Miniatura medieval.

Entre los años 920 a 922, después de la muerte de Salomón III y mientras la sede de San Galo estaba vacante, se acercó a su celda el obispo San Ulrico de Augusta (Ausburgo) solicitándole consejo, ya que los monjes de San Galo querían privarlo de su condición o dignidad de abad.

Martirio
En el año 925, predijo la invasión húngara. Visto el peligro que suponía, aconsejó al abad Engilberto (925-933) para que pusiese a salvo tanto a las personas como a los tesoros del monasterio. En 926, gracias a sus continuas peticiones, llevaron al monasterio de Reichenau, cercano al lago de Constanza, los más preciosos libros de coro de la época. También se preocupó de que se ocultara el vino, probablemente pensando en una posterior escasez, para que no faltara para la consagración eucarística.

Estaba pendiente de que personas y bienes del monasterio se pusieran a salvo, pero no hizo nada para salvarse a sí misma, respetando en lo más estricto su voto de reclusión. Incluso cuando las monjas y los monjes del monasterio huyeron para salvar su vida, ocultándose en las cuevas de las montañas, ella se negó a abandonar su celda pese a las insistencias del abad. Sus últimos días los dedicó a rezar por el pueblo, suplicando que se viera libre de la violencia de las invasiones.

Martirio de la Santa. Iluminación en un manuscrito medieval.

Martirio de la Santa. Iluminación en un manuscrito medieval.

Finalmente, ella misma fue víctima de la invasión húngara de la cual se había preocupado tanto en poner a resguardo a otros. El día 1 de mayo del año 926, las razzias llegaron a la ciudad y los magiares llegaron a San Galo, quemaron San Magno y rompieron el techo de la celda de Wiborada, tomándola por asalto, arrancando teja por teja. La asesinaron a hachazos, descargando tres golpes de alabarda sobre su cabeza, y la abandonaron allí para que se desangrara. Su compañera Rachildis, en cambio, salvó su vida y llegó a vivir otros 21 años. También la sobrevivió su hermano Hatto.

Culto e iconografía
El 8 de mayo, después de ser hallada tendida en un charco de sangre sobre su celda, fue sepultada en su reclusorio de forma solemne. El traslado y la elevación de sus reliquias en la iglesia de San Magno se realizaron en tiempos del abad Cralo, entre los años 946 y el 952. Como ya se ha dicho, fue canonizada por el Papa Clemente II en los primeros días del año 1047, en presencia del emperador Enrique III. De esta manera se convirtió en la primera mujer canonizada oficialmente por Roma. Con San Galo y San Otmaro, forma lo que se ha venido en denominar “las tres estrellas de los santos sangallenses”.

Busto-relicario de la Santa. Monasterio de Sankt Gall, Suiza.

Busto-relicario de la Santa. Monasterio de Sankt Gall, Suiza.

Iconográficamente se la representa como una monja benedictina, con un libro y una alabarda. El libro alude a don de profecía y la alabarda fue, como ya se ha dicho, el instrumento de tortura utilizado por los húngaros para martirizarla.

Debido a su cultura y formación, a que se dedicaba a la encuadernación de libros y al hecho de que se preocupase muy seriamente de que éstos fueran ocultados para evitar su destrucción, Santa Wiborada es considerada la patrona de los bibliotecarios, especialmente en Suiza. Como decíamos al principio, su fiesta es el 2 de mayo, aunque su martirio tuvo lugar el día 1.

Conclusiones
Santa Wiborada fue realmente una mujer excepcional. No sólo por lo insólito de sus vivencias, pues estamos hablando de una mujer noble que voluntariamente renunció a las comodidades para atender a enfermos en su casa, que sufrió, a causa de ello, calumnias que la obligaron a recluirse y vivir emparedada pese a su inocencia; sino también, una mujer que sentía una auténtica vocación religiosa, que tenía sensibilidad mística y que, pese a su aislamiento físico, no se olvidó del mundo en el que vivía y aún en su soledad se preocupó de los bienes materiales y de las personas que estaban en torno a ella; llegando a sacrificar su propia vida por cumplir, hasta el final, su voto de reclusión, mientras rezaba por los demás y no por sí misma.

Taburete empleado por la Santa. Monasterio de Sankt Gall, Suiza.

Taburete empleado por la Santa. Monasterio de Sankt Gall, Suiza.

Por ello esta mujer culta y entregada merece ser recordada; no es una mera víctima de las razzias magiares que tantas poblaciones de la zona sufrían en la época, sino que pudo haber escapado y no lo hizo. Su sacrificio fue voluntario, considerado un martirio desde el mismo instante en que sucedió.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova, Roma 1984.

Enlaces consultados (30/04/2015):
– www.journals.unam.mx/index.php/rbu/article/view/25163
– www.santiebeati.it/dettaglio/92732

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

14 pensamientos en “Santa Wiborada, reclusa mártir

  1. Muchas gracias, Ana María, por este maravilloso artículo sobre Santa Wiborada, la primera mujer canonizada oficialmente por un Papa.
    Da gusto el poder hacer un artículo sobre un santo/a antiguo/a cuando hay tanta información real y esta, está tan poco o nulamente contaminada por las leyendas. Tuvo que ser una mujer maravillosa, de unas cualidades humanas extraordinarias, muy culta y muy trabajadora y de una gran espiritualidad. En aquella época, el hecho de que los monjes la admitieran cerca de ellos, el que la consultaran abades y obispos y que atendieran a sus recomendaciones, nos confirma la excepcionalidad de esta mujer.
    Muchas gracias de nuevo, Ana María.

    • Gracias, Antonio. Confieso que yo también he quedado impactada con la riqueza moral y espiritual de esta mujer, a la cual se le dedican sólo unas pocas líneas por encima en los santorales y nada más. Pareciera que fuera sólo una reclusa que se emparedó para rezar y a la que mataron unos bárbaros en un asalto a la ciudad. Y resulta que antes de eso había sido maestra de latín, peregrina, médico, tejía ropas para la gente, encuadernaba libros y se preocupaba por sus semejantes. Tiene poco que envidiar a Santa Hildegard von Bingen, pero hete aquí, que como ella y muchas otras mujeres medievales que destacaron en su tiempo y espacio, ha sido bastante desconocida e ignorada, fuera de su temprana canonización y veneración local.

      Lo de la ordalía del fuego también ha sido una sorpresa porque se menciona mucho en el caso de otras Santas -Cunegunda, Ricarda…- pero nunca ante lo había visto asociado a ésta. Cuando pienso en la cantidad de inocentes que habrán sido ajusticiados después de estas atrocidades, que ni eran juicio ni tenían nada que ver con Dios, me pongo mala.

  2. Asi es a Santa Cunegunda tambien paso por la prueba del fuego sin recibir ni la mínima herida, y tambien el Beato Pedro el Ígneo cardenal, es increíble que esta gran santa, sea olvidada de muchos santorales, yo la conocí por la internet mas no por libros de santorales, a excepción del santoral de Butler, mas no de los demás, Santa Wiborada de San Galo es un ejemplo a seguir de la vida contemplativa de reclusión donde sacrifico su vida, con tal de salvar a los demás monjes y monjas, algo parecido paso con Santa Reinelda de Brabante (16 de Julio) que salvo a la población diciéndole que huyera de los hunos, ella se quedo sola dentro de la catedral cuando los hunos la vieron en oración la arrastraron por toda la ciudad, falleciendo producto de los golpes mientras era arrastrada por toda la ciudad. estos santos son valientes sin temor a morir, solo deseaba unirse a su amado y divino esposo con recibir la palma del martirio. sacrificando su vida por el fin de la invasión húngara, excelente información, saludos desde Venezuela.

    • Gracias, Juan. De ambas Santas -Cunegunda y Reinilde- se han escrito ya artículos en este blog. En cuanto que alguien pueda salir ileso de una ordalía, eso lo dudo mucho, y no porque cuestione en lo más mínimo la inocencia de Cunegunda, Wiborada, Ricarda, Pedro Igneo y quien sea, sino por cuestión de sentido común: nadie sale ileso de tocar un hierro al rojo vivo, tragar veneno, hundirse en un lago o lo que sea. Si fueron exonerados, sería por otra causa. Y además es de risa porque se han dado casos en que una persona superaba la ordalía y la condenaban igual, diciendo que no la había salvado Dios, sino el diablo (!!!).

      Al final, en esto de las ordalías… Milagros, pocos. Conveniencias, muchas.

  3. Gracias Mel por presentarnos a la primera mujer canonizada formalmente (diferente a lo de ahora antes se hacía por decreto papal) nos presentas la vida de una profetisa, reclusa y con fuentes coherentes, antes la persona santa pasaba nadamás por la canonización ¿cuando comenzaron los conceptos de beatificación y el proceso se hizo mas riguroso? Entiendo que antes de atribuirse al Papa el poder de canonizar los obispos locales subían las reliquias de los santos al altar (lo cual equivale en automático a ser canonizados)

    • Seguramente sabéis más de eso Antonio y tú que yo, la verdad, porque en origen la santidad de una persona se determinaba por aclamación popular y posteriormente, a partir de esta época, como podemos ver, el proceso se institucionalizó. Por lo demás yo estoy más interesada en las vivencias personales y en el culto e iconografía de cada Santo que en la burocracia -porque al final, ese tipo de procesos son poco más que burocracia-, por lo que seguro que Antonio te responde mejor que yo al tema.

      Una cosa está clara: mucho impacto debió tener esta mujer en su época y entorno social, y muy viva debió ser la impresión su martirio dejó entre los suyos, para que fuese la primera mujer canonizada y además, se hiciese tan relativamente pronto, lo que revela que no se tenían dudas acerca de su santidad y cualidad de mártir.

  4. A esta santa la conoci por el segundo volumen en ingles “Illustrated Lives of the Saints”,donde hay una ilustracion de la santa de perfil,al fondo un soldado hungaro se dirige a la santa con una enorme hacha (no han dibujado la alabarda en su lugar,pero bueno…).
    Esta ilustracion te la facilite junto con la de Santa Winifred,pero de una manera tosca,las tuve que fotografiar del propio libro,pues escanearlo resultaba imposible.
    Pasando al tema,¿ no se menciona en las fuentes exactamente la causa que llevo a Santa Wiborada a recluirse,verdad?
    Mencionas varias,pero realmente me parece penoso que todo se debiera a su condicion de mujer,al hecho de que “supiera tanto” y fuera tan activa en esa epoca.
    Muy triste,la verdad.
    Por cierto,¿como logro escapar su compñaera de celda (Rachildis)?
    ¿Habia abandonado el lugar junto con los monjes y monjas de la zona?

    • Recuerdo esa ilustracion, para el caso, da igual que hacha o alabarda pues realmente inflinge el mismo tipo de herida.

      Bueno, el motivo que empujó a Wiborada a recluirse sería la vergüenza y humillación sufridas por la calumnia y el tener que sufrir una ordalía en público, y debieron ser muy grandes para que, a pesar de ser exculpada, no pudiese superar la experiencia. Pero sin duda también la vocación religiosa influyó mucho ya que uno no se empareda vivo sólo por vergüenza. La vida de una emparedada es durísima, y no se toma esta decisión a la buena de Dios. Tenía que estar convencida para hacerlo.

      Por desgracia no tengo más datos sobre Rachildis. Por lo que dicen las fuentes estaba emparedada con ella, aunque no queda claro si en la misma celda o en otra. Quizá accediera a huir con los otros monjes y monjas a las montañas y por eso salvara su vida, o quizá los bárbaros no la mataron, como sí hicieron con Wiborada.

      • La beata Rachildis (Raquilda) sobrevivió a la invasión de los húngaros, aunque durante todo el resto de su vida estuvo enferma. Murió el 23 de noviembre del 946 y su cuerpo, junto con el de Santa Viborada, fueron trasladados a la basílica de San Magno.

  5. Tengo el registro de esta santa en mis anotaciones el día 2 de mayo, con la referencia de que es Virgen y Mártir, y también sabía que era la primera santa canonizada oficialmente, pero no conocía nada sobre su condición de reclusa y sobre su vida. Me queda claro que además de ser una gran santa era una gran intelectual. Este tipo de vida o carisma, la reclusión, es un estilo de santidad muy peculiar, semejante al anacoretismo o al estilismo por su manera de huir del mundo y permanecer entre los suyos. Ojalá y más delante se hable más sobre este estilo de vida, porque hay más santas que vivieron así.
    En concreto sobre nuestra santa, no pongo en duda su santidad, su martirio y su entrega, pero por lo que he aprendido en este blog, me parece que fue muy temeraria su actitud quye finalmente le trajo la muerte. Cristo mismo en el Evangelio recomienda la huida ante la persecusión, creo que antes de querer mártires, Dios quiere que estemos vivos. Si todos huyeron, si no estaban ante una persecusión de odium fidei, la oportunidad de salvarse la tuvo ella. ¿Què opción le dio esta decisión? Solamente ella lo sabe. Entre los santos encontramos ciertas actitudes que parecieran ser testarudeces, me viene a la mente el Beato Francisco Garate, que murió a consecuencia de una inflamación de la vejiga por aguantarse la necesidad de orinar y permanecer atendiendo su portería, y aclaro que tampoco lo condeno por ello.
    Por último dos cuestiones: en mi registro la tengo anotada como Santa Guivorada, ¿es correcta esta traducción? y aclárame un poco esta cuestión de fechas queme baila un poco: ¿murió el 1 de mayo y se celebra el 2?

    • También los mártires de los que se dice que se presentaron espontáneamente ante las autoridades romanas -y musulmanas, en tiempos de Al-Andalus- fueron a buscar el martirio sin que éste los buscara a ellos y murieron más por tozudez y por jorobar a las autoridades que porque realmente fueran víctimas de ninguna persecución, ¡y nadie pone en duda que sean mártires! A Wiborada no le podemos reconocer menos, de lo contrario, estaríamos siendo injustos con ella. Se quedó porque quería respetar hasta el final su voto de reclusión, al igual que una mártir de la pureza muere resistiéndose a una violación, cuando podría ceder y tener, al menos, una garantía de sobrevivir, y al igual que muchos aceptan morir antes que quebrantar sus ideales. No tiene nada de raro ni de censurable. Fue su elección.

      Yo nunca he visto su nombre escrito cono Guivorada, sino que se escribe Wiborada y como mucho, Viborada. Mejor no alterar tanto los nombres originales porque, si no, luego no encontramos los datos que buscamos.

      Y finalmente, sí, murió el día 1 pero se celebra el 2. ¿Por qué? No lo sé. Quizá porque fue el día en que la encontraron muerta y le dieron solemne sepultura. Quizá porque la fecha se haya trasladado por cualquier otro motivo.

  6. Fuera de que Santa Wiborada sea una mártir, creo que aunque no lo hubiera sido seria Santa por la extraordinaria vida que tuvo de entrega a los demás y de abandono de sí misma. Desgraciadamente sabemos que en esa época el trato a la mujer no era muy bueno y desgraciadamente en muchas zonas actualmente sigue sin serlo. Es también destacable el interés que la santa tuvo por resguardar hasta los libros más preciosos pensando a futuro. Muchas gracias Ana

    • Gracias, André. Sí, yo creo que también hubiese sido declarada Santa aunque no la hubiesen asesinado. Hubiese sido como reclusa, no como mártir, pero Santa después de todo. Su vida realmente fue extraordinaria y más teniendo en cuenta la época en que vivió y las cosas que hizo pese a las restricciones que la sociedad y la mentalidad medievales imponían a la mujer.

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