Princesa Skema-monja Elena (Safta) Brâncoveanu

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Retrato de Elena (Safta) Brâncoveanu.

Retrato de Elena (Safta) Brâncoveanu.

La skema-monja Elena (Safta) Brâncoveanu fue una mujer famosa, princesa filantrópica y monja que vivió en Moldavia y Valaquía. Nació en Iași, capital del principado de Moldavia, siendo hija de Teodoro Bals – un noble del país, posteriormente caimacam (agregado al príncipe) de Moldavia (1856-1857) -, y de su esposa Zoe Rosetti-Bals. Al bautizarla se le impuso el nombre de Isabel, aunque por lo general, se la conoce por el apodo de Safta.

Siendo joven, Safta estudio en las escuelas más importantes del país, cuando este se encontraba bajo la influencia de familias griegas de El Fanar, un barrio de Constantinopla, las cuales gobernaron Moldavia y Valaquia por espacio de un siglo; por lo tanto, el lenguaje en el colegio era el griego, que Safta aprendió perfectamente. Su madre era una mujer muy piadosa, que le enseñó también a ser piadosa y respetuosa con las leyes de la Iglesia.

En el año 1793, teniendo unos dieciocho años de edad, Safta se casó con Gregorio Brâncoveanu Basarab (1767-1832), gran gobernador de Valaquia y descendiente de la familia Basarab que había gobernado Valaquia y que era biznieto de San Constantino Brâncoveanu, el último descendiente varón, que además era príncipe del Sacro Imperio Romano Germánico, como lo demuestran los sellos de la serie de su familia. Por desgracia la pareja no tuvo hijos, por lo que adoptaron a una hija de la hermana de Safta, llamada Zoe, que criaron y educaron hasta que se casó con Jorge Bibescu, futuro príncipe de Valaquia (1843-1848).

La principal virtud de la familia era la caridad, ya que siendo ambos muy ricos, siguieron el ejemplo de sus antepasados y ayudaron a los pobres con buena parte de su fortuna. Safta y su esposo donaron también dinero, ropa, libros, iconos y vasos sagrados a diferentes iglesias de Bucarest, a los monasterios de Oltenia que habían sido fundados por su antepasado San Constantino Brâncoveanu y a la iglesia de San Nicolás de Schei en Brasov, único vestigio oficial de templo ortodoxo rumano en aquel momento en Transilvania. También restauraron en Bucarest la iglesia “Bălașa”, construida por el príncipe del mismo nombre, hijo del gran Voivoda.

Busto de mármol de Safta Bracoveanu conservado en el hall del hospital.

Busto de mármol de Safta Bracoveanu conservado en el hall del hospital.

El hospital “Brâncovenesc
Después de muchísimos problemas y de una terrible enfermedad, Gregorio murió el 27 de abril de 1832, dejando viuda a Safta, que retornó a Iasi, a casa de su familia. Sin embargo, no estuvo allí mucho tiempo, pues el mismo año, Safta y su madre ingresaron como monjas en el monasterio de Văratec. Allí Safta se convirtió en Elena y su madre en Isabel. Es muy probable que su madre muriese ese mismo año. Safta apartó su dolor e incluso, siendo ya monja, volvió a Bucarest durante un tiempo ya que tenía intención de realizar testamento. Gregorio la había dejado como única heredera de su gran fortuna instruyéndola para que “construyese un hospital a fin de que en su memoria, fueran atendidos todos los necesitados”. La construcción comenzó en el año 1835 sobre la base de un acuerdo de caridad establecido en el año 1751 por el mismo príncipe “Bălașa”, terminándose en octubre del 1837 y estando en uso desde 1838 hasta el año 1984. Era el conocido Spitalul Brâncovenesc (el hospital de Brâncoveanu).

En el contrato de construcción que se firmó el 28 de agosto de 1835 puede verse el proyecto arquitectónico (tiene sótano, planta baja y dos pisos), los materiales necesarios (por ejemplo: un millón ochocientos noventa mil ladrillos, cal, arena, estacas), que demuestran que desde sus comienzos tenían sus principios muy claros. Todo esto fue literalmente respetado. Al final, Safta, escribió un testamento propio dejando muchas casas y seis fincas en Valaquia, por lo que el precio de su contrato de arrendamiento debería cubrir los costos del hospital. También dejó claro que ningún político – ni interno ni externo -, sometiera nunca el hospital bajo su control, no estando nadie facultado ni para vender ni para comprar los estamentos del hospital.

En un segundo documento llamado “La declaración del reglamento interno de mi hospital Brâncovenesc” y firmando con el nombre de Safta, escribió el 28 de octubre de 1838 cuales eran las competencias del “iconom” (una especie de director ejecutivo) y del resto del personal: médico, cirujano, cirujano segundo, secretaria, enfermeras, enfermera de lavandería, lavanderas, portero, etc. Estableció también claramente cuales serían sus salarios. El portero tenía que aceptar a cualquier enfermo en el hospital “sin diferencia alguna de nacionalidad, condición social, religión, e igualmente fuera hombre o mujer”. Los miembros de la “Epitropia” (Consejo del hospital) darían un informe anual de los gastos a los miembros de la sociedad civil, compuesto por los metropolitanos, obispos, nobles y dirigentes del gremio de artesanía.

Vista del Spitalul Brâncovenesc.

Vista del Spitalul Brâncovenesc.

Monja Elena
Cuando volvió al monasterio de Văratec, continuó haciendo otras donaciones a iglesias, lo que provocó cierta preocupación. Junto con dos fincas, hizo que los numerosos objetos de plata de su familia fueran fundidos para que se transformasen en engastes de los libros litúrgicos, evangeliarios, iconos, cruces, vasos sagrados y bases de altares. Con sus donaciones también se realizaron ropas para sacerdotes y obispos, como por ejemplo, los ornamentos con los que fue sepultado el obispo San Calinico en el año 1868 y que ella donó en el 1851.

En el año 1859 el escritor Demetrio Bolintineanu escribió en su obra “Viajes a Moldavia” sobre el monasterio de Văratec, definiendo a la monja Elena, o Safta, como “esa mujer extraordinaria para nuestros tiempos, porque dejó una posición brillante, gran riqueza, manteniéndose solo con una pequeña parte de sus ingresos, retirándose a este monasterio”. Este escritor sigue diciendo que Safta era muy patriótica y que tras el final de la guerra de Crimea en el año 1856, esperaba que Moldavia y Valaquia se unieran rápidamente. En aquel tiempo ella le habría dicho a las monjas: “Falta poco para que acabe mi vida y deseo ver el principado unido. Si pierdo esta esperanza, no tengo ninguna razón para vivir”.

Cuando ya fue anciana se convirtió en una skema-monja, como su madre lo había sido unos años antes. Pasó a la paz eterna el día 8 de agosto de 1857 siendo sepultada junto a la tumba de su madre, la skema-monja Isabel. El 24 de enero del 1859, Moldavia y Valaquia se unían después de haber sido elegido unánimemente el príncipe Alexandru Ioan Cuza.

Escultura de Elena (Safta) Brâncoveanu.

Escultura de Elena (Safta) Brâncoveanu.

Veneración
En su testamento, Safta Brâncoveanu escribió también una especie de “maldición”: “Quién se aleje o quién acepte añadir a sus posesiones algunas de estas (fincas) sea despedido de la presencia de Cristo (…) ya que este hospital y sus propiedades están destinados al bien de la comunidad”. A pesar de esto, el hospital Brâncovenesc empezó a tener problemas después de la reforma agraria de 1921, cuando se nacionalizaron todas sus propiedades. El rey Carlos II ayudó a la institución, por lo que se resistió durante la Segunda Guerra Mundial, aunque temporalmente se transformó en un hospital militar. En el 1946 fue expropiado por el gobierno comunista.

Finalmente, después del terremoto del 1977, el dictador Ceaușescu planeó la construcción de lo que llamó “una ciudad moderna”. Aunque el hospital no estaba en la ruta prevista del “bulevar de la victoria del socialismo”, fue demolido aunque estaba recién renovado con posterioridad al terremoto. Existe una leyenda urbana que dice que Ceausescu buscaba los tesoros de la familia Brâncoveanu que estaban ocultos en el hospital. Pero también hay otra leyenda que dice que el dictador fue golpeado por la maldición de Safta, que estaba escrita en el frontispicio del hospital y que hoy se guarda en el Museo de Historia de Bucarest: “El que se atreva a destruir este asentamiento morirá de terrible muerte en un día de Navidad. Ceausescu fue fusilado después de una revuelta popular el día de Navidad del año 1989.

Los restos de Safta Brâncoveanu fueron exhumados del cementerio en una fecha que es desconocida y están almacenados en el osario del monasterio, aunque no está claro el lugar exacto de su emplazamiento. A pesar de esto, hay un cierto renacimiento de culto popular. Frecuentemente se le recuerda relacionada con el demolido hospital, pero también se la recuerda en las Sagradas Liturgias celebradas en las iglesias a las que ayudó. Existe una estatua, en la que está representada como princesa, que ha sido recientemente erigida en el patio del monasterio Văratec, cerca del altar de la iglesia principal. En algunos sitios de Internet mencionan su santa vida y una posible canonización en el futuro.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Bălan, I. Patericul românesc, Sihăstria, 2005, 396-397
– Bolintineanu, D. Călătorii, Bucuresti, 1987
– Bulat, T.G., Daniile domniței Safta Brâncoveanu mănăstirii Văratec, in: “Universul“, 1937, nr. 286 and 293
– Manea, P., Testamentul Saftei Brâncoveanu sau primul „Regulament de ordine interioară al unui spital din România”, consultado en 22.06.2015
– ***,In memoriam Safta Brâncoveanu, consultado en 22.06.2015

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Santa Clotilde de California, monja ortodoxa celta

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Icono ortodoxo francés de la Santa.

Icono ortodoxo francés de la Santa.

Inevitablemente, este ha de ser un artículo corto porque poco es lo que he podido saber acerca de esta nueva santa de la Iglesia Ortodoxa Celta, pero a raíz del artículo de nuestro compañero Damiano sobre los Santos y el gato, me comprometí hace unos meses a escribir sobre ella, y después de haber conseguido una foto suya y de sus reliquias, quiero hacerlo aun en estas condiciones.

Se llamaba Elena Quast y había nacido el 12 de septiembre del año 1912 en Seattle, estado de Washington (USA). De su infancia y de su adolescencia no se sabe absolutamente nada, salvo que siendo muy joven ingresó en un convento católico de monjas franciscanas, el cual tuvo que abandonar poco tiempo después para cuidar a su madre, que estaba gravemente enferma. Junto a su lado permaneció hasta el día de su muerte.

En este tiempo, se pasó desde el catolicismo a la nueva Iglesia Ortodoxa Celta como miembro de la parroquia de Davis, en California, cuyo obispo era en aquel momento monseñor Elías y su obispo auxiliar, monseñor Nathan. Elena les expresó su deseo de volver a convertirse en una religiosa que siguiera el espíritu de San Francisco de Asís.

Inició el noviciado en el año 1979 cambiando su nombre de Elena por el de Clotilde y ante monseñor Elías, hizo su profesión religiosa el día 4 de octubre del 1981, renovándola un año más tarde ante monseñor Mael, que era el único abad de la Iglesia Ortodoxa Celta, quién se convirtió en su director espiritual, aunque esa dirección fue sobre todo epistolar. Ella, por carta, le pedía consejo sobre temas relacionados con las pequeñas dificultades que diariamente pueden aparecer en la vida de una monja que vive sola y el padre Mael le contestaba dándole referencias bíblicas que podrían ayudarle a resolver y mejorar esas situaciones. De esta manera, ella fue creciendo en santidad, entregándose a labores religiosas, sociales y humanitarias.

Fotografía de la Santa junto a dos sacerdotes ortodoxos.

Fotografía de la Santa junto a dos sacerdotes ortodoxos.

Pero como su estado de salud no le permitía vivir sola, tuvo que entrar en una pequeña casa de retiro para personas mayores (lo que llamaríamos un pequeño asilo), en la ciudad de Sacramento, California. Todos los residentes en ella eran personas seglares por lo que solicitó continuar llevando el hábito monástico dentro del asilo, solicitud que le fue concedida.

En el año 1990, monseñor Mael fue enviado a Estados Unidos como delegado de monseñor Serafín (entonces Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Celta), con el fin de entronizar a monseñor Nathan como el nuevo obispo local de la Eparquía en América. En esta ceremonia, la hermana Clotilde, que era una mujer sencilla y que vivía profundamente unida a Dios, se vio muy honrada ya que pudo desempeñar el papel de sacristana. En ese acto, le hicieron un regalo (no se sabe cual), pero es de destacar que ella lo cubrió de besos tanto al regalo como al donante, antes de abrirlo.

Relicario de la Santa.

Relicario de la Santa.

La hermana Clotilde de California murió plácidamente el día 25 de octubre del año 1993 con ochenta y un años de edad. El 10 de agosto del año 2008, en la catedral de Notre Dame, en Saint Dolay (en la Bretaña francesa), fue canonizada en la celebración de una Divina Liturgia en Rito Celta celebrada por su director espiritual, el entonces obispo Mael. Su fiesta se celebra el día 25 de octubre, fecha de su muerte. Sus reliquias se veneran en el monasterio francés de Saint Dolay.

Antonio Barrero

Enlace consultado (09/06/2015):
– www.orthodoxie-celtique.net

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Santos Basílides, Potamiena y Marcela, mártires

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Grabado de Santa Potamiena, obra de Rosweydus Cnobbaert.

Grabado de Santa Potamiena, obra de Rosweydus Cnobbaert.

Hoy se celebra la festividad de un grupo de mártires de Alejandría (Egipto), de los cuales sabemos gracias a Eusebio de Cesarea, quien nos cuenta que, durante la persecución de Septimio Severo, como los catequistas de la escuela alejandrina habían sido dispersados, Orígenes – que sólo tenía diecisiete años -, tomando su puesto y avisado por algunos paganos que eran amigos suyos y querían abrazar la nueva fe, comenzó a instruirlos en las verdades del cristianismo, haciéndolo con tanto ardor que pronto fue descubierto. Muchos de estos nuevos cristianos, fueron apresados y dieron sus vidas afrontando el martirio.

Entre éstos, Eusebio recuerda a Plutarco, Sereno, Heráclides, Herón, otro Sereno, Heraides y, en el séptimo puesto, a Basílides, con quien se explaya más extensamente, mezclando su historia con la de la virgen Potamiena y su madre Marcela. También nos habla de ellos Paladio en su Historia Lausiaca aunque ubica el martirio en tiempos de Maximino.

Historia de los Santos
Potamiena es un nombre griego, prácticamente en desuso, que recuerda a todo lo relacionado con un río. Una carta de Dionisio de Alejandría nos habla de esta esclava de gran belleza, que vivió en Alejandría de Egipto al servicio de un amo lujurioso, junto con su anciana madre Marcela. Había sido convertida a la fe, como ya hemos dicho, por Orígenes, y era famosa tanto por su hermosura como por sus virtudes, aunque había rechazado muchas propuestas de matrimonio y se dedicaba a cuidar a los necesitados.

Su amo trató innumerables veces de seducirla, de convencerla para que mantuviese relaciones sexuales con él, pero ella nunca accedió. De modo que, cuando se desató la persecución, despechado por el rechazo de la joven, la entregó a ella y a su madre a la autoridad del prefecto Aquila, diciendo: “Como no logro persuadir a mi esclava de que se someta a mis deseos, la dejo en tus manos para que venzas su determinación, con promesas o amenazas, de modo que acceda a mi voluntad. Si me haces este favor te compensaré debidamente. Pero si no eres capaz de convencerla, castígala. Es más, dado que es cristiana, asegúrate de darle amarga muerte”.

Basílides protege a Potamiena y Marcela de los ataques de la multitud. Ilustración contemporánea.

Basílides protege a Potamiena y Marcela de los ataques de la multitud. Ilustración contemporánea.

Aquila recurrió a todo tipo de promesas y amenazas para lograr su objetivo, y en vista de la resistencia de ambas, finalmente sometió a Potamiena a terribles torturas en presencia de su madre. Después de que la joven se hubiera recuperado de un desvanecimiento a causa del dolor, le dijo: “Ya ves que puedo acabar con tu vida. Si persistes en tu terquedad, te entregaré a los gladiadores para que te deshonren.” Esto atemorizó profundamente a Potamiena y entonces pareció recogerse interiormente durante un breve rato, pensando qué podía hacer: si sacrificar y con ello, perder la dignidad de ser cristiana; o negarse a ello y perder la virginidad.

“Y bien, dijo Aquila, viéndola dudar, ¿qué resolución tomas?” El autor del relato nos dice a continuación que “dio tal respuesta que los paganos juzgaron que había hablado impíamente”. Eusebio recalca, sin embargo, que ella respondió con tal nobleza y orgullo que hizo que el propio juez se maravillase. En algunas versiones, ésta es su respuesta: “Prefiero sufrir todo cuanto pueda inspiraros vuestro furor antes que obedecer a la infame voluntad de mi amo; además, nunca habría yo creído que un juez fuese injusto hasta el punto de mandarme obedecer a los propósitos de un amo disoluto”. O sea, que acusó directamente al juez de ser un corrupto y de obedecer a los deseos de un particular, lo cual era una acusación gravísima que podía entrañar un severo castigo para el magistrado que la cometiese. En cualquier caso, en este punto, Dionisio añade que Aquila cumplió su amenaza, poniendo a la esclava en manos de los gladiadores, pero que “el Señor no permitió que sucediera tal profanación”. Tras esto se dictó sentencia de muerte contra Potamiena y su madre.

En este punto de la historia entra Basílides, uno de los soldados adscritos a escoltar a los condenados hasta el lugar de la ejecución. Según Eusebio, había asistido a algunas de las reuniones de Orígenes y sentía una profunda simpatía por los cristianos, aunque no se había decidido a recibir el bautismo. Hay quien le da el rango de centurión -comandante de una centuria, es decir, un pelotón de cien soldados- pero es poco probable que a un militar de este rango le encargaran una tarea tan baja como escoltar unos reos de muerte.

Martirio de las Santas. Grabado de Jacques Callot, Harvard University Library.

Martirio de las Santas. Grabado de Jacques Callot, Harvard University Library.

Así que tras la condena a muerte de Potamiena y Marcela, le fue encargado a Basílides que las escoltara hasta el lugar del suplicio. En el trayecto desde el tribunal al lugar del holocausto, mientras el populacho la ultrajaba, él se dedicó a proteger a Potamiena, rechazando a los que estaban exaltados y demostrándole a la mártir toda su simpatía y compasión. Puede imaginarse sin dificultad esta escena: por donde pasaban, el populacho, ebrio de sangre, gritaba e insultaba a las mujeres, arrojándoles frases obscenas y burlas intolerables. Basílides, no pudiendo sufrir este comportamiento, se interponía entre Potamiena y la plebe, rechazando a los que intentaban alcanzarlas y amonestando a los que las injuriaban.

Al llegar al lugar del suplicio, los verdugos la desnudaron por completo y la ataron a un poste, y lo mismo hicieron con Marcela. Entonces Potamiena se dirigió a Basílides y le dijo: “Ten buen ánimo, noble soldado. En recompensa a la caridad que me has dispensado, te prometo que, apenas salga de este mundo, te alcanzará la gracia de mi Señor, y no tardará en pagarte el bien que me has hecho.” Le prometía así sus oraciones para conseguir su salvación cuando él se presentase ante el supremo juicio de Dios. A continuación se llevó a cabo el terrible martirio, que soportó con una fortaleza heroica.

La mayoría de versiones coinciden en que ambas fueron rociadas de los pies a la cabeza con pez hirviendo. Alguna otra versión especifica que fueron metidas en un caldero de aceite y pez hirviendo, la propia Potamiena había hecho jurar a Aquila por la cabeza del emperador que no la arrojaría a ella de golpe dentro del caldero, sino que lo haría muy lentamente: “Haz esto por mí, le dijo, para que puedas tomar conocimiento de la paciencia que me da Jesucristo para soportarlo”. Además, según esta versión del caldero, Potamiena habría indicado a los verdugos: “Por la vida del emperador, a quien vosotros respetáis, no me desnudéis. A lo menos disponed que sea arrojada allí vestida. Ahora veréis las fuerzas que el Dios a quien adoramos, concede a los que sufren por Él”. De modo que, cumpliendo el juramento, Aquila dio la orden de introducirla lentamente en el líquido ardiente, por espacio de tres horas. Permanecieron quemándose durante este horrible período de tiempo, rezando a Dios, hasta que por fin, la pasta las cubrió por completo. La gente quedó impresionada por la paciencia y resistencia de la joven, y tanto más el propio Basílides. No es para menos porque, se acepte una versión u otra, lo cierto es que todas coinciden en que el martirio fue así de horrendo -fueron quemadas vivas- y de lento -duró tres horas-.

Estampa devocional italiana de San Basílides, contemplando una visión de Santa Potamiena.

Estampa devocional italiana de San Basílides, contemplando una visión de Santa Potamiena.

Pasaron unos días y, habiendo recapacitado Basílides e impactado por lo que había visto, le tocó a él seguir el ejemplo de Potamiena, ya que durante un proceso a otros cristianos, fue invitado por sus compañeros a que prestara juramento a los dioses y él, ante el estupor de todos los presentes, se negó diciendo: “De ningún modo me está permitido jurar, pues soy cristiano.” “Debes estar bromeando”, dijeron sus compañeros consternados, y al persistir en ello, fue conducido ante Aquila, ante el cual repitió su negativa a jurar y confesó su fe.

Fue arrojado a la cárcel, y al saberlo los cristianos de la ciudad, acudieron a visitarlo y le preguntaron sorprendidos: “¿Cómo es eso, hermano? ¿Cómo se ha obrado tu conversión, si nadie te instruyó y no has tenido contacto con nosotros?” A lo que él respondió: “Tres días después de la infame muerte de aquella inocente esclava, la ví mientras dormía. Estaba bellísima, llevando una resplandeciente corona, y me ofrecía a mí otra diciendo: “Tal y como te prometí, le he pedido gracia a mi Señor y te la ha otorgado. Vendré pronto a por ti, hermano mío, y te ceñiré esta corona”. Al oír esto, aquellos, profundamente conmovidos y convencidos de que se había obrado un milagro, lo bautizaron llenos de emoción. Al día siguiente Basílides fue decapitado, mientras creía ver a la hermosa Potamiena que lo recogía para llevárselo al cielo.

Interpretación
Como decíamos, hay dos fuentes principales para conocer la historia de estos Santos, que son Eusebio de Cesarea (Historia Ecclesiastica, VI, v) y Paladio (Historia Lausiaca, iii), siendo, al parecer, la carta de Dionisio de Alejandría una mera interpolación en medio de este relato.

Aunque la historia parece verosímil en su mayor parte, el relato de Eusebio ha sido objeto de duras críticas por considerarse que no hace sino reproducir muchas actas martiriales semejantes. Pero hay datos originales y aspectos que merecen una consideración; por ejemplo, es interesante anotar que en el relato de Eusebio de Cesarea, la confianza de Potamiena en su intercesión ante Dios constituye uno de los primeros documentos de fe de la primitiva Iglesia en la intercesión de los santos, lo que no es poca cosa.

Martirio de la Santa, interpretrado como quema en la hoguera.

Martirio de la Santa, interpretrado como quema en la hoguera.

Las distintas versiones aportan algunas contradicciones entre sí; en algunas, se especifica que Potamiena era esclava, no así en otras; en algunas el martirio constituyó en ir derramando el líquido hirviente sobre el cuerpo desnudo de la mártir, gota a gota, desde la cabeza a los pies, en otra es progresivamente sumergida en un caldero… todo ello no tiene demasiada importancia, pero la ubicación cronológica sí que la tiene: según Eusebio, esto aconteció en tiempos de Septimio Severo (210-211) y según Paladio, en tiempos de Maximino II (306-310). Desde luego, si realmente nuestros mártires de hoy fueron discípulos de Orígenes, sólo puede darse por buena la primera versión. Pero si se piensa en la atrocidad de la ejecución sufrida por las mártires, quemadas vivas lentamente por espacio de horas, es más lógica la segunda cronología, por la barbarie de la agonía que las dos mujeres tuvieron que sufrir.

Quitando estas puntualizaciones que deben conocerse, es probable que estemos ante mártires reales, históricos, cuyo relato simplemente ha sido exaltado y adornado por la mano de su redactor. El mismo Paladio, cuanto menos, afirma que oyó el relato nada menos que de labios de San Antonio, padre de los ermitaños, aunque puede que fuera no directa, sino indirectamente.

Tabla de Santa Potamiena con el caldero como atributo. Iglesia de San Benigno de Pontarlier, Francia.

Tabla de Santa Potamiena con el caldero como atributo. Iglesia de San Benigno de Pontarlier, Francia.

Culto e iconografía
En el Martirologio Jeronimiano, Basílides, Potamiena y Marcela son conmemorados el día 28 de junio, como decíamos, junto con algunos otros discípulos de Orígenes. Sin embargo, el Martirologio Romano solo recuerda a Basílidess y lo hace el día 30 de junio.

Debido a su papel como escolta de las mártires y cómo las protegió de los abusos y agresiones de la multitud, San Basílides es el patrón de la policía penitenciaria, particularmente en Italia, al entenderse que él es el modelo en que todos los que escoltan presos o condenados deben mirarse, protegiéndolos de que el público decida tomarse la justicia por su mano.

En la iconografía, Santa Potamiena aparece junto a un caldero o quemándose viva en una estaca, a veces acompañada de su madre. San Basílides aparece simplemente como un soldado romano teniendo una visión de la Santa glorificada.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum: enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1987.

Enlaces consultados (23/06/2015):
– www.bartleby.com/210/6/284.html
– www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_potamiena

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Santa Cita de Serravalle

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Detalle de la Santa en el sarcófago de Santa Augusta de Serravalle.

Detalle de la Santa en el sarcófago de Santa Augusta de Serravalle.

Introducción
Cheeta (a veces transcrito como Cheetah, Cheta o Chita, en italiano es conocida también como Cita) fue un chimpancé de la ficción cinematográfica o televisiva, amigo y compañero de aventuras de Tarzán. El animal juega un papel fundamentalmente cómico, aunque participa de manera ocasional en la acción mediante la comunicación con otros animales de la selva, siempre en beneficio de su amigo o maestro humano. Generalmente, aunque no siempre, viene caracterizado como un chimpancés macho, aunque en las películas ha sido interpretado por animales de ambos sexos. El personaje de Chita es una invención de Hollywood, ya que no está presente en la serie de novelas de Tarzán de Edgar Rice Burroughs; sin embargo, en algunas obras posteriores de la serie, aparece con un carácter en cierto modo similar, el mono Nkima. Así que cuando se piensa en este nombre uno solo puede pensar en el mono de Tarzán.

Cuesta trabajo creer que entre los santos exista uno con este nombre. Y así es y está sepultada en Vittorio Veneto, en el santuario de Santa Augusta de Serravalle. Entonces nos preguntamos: ¿Quién es esta Santa Cita?

Santa Cita de Serravalle
El nombre Cita, en si mismo, es usado para indicar el nombre de Zita, la más famosa santa de Lucca después de Santa Gema Galgani. Cita significa realmente chica, “fanciulla” o chica joven en el dialecto toscano y del cual se deriva el nombre de Zita. Pero en nuestro caso, estamos hablando de Cita y no de Zita.

Algunas fuentes, el nombre Cita lo vinculan con el término “zitze” del idioma alto alemán medio, que significa “pecho, mama”, que posteriormente ha confluido con el nombre “chica”. Tenemos que tener en cuenta la relación con la palabra italiana “zizza”, porque esta última etimología lo acerca a nuestra santa que era la nodriza de Santa Augusta. En la vida de Santa Augusta se cuenta que poco después de nacer, murió su madre y su padre, llamado Matrucco la puso al cuidado de Cita de Piai, “localidad de la Fregona”.

Sarcófago de Santa Augusta de Serravalle, con el relieve de Santa Cita.

Sarcófago de Santa Augusta de Serravalle, con el relieve de Santa Cita.

La buena mujer de Piai, se trasladó al castillo que su padre tenía en Serravalle convirtiéndose en una segunda madre para la pequeña Augusta, la cual creció a su lado como si fuera un ángel. Matrucco, trató de educar a la niña según las costumbres y tradiciones del pueblo al que pertenecía, pero ella, instruída por su buena nodriza, sintió pronto la falsedad del culto practicado por su padre y por otros cortesanos a favor de Odín y otros dioses paganos. Por lo tanto, conforme crecía en edad, mostraba cada vez más interés por la nueva religión, de la cual Cita le hablaba y que sabía que era practicada en secreto por no pocos habitantes de Serravalle, desafiando de este modo la persecución del rey, de su padre.

Dice la leyenda que en aquellos tiempos, detrás del monte Marcantone, había una profunda gruta excavada en la roca, en la que vivía un anciano ermitaño dedicado por completo a la oración y a la penitencia. Cita lo conocía así como muchos de los cristianos de Serravalle, que a escondidas lo visitaban para que les hablase del Señor, rogase por ellos y pedirle consejos. Un día, Cita, llevó a escondidas a Augusta para que visitase al santo anciano. Este, naturalmente, exhortó a la niña a amar al Señor y a practicar las virtudes cristianas con valentía. Ellas continuaron visitando al ermitaño, quién instruyó a Augusta, la cual recibió el bautismo y de este modo se convirtió en cristiana para siempre.

La conversión y el bautismo de Augusta llegó a los oídos del su padre Matrucco, el cual trató de persuadir a su hija, primero de buenas maneras y después, mediante la tortura. La nodriza Cita participó en los sufrimientos de Augusta como si fuese su madre y oraba por ella para que se mantuviese fuerte hasta el final. La joven Augusta coronó su vida con el martirio por decapitación.

Panorámica del Santuario de Santa Augusta de Serravalle.

Panorámica del Santuario de Santa Augusta de Serravalle.

Con respecto a la suerte que corrió Cita, la tradición es incierta. No se sabe como aquella virtuosa mujer, que siempre fue fiel a la promesa realizada a la madre de Augusta, concluyó su existencia. Es probable que los últimos años de su vida siguiera creciendo en el ejercicio de la caridad y en las prácticas religiosas. Finalmente, el Señor la llamó junto a sí, siendo sepultada junto a Augusta, con la que compartió el apelativo de santa y, posteriormente, los altares.

La santa nodriza Cita es representada en el arca cuadrangular relizada entre los años 1450-1452 a fin de contener las reliquias de Augusta. El frontal se divide en tres arcadas que albergan las figuras de la Virgen con el Niño, Santa Augusta (a la derecha) y Santa Cita (a la izquierda) acompañadas respectivamente por dos figuras de menores proporciones que son reconocidas como Alvise de Ferrara, ciudadano de Serravalle y Pedro Soranzo, podestá (alcalde) de Serravalle, o sea, que están representados los poderes religiosos y civiles de la ciudad en el año 1450, los cuales testimonian con su presencia el descubrimiento de las reliquias.

Damiano Grenci

BIBLIOGRAFIA Y SITIOS
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III Apendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Campo Dell’Orto Augusto – “Un fiore sulla roccia. S. Augusta vergine e martire serravallese” – Pieve di S. Andrea, 1987
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconografico y hagiografico: 1977 – 2015
* Sito web diocesivittorioveneto.it
* Sito web wikipedia.org

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Santos Juan y Pablo, mártires romanos

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Tabla de los Santos, obra del Maestro de Messkirch, 1535. St. Martinkirche, Messkirch (Alemania).

Tabla de los Santos, obra del Maestro de Messkirch, 1535. St. Martinkirche, Messkirch (Alemania).

Hoy celebramos la festividad de los Santos Juan y Pablo y por eso, hoy deseo escribir sobre ellos. La “passio” de estos santos mártires romanos nos dice que eran hermanos de sangre y hermanos en la fe, que fueron asesinados secretamente en su casa romana en el Celio y que allí mismo fueron sepultados la noche del 26 de junio del año 362, en tiempos del emperador Julián el Apóstata. Esta “passio” nos ha llegado en tres relatos o códices distintos: una primera enlazada con la “passio” de San Gallicano y compañeros mártires de Alejandría, una segunda en la que solo se relata la historia de estos mártires y una tercera que adjunta además la revelación de su sepultura y la edificación de la llamada basílica celimontana o basílica romana de los Santos Juan y Pablo al Celio.

Si resumimos la “passio”, vemos que en sus tres relatos, Juan y Pablo inicialmente son representados como mayordomo y “primicerius” (término que se aplicaba al jefe de una administración) de Constantina, hija del emperador Constantino, pero también se dice que eran soldados del grupo de San Gallicano, quienes obtuvieron una gran victoria en el ejército romano y finalmente se nos presentan como unos ciudadanos a los cuales se les confisca su casa en el Celio construida con los salarios y regalos recibidos por sus servicios a Constantina.

Cuando Juliano asumió las riendas del Imperio, intentó atraerlos hacia si y los invitó a retornar a la Corte, donde a través del jefe de la guardia imperial llamado Terenciano los intimidó para que sacrificaran ante el dios Júpiter. Como ellos se negaron, fueron secuestrados en su propia casa por espacio de diez días para que recapacitaran. Informados de lo que pasaba, para confirmarlos en la fe, fueron a visitarlos el sacerdote Crispo junto con otros cristianos llamados Crispiniano y Benedicta, pero al llegar el décimo día, Terenciano (jefe de la guardia imperial) acompañado por numerosos soldados, se presentó en casa de los dos hermanos a los cuales encontraron rezando. Después de tres horas de inútiles lisonjas y amenazas – con la intención de granjearse la simpatía del emperador -, Terenciano decapitó personalmente a los dos hermanos y los sepultó en una fosa excavada dentro de su propia casa corriendo al mismo tiempo la voz de que habían desaparecido, se habían escapado. Pero a Crispo, Crispiniano y Benedicta les fue revelado lo que había ocurrido y cuando fueron a visitar el sepulcro de los dos mártires, ellos también fueron ajusticiados.

Martirio de los santos, obra de Il Guercino, 1632.

Martirio de los santos, obra de Il Guercino, 1632.

Días más tarde, el hijo de Terenciano, que estaba loco, perturbado (endemoniado, según la “passio”), salió gritando como un alma en pena diciendo que Juan y Pablo lo habían curado mientras rezaba ante su sepulcro. Este supuesto milagro hizo que ambos, padre e hijo, se convirtieran a la fe muriendo también por orden del emperador. Cuando Joviano sucedió a Julián el Apóstata ordenó al senador Bizante que rescatara los cuerpos de los mártires y mandó construir una basílica sobre el sepulcro de los mismos. En resumen, esto es lo que nos dice la “passio”.

El examen de estos textos demuestra que son un añadido posterior al relato de San Gallicano. Sin embargo, aparecen como más fiables los pasajes de los Santos Crispo y compañeros y lo referente a la construcción de la basílica. Aislada en su contenido más primitivo, sin otros añadidos posteriores, la “passio” de los Santos Juan y Pablo, puede ser el reflejo de una tradición anterior que, sin embargo, encontró ecos en otros documentos que también son considerados como históricos. De hecho, los Santos Juan y Pablo son recordados en los dípticos del canon tanto en las revisiones romana como en la ambrosiana, en el Martirologio Jeronimiano y en los Sacramentarios Gelasiano, Leoniano y Gregoriano, con prefacios y oraciones propias que revelan la celebridad de su culto, la aceptación de que eran realmente hermanos y de que fueron martirizados y sepultados en la ciudad de Roma. A estos dos santos se les atribuyen un epígrafe de estilo damasiano (por San Dámaso) cuyos fragmentos fueron encontrados en las excavaciones realizadas bajo su basílica.

Según algunos códices del “Liber Pontificalis”, San León Magno construyó en su honor un monasterio al noroeste de la basílica vaticana que llegó a existir hasta bien entrado el siglo XV. También el “Liber Pontificalis” nos dice que el Papa San Símmaco hizo en la basílica celimontana una doble escalinata “post absidam” y San Gregorio Magno hizo que esta basílica fuera el destino de una de las estaciones que los romanos hacían en Cuaresma, llamadas también estaciones cuaresmales. En Roma se les erigió una segunda iglesia en el Janículo (el monte Gianicolo es una colina de la ciudad de Roma, la cual no se encuentra entre las siete colinas tradicionales y que se localiza en el famoso barrio del Trastévere), junto al acueducto de Trajano. Ya más tarde, en el año 597, se les construyó otra en Ravenna donde fueron esculpidas sus figuras en el ambón de mármol del templo.

Lápida que indica el lugar del martirio.

Lápida que indica el lugar del martirio.

Los Santos Juan y Pablo están representados entre los santos del mosaico de San Apolinar Nuevo en Ravenna y son recordados por San Gregorio de Tours, en el célebre papiro de Monza de la época de San Gregorio Magno, en varios de los “Itinerarios romanos” del siglo VII y siempre han estado presentes en el culto oficial, tanto en el Misal, como en el Breviario, Letanías de los Santos y en el Martirologio.

En el año 1588 sus reliquias fueron extraídas de la sepultura primitiva y puestas en la iglesia que estaba construida encima. En el pavimento sobre la antigua cripta se puso una lápida con un epígrafe que dice: “Lugar del martirio de los Santos Juan y Pablo en su propia casa”. En el 1677, el cardenal Howard colocó las reliquias debajo del altar mayor y en el 1725, el cardenal Paolucci las puso en una urna de pórfido bajo el altar. Esta urna de pórfido era un antiguo baño termal romano. En las “Actas Sanctorum Iunii”, Papebroch dice que hay reliquias de estos dos santos en diversas iglesias europeas y que en el año 1363 los dos cuerpos enteros fueron llevados a la catedral de Viena y desde allí, al monasterio de Rheinau. Son muchos los hagiógrafos que ponen en duda esta cuestión, manifestando que los cuerpos continúan en Roma.

Las excavaciones arqueológicas realizadas bajo la Basílica de los Santos Juan y Pablo al Celio han sacado a la luz un complejo de casas romanas adornadas con notables frescos y con trazas de culto “ad corpora”, o sea, a sus cuerpos. Escenas del martirio y otras de incierta interpretación también han sido pintadas en el pequeño compartimento de la “confessio”, bajo la cual se ha encontrado una tumba que bien pudiera ser la primitiva sepultura de los mártires.

Estos santos tan antiguos y tan populares no se han librado de algunas reservas que sobre su historicidad y sobre su “passio” han planteado algún que otro hagiógrafo. Aunque Dufourcq dice que su existencia es innegable, también manifiestan que su martirio ocurrió en una época anterior, quizás a la época de Diocleciano, ya que no existe ninguna prueba histórica de que en tiempos de Julián el Apóstata existiese ninguna persecución cruenta en Roma. Asimismo dice que la “passio” fue escrita en tiempos del Papa San Sínmaco (498-514). Franchi de’ Cavaglieri dice que esta “passio” es un plagio de la de los Santos Juventino y Maximino, mártires antioquenos en tiempos de Julián el Apóstata, por lo que defiende que el martirio si puede ser coetáneo a este emperador. Incluso algunos hacen conjeturas sobre una probable identificación de Juan y Pablo, con Cipriano, Justina y Teoctisto, que como sabemos, son personajes de una “leyenda famosa”. Sobre este tema no me quiero explayar porque sobre estos santos ya hemos escrito y discutido bastante en este blog.

Urna de pórfido que contiene los restos de los santos en su Basílica al Celio.

Urna de pórfido que contiene los restos de los santos en su Basílica al Celio.

El bolandista Delehaye acepta la hipótesis del plagio y hace derivar la mención de los Santos Juan y Pablo en el Martirologio Jeronimiano de la “passio Gallicani”, viendo en la basílica celimontana a los homónimos santos apóstoles (Juan Evangelista y Pablo de Tarso). Lanzoni acepta esto último, aunque dice que es San Juan Bautista y que los santos Panmaquio y su esposa Paulina (sepultados también en dicha basílica), quisieron honrarlos allí por lo que consiguieron algunas reliquias suyas y las pusieron en la “confessio”. Es más: como en las actas del sínodo romano del año 499 a la basílica del Monte Celio se la denomina “títulus byzantii et Pammachii”, llega a afirmar que en lugar de ser el sitio donde recibieron martirio ambos santos, era una “Domus Ecclesiae” instalada en la propia casa familiar de Bizantio y Panmaquio y que fue con posterioridad cuando se recibieron allí las reliquias. O sea, vemos que sin negar su historicidad, hay relatos y opiniones para todos los gustos.

No se puede excluir del todo que en la época de Juliano el Apóstata no hubiese ningún otro mártir en Roma, aunque nosotros no podamos citar otros nombres distintos a los de Juan y Pablo, así como que tampoco faltan otros pocos nombres en Oriente. El denominado “sabor julianeo” de esta “passio” prueba más bien su veracidad, mientras que si no la confrontamos de manera apasionada con el martirio de los Santos Juventino y Maximino, si se es más neutral, se puede comprobar que existen más diferencias que analogías entre ambos episodios. Para concluir hay que decir que las pistas mencionadas anteriormente en las trazas de culto “ad corpora” en el santuario subterráneo de la basílica, demuestran que aquel fue el primer lugar del culto en el Celio a estos dos santos.

Díptico de los santos. Pollina (Palermo), Italia.

Díptico de los santos. Pollina (Palermo), Italia.

Por lo tanto, los Santos Juan y Pablo tuvieron después partidarios muy valiosos y no solo en el bolandista Daniel Papebroch, sino en Allard, Juan Bautista De’ Rossi, Horacio Marucchi, E. Leblant y muchos otros, especialmente en Germán de San Estanislao que es el autor de las excavaciones realizadas bajo la basílica. Aún son más actualizados y completos los estudios llevados a cabo por E. V. Gasdia y por A. Prandi, que han demostrado aun de manera más concluyente, más positiva, la tradición basada en el culto practicado en la basílica al Celio.

Recientemente, el problema ha sido examinado aún más a fondo por el doctor en Derecho Canónico, don Joaquín De Sanctis, quién de los datos litúrgicos, arqueológicos e históricos, de la crítica del texto de la “passio” y de todas las hipótesis contrarias a ella, extrae la conclusión de que sin lugar a dudas el núcleo de la tradición de los Santos Juan y Pablo, es completamente verídico, es completamente histórico.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Allard, P., “La casa de los mártires Juan y Pablo en el Monte Celio”, París, 1907.
– De Sanctis, G., “Los Santos Juan y Pablo, mártires celimontanos”, Roma, 1962
– Gasdia, E.V., “La casa pagano-cristiana del Celio”, Roma, 1955.
– Germano de San Estanislao, “La casa celimontana de los Santos Juan y Pablo”, Roma, 1894.
– Germano de San Estanislao, “La memoria de los Santos Juan y Pablo, reivindicada por la historia de Roma”, Roma, 1907.
– Prandi, A., “El complejo monumental de los Santos Juan y Pablo”, Roma, 1955
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

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