San Romualdo, fundador de los camaldulenses

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del rostro del Santo, por Fra Angelico.

Detalle del rostro del Santo, por Fra Angelico.

San Romualdo nació en Ravenna a mediados del siglo X, siendo hijo del duque Sergio y, no antes del año 973 ingresó como monje en San Apollinare in Classe, después de haberse visto implicado en una contienda entre su padre y un familiar, que perdió la vida. En San Apollinare estuvo unos tres años y, no pudiendo sufrir la mediocridad de los monjes, se marchó como ermitaño a la laguna de Venecia. Se hizo discípulo de un eremita llamado Marino, un hombre muy sencillo de una gran espiritualidad aunque no era ningún experto en reglas monásticas, pues lo mismo se llevaba un día sin comer y recitando el salterio, o se quedaba encerrado en su cabaña, o vagaba por los campos acompañado de Romualdo. Diríamos que era un eremita “sui géneris”, sin disciplina estricta.

Este ermitaño le enseñó a leer el salterio (Libro de los Salmos) y con él se fue a Venecia donde se unieron al famoso abad Guarino del monasterio de San Miguel de Cuxa, que en aquellos tiempos estaba como peregrino en la ciudad de los canales. Todos sabemos que este monasterio de San Miguel de Cuxa está en los pirineos franceses. Fue en aquellos tiempos cuando el duce San Pedro Orseolo, había abandonado la ciudad veneciana para unirse como monje al abad Guarino.

Marino, Romualdo y los nobles venecianos Juan Gradenigo y Juan Morosini, atravesando Lombardía y parte de la Provenza, llegaron al floreciente e influyente monasterio de Cuxa, que el abad Guarino – proveniente de Cluny -, había puesto bajo la reforma cluniacense. En las cercanías del monasterio, Marino y Romualdo comenzaron a llevar vida de ermitaño, ganándose el pan con el trabajo de sus manos y cultivando una pequeña huerta. La lectura de las vidas de los Santos Padres y de las “Collationes” de Casiano, indujeron a Romualdo a llevar una vida ascética más ordenada, menos anárquica, convirtiéndose en el maestro de San Pedro Orseolo y Juan Gradenigo.

San Romualdo y sus discípulos. Obra de Andrea Sacchi.

San Romualdo y sus discípulos. Obra de Andrea Sacchi.

San Bruno de Querfurt, que fue discípulo suyo, nos dice que “enseñaba el olvido total de las cosas mundanas, la estabilidad de la vida ascética (no solo en cuanto a la soledad, el ayuno y las mortificaciones), la extracción de enseñanzas de las Escrituras, el abandono de si mismo en las manos de Dios y que junto a este magisterio espiritual, unía una relación intensa y paternal con cuantos se ponían en sus manos para ser orientados, para ser dirigidos”.

Cuando murió San Pedro Orseolo en el año 988, Romualdo se enteró de que su padre había ingresado en el monasterio de San Severo de Ravenna pero que habiéndose arrepentido había salido del mismo. Romualdo fue a su ciudad a fin de convencer a su padre para que volviera a ingresar en el monasterio y acompañado de Juan Gradenigo y de Marino, marcharon posteriormente hacia el monasterio de Montecassino, junto con un ilustre penitente: el conde Olibano de Cerdeña. San Marino se quedó en la región de Puglia donde fue martirizado por los sarracenos, Gradenigo se quedó como ermitaño en los alrededores de Montecassino acompañado por un joven clérigo originario de Benevento y Romualdo volvió a Ravenna.

Alli, en su ciudad natal, se dedicó a llevar vida solitaria es las zonas más apartadas de la costa del Mar Adriático, sobre todo, en las islas formadas por los ramales del río Po en su gran delta, desde Ravenna hasta Comacchio, llegando incluso a veces hasta la zona de los Apeninos. Durante un cierto período de tiempo vivió en Bagno di Romagna, en el monte Sarsina, construyéndose un eremitorio solitario cerca del monasterio de San Miguel de Verghereto. Allí recibió algunas donaciones del marqués Hugo de Toscana y de ellas se sirvió para remediar el desastre producido por un incendio en el monasterio de Palazzolo, cercano a Ravenna. Esto provocó la ira de los monjes de Verghereto y su expulsión de aquel lugar. Entonces se marchó al monte Catria, en los Apeninos, volviendo posteriormente al monasterio de San Apollinare in Classe.

San Romualdo ante el emperador Otón III. Obra del beato Fra Angélico.

San Romualdo ante el emperador Otón III. Obra del beato Fra Angélico.

Algunas veces vivió en una casucha en los insalubres pantanos de Comacchio, en un lugar cercano al monasterio de Santa María in Aula Regia o conviviendo en Pereo en una celda con un discípulo llamado Guillermo. De Pereo lo sacó el emperador Otón III para encargarle el gobierno y la reorganización del monasterio de San Apollinare in Classe, pero su forma de ser, su rigor no congenió con los monjes, por lo que tuvo que marcharse tirando airado al suelo el báculo de abad en presencia del mismísimo emperador.

Así, vagando y actuando como si fuera un fugitivo, llegó de nuevo a las cercanías de Montecassino donde se encontró con Juan Gradenigo, que anteriormente había sido compañero suyo. Pero Benedicto de Benevento – el discípulo de Gradenigo -, quién por las enseñanzas de este conocía la bondad y la sabiduría de Romualdo, quiso encontrar en él a un maestro espiritual aun mejor y se convirtió en su discípulo mostrando una total fidelidad a la dura forma de vida ascética que llevaba Romualdo. Con él se quedó hasta el otoño del año 1000, cuando Romualdo cayó gravemente enfermo.

Alegoría de la Orden Camaldulense. Obra de Domenikos Theotokopoulos "El Greco".

Alegoría de la Orden Camaldulense. Obra de Domenikos Theotokopoulos “El Greco”.

Curado de su enfermedad, Romualdo se marchó a Roma donde se encontró con Otón III que estaba de vueltas de una peregrinación que había realizado a la tumba de San Abalberto en Polonia. Y allí, en las cercanías de Roma, reunió a un grupo de ermitaños entre los cuales había algunos amigos del emperador como el entonces joven San Bruno de Querfurt, que había sido canónigo de Magdeburgo, capellán de la corte y posteriormente, monje en Roma bajo el nombre de Bonifacio. A principios del año 1001, la relación entre este grupo de eremitas y la corte imperial era intensa e íntima, como lo demuestra la mediación de San Romualdo entre Otón III y la rebelde ciudad de Tívoli o la marcha de los eremitas a Pereo cuando se rebeló Roma y el emperador tuvo que retirarse a Ravenna. Fue entonces cuando el emperador le prometió a San Romualdo ingresar en un monasterio y erigió en Pereo una iglesia en honor de San Adalberto.

La consagración de esta iglesia tuvo lugar en el otoño del año 1001, siendo confiada su custodia a una comunidad cenobítica formada alrededor de Romualdo. El santo no quiso presidir a aquella doble comunidad de cenobitas y eremitas, prefiriendo “ser maestro de las almas antes que señor de los cuerpos” y propuso que lo fuera Benedicto, el cual, juzgándose muy joven y sin experiencia, recurrió al emperador a través de San Bruno. Otro monje fue nombrado lo cual, causó cierta indignación en San Romualdo.

Entretanto, Bruno persuadía a Benedicto acerca de un deseo muy querido por el emperador Otón, cual era el realizar una misión evangelizadora para convertir a los eslavos. El emperador intentaba también el consentimiento de Romualdo para que le dejase algún otro eremita para esa misión y de hecho, consiguió que también fuese un joven ermitaño llamado Juan. Pero las interferencias del emperador y las frecuentes visitas de sus emisarios turbaron su vida contemplativa en Pereo, por lo que en diciembre del 1001, Romualdo abandonó la isla y atravesando el mar, se fue a Parenzo en Istria. Como ya publicamos en otro artículo, el martirio coronó en Polonia la vida de estos eremitas.

Monje camaldulense en la Abadía de Camálduli (Italia).

Monje camaldulense en la Abadía de Camálduli (Italia).

La experiencia en Pereo fue decisiva en la actividad de San Romualdo. La contradicción entre la soledad y las relaciones con los poderosos, las exigencia de su vida eremítica, la afluencia de penitentes, la disciplina de los cenobitas… llegó a convencerle de que era necesario agrandar el eremitorio a fin de que sirviera como un modo de vida similar a los antiguos cenobios egipcios, con autonomía de gobierno y una autoridad institucional tal y como era reconocida en la regla benedictina. Es muy previsible que el ejemplo del monasterio de Pomposa donde, en el último decenio del siglo X, los abades tenían la costumbre de permanecer durante largos períodos de tiempo llevando vida eremítica sin abandonar la dirección del monasterio, hubiera influido en San Romualdo, lo mismo que su espiritualidad influyó también en la vida de los monjes de Pomposa. La experiencia que adquirió con sus compañeros venecianos en el monasterio de San Miguel de Cuxa y la adquirida también en el año 1000 en las cercanías de Roma, pudo confluir con el ejemplo de los abades ermitaños de Pomposa y hacerle pensar en la antigua idea de los eremitorios autónomos.

Pero la forma en la que estas comunidades eremíticas surgían alrededor suyo, atrayendo a jóvenes de distintas procedencias (desde Benevento hasta Magdeburgo), miembros de distintas familias que incluso habían tenido contactos con los poderes públicos y la procedencia de algunos que venían de otros eremitorios y monasterios importantes, complicó de alguna forma sus deseos turbándolo de tal manera que nuevamente buscó la soledad al otro lado del Mar Adriático. Por espacio de tres años vivió en la diócesis de Parenzo recluido en una cabaña, donde tenía un altar y donde se dedicaba a la oración mental y al rezo de los salmos. Pero incluso entonces sentía la necesidad de ocuparse de los demás y de construir un monasterio.

Cuadro de Il Guercino (1641), obra conservada en la iglesia de San Romualdo en Ravenna, Italia.

Cuadro de Il Guercino (1641), obra conservada en la iglesia de San Romualdo en Ravenna, Italia.

Como su fama seguía extendiéndose, algunos eremitas provenientes de Ravenna, de los Alpes, de los Apeninos y de otros lugares recurrían a él para tenerlo como maestro. Romualdo terminó yéndose con ellos, superando las dificultades que le pusieron los obispos de Parenzo y de Pola, los cuales querían que se quedase en Istria. Pero los eremitas de Biforco – algunos de los cuales vivían por su propia cuenta manteniéndose en celdas confortables gracias a la generosidad de algunas personas -, no quisieron poner sus cosas en común ni elegir a un superior. Ante esto, Romualdo se quedó en la celda de un ermitaño llamado Pedro que si respondía a lo que él predicaba y, pasados unos días, abandonó el lugar y pasando por Camerino, se quedó en Val di Castro, entre las localidades de Fabriano y Cingoli.

Val di Castro era una zona fértil, rodeada de montañas y bosques, donde había una pequeña iglesia regentada por unas monjas y cerca de la cual, se quedó. Allí construyó un pequeño eremitorio tanto para él como para los discípulos que lo acompañaban. Fueron muchos los que se le acercaron, algunos de ellos ricos penitentes que previamente habían distribuido sus bienes entre los pobres y que querían vivir como monjes; también, algunos clérigos que habían practicado la simonía pero que, amonestados por Romualdo, abandonaron sus prácticas e incluso, algún obispo corrupto que movido al arrepentimiento, quiso vivir como ermitaño. Según nos dice San Pedro Damiano, construyó también allí un monasterio femenino.

Desde Val di Castro, adonde dejó a algunos de sus discípulos, se marchó a Umbría y en la localidad de Orvieto construyó un monasterio en unas tierras propiedad del conde Farolfo, atrayendo hacia sí a muchos jóvenes de familias pudientes, quienes renunciando a sus herencias, prefirieron seguirle. Con este afán, en la región de Las Marcas llegó a construir tres monasterios: uno en Val di Castro, otro cercano al río Esino entre Val di Castro y Fabriano y un tercero, en Ascoli Piceno.

Escultura del santo en Wigry (Polonia).

Escultura del santo en Wigry (Polonia).

En ese tiempo, le llegó la noticia de que sus antiguos compañeros Bruno, Benedicto y Juan, junto con otros dieciocho compañeros, habían sido martirizados por los paganos de Prusia a principios del año 1009. Esta noticia hizo resurgir en él la idea de misionar entre los paganos, idea que ya había tenido “in mente” cuando estaba en Pereo junto a Bruno, pero que no llegó a conciliarla con la concepción ascética y contemplativa que él quería para sus eremitas. El siguió con su actividad y además de la predicación a los que querían vivir haciendo penitencia – mediante la cual, atravesando los Apeninos había fundado algunos pequeños eremitorios -, siempre había algo que, no obstante su fervor, lo dejaba insatisfecho, porque él anhelaba, tenía una aspiración constante hacia una perfección interior aun mayor, hacia una vida contemplativa aun más intensa.

Después de un período de una cierta incertidumbre, en el cual en su mente confluían la fundación de monasterios con la predicación en tierras de misión, Romualdo volvió al monasterio de Orvieto, pero desilusionado por la conducta de su abad y por su desobediencia, se marchó a Preggio en la zona de Perugia, donde se asentó en los terrenos de un potentado de Arezzo llamado Rainerio, quién más tarde llegaría a ser marqués de Toscana. Este tal Rainerio sentía por Romualdo una gran veneración, pero vivía en concubinato con una segunda mujer; San Romualdo se lo reprochó y lo amenazó con que si no volvía con su esposa, no permanecería en aquel lugar.

Enterado de que un abad de San Apollinate in Classe practicaba la simonía, se fue allí a fin de reestablecer la disciplina, estando a punto de morir estrangulado por el propio abad a quién le reprochó su conducta. Estuvo unas semanas en Parenzo, pero volvió a los Apeninos ya que estaba convencido de que aquella zona era la idónea para su ideal de ascesis y de contemplación. Estuvo en Cagli y en Pietralata no lejos del monasterio de San Vicente, en el cual, quince años más tarde, San Pedro Damiano escribió la “Vita Sancti Romualdi” y por tercera vez se fue a Val di Castro donde permaneció algún tiempo ya que en el monasterio se vivía conforme a su deseo, aunque el abad, celoso por el cariño y respeto que le mostraban los ermitaños, terminó provocando que tuviera que marcharse y después de vagar por varios lugares de los Apeninos, llegó a uno de sus preferidos, el monte Sitria, en los confines entre Perugia, Ancona y Pesaro.

Visión de San Romualdo, lienzo de Filippo Pasquali (s. XVII). Pinacoteca Cívica de Forlì, Italia.

Visión de San Romualdo, lienzo de Filippo Pasquali (s. XVII). Pinacoteca Cívica de Forlì, Italia.

Pero aquel no sería un lugar de tranquilidad y consuelo espiritual, pues debido a las calumnias de un discípulo suyo llamado Romano, estuvo a punto a morir a manos de un noble que mediante la práctica de la simonía se había convertido en obispo de Nocera. Debido a la repercusión que tuvo este hecho, recibió una mayor veneración y reverencia por parte del pueblo. Adonde quiera que fuese, se reunían en torno a él una multitud de discípulos, a los cuales siempre orientaba hacia alguno de los eremitorios por el fundados. En Sitria consiguió vivir unos años en relativa soledad, dedicado a la ascesis eremítica, pero finalmente, como seguían recurriendo a él tuvo que construir también allí un monasterio. Le propusieron que fuese el abad, pero él rehusó y se marchó a un lugar que ya conocía, a Biforco.

En Biforco se encontró de nuevo con el emperador. Era el mes de diciembre del año 1021, el emperador Enrique II había llegado a Italia y se había asentado en Ravenna. Decidió someter bajo la disciplina de Romualdo y de sus sucesores en el eremitorio de Biforco, a los abades y a los monjes de un cenobio que había sido construido en unas tierras que le pertenecían. Una vez más se daba el hecho de que un cenobio era puesto bajo la subordinación de un eremitorio, y se hacía en un intento de declarar esta relación de forma institucional y permanente. La determinación jurídica se hizo mediante la conexión con la autoridad civil, por lo tanto, con la reanudación de una tendencia que ya había quedado patente, evidente, en Pereo en tiempos del emperador Otón III. El tema de la reforma de las abadías imperiales recurriendo al eremitismo de San Romualdo, se precisó en ese momento y en el año siguiente cuando le asignaron al santo el monasterio del Monte Amiata.

En la verde planicie de Camaldoli, entre la Toscana y la Romagna, en unos terrenos pertenecientes al obispado, se levantaron cinco celdas separadas para otros tantos eremitas que se dedicaron únicamente al trabajo y a la contemplación. Se levantó una iglesia que fue consagrada por el obispo Teobaldo y que se puso bajo el cuidado de los eremitas y cuando se eligió como prior a un tal Pedro, San Romualdo se marchó a su monasterio de Val di Castro, recluyéndose en su celda hasta la muerte, la cual le sobrevino el 19 de junio del año 1027.

Urna del santo en Fabriano (Ancona), Italia.

Urna del santo en Fabriano (Ancona), Italia.

Como hemos visto, la vida de San Romualdo fue intensísima y no exenta de contradicciones: una relación casi constante con el mundo de los poderosos – del cual él mismo procedía -, pero una denuncia constante de la corrupción del poder tanto civil como eclesiástico, una evidente intolerancia hacia las estructuras institucionales que limitaban la libertad espiritual y una continua formación de grupos de ermitaños a los que ponía bajo una rígida disciplina, una intransigente voluntad de vivir aislado, en calma y en silencio y al mismo tiempo, una búsqueda afanosa de nuevos penitentes para entregárselos a Dios. Por todo esto, nadie se mantuvo indiferente ante él. Era sereno y amable, pero había hechos y actitudes que le indignaban profundamente.

San Pedro Damiano, que como he dicho, fue quién escribió su vida, nos dice que era querido por quienes lo conocieron, que era venerado por el pueblo y que en su tumba se multiplicaban los milagros. Cinco años después de su muerte, la Santa Sede autorizó que sobre su tumba se construyera un altar. Mientras tanto, los camaldulenses, que fue la última de sus fundaciones, fue asimismo la más afortunada ya que conservó la espiritualidad de Romualdo, institucionalizando la superioridad del eremitismo, que fue garantizada por los obispos de Arezzo y por el propio ordenamiento de la Congregación.

Icono del Santo con el escudo de su fundación.

Icono del Santo con el escudo de su fundación.

El cuerpo del santo permaneció en la abadía de Val di Castro hasta el año 1480, cuando fue robado por dos monjes de San Apollinare in Classe quienes los llevaron a Iesi (Ancona). Allí fue recuperado y el 7 de febrero del año siguiente fue llevado a la iglesia camaldulense de San Blas en Fabriano (Ancona), conde actualmente se encuentra.

Originariamente, la fiesta del santo se celebraba el día de su muerte, o sea, hoy, pero el Papa Clemente VIII, en el año 1595, la extendió a toda la Iglesia Universal, fijándola el día 7 de febrero. Por último, la Constitución Apostólica “Calendarium Romanum”, en el año 1969 la asignó nuevamente como memoria opcional el 19 de junio.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Franke, W., “San Romualdo de Camaldoli”, Berlín, 1913.
– Mittarelli, G., “Annales Camaldulenses ordinis sancti Benedicti”, Venecia, 1756
– Pagnani, A., “Vida de San Romualdo abad, fundador de los camaldulenses”, Sassoferrato, 1927.
– Tabacco, G., “Romualdo de Ravenna y los inicios del eremitismo camaldulense”, Milán, 1965
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo XI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlace consultado (28/05/2015):
– www.bartleby.com/210/2/071.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

14 pensamientos en “San Romualdo, fundador de los camaldulenses

  1. Gracias, Antonio. Fíjate que me pensaba, sin fundamento alguno por lo que ahora veo, que ya no había monjes ni fundaciones camaldulenses, como si fuera cosa del pasado. Pero viendo la excelente foto del monje cruzando a pie un camino en el monasterio de Camálduli me he dado cuenta de que estaba equivocada. Parece una escena de otra época, de ahí mi tendencia a pensar que algunas órdenes antiguas ya no existen, cuando en realidad muchas han perdurado.

    A Santa Teresa le decían que era una mujer inquieta, andariega, ¿alguien le dijo a San Romualdo que era culo de mal asiento? Apuesto a que no, jajajaja. Privilegios que tiene el ser hombre. Aunque me hago cargo de que él hubiese querido estar más quieto y tranquilo en un solo lugar.

    • A los camaldulenses les pasa algo parecido a lo que les sucede a los cartujos: son relativamente pocos, pero las Órdenes siguen activas. Son eremitas, que viven en celdas independientes, donde incluso comen y todo, pero que se juntan para las celebraciones litúrgicas. Es una mezcla de vida eremítico-cenobítica.
      Eso era lo que buscaba San Romualdo y eso era lo que no encontraba y por eso toda su vida estuvo vagando de un lado para otro hasta que finalmente lo consiguió.
      Sabiendo que de este artículo podía haber sacado dos al ser más largo de lo habitual en mi, he querido hacerlo expresamente así para que podamos comprobar de un tirón como no le fue nada fácil el conseguir su objetivo que, en la práctica, no era comprendido por casi nadie: o se era eremita o se era cenobita, mientras él intentaba compaginar ambas cosas; finalmente, lo consiguió.
      Para mi es uno de los santos más interesantes de los siglos X-XI.

  2. Gracias Toño por este artículo sobre San Romualdo.
    Este nombre lo conocí desde pequeño porque una hermana de mi abuelo materno se llamaba Rumalda y cuando conocí el nombre de Romualdo, me di cuenta que su nombre tenía error gramatical. Algo así como un amigo llamado Irineo cuya acta está bien redactada: Ireneo, pero en ambos casos ganó lo popular y el error.
    Entrando en materia, san Romualdo es un santo muy importante por su carisma dentro de la iglesia, compaginar la vida eremitica y cenobítica, algo tal vez impensable, el lo logró no sin bastantes dificultades. En lo particular a mi me llama la atención este tipo de santos, porque a mi también me gusta mucho el silencio y la soledad, algo que hace que se encuentre uno mismo en si mismo.
    Ha sido una novedad para mi que San Bruno Bonifacio de Querfurt y san Pedro Orseolo fueran discípulos suyos, no lo sabía, en cambio, de San Pedro Damián si recuerdo haber leído algo al respecto.
    Hay dos pinturas que lo representan en oración y un Ángel azota a un personaje con una vara, de pronto pensaba que fuera el demonio, pero la falta de alas de murciélago en este personaje me ha hecho dudar. ¿Puedes platicarme algo acerca de este episodio por favor? Gracias.

    • La verdad es que fue un santo que marcó un hito en la vida monástica del siglo XI en Occidente, haciendo que se volviera a la costumbre antigua practicada especialmente en Egipto, según la cual podía vivirse en soledad, incluso durante largos periodos de tiempo, compaginándolo con otros momentos de vivencia en común.
      Estamos acostumbrados a ver los dos modos de vida por separado, pero los cartujos y camaldulenses saben compaginarlos.

      Ese personaje al que el ángel fustiga con una vara representa a todo aquello que lo apartaba de su objetivo de vivir en soledad. En ese sentido, no tiene por qué ser el demonio, ya que ese problema lo tuvo el santo a lo largo de toda su vida, unas veces producidos por los emperadores y nobles, otras por monjes o por gente del pueblo que se acercaban a él conociendo su santidad. De alguna manera, podríamos decir que le molestaban, aunque él siempre tuvo el gran dilema de querer vivir en soledad, pero al mismo tiempo, querer evangelizar y para esto, ya me dirás cómo se hace si no hay contacto.

  3. San Romualdo siempre ha sido uno de los grandes fundadores y aunque actualmente el y su orden son muy desconocidos debido a la pequeña comunidad que es, a mi parecer la idea y vida de san Romualdo es muy loable, los eremitorios camaldulenses es muy estricto y duro, pero que seguramente crea grandes vidas de santidad como vemos hoy con su fundador, actualmente las ordenes de vida más activa son las que proliferan y sobreviven y las ordenes contemplativas cada vez van más en decadencia, quizás porque se ha perdido de vista lo bien que hace la contemplación en soledad, gracias Antonio.

    • En parte es también porque yo creo que hemos perdido la conciencia de que en el mundo y en la Iglesia son necesarias las personas que se dedican a la contemplación y a la oración. Si estamos convencidos de que la oración es un arma poderosísima que ayuda no solo al que ora sino también a aquel por quién se ora, tenemos que convenir que en este mundo tan banal y egoista, la oración por si sola es cada vez más necesaria. Cierto es que todos tenemos esa obligación y esa necesidad, pero también es cierto que siempre han existido personas que han tenido exclusivamente ese carisma y siempre ha sido necesario en la iglesia el que ese carisma exista. Se ve mucho más en Oriente que en Occidente.

  4. Gracias por hablarnos de San Romualdo, sobre su despego del mundo es loable y el buscar a Dios en la contemplación es meditar en el silencio, y se que tuvo conflictos, los monjes, emperadores y el pueblo común que buscaba a un pastor le impedían mantener una vida contemplativa, a parte de eso se que yo ante una persona importante no me atrevo a tirar el báculo, por miedo a que me haga algo pero al menos el santo tuvo los calzones. Hoy estoy feliz tanto por su artículo como de que conseguí con tanto trabajo el icono para recrearlo y dibujarlo (el de los martires cristianos del genocidio armenio) y mira que sudor y neuronas me costó conseguirlo desde que publicaron su artículo sobre su canonización, y volviendo a San Romualdo, qué comunidades existen actualmente, en qué paises, de los camaldulenses solo uno llegó al papado y fue Gregorio XVI, y si hay otros santos de la orden

    • Cuando fue capaz de tirar el báculo ante el emperador mostrando así su disconformidad con la forma de vivir de aquellos monjes, es que, como decimos en mi tierra: “los tenía muy bien puestos” y sabía que la razón que le asistía, nadie se la podía quitar.

      No comprendo cómo dices que ahora has conseguido los dos iconos de los mártires del Genocidio Armenio. Al día siguiente de la canonización, yo te los envié por e-mail y no recibí ni respuesta tuya ni me fueron devueltos los e-mails, luego en teoría, en su momento tu tendrías que haberlos recibido y no ahora.

      En esta web de la comunidad de Camaldoli, encontrarás información sobre lo que preguntas sobre la extensión y santidad en la Orden: http://www.camaldoli.it/

      • Perdón es que no he entrado soy un poco nuevo en la tecnología, a ver si pido asesoramiento porque el e-mail apenas se usarlo

  5. Desde luego como alguien se despiste un momento leyendo el articulo pierde el hilo.
    Es para acabar mareado tanto trajin el de San Romualdo,de aqui para alla,querer ser misionero pero no poder realizarlo porque ansiaba una vida solitaria,que dilema interior debio vivir.
    Este santo apreciaba mucho,muchisimo,la soledad,de ahi que no pasara mucho tiempo en un mismo lugar si estaba acompañado,aparte de los problemas que se le presentaban.
    Me ha hecho mucha gracia el detalle de los querubines jugando con la mitra del santo en la pintura de Filippo Pasquali.

    • Entiendo lo que dices: si el artículo no se lee entero y despacio, te pierdes. Esa es una de las razones por las que no quise dividirlo en dos.
      Desde luego, San Romualdo llevo toda una vida de contradicción interna: quería una cosa y la contraria. La vida eremitica implica soledad, pero la evangelización implica contacto con la gente y él quería las dos cosas. Finalmente hace una síntesis entre eremo y cenobio, pero está claro que la evangelización activa la tuvo que descartar por mucho que le hubiese gustado seguir los pasos de los mártires en Polonia.

      El tema de los ángeles jugando con la mitra no deja de ser una ocurrencia del pintor del cuadro a fin de rellenarlo, porque si no recuerdo mal, a él no se le insinuó la mitra de obispo. Otra cosa es la mitra de abad, a la que quizás se refiera.

  6. San Romualdo Abad, como también se le denomina, fundó los Camaldulenses u Orden de la Camáldula, que actualmente tienen dos congregaciones distintas: la de Camaldoli, integrada en la confederación benedictina, y la reformada de Monte Corona, fundada por el Beato Pablo Giustiniani, con implantación en Italia, Polonia, España, Estados Unidos, Colombia y Venezuela. https//yermocamaldulense.wordpress.com. No sé si tendrá relación, pero en aragones la palabra “camandulero” es una persona que va de un sitio a otro, o también es lianta, embaucador (esta acepción también existia en castellano antiguo)

    • Muchas gracias, Marian, por tu comentario y aportación.
      Si en vez de “camandulero” se dijese “camaldulero”, si que se le podría aplicar porque desde luego “era culo de mal asiento”, siempre vagaba de un sitio a otro. En la segunda acepción del término, desde luego que no.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA

*