San Emigdio, obispo mártir

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Busto-relicario en plata, obra del orfebre Pietro Vannini. Museo Diocesano de Ascoli Piceno.

Busto-relicario en plata, obra del orfebre Pietro Vannini. Museo Diocesano de Ascoli Piceno.

San Emigdio es el patrono de Ascoli Piceno, en Italia. Nació en Tréveris (la actual Trier en Alemania), pero después de bautizarse, como lo hizo sin el consentimiento de sus padres, tuvo que abandonar su patria para librarse de la persecución de los mismos, ya que estos eran paganos. Andando, atravesó Europa, llegando a Milán acompañado por tres amigos llamados Euplo, Germán y Valentín; y en Milán fue ordenado de sacerdote por el obispo San Materno. Desde allí partió hacia Roma, quedándose en casa de un tal Graciano, al que curó a una hija que estaba paralítica y convirtió al cristianismo. En Roma, aunque él se manifestaba como cristiano, creyeron que era hijo de un dios y lo llevaron al templo de Asclepio, donde curó a numerosos enfermos. En la ciudad eterna recibió la consagración episcopal por parte del Papa San Marcelo I, quien lo envió a evangelizar la región de Ascoli Piceno. Allí, convirtió a muchos paganos, entre ellos a Polisia, hija Polimio, prefecto de la ciudad, por lo que fue decapitado en el año 303, junto con sus tres compañeros, en el lugar que hoy ocupa la iglesia de Sant’Emidio Rosso.

Así de breve es lo que sabemos sobre él y esto, gracias a una “passio” redactada en el siglo XI por un monje franco después de que se descubrieran las reliquias del santo. Sin embargo, hay quienes han defendido – sin argumentos convincentes -, que esta biografía había sido escrita por su compañero Valentín, que fue martirizado junto a él. Desde luego es difícil que alguien pueda escribir algo después de muerto. Tan descarado era el tema que el propio Baronio (que ya sabemos las tragaderas que tenía), lo puso en cuarentena. De todos modos existen documentos que, aunque no nos hablan de su vida, garantizan que recibía culto desde el siglo VII.

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El hagiógrafo F. Lanzoni (+ 1929) consideró a esta “passio” como un documento “sin ningún género de dudas, tardío y fantasioso, que no nos aporta ninguna información segura sobre la historia y la edad del primer obispo de Ascoli Piceno”. De forma aun más tajante, los bolandistas en su “Comentario al Martirologio Romano”, la definieron como “a falsario supposita et ineptis fabulis referta” (compendio de fábulas ineptas establecidas por un falsificador).

San Emigdio bautiza a Polisia. Conjunto escultórico sobre el sarcófago del Santo. Cripta de la catedral de Ascoli Piceno.

San Emigdio bautiza a Polisia. Conjunto escultórico sobre el sarcófago del Santo. Cripta de la catedral de Ascoli Piceno.

De San Emigdio – que con anterioridad al siglo VII era un completo desconocido -, se comenzó a tener también otras noticias a partir del siglo XI; por ejemplo, un documento enviado por el Papa San León IX a la catedral de Ascoli Piceno el día 1 de julio del 1052, bajo el título “Sanctae Dei genitricis Virginis Mariae et beatissimi Christi martyris Emigdii”, o un diploma enviado por el emperador Enrique III, el 27 de mayo del 1056 en el que dice: “In honorem beatae Dei genitricis Mariae et in qua requiescit corpus Sancti Emigdii”. El traslado de las reliquias del santo y de sus tres compañeros parece que se realizó en tiempos del obispo Bernardo II – alrededor del año 1000 -, desde las llamadas catacumbas de las Grutas de San Emigdio hasta la cripta de la catedral.

Pero también Lanzoni se pregunta el por qué en el siglo XI, la catedral tenía ese título y argumentando un caso similar ocurrido en Padova, creyó que “podría afirmarse con bastante fundamento que entre los años 996 al 1052, se encontraron los restos de un San Emigdio que se consideró como el primer obispo de la ciudad, aunque no sabemos, o quizás nunca se sabrá, en qué circunstancias se desarrollaron aquellos acontecimientos”.

Brazo relicario de San Emigdio. Pennisi, Acireale (Italia).

Brazo relicario de San Emigdio. Pennisi, Acireale (Italia).

En los Estatutos Municipales redactados en el año 1377 e impresos en lengua vernácula en el año 1496, en dos secciones bastante largas, se expone un esquema muy preciso acerca de cómo ha de celebrarse la solemnidad del santo, definido como patrono, protector y defensor de la ciudad y de todos los habitantes de Ascoli Piceno. Se le dio esta definición porque se atribuye a su intercesión el que la ciudad no fuese destruida en el año 409 por el rey godo Alarico I, y porque en el año 1038, atendiendo a la invocación del obispo de la ciudad, San Emigdio envió una plaga que hizo huir a las tropas de Conrado II. El 4 de junio del 1462, el Papa Pío II, recordó en un Breve Pontificio el “gran concurso de forasteros provenientes de toda Italia, que acudían a dicha fiesta, ya fuera porque tenían una devoción muy particular al santo obispo, ya fuera por los numerosos y casi diarios milagros que se verificaban sobre su tumba”.

En ese mismo siglo XV, se acuñaron monedas con su efigie, el orfebre Pietro Vannini lo representó en una escultura de plata que se conserva en el museo diocesano, en la que aparece con un rostro imberbe, sin barba y revestido con ornamentos episcopales. Con esta misma actitud fue pintado por Carlos Crivelli. También en ese tiempo ya se recitaba en aquella diócesis un Oficio litúrgico en su honor, oficio que era considerado “ab inmemorabili” y que fue editado en Ancona en el año 1522.

Moneda o medalla del siglo XV con la efigie del santo.

Moneda o medalla del siglo XV con la efigie del santo.

Después del espantoso terremoto que sacudió a la región italiana de Las Marcas en el año 1703, en el cual la ciudad de Ascoli Piceno no sufrió daño alguno, se acordó la extensión del culto de San Emigdio a toda la Iglesia Universal. Esta tentativa que partió del arzobispo de Trier y del obispo de Ascoli Piceno, tuvo buena acogida en muchísimas ciudades italianas, que introdujeron la festividad del santo en sus diócesis y lo eligieron como patrono. En ese tiempo, se difundió una nueva iconografía que lo representaba en una actitud de sostenimiento de un muro que se balanceaba como consecuencia de los temblores producidos por un terremoto. En este sentido, el santo es reconocido como protector contra los temblores sísmicos.

Los restos del santo, junto con los de sus compañeros, se encuentran dentro de un precioso sarcófago romano en la cripta de la catedral de Ascoli Piceno, en el cual están grabadas las palabras: “Cum sociis aliis Emigdius hic requiescit” (Aquí descansa Emigdio con sus otros compañeros). En Ascoli Piceno su fiesta se celebra el día 5 de agosto, aunque en otras diócesis italianas se le conmemora algunos días más tarde. El último reconocimiento de sus reliquias se realizó el 2 de julio de 1959, en tiempos del obispo Morgante, pudiéndose comprobar que en el sarcófago existían cuatro esqueletos de varones que habían sido decapitados.

En la ciudad que lo considera como su primer obispo, lo celebran con un folklore muy particular basado en algunos de los pasajes de su “passio”. Se hace una representación poética de la leyenda de la joven Polisia, que teje con hilos de oro dentro de una gruta, donde se refugió para librarse de las iras de su padre. Esta solemnidad del 5 de agosto, que he dicho anteriormente está regulada por los Estatutos Ciudadanos del 1377, incluye actos tan espectaculares como la llamada “corsa dell’agnello” y la “quintana” (carreras de lanchas en una laguna y carreras ciclistas).

Sarcófago romano que conserva las reliquias de San Emigdio y sus tres compañeros. Cripta de la catedral de Ascoli Piceno.

Sarcófago romano que conserva las reliquias de San Emigdio y sus tres compañeros. Cripta de la catedral de Ascoli Piceno.

Hasta finales del siglo pasado, los ciudadanos de Ascoli, la noche anterior se paseaban por las calles cantando serenatas y el día de la fiesta se adornaba con hojas de albahaca que se vendía en el entorno de la catedral. Después de la bendición de los cirios impartida por el obispo local, en la plaza de la catedral, un heraldo lee en un dialecto local un saludo que la ciudad dedica a su santo patrono y a continuación se desarrolla un festival local por las principales calles de Ascoli Piceno.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Masdeu, G., “Defensa critica de las actas antiguas del mártir San Emigdio, obispo de Ascoli Piceno”, Ascoli Piceno, 1794 y reeditado en 1987.
– Rodilossi, A., “Ricognizione canonica delle sacre reliquie di S. Emigdio e compagni martiri”, Ascoli Piceno, 1959.
– VV.AA. (Ambrasi, D., Negri Arnoldi, F. y Fabiani, G.), “Bibliotheca sanctórum, tomo IV, Città Nuova Editrice, Roma, 1987.

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San Marcial, obispo de Limoges en el siglo III

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Estatua del Santo. Iglesia de San Marcial, Busserolles (Francia)

Estatua del Santo. Iglesia de San Marcial, Busserolles (Francia)

Pregunta: Aquí en México, en la ciudad de Oaxaca se venera por patrón a san Marcial obispo el 3 de julio, yo tengo entendido que este santo fue evangelizador en Francia, pero buscando información respecto a él, me doy cuenta de que todo son leyendas y más leyendas de que fue el niño de la canasta de panes y peces o de que sirvió en la última cena y realmente ninguna información que encuentro me dice con claridad exactamente quien y que hizo san Marcial más lo que ya dije que fue obispo y evangelizador en las Galias. ¿Podéis darme luz en esta legendaria cuestión sobre la vida de san Marcial obispo? Os lo agradezco mucho desde ya.

Respuesta: Todas las leyendas que se cuentan sobre San Marcial son absolutamente falsas, son el fruto de las mentes de unos monjes de finales del Primer Milenio que quisieron enaltecer a su patrono inventando tales patrañas. Vamos a intentar escribir sobre San Marcial pero ciñéndonos a lo que realmente sabemos, distinguiendo lo que es cierto de lo que es falso. Empecemos diciendo que todos los hagiógrafos reconocen en San Marcial al gran evangelizador de la región francesa del Limousin y al fundador de la sede episcopal de Limoges, pero su origen, la época en la que vivió y los hechos relatados de su vida, han sido y son objeto de innumerables controversias.

San Gregorio de Tours (538-594) es el primero que lo menciona por su nombre en su “Historia francorum” y el que hace algunas precisiones sobre el papel que jugó en la evangelización de aquellas tierras. Según San Gregorio, Marcial habría llegado a las Galias en el siglo III junto con un grupo de misioneros que fueron enviados a aquellas regiones por San Fabián, quien era el obispo de Roma. Sigue diciendo San Gregorio que se trataba de un grupo de siete hombres, que fueron los futuros fundadores de las iglesias locales de las Galias, estando entre ellos – además de San Marcial-, San Saturnino (Toulouse), San Trófimo (Arlés), San Dionisio (París), San Gaciano (Tours), San Pablo (Narbonne) y San Austremonio (Clermont). Marcial, acompañado por dos sacerdotes que provenían de Oriente, evangelizó la región del Limousin.

 San Marcial recibe el bastón de San Pedro. Palacio de los Papas, Avignon (Francia)

San Marcial recibe el bastón de San Pedro. Palacio de los Papas, Avignon (Francia)

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Sabemos también con certeza que después de muerto fue sepultado en Limoges “extra muros”, en la vía Agrippa, o sea, fuera de la ciudad y que su tumba muy pronto se convirtió en meta de peregrinaciones ya que estaba en la ruta del Camino de Santiago. El sepulcro estaba custodiado, protegido, por algunos clérigos y conforme el culto al santo fue creciendo, en el siglo VII, se construyó sobre el mismo la Abadía de San Marcial. Hasta aquí es lo único que puede darse como cierto.

En los siglos X y XI, los monjes que habitaban la abadía, queriendo hacer aun más popular a su santo patrono, hicieron correr la voz de que San Marcial era uno de los setenta y dos discípulos de Cristo y escribieron dos textos: “Vita antiquior” (finales del siglo X) y “Vita prolixior” (principios del siglo XI) donde pusieron negro sobre blanco los principales episodios de esta falsa leyenda. O sea, que fueron estos monjes quienes se inventaron estas trolas.

Según esta “Vita prolixior”, San Marcial era un joven hebreo, hijo de Marcelo y de Isabel, que un día escucharon predicar a Cristo. Los tres se bautizaron y, posteriormente, Marcial abandonó a sus padres para seguir al Maestro, ¡¡¡ya que era necesario que, junto a Cristo, hubiese personal suficiente para que, de entre ellos, pudiera elegir a los doce apóstoles!!! Para más “inri”, se dice que Marcial era pariente de San Pedro. Siguiendo a su pariente Pedro, estuvo presente en la realización de numerosos milagros por parte de Cristo, entre ellos la resurrección de Lázaro, estuvo sirviendo la mesa en la Última Cena, era el que llevaba la jofaina que contenía el agua en el lavatorio de los pies e incluso estuvo presente en la Ascensión de Cristo. Y ya, como remate, llega a decir que era uno de los niños que estaban presentes cuando Jesús dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. ¿Pero en qué estamos? ¿Era un niño o era un “candidato” a uno de los Doce? ¡El colmo de los despropósitos!

Sarcófago de San Marcial. Cripta de su iglesia en Limoges (Francia)

Sarcófago de San Marcial. Cripta de su iglesia en Limoges (Francia)

Pero aun hay más, porque sigue diciendo esta “Vita prolixior”, que después de la Ascensión, Marcial acompañó a su pariente Pedro hasta Antioquía, donde se encontró con los santos Austricliniano y Alpiniano, quienes serían sus futuros compañeros. Estuvo también con San Pedro en Roma y fue allí donde Pedro lo envió a las Galias con sus dos compañeros. Como Alpiniano murió en Elsa durante el viaje, Marcial volvió a Roma para que San Pedro le pusiera otro acompañante, pero San Pedro le regaló su bastón con el cual, Marcial resucitó a Alpiniano y por fin se marcharon a las Galias. Por el camino iban haciendo milagros a diestro y a siniestro: liberó a una endemoniada, reanimó a un muchacho que había sido estrangulado por el demonio y otras extravagancias por el estilo. Cuando llegaron a Limoges, los tres fueron encarcelados aunque fueron liberados por un ángel y una vez liberado, Marcial fundó la catedral de la ciudad, la cual dedicó a San Esteban.

En Limoges convirtió a casi todos los habitantes y a una famosa matrona romana llamada Susana y a su hija Valeria, la cual había hecho voto de castidad y fue decapitada por el duque de Aquitania. O sea, esa “Vita prolixior” que se inventa tantas trolas llega incluso a crear un ducado en Aquitania en el siglo I. Pero sigamos contando: San Marcial construyó una basílica sobre la tumba de Valeria y con la ayuda de un tal Esteban – que era el que había decapitado a Valeria, pero que después se convirtió al cristianismo -, se dedicó a evangelizar la región llegando incluso hasta lo que hoy son las actuales Burdeos, Poitiers e incluso Mauritania (¡y eso que Mauritania estaba en lo que hoy es Libia!). Cuando Marcial, de vueltas a Limoges, murió, fue sepultado por Alpiniano, quien le sucedió como obispo.

Sepulcro del santo en su iglesia de Limoges (Francia).

Sepulcro del santo en su iglesia de Limoges (Francia).

Como podemos comprobar, este texto de fábula hace de San Marcial un discípulo de Cristo, un pariente de San Pedro, el primer misionero en las Galias y varias cosas más, como que la iglesia de Limoges fue fundada en el siglo I, y no en el siglo III, como dice San Gregorio de Tours.

La cuestión de la apostolicidad de San Marcial inventada en el siglo X, se convirtió en algo imprescindible a principios del siglo XI en tiempos del abad Odolrico. El principal defensor de esta apostolicidad fue el cronista Ademaro de Chabannes (986-1043), contra el cual surgió Benedicto de Cluse. El entonces obispo de Limoges, Giordano, quien al principio se mostró reticente, terminó aceptando la opinión de Odolrico y de los partidarios de la apostolicidad. Pero ¿por qué lo hizo? Pues por conveniencia, ya que así podía reivindicar derechos de primacía para su diócesis de Limoges.

Posteriormente, los sínodos de Poitiers, París, Limoges y Bourges reconocieron solemnemente esta “presunta” apostolicidad de San Marcial, aunque en toda Francia seguían existiendo muchos eclesiásticos que lo negaban, que no aceptaban estas tesis, porque estaban en contradicción con lo escrito por San Gregorio de Tours cuatro siglos antes.

Urna de las reliquias del santo en su iglesia de Limoges (Francia).

Urna de las reliquias del santo en su iglesia de Limoges (Francia).

Esta cuestión fue nuevamente debatida por muchos estudiosos e incluso en el año 1854, el obispo de Limoges le solicitó al beato Papa Pío IX que le otorgara a San Marcial los honores de discípulo directo de Cristo, pero el papa se negó.

Estas controversias duraron hasta finales del siglo XIX, pues entonces las excavaciones arqueológicas realizadas en el lugar de la sepultura de San Marcial confirmaron lo dicho por San Gregorio de Tours, o sea, que aquel enterramiento y las construcciones de su entorno eran de finales del siglo III o principios del IV, lo que ponía fecha definitiva a la muerte de San Marcial. La arqueología, como en muchísimas otras ocasiones, ponía las cosas en su sitio, o sea: nada de discípulo de Cristo, nada de pariente de San Pedro, nada de asistente a la Última Cena, ni ninguna otra trochería más.

La fiesta de San Marcial se celebra el 30 de junio y el 10 de octubre; esta última fecha como del traslado de las reliquias. En el Martirologio Romano, San Marcial y sus dos compañeros son conmemorados el 30 de junio, o sea, su fiesta no es el 3 de julio aunque en Oaxaca lo celebréis en esa fecha.

Cráneo del santo. Limoges (Francia).

Cráneo del santo. Limoges (Francia).

La iconografía de este santo es muy pobre, aunque en la “Vita prolixior” aparece una miniatura que lo representa como si fuese un evangelista escribiendo al estilo de San Lucas. Con posterioridad, aparecieron algunas representaciones en las que aparece vestido con ornamentos pontificales e incluso con el bastón milagroso con el que resucitó a Alpiniano. Junto a él se pinta a Santa Valeria, quien le lleva su cabeza después de haber sido decapitada.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Arbellot, F., “Dissertation sur l’apostolat de Saint Martial et sur l’antiquité des églises de France”, Sociedad de arqueología e historia del Limousin, Limoges, 1855.
– Arbellot, F., “Manuscrit inédit des miracles de Saint Martial”, Limoges, 1852.
– Hooremann, P., “San Marcial en tiempos del abad Odolrico”, Bruselas, 1949.
– Gaborit, J. R., “Bibliotheca sanctórum, tomo VIII”, Città N. Editrice, Roma, 1988.

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Contestando a algunas breves preguntas (XXXIII)

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Sacerdote ortodoxo con el “epigonation” y el “nabedrensk”.

Sacerdote ortodoxo con el “epigonation” y el “nabedrensk”.

Pregunta: Os envío esta foto en la que un sacerdote ortodoxo lleva colgada de la cintura dos bolsas. Os rogaría me indicaseis si son ornamentos litúrgicos. Gracias desde Holanda.

Respuesta: Pues sí lo son y te estás refiriendo al “epigonation” y al “nabedrensk”. El “epigonation”, llamado también “palitsa” es un losange en forma de rombo de unos treinta centímetros de lado, hecho de tela fuerte y resistente, que normalmente va adornado con bordados y con una cruz o una imagen. Lo llevan los obispos y algunos sacerdotes colocado a la altura de la rodilla derecha atado por una cinta que pasa por el hombro izquierdo o que está atada a la cintura. Hasta el siglo XII sólo lo llevaban los obispos, pero con posterioridad se les concedió a los “protosincellos” y a otros dignatarios eclesiásticos. El “epigonation” deriva del pañuelo o servilleta que se usaba en Roma como parte integrante de algunas vestimentas ceremoniales, como por ejemplo, cuando un cónsul inauguraba los juegos en el circo.

En la liturgia bizantina rusa existe otra especie de “epigonation”, que es alargado y rectangular, llamado “nabedrensk” (bolsa). Esta es la primera insignia que en la Iglesia Ortodoxa Rusa se concede a algunos sacerdotes en premio a sus méritos. Si el sacerdote que es así honrado tiene además el derecho de llevar el “epigonation” (como es el caso de esta foto), entonces suspende el “nabedrensk” sobre el otro costado.

Pregunta: Buenos días, quisiera saber algo sobre San Juvencio Mártir, y su iconografía. Muchísimas gracias y enhorabuena por el blog.

Respuesta: San Juvencio aparece en el Martirologio Jeronimiano el día 1 de junio con esta anotación: «Romae Joventi» y en esa misma fecha fue incluido en el Martirologio Romano. Los hagiógrafos críticos dicen que el nombre no es más que una mala transcripción del nombre de San Jovita, mártir de Brescia, que en el Martirologio Jeronimiano se conmemora el 16 de febrero, llamándolo «Juventiae». Por otro lado quiero decirte también que a San Evencio, obispo de Pavía, también se le llama Juvencio, pero este nombre es incorrecto.

Resumiendo, que San Juvencio como tal santo histórico, no existe, luego sobre su iconografía no se puede decir nada. ¿Puede existir algún cuerpo santo con ese nombre? Es posible, pero yo no lo conozco.

Entrada a la Tumba del Huerto en Jerusalén.

Entrada a la Tumba del Huerto en Jerusalén.

Pregunta: ¿Es cierto que algunas confesiones protestantes veneran en Jerusalén otra supuesta tumba de Cristo distinta a la que se encuentra en la Basílica de la Anástasis? Gracias desde Canadá.

Respuesta: Es cierto y vamos a intentar explicarlo. El evangelio de San Juan nos dice: “En el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual todavía no habían sepultado a nadie” (Juan, 19, 41) y de hecho, actualmente en Jerusalén hay un huerto con una tumba y dentro de ella dos cámaras funerarias: es la llamada “Tumba del Huerto”. Pero San Juan escribió su evangelio en el siglo I y ahora estamos en el siglo XXI, luego en este tiempo “ha llovido mucho” como para que las cosas sigan igual. Esa tumba se puede visitar, existe dentro de ella una cruz bizantina pintada en la pared acompañada de las letras griegas Alfa y Omega (Principio y Fin) y cerca del sepulcro hay un pequeño promontorio en el que con un poco de imaginación puede adivinarse una especie de calavera. Estos signos son más que suficientes para que algunas confesiones protestantes – especialmente, evangélicos y mormones -, den por hecho que ese es el lugar señalado por San Juan, lo que hace que varios cientos de miles de personas la visiten cada año. La tumba fue adquirida en el año 1894 por una asociación británica que pagó por ella unas dos mil libras esterlinas de la época.

Interior de la Tumba del Huerto, en Jerusalén.

Interior de la Tumba del Huerto, en Jerusalén.

Esta tumba está aproximadamente a medio kilómetro de la Basílica del Santo Sepulcro. Fue encontrada por un campesino en el año 1867 dentro de sus tierras y como por entonces los otomanos empezaron a permitir la llegada de peregrinos extranjeros a Tierra Santa, algunos protestantes que al llegar a Jerusalén se encontraron con la Basílica de la Anástasis totalmente abandonada y disputada entre católicos y ortodoxos y como ellos buscaban cierta paz interior, vieron el cielo abierto cuando se descubrió esa tumba, que estaba a las afueras de la ciudad y que coincidía con lo que había escrito Juan en su evangelio. Un argumento más fue que la Basílica del Santo Sepulcro estaba dentro de la ciudad cuando todos sabemos que la crucifixión se realizó en el Gólgota, que estaba extramuros. Pero otra vez hay que recordar cómo estaban las cosas en el siglo I y como estaban en el siglo XIX.

Cierto es que cuando Jesús murió alrededor del año 30 de nuestra Era, el Gólgota estaba extra muros de Jerusalén, pero también es cierto que entre los años 41 al 44, Herodes Agripas construyó las murallas de esa parte de la ciudad dejando el Calvario dentro de la misma. Cuando Santa Elena encontró el sepulcro de Cristo en el año 326 se encontró con que existía una tradición no interrumpida de obispos que mantenían la tradición de que aquel era el lugar donde Cristo había muerto y había sido sepultado, aun a pesar de la construcción del templo de Venus que hizo el emperador Adriano cuando quiso rehacer la ciudad de Jerusalén al estilo de cualquier otra ciudad romana. No nos olvidemos que previamente, el emperador Tito había destruido la ciudad en el año 70.

Beatos mártires misioneros oblatos de María Inmaculada.

Beatos mártires misioneros oblatos de María Inmaculada.

Pregunta: ¿Me podríais decir qué mártires españoles beatificados están sepultados dentro del cementerio madrileño de Aravaca? Muchas gracias desde Venezuela.

Respuesta: Pues en distintas fosas comunes de ese cementerio están sepultados varios beatos mártires españoles. Como preguntas cuales son, solo te daré sus nombres sin entrar en explicaciones acerca de sus vidas y de sus martirios. Son éstos:

Beatos Germán Martín Martín, sacerdote salesiano y Dionisio Ullivarri Barjuán, coadjutor salesiano, ambos fusilados el 30 de agosto de 1936 y beatificados el 28 de octubre del año 2007.

Beatas Melchora Adoración Cortés Bueno, María Severina Díaz-Pardo Gauna, María Dolores Barroso Villaseñor, Estefanía Saldaña Mayoral y María Asunción Mayoral Peña, Hijas de la Caridad, fusiladas el 12 de agosto de 1936 y beatificadas el 13 de octubre del 2013.

Beatos Pablo Martínez Esteban, Braulio Álvarez Palacín, Luís Moreno Aliende y Aniceto Pablos Carvajal, maristas. Los dos primeros fueron fusilados el 24 de julio de 1936, el tercero lo fue el 26 de agosto y el cuarto, el 3 de noviembre del mismo año. Los cuatro fueron beatificados el 13 de octubre del año 2013.

Beatas Aurelia Arámburri Fuente, Aurora López González, Daría Andiarena Sagaseta y Agustina Peña Rodríguez, Siervas de María, fusiladas el 12 de diciembre de 1936 y beatificadas el 13 de octubre del año 2013.

Fosas del cementerio de Aravaca donde están sepultados los beatos mártires.

Fosas del cementerio de Aravaca donde están sepultados los beatos mártires.

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Beatos Juan Antonio Pérez, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Francisco Polvorinos Gómez, Juan Pedro del Cotillo, Justo González Lorente y Pascual Aláez Medina, Misioneros Oblatos de María Inmaculada y Cándido Castán San José, seglar, fusilados el 24 de julio del 1936 y beatificados el 17 de diciembre del año 2012.

Como verás, son bastantes por lo que este cementerio es lugar de peregrinación de muchos devotos que van a visitar las fosas comunes donde están sepultados para encomendarse a ellos.

Antonio Barrero

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Beatos Ricardo Gil y Antonio Arrué, orionistas mártires

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Imagen de los dos Beatos, hecha con motivo de la beatificación.

Imagen de los dos Beatos, hecha con motivo de la beatificación.

“Prefiero morir antes que traicionar”.

La congregación de los Hijos de la Divina Providencia, fundada por San Luis Orione, fue una de las congregaciones religiosas que menos desastres sufrió – gracias a Dios- durante la Guerra Civil española, esto se debe a que la Pequeña Obra estaba empezando por aquel tiempo a echar sus raíces en España cuando estalló el conflicto entre hermanos. Aun así, la Pequeña Obra de la Divina Providencia cuenta entre sus miembros santos con estos dos beatos mártires que murieron perdonando. A continuación conoceremos sus vidas, obras y causa.

Beato Ricardo Gil Barcelón
El veintisiete de octubre de 1873 nacía en Manzanera (Teruel) el niño Ricardo Gil Barcelón. Sus padres eran Francisco Gil y Francisca Barcelón, estos formaban una familia muy numerosa junto a sus nueve hijos. La familia provenía de un noble linaje, tenían su propio escudo heráldico y el lema familiar decía: “Prefiero morir que traicionar” (como vemos, encaja con el estilo de vida que vivió el Beato Ricardo), su posición era acomodada, pero lejos de mostrarse altivos e indiferentes con las clases sociales más desfavorecidas, todos colaboraban con una ejemplar caridad y piedad cristiana, sobre todo Doña Francisca que se ocupaba de dirigir un dispensario y repartía medicinas a más de una treintena de enfermos que estaban a su cargo.

Fotografía del Beato Ricardo Gil.

Fotografía del Beato Ricardo Gil.

El joven Ricardo realizó sus estudios en la escuela elemental de Torrijas (Teruel) donde se trasladó la familia a los pocos años de haber nacido él. Siempre destacó por ser un alumno aplicado y cariñoso, dispuesto siempre a ayudar a los compañeros. A los doce años ingresó como alumno en el seminario de Teruel, pero en el año 1889, con dieciséis años, abandonó el seminario para ser alumno de la Escuela Normal de Teruel. Esto ocurrió por expreso deseo de su padre, que quería que el joven estudiase la carrera de maestro. De esta escuela más tarde fue expulsado, el motivo fueron las discusiones con el director, que era un anticlerical que a menudo ridiculizaba la Fe del joven. No contento con eso, también se mofaba de la Religión y de las personas que formaban la Iglesia, esto a Ricardo le ocasionó no pocos problemas porque era un firme defensor de la Fe Católica y de los valores transmitidos por sus padres.

A los veinte años empezó a servir en el servicio militar y fue enviado a Filipinas, corría el año 1893 y a partir del año 1896 este país torno en un ambiente de guerra “revolución filipina”, donde al Beato Ricardo le tocó participar. Combatiendo en esta guerra, se vio en una ocasión envuelto en grave peligro de muerte, al ser consciente del grave peligro que corría, se encomendó a la Virgen del Carmen con sencillas oraciones que aprendió de niño, y contra toda posibilidad de salir de ese lugar con vida, salió, y lo hizo ileso. Desde entonces y probablemente gracias a este hecho, él empezó a madurar la idea de ser sacerdote. Decidido, empezó sus estudios en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (Manila). En todas las materias: Sagrada Escritura, Dogmática, Moral, etc, fue calificado con sobresalientes calificaciones. Terminando estos estudios y contra su propia voluntad, fue por segunda vez reclamado para prestar sus servicios en la guerra contra los Estados Unidos. Finalmente el día tan esperado para él, día de su ordenación sacerdotal, tuvo lugar el veinticuatro de septiembre de 1904. El obispo de Manila, sabedor de la conducta del nuevo sacerdote, le confió cargos importantes, como el de capellán de la Delegación Apostólica.

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Empujado por sus deseos de servir más de cerca a los más pobres, volvió a España en 1905, colaborando con distintas parroquias de Valencia pasó una temporada. Después marchó hasta su pueblo, Torrijas (Teruel), y aquí se dedicó a buscar la manera concreta de continuar su servicio a los necesitados, sin encontrar como hacerlo según como Dios lo deseaba, busco agradarlo en la Orden Dominica y en los Terciarios Capuchinos, pero a los pocos meses abandonó, viendo que Dios no quería un claustro para él. En vista de que no encontraba respuesta, se decidió a peregrinar andando hasta Roma, como los antiguos peregrinos que buscaban alguna gracia especial, corría el año 1909 cuando empezó este camino en busca de respuestas, y ¡vaya que si las encontró! Llegando a Roma casi tres meses después de su partida, visitó la tumba de San Pedro y gracias a la caridad de algunos sacerdotes vivió por algunas semanas.

Cuadro del Beato Ricardo en Manzanera.

Cuadro del Beato Ricardo en Manzanera.

El día tres de febrero de 1910 la Divina Providencia quiso que fuera el día en el que él Padre Ricardo encontrara respuesta a sus preguntas. Acercándose este a rezar hasta la iglesia de San Felipe Neri, la encontró cerrada y en vista de esto empezó a rezar de rodillas a sus puertas, mientras estaba sumido en esta fervorosa oración, pasó por la puerta un sacerdote que, atraído por la devoción del Padre Ricardo, se atrevió a preguntarle “¿Y usted quién es?», “Soy un hijo de la Divina Providencia”, respondió sin tan siquiera mirar hacia atrás el Padre Ricardo. “Entonces me pertenece porque yo también soy y he fundado una Congregación cuyos religiosos se llaman Hijos de la Divina Providencia”. Este sacerdote resultó ser Don Luis Orione y desde este providencial encuentro el Padre Ricardo se sintió aceptado en una auténtica familia, fiel al carisma que buscaba.

San Luis Orione vio en él sobradas cualidades para confiarle muchas responsabilidades dentro de la naciente fundación; asistente del seminario, profesor de idiomas, rector del santuario de la Virgen de la Cadena y hasta abanderado de la fundación en España. A mediados del año 1928 fue víctima de una grave acusación de asesinato, le ocasionó graves daños morales y físicos como la cárcel, todo esto fue infundado y, después de un juicio, salió libre de cargos sin culpabilidad ninguna. Tuvo deseos de ser misionero en Argentina y en cierta forma Don Orione accedió a concedérselo cuando le encargó volver a España para introducir su obra. Regresó en el año 1931 y desde entonces se estableció en Valencia, donde colaboraba acogiendo a los más pobres en la parroquia de San Sebastián. Un día, al salir de la Basílica de la Virgen de los Desamparados, se encontró con el joven Antonio Arrué Peiró, que en ese momento se encontraba sin rumbo en la vida.

El Saler (Valencia), lugar del martirio de los dos Beatos.

El Saler (Valencia), lugar del martirio de los dos Beatos.

Beato Antonio Arrué Peiró, aspirante orioniano
Nació en Calatayud (Zaragoza) el día cuatro de abril de 1908. Le bautizaron con el nombre de Antonio Isidoro. Sus Padres eran Antonio y Águeda, tenían una economía desahogada y unos ricos valores cristianos. Trabajó como ebanista al terminar los estudios primarios. Antes de cumplir veinte años, la tragedia familiar se cebó en su familia, sus padres y su hermana murieron. Estas pérdidas tan seguidas y repentinas ocasionaron en el joven Antonio una depresión que para muchos más bien parecía que estaba loco. Esta infundada “locura” le llevó a ingresar en un manicomio, pero Antonio escapó en dos ocasiones porque era sabedor de que no tenía problemas mentales; él tenía deseos de ser misionero.

Con veintitrés años abandonó Calatayud y marchó en busca de otra vida a Valencia. En esta ciudad tuvo un encuentro con el Padre Ricardo Gil que, en cierto modo, adivinó en el rostro del joven la ayuda que necesitaba nada más verlo. Desde este momento Antonio pasó a ayudar y colaborar con todo lo que el Padre Gil le proponía, ayudaba a misa, colaborara con los pobres, socorría a los enfermos etc. Era conocido por su extrema humildad y caridad, su trabajo desinteresado no tenia límite. Aunque era un chico de pocas palabras, fue creciendo notablemente en piedad y en deseos de pertenecer a la familia de Don Orione. Considerado óptimo y adecuado, Don Luis Oriene dio su aprobación para que empezara un “noviciado casero”, donde el Padre Ricardo fue su principal maestro. Del año 1931 al 1936 transcurrió este período de estudios y formación.

Martirio
En los albores del guerra entre hermanos, ya el Padre Ricardo Gil fue amenazado y señalado por su modo de actuar. Era un sacerdote conocido en toda Valencia por su labor. Estallada ya la guerra, su casa de la calle Zamenhoff fue varias veces registrada, aquí no se encontró nada por lo que culpabilizarlo de nada. Él decía que su casa siempre estaba abierta para cualquiera que necesitase algo de comer o de vestir, o de él mismo.

Monumento dedicado a los Beatos en El Saler, Valencia.

Monumento dedicado a los Beatos en El Saler, Valencia.

El día uno de agosto de 1936, a las diez de la mañana, un grupo de milicianos armados se presentó en su casa con un orden de registro en la que el motivo era encontrar las bombas que el Padre Ricardo guardaba. Después de tirar todas las pertenencias del Padre por la ventana, fue inmovilizado y conducido a una camioneta. Antonio, que estaba en la calle haciendo unos recados, vio la algarabía montada y acudió a socorrer a Dº Ricardo. Las vecinas intentaron impedírselo, pero Antonio contestó: “Tengo que irme: el P. Ricardo tiene necesidad de mí”, “Le prometí no abandonarlo nunca; ha llegado el momento de ser fiel a esta promesa”. Al llegar ante los milicianos fue también arrestado y conducido a la camioneta, la gente del barrio inmediatamente después salió a socorrerlos, gritando a los captores que los orionistas también eran pueblo y su caridad no tenía límite con los pobres.

Después de someterlos a interrogatorios, fueron declarados enemigos de la revolución por no querer ser miembros de la FAI. El día tres de agosto los condujeron a ambos a la playa de El Saler, fue tentado por última vez a gritar viva la FAI para salvar su vida y la del joven Antonio. El Padre Ricardo se negó y gritó: “¡Viles los que se esconden!”, a continuación levantó su crucifijo y en voz alta dijo: “Viva Cristo Rey. El miliciano, enfadado, apuntó a Dº Ricardo y dijo: “Muere, cura”, así le disparó un tiro. Antonio, en vista de la situación, corrió para socorrer al Padre y al acercarse al cuerpo moribundo de sacerdote, recibió un golpe brutal en la cabeza con la culata del fusil. De esta manera murieron los dos y sus cuerpos fueron recogidos de la playa y llevados al depósito del hospital. Un doctor, que casualmente era cuñado de Dº Ricardo, reconoció los cadáveres y comprobó que el Padre aún llevaba el cilicio puesto. Los cuerpos de los mártires fueron sepultados en día cinco de agosto en el cementerio general de Valencia.

Vista del Cementerio General de Valencia, donde los Beatos fueron enterrados.

Vista del Cementerio General de Valencia, donde los Beatos fueron enterrados.

En 1962 se inició la causa de beatificación en la diócesis de Valencia, durante años se recogió todo tipo de documentación y la causa siguió su ritmo, aunque con algunos períodos de no avance. En el año 2000 se entrega la positio a Roma, en 2012 se aprobó el decreto de súper martirio. Finalmente, bajo el pontificado del Papa Francisco, fueron beatificados en Tarragona el trece de octubre de 2013, junto a otros quinientos veinte beatos mártires del s.XX. Sus restos mortales no han podido ser encontrados y por ello no han podido ser exhumados para venerar sus reliquias. Por diferentes obras en el cementerio de Valencia, el lugar exacto de sus sepulturas se perdió. Eso sí, aún se conservan reliquias de segunda clase como: un cáliz, cartas etc.

David Garrido

Bibliografía:
– María Encarnación González Rodríguez, Quiénes son y de dónde vienen, 2013, editorial EDICE.
– Aurelio Fusi, Los Beatos márires orionistas, editorial VELAR, 2013.

Enlace consultado (18/07/2015):
– www.donorione.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Apolinar, obispo mártir de Ravenna

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del Santo en el mosaico paleocristiano en el ábside de su Basílica in Classe, Rávena (Italia).

Detalle del Santo en el mosaico paleocristiano en el ábside de su Basílica in Classe, Rávena (Italia).

La comunidad cristiana de Ravenna es muy antigua, situándose el pontificado de su primer obispo, San Apolinar, a mediados del siglo II. La presencia de San Severo, su undécimo sucesor en el Concilio de Sardica, celebrado desde el 343 al 344, nos hace llegar a esa suposición. Esta consideración estaría también confirmada por la llamada “Estela de Antifone”, que es una antigua inscripción cristiana de finales del siglo II, encontrada en Classe, que como todos sabemos, es un suburbio portuario de Ravenna.

Las fuentes más antiguas que nos han llegado sobre este santo tienen carácter litúrgico. El Martirologio Jeronimiano lo conmemora diciendo: “X kalendas Augusti, Ravennae Apollinaris”. Este pequeño párrafo es una anotación de un antiguo calendario recopilado en el norte de Italia, que llegó a integrarse en este Martirologio Jeronimiano en el año 422. Esta sencilla anotación se nos presenta nimia, simple en comparación con las fuentes posteriores procedentes de la misma Ravenna, como por ejemplo, la que dice: “Kalendas februarii Ravennae depositio sancti Severi episcopi et confessoris”. Esta anotación, siendo simple, contiene mucha más información.

San Pedro Crisólogo, que fue arzobispo de Ravenna a mediados del siglo V, cuando hace referencia al arca que contenía las reliquias de San Apolinar llega a decir que a la inscripción: “arca beati Apollinaris, sacerdotis et confessoris” le falta el añadido de “martyris” y esto lo hace porque en los documentos anteriores existentes en la iglesia ravennata existía una cierta falta de precisión, ya que por ejemplo, en el calendario oficial, refiriéndose a San Apolinar, solo se decía: “primus sacerdos et confesor”. Sin duda alguna, este último calificativo de “confesor” es equivalente al de “mártir”, pero nos confirma que en los primeros tiempos, las anotaciones eran relativamente simples.

Basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna, Italia.

Basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna, Italia.

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Aún así, el propio Pedro Crisólogo no se explaya dando más información en su sermón 128, limitándose a comentar que “San Apolinar fue el primer obispo de Ravenna, que trabajó duramente por su Iglesia sufriendo por ella, largos y repetidos tormentos hasta el derramamiento de su sangre”. Continúa diciendo que “murió como consecuencia de las heridas recibidas en el martirio y que su cuerpo está sepultado en medio de sus fieles”. Eso y solo eso es lo que dice. Me he permitido poner el texto en castellano y no en latín a fin de evitar que se me recuerde que lo traduzca.

Poco tiempo después de la muerte de San Pedro Crisólogo, apareció un nuevo documento llamado “Passio sancti Apollinaris”, que nos facilita otras informaciones, tanto de detalle como de carácter general. Se dice que Apolinar era un ciudadano de Antioquia que fue enviado por San Pedro para que evangelizara Ravenna, que predicó el evangelio, realizó numerosos milagros entre ellos la curación y posterior conversión del tribuno de la ciudad, que fue exiliado en Oriente donde continuó con su labor apostólica, pero que retornado a Ravenna, allí sufrió diversos tormentos que lo dejaron malherido, teniendo que ser atendido por una viuda durante siete meses y que, a consecuencia de las heridas, le sobrevino la muerte un 23 de julio, según unos en tiempos de Vespasiano y según otros, en tiempos del emperador Valente. Aunque esta fuente gozó de gran prestigio, fue puesta en entredicho por Zattoni y Lanzoni, quienes manifestaban que su antigüedad no era anterior al siglo VII, por lo que esta “passio” estaba contaminada por las polémicas surgidas en el año 666 entre las Iglesias de Roma y la de Ravenna, que buscaba ser considerada como iglesia autocéfala.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

Sin embargo, los otros hagiógrafos no se muestran tan beligerantes, anticipando su elaboración al siglo VI, al menos en su primitiva redacción que es conocida como la del “Liber Pontificalis de Agnello de Ravenna”, así como por otros elementos que son dignos de toda credibilidad, como por ejemplo, la plena verosimilitud del ambiente fuertemente militar existente en el barrio de Classe, lo cual se nota en la redacción del texto. Otros textos de la época que mencionan a los “obispos vagabundos” que iban de un lugar a otro predicando el evangelio y por las alusiones a que muchos orientales vivían en el barrio portuario de Classe, se puede deducir que no parece descabellado que San Apolinar tuviese ese cierto carácter viajero y que fuera en Classe donde desarrollase su apostolado. O sea, que esta información facilitada por la “passio” no es descabellada, sino que puede considerarse cierta.

El argumento petrino utilizado para justificar la evangelización de San Apolinar, o sea, que San Pedro fue quién lo envió, es inadmisible, pues mientras el apóstol vivió en el siglo I, el santo arzobispo vivió en el II. Sin embargo este argumento se “revalorizó” cuando se originó la lucha entre las dos iglesias para conseguir Ravenna la autocefalía, ya que ésta argumentaba esta directa sucesión apostólica. Cierto es que en las fuentes del siglo VI el obispo de Ravenna es denominado “vir apostolicus”, pero esa expresión era comúnmente utilizada por todos los obispos, sin tener en cuenta cual había sido el origen de su iglesia.

Relicario del santo en Düsseldorf (Alemania).

Relicario del santo en Düsseldorf (Alemania).

En tiempos de San Pedro Crisólogo, la tumba de San Apolinar estaba identificada y era venerada; sin embargo, la “passio” dice que el santo fue sepultado “fuera de los muros de Classe, en un arca puesta bajo tierra”. En la zona circundante al barrio de Classe existían cuatro cementerios cristianos: uno junto a la basílica de San Eleucadio y los otros tres, junto a las iglesias de San Probo, San Severo y San Apolinar. En este último cementerio cristiano sería donde se encontrase la tumba del santo, probablemente en un lóculo encontrado en unas excavaciones realizadas en el año 1949, que estaba adosado al muro sur de la basílica, en un punto equidistante de las dos primeras puertas laterales del mencionado muro y a algo más de un metro bajo el nivel del actual pavimento de la iglesia.

Cuando en el año 549, las reliquias fueron transportadas al interior de la iglesia, aquel primer enterramiento quedó señalado con esta inscripción: “In hoc loco stetit arca beati Apolinaris sacerdotis et confessoris a tempore transitus sui…” (Creo que no hace falta traducción alguna). No sabemos si la construcción de esta basílica – que no era precisamente “ad corpus” -, se hizo con la única intención de erigirla en una zona más alta a fin de salvarla de alguna posible inundación. Téngase en cuenta que el barrio de Classe era la zona portuaria de Ravenna.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

La basílica de San Apolinar in Classe es un monumento de una belleza incomparable, por la armonía de sus líneas y el esplendor de sus mosaicos, fue construida por Julián Argentario, una especie de “mano larga” (enchufado) del emperador Justiniano a instancias del obispo San Ursicino. Fue consagrada el día 9 de mayo del 549, coincidiendo con el traslado solemne de las reliquias del santo que fueron puestas bajo el primitivo altar mayor. A finales del siglo IX fue reconstruido, renovado el presbiterio de la basílica construyéndose una cripta semicircular con un corredor central donde se puso el cuerpo del santo.

En Ravenna, la ubicación del sepulcro de San Apolinar fue objeto de discusiones muy apasionantes. A mediados del siglo XII se divulgaba un escrito titulado “Historia translationis sancti Apollinaris” donde se contaba que para eludir las amenazas de los asaltantes del litoral, el arzobispo Juan VII había transportado las reliquias dentro de la ciudad, a la antigua basílica palatina de Teodorico reconvertida al culto católico a finales del siglo VI con el nombre de San Martín in Ciel d’Oro. A esto contestaron los monjes camaldulenses del monasterio de Classe los cuales objetaban una tradición que venía desde los tiempos de San Romualdo, según la cual el cuerpo se encontraba aun sepultado en la basílica de Classe. Y allí, de hecho, el 23 de octubre del 1173 se procedió al reconocimiento canónico e identificación de los restos. Esto fue autenticado mediante decreto del cardenal legado romano, Ildebrando Grassi y relatado en un “Tractatus de inventione corporis beatissimi Apollinaris”. Hoy se sabe que en realidad, solo parte de las reliquias se trasladaron a la basílica de San Martín in Ciel d’Oro y que la mayor parte de las mismas permanecieron en San Apolinar in Classe.

Busto relicario en Remagen (Alemania).

Busto relicario en Remagen (Alemania).

El culto a San Apolinar tuvo una gran difusión durante toda la Edad Media; de hecho, fue considerado como un santo nacional de la dominación bizantina en Occidente. Esta difusión no faltó ni siquiera en los territorios longobardos, que competían por conseguir reliquias hasta el punto de que los milaneses llegaron a presumir de tener el cuerpo completo del santo. Cuando Federico Barbarroja saqueó Milán en el año 1158 se llevó estas presuntas reliquias a Alemania.

A la difusión de su culto contribuyeron los monasterios benedictinos y camaldulenses, que siempre quedaron relacionados con la Basílica de San Apolinar de Classe. En tiempos de la Contrarreforma, la iglesia romana de San Apolinar en Campo Marzio, anexa al Colegio Germánico, se convirtió en el lugar donde se preparaba a los sacerdotes que debían partir hacia la evangelización de la Alemania luterana y en este sentido, San Apolinar se convirtió en el santo de la reconquista germánica.

Según el “Liber Pontificalis”, el Papa San Simmaco (498-514) le dedicó en Roma un oratorio en la Rotonda de San Andrés y el Papa Honorio (635-638) una basílica cercana al Vaticano estableciendo que todos los sábados del año se organizase una procesión que fuera desde allí hasta la Basílica de San Pedro. La fiesta del 23 de julio ya aparece en el Martirologio Jeronimiano y fue en esa fecha cuando San Pedro Crisólogo pronunció su célebre discurso en Ravenna, del cual ya hemos hecho mención. Pero la festividad de San Apolinar no aparece en los sacramentarios veronés, Gelasiano y Gregoriano, aunque si en el “Leccionario de Würzburg”, pero con un texto ciertamente polémico en lo referente a las célebres discusiones sobre la autocefalía de la iglesia de Ravenna.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

Sepulcro del santo en la basílica San Apolinar in Classe, en Ravenna.

Iconográficamente, casi siempre se le representa como un obispo griego vestido con el palio y una dalmática o una casulla. La imagen más famosa del santo es la que se erige en el ábside de la Basílica in Classe, puesta allí en el siglo VI por el obispo Urso, en la cual el santo aparece como un anciano, vestido de manera muy simple y en actitud de oración. Lo rodean doce ovejas y encima tiene una gran cruz que simboliza a Cristo. En las paredes de la iglesia de San Apolinar Nuevo en Ravenna, el santo está representado con cabellos y barba blancos, acompañados con veinticuatro mártires que ofrecen sus coronas a Cristo. Tiene muchas iglesias dedicadas en su honor por todo el mundo, tanto en Oriente como en Occidente.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Delehaye, H., “La antigua hagiografía de Ravenna”, Analecta bollandista XLVII, 1929
– Farabulini, D., “La historia de la vida y el culto de San Apolinar”, Roma, 1974.
– Lanzoni, F., “Las fuentes de la leyenda de San Apolinar”, Bologna, 1915
– Mazzotti, M., “La Basilica de San Apolinar in Classe”, Ciudad del Vaticano, 1954
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlaces consultados (29/06/2015):
– www.ravenna-cervia.chiesacattolica.it/
– https://en.wikipedia.org/wiki/Apollinaris_of_Ravenna

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