Santos Aurelio, Sabigoto, Félix, Liliosa y Jorge, mártires mozárabes

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Fresco de los Santos Aurelio, Sabigoto y Jorge, obra de Cesare Arbasia. Mezquita catedral de Córdoba, España.

Fresco de los Santos Aurelio, Sabigoto y Jorge, obra de Cesare Arbasia. Mezquita catedral de Córdoba, España.

Hoy conmemoramos a un grupo de mártires cordobeses, ejecutados en tiempos de Al-Andalus, que tuvieron contacto con las Santas Flora y María, vírgenes y mártires de las cuales hemos ya escrito, y murieron al año siguiente del martirio de éstas, en 852, en tiempos del emir Abd-Al- Rahman II, cuarto omeya gobernante de Al-Andalus.

Conocemos muy bien la historia de este grupo de mártires gracias a la misma fuente por la que conocimos la de Flora y María y otros mártires mozárabes, es decir, a través de San Eulogio. Siguiéndole a él y completando con otras informaciones, iremos reconstruyendo los sucesos en torno al martirio de estos cristianos cordobeses.

Contexto histórico
Es muy importante recordar que no puede aplicarse a estos mártires el mismo contexto que los mártires de la Antigüedad. La comunidad mozárabe residente en Al-Andalus nunca dejó de sentir y de transmitir de generación en generación una conciencia de reducto cristiano frente al resto de la sociedad andalusí, mayoritariamente musulmana, además de la comunidad judía. Parte de esta conciencia fue su resistencia a la aculturación, es decir, a las presiones para que abandonaran las lenguas latinas y romance en pro del árabe, lengua oficial religiosa y administrativa.

Cualquier chispa bastaba para hacer estallar el polvorín de esta difícil convivencia cultural y religiosa, y esa chispa fue la ejecución de San Perfecto, sacerdote cordobés que fue decapitado en 850 por declarar que Mahoma era un falso profeta. Aunque habían existido precedentes, esto generó una reacción en cadena que llevó a 48 cristianos cordobeses a desafiar deliberadamente las leyes contra la blasfemia, la apostasía y el proselitismo cristiano, siendo conscientes, en todo momento, que tal actitud les reportaría la muerte, y deseándolo. Poco antes de la fecha que nos ocupa, el mismo año de su muerte -852- el emir Abd-Al-Rahman II logró que un concilio de obispos mozárabes prohibiera estas actitudes, pero como no se condenó específicamente la actitud de los mártires, hubo todavía algunos martirios más hasta el fin de la resistencia, en 859.

Estampa devocional italiana de Santa Natalia (Sabigoto), perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional italiana de Santa Natalia (Sabigoto), perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Dos matrimonios mozárabes
Entre ellos contamos a Aurelio, hijo de un musulmán cordobés y de una cristiana, que le instruyó en su religión. Al quedar huérfano, fue acogido por una tía cristiana hasta que tuvo edad de casarse. Entretanto, según nos dice San Eulogio, estudió literatura árabe forzado por sus parientes y asimiló la cultura en la que había nacido y crecido, manteniéndose cristiano en la intimidad.

Tomó por esposa a una cristiana llamada Sabigoto, un nombre visigodo que ciertamente se nos antojará raro a los oídos, pero que era una manifestación de su fe cristiana. En realidad su nombre de nacimiento había sido Natalia, nombre latino asociado al paganismo, por ser hija de musulmanes y musulmana también, hasta que su madre, enviudando de su primer marido, se casó en segundas nupcias con un cristiano. Instruida por su padrastro, abrazó la fe cristiana y se hizo bautizar, momento en que había cambiado de nombre. “A esta Sabigoto, nos cuenta San Eulogio, aceptándola por esposa el piadoso joven Aurelio, una vez firmados los esponsales y cruzados entre ambos los regalos de boda según la ley, recibieron el sacramento ante el sacerdote conforme la prescripción de la Iglesia y, convenidos, vivieron algún tiempo ocultamente como cristianos, sin atreverse a revelar en público su fe, un poco por respeto humano, sin dejar por eso de ser fervorosos.” Aquel matrimonio tuvo dos hijas, a las que naturalmente educaron como cristianas pese a que en su calidad de ricos, estaban emparentados con gente importante de la ciudad, de cultura y fe árabe.

Por su parte, Liliosa, también cristiana, era la esposa de Félix, amigo cristiano de Aurelio, que por miedo al tormento y a la muerte, había renunciado a su fe ante el juez. Avergonzado por ello, no asistía a las asambleas y había ocultado su apostasía a los demás. “Casó este con una hija de padres cristianos llamada Liliosa, pero que en público simulaba practicar la ley musulmana. Tan íntimamente convivían y se amaban y se compenetraban estos matrimonios, que unos mismos eran sus afectos y sus sentimientos, tanto en las prosperidades como en las adversidades”.

Como vemos, se trataba de una pareja de matrimonios cristianos que vivían su fe de forma discreta e incluso oculta, lo cual era lo más viable en una sociedad multicultural como la andalusí que, si bien era tolerante con los dimníes (judíos y cristianos) estaba lejos de ser un oasis de paz e igualdad entre todas las confesiones, como ya hemos avanzado.

Relieve de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba.

Relieve de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba.

Una paz inestable
Entonces empezó a haber los conflictos de religión ya mencionados en la ciudad emirada, por lo que cambió la situación de los dos matrimonios. Aurelio fue testigo, cierto día cuando iba al mercado de cómo humillaban a un cristiano llamado Juan, llevándolo por las calles mientras era insultado y golpeado con cuerdas: Azotado sin compasión, iba montado en el lomo de un jumento, de espaldas, encorvado sobre el aparejo de la bestia bajo el peso insoportable de las cadenas que colgaban de sus pies; le precedían pregoneros de burla y le paseaban por toda la ciudad, escarneciéndole toda la chusma entre gritos e injurias. Decían las gentes que no castigaban a aquel reo como merecía su crimen, pues quien con tan grande irreverencia había blasfemado de su Profeta, convenía que muriese con la muerte más afrentosa. Tal espectáculo conmovió al futuro atleta hasta desear ardientemente el martirio (…)”, cuenta San Eulogio.

Entonces, Aurelio volvió a casa y contó a su esposa lo que había presenciado y le propuso “(…) ante todo, observando la continencia y la caridad más perfectas, entreguémonos a la oración para ir más fácilmente a la práctica de la santidad. Sea ahora mi hermana la que fue mi esposa, conviértase el lecho conyugal en afecto fraterno, crezcan las obras de nuestras almas, engendremos los frutos del espíritu y renunciando al cieno de la unión corporal, se esfuerce el alma sobre todo, en producir hijos de salud perdurable, sin entregarnos a los deleites de la carne. Así, de algún modo, con la meditación de estos trabajos, podremos merecer dignamente el premio del martirio”. Sabigoto aceptó esta propuesta de renunciar a la satisfacción sexual conyugal y en prepararse física y mentalmente para el martirio. Y así, según Eulogio, “(…) Se acuestan en cama distinta pero rezan juntos. Sus camas lucen ropas de diversos colores para así ocultar en público, su vida; más en sus habitaciones interiores, extienden sobre el desnudo ladrillo sus lechos y los cubren sólo con el cilicio, durmiendo separados. Ayunaban muchas veces, oraban sin cesar y durante la noche meditaban los salmos, que sabían de memoria; vencían el sueño con el trabajo de manos, evitando así los lazos y asechanzas del demonio; curaban a los enfermos y repartían limosnas entre los más necesitados.”

Y además, visitaban a los prisioneros cristianos en las cárceles, donde conocieron a San Eulogio, autor de su vida, que se dedicaba a este menester: “Aurelio visitaba a los hombres y Sabigoto visitaba a las mujeres. (…) Allí le conocí yo; allí trabé amistad con él y allí me preguntó con instancia lo que debía hacer con sus bienes y de dos hijas que les había dado el cielo.” Eulogio les aconsejó, sin reparos, el renunciar a sus bienes y a sus hijas porque no debían tener ningún obstáculo para salvar sus almas, pero para evitar que los primeros fueran incautados por el fisco y las segundas, convertidas al Islam, aconsejó vender los primeros y repartir el precio obtenido, y entregar a sus dos hijas, aún niñas -una tenía cinco y otra ocho años-, al monasterio de Tábanos, donde serían mantenidas en la fe cristiana.

Grabado español coloreado de Santa Natalia (Sabigoto) de Córdoba.

Grabado español coloreado de Santa Natalia (Sabigoto) de Córdoba.

Fue precisamente en la prisión donde conocieron a las mártires Flora y María, quienes, como ya vimos, habían sido condenadas a muerte por sacrílegas. Sin embargo, las dos mujeres, luego de haber flaqueado inicialmente y haber sido fortalecidas y consoladas por Eulogio, tenían el semblante tan alegre y decidido que parecían estar a punto de recibir un premio. Ellos quedaron profundamente impresionados por ello. Tras el martirio de Flora y de María, Sabigoto las vio en un sueño en la gloria divina y éstas le aseguraron que obtendrían el mismo premio si persistían en la fe, por lo que tras esto, definitivamente se desprendieron de todo y entregaron a sus hijas al monasterio: “Una parte del precio de sus haciendas lo separaron para sus hijas y, todo lo demás, lo destinaron a socorrer a los menesterosos. Dedicáronse a visitar los monasterios de varones y mujeres, en especial el cenobio Tabanense, porque la observancia y regularidad de sus moradores eran conocidísimas en todo Occidente”.

A su propuesta se unió Jorge, un monje de origen sirio, nacido en Belén, que había sido enviado a África por limosna, el cual era diácono y erudito por su conocimiento del latín, del griego y del árabe; y que había llegado a Al-Andalus para evangelizar aquellas tierras. También Félix y Liliosa quisieron unirse al martirio: “Allí, con ellos, hablé al venerable Félix y a su muy santa consorte Liliosa. Ellos también habían vendido sus bienes y hecho donación de su importe a los santos lugares y a los pobres, estando preparados para soportar toda clase de tormentos por amor de Jesucristo”.

Detención
Naturalmente, y a diferencia de lo que ocurría en la Antigüedad romana, estamos en una época donde la religión cristiana no era perseguida, sino tolerada, legal, aunque la convivencia fuese, desde luego, inestable y convulsa. Esto hacía que, como ya adelantamos, cualquier chispa hiciese saltar por los aires la frágil paz, por lo que nuestros mártires de hoy -hay que decirlo- hubieron de buscar por ellos mismos el martirio provocando a las autoridades, como queda atestiguado por Eulogio.

“Empezamos a preguntarnos mutuamente cómo llegaríamos a la tan codiciada corona del martirio y, como por inspiración divina, determinamos que nuestras hermanas fuesen a la iglesia con la cara descubierta, lo cual diera ocasión a que las apresaran, como en efecto, así sucedió, pues al volver ellas el templo, se presentó un oficial que había presenciado el acto religioso de las mujeres y que preguntó a sus maridos qué significaba aquel acudir de las mujeres a los santuarios de los cristianos. Ellos les respondieron que era costumbre de los fieles visitar las iglesias y venerar devotamente las casas de los mártires, pues como cristianos que somos, llevamos en alto con mucha honra, el estandarte de la fe. Sin pérdida de tiempo, el delator corrió ante el juez contándole falsamente quienes éramos y qué hacíamos (…)” Recordemos que, hasta ese momento, nuestros protagonistas de hoy habían fingido exteriormente ser musulmanes y seguir estos ritos, por lo que la presencia de Sabigoto y Liliosa en los templos cristianos a cara descubierta -y no con velo, propio de las mujeres musulmanas- debió chocar considerablemente a quien les había conocido hasta ese momento.

Altar de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba, España.

Altar de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba, España.

“Presentada, pues, la acusación al juez y enterado éste de que Aurelio era el autor del hecho, resentido en su interior, mandó compareciesen cuanto antes los acusados en su presencia. Los soldados, acordonaron en seguida la vivienda del venerable Aurelio, donde estaban reunidos todos los mártires (…) Inmediatamente, maridos y esposas, como invitados a un festín nupcial, se ponen en camino. Van alegres, saltando de contento; hubiérase creído que esperaban en el tribunal del juez, recompensas en vez de tormentos. Viendo San Jorge que los soldados no le apresaban, les interpeló de este modo: “(…) ¿Por qué obligáis a la fuerza a adorar a un falso profeta, a quienes la santa fe cristiana reclama como suyos? ¿Para qué os empeñáis en arrastrar con vosotros, a la perdición, a los predestinados a la vida, siendo vosotros enemigos de Dios? ¿Es que no podéis entrar en los infiernos sin llevarnos por compañeros? ¿Acaso no os van a atormentar los fuegos eternales, sin que nosotros estemos en ellos? ¡Idos vosotros, marchad en buena hora, hijos de perdición, allá donde gocéis con vuestro capitán Mahoma, las delicias del tártaro! (…)”. Naturalmente, al provocar Jorge a los soldados, “apenas hubo pronunciado estas palabras, las manos de los verdugos se lanzaron sobre el monje para castigar su insolencia. Derribándole al suelo, le surcaron el cuerpo con muchos garfios, dándole patadas y puñetazos. Como Santa Sabigoto, creyéndole ya muerto, dijese: “Arriba, hermano, vámonos”, el monje habló así: “Todo esto, hermana, contribuye a acrecentar los méritos y a hacer más preciosa la corona”. Los musulmanes lo levantaron del suelo medio muerto y le arrastraron, juntamente con los otros mártires, hasta el estrado del juez”.

Y así lograron los cinco ser apresados y comparecer ante el juez, ellas por revelarse como cristianas, Aurelio, como instigador, y Jorge por haberse referido a Mahoma como un falso profeta.

Juicio
Sigue refiriendo Eulogio que en principio, el juez les trató de forma amable, preguntándoles por qué habían abandonado la fe musulmana y renunciaban de aquella manera a la vida ventajosa y cómoda que habían adquirido. Pero ellos respondieron: “(…) Todo culto o religión que no reconoce la divinidad de Jesucristo, que no profesa la esencia de Dios trino, que rechaza el bautismo, que desprecia a los adoradores de Jesucristo y deroga el sacerdocio, le consideramos falso y reprobable”, por lo cual el juez los mandó a la cárcel, cargados de cadenas, tras avisarles de que les daba cinco días para reflexionar, en los cuales reuniría al consejo para decidir sobre su suerte. Narra en este punto Eulogio diversos prodigios que supuestamente habrían acontecido en la prisión, como la visita de ángeles, la revelación de la dicha que iban a ver en el Paraíso, y que se les soltaran milagrosamente las cadenas, quedando libres ante el estupor de los guardias, que no se atrevieron a volver encadenarlos.

Cinco días después, ante los nuevos jueces, daba la impresión que tenían más empeño ellos en morir que los jueces a condenarles: “En el momento de sacarlos a presencia del juez, la venerable Sabigoto empezó a preparar con santos consejos a su marido, exhortándole, instruyéndole y confortándole. Fueron introducidos en el palacio, los carearon con los oficiales mayores, se les ofrecieron riquezas y les prometieron honores de todo lo cual gozarían si renegaban a su fe. Persistiendo ellos, inmóviles, confesando la fe, los magistrados les entregaron a los verdugos para que los rematasen.”

Altar con las reliquias de los santos mártires de Córdoba, España.

Altar con las reliquias de los santos mártires de Córdoba, España.

Siendo ya sentenciados a muerte los dos matrimonios, sin embargo, el tribunal aún quiso dejar libre a Jorge, pero éste redobló sus descalificativos contra el Islam, para asegurarse de que no le respetaran la vida: “Determinaron soltar a San Jorge porque los oficiales y magnates del palacio no le habían oído proferir injuria alguna contra el profeta. Más este ilustre maestro de santidad, tan pronto como se percató de que le dejaban libre y que no moriría con un solo golpe de cimitarra, exclamó juntamente con sus compañeros: “(…) ¿Por qué pensáis que abrigo en mi pecho buenos sentimientos acerca del seducido por el demonio, vuestro falso profeta? Para que lo sepáis bien, os digo claramente de aquel ángel que, transformándose en espíritu de luz, se apareció a vuestro legislador: le tengo yo por un demonio y a vuestro profeta como el hombre más abyecto, pues fue él, crédulo ministro del Anticristo y laberinto de todos los vicios; el cual, no solo se lanzó a si mismo al piélago infernal, sino que a vosotros, seguidores de sus vanas doctrinas, os ha entregado a las llamas eternas”. Naturalmente, esto provocó la irritación de los magistrados que habían determinado soltarlo, por ello, finalmente se resolvió que fuera degollado, por maldecir al Profeta y declarar abyecta su religión.

Martirio y sepultura
Así pues, los cinco cristianos fueron decapitados, según dice Eulogio: “(…) mataron primero a San Félix, después a San Jorge, luego a Santa Liliosa y, los últimos, a los atletas Aurelio y Sabigoto, el 27 de julio de la era 890”, lo que equivale al año 852, como decíamos, en tiempos de Abd-al-Rahman II, el cual moriría el 22 de septiembre de ese mismo año.

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Los cuerpos de los cinco ajusticiados permanecieron insepultos durante tres días. Luego fueron robados, recogidos y depositados en diferentes lugares: “San Jorge y San Aurelio se conservan en el cenobio de Peñamelaria; el de San Félix en el de San Cristóbal sito al otro lado del Guadalquivir. Los restos de Santa Sabigoto, están reunidos en la basílica de los Tres Santos (Fausto, Jenaro y Marcial). En la iglesia de San Ginés descansa Santa Liliosa y las cabezas de San Jorge y Santa Sabigoto están en otra parte”.

Urna que contiene las reliquias de los mártires cordobeses. Iglesia de San Pedro, Córdoba (España).

Urna que contiene las reliquias de los mártires cordobeses. Iglesia de San Pedro, Córdoba (España).

Conclusión
Realmente poco es lo que se puede añadir a lo narrado por San Eulogio, que constituye la fuente principal para conocer a los mártires mozárabes que fueron coetáneos suyos. Es muy importante remitirse a sus obras para ampliar la información sobre ellos, que esta servidora, forzosamente, ha tenido que recortar en demasía para no alargar más el ya prolongado artículo.

Las matizaciones hechas por San Eulogio sobre la ubicación de las reliquias de los mártires deben ser actualizadas según su estado hoy en día: en verdad, del grupo de mártires que hemos tratado hoy, sólo se conservan las reliquias de Santa Sabigoto (Natalia), que están en la urna de reliquias en la iglesia de San Pedro de Córdoba, junto a muchos otros mártires cordobeses (caso de Flora y María), pero no su esposo San Aurelio ni sus compañeros de martirio Félix, Liliosa y Jorge, cuyas reliquias se han perdido.

Meldelen

Bibliografía:
– S. RUIZ, Agustín, Obras completas de San Eulogio, edición bilingüe latín-castellano, Real Academia de Córdoba, 1959.

Enlace consultado (23/07/2014):
– www.santiebeati.it/dettaglio/64550

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

12 pensamientos en “Santos Aurelio, Sabigoto, Félix, Liliosa y Jorge, mártires mozárabes

  1. Muchas gracias, Ana Maria, por este maravilloso artículo en el que no solo nos has expuesto las vidas de estos santos mártires, sino que las has contextualizado perfectamente en su época.

    Cómo dos matrimonios bien acomodados, que podían seguir pasando desapercibidos practicando su fe en la intimidad, se ven tocados por la gracia de Dios al comprobar el martirio de un compañero en la fe, hasta el punto de poner como objetivo a sus vidas el sufrir ese mismo martirio, es algo que solo nos puede caber en la cabeza si tenemos el mismo sentido de valores que tuvieron ellos. Porque ellos también podían haber alcanzado la vida eterna sin necesidad del martirio, siendo buenos cristianos, cumpliendo con el mandamiento del amor con todas sus consecuencias, pero sabían que derramando su sangre, el premio estaba asegurado. Estos sentimientos suponen un concepto de fe, que no todos desgraciadamente tenemos.

    Y que un monje que viene pidiendo limosnas desde el monasterio de San Sabas en Judea y llega hasta la Córdoba del Califato (¿cuantos miles de kilómetros andando?) y llegado allí no quiere ser menos y se empeña en sumarse al martirio de los cuatro, ¿qué convicciones tan profundas no tendría?. Porque aunque tu no lo dices en el artículo, él se niega a volver a su patria, quiere morir y ser sepultado en Al-Andalus y que ni siquiera comuniquen su muerte a los suyos.
    Yo en estos cinco santos mártires no veo a los típicos provocadores que buscaban el martirio sin más, sino a cinco cristianos que compartían una fe y un amor extremo a Cristo, hasta el punto de importarles su vida un comino con tal de unirse a El lo antes posible.

    Gracias Ana Maria por este artículo y gracias a San Eulogio por habernos dejado escritos estos testimonios.

    • Qué quieres que te diga, Antonio. Los dimníes eran tolerados en la sociedad andalusí. No vivían tranquilos, no era el oasis de paz y la Arcadia dorada y feliz que algunos han querido vendernos, sufrían cargas fiscales duras y además, la aculturación, pero hay que tener en cuenta que esa aculturación no buscaba la conversión forzosa al Islam. Se trataba de que adoptaran la lengua y la cultura árabes, aunque seguían siendo cristianos, de ahí el término “mozárabe”. ¿Por qué, pudiendo ser cristianos, fingían ser musulmanes y asistían a sus ritos? Y sobre todo, ¿por qué tocar las narices a las autoridades blasfemando contra Mahoma?

      No voy a juzgarles pues no viví esa época y sabemos que fue una época difícil, pero también lo fue para los judíos y ellos también mantuvieron su fe a costa de la sociedad musulmana primero, y cristiana después, que también los fagocitó y maltrató. Podrían haber seguido viviendo sus vidas de cristianos arabizados -que no islamizados, como bien sabes, no es lo mismo- sin necesidad de fingir ritos que no seguían ni simular practicar una fe que no era la suya. En lugar de eso, buscaron el martirio, pero no sólo mediante la confesión de Cristo, sino mediante la infracción de las leyes religiosas andalusíes; porque si no hubieran hecho esto último, no hubieran podido condenarlos, porque el cristianismo en sí no era ilegal, aunque sí lo era el proselitismo.

      Claro que eso, en cierto modo, también sucedía en la Antigüedad: ser cristiano no era ilegal, no querer sacrificar y cumplir los edictos que marcaban la obligatoriedad de ciertos ritos del culto de Estado, sí.

      Hoy en día, esto de insultar a Mahoma sigue estando de pasmosa actualidad, y me parece obvio que esto no ha traído más que complicaciones y problemas. Yo, el meterse con la religión del otro, aunque el otro te esté oprimiendo, que eso no lo niega tampoco nadie cabal, nunca lo entenderé. Y sobre todo, me acuerdo de esas dos niñas pequeñas que se quedaron huérfanas y encerradas en un convento.

      Nuestros mártires de hoy son de admirar, pero no de imitar, y menos en los tiempos que corren. No podemos exigir respeto a nuestra fe si nosotros no la mostramos hacia la de los demás; y esto me parece de cajón. Repito que esto, salvando las distancias, y haciendo una lectura que nos sea útil a los cristianos del siglo XXI.

      • Ana María,
        Con mi comentario anterior, yo no estoy defendiendo la provocación a los musulmanes, sino que lo que defiendo es la firmeza de la fe de estos mártires. No defiendo tanto que buscaran el martirio como que ellos defendieran su fe.
        Sabes que estoy de acuerdo en muchas de las cosas que dices, especialmente en el tema de las niñas, pero hay una cosa que tu afirmas y que no es cierta: dices que “asistían a sus ritos” y esto es lo que yo niego.

        San Eulogio no dice que nuestros mártires acudieran a los cultos musulmanes. De Aurelio dice textualmente: “como no podía ajercer en público el culto de su religión, se encomendaba siempre a las oraciones de los sacerdotes, rogándoles intensamente que pidieran por él a Dios”. Este texto, no da a entender que acudiera a los cultos musulmanes.

        De Sabigoto, su madre y su padrastro dice: “Aunque en público alternaban con los paganos, en su interior, hacían vida cristiana unos y otros”. Alternar con los paganos no tiene por qué presuponer asistir a sus cultos.

        Félix si que había apostatado pero después se arrepintió y “aunque después lloraba amargamente su caída, no tenía valor para practicar públicamente la religión cristiana”. No tener valor para practicar públicamente la religión cristiana no tiene por qué suponer que practicaba la otra; podría mostrarse indiferente.

        De Liliosa dice: “en público simulaba practicar la ley musulmana”, pero practicar la ley ¿supone forzosamente asistir a los ritos? Yo creo que no, porque yo puedo ser fiel cumplidor de la ley y no asistir a culto alguno.

        Cierto es que provocaron a los musulmanes, pero ¿cómo realizaron esa provocación? Yendo a la iglesia con la cabeza descubierta. Eso quiere decir que ellas iban siempre con la cabeza cubierta, como las musulmanas, pero no presupone que acudieran a sus ritos.
        A mi entender, y leyendo a San Eulogio, a ellas – y posteriormente a ellos que las defendieron y justificaron -, las arrestaron por ir con las cabezas descubiertas más que por asistir a los cultos cristianos que, como tu muy bien dices, estaban tolerados. Cierto es que a partir de ahí, las provocaciones (o confesiones de la fe) fueron en aumento.

        • Creo que no me he explicado bien al decir lo de los ritos, pero bueno, lo que importa es que estoy de acuerdo con todo lo que has expuesto.

          La sociedad andalusí, además de multicultural, era convulsa y hay que decir que los que más problemas dieron a las autoridades no fueron los mozárabes, sino los mawalis (o maulas), es decir, los conversos, los musulmanes de origen no árabe; muchos de los cuales abrazaron el Islam esperando verse libres de cargas fiscales -que era lo que se prometía a cambio de islamizarse, uno de los factores del éxito de esta nueva religión monoteísta- y luego, en la práctica, verse tan cargados de impuestos como los dimníes, de ahí una rebelión tras otra, una revuelta tras otra, y un factor de inestabilidad permanente donde el tema de los mártires cristianos fue incluso algo puntual y hasta pasajero.

  2. Hace unos años visitando la bella ciudad de Córdoba me hice una ligera idea de quienes eran este grupo de mártires. Por muchos sitios de la ciudad se les sigue recordando, sobre todo en la Iglesia de San Pedro donde están parte de estas reliquias suyas, tan conocidas para los que nos gustan las estampas.
    Córdoba, al igual que Toledo y otras muchas ciudades, era un sitio donde convivían las tres religiones. Como vemos, había veces que entre ellos “competían” por llevar la razón en cuanto a practicar la religión verdadera. Estas disputas vemos como en este caso nos han dejado mártires defensores de la religión cristiana.
    A decir verdad, a mí también me da la impresión de que ellos pusieron mucho de su parte para encontrar el martirio, pero por otra entiendo que defendieran y decidieran no ocultar sus verdaderas creencias.
    En fin, me quedo con sus buenas obras de cristianos, con sus practicas, con el cumplimiento de la ley de Dios y con su obediencia etc.
    Me gustaría mucho que siguierais hablando más adelante de los mártires mozárabes. Es una época de nuestra historia de la que desconozco muchas cosas, sobre todo estos hombres y mujeres que dieron su vida por la Fe.
    Gracias Ana María.

    PD:¿ Quedara alguien en Córdoba que se llame Sabigoto ;):) ?

    • Gracias, David. Bueno, ya existen varios artículos dedicados a mártires mozárabes -dos recopilatorios, las Santas Flora y María, las Santas Nunilo y Alodía- e incluso los conversos Bernardo, María y Gracia de Alzira, cuya lectura te recomiendo. De todos modos en los próximos días escribiré sobre otro grupo más 🙂

      No sé si quedará en Córdoba alguna mujer llamada Sabigoto, pero Liliosas sí que hay aunque me figuro que más en América Latina que aquí, a juzgar por lo que he visto y leído. Sabigoto era un nombre visigodo y realmente, fuera de una época concreta, no es que hayan sido demasiado usados los de este tipo, aunque el padre de una compañera de clase que yo tuve se llamaba ¡Hermenegildo!

        • A él me refería cuando he dicho dos recopilatorios. Es uno de esos dos recopilatorios, el otro lo hizo Damiano, pero limitándose sólo a la ciudad de Córdoba y añadiendo otros mártires de esta ciudad, pero de otras épocas.

  3. Me ha encantado poder conocer a este grupo de martires gracias a tu articulo Ana Maria.
    Yo no comparto tampoco el que se busque el martirio porque si,pero ya sabemos que las mentalidades eran de otras epocas.
    Comprendo que hubieran “problemas” de convivencia,el cristianismo estaba tolerado legalmente,pero ahi acaba todo,ya sabemos lluego lo que sucederia en la practica.
    Actualmente y desde otro punto de vista a mi me da un poco de temor que cualquier dia empiece un verdadero jaleo sea en España u otro pais viendo el panorama como esta.

    • Por eso los cristianos de hoy en día -y los demás creyentes de otras religiones también- tenemos que ser sensatos y coherentes, aprender de los errores del pasado y no caer constantemente en el mismo círculo vicioso de pasar por encima del contrario y sólo cuando vemos sangre, empezar a lamentarnos, o ni eso. Por eso digo que los mártires mozárabes son de admirar en su época, pero no de imitar ya en la nuestra: hoy en día, jorobar al contrario no nos lleva a nada más que a sangre y a muerte. Debemos ser coherentes y fieles a nuestra fe, pero respetando las creencias de los demás, o lo lamentaremos, muy gravemente.

      Ya estamos viendo cosas horrendas muy cerca de nosotros y la verdad, no es un asunto baladí ni algo que pueda tomarse en broma. Deberíamos trabajar para construir un mundo donde no hubiese ni un solo mártir más, pero en lugar de eso… bueno, ya se ve lo que estamos haciendo con ese problema, ¿no? NA-DA.

  4. Era muy pequeño cuando conocí el nombre de Natalia, por una comadre de mi mamá. Este nombre se me hizo muy atrayente y cuando conocí la vida de Santa Natalia-Sabigoto ( me quedo con el primer nombre) la asocié con su esposo Aurelio. Luego supe de Félix y Liliosa, pero los tenía registrados como una pareja independiente. Luego supe que murieron juntos y los registre en grupo a los cuatro, hasta el último supe de Jorge y bueno, pues no hay quintó malo, jaja, ya los registré hace tiempo como debe ser.
    Te comento que este grupo de mártires fue el primer dato que tuve sobre los santos mártires de Córdoba en lo que se refiere a esta época.
    Fíjate que por ahí leí que en París había reliquias de dos mártires varones de este grupo, pero no recuerdo quienes. He buscado el dato para ser más preciso pero no lo
    hallo. Y quien sabe si existan todavía.
    Saludos.

    • Pues tú te quedarás con el primero, pero lo cierto es que ella lo abandonó voluntariamente y se cambió su nombre porque quería ser llamada Sabigoto. Aparte de ser el nombre con que ella quería ser llamada, es la única Santa, que yo sepa, de este nombre, mientras que Santas Natalias así tal cual hay unas cuantas.

      No tengo noticia de esas reliquias en París y rarito veo que hayan ido tan lejos. Los mártires mozárabes no han dejado España, que yo sepa. Pero mejor que eso nos lo confirme Antonio.

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