Beata María Teresa Casini, fundadora

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Fotografía de la Beata.

Fotografía de la Beata.

La Iglesia celebra hoy la beatificación de la Madre María Teresa Casini, fundadora de las “Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús” y por eso, nosotros queremos dedicarle también hoy este pequeño artículo sobre su vida y obra.

Nació en Frascati (Roma), el día 27 de octubre del año 1864, siendo la hija primogénita del matrimonio formado por el ingeniero Tomás Casini y Melania Rayner, de nacionalidad francesa. Fue bautizada dos días más tarde, siendo invitados al bautizo todos los pobres del pueblo. Con diez años de edad quedó huérfana de padre, el cual había sido su primer educador y tuvo que trasladarse junto con su madre a la casa de sus abuelos maternos situada en la vecina localidad de Grottaferrata.

En el año 1875 ingresó como alumna en el colegio romano de Santa Rufina, allí recibió su primera comunión el 7 de mayo del año siguiente y fue también allí donde comenzó a sentir los primeros síntomas de una vocación religiosa en la que la devoción al Corazón de Jesús siempre tuvo un lugar preeminente, aunque por motivos de salud, al año de estar en el colegio tuvo que volver a su casa donde tuvo que afrontar un período de gran malestar a nivel moral pues la obediencia a su madre la obligaba a llevar una cierta vida de sociedad en un mundo al que ella no quería pertenecer. Su madre era muy piadosa, pero en su cabeza no entraba que su hija pudiese hacerse monja.

Providencialmente, en este período de tiempo, se encontró con el padre Arsenio Pellegrini, que era el egumeno de la abadía griega de Grottaferrata, bajo cuya guía espiritual se puso, por lo que no le fue difícil cambiar sus hábitos de vida, refugiándose a menudo en la iglesia abacial, incrementándose sus ansias de entrar en religión, consolidándose en su alma el deseo de dedicarse a lo divino, lo que finalmente pudo realizar ingresando el 1 de febrero de 1885 en el monasterio romano de las Clarisas, situado cerca de la basílica de San Pietro in Víncoli, tomando el nombre de Sor Serafina del Corazón de Jesús. Tenía muy claro lo que quería y por eso decidió encerrarse en la clausura de un convento franciscano, donde su comportamiento fue ejemplar, pues según la maestra de novicias, en la primera reunión que tuvo con ella, le dijo: “Madre, he venido al convento con la idea de convertirme en una santa y por eso me pongo en sus manos”. Ser santa era para ella una necesidad. Pero después de casi dos años de permanencia en la clausura, debido a su mala salud y aconsejada por el padre Pellegrini, tuvo que abandonar el monasterio el día 2 de diciembre de 1886, volviendo de nuevo a Grottaferrata.

Fotografía de la Beata.

Fotografía de la Beata.

Pero ella seguía pensando cual sería el momento en el que pudiera concretar de qué modo podía conseguir el ideal que desde hacía tiempo andaba persiguiendo y que iba centrándose en cómo ayudar y socorrer a los sacerdotes para que se santificaran ejerciendo su ministerio. Y quiso hacerlo no solo mediante la ayuda de la oración sino colaborando con ellos en sus tareas. Empujada por este noble impulso de orar para que el clero se mantuviese siempre fiel al ideal de santidad con el cual siempre debían identificarse, viviendo como una laica consagrada, comenzó a reunir en torno a si a un grupo de jóvenes que compartían su anhelo, sin pensar en un principio en la constitución de una especial congregación religiosa que tuviera como objetivo este fin.

Pero poco a poco, la idea fue tomando forma por lo que el 4 de febrero de 1894 llegaron a constituirse en un nuevo Instituto femenino al que denominaron “Víctimas del Corazón de Jesús”, aunque sin tener todavía una regla definida canónicamente, pero siguiendo una forma de vida que, en unos pocos principios esenciales, resumieran sus aspiraciones de compartir el sufrimiento del Corazón de Jesús.

Pero pasados unos años, la Madre María Teresa, aceptando la exhortación del cardenal Francisco Satolli, que era el obispo de Frascati y luego de tener una audiencia en el año 1903 con el Papa San Pío X, quién la invitó a “continuar con el trabajo y no asustarse ante las dificultades que son indispensables en los principios de toda obra de Dios”, contradiciendo al padre Pellegrini que quería que siguieran viviendo enclaustradas, propuso a sus compañeras compaginar la vida de oración en clausura con algunas actividades apostólicas, por lo que en el año 1910 abrió un primer taller-escuela y en el año 1912 varias escuelas femeninas, dando vida así en el año 1920 – después de haber tenido que afrontar diversas dificultades, incomprensiones y críticas, a la obra de “Los Pequeños Amigos de Jesús”, que se puso como objetivo el ayudar a los necesitados y el acoger y educar adecuadamente a los niños que mostraran una natural inclinación al sacerdocio, a fin de que posteriormente, cumplidos los doce años de edad, poderlos enviar al seminario, donde completaran su formación y afianzaran su vocación eclesiástica.

Fotografía de la Beata.

Fotografía de la Beata.

No todo el mundo, incluso dentro de la Iglesia, consideraba la conveniencia de confiar a las mujeres la educación de los futuros sacerdotes, aunque estas mujeres fueran consagradas, se quejaron de los métodos utilizados diciendo que eran más adecuados para educar y preparar a las niñas para las tareas domésticas y no a futuros sacerdotes que estarían expuestos a la dureza del apostolado; incluso algunos la acusaron de orgullosa por querer asumir esta tarea. Pero ella, a pesar de las presiones y de los rumores, siguió en sus treces, cada vez creció más el número de estudiantes y, ayudada por el nuevo director espiritual Don Perrone, demostró la valía de su método educativo, que era verdaderamente innovador ya que eliminaba los castigos corporales dando especial importancia a la persuasión, al diálogo y a la utilización de un lenguaje más apropiado a la comprensión de los más pequeños. De hecho, los seminarios (incluido el seminario romano) y los noviciados abrieron las puertas a los alumnos preparados por la madre María Teresa, ya que eran una garantía para el siguiente paso educativo. Casi simultáneamente, abrió algunas casas de acogida para los sacerdotes ancianos y necesitados.

Su obra fue erigida canónicamente el día 1 de noviembre de 1916, cambiando su antigua denominación por la actual: “Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús”. Este Instituto fundado por la Madre María Teresa, en la actualidad no solo tiene presencia en Italia, sino también en los Estados Unidos y Brasil, adonde fueron llamadas en el año 1946 para prestar su ayuda asistencial a los sacerdotes en las parroquias y en las llamadas “casas del clero” que es adonde se retiran los sacerdotes ancianos que no tienen familia.

En el año 1926 la madre Teresa sufrió un ataque de parálisis del que no pudo recuperarse. Los médicos le recomendaron que marchara a Grottaferrata, que era un lugar menos húmedo que Roma y Frascati. En realidad, salvo en salidas esporádicas a otras localidades, la labor de la madre se desarrolló en el triángulo formado por estas tres ciudades del Lazio. Sabiendo que este sería su último viaje y que le iba llegando su hora, cansada por tanto trabajo, en el año 1930 se retiró a la casa que la Congregación tenía abierta en Grottaferrata y aunque tuvo que permanecer en cama siguió con la actividad que sus nuevas circunstancias le permitían: las puertas de su habitación siempre estaban abiertas para todos los que necesitasen dialogar con ella, rezaba, escuchaba y, aunque sin pretensiones literarias, escribía cartas y artículos que luego regalaba a las hermanas. Vale la pena destacar “El espíritu del Instituto” y “Mi vida en la mirada divina”, en los cuales señalaba el camino a seguir para ser fieles a la vocación original de su Instituto.

Sepulcro de la Beata en Roma.

Sepulcro de la Beata en Roma.

A principios de 1937 la enfermedad se agravó y cuatro seminaristas romanos que habían estudiado en sus escuelas preparatorias consiguieron permiso para realizarle la última visita. Uno de ellos llamado Cosme Petino le dijo: “Madre, ahora no puede morirse porque tiene que asistir a mi Primera Misa que celebraré el año que viene”. Ella le contestó: “Yo ya no estaré, pero sin embargo, si Dios me lo permite, voy a estar en espíritu junto al altar cuando tu celebres tu Primera Misa”. La noche del 2 de abril, aprovechando una leve mejoría, se confesó muriendo en las primeras horas de la mañana del 3 de abril. Dada la afluencia de fieles que querían despedirse de ella, su cuerpo estuvo expuesto durante tres días, pasados los cuales fue sepultada en la capilla que las “Celadoras del Sagrado Corazón” tenían en el cementerio municipal, aunque sus restos fueron exhumados el 28 de abril de 1949 para ser puestos en la capilla de su Instituto en Grottaferrata, desde donde fue trasladado el 20 de mayo del 1965 a la iglesia anexa a la Casa Generalicia en Roma.

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El proceso ordinario de beatificación se inició en Frascati, en el año 1952 continuando sus trabajos hasta el 1962. El decreto sobre sus escritos fue promulgado el 21 de diciembre de 1968 y la Causa fue introducida en Roma el 26 de enero de 1981. Fue declarada Venerable el 7 de julio del 1997 y la promulgación del decreto reconociendo el milagro previo a la beatificación se realizó el pasado 22 de enero. Hoy es beatificada en la catedral de San Pedro en Frascati, presidiendo la ceremonia el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, cardenal Angelo Amato.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Tanlongo, M., “La Madre María Teresa Casini, fundadora de las Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús”, Roma, 1942.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, apéndice primero”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987.
Positio

Enlace consultado (01/10/2015):
– www.suoreoblate.it

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San Moisés el Etíope, monje mártir de Scete

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Pintura copta del Santo. Fuente: www.st.takla.org

Pintura copta del Santo. Fuente: www.st.takla.org

San Moisés el Etíope es conocido también como San Moisés el Moro o San Moisés el Negro. La historia más reciente del centro monástico de Scete de Ediciones J. Cl. Guy, concluye diciendo que allí existieron tres santos monjes del mismo nombre: Moisés de Scete, Moisés de Calamo y Moisés el Etíope, a los que conocemos gracias a los autores que describieron los recuerdos de sus visitas realizadas a los monjes de Egipto a finales del siglo IV y principios del V, especialmente Paladio de Galacia y Casiano el monje, (J.-Cl Guy, “Le centre monastique de Scété au IV et au début du V siècle, Prosopographie et Histoire”, Roma, 1964). A esto habría que añadir los testimonios de Sozomenos y los de la colección alfabética de los “Apophthegmata Patrum”. O sea, que estas son las fuentes que tenemos para conocer a nuestro santo de hoy.

Así, a Moisés de Scete lo conocemos solo a través de Casiano que, sin embargo, por otra parte, no proporciona ningún elemento hagiográfico preciso, salvo que vivió en Scete entre los años 390 al 400 y que gozaba de gran fama. Casiano, incluso, nos habla de Moisés de Calamo – un desierto cercano al Mar Rojo -, del que dice que su vocación monástica habría sido causada por un motivo similar a la de Moisés el Etíope, o sea, escaparse del mundo para librarse de una condena por asesinato.

Con respecto a Moisés el Etíope tenemos algo más de información gracias a la “Historia Lausiaca” (de Paladio de Galacia), en la que se dice que era natural de Etiopía, negro y muy alto. Había sido esclavo de un patrono que lo había despedido porque lo había cogido realizando pequeños robos y que al quedar en libertad, gracias a su fortaleza física y perspicacia, se convirtió en el cabecilla de una banda de ladrones que operaba a las orillas del Nilo, estando acusado de cometer algunos asesinatos durante sus pillajes. En este relato hay algo que no cuadra, porque si en aquella época un patrono cogía a un esclavo robando, lo normal es que lo castigara o matara y no que lo soltara.

Icono de los santos Moisés e Isidoro. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Icono de los santos Moisés e Isidoro. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Basándonos en esta “Historia Lausiaca”, a título de ejemplo, es interesante recordar la vida “poco edificante” que Moisés llevaba antes de su conversión y por eso mencionemos el episodio que cuenta del pastor del cual Moisés quería vengarse porque le había impedido cometer una fechoría. Esto es lo que cuenta: “Moisés intentaba por todos los medios matar al pastor y habiéndose enterado de que este estaba en la otra orilla del Nilo, se puso la ropa sobre la cabeza y cogió la espada con los dientes para atravesar el río a nado y llegar hasta él. El pastor lo vio venir y se escondió en una cueva y Moisés, no pudiendo hacer lo que pretendía, mató a cuatro de sus mejores carneros, los ató con una cuerda e intentó de nuevo atravesar el Nilo llevándoselos detrás de sí. Una vez alcanzada la orilla, llegó a una aldea, los despellejó y después de haberse comido toda la carne que pudo y haber vendido las pieles para comprar vino, se fue a donde estaba su pandilla, a unas cincuenta millas de distancia”.

Pero en un momento de su vida, quizás huyendo del castigo por sus crímenes, decidió visitar el monasterio de Scete donde estaba de abad San Macario el Grande. Allí, al comprobar la paz monástica y la benevolencia de los monjes, fue tocado por la gracia, se arrepintió de sus crímenes y decidió quedarse con ellos dedicándose a llevar una vida de penitencia y de ascetismo con un ardor superior a la fortaleza que había tenido durante su vida de bandido. Fue tonsurado como monje y fue ordenado de sacerdote por el obispo de Alejandría y después, deseando vivir en una mayor soledad, se retiró al desierto de Petra. Pero como las tentaciones le asaltaban violentamente, se volvió a Scete a visitar a San Isidoro, que lo alentó y le permitió reanudar sus esfuerzos de búsqueda de la perfección pero ejercitando más la virtud de la humildad.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Paladio de Galacia, refiriéndose a la muerte de Moisés, dice que murió con setenta y cinco años de edad teniendo junto a él a setenta y ocho discípulos, pero no hace alusión a la destrucción de este monasterio de Scete por parte de los bárbaros que, según el “Apophthegmata Patrum”, mataron a Moisés porque se había negado a huir cuando estos llegaron. Según J.- Cl. Guy, esta invasión tuvo lugar alrededor del año 407 y no en el año 395, fecha que durante un tiempo ha sido la aceptada por los historiadores. Los hechos ocurrieron así: sabiendo que unos bandidos iban a atacar el monasterio, dijo a los monjes que no rechazaran a los asaltantes, que evitaran cualquier violencia y que se escondieran en un lugar seguro. Mientras, él se quedó con siete discípulos suyos, encontrando la muerte a manos de quienes actuaban cómo él lo había hecho antes de su conversión. Los otros monjes que lo acompañaban también murieron martirizados. La tradición dice que él mismo manifestó que tenían que cumplirse las Escrituras que dicen que: “Quién a hierro mata, a hierro muere” (Mateo, 26, 52).

El “Sinaxario Alejandrino” del obispo Miguel de Atrib y Malig, conmemora a San Moisés el Etíope el día 24 de ba’unah (18 de junio) y la información que le dedica concluye con el martirio sufrido por Moisés y siete de sus discípulos que también se habrían negado a huir ante la invasión de los bárbaros: uno de los siete se escondió detrás de una especie de estera, aunque retomó el coraje cuando vio a un ángel que le esperaba con una corona en las manos. En este mismo texto se dice que el cuerpo del santo descansaba en el monasterio de al-Baramous. La traducción ge’ez del “Sinaxario Alejandrino” conserva esta anotación en el día correspondiente al 24 sane, añadiendo como es habitual, un “salam” de cinco versos en honor de Moisés y de sus compañeros mártires. سلام salām es una palabra árabe que literalmente significa “paz”.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Los sinaxarios bizantinos lo conmemoran el 28 de agosto con una anotación directamente dependiente de Paladio de Galacia, por lo que no hace alusión al martirio, al contrario de lo que hace el “Sinaxario Alejandrino”, que recoge la información del “Apophthegmata Patrum”. En los martirologios medievales de Occidente, San Moisés es un completo desconocido. Sin embargo, el cardenal Baronio, sabiendo que estamos ante un santo de la Iglesia Universal, lo incluyó en el Martirologio Romano el día 28 de agosto. Se le considera como el santo patrono de la “no violencia”. Sus reliquias se encuentran, junto con las de San Isidoro, en el monasterio al-Baramous.

San Moisés el Negro es muy venerado en Egipto ya que tiene fama de taumaturgo. Se cuentan muchos milagros realizados por su intercesión en pleno siglo XX. Yo, a título de ejemplo voy a relatar muy brevemente tres de ellos. Uno: el esposo de la señora Mimi Hanna llevaba dos años padeciendo una hernia de disco, la cual le producía un dolor insoportable que le obligaba a dormir en el suelo o sobre una tabla y que incluso llegó a paralizarle la pierna derecha. La situación empeoraba y los médicos que lo atendían se veían impotentes ante este sufrimiento. La familia estaba desesperada. Un día los visitó un monje que les dio un pequeño icono de San Moisés el Negro. Aquella noche el dolor se intensificó aun más y la familia pidió al santo la curación de su padre. Cuando este finalmente se quedó dormido vio en sueños que estaba en una iglesia y que se le acercaba un sacerdote negro muy alto que le dio la Eucaristía y que con aceite le dio una refriega en la espalda, piernas y pies mientras invocaba a la Santísima Trinidad. Al despertarse a la mañana siguiente contó el sueño a sus hijos y cuando estos se dispusieron a ayudarlo para bajar de la cama, comprobaron estupefactos, que el padre se levantó solo sin ningún tipo de dolor. La familia acudió a su parroquia y contó lo sucedido al párroco.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Otro: en el mes de septiembre de 1996, Abdel Habib Jadallah fue avisado de que su hijo Sameh de catorce años, compitiendo con otros chiquillos de su edad, se había subido a una palmera de unos quince metros de altura de la que cayó fracturándose la base del cráneo. Fue llevado al hospital Bani Mazar y los médicos comprobaron la fractura y una hemorragia craneal, aparte de otras lesiones menos graves. Aunque el chaval estaba en coma, los médicos Ibrahim Hanna Fahim y Essam Fahmy decidieron trasladarlo a El Cairo. Su padre se encomendó a San Moisés y, a pesar de que conocía a todos los sacerdotes de la zona, vio que se le acercó un sacerdote desconocido, de gran estatura. Le dijo que rezara por su hijo que estaba en el hospital al mismo tiempo en el que el sacerdote le dio una palmadita en el hombro diciéndole que no tuviera miedo. Todos los presentes vieron la escena, pero aun así, uno de los presentes fue a buscar un pañuelo que había tocado las reliquias de San Moisés y lo colocó encima de Sameh. A los veinte minutos, el joven salió del coma y bajo el asombro de los médicos, pudo ser tratado, recuperándose completamente, quedando sin secuela alguna.

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Otro: La madre del brigadier Samir Azer Hanna, de setenta años de edad, desde diciembre de 1997 a febrero de 1998, tuvo que recibir sesiones de radiación en su pierna derecha, pero el 17 de febrero, se cayó en su casa y se rompió el cuello de la pierna en la que estaba recibiendo la radiación. Fue evacuada al hospital de las fuerzas armadas, donde la operaron y donde le diagnosticaron que además tenía un cáncer en la glándula tiroides. En el hospital comenzaron a tratarla pero, después de un mes de hospitalización, vieron que no respondía al tratamiento de rehabilitación que hacía dos veces al día. El domingo 21 de marzo, estando caminando dentro del hospital, sintió un dolor terrible y al llevarla al servicio de Rayos X pudieron comprobar que la articulación artificial que le habían implantado se había desplazado tres centímetros y medio. Por recomendación del cirujano que había realizado la operación, el Doctor Mohamed Khairy, le dieron anestesia general para operarla de nuevo. Los médicos avisaron a la familia de que la operación revestía especial gravedad a causa de los problemas cardíacos de la paciente.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

El 22 de marzo, uno de sus hijos fue al monasterio al-Baramous solicitándoles a los monjes un poco de aceite de una de las lámparas que alumbraba el sepulcro de San Moisés. Se marchó de nuevo a El Cairo y ungió la pierna de su madre. La mañana del 24 de marzo, al pasar la revisión médica comprobó que al estirarle el médico la pierna a la paciente, esta no sentía ningún dolor y al hacerle las pruebas médicas pertinentes comprobaron que, inexplicablemente, la pierna estaba completamente curada y que no necesitaba ninguna otra atención médica, ni siquiera para el corazón y tiroides.

Antonio Barrero

Película copta del Santo:

Bibliografía:
– Budge, E.a.W., “El libro de los santos de la Iglesia Etiópica”, Cambridge, 1928
– Casiano, “De institutis coenobiorum”, edic. J.- Cl. Guy, Paris, 1965
– J.-Cl Guy, “Le centre monastique de Scété au IV et au début du V siècle, Prosopographie et Histoire”, Roma, 1964
– Paladio de Galacia: “Historia Lausiaca”, XX edic. C. Butler, Cambridge, 1904.
– Sauget, J.M., “Bibliotheca sanctórum, tomo IX”, Città Nuova Editrice, Roma, 1989.

Enlaces consultados (18/09/2015):
– http://days.pravoslavie.ru/Life/life4535.htm
– www.chjoy.com/vb/showthread.php?t=45261

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa María la Redonda

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Cuadro de Santa María la Redonda conservado en el Museo de América en Madrid, España.

Cuadro de Santa María la Redonda conservado en el Museo de América en Madrid, España.

Pregunta: Hola. He estado buscando información sobre la imagen de la Virgen que adjunto (izqda). Encontré una referencia en el catálogo del Museo de América (Madrid). En él aparece una imagen del s. XVII-XVlll,con el título de “Nuestra Señora de la Asunción; Santa María de la Redonda”. Al parecer el nombre deriva de una talla de Nuestra Señora de la Asunción, la cual está en la iglesia de Santa María de la Redonda (Cd. de México), y por ello en el catálogo la obra tiene ambos nombres. He buscado iconografía de Nuestra Señora de la Asunción y no corresponde con la imagen que adjunto, y la única imagen que sí corresponde es la de Santa María de la Redonda (de acuerdo a la información del Museo de América). Agradeceré información que permita identificar de qué personaje mariano se trata (el adjunto), así como referencias sobre sus características iconográficas; datos relacionados con su historia, advocación, atributos y su aparición en la la pintura en América (periodo virreinal y posterior). Saludos. México

Respuesta: La imagen de Santa María la Redonda por la que preguntas y en la que se basa el cuadro que se encuentra en el Museo de América de Madrid, aunque no lo pareciera el significado de su curioso nombre de “la Redonda” tiene una explicación más sencilla de lo que parece.

Hacia 1524 llegan los primeros doce franciscanos a la recién conquistada ciudad de México por petición del conquistador Hernán Cortés, este grupo de franciscanos estaban al mando de fray Pedro de Gante, quien algunos biógrafos dicen era hijo de Maximiliano I de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano. Fray Pedro de Gante, reconocido como evangelizador y defensor de los indios, vio a bien fundar una capilla dedicada a la Asunción de María, aunque la construcción que actualmente se conserva es del siglo XVII, época en la que se reconstruyó en su totalidad el templo.

 Imagen de la Asunción de María, conocida como "Santa María la Redonda", venerada en su templo en la colonia Guerrero en la ciudad de México. Fotografía cortesía de Tacho de Santa María.

Imagen de la Asunción de María, conocida como “Santa María la Redonda”, venerada en su templo en la colonia Guerrero en la ciudad de México. Fotografía cortesía de Tacho de Santa María.

La imagen de la Asunción que preside el templo se cuenta que, originalmente, el sacerdote Rodrigo de Sequera trajo de España la cabeza y las manos, se las entregó al padre guardián del convento de los franciscanos y este se las mostró a una piadosa noble indígena, quien le pidió se las diera para mandar a esculpirle un cuerpo a la imagen, milagrosamente, al llegar la mujer a su casa con la cabeza y las manos, la estaban esperando tres escultores dispuestos a esculpir un cuerpo para la imagen, los escultores entraron en una habitación y al pasar tres días sin saber de ellos, la mujer entro en la habitación y su sorpresa fue encontrar la imagen de la Asunción terminada tal como la admiramos hoy, y los escultores habían desaparecido milagrosamente, por lo que muchas personas comenzaron a considerarla una imagen milagrosa y le pedían favores.

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La curiosidad es que el templo, en su nave central, tiene una rotonda en forma de octágono, por lo que inmediatamente los indígenas comenzaron a llamarle ”Santa María la Redonda”, por ser el altar en el que estaba la imagen de una forma redondeada, y desde aquí tanto a la imagen como al templo se le quedó este nombre.

Debido a la gran devoción que suscitó la imagen en los primeros años, los franciscanos, cada año en la fiesta de la Asunción, hacían una procesión que iba desde el convento de san Francisco hasta el templo de santa María la Redonda, pero se cuenta que, en una ocasión, los clérigos seculares querían apropiarse del templo y quitárselo a los franciscanos, y decidieron impedir el paso de la procesión, al momento de llegar a mitad del camino los sacerdotes se opusieron a que esta continuara y a empujones tiraron a uno de los franciscanos, quien fue sostenido por el mismo fray Pedro de Gante, la situación fue tal que los indígenas, molestos por no dejar continuar la procesión y por la ofensa hecha a los franciscanos, hicieron escapar a los clérigos seculares tirándoles piedras y puños de tierra, y a parte de entonces ya nunca más hubo quien impidiera la procesión anual de la Asunción.

La rotonda del templo el cual le da nombre a esta advocación de "Santa María la Redonda".

La rotonda del templo el cual le da nombre a esta advocación de “Santa María la Redonda”.

Hay que decir que hace algunos años la imagen original se extravió y la sustituyeron por una de yeso, por suerte hace poco tiempo la imagen fue encontrada nuevamente arrumbada en un templo y se pudo identificar como Santa María la Redonda, la cual fue restaurada y devuelta a su templo original. La imagen antiguamente llevaba una palma en las manos como se muestra en el cuadro del Museo de América, este símbolo es particular de la Asunción y significa el triunfo de María, especialmente en el centro de México es común ver a las imágenes de la Asunción con este símbolo en las manos, aunque curiosamente actualmente la imagen de Santa María la Redonda ya no lo lleva.

Otra curiosidad de este templo es que al estar frente al famoso barrio de Garibaldi de la ciudad de México, es el templo por excelencia de los músicos, por lo que en su interior es venerada Santa Cecilia y cada domingo hay una misa amenizada con mariachis. Espero haber respondido satisfactoriamente a sus preguntas.

André Efrén

Enlaces consultados (20/10/2015):
– www.jornada.unam.mx/2004/07/11/034a1cap.php?origen=opinion.php&fly=2
– http://leyendascoloniales.blogspot.mx/2015/03/el-barrio-de-santa-maria-la-redonda.html

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Virgen de la Naranja de Olocau del Rei

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Imagen de la Virgen de la Naranja, patrona de Olocau del Rei, Castellón (España):

Imagen de la Virgen de la Naranja, patrona de Olocau del Rei, Castellón (España).

No es extraño observar en muchas pinturas o tallas de la Virgen María cómo se encuentran representadas diversas frutas, por lo que el pueblo las ha bautizado con el nombre de la fruta considerada y multiplicándose así las advocaciones marianas. Un caso paradigmático de lo comentado es el de Olocau del Rei, pequeño municipio situado en la parte más occidental de la comarca de Els Ports, cerca de Morella y lindando ya con la provincia de Teruel. Así, en una de las capillas de su iglesia parroquial se venera la imagen de la Virgen de la Naranja, a pesar de que  en esta zona, ni por su altura ni por su climatología, se cultivan naranjos.

La explicación a este misterio es transmitido por tradición oral cuando se cuenta que una familia valenciana llevó a Olocau del Rei un hijo que tenían enfermo, posiblemente tuberculoso, buscando en su aire puro, clima seco, frío y de montaña, junto con sus buenas aguas, la curación del joven. Lograda esta, el padre, que cultivaba naranjos, regaló a la Iglesia de Olocau, en agradecimiento, una talla románica, esculpida en madera que portaba una bola en su mano. La datación de esta ofrece dudas pero se conviene en situarla entre los siglos XIII al XV y de autor desconocido. Es una interesantísima escultura de madera policromada, de un metro de altura, sedente en escaño bajo como muchas de las vírgenes románico-góticas, que tiene al niño Jesús sobre sus rodillas y sostiene en su mano derecha una bola. Como esta bola estaba pintada de un color amarillo-anaranjado, el pueblo siempre la consideró como un cítrico en vez de la tradicional “bola del mundo” que pudo ser la intención de su autor. Este es el motivo por el cual el pueblo la bautizó con el nombre de Virgen de la Naranja aparte del origen valenciano y naranjero del donante. El niño Jesús tiene en su mano, esta vez la izquierda, otra bola pero de tamaño más reducido.

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De entre las peripecias furtivas que sufrió la imagen está sus sucesivos intentos de robo, cosa que parece ser que se consiguió durante la invasión francesa aunque pudo ser recuperada poco después. La imagen se veneraba en una ermita inhóspita de un paraje aislado distante tres kilómetros del pueblo pero, a consecuencia de haberse intentado en 1924 venderla clandestinamente, hoy se le rinde culto en la iglesia parroquial. Durante la guerra civil fue destrozado el altar, pero se salvó la imagen que fue llevada a Castellón donde fue recuperada en 1939 por Manuel Milian Boix, cura párroco de Olocau. Incluso se cuenta en el pueblo que hace ya muchos años, un alcalde vendió la Virgen y el pueblo se sublevó indignado hasta el punto que peligró la integridad física del alcalde, consiguiendo anular la venta. Dicho alcalde tuvo que abandonar el pueblo más tarde debido a las presiones de sus habitantes.

Vista de la minúscula ermita en la montaña.

Vista de la minúscula ermita en la montaña.

La Junta Provincial del Grupo de Agrios solicitó del Ayuntamiento de Olocau en vista de la coincidencia de esta advocación mariana con su fruta, el poder subir al pueblo el segundo lunes del mes de mayo y participar en todos los actos festivos: misa, comida de hermandad etc., conjuntamente con la corporación municipal y las gentes de Olocau. Y así se hizo durante varios años, tras haber tomado el acuerdo de proclamarla patrona de los “naranjeros”. Muchos años después ya resultaba incómodo desplazarse hasta Olocau y, puesto que la imagen no podía sacarse de allí, los naranjeros de la Plana decidieron sacar una copia fiel de la citada escultura y colocarla en un altar lateral de la Basílica de Nuestra Señora del Lledó, patrona de Castellón de la Plana. Obtenidos los permisos, se encargó la realización de la nueva talla al escultor villarrealense José Ortells, costeando el importe de la misma, Luis Sanz Cabrera, exportador de naranjas de Vila-Real, que era en aquel momento el presidente del Sindicato.

La ermita de Nuestra Señora de la Naranja es una pequeña construcción del siglo XIII, situada sobre un cerro casi inaccesible, desde el que se domina visualmente gran parte del término y lugar en el que se debían realizar cultos religiosos antes de la construcción de la ermita. La ermita es de planta rectangular con un porche delantero cerrado por uno de sus lados, y que se apoyaba en un pilar sobre el que descansan dos vigas de madera. Desde él se accede al recinto cerrado de la ermita que es de proporciones cuadradas. Los muros son de mampostería y están revocados y la cubierta es de teja árabe y el alero de losas de piedra.

Salvador

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Santa María de la Purísima, hermana de la Cruz

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Tapiz de la beatificación en Sevilla.

Tapiz de la beatificación en Sevilla.

Se llamaba María Isabel Salvat Romero y había nacido el día 20 de febrero del año 1926 en la zona más noble de la ciudad de Madrid, muy cerca del Parque del Retiro y de la Puerta de Alcalá. En esa misma casa, cincuenta y seis años antes había muerto el célebre poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Era la tercera de un total de ocho hijos, fruto del matrimonio de Ricardo Salvat Albert y Margarita Romero Ferrer, mujer profundamente religiosa. Fue bautizada a los siete días de su nacimiento en la parroquia de la Concepción de la calle Goya y realizó sus estudios primarios y secundarios en el colegio de las Madres Irlandesas de la calle Velázquez. Allí, hizo su Primera Comunión con seis años de edad, el día 24 de mayo del 1932 y según contaba ella misma, desde entonces no había dejado ningún día sin comulgar. Por los datos aportados en este primer párrafo del artículo podemos comprobar que nació en el seno de una familia acomodada, con un alto nivel económico y social y que recibió la mejor educación de la época.

Cuando en el 1936 estalló la Guerra Civil, la familia huyó a la localidad portuguesa de Figueira da Foz, regresando a España al año siguiente e instalándose en San Sebastián, aunque cuando terminó la guerra, regresaron a Madrid. Su adolescencia fue muy feliz y el ambiente donde se movía era muy culto y religioso y ambas cosas se le pegaron porque llegó a ser una mujer muy culta y una santa. Por la foto que publicamos de cuando era adolescente, podemos comprobar que era guapa y elegante, pero además era simpática, muy dulce y nada dada a los chismorreos propios de su edad y ambiente. Constantemente estaba alegre, a todos cautivaba con su bondadosa mirada, era muy querida por sus amigas, acudía a las fiestas que ellas organizaban e incluso llegó a alternar con algún joven conocido de sus padres, pero en su interior maduraba la idea de hacerse religiosa, por lo que también era muy dada a visitar las iglesias y conventos. De esta manera, en el año 1942 tuvo su primer encuentro con las Hermanas de la Cruz, fundadas por la sevillana Santa Ángela de la Cruz Guerrero González, atrayéndole el amor de las hermanas hacia los pobres y los enfermos. Su padre trató de evitar que siguiera el camino religioso, pero ella encontró siempre el apoyo incondicional de su madre.

Foto de la santa en su juventud.

Foto de la santa en su juventud.

El 10 de diciembre del 1943, se consagró a la Virgen recibiendo la medalla de las Hijas de María, al año siguiente finalizó el bachillerato superior y el 8 de diciembre de 1944, con dieciocho años de edad y acompañada por su madre, ingresó como postulante en el convento sevillano de las Hermanas de la Cruz. A su madre le preocupaba dejarla en una Congregación tan austera, pero conforme fue recibiendo las cartas que le enviaba su hija, esa preocupación fue desapareciendo pues sentía la felicidad, la alegría y el gozo que experimentaba María Isabel.

Tomó el hábito religioso el día 9 de junio de 1945 cambiando su nombre de pila por el de María de la Purísima de la Cruz. En el noviciado destacó por su entrega, por su natural talante, por la facilidad con la que vivía la pobreza ella que lo había tenido todo y por su humildad, ya que hacía todo lo posible por pasar desapercibida. Los votos simples los realizó el 27 de junio de 1947 y los perpetuos, el 9 de diciembre del 1952. Ya de religiosa, siempre fue un modelo en el cumplimiento de las Reglas y en la espiritualidad característica de las Hermanas de la Cruz.

Estuvo destinada en Lopera (Jaén), Valladolid, Estepa (Sevilla) y en Villanueva del Río y Minas (Sevilla) y en todos estos destinos desempeñó la responsabilidad de directora del colegio de las hermanas. Donde estuvo destinada, siempre dio ejemplo de las virtudes que caracterizan a las Hermanas de la Cruz: sencillez, espíritu de sacrificio, abnegación, desprendimiento, pobreza y, sobre todo, un gran amor a los pobres y a los enfermos. Como directora de los colegios, no solo se limitaba a la organización interna de los mismos, sino que, aunque procedía de una familia noble, daba ejemplo a las alumnas y hermanas realizando los más bajos servicios de limpieza: era la primera en fregar los aseos y el suelo. Como era normal, ese espíritu se lo contagiaba tanto a unas como a las otras. Pero eso era compaginado con la organización de retiros de oración con las alumnas, con inculcarles el amor a la Eucaristía, a la Santísima Virgen y a los estudios; por eso algunas alumnas comentaban que: “Cuando se está con la Madre María de la Purísima entran ganas de ser buenas”. En los recreos era juguetona y ocurrente, no alborotaba y siempre infundía alegría. Siempre acogía a cualquier niña que acudiera al colegio teniendo alguna dificultad económica o familiar; nunca dejó a ninguna fuera de sus aulas y las cuidaba como una madre cuida a sus hijos, las apoyaba, les daba confianza, especialmente a aquellas que mostraban más dificultades en los estudios, a las que consideraba más débiles o a las que tuvieran alguna minusvalía.

Foto de la santa siendo novicia.

Foto de la santa siendo novicia.

Cuando alguna hermana se equivocaba al decir algo y ella lo sabía con certeza, guardaba silencio, callaba y disimulaba con naturalidad. Era muy austera y muchas veces se le escuchó decir una frase que se hizo famosa: “De lo poco, poco”, llegando al extremo de no permitir utilizar ropa nueva aunque la que tenía estuviera muy deteriorada.

Para ella, los pobres y los enfermos eran “sus señores”. Era atenta hasta el extremo, atendía a cada uno según sus necesidades. Todas las mañanas – como también hacían otras hermanas -, acudía a las casas de las ancianas que vivían solas: las lavaba, curaba, les hacía la comida, les lavaba las ropas, las preparaba con un inmenso cariño y comprensión. Si lo aceptaban, les enseñaba a rezar, a saber sobrellevar la soledad y el dolor y de esa manera, se iba ganando el cariño de todas las personas a las que diariamente trataba. Su generosidad con los pobres llegaba al punto de darles los alimentos destinados a la comunidad con la confianza de que “Dios proveerá para que no nos falte nada”. Quiso vivir y hacer vivir el ideal de Santa Ángela: “Hacerse pobre con los pobres para llevarlos a Cristo”.

En el año 1966 fue elegida maestra de novicias, tres años más tarde fue elegida madre provincial y en el año 1970, tercera consejera general. El 11 de febrero del 1977, fue elegida Madre General, responsabilidad que llevó sobre sus espaldas durante veintidós años, ya que en todos los capítulos era reelegida por unanimidad. Como he dicho, durante toda su vida religiosa siempre se mostró muy austera. Aun siendo la Superiora General, los trabajos más duros se los reservaba para ella, estaba completamente dedicada a los pobres y a los ancianos enfermos, a las niñas de sus colegios y a las religiosas que dependían de ella. Su ideal era vivir y hacer vivir el carisma de Santa Ángela, llevando una vida sencilla y humilde, generosa y entregada.

Encuentro en el Vaticano con San Juan Pablo II.

Encuentro en el Vaticano con San Juan Pablo II.

Como Superiora General asistió en Sevilla a la beatificación de Santa Ángela de la Cruz y siguiendo su espíritu, extendió el Instituto de las Hermanas de la Cruz por España, fundando nuevas casas en las provincias de Huelva y Cádiz, en Puertollano (Ciudad Real), Linares (Jaén), Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y Lugo e incluso una en Reggio Calabria (Italia).

En los últimos días de su vida, cuando la enfermedad la postró en cama, solía decir: “¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!” y en Sevilla murió, con setenta y dos años de edad, el día 31 de octubre del año 1998. Fue sepultada en la cripta de la Casa Madre en Sevilla, en el mismo lugar donde estuvo sepultada Santa Ángela de la Cruz. Desde el día de su beatificación, sus restos se encuentran en una urna de madera junto a la urna de cristal que guarda los restos de la Madre Fundadora.

De Santa María de la Purísima tenemos que destacar su inmenso amor a Dios, especialmente a través de la Eucaristía y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Solía decir que “tenemos muchos, muchísimos motivos para ser felices, pero ninguno es tan fuerte como el saber cuánto nos ama Dios. Si esto lo pensáramos más y nos llegáramos a convencer, ¡qué distinta sería nuestra vida!”. Ese amor a Dios se traducía en una intensa vida interior: “Si tenemos mucha vida interior todos los actos externos los haremos de otra manera, ya que estando más dentro de nosotras mismas casi sin darnos cuenta nos inclinaremos siempre a lo que más agrade al Señor… Necesitamos hacer un esfuerzo por recogernos para, como la Santísima Virgen, retirarnos al interior y conversar con el dulce huésped de nuestra alma”.

Con el paso de Santa
Ángela de la Cruz.

Con el paso de Santa Ángela de la Cruz.

Hay que destacar también en ella el amor a la Santísima Virgen y el encontrarse siempre dispuesta para hacer la voluntad de Dios: “La santidad está en unir nuestra voluntad a la del Señor en todo momento y esto requiere mucha humildad, un gran convencimiento de que el Señor puede hacer de nosotras lo que quiera y a nosotras nos corresponde aceptarlo agradecidas”.

Ese amor a Dios era inseparable de una gran confianza en Él: “Un fiarse plenamente aunque no veamos el final del camino por el que nos conduce” y especialmente era inseparable de la caridad: “Tiene que ser el amor de Dios el que nos impulse a entregarnos a todos los hermanos. Este todos es la prueba del verdadero amor. El amor a los hermanos sólo puede brotar de un verdadero amor al Señor. Defendamos, disculpemos, ayudemos, sirvamos, hagamos siempre el bien. La caridad fraterna es la expresión más convincente del amor de Dios; nadie puede decir que ama a Dios si no ama al hermano… ¡Qué importa cómo actúen los demás conmigo! Da tanta paz el actuar bien con todos. Tenemos que reconocer que nuestro amor a Dios es débil, si débil es también nuestro amor al prójimo, ya que uno sólo es el amor con que amamos, y éste es el amor de Dios; lo demás puede ser un amor natural de simpatía. Ponga mucho amor en todo, es la varita mágica que transforma todas las cosas; de terrenas las hace eternas. Amor en el trato con todos; con espíritu de caridad, de servicio. No podemos olvidar a nuestros hermanos los pobres, a quienes hemos de tratar con especial delicadeza y caridad, no postiza sino nacida de un auténtico amor al Señor. Defendamos, disculpemos, ayudemos, sirvamos, hagamos siempre el bien”.

Urna de las reliquias en la Casa Madre de la Congregación en Sevilla. Al nivel del suelo se encuentra la urna de las reliquias de Santa Ángela de la Cruz.

Urna de las reliquias en la Casa Madre de la Congregación en Sevilla. Al nivel del suelo se encuentra la urna de las reliquias de Santa Ángela de la Cruz.

De Santa María de la Purísima podríamos seguir hablando mucho: oración, celo apostólico, humildad, pobreza… pero inevitablemente el artículo sería demasiado largo y no se trata de eso.

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El proceso diocesano se inició en la archidiócesis de Sevilla el 20 de febrero del año 2004, solo seis años después de su muerte, concluyéndose el 15 de noviembre del mismo año. La Santa Sede validaba todo el proceso el 2 de julio del 2005. Fue declarada Venerable el 17 de enero del año 2009 y reconocido el milagro previo a la beatificación mediante decreto fechado el 27 de marzo del 2010. Fue beatificada en Sevilla el 18 de septiembre del 2010 y el Papa Francisco promulgó el decreto reconociendo el milagro previo a la canonización, el día 5 de mayo de este año. Ayer fue canonizada solemnemente en la Plaza de San Pedro. Como podemos ver, el proceso ha sido muy rápido.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (16/09/2015):
– www.hermandades-de-sevilla.org/madremariadelapurisima/mmp_biografia.html
– www.madremariadelapurisima.es

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