San Moisés el Etíope, monje mártir de Scete

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Pintura copta del Santo. Fuente: www.st.takla.org

Pintura copta del Santo. Fuente: www.st.takla.org

San Moisés el Etíope es conocido también como San Moisés el Moro o San Moisés el Negro. La historia más reciente del centro monástico de Scete de Ediciones J. Cl. Guy, concluye diciendo que allí existieron tres santos monjes del mismo nombre: Moisés de Scete, Moisés de Calamo y Moisés el Etíope, a los que conocemos gracias a los autores que describieron los recuerdos de sus visitas realizadas a los monjes de Egipto a finales del siglo IV y principios del V, especialmente Paladio de Galacia y Casiano el monje, (J.-Cl Guy, “Le centre monastique de Scété au IV et au début du V siècle, Prosopographie et Histoire”, Roma, 1964). A esto habría que añadir los testimonios de Sozomenos y los de la colección alfabética de los “Apophthegmata Patrum”. O sea, que estas son las fuentes que tenemos para conocer a nuestro santo de hoy.

Así, a Moisés de Scete lo conocemos solo a través de Casiano que, sin embargo, por otra parte, no proporciona ningún elemento hagiográfico preciso, salvo que vivió en Scete entre los años 390 al 400 y que gozaba de gran fama. Casiano, incluso, nos habla de Moisés de Calamo – un desierto cercano al Mar Rojo -, del que dice que su vocación monástica habría sido causada por un motivo similar a la de Moisés el Etíope, o sea, escaparse del mundo para librarse de una condena por asesinato.

Con respecto a Moisés el Etíope tenemos algo más de información gracias a la “Historia Lausiaca” (de Paladio de Galacia), en la que se dice que era natural de Etiopía, negro y muy alto. Había sido esclavo de un patrono que lo había despedido porque lo había cogido realizando pequeños robos y que al quedar en libertad, gracias a su fortaleza física y perspicacia, se convirtió en el cabecilla de una banda de ladrones que operaba a las orillas del Nilo, estando acusado de cometer algunos asesinatos durante sus pillajes. En este relato hay algo que no cuadra, porque si en aquella época un patrono cogía a un esclavo robando, lo normal es que lo castigara o matara y no que lo soltara.

Icono de los santos Moisés e Isidoro. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Icono de los santos Moisés e Isidoro. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Basándonos en esta “Historia Lausiaca”, a título de ejemplo, es interesante recordar la vida “poco edificante” que Moisés llevaba antes de su conversión y por eso mencionemos el episodio que cuenta del pastor del cual Moisés quería vengarse porque le había impedido cometer una fechoría. Esto es lo que cuenta: “Moisés intentaba por todos los medios matar al pastor y habiéndose enterado de que este estaba en la otra orilla del Nilo, se puso la ropa sobre la cabeza y cogió la espada con los dientes para atravesar el río a nado y llegar hasta él. El pastor lo vio venir y se escondió en una cueva y Moisés, no pudiendo hacer lo que pretendía, mató a cuatro de sus mejores carneros, los ató con una cuerda e intentó de nuevo atravesar el Nilo llevándoselos detrás de sí. Una vez alcanzada la orilla, llegó a una aldea, los despellejó y después de haberse comido toda la carne que pudo y haber vendido las pieles para comprar vino, se fue a donde estaba su pandilla, a unas cincuenta millas de distancia”.

Pero en un momento de su vida, quizás huyendo del castigo por sus crímenes, decidió visitar el monasterio de Scete donde estaba de abad San Macario el Grande. Allí, al comprobar la paz monástica y la benevolencia de los monjes, fue tocado por la gracia, se arrepintió de sus crímenes y decidió quedarse con ellos dedicándose a llevar una vida de penitencia y de ascetismo con un ardor superior a la fortaleza que había tenido durante su vida de bandido. Fue tonsurado como monje y fue ordenado de sacerdote por el obispo de Alejandría y después, deseando vivir en una mayor soledad, se retiró al desierto de Petra. Pero como las tentaciones le asaltaban violentamente, se volvió a Scete a visitar a San Isidoro, que lo alentó y le permitió reanudar sus esfuerzos de búsqueda de la perfección pero ejercitando más la virtud de la humildad.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Paladio de Galacia, refiriéndose a la muerte de Moisés, dice que murió con setenta y cinco años de edad teniendo junto a él a setenta y ocho discípulos, pero no hace alusión a la destrucción de este monasterio de Scete por parte de los bárbaros que, según el “Apophthegmata Patrum”, mataron a Moisés porque se había negado a huir cuando estos llegaron. Según J.- Cl. Guy, esta invasión tuvo lugar alrededor del año 407 y no en el año 395, fecha que durante un tiempo ha sido la aceptada por los historiadores. Los hechos ocurrieron así: sabiendo que unos bandidos iban a atacar el monasterio, dijo a los monjes que no rechazaran a los asaltantes, que evitaran cualquier violencia y que se escondieran en un lugar seguro. Mientras, él se quedó con siete discípulos suyos, encontrando la muerte a manos de quienes actuaban cómo él lo había hecho antes de su conversión. Los otros monjes que lo acompañaban también murieron martirizados. La tradición dice que él mismo manifestó que tenían que cumplirse las Escrituras que dicen que: “Quién a hierro mata, a hierro muere” (Mateo, 26, 52).

El “Sinaxario Alejandrino” del obispo Miguel de Atrib y Malig, conmemora a San Moisés el Etíope el día 24 de ba’unah (18 de junio) y la información que le dedica concluye con el martirio sufrido por Moisés y siete de sus discípulos que también se habrían negado a huir ante la invasión de los bárbaros: uno de los siete se escondió detrás de una especie de estera, aunque retomó el coraje cuando vio a un ángel que le esperaba con una corona en las manos. En este mismo texto se dice que el cuerpo del santo descansaba en el monasterio de al-Baramous. La traducción ge’ez del “Sinaxario Alejandrino” conserva esta anotación en el día correspondiente al 24 sane, añadiendo como es habitual, un “salam” de cinco versos en honor de Moisés y de sus compañeros mártires. سلام salām es una palabra árabe que literalmente significa “paz”.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Los sinaxarios bizantinos lo conmemoran el 28 de agosto con una anotación directamente dependiente de Paladio de Galacia, por lo que no hace alusión al martirio, al contrario de lo que hace el “Sinaxario Alejandrino”, que recoge la información del “Apophthegmata Patrum”. En los martirologios medievales de Occidente, San Moisés es un completo desconocido. Sin embargo, el cardenal Baronio, sabiendo que estamos ante un santo de la Iglesia Universal, lo incluyó en el Martirologio Romano el día 28 de agosto. Se le considera como el santo patrono de la “no violencia”. Sus reliquias se encuentran, junto con las de San Isidoro, en el monasterio al-Baramous.

San Moisés el Negro es muy venerado en Egipto ya que tiene fama de taumaturgo. Se cuentan muchos milagros realizados por su intercesión en pleno siglo XX. Yo, a título de ejemplo voy a relatar muy brevemente tres de ellos. Uno: el esposo de la señora Mimi Hanna llevaba dos años padeciendo una hernia de disco, la cual le producía un dolor insoportable que le obligaba a dormir en el suelo o sobre una tabla y que incluso llegó a paralizarle la pierna derecha. La situación empeoraba y los médicos que lo atendían se veían impotentes ante este sufrimiento. La familia estaba desesperada. Un día los visitó un monje que les dio un pequeño icono de San Moisés el Negro. Aquella noche el dolor se intensificó aun más y la familia pidió al santo la curación de su padre. Cuando este finalmente se quedó dormido vio en sueños que estaba en una iglesia y que se le acercaba un sacerdote negro muy alto que le dio la Eucaristía y que con aceite le dio una refriega en la espalda, piernas y pies mientras invocaba a la Santísima Trinidad. Al despertarse a la mañana siguiente contó el sueño a sus hijos y cuando estos se dispusieron a ayudarlo para bajar de la cama, comprobaron estupefactos, que el padre se levantó solo sin ningún tipo de dolor. La familia acudió a su parroquia y contó lo sucedido al párroco.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Otro: en el mes de septiembre de 1996, Abdel Habib Jadallah fue avisado de que su hijo Sameh de catorce años, compitiendo con otros chiquillos de su edad, se había subido a una palmera de unos quince metros de altura de la que cayó fracturándose la base del cráneo. Fue llevado al hospital Bani Mazar y los médicos comprobaron la fractura y una hemorragia craneal, aparte de otras lesiones menos graves. Aunque el chaval estaba en coma, los médicos Ibrahim Hanna Fahim y Essam Fahmy decidieron trasladarlo a El Cairo. Su padre se encomendó a San Moisés y, a pesar de que conocía a todos los sacerdotes de la zona, vio que se le acercó un sacerdote desconocido, de gran estatura. Le dijo que rezara por su hijo que estaba en el hospital al mismo tiempo en el que el sacerdote le dio una palmadita en el hombro diciéndole que no tuviera miedo. Todos los presentes vieron la escena, pero aun así, uno de los presentes fue a buscar un pañuelo que había tocado las reliquias de San Moisés y lo colocó encima de Sameh. A los veinte minutos, el joven salió del coma y bajo el asombro de los médicos, pudo ser tratado, recuperándose completamente, quedando sin secuela alguna.

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Otro: La madre del brigadier Samir Azer Hanna, de setenta años de edad, desde diciembre de 1997 a febrero de 1998, tuvo que recibir sesiones de radiación en su pierna derecha, pero el 17 de febrero, se cayó en su casa y se rompió el cuello de la pierna en la que estaba recibiendo la radiación. Fue evacuada al hospital de las fuerzas armadas, donde la operaron y donde le diagnosticaron que además tenía un cáncer en la glándula tiroides. En el hospital comenzaron a tratarla pero, después de un mes de hospitalización, vieron que no respondía al tratamiento de rehabilitación que hacía dos veces al día. El domingo 21 de marzo, estando caminando dentro del hospital, sintió un dolor terrible y al llevarla al servicio de Rayos X pudieron comprobar que la articulación artificial que le habían implantado se había desplazado tres centímetros y medio. Por recomendación del cirujano que había realizado la operación, el Doctor Mohamed Khairy, le dieron anestesia general para operarla de nuevo. Los médicos avisaron a la familia de que la operación revestía especial gravedad a causa de los problemas cardíacos de la paciente.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

Sepulcro de los santos Moisés el Etíope e Isidoro de Scete. Monasterio al-Baramous, Egipto.

El 22 de marzo, uno de sus hijos fue al monasterio al-Baramous solicitándoles a los monjes un poco de aceite de una de las lámparas que alumbraba el sepulcro de San Moisés. Se marchó de nuevo a El Cairo y ungió la pierna de su madre. La mañana del 24 de marzo, al pasar la revisión médica comprobó que al estirarle el médico la pierna a la paciente, esta no sentía ningún dolor y al hacerle las pruebas médicas pertinentes comprobaron que, inexplicablemente, la pierna estaba completamente curada y que no necesitaba ninguna otra atención médica, ni siquiera para el corazón y tiroides.

Antonio Barrero

Película copta del Santo:

Bibliografía:
– Budge, E.a.W., “El libro de los santos de la Iglesia Etiópica”, Cambridge, 1928
– Casiano, “De institutis coenobiorum”, edic. J.- Cl. Guy, Paris, 1965
– J.-Cl Guy, “Le centre monastique de Scété au IV et au début du V siècle, Prosopographie et Histoire”, Roma, 1964
– Paladio de Galacia: “Historia Lausiaca”, XX edic. C. Butler, Cambridge, 1904.
– Sauget, J.M., “Bibliotheca sanctórum, tomo IX”, Città Nuova Editrice, Roma, 1989.

Enlaces consultados (18/09/2015):
– http://days.pravoslavie.ru/Life/life4535.htm
– www.chjoy.com/vb/showthread.php?t=45261

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