Contestando a algunas breves preguntas (XXXVI)

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Santos padres de Santa Teresita y la niña del milagro  llevando sus reliquias.

Santos padres de Santa Teresita y la niña del milagro llevando sus reliquias.

Pregunta: ¿Me podríais decir cual ha sido el milagro que ha llevado a la canonización de los padres de Santa Teresa de Lisieux? Muchísimas gracias desde Chile.

Respuesta: Pues claro que te lo vamos a relatar aunque sea de manera muy sucinta. Una niña llamada Carmen, que nació el día de Santa Teresa de Jesús en el año 2008, durante varias semanas estuvo a punto de morir a causa de una hemorragia cerebral. La madre tuvo un embarazo muy complicado y la niña nació con solo seis meses de gestación, por lo que sus órganos vitales aun no estaban definitivamente formados, o sea, que eran inmaduros. Como es lógico, pronto comenzaron las complicaciones: hemorragia cerebral, doble septicemia y trombopenia. Los padres estaban tremendamente angustiados porque veían que la niña se les iba y que los médicos no podían hacer casi nada ni les daban esperanza alguna. Cada día que pasaba, la niña empeoraba más. Como es lógico, el bebé estaba aislado y durante treinta y cinco días sus padres ni siquiera pudieron acercarse a ella. Los médicos, al ver la angustia de los padres y sabiendo que la niña se moría, permitieron que pudieran acercarse a ella y tocarla.

Los padres solo creían en un milagro y como la niña había nacido el día de Santa Teresa, se acercaron al monasterio carmelita de la localidad valenciana de Serra. Llegaron de noche y como el monasterio estaba cerrado, por el telefonillo le contaron a una monja lo que les estaba ocurriendo y les pidieron que rezaran por la niña. Como el hospital no estaba muy lejos del monasterio, los padres acudieron allí en varias ocasiones para rezar por la niña y fue allí donde conocieron a los padres de Santa Teresita, los cuales habían sido beatificados cuatro días antes de nacer la niña. En el monasterio les dieron unas estampas de los nuevos beatos con una pequeña biografía y una oración. Las monjas les insistieron para que ellos recurrieran a los nuevos beatos, prometiéndoles que ellas también lo harían. Aquella misma noche empezaron a hacerlo y a la mañana siguiente comenzaron una serie de cambios en el estado de salud del bebé.

Fotomontaje con los retratos de los esposos, realizado para su beatificación.

Fotomontaje con los retratos de los esposos, realizado para su beatificación.

La niña comenzó a respirar por sí sola, las infecciones comenzaron a remitir y al tercer día, salió de la UCI, aunque los médicos les dijeron que había que esperar unos años para saber si la hemorragia cerebral le había dejado secuelas. A principios de enero, el mismo día en el que se conmemoraba el nacimiento de Santa Teresita, a la niña le dieron el alta hospitalaria y como dos semanas más tarde las reliquias de los dos beatos fueron traídas a Lérida, ellos se animaron a ir y allí le contaron al postulador de la Causa lo que les había pasado. Pasados unos meses, concretamente en noviembre, los padres recibieron una llamada desde Roma diciéndoles que querían hablar con ellos, conocer a la niña – que ya tenía un añito -, y comprobar su estado de salud ya que veían en la inexplicable curación completa de la niña la posibilidad de que se hubiese producido un milagro.

Los padres fueron a Roma, allí vieron a la niña y recibieron todos los informes médicos que acreditaban la inesperada e inexplicable recuperación de Carmen. Pasados cinco años y medio, el 18 de marzo, en plenas fiestas de las Fallas de Valencia de este año, los padres de Carmen recibieron la confirmación de que la curación de la niña era considerada como un hecho sobrenatural que servía para canonizar a los padres de Santa Teresita. Ellos estaban precisamente en el acto de la ofrenda floral a la Virgen de los Desamparados, sonó el teléfono móvil y les dieron la gran noticia. Podemos imaginarnos la alegría que les invadió y ni que decir tiene, el que ellos y la niña estuvieron en la ceremonia de canonización que, como sabemos, se celebró el día 18 del mes pasado.

Icono ortodoxo griego de San Autónomo.

Icono ortodoxo griego de San Autónomo.

Pregunta: Soy sastre y trabajo como autónomo. He oído decir que existe San Autónomo y la verdad es que me gustaría saber algo sobre este santo. ¿Me podéis ayudar? Gracias.

Respuesta: Pues si que “existe”, aunque tengo que decirte que es un santo mártir totalmente desconocido en los martirologios anteriores al siglo VI. Sus “Actas”, que fueron redactadas en tiempos del emperador Justino (518-527) la verdad es que no merecen mucho crédito. Según estas “Actas”, San Autónomo habría nacido en Italia donde fue consagrado como obispo. Durante la persecución de Diocleciano se refugió en Bitinia, eligiendo como centro de su actividad apostólica una localidad llamada Sorea – localidad que los arqueólogos no han localizado -, y desde ella, mediante continuos viajes, desarrolló una intensa labor por toda el Asia Menor.

De vueltas a Sorea en uno de esos viajes, sufrió allí el martirio, siendo víctima de un grupo de paganos que estaban enfurecidos porque los cristianos habían destruidos a sus ídolos. Se dice que fue asesinado mientras celebraba la Eucaristía, un 12 de septiembre de un año no determinado. En tiempos del emperador Constantino, un cristiano llamado Severiano, construyó una capilla sobre el sepulcro del mártir, capilla que fue derruida, aunque de nuevo reconstruida en tiempos del emperador Justino. El autor de esta “passio” llega a decir que él personalmente había visitado esta capilla y había venerado sus reliquias.

Pregunta: Me perdonáis de nuevo, pero ¿podéis darme alguna información sobre San Libertino, si es cierto que este santo existe? Vaya nombrecito, ¿eh? Gracias.

Respuesta: Pues si que es cierto y, aunque su nombre no deja de ser “rarito” y la verdad es que las noticias históricas que tenemos sobre él habría que ponerlas en entredicho, estamos hablando de un santo obispo de Agrigento. Los datos más antiguos provienen del “Martyrium Sanctorum Peregrini et Libertini”, que es un relato escrito entre los siglos VI-VII solo sobre San Peregrino. En él se dice sin embargo que durante la persecución del emperador Valeriano, un tal Silvano enviado a Agrigento por orden del prefecto Quinciano, informó que “Libertinum episcopum corripi iubet. Non doli, non minae, nihil omissum quo revocaretur a Christo simulacra veneraretur. At Libertinus in aede Sancti Stephani protomartyris per aras Deum laudans oransque spiritum caelo reddidit, nec sine luctu in foro agrigentinorum sepultus”, que traducido, dice: “Mandó arrestar al Obispo Libertino. Engaños, amenazas, nada se omitió para que renegara de Cristo y venerara las imágenes de los dioses. Pero Libertino, en el templo de San Esteban protomártir, alabando a Dios y orando, entregó su alma al cielo y, no sin llanto, fue sepultado en el foro de los agrigentinos”. De este texto podemos deducir que el autor de esta obra sabía que Libertino había muerto en tiempos de Valeriano y que era venerado en la iglesia de San Esteban.

Lienzo de San Libertino de Agrigento ante San Pedro apóstol.

Lienzo de San Libertino de Agrigento ante San Pedro apóstol.

Esta misma noticia aparece en otro escrito del siglo VIII, que es un “encomio” (ya hemos dicho en otra ocasión que un encomio es un escrito de alabanza) en honor de San Marciano de Siracusa. En este escrito, que desde el punto de vista narrativo, depende del “Martyrium sanctórum Peregrini et Libertini” mencionado más arriba, dando un paso más, se llega a afirmar que San Peregrino sufrió el martirio junto con el obispo San Libertino durante la persecución de Valeriano. Pero a pesar de la precisión cronológica de estas dos fuentes, los escritores locales de Agrigento llegan a decir que San Libertino fue un discípulo de San Pedro, o sea, que fue un mártir del siglo I y no del siglo III y así, para hacernos creer la verdad de esta afirmación llegan al absurdo de fabricarse una “bula” firmada por el propio San Pedro nombrando obispo de Agrigento a San Libertino. ¡El colmo del despropósito!

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Concluyendo todo esto, podemos decir que San Libertino quizás pudo ser el primer obispo de Agrigento, pero que no vivió en el siglo I, sino en el III y que su cuerpo era venerado a finales del siglo VI en la iglesia dedicada al protomártir San Esteban – iglesia que sabemos que existía porque así nos lo confirma San Gregorio Magno -, pero del que con toda seguridad, no podemos afirmar nada más. En el año 1624 se construyó una maravillosa iglesia en el lugar en el que, según la tradición, fue martirizado.

Si quieres tener una información más amplia, pero sabiendo que todo hay que ponerlo en “entredicho”, puedes consultar este enlace. Dicho todo esto y, rogándote me perdones la broma, no se te ocurra ponerle este nombrecito a ningún hijo o nieto tuyo, porque el nombre se las trae, jaja.

La Sagrada Eucaristía.

La Sagrada Eucaristía.

Pregunta: ¿Está permitido que un laico en el momento de comulgar, reciba la Hostia Santa y él la introduzca en la Sangre de Cristo y comulgue? No quisiera ser desobediente a mi párroco, pero ya llevamos bastantes discusiones y quisiera tener una confirmación autorizada sobre este tema. Quisiera saber lo que está permitido o no para comulgar correctamente. Agradezco su respuesta y aclaración sobre este tema, que por aquí se está tomando como una costumbre en cada parroquia. Saludos.

Respuesta: La respuesta está clara: NO. La Eucaristía es un don que se recibe, no es algo que uno toma. De hecho los diáconos, en las celebraciones en las que hay algún sacerdote u obispo, también reciben la comunión. Un diácono solo puede tocar la Eucaristía si da la comunión al pueblo o en un acto que sea presidido por él, como por ejemplo, una celebración de la Palabra. Lo mismo un seglar, que puede cogerla directamente si es ministro extraordinario de la comunión y solo en las funciones que le competen, pero nunca, puede darse la comunión a sí mismo. Y además, la Eucaristía en el rito latino, solo puede tomarse bajo las dos Especies en determinadas circunstancias, como por ejemplo, en las bodas.

En las Iglesias Orientales, en las celebraciones presididas por un obispo, incluso los sacerdotes reciben la Eucaristía de manos del obispo. En el blog hemos publicado dos artículos sobre este y otros temas relacionados con la Eucaristía.

Antonio Barrero

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Reflexiones sobre el culto de San Félix en Montepaone (CZ)

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Busto-relicario de San Félix venerado en Montepaone, Italia.

Busto-relicario de San Félix venerado en Montepaone, Italia.

En el sitio web Soverato se lee el siguiente Texto: “Venerado desde hace siglos, San Félix es el patrono de la Comunidad cristiana de Aurunco, antes, Montepaone. El busto nos lo muestra con el libro, la aureola y la palma, que desde el punto de vista iconográfico representan la sabiduría, la fe y el martirio”.

Pero, ¿quién era San Félix? La pregunta es legítima y solicita – para nuestra experiencia de fe y de piedad -, una respuesta que sea plausible desde el punto de vista científico. La larga lista de colinas que partiendo desde Squillace llegan hasta el río Allaro “constituye una extensa área geográfica de asentamientos monásticos, de tipo eremitorio (la laura del Consolino/Stilo) y de tipo cenobítico, en cuyas iglesias se oraba y celebraba con el ritual de la liturgia greco-bizantina.

La eparquía de Calabria se encontraba dentro de las fronteras del Imperio Bizantino y en la primera mitad del siglo VIII (año 740) se sometió al Patriarcado de Constantinopla. Pero también fue en ese momento cuando extalló la exterminadora y feroz persecución “iconoclasta”, que quemaron y profanaron iglesias, reliquias e iconos y como los monjes defendían su teología y su culto, fueron brutalmente obligados a huir llevándose consigo los iconos y las reliquias. La veneración de los restos de los santos mártires había durado cuatro siglos y ahora transmigrando a las costas y montañas de Calabria, la habían convertirlo en una salmodiante y ornamentada “Tebaida”.

Fueron orientales o italo-griegos los santos venerados en el área de la diócesis de Squilace: San Agacio (Squilace), San Gregorio (Staletti), San Pantaleón (Montauro), los santos médicos (Satriano), San Sostenes (San Sostene), San Andrés (Sant’Andrea sullo Ionio), Santa Catalina virgen mártir (Santa Caterina sullo Ionio), San Juan Terista, San Ambrosio y San Nicolás (Stilo), San Nicolás (Camini), los santos médicos (Riace) y San Basilio mártir (Placanica). Desde tiempos antiquísimos, en Montepaone y en Gasperina fueron venerados San Félix y San Inocencio, con los mismos motivos iconográficos y la custodia de sus reliquias compartieron también su historia. Nuestra convicción personal, más que una hipótesis, es que se trata de santos orientales, como los santos antes mencionados de las localidades vecinas.

Busto-relicario de San Inocencio, diácono y mártir venerado en Gasperina, Italia.

Busto-relicario de San Inocencio, diácono y mártir venerado en Gasperina, Italia.

Los nombres de Félix e Inocencio aparecen en algunos “sinaxarios bizantinos” en uno de los cuales tenemos la historia de la elección de la vida de cinco jóvenes atenienses, que decidieron dejar las riquezas y el estatus social a fin de hacer penitencia en Apolonia, un lugar solitario no muy lejos de Atenas. Estamos en el siglo III y la furia y percución hacia los cristianos estaba extendida por todo el Imperio. Estos cinco jóvenes se llamaban Isaurico, Jeremías, Peregrino, Inocencio y Félix, a los cuales, cuando llegaron a la ciudad les instaron en vano a que apostataran y como no lo hicieron, sufrieron el martirio. Unas manos piadosas recogieron sus restos mortales, los guardaron y los veneraron. Pero en los momentos de la oscura y aterradora persecución iconoclasta, unos monjes devotos se los llevaron a las costas de Calabria y allí creció su renovado culto proclamándolos patronos de nuestras comunidades. En este clima de heroico ascetismo, en la parte superior de las casuchas de Aurunco, surgió el prestigioso monasterio griego de “San Nicolás en el Río”, que se fue enriqueciendo con muros y arcos. Y allí, en esta vida ascética luminosa, surgió nuestro San Basilio Scamardi”. (Don Mario Squillace “1927 – 1992”, editado por Mario Pitaro).

A lo cual, yo respondo: “Venerados durante siglos…, exaltan la sabiduría, la fe y el martirio. En su iconografía, el libro no habla de la Sabiduría del santo, en todo caso, dice que es un testimonio de la Palabra, del Verbo encarnado, siendo anunciadora en palabras y obras del Señor Jesús, la Sabiduría Eterna encarnada. Un ejemplo lo encontramos en San Sostene (Cosenza) para la iconografía de San Roque. En un estudio sobre el caso, se dice: “El Libro, presente de manera particular en la estatua de San Sostene (CZ), recuerda la capacidad del Santo para entrar en la escuela de Cristo, el Jesús de los Evangelios. Es un símbolo del cristiano, que obtiene su verdad es las Sagradas Escrituras”. Pero, ¿era San Félix?…. San Basilio M. (Placanica).

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Tal como está escrito tiene sentido, pero surge la pregunta: ¿Quién, realmente, llevó la reliquia?, ¿Existen documentos? ¿Se puede suponer que son simplemente los huesos de un mártir llamado Félix y no atribuibles a ningún mártir del Martirologio o de los Sinaxarios? ¿Qué se ha venerado durante siglos en aquel busto?. Asimismo, en Montauro existe un busto de San Alejandro, pero ¿quién es? ¿un mártir, simplemente un mártir no identificable? O quizás sea algo parecido a las reliquias de San Victor veneradas en Davoli, las cuales llegaron allí desde Roma. ¿Quizás un testigo desconocido de la fe en la Roma de los primeros cuatro siglos, que sirvió para apoyar el culto ya presente del Mártir de Marsella?

Procesión con el busto de San Justo, mártir, en Palermiti (Italia).

Procesión con el busto de San Justo, mártir, en Palermiti (Italia).

“DESDE TIEMPOS ANTIQUISIMOS, EN MONTEPAONE Y EN GASPERINA SON VENERADOS SAN FELIX Y SAN INOCENCIO, CON IDENTICOS MOTIVOS ICONOGRAFICOS, IGUALES – EN EL PECHO – QUE ES LA CUSTODIA DE LAS RELIQUIAS Y CON UNA HISTORIA COMÚN. Este estilo iconográfico no puede ser tomado como criterio hagiográfico, no debe mencionarse juntos a San Alejandro venerado en Montauro y a San Justo, protector de Palermiti.

Es cierto que en Calabria tenía presencia los cultos orientales, asi como en Puglia, Sicilia, etc., pero sin embargo, esta superposición de identidades debido a sus nombres, es arriesgada. De hecho, el santo patrono mártir de Gasperina, según la hagiografía, es representado como un diácono compañero de martirio del papa San Sixto en Roma. La mayoría de estos santos mencionados como mártires orientales, también están incluidos en el Martirologio Romano el día 17 de junio con el siguiente texto: “En Pojani de macedonia, en la actual Albania, los santos Isauro, Inocencio, Félix, Ermia, Peregrino y Basilio mártires”. (Edición del año 2001). Entonces, ¿cómo se puede decir que el diácono de Gasperina sea compañero de martirio del “soldado” de Montepaone? Estos son supuestos arriesgados, fantasía nacida de la homonimia. Entonces, ¿por qué un soldado? Tal vez sea porque la iconografía clásica de los mártires los hace simplemente “soldados de Cristo”.

Yo creo que la solución pasa por saber cual es el origen de la reliquia que hasta el día de hoy se venera en este simulacro. Quizás sea uno de aquel grupo de mártires macedonios; tal vez, pero no porque haya un homónimo cercano llamado Inocencio, sino porque ha sido venerado durante tantos siglos. ¿Sus reliquias provienen realmente de Oriente? ¿Puede suponerse también que provengan de Roma en época más reciente (del 1600 en adelante?

Procesión con el busto-relicario de San Félix en Montepaone, Italia.

Procesión con el busto-relicario de San Félix en Montepaone, Italia.

Concluyo con una anécdota popular que me contaba mi abuelo. Me decía que algunos santos venerados en la costa del Mar Jónico eran hermanos – no me decía los nombres -, pero solo posteriormente, después de crecer, me di cuenta que el relato popular tuvo su chispa de historicidad en el hecho de que en Isca sullo Jonio se veneraba a San Marcial, uno de los siete hijos de Santa Felícitas, matrona y mártir romana, por lo que la historia popular era una falsa historia, una relectura de la realidad a través de lo que realmente se conocía de San Marcial.

Juego de fantasía… Tres municipios de la costa jónica veneraban a tres santos: Marcial (patrono de Isca sullo Ionio), Alejandro (copatrono de Matauro) y Félix (patrono de Montepaone). Tres nombres y tres localidades. Y los tres nombres están presentes en los susodichos Siete hermanos, hijos de Santa Felícitas. Así lo dice el Martirologio Romano: “En Roma, los santos mártires Félix y Felipe en el cementerio de Priscila, Vidal, Marcial y Alejandro en el de Giordani, Silano en el de Máximo y Jenaro, en el de Pretextato: su memoria conjunto alegra a la Iglesia de Roma glorificada en un día con tantos triunfos, porque de tanta riqueza de ejemplos se consigue el apoyo de su abundante intercesión”.

¿Quienes son? La respuesta es en realidad una pregunta: ¿donde están las reliquias? ¿Qué se venera hasta hoy en aquella escultura o simulacro? ¿Es posible que nuestros antepasados no nos dijeran nada y ahora tenemos que embarcarnos en fantasías hagiográficas que se las lleva el viento? Ciertamente, San Inocencio y San Félix no tienen nada que ver entre si; esto es cierto y así está establecido. Se puede conseguir un poco de luz en la respuesta a las preguntas anteriores.

Damiano Grenci

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San Galdino de la Sala, cardenal-arzobispo de Milán

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El Santo ante la Virgen y el Niño.

El Santo ante la Virgen y el Niño.

Introducción
La Archidiócesis de Milán considera a San Bernabé apóstol como su fundador y como su primer obispo. En la historia de esta Iglesia particular podemos hallar en sus registros alrededor de dos docenas de obispos que han sido elevados al honor de los altares más otros dos beatos o incluso tres si se considera a Juan Bautista Monitini, hoy Beato Pablo VI. Entre esta pléyade de Santos hay unos con más fama que otros, algunos, como en el presente caso, tuvieron un momento de alta estima que ahora ha menguado. Este artículo trata de San Galdino Sala, digno de ser recordado por su obra eclesiástica, pastoral y social.

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Biografía
El nombre de Galdino proviene de francés: Gaudín, que a su vez deriva del alemán Waltán, cuyo significado es dominar o reinar. San Galdino tiene sus orígenes con muchos datos desconocidos, siendo seguro decir que nació en los primeros años del siglo XII y que vio la luz primera en Milán, ciudad a la que está indeleblemente unido. Algunos aducen que nació en el año 1100 en Zelo Surrigone, siendo miembro de la familia noble de los Valvare o Valvarassi de la Sala. Casi no sabemos nada de su infancia, hacia los años 1134 y 1146 lo hallamos como canciller y luego archidiácono respectivamente bajo los pontificados de los arzobispos Ribaldo y Huberto, precisamente en tiempos del emperador Federico I Barbarroja, que tuvo enfrentamientos con el papado.

Federico había nombrado tres antipapas sucesivamente: Víctor IV, Pascual III y Calixto III; entre los opositores a este procedimiento se encontraba precisamente el arzobispo Huberto junto con su asistente Galdino, quienes permanecieron fieles al Papa legítimo: Alejandro III. Por eso, el arzobispo y el arcediano tuvieron que abandonar la sede episcopal luego de que el primero excomulgara a Federico I por considerarlo causante del cisma. En 1162 Milán será arrasada por las tropas imperiales como represalia y por ello ambos personajes vivirán en el exilio en Génova y luego en Francia.

Como reconocimiento a su lealtad, en noviembre de 1165 el Papa Alejandro III nombró a Galdino como cardenal de la Santa Romana Iglesia con el título de Cardenal Presbítero de Santa Sabina y a la muerte del arzobispo Huberto de Pirovano, en el año de 1166, lo nombró sucesor del mismo y él mismo lo consagró como obispo. San Galdino conservó su título cardenalicio al que unirá su ministerio episcopal, convirtiéndose así en el primer cardenal-arzobispo de la iglesia mediolanense y también el primero de la historia de la Iglesia Católica. Tomó posesión de su sede el 5 de septiembre de 1167, teniendo que entrar a su sede, disfrazado de peregrino y hallando su ciudad en ruinas.

Reliquias del Santo.

Reliquias del Santo.

Inmediatamente inicia la pacificación de los ciudadanos del emperador y del antipapa, comienza a promover la reconstrucción material de la urbe y como pastor, dedicará tiempo para buscar la salvación de las almas. Logró atraer a toda la provincia de Lombardía a la fidelidad con el legítimo Papa Alejandro III; planifica la atención de los pobres multiplicados entonces por tantos avatares sociales. Hizo grabar a sus colaboradores un letrero que decía: “vosotros estais aquí solo para servir a los pobres”. Tendrá una atención especial con los prisioneros a causa de sus deudas; otra sentencia suya con este mismo espíritu es: “Arranquen el patrimonio de la Iglesia de las fauces de los saqueadores”.

Con la ayuda de un grupo de mujeres que lograron conservar las pocas joyas que quedaron a salvo de Federico I Barbarroja, las cuales donaron para la causa, logró pagar los gastos para restaurar la catedral, desde donde solemnizará las liturgias, enseñará la oración y promoverá el canto para gloria de Dios y bien de sus fieles. De él dirá el breviario mediolanense: “Galdinus fuit Pontifex, benignus mitis, humilis hic et virtutum artifex, pius, prudens, affabilis” (Galdino fue un pontífice benigno, amable, humilde y artífice de virtudes, piadoso, prudente, afable). Nueve años de fecundo episcopado conoció Milán bajo su ministerio, cuyo tiempo se distribuyó en reconstruir no solo los edificios, sino en curar a las almas. También luchó contra la herejía cátara, muriendo de hecho en el púlpito de la iglesia de Santa Tecla durante un sermón contra esta desviación un día 18 de abril de 1176. El mismo Papa Alejandro III lo canonizó, disponiendo que su fiesta se celebrara en el aniversario de su nacimiento al cielo. Sus restos mortales están sepultados en la catedral de Milán.

Detalle de las reliquias del Santo.

Detalle de las reliquias del Santo.

Galdino fue enérgico y lleno de caridad, atento siempre al necesitado, se le recuerda como distribuidor de pan para los pobres y los encarcelados, por eso su recuerdo está ligado a las prisiones de Milán. Su corazón estuvo lleno de misericordia, pues no solo reconstruyó la Catedral y otros edificios, sino que proveyó que el cuerpo místico de Cristo, sobre todo en los pobres, además de alimento, tuvieran acceso a los servicios sanitarios y proveyendo de la atención material y espiritual de los presos.

Él fue un hombre de Iglesia, incondicional del Papado, logró mover de su circunscripción eclesiástica a los obispos cismáticos, a los cuales sustituyó por hombres obedientes al magisterio y al Papa. En 1168 contribuyó a la fundación de Alessandría, llamándola así en honor del Papa de su incondicional sujeción, logrando que en el año de 1176, el de su muerte, se convirtiera en sede episcopal sufragánea. En el desarrollo de su archidiócesis puso en lugares estratégicos a eclesiásticos con orientación político religiosa correcta. Recto en la fe, fue su claro expositor y guardián; cuidando de combatir la doctrina cátara, procuró iniciativas pastorales y de formación del clero para que estuvieran al nivel de las necesidades espirituales de su rebaño.

Detalle del rostro del Santo en un lienzo-retrato.

Detalle del rostro del Santo en un lienzo-retrato.

Una nota oscurece su culto y es que en un tiempo se receló de su culto bajo el gobierno austriaco de los Hambsurgo por considerarlo exponente de la lucha contra el Imperio. Una anécdota al respecto dice que en septiembre de 1847 tomó posesión de Milán el arzobispo Bartolomé Romilli, italiano él. Su recepción y aceptación contrastó con su antecesor, un austriaco. A su paso se levantaron tres arcos triunfales, dedicados cada uno a San Ambrosio, a San Carlos Borromeo y San Galdino, cada uno con un mensaje específico. El de San Galdino desapareció por orden del gobierno, que lo consideró insinuante y acusativo.

Milán debe su reconstrucción material y espiritual a San Galdino, por ello mucho tiempo se le consideró como copatrono de la ciudad; fue San Carlos Borromeo quien con su trabajo terminó por ocupar un lugar preferente, atenuando así la figura de su antecesor. Sin embargo, su nombre todavía es el referente de muchas instituciones porque sin duda, su vida es uno de los astros más brillantes del santoral de Italia.

Humberto

Bibliografía
– VVAA, Año Cristiano IV abril, Editorial BAC, Madrid, 2003, pp. 374-380.

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San Agapito I, papa

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Medallón del Santo en la galería de los Papas. Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Medallón del Santo en la galería de los Papas. Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Introducción
En la Sede de San Pedro se han sentado hombres cuyo ministerio ha dejado huella en la historia. La mayoría de las veces un programa de trabajo necesita de tiempo para dejar entrever resultados, sin embargo, puede haber excepciones como en el caso presente de San Agapito I, que gobernó a la Iglesia apenas once meses, un breve espacio de tiempo que pese a sus limitaciones, fue fecundo en actos eclesiales.

Biografía
El Martirologio Romano, en el 22 de abril, día de su fiesta hace este elogio: “En Constantinopla, nacimiento
para el cielo de San Agapito I, papa, que trabajó enérgicamente para que los obispos fuesen elegidos libremente por el clero de la ciudad y se respetase la dignidad de la Iglesia. Enviado a Constantinopla por Teodorico, rey de los ostrogodos, ante el emperador Justiniano confesó la fe ortodoxa, ordenó a Menas como obispo de aquella ciudad y descansó en paz”
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San Agapito I ocupa el lugar número 57 entre los Papas, siendo elegido como tal el 13 de mayo del 535 y murió el 22 de abril del 536; fue romano de nacimiento y se dice que emparentado con la familia de los Anicios, dato que algunos consideran como pura ornamentación hagiográfica. Entre sus antecesores hay un familiar que también fue Papa: San Félix II (III) y entre sus descendientes otro: San Gregorio I Magno, quien en su “Libro de los Diálogos” hace referencia sobre su vida y milagros. Su padre se llamaba Gordiano y era presbítero de la Basílica de los Santos Juan y Pablo en el Monte Celio, quien murió asesinado por los seguidores del antipapa Lorenzo, opositor del Papa San Símmaco.

No abundan datos de él anteriores a su elección pontificia, si se sabe que fue arcediano de la Iglesia de Roma, siendo un hombre de extraordinaria cultura, versado en la Patrística, con una biblioteca muy nutrida en su casa; junto con Casiodoro tuvo el proyecto de abrir en Roma una escuela superior de teología, pero el proyecto no prosperó. La consideración que tenía por su buena fama, lo hizo candidato a ocupar la Sede Petrina a la muerte del Papa Juan II por una facción de clérigos seguidores de Dióscoro, quien también había sido antipapa por una clara postura contra el Papa Bonifacio II, que fue designado sucesor en el Papado por el propio Papa San Félix III (IV), siendo su candidatura una opción para evitar confrontaciones entre los grupos clericales de Roma (góticos y bizantinos).

Relicario del cráneo del Santo en Matera, Italia.

Relicario del cráneo del Santo en Matera, Italia.

Uno de los primeros actos que hizo como Papa, fue rehabilitar la memoria de Dióscoro, fallecido pasados tres meses de su polémica elección y cuyos seguidores fueron obligados a hacer un acto de fidelidad al Papa Bonifacio II. En asamblea con el clero romano, tomó entre sus manos la condena que 60 sacerdotes habían suscito contra Dioscóro y luego la arrojó al fuego, signo que además de reparar su memoria, era un aviso de que él no veía con buenos ojos que el Papa de turno nombrara a su sucesor, restaurando así la costumbre de que el clero romano debía ser quién determinara al que debiera ocupar ese puesto.

Inmediatamente encaró un problema político para el que se pidió su intervención: tratar de que Justiniano renunciara a su proyecto de someter a Italia a la jurisdicción de Bizancio, proyecto realizado por el general Belisario contra el rey godo Teodorico. Así se dirigió a la capital del imperio: Constantinopla. El Santo sabía muy bien que su misión no era tanto política o militar como espiritual, en la que obtendría más frutos para el bien de la ortodoxia y la Iglesia. Encabezó esta misión diplomática obteniendo el dinero para abonar los gastos mediante el empeño de los vasos sagrados, que luego recuperó de manera gratuita para no gastar un dinero que consideraba de los más pobres. Salió desde el puerto de Siponto en enero de 536, luego de visitar la iglesia de San Miguel en el monte Gárgano para implorar la protección del santo arcángel en tan arriesgado viaje. Según San Gregorio Magno, en el barco, durante la travesía, curó a un hombre tullido. Llegó a la capital imperial un 2 de febrero, siendo recibido entonces con grandes muestras de afecto y veneración, tan triunfalmente como antes había sido recibido San Juan I.

Detalle del Santo en una ilustración para el Prólogo de Ochrid.

Detalle del Santo en una ilustración para el Prólogo de Ochrid.

Su misión diplomática no tuvo éxito, pues Justiniano no quiso dar marcha atrás en sus órdenes. En cambio fue fructífera por su intervención en contra del monofisismo, herejía de la que era adepto el Patriarca Antimo y cuyo ministerio se debía a las intrigas de la emperatriz Teodora. Al llegar a la ciudad y percatarse de estas circunstancias, no quiso entrar en comunión con el Patriarca si este no confesaba la doctrina del Concilio de Calcedonia sobre las dos naturalezas de Cristo. Como éste no aceptó la propuesta, el Papa trasladó el asunto al emperador y finalmente el Patriarca fue depuesto a instancias de San Agapito. Este acto de autoridad pontificia, acatado por Justiniano, se extendió a la elección y consagración del nuevo Obispo de Constantinopla, recayendo la responsabilidad en el monje Menas de Alejandría. Era la primera vez que una iglesia oriental recibía a un obispo consagrado por el Papa de Roma.

Entre otras actividades, el Papa San Agapito convocó un concilio para condenar al depuesto Antimo y encabezó una petición hecha por algunos monasterios de Constantinopla, Siria y de Palestina para que el emperador expulsara de Constantinopla al grupo de monofisitas, pero el Papa enfermó entonces gravemente y murió en esa ciudad, que quedó hondamente consternada, recibiendo solemnes funerales como no se habían hecho con algún obispo o emperador. Sus restos, colocados en una caja de plomo, fueron devueltos a Roma, siendo depositados en la Basílica de San Pedro de Roma el 17 de septiembre de 536.

San Agapito también es recordado por su actitud respetuosa de los cánones y de las tradiciones. Existen documentos que refieren su manera de regular asuntos eclesiásticos de diversos asuntos, como cuando aceptó la apelación de Contumelioso, obispo de Riez, condenado por un sínodo de obispos presidido por San Cesáreo de Arlés, condena que hizo revisar y que luego confirmó su sentencia. A este mismo Santo le prohibió que distribuyera los bienes de su iglesia en favor de los pobres, invocando que los cánones vetaban la faculta de enajenar los bienes para entregar su usufructo a los pobres.

Cuando Belisario conquistó el norte de África, al tomar Cartago sin dificultades, Justiniano devolvió las iglesias a los católicos, pero pretendió dejar al frente de las diócesis a obispos arrianos. San Agapito intervino en este asunto para dejar en claro que este punto era inadmisible y recalcó entonces la costumbre de que a los conversos se les podía recibir en el seno de la Iglesia, pero que no podían acceder a puestos de gobierno dentro de la misma. A los obispos de Cartago les notificó que si un clérigo africano era acogido por la Iglesia de Roma, éste debería portar documentación precia y legítima para su incardinación.

Por medio de esta documentación y otros testimonios se puede conocer su personalidad: San Agapito era dulce y comprensivo al momento de curar la heridas de la disensión, pero firme y enérgico cuando había que defender el primado romano y luchar contra la heterodoxia de aquellos tiempos. Su breve pontificado puede considerarse como una anécdota dentro de la historia de la Iglesia, pero si valoramos la intensidad y la importancia de sus intervenciones, fue útil para la purificación de la doctrina y para la unidad de la Iglesia. Efímero en el tiempo según el calendario, más no irrelevante por su protagonismo, porque por esto fue conocido y admirado por la cristiandad y por ello fue proclamado como santo.

Humberto

Bibliografía:
– VVAA, Año Cristiano IV abril, editorial BAC, Madrid, 2003, pp. 464-470.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos Federico de Berga y veinticinco compañeros capuchinos mártires

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Foto de los beatos Federico de Berga y Modesto de Mieres.

Foto de los beatos Federico de Berga y Modesto de Mieres.

Hoy son beatificados en la catedral de Barcelona y si queremos hablar mínimamente de cada uno de ellos, este artículo ha de ser más largo de lo habitual. Durante el Capítulo Provincial de los capuchinos de Barcelona, celebrado del 13 al 16 de julio de 1936 se habló de la posibilidad de que estallase algún tipo de revuelta, con incendios de iglesias y asesinatos de sacerdotes, como había sucedido ya en otros lugares, así que se buscó el modo de poner a salvo en casa de amigos los vasos litúrgicos, reliquias y los ornamentos sagrados. Cada convento, además, tenía una lista de personas cercanas a los frailes, dispuestas a acogerlos, de manera que, al iniciarse la persecución, inmediatamente después del estallido de la guerra civil, los frailes se dispersaron y fueron acogidos por los familiares y por los amigos. Los lugares donde los frailes encontraron refugio, podían dar seguridad por algunos días o a lo más por alguna semana, ya que así se pensaba que pudiera durar la revuelta y no ciertamente por dos años y medio que era cuanto iba a durar la clandestinidad, la persecución y la caza a quien fuera sacerdote o religioso.

No fueron las autoridades de la República quienes persiguieron a los religiosos. En aquellos primeros meses de guerra, la retaguardia republicana permaneció bajo el poder de los comités revolucionarios anárquicos, que se hicieron dueños de la calle sin que nadie se lo impidiese. Los frailes capuchinos, en general, habían mantenido siempre una actitud dialogante con la República. Además, en Cataluña eran particularmente queridos por su sintonía con “la Renaixença”, el movimiento de redescubrimiento y revalorización de la identidad catalana de finales del siglo. XIX y de principios del XX. Sin embargo, precisamente esto constituyó un agravante para algunos revolucionarios, los cuales consideraban la misma República y el amor a la propia tierra y cultura como características burguesas que debían ser erradicadas como la religión. Pero la persecución no fue simplemente obra de personas no controladas. Había instrucciones bien precisas para buscar y suprimir a los religiosos. Se hicieron pesquisas en muchas casas privadas y algunos de estos mártires tuvieron que huir de una a otra casa, sin poder hallar un refugio seguro. Vamos a describir brevemente la biografía de cada uno de ellos.

Beato Zacarías de Llorenç.

Beato Zacarías de Llorenç.

Beato Federico de Berga (Martín Tarrés Puigpelat)
Nació el 8 de octubre de 1877. Vistió el hábito capuchino el 21 de noviembre de 1986 en el noviciado de Arenys de Mar. Terminados los estudios fue ordenado de sacerdote el 24 de junio de 1901. Ejerció diversos cargos en la Provincia: definidor provincial, superior regular, visitador provincial de Centro América y ministro provincial. Hay que remarcar que durante toda su vida se dedicó a predicar siendo uno de los predicadores más apreciados de su tiempo. La revolución le sorprendió siendo guardián del convento de Arenys de Mar. Fue detenido en Barcelona – en el domicilio que le había dado refugio -, el 16 de febrero de 1937. Preguntado sobre su identidad confesó sin ambages que era sacerdote. Fue asesinado la noche del 16 al 17 de febrero de 1937.

Beato Modesto de Mieres (Juan Bover Teixidor)
Nació en el pueblecito de Mieres en la provincia de Girona, el día 8 de junio de 1876. Curso estudios de humanidades, filosofía y teología en el seminario diocesano de Girona. Interrumpió los estudios poco antes de terminar la carrera. Vistió el hábito capuchino el 20 de junio de 1899, siendo ordenado de sacerdote el 20 de julio de 1902, después de haber hecho dos cursos de moral. Durante el resto de su vida se dedicó a enseñar teología. Escribió gran número de artículos, fruto de su investigación, en la revista Estudios Franciscanos y en otras publicaciones de prestigio Como cargos ejerció de definidor provincial y segundo custodio provincial. Era un religioso de profunda oración, amable, bondadoso y comprensivo con los estudiantes. El 20 de julio de 1936 abandonó forzosamente el convento de Sarrià y se refugió junto con fray Ángel de Ferreries en una casa vecina al convento. Allí fue detenido e interrogado por los patrulleros y confesó su condición de sacerdote, firmando así su sentencia de muerte, ejecutada en las afueras de Sarrià el 28 de julio de 1936.

Beato Remigio del Papiol.

Beato Remigio del Papiol.

Beato Zacarías de Llorenç (Sebastián Sonet Romeu)
Nació el 4 de junio de 1884, entró el noviciado de Arenys de Mar, vistiendo el hábito capuchino el día 25 de junio de 1899, profesando el 26 de julio del año siguiente. Cursados los estudios filosóficos en Olot y tras una breve estancia en el convento de Manresa, pasó al Comisariato de Pasto donde estudió teología. Fue ordenado de presbítero en Bogotá el 31 de marzo de 1907 y al poco tiempo regresó a la Provincia, donde durante unos pocos años fue profesor de patrología y de historia de la iglesia. Estuvo destinado en diversos conventos y se prestó siempre con alegría a las múltiples ocupaciones ministeriales. Como predicador popular incansable buscó el provecho de los oyentes y no el aplauso humano. Sus ideas expuestas con claridad, fruto de su preparación, eran comprendidas por cultos e ignorantes. Dejó varios escritos de carácter piadoso e histórico. La revolución sorprendió al padre Zacarías en el convento barcelonés de l’Ajuda. El 25 de agosto de 1936, el padre Zacarías, pasada la medianoche, fue asesinado por los anarquistas, junto a la pared del hospital Francés, única y exclusivamente por haber rezado en la Plaza de Cataluña y ser religioso.

Beato Remigio del Papiol (Esteban Santacana Armengol)
Nació el 20 de septiembre de 1885. Siendo muy joven sintió la llamada del Señor por lo que estudió humanidades en el seminario diocesano de Barcelona. Conoció a los capuchinos y admirado por su porte austero y espíritu misional pidió la admisión. Vistió el sayal franciscano el día 1 de octubre de 1901, profesando temporalmente al año siguiente y solemnemente el 4 de octubre de 1905. La ordenación sacerdotal la recibió en Arenys de Mar el 5 de junio de 1909. Recién acabada la carrera fue enviado a la misión de Filipinas, después pasó a Bluefields (Nicaragua), y a Costa Rica. En 1921 regresó a la Provincia donde residió una breve temporada y fue elegido maestro de novicios. Su regreso definitivo a la Provincia fue el 15 de octubre de 1927. Con ocasión del capítulo provincial de 1936 fue trasladado al convento de Sarriá donde le cogió la revolución. Su fe y su piedad fueron su mayor fuerza, porque ambas virtudes estaban muy arraigadas en lo profundo de su ser. Era muy devoto de Santa Teresa de Lisieux, de la que fue uno de sus mayores admiradores y propagandistas. Detenido por los anarquistas fue conducido a una checa y de allí salió para el martirio. Fue asesinado el 22 de enero de 1937.

Beato Anselmo de Olot.

Beato Anselmo de Olot.

Beato Anselmo de Olot (Laurentino Basil Matas)
Nació el 28 de diciembre de 1878. Entró en la orden una vez terminada la carrera de derecho. Vistió el hábito franciscano el 18 de octubre de 1903. Al año siguiente emitió la profesión temporal y la solemne el día 20 de octubre de 1907. Se ordenó de sacerdote el 13 de junio de 1908. En 1910 embarcó para la misión del Caquetá (Colombia), y siendo un misionero muy celoso se hizo amar en extremo por los indígenas. Debido a que tenía problemas oculares regresó a la Provincia en 1918 donde residió en diversos conventos. La virtud más sobresaliente del padre Anselmo fue la piedad, toda su vida estuvo animada de un espíritu de fe viva y especialmente por un gran amor a la Eucaristía. La revolución le sorprendió en Tarragona, pero pudo ir a Barcelona donde se refugió en casa de un sobrino que era médico. Allí pasó unos días hasta que mujer de la limpieza sospechó de él y lo denunció. Fue detenido en el piso y maltratado. Al salir dijo a la enfermera: “Rosita, tenga presente que todo cuanto ha hecho por mí se lo agradeceré siempre y en el cielo me acordaré de ustedes“. Fue asesinado el 16 de agosto, siendo reconocido el cadáver por su sobrino, horriblemente desfigurado.

Beato Benigno de Canet de Mar (Miguel Sagré Fornaguera)
Nació el 15 de mayo de 1890. A los 13 años se colocó de montador en una fábrica y empezó a sentir la vocación religiosa. A pesar que no era del agrado de sus padres, vistió el hábito capuchino en la vecina población de Arenys de Mar el día 7 de agosto de 1907, profesando al año siguiente, el día 15 de agosto con asistencia de sus padres. Fue ordenado de presbítero el 17 de junio de 1916. El 1917 embarcó para las misiones del Caquetá y allí permaneció hasta 1934. En la misiones fue secretario de la prefectura, superior regular, pro-prefecto apostólico y vicario delegado general. Regresó a la Provincia por motivos de salud y fue elegido cuarto definidor y director espiritual del colegio de filosofía y teología. Cuando estalló la revolución era el guardián del convento de Sarrià. Él, junto con el hermano portero fray Eloy, también mártir, fueron los últimos en abandonar el convento. El padre Benigno se refugió en una casa de huéspedes y desde allí preparaba su salida al extranjero. Pero los huéspedes se dieron cuenta de que era sacerdote y lo denunciaron, siendo detenido y asesinado el 19 de agosto de 1936.

Beato Benigno de Canet de Mar.

Beato Benigno de Canet de Mar.

Beato José de Calella (Juan Vila Colomé)
Nació el 19 de noviembre de 1880. Deseoso de abrazar la vida capuchina vistió el hábito en el noviciado de Arenys de Mar el 7 de octubre de 1898 y emitió la profesión simple al cabo de un año y un día y el 19 de marzo de marzo de 1904 recibió la ordenación sacerdotal. Terminados los estudios, ejerció su ministerio en diversos conventos. En su último destino, el convento de Nuestra Señora de Pompeya de Barcelona le sorprendió la guerra. Por causa de una denuncia fue detenido en el domicilio que le había acogido. Uno de los milicianos le interpeló sobre si era fraile, a lo que él respondió: “Soy el padre José de Calella”. Fue fusilado el día 9 de septiembre de 1936.

Beato Martín de Barcelona (Jaime Boguñá Casanovas)
Nació el 4 de octubre de 1895. Cursó estudios de humanidades en el seminario de Barcelona. Sintió la vocación capuchina y entró en el noviciado de Arenys de Mar vistiendo el hábito el 15 de octubre de 1910: Emitió la profesión solemne el 18 de abril de 1915 y el presbiterado lo recibió el 5 de mayo de 1918. Pasó a cursar estudios de historia en la universidad de Lovaina, terminando su carrera brillantemente. Regresó a la Provincia y se dedicó a la investigación histórica llegando a ser una personalidad en el campo de la historia medieval. Sus publicaciones y el elogio de expertos corroboran esta bien ganada fama. La guerra civil le sorprendió en el convento de Nuestra Señora de l’Ajuda, el cual abandonó, pero continuó con vivo interés sus temas de investigación y estudio, frecuentando los archivos y bibliotecas que consultara con antelación antes de julio de 1936. Desde el comienzo de la revolución vivió un poco ajeno a los sucesos, creyendo que, vestido de seglar, nadie iba a reconocerle. Los milicianos sabían con detalle sus pasos y domicilios. Le detuvieron, junto al padre Doroteo de Villalba la noche del 19 de diciembre de 1936, siendo conducidos a una checa y después al cementerio de Montcada donde fueron fusilados.

Beato José de Calella

Beato José de Calella

Beato Rafael María de Mataró (Francisco de Padre Soteras Culla)
Nació el 12 de abril de 1902. De muy jovencito sintió la llamada al sacerdocio. Conoció a un capuchino, el padre Pío de Igualada y pidió ser admitido en el seminario seráfico, ingresando a los 10 años y de allí pasó al noviciado de Manresa donde tomó el hábito el 5 de agosto de 1917. Terminados los estudios, fue ordenado de sacerdote el 1 de febrero de 1925. Fue profesor de filosofía y director del colegio de filosofía. En el capítulo de 1933 fue nombrado secretario provincial y archivero. El perfil espiritual del padre Rafael es el de una persona de gran pureza de espíritu y rectitud de intención, acompañadas de un profundo sentido sobrenatural. Hombre obediente siempre estuvo a disposición de lo que mandaran sus superiores. Identificado como religioso en la estación del tren de Sarrià fue detenido y asesinado el 1 de agosto de 1936.

Beato Agustín de Montclar (José Alsina Casas)
Nació el 8 de diciembre de 1907. Vistió el hábito capuchino en Manresa el 13 de julio de 1924, emitiendo la profesión temporal el día 14 de julio del año siguiente, y la solemne el 9 de diciembre de 1928. Recibió la ordenación presbiteral el día 20 de febrero de 1932 de manos del también mártir Dr. Manuel Irurita Almándoz, obispo de Barcelona. Apenas acabada la carrera actuó de secretario provincial. El padre Agustín, aparte de sus dotes y sensibilidad literaria, fue un religioso marcadamente piadoso. Al estallar la guerra, fue acogido en un domicilio particular; logrando pasar desapercibido aun después de varios registros e interrogatorios. Pero por motivo de una denuncia, se presentaron otra vez los milicianos buscando “al fraile”. El se presentó declarando con toda entereza que él era el religioso a quién buscaban. Eran las tres de la tarde del 12 de agosto. Antes de ser fusilado pidió a los verdugos que le dejasen preparar para morir y se lo permitieron. Impaciente uno de los milicianos ante su prolongada oración, disparó su arma contra él, cayendo desplomado.

Beato Martín de Barcelona.

Beato Martín de Barcelona.

Beato Doroteo de Vilalalba dels Arcs (Jorge Sampé Tarragó)
Nació el 14 de enero de 1908. Entró en el seminario seráfico a los 13 años, vistiendo el hábito capuchino el 13 de julio de 1924. Terminados los estudios de filosofía pasó a Roma donde se doctoró en teología dogmática. En Roma profesó solemnemente el 27 de enero de 1929 y en la misma ciudad recibió el sacerdocio el 26 de marzo de 1932. Vuelto a la Provincia su primer destino fue el de vice director de estudiantes y profesor de teología. Después ocupó otros cargos relacionados con los estudiantes, como el de director de los filósofos. Religioso piadoso, nunca murmuraba de nadie y en cuestiones sociales, siempre se inclinaba con preferencia a los pobres. Cuando fue detenido en el domicilio que le había acogido, estaba leyendo tranquilamente el Evangelio. Era la noche del 19 de diciembre de 1936 y de aquel domicilio salió para el martirio.

Beato Alejandro de Barcelona (Jaime Nájera Gherna)
Vino al mundo el 25 de julio de 1910. El día 1 de agosto de 1925 vistió el hábito capuchino, profesando solemnemente el 27 de julio de 1931. Fue ordenado de sacerdote el 11 de marzo de 1933. Su presencia como predicador era reclamada por todas partes. Además de éste ministerio se dedicó a la catequización de los niños y también demostró una especial sensibilidad hacia los más pobres. Abandonado el convento, se refugió en diversos domicilios, siendo el último una pensión, pero el 23 de noviembre de 1936, probablemente a consecuencia de una denuncia de la sirvienta de la pensión, se presentaron unos milicianos a hacer un registro. El padre Alejandro fue detenido junto con otro sacerdote, no oponiendo ninguna resistencia. Pasó a una checa y de allí salió para ser fusilado el mismo día de su detención.

Beato Rafael María de Mataró

Beato Rafael María de Mataró

Beato Miguel de Bianya (Pelayo Ayats Vergés)
Nació el 23 de agosto de 1915. Entró en el seminario seráfico el 12 de septiembre de 1924, vistiendo el hábito en el noviciado de Manresa el 24 de agosto de 1930. Profesó temporalmente al cabo de un año y un día. Cursó la filosofía en Olot, y de allí pasó a Sarrià a cursar teología y en este convento le sorprendió la guerra civil. Tenía plena conciencia de su vocación religiosa y esperaba con ilusión llegar al sacerdocio. Intentó, junto con su tío fray Eloy y con fray Jorge de Santa Pau dirigirse a su pueblo. Identificado como religioso, fue fusilado el 28 de julio de 1936.

Beato Jorge de Santa Pau (Manuel Collellmir Senties)
Nació el 7 de junio de 1917 e ingresó en el seminario seráfico de Igualada el año 1930. Vistió el hábito capuchino el 26 de agosto de 1934, profesando el 29 de agosto del año siguiente y pasando a estudiar filosofía en el convento de Sarriá. Allí le sorprendió la revolución al terminar el primer curso. Era callado y de profundas convicciones religiosas. La noche del 19 al 20 de julio de 1936, pernoctó, junto con otros religiosos, en una casa cercana al convento. Llegado el momento manifestó a la familia que le había acogido, su decisión de marchar a Olot con fray Eloy y fray Miguel. Reconocido como religioso, juntamente con fray Cipriano de Tarrasa fue detenido y asesinado el 28 de julio de 1936.

Beato Agustín de Montclar

Beato Agustín de Montclar

Beato Eloy de Bianya (Juan Ayats Plantalech)
Nació el 4 de junio de 1875. Vistió el hábito capuchino el 22 de junio de 1900, aunque antes de entrar en la Orden ejerció el oficio de albañil en el cual era muy hábil y experimentado. A fray Eloy todos los que le conocían le llamaban el “santo portero”, oficio que ejerció en el convento de Sarrià, aunque también había ejercido otros oficios. Fray Eloy estaba continuamente en la presencia de Dios y el trabajo era para él un medio para comunicarse con la divinidad. Desde la portería atendía con ecuanimidad a todos los que llamaban, auxiliando diariamente a gran cantidad de pobres, llegando a privarse de la comida e incluso a pedir trabajo para ellos. El día 20 de julio, como portero, esperó a que saliera el último religioso. El 28 de julio se reunió con fray Jorge de Santa Pau y su sobrino fray Miguel de Bianya, para partir hacia su pueblo. En la estación del Norte se hicieron sospechosos. Ninguno de ellos llevaba documentación. Les registraron y encontrando el breviario de fray Miguel, rosarios y libros piadosos, ellos confesaron sin ambages que eran religiosos. Fueron maniatados y conducidos a un desván de la estación e interrogados largamente. Antes de tres hora ya habían sido asesinados y Fray Eloy cruelmente atormentado sin ofrecer resistencia. Era el 28 de julio.

Beato Buenaventura de Arroyo Cerezo (Tomás Díaz Díaz)
Vino al mundo el 7 de marzo de 1913. Vistió el hábito capuchino en Manresa, el 21 de septiembre de 1930 y profesó temporalmente al año siguiente, el día 26 de septiembre en Arenys de Mar. En mayo de 1936 emitió la profesión solemne y recibió las órdenes menores. La guerra le sorprendió terminado el segundo curso de teología. Fue detenido en la casa donde se había refugiado. No negó su condición de religioso y dijo a los milicianos: “Por la cruz he entrado en la Orden y por la cruz quiero morir”. Y así sucedió la noche de 25 de agosto de 1936, muriendo acribillado mientras gritaba “¡Viva Cristo Rey!”.

Beato Doroteo de Vilalalba dels Arcs.

Beato Doroteo de Vilalalba dels Arcs.

Beato Marcial de Villafranca del Penedés (Carlos Canyes Santacana)
Nació el 16 de abril de 1917. Ingresó en el seminario seráfico y, alcanzada la edad para entrar en el noviciado, vistió el hábito en Manresa el 24 de julio de 1932, profesando el 25 de julio del año siguiente. La revolución le sorprendió terminado el tercer curso de filosofía. Se refugió en casa de sus padres, pero tuvieron que cambiar de domicilio ya que además de conocidos por el vecindario eran cuatro hermanos capuchinos y tres eran ya sacerdotes. En el nuevo domicilio, fray Marcial fue detenido, aunque según parece buscaban a otro hermano. Al llevarse al joven religioso la madre se puso a llorar y él la animo diciendo: “Mamá, quédate tranquila por lo que pueda sucederme. Mi conciencia está en paz con Dios”. Entrada ya la noche del 20 de agosto fue fusilado en Pedralbes. Tenía 19 años.

Beato Eudaldo de Igualada (Luís Estruch Vives)
Vino al mundo el 6 de abril de 1918. Ingresó en el seminario seráfico de su población, y, cuando llegó a la edad canónica, vistió el hábito en Manresa el 3 de septiembre de 1933, profesando el día 9 del mismo mes del año siguiente. La guerra se sorprendió cuando estudiaba el segundo curso de filosofía. Abandonó el convento el 20 de julio y, después de permanecer escondido unos días, y al funcionar de nuevo los trenes, decidió ir a vivir con sus padres en Igualada. Estuvo en el domicilio familiar y provisto de un carnet sindical se puso a trabajar en una fábrica de cartucheras, ayudando así a su familia. Algunos compañeros de trabajo le atacaban pues conocían su condición de religioso. La noche del 31 de octubre de 1936 llamaron a su domicilio tres hombres armados con un fusil, preguntando por Luis para llevarlo a declarar al comité y regresar enseguida. Al día siguiente algunos viajeros vieron el cadáver del joven religioso cerca del cementerio de una población vecina a Igualada. Tenía 18 años, siendo el benjamín de los mártires que hoy son beatificados.

Beato Marcial de Villafranca del Penedés

Beato Marcial de Villafranca del Penedés

Beato Paciano María de Barcelona (Francisco María Colomer Presas)
Nació en Barcelona el 29 de abril de 1916. Terminados brillantemente los estudios de perito mercantil, entró en la orden vistiendo el hábito el 21 de marzo de 1935 y, emitiendo los votos simples el 25 de marzo de 1935, pasó al convento de Sarrià para prepararse para los estudios de filosofía. En este convento le sorprendió la guerra. Estuvo refugiado en diversos domicilios y para más seguridad y no comprometer a los que le acogían, se refugió en una pensión de Barcelona; allí, precisamente, fue detenido junto con otro estudiante el 21 de enero de 1937. Conducidos a una checa permanecieron en ella hasta el día 24 en que fueron sacados y ejecutados clandestinamente en el cementerio de la población de Cerdanyola.

Beato Vicente de Besalú (Julián Gibrat Marcé)
Nació el 24 de marzo de 1897. Vistió el hábito capuchino en el noviciado de Arenys de Mar el 12 de septiembre de 1912. Profesó temporalmente el día 14 del mismo mes del año siguiente y la profesión solemne el 8 de septiembre de 1899. Terminados sus estudios de filosofía y teología, fue ordenado de sacerdote en Sarrià el 28 de marzo de 1903. Era devoto y entregado a una vida eucarística y mariana. La guerra le sorprendió en Olot, y, como los demás religiosos, buscó refugio. Es difícil describir las peripecias que pasó: llegó a colocarse de mozo y guardando bueyes, llegando incluso a vestirse de pordiosero para pasar desapercibido. Mientras pedía limosna fue detenido por los milicianos y llevado al Comité, que de momento no le identificaron como religioso sino como pordiosero. Fue él mismo el que se identificó como sacerdote y enseguida se pusieron a maltratarle y a insultarle. Después de un breve interrogatorio lo llevaron al lugar del martirio. Quiso que le dispararan mirando a sus verdugos. Era el 22 de agosto.

Beato Tarsicio de Miralcamp

Beato Tarsicio de Miralcamp

Beato Tarsicio de Miralcamp (José Vilalta Saumell)
Vino al mundo el 11 de junio de 1912. A los once años comenzó humanidades en el seminario menor diocesano de Solsona, pero al año siguiente entró en el seminario menor capuchino. El 4 de agosto de 1927 vistió el hábito profesando temporalmente el año siguiente el día 5 de agosto. Al comenzar la teología, tuvo que hacer el servicio militar. Emitió la profesión solemne el 14 de marzo de 1935 y el sacerdocio lo recibió el 20 de abril de 1935. Fue destinado como profesor al seminario menor, dedicándose más a la enseñanza y al estudio de la música que a la predicación. La guerra civil le sorprendió en la residencia de Borges Blanques, donde se encontraba supliendo. Se refugió en una casa amiga unos días. Al ser movilizada su quinta y al ver las seguridades que el gobierno daba a los soldados del reemplazo determinó presentarse, acompañándole el mismo alcalde. Quedó colocado en las oficinas, pero fue reconocido como religioso y, encarcelado el 5 de agosto, fue destinado a la “capilla”. La noche del 19 al 20 de agosto entraron en la capilla los milicianos y sacaron a setenta y dos víctimas, entre ellas el padre Tarsicio. Todos fueron asesinados delante del cementerio.

Beato Timoteo de Palafrugell (Jesús Miguel Girbau)
Nació el 24 de marzo de 1897. Inició el noviciado en Arenys de Mar el 12 de septiembre de 1912, emitiendo la profesión temporal al año siguiente y la solemne en septiembre de 1916. Fue ordenado de sacerdote en Vic el 20 de diciembre de 1919. La guerra civil le sorprendió en el convento de Sarrià, aunque el capítulo provincial le había destinado a otro convento. Pudo salir de Barcelona y trasladarse a Olot donde se estableció, pero a primeros de septiembre, en un registro lo encontraron, siendo conducido a la cárcel y de allí salió para el martirio, junto con otros once presos siendo sacrificados en las afueras de Olot el 31 de octubre de 1936.

Beato Ángel de Ferreries

Beato Ángel de Ferreries

Beato Ángel de Ferreries (José Martí Coll)
Nació el 11 de febrero de 1905. Entró en la orden capuchina y vistió el hábito en el noviciado de Manresa el 8 de noviembre de 1923, profesando temporalmente al cabo de un año y un día. La profesión solemne la emitió en Manresa, al cumplirse los tres años de la simple. Ejerció los oficios de limosnero de la ciudad de Manresa y de sacristán. Estaba dotado de gran habilidad para los trabajos mecánicos. Como religioso era muy piadoso y mortificado. Desde 1934 residía en Sarrià donde le sorprendió la guerra. Se refugió en el mismo domicilio que el padre Modesto, al cual no quiso abandonar. Detenido junto con el padre Modesto confesó su condición de religioso. Ambos fueron asesinados en las afueras de Sarrià el 28 de julio de 1936.

Beato Prudencio de Pomar de Cinca (Gregorio Chárlez Ribera)
Nació el 17 de noviembre de 1875. Después de superadas algunas dificultades, por causa de su salud, pudo vestir el hábito capuchino el 4 de febrero de 1905, profesando temporalmente al año siguiente y emitiendo la profesión la solemne el 6 de febrero de 1905. Ejerció los oficios de hortelano, limosnero, zapatero, portero, refitolero y cocinero. Era muy piadoso y amante de la oración y el recogimiento. Al estallar la guerra, abandonó el convento de Arenys de Mar y se refugió en casa de una familia. El buen religioso era casi ciego y el 28 de julio fue detenido junto con otros dos sacerdotes. A poca distancia del lugar del suplicio comenzaron a maltratar a las víctimas, especialmente a fray Prudencio, dándole culatazos. Finalmente cayó acribillado a balazos. Era el 28 de julio de 1936.

Beato Cipriano de Tarrasa

Beato Cipriano de Tarrasa

Beato Cipriano de Tarrasa (Ramón Gros Ballbé)
Nació el 23 de enero de 1871. Después de los estudios entro a trabajar en un comercio de Barcelona. Vistió el hábito capuchino el 7 de septiembre de 1893 y después de profesar temporalmente pasó un año en Pamplona. Volvió a Arenys de Mar y de allí a Igualada, donde profesó solemnemente el 13 de octubre de 1898. Estuvo destinado en Filipinas, Centro América y de nuevo a la provincia. Ejerció los oficios de limosnero, portero, sacristán y sastre. Por su jovialidad, llegó a ser el prototipo de la alegría franciscana, pero era también un religioso discreto y humilde. Detenido y maltratado por los milicianos en el mismo hogar donde fue acogido salió hacia el martirio. Fue fusilado el 28 de julio de 1936.

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Beato Félix de Tortosa (Juan Bonavida Dellà)
Nació el 2 de abril de 1894. Vistió el hábito seráfico el 22 de enero de 1894, profesando temporalmente al cabo de un año y un día. Emitió la profesión solemne en Igualada el 23 de enero de 1926. Después de ejercer el oficio de hortelano y limosnero de Olot, pasó al convento de Sarrià como limosnero, dependiendo del padre Provincial. La guerra les sorprendió recogiendo limosnas en Tordera. Una vez restablecidas las comunicaciones, decidió llegar hasta Arenys de Mar. Se despidió del domicilio que le había acogido y en la estación, quizás por su comportamiento y forma de vestir, fue reconocido como religioso, por lo que los milicianos le detuvieron, no oponiendo resistencia. Subió al coche y, poco después, caía fusilado junto con el párroco de la población. Era el 1 de agosto de 1936.

Como hemos visto, algunos de los nuevos mártires fueron misioneros. De estos veintiséis mártires que hoy son beatificados, diecisiete murieron entre julio y agosto. Luego la persecución comenzó a perder intensidad. El último en morir fue Fray Federico de Berga el 16 de febrero de 1937. En mayo de 1937 el gobierno de la República tomó el control de la situación de Barcelona y prácticamente cesaron los asesinatos. No obstante, la Iglesia continuó viviendo en la clandestinidad hasta el fin de la guerra en 1939.

Solo se conservan los restos de nueve de estos mártires, sepultados en diferentes cementerios catalanes, los cuales han sido exhumados previamente a la beatificación y que serán colocados en una urna. Los restos de los otros mártires no han podido ser localizados.

Antonio Barrero

Bibliografía:
Carta circular del Ministro General de los Frailes Menores Capuchinos, Roma, 4 de octubre del 2015
– Fr. Isidoro de Villapadierna, “Bibliotheca sanctórum, apéndice I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987
– Fr. Martín de Tarragona, “Beatificationis seu declarationis martyrii servorum Dei Friderici a Berga et sociorum ex O.F.M. Cap., in odium fidei, uti fertur, interemptorum”, Barcelona, 1957.

Enlaces consultados (06/11/2015):
– www.ofmcap.org/
– www.geocities.ws/roquegl43/vene20.pdf
– http://newsaints.faithweb.com/martyrs/MSPC44.htm

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