San Sixto II, Papa y compañeros, mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del Santo en la Capilla Sixtina. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Detalle del Santo en la Capilla Sixtina. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Historia
El emperador Valeriano comenzó su reinado con una actitud de tolerancia hacia los cristianos, al parecer, influenciado por su esposa Salomina, pero hacia el año 257, instigado por su consejero Macriano, decretó una persecución en contra de los que profesaban la religión de Cristo; los motivos que propiciaron esta decisión se considera que son, por una parte, la necesidad de mantener la hegemonía del imperio romano y, puesto que había una continua amenaza de invasión por parte de los pueblos bárbaros, la doctrina cristiana que predica la fraternidad, la igualdad, el perdón, la caridad, la comunidad, era una seria amenaza en caso de que los cristianos tuvieran que hallarse frente a un estado de guerra; por otro lado, corrían las versiones de que los cristianos, al vivir en comunidad y con despego a los bienes materiales eran poseedores de riquezas fabulosas, cuyo precio era ambicionado para usarse en las arcas públicas.

Así pues, la persecución contra los cristianos fue muy dura, dirigida particularmente contra los pastores de la Iglesia: obispos, presbíteros y diáconos, con la finalidad de desestabilizarla al minar su jerarquía. Hubo dos edictos promulgados para este proyecto: uno en agosto de 257 y otro en 258, San Cipriano resume así la situación en su carta número 80 enviada a otro obispo: “Valeriano ha enviado un rescripto al Senado, según el cual, los obispos, presbíteros y diáconos deben ser ejecutados sin dilación, a los senadores y personas distinguidas, así como a los caballeros romanos, se les despojará de sus bienes y de su dignidad y si a pesar de ello perseveran en su condición de cristiano, se les decapitará, a las matronas se les confiscará sus bienes y se las desterrará, a los cesarianos que hayan profesado o profesen la fe cristiana, serán desposeídos de sus bienes y enviados en calidad de prisioneros a las prisiones del estado”.

Entre los primeros en caer víctimas de esta persecución, está el Papa San Esteban I, que murió martirizado el 2 de agosto de 257; entonces, en plena persecución, el día 30 de agosto siguiente, fue elegido como Obispo de Roma San Sixto II. Es el primer Papa que tiene un nombre que ya había sido usado en precedencia, por ello, luego de su muerte, se le adjudicó el cardinal de “segundo”, para diferenciarlos de su antecesor: San Sixto I. A nuestro santo se le considera ser originario de Grecia y se le ha llegado a confundir con el filósofo griego de nombre Sexto, de la corriente neopitagórica, con el afán de atribuirle sus obras, cuyas enseñanzas tenían valor para la comunidad cristiana. San Cipriano refiere que “era un hombre amador de la paz y excelente en toda clase de virtudes”.

San Sixto entrega a San Lorenzo los bienes de la Iglesia. Fresco de Fra Angelico, capilla de Nicolás V, Roma.

San Sixto entrega a San Lorenzo los bienes de la Iglesia. Fresco de Fra Angelico, capilla de Nicolás V, Roma.

Uno de los problemas heredados por su antecesor era precisamente el que sobrevenía luego de cada persecución: los lapsi. Para la comunidad cristiana había cinco categorías de creyentes que habían enfrentado la prueba: los mártires, que habían muerto por la fe, los confesores, que sufrieron tormentos por la fe, pero habían sobrevivido, los sacrificados, que habían ofrecido sacrificios a los ídolos, los incensados, que solamente habían ofrecido incienso ante los ídolos para guardar las apariencias y los libeláticos, que mediante la compra de un billete (libellus) se hacían pasar por paganos pero sin dejar de ser cristianos; con los dos primeros tipos no había dificultades, estás se darían con las tres siguientes cuando pasada la persecución, intentaran acercarse a la reconciliación.

En África se presentó de manera más intensa esta dificultad, al grado que se llegó a la postura de rebautizar a los caídos; San Cipriano hizo una consulta al respecto con el Papa San Esteban I quien se opuso a esta costumbre, indicando que el Bautismo no se podía reiterar; el Obispo de Cartago se sometió entonces a esta indicación, mas por obediencia que por convencimiento. De hecho, los rebautizamientos continuaron y, por esta razón, la comunión entre Roma y Cartago quedaron tirantes. Con el martirio de San Esteban I y la elección de San Sixto II, la cuestión se hizo menos tirante, pues este Papa tuvo la caridad necesaria y la habilidad diplomática para conciliar las posturas. Aceptó la coexistencia de tradiciones diversas y de prácticas divergentes en materia del Bautismo doble, su carácter conciliador restableció el resquebrajamiento eclesial. De hecho, fue casi hasta el año 400 cuando dejó de practicarse el doble bautismo.

También tocó a San Sixto II enfrentar uno de los periodos más difíciles del cristianismo primitivo, durante el cual también le correspondió dar testimonio de su fe en Cristo con el derramamiento de su sangre. Su pontificado fue breve, escasamente un año, pues la palma del martirio le llegó el 6 de agosto de 258.

San Sixto se despide de San Lorenzo. Fresco en la Basílica de San Lorenzo in Damaso, Roma, Italia.

San Sixto se despide de San Lorenzo. Fresco en la Basílica de San Lorenzo in Damaso, Roma, Italia.

Como era un hombre prudente, decidió apacentar oculto a su grey desde lugares discretos y con actitudes precavidas. Así, estando en la catacumba de San Calixto para celebrar la Eucaristía, sin que le valiera su estrategia, ese día celebrando los sagrados misterios, hubo una sorpresiva redada y un grupo de soldados que cumplía con el edicto, lo decapitaron allí mismo junto con cuatro de sus siete diáconos: Jenaro, Magno, Vicente y Esteban. Otros dos de sus diáconos, Felicísimo y Agapito, sufrirían el martirio en el cementerio de Pretextato, Los siete fueron sacrificados el mismo día. El último de los diáconos, San Lorenzo, sería martirizado cuatro días después.

Vale la pena recordar como la leyenda recuerda el último encuentro entre los dos santos: “¿Dónde vas querido padre sin tu hijo? ¿A dónde te apresuras santo sacerdote, sin tu diácono? Nunca antes montaste al altar de sacrificios sin tu servidor, ¿y ahora, deseas hacerlo sin mí?” Entonces el Papa le profetizó: “Dentro de cuatros días, tú me seguirás”. Esta escena es la que el arte ha inmortalizado en algunas obras pictóricas, sobresaliendo las creadas por el Beato Juan de Fiésole, “Fra Angelico”.

Relicario del Santo. Iglesia de Santa Maria de la Impruneta, Florencia (Italia).

Relicario del Santo. Iglesia de Santa Maria de la Impruneta, Florencia (Italia).

San Cipriano da noticia de su martirio por carta: “Sabed que Sixto, y con él, cuatro diáconos fueron ejecutados en el cementerio el día 6 de agosto”. Sin embargo, Prudencio, en su obra Peristephanon, contradice esta noticia de su decapitación al decir que fue crucificado; a menos que compare el martirio con una cruz de manera alegórica, no puede haber otra explicación, según deducen Luis Duchesne y Pablo Allard.

Luego de esta trágica diezmación en la Iglesia de Roma, la sede papal quedó vacante por espacio de un año, durante el cual, fue regida por un consejo de presbíteros hasta la elección del Papa San Dionisio.

Culto
En poco tiempo, San Sixto II se convirtió en uno de los santos más venerados por la Iglesia Romana, su nombre fue incluido en el Canon Romano de la misa, en el Martirologio y otros sacramentarios. Los restos de San Sixto fueron trasladados a la cripta papal del cementerio de San Calixto y dentro de su tumba fue puesta la silla manchada con su sangre vertida al ser decapitado. San Pascual I lo hizo trasladar luego a la Capilla “iuxta ferrata” dedicada a él y a San Fabián, en la antigua Basílica de San Pedro.

Una inscripción describe la muerte de San Sixto II haciéndole tomar la palabra: ”En el tiempo en que la espada desgarró las vísceras de la madre, yo, el pastor aquí sepultado, enseñaba los mandamientos del cielo. Llegan de improviso y se apoderan de mi mientras estoy sentado en mi cátedra, habían sido mandados unos soldados y el pueblo tendió el cuello a su espada. El anciano vio enseguida que deseaban recibir en su lugar la palma del martirio, y el fue el primero que ofreció su cabeza, a fin de que el impaciente furor de los enemigos no descargara sobre ningún otro. Cristo, que recompensa con la vida eterna, manifiesta el mérito del pastor y toma consigo al rebaño”.

Relicario del cráneo del Santo en Piacenza, Italia.

Relicario del cráneo del Santo en Piacenza, Italia.

La fiesta de San Sixto II y compañeros mártires se celebra el 7 de agosto, un día después de su muerte, ya que esa fecha está ocupada por la fiesta de la Transfiguración del Señor. Su celebración tiene el grado de memoria opcional y comparte la fecha con San Cayetano de Thiene. La pintura de Rafael, llamada la Madonna Sixtina, recibe su nombre porque el santo pontífice está representado en la misma.

Oración
Señor nuestro, que otorgaste al Papa San Sixto y a sus compañeros diáconos, la gracia de morir por la fe cristiana, concédenos la fortaleza del Espíritu para vivir conforme a las exigencias de la fe que profesamos. Por…

Humberto

preguntasantoral_anticopia_articulo20151230


Texto original en latínTexto en español
Te Deum laudamus:
te Dominum confitemur.
Te aeternum Patrem,
omnis terra veneratur.

Tibi omnes angeli,
tibi caeli et universae potestates:
tibi cherubim et seraphim,
incessabili voce proclamant:

Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terra
majestatis gloriae tuae.

Te gloriosus Apostolorum chorus,
te prophetarum laudabilis numerus,
te martyrum candidatus laudat exercitus.

Te per orbem terrarum
sancta confitetur Ecclesia,
Patrem immensae maiestatis;
venerandum tuum verum et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.

Tu rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem,
non horruisti Virginis uterum.

Tu, devicto mortis aculeo,
aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes,
in gloria Patris.

Iudex crederis esse venturus.

Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni,
quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna fac
cum sanctis tuis in gloria numerari.

Salvum fac populum tuum, Domine,
et benedic hereditati tuae.
Et rege eos,
et extolle illos usque in aeternum.

Per singulos dies benedicimus te;
et laudamus nomen tuum in saeculum,
et in saeculum saeculi.

Dignare, Domine, die isto
sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,
miserere nostri.

Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quemadmodum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.
A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra,te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú sentado a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día has de venir como juez.

Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre

Oremus:
Deus, cuius misericordiae non est numerus, et bonitatis infinitus est thesaurus, piissimae Majestati tuae pro collatis donis gratias agimus, tuam semper clementiam exorantes: ut qui petentibus postulata concedis, eosdem non deserens, ad praemia futura disponas. Amen.

Bibliografía:
– VVAA Año Cristiano VIII agosto, editorial BAC, Madrid, 2003, pp 153-158.
– VVAA Nuevo Año Cristiano agosto, editorial EDIBESA, Madrid, pp 160-162.
– VVAA Diccionario de los Santos Volumen II Ediciones San Pablo, Madrid, pp 2081-2082.
– LODI Enzo, Los Santos del Calendario Romano, orar con los santos en la liturgia, Ediciones San Pablo, Madrid, pp. 274-276.

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San Demetrio del Peloponeso, neomártir

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Icono ortodoxo griego del Santo recubierto en plata.

Icono ortodoxo griego del Santo recubierto en plata.

Hoy quiero escribir sobre un neomártir griego, que buscó ansiosamente el martirio como hicieron los mozárabes cordobeses del siglo IX. Se que sobre esta actitud ante el martirio hemos comentado en muchas ocasiones, pero en nuestro deseo de seguir dando a conocer a los nuevos mártires ortodoxos griegos, hoy vamos a ver la biografía de San Demetrio del Peloponeso, sabiendo que su actuación provocará algún que otro comentario.

San Demetrio nació en el año 1779 en la aldea de Ligoudista, distrito de Baja Rouga en la región de Trifilia, siendo el segundo hijo de Elías Kapsaridi. Su madre murió siendo él muy pequeño por lo que no pudo recibir los cuidados maternos. Su padre, esperanzado en conseguir una segunda madre para sus hijos, contrajo segundas nupcias, pero la madrastra se comportó de manera cruel con los dos pequeños, los cuales crecieron en la pobreza más absoluta, siendo maltratados síquica y físicamente y sin recibir ningún cuidado. Siendo adolescentes abandonaron su casa y marcharon a Trípoli en busca de trabajo. En aquellos tiempos, Trípoli era un centro comercial en el Peloponeso, con muchas tiendas y comercios regentados por los turcos. Su hermano fue el criado de una familia turca y Demetrio trabajó con los albañiles, pero como era maltratado por el capataz, se fue a trabajar como aprendiz de barbero en una peluquería otomana.

Como se veía presionado por los turcos, se sometió a la circuncisión, vistió como un turco y se puso un turbante en la cabeza, cambiando su nombre de pila por el de Mehmet. Su hermano, también se convirtió al Islam. Habiéndose enterado su padre de que sus hijos habían renegado de su fe por culpa de las presiones recibidas, fue a buscarlos, pero ellos, por vergüenza se escondieron y el padre tuvo que volver a su casa en Ligoudista. Fue un intento desesperado, pero momentáneamente inútil hasta que sus hijos, recapacitaron y decidieron retornar con su padre, aunque se equivocaron de camino llegando a la aldea de Stemnitsa, en Arcadia, donde se alojaron en casa de un cristiano. Allí se dieron cuenta de que se habían equivocado de trayecto, volvieron a Trípoli, conocieron a unos cristianos que viajaban a Esmirna y Demetrio decidió acompañarlos, mientras que su hermano retornó a la casa paterna.

Relicario del cráneo. Catedral de Trípoli (Grecia).

Relicario del cráneo. Catedral de Trípoli (Grecia).

En Esmirna se quitó las ropas turcas y comenzó a relacionarse únicamente con los cristianos. Con ese trato, se dio cuenta del pecado que había cometido al convertirse al Islam, y ante esto, se marchó a Magnesia y decidió confesar su pecado, aunque estaba convencido de que su culpa solo se borraría con el martirio. Buscó trabajo en la isla de Cunda, pero al no encontrar la paz que buscaba, visitó el monasterio de San Juan Bautista y posteriormente marchó a Cidonia, donde trabajó como peluquero. Allí trabó amistad con un comerciante cristiano que estaba leyendo las vidas de los santos mártires, se reafirmó en su deseo de padecer el martirio y se fue a buscar al abad del monasterio de San Juan Bautista para que lo aconsejara. El abad lo envió a la isla de Quíos para que fuese aconsejado por San Macario Notaras, que aunque era arzobispo de Corintos, se encontraba momentáneamente en aquella isla. San Macario quiso convencerlo de que con el arrepentimiento sincero los pecados son perdonados y que era muy joven como para poder soportar las torturas del martirio, pero Demetrio se mantenía en sus trece diciendo que solo su sangre podría lavar su alma y que solo de esa manera conseguiría la paz que andaba buscando.

Aun así, San Macario lo convenció para que purificase su alma con la práctica de la oración y los ayunos, con vigilias nocturnas y, sobre todo, orando mucho ante la Madre de Dios, que llorase su culpa como lo había hecho el apóstol Pedro, retirándose a una cueva cercana al monasterio de los santos Pedro y Pablo, donde estuvo aconsejado por San Nicéforo de Quíos. Pasado un cierto tiempo y sin que la idea del martirio se le quitase de la cabeza, solicitó permiso para marchar a Trípoli a fin de encontrarse con su hermano.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

San Nicéforo, después de exhortarlo espiritualmente, le dio una carta de recomendación para el sacerdote Agapios de Dimitsanis, que vivía en el Peloponeso. Al llegar a la ciudad, como no encontró al predicador Agapios a fin de entregarle la carta, se quedó en casa de un piadoso cristiano leyendo continuamente de nuevo las biografías de los mártires. Allí estuvo durante toda la Semana Santa y la primera semana de Pascua y viendo que Agapios no llegaba, se marchó hacia Trípoli haciendo parada en el monasterio de la Panagía Gorgoepikoos, cerca de la actual ciudad de Nestani. Al llegar a Trípoli se fue a casa de un cristiano que era ex capitán del ejército turco saludándolo con el saludo Pascual: “Χριστός Ανέστη”. Aquella noche se reunión con un grupo de clérigos a los cuales les manifestó su decisión irrevocable de buscar el martirio y aunque todos intentaron persuadirlo a fin de que no provocara a los turcos, pues esta provocación podría desatar una persecución contra los cristianos, el les contestó: “Todas mis esperanzas están puestas en Dios y al igual que Él ha fortalecido a todos los santos mártires, a mi me fortalecerá para que elimine mis pecados con mi sangre”.

Un sacerdote llamado Antonio intentó por todos los medios que Demetrio no se presentara para recibir el martirio, pero al comprobar la intransigencia del joven, le sugirió que orase a Dios durante toda la noche y al día siguiente se vería qué hacer. Demetrio pasó toda la noche en oración en la iglesia de San Nicolás de Trípoli y el sacerdote hizo lo propio en la catedral, aunque en algún momento se quedó dormido. En sueños, vio un gran ejército de soldados vestidos de blanco y que uno de ellos se le acercaba diciéndole que se levantase. El sacerdote siguió durmiendo y Demetrio, cogiéndole de la mano y alzando la voz le gritó para que se levantara. El sacerdote se despertó y salió corriendo hacia la iglesia de San Nicolás en la cual continuaba orando Demetrio. Le preguntó si había tenido alguna visión y Demetrio le contestó que hacia las cuatro de la madrugada vio una brillante luz que lo inundó y que se le acercó un hombre vestido de blanco diciéndole que no temiera y que fuera valiente porque siempre estaría a su lado. Demetrio estaba lleno de felicidad, el padre Antonio lo confesó y posteriormente asistió a la Divina Liturgia donde recibió el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Relicario del resto del cuerpo. Monasterio de San Nicolás Varsón.

Relicario del resto del cuerpo. Monasterio de San Nicolás Varsón.

Terminada la ceremonia, se acercó al centro de la ciudad de Trípoli a fin de que los turcos lo reconocieran, pero como nadie lo hizo, volvió desconsolado a la iglesia de San Nicolás donde fue consolado por el padre Antonio. El sacerdote le dijo que ya había cumplido su deseo y que desistiera de su idea de buscar el martirio, pues Dios estaba ya satisfecho. Demetrio siguió insistiendo por lo que el sacerdote, finalmente, le dio su consentimiento.

Inmediatamente, Demetrio se fue a buscar al barbero turco con el que había trabajado y, entrando en la barbería, que estaba llena de musulmanes y cristianos, los saludó con el saludo pascual: “Χριστός Ανέστη”. Los cristianos salieron corriendo, pero un joven turco que conocía a Demetrio, le dijo que dejara de pronunciar esas palabras si no quería perder la vida. Demetrio le respondió que por eso estaba allí, que quería limpiar su alma derramando su sangre. El joven turco le dijo que se fuera al patio de la barbería, que él le cortaría el cuello con la hoja de afeitar, pero al ver que Demetrio lo hizo y puso su cabeza para que lo degollase, el turco se asustó y salió corriendo, diciendo que él no podía hacer eso. Demetrio le pidió al maestro barbero que él lo hiciera, pero este también se negó, e incluso quiso darle algunas monedas de plata para que abandonara Trípoli.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Demetrio se negó de nuevo y entonces, algunos turcos se enfurecieron e incluso uno de ellos, lo agarró por el cuello y quiso degollarlo como se degüella a un cordero. Entonces, el dueño de una tienda cercana, que era cristiano, le dio dinero al turco para que dejara a Demetrio, aunque este se dirigió a uno de los guardias del pachá que estaba presente, manifestándole que era cristiano, que aunque había sido circuncidado, había abandonado el Islam y que quería dar su vida por Cristo. Fue llevado ante el gobernador, quién primero con lisonjas y después con amenazas quiso atraerlo de nuevo hacia la religión musulmana, pero al mantenerse firme en la fe, lo envió ante el juez. Ante el juez confesó que era cristiano, pero como el juez no conocía la lengua griega, le pidió a un turco que le tradujera las palabras de Demetrio. El traductor intentó engañar al juez diciendo que Demetrio era turco y musulmán, pero al darse cuenta Demetrio de que sus palabras eran tergiversadas, volvió a repetir una y otra vez que era cristiano. Aun así, el juez no quiso dictar sentencia y lo envió de nuevo al gobernador, quién intentó nuevamente convencerlo prometiéndole dinero, ropas y caballos. Demetrio seguía en sus trece, por lo que el gobernador, cansado, lo condenó a morir decapitado.

Al oír la sentencia, Demetrio daba saltos de alegría y en este estado de ánimo, saludando a todo el mundo durante el camino, fue conducido a la lonja (mercado) de pescados, donde fue decapitado. Eran las trece horas del día 14 de abril del año 1803. El cuerpo del mártir permaneció insepulto durante tres días en el mismo lugar del martirio. Durante ese tiempo, muchos cristianos se acercaron con lienzos para empaparlos en su sangre. Al tercer día, entrada la noche, el padre Antonio recogió la cabeza del mártir y la sepultó junto al altar de su iglesia. Esta reliquia se encuentra actualmente en la catedral de Trípoli.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

El gobernador ordenó quemar el resto del cuerpo, pero el padre Antonio recaudó limosnas a fin de conseguir que el cuerpo no fuera quemado, siendo sepultado a las afueras de la ciudad en el lugar donde se colgaban a los turcos que abrazaban la fe cristiana. Un diácono, llamado José, que más tarde sería elegido obispo, recogió el cuerpo sin cabeza y en secreto, lo enterró en el monasterio de San Nicolás Varsón Mantinea, que data de principios del siglo XI y que se encuentra a doce kilómetros de Trípoli. En el año 1908, las reliquias fueron exhumadas y puestas en un relicario de plata donado por la piadosa familia Makris. Este relicario se encuentra en el monasterio de Varsón.

San Demetrio del Peloponeso es el patrono de Trípoli y su fiesta se celebra el día 14 de abril. Su “Vita” o “Martyrion” fue escrita por San Nicéforo de Quíos y su primer oficio litúrgico, fue escrito por el diácono José un año después de su muerte.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Karachaliou, D., “Synaxarion de los santos de Arcadia”, Trípoli, 2004.
– Paschalides, S., “Bibliotheca sanctórum orientalium, I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1998
– Sklifa, C., “San Demetrio neomártir”, Trípoli, 1995
– VV.AA., “Synaxario de los neomártires”, Tesalónica, 1989.

preguntasantoral_anticopia_articulo20151228

Enlaces consultados (12/12/2015):
– http://synodoiporia.blogspot.gr
– www.immk.gr

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San Esteban y el nacimiento del diaconado

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Icono ortodoxo ruso de San Esteban, diácono protomártir.

Icono ortodoxo ruso de San Esteban, diácono protomártir.

Hoy, día 26 de diciembre, festividad de San Esteban, protomártir, miraremos a este gran santo desde otra perspectiva diferente a la ya abordada hace unos años por nuestro compañero Antonio Barrero en esta misma web. En esta ocasión contemplaremos el otro apelativo que aparece a veces junto al nombre de este gran santo: el de protodiácono. En efecto, a veces se olvida que la Tradición de la Iglesia considera que san Esteban, junto a otros seis compañeros, fue el primer miembro de todo un orden eclesial, el de los diáconos (en griego, servidores). Por tanto, hoy dedicaremos este sencillo artículo a hablar de los comienzos de este ministerio ordenado, tan antiguo en la Iglesia, más incluso que el de los presbíteros.

La diakonía-servicio de Cristo
Aunque el conocido pasaje de Hch 6, 1-6 ha sido tomado como el momento fundacional del orden de los diáconos, realmente el mandato a la diakonía (en griego, servicio) está en la predicación del propio Jesús. Todo ministerio de la Iglesia tiene su origen en el mandato de Cristo de servir a los hermanos: Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía (Jn 13, 14-16). Por el deseo de acoger este precepto del mismo Jesús (diakonía Christi), en las nacientes comunidades cristianas surgen diferentes formas de solucionar las necesidades tanto puntuales como permanentes del servicio eclesial.

Desde el mismo origen de estos ministerios hay una identidad entre el hacer y el ser [1]. No era suficiente servir como Jesús, había que ser otro Cristo siervo. El ministro no quería sólo actuar como Jesús, sino que ordenaba todo su ser con Él. Todo ello hizo guías del servicio a estas primeras comunidades y modelo para la Iglesia en los siglos posteriores.

Ordenación diaconal.

Ordenación diaconal.

Todo bautizado, por el hecho de ser discípulo de Cristo Sacerdote, Rey y Profeta no puede dejar nunca a un lado su vocación bautismal al servicio de los demás: dicho bautismo le demanda cumplir con sus promesas. Pero cada uno debe definir esa llamada de servicio en un ministerio concreto, que no es más que un modo de entrega a la edificación de la Iglesia. Por tanto hemos de distinguir la llamada universal que todos los bautizados tienen al servicio, y el ministerio ordenado de los servidores-diáconos, llamados a ser signo de Cristo servidor en el mundo, ministerio que brota de los Apóstoles.

En el caso del ministerio que nace del de los Apóstoles, éstos, desde el principio, eligieron a colaboradores y sucesores para que continuasen la difusión del Evangelio y el cuidado del Pueblo de Dios [2]. La Iglesia entendió desde siempre el carácter privativo de esta misión, revestida con la gracia sacramental: es el llamado sacramento del Orden. Esta manera de resolver ministerialmente las necesidades eclesiales convertirán estos especiales ministerios en patrimonio de toda la Iglesia. Si acudimos al primer número del Catecismo que aborda este sacramento encontramos: El Orden es el sacramento gracias al cual la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos: es, pues, el sacramento del ministerio apostólico. Comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado [3] . Es pues un sacramento que confiere un sacerdocio diferente al sacerdocio común que todos los fieles reciben por el bautismo, pues está profundamente relacionado con el ministerio de los Apóstoles: en él se fundamenta, en él se mira, de él bebe.

Es cierto que los diversos ministerios que auxiliaron a los Apóstoles, han tenido una evolución a lo largo de los siglos y un cambio en su concepción, funciones y una mayor profundidad teológica, pero no puede negarse que los tres grados del Orden que la Iglesia acepta, se fundamentan directamente en la institución de Cristo, la Sagrada Escritura y la Tradición eclesial. El ministerio jerárquico, cuyo paulatino desarrollo refieren los escritos neotestamentarios, quedó fijado de manera definitiva como estructura fundamental de la jerarquía eclesial que peregrina en un conjunto integrado por los Obispos y sus colaboradores los presbíteros y los diáconos [4].

Ordenación diaconal.

Ordenación diaconal.

Yendo más concretamente al diaconado, su sacramentalidad está fundamentada en el mismo Jesús, en su diakonía, en su servicio, que según algunos autores tiene incluso una impronta salvífica que no hay que menospreciar teológicamente si interpretamos bien, unidas, las dos partes de la siguiente sentencia de Jesús: El Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate por muchos (Mc 10, 45). Él viene para servir y dar la vida, no viene sólo para servir a modo de un esclavo de la época, sino que lo pone todo en juego, su vida entera y el rescate de todos. Vemos que el servicio de Jesús está profundamente relacionado con la donación de su vida, con su entrega redentora [5]. Es un pasaje que expresa el sentido esencial de la diakonía de Jesús, y no lo limita a un servicio meramente asistencial, benéfico, o incluso evangelizador. Se trata de algo hondo, vivencial, que engloba la totalidad de su existencia, su misión, su presencia en el mundo. El que además en la Última Cena ejerciera de servidor-diácono en el lavatorio de pies (cfr. Jn 13, 5-16) y sus mismas palabras en el cenáculo, Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve (Lc 22, 27), denota que este servicio no era ni algo accesorio en el ministerio y vida de Jesús ni algo que no tuviera que ver con la ofrenda-oblación de su mismo Cuerpo y Sangre. Por eso el servidor al modo de Jesús no lo es sólo cuando colabora con las tareas que le son encomendadas, sino que es servidor-diácono siempre, de día y de noche.

El Texto de Hch 6, 1-6
Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra.» Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.

Icono ortodoxo americano del Santo. Iglesia de la Santa Dormición de Cumberland (EEUU).

Icono ortodoxo americano del Santo. Iglesia de la Santa Dormición de Cumberland (EEUU).

Si este texto no inaugura la diaconía de Jesús, y la sacramentalidad del diaconado no se basa en él, ¿qué nos narra entonces? Vemos que el ministerio diaconal ordenado surge por las quejas de los helenistas contra los hebreos porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Parece que estaba a flor de piel la tensión entre los cristianos provenientes del judaísmo y los provenientes de la gentilidad, y que las viudas de estos últimos eran discriminadas en la atención caritativa cotidiana. Los nombres de los varones elegidos para suplir esa carencia denotan que todos eran de origen helenista. Pero, una tarea a primera vista tan sencilla, ¿requiere la ordenación, imposición de manos, para realizarla?

Parece que el servicio a las mesas (caridad) no era sólo lo que realizan estos primeros diáconos, pues vemos, por la acción de Esteban y Felipe, más funciones en los capítulos posteriores del mismo libro de Hechos: predicación y evangelización (Hch 8, 5.12; 27, 8-9), bautismo (8, 38) y exorcismo y sanación (8, 7). Curiosamente del servicio a las mesas no se nos vuelve a hablar. Es lógico pensar que, los Siete tenían un campo ministerial más amplio del que se desprende de Hch 6, 1-6, por lo que quizá fueran elegidos para ser líderes o guías de las comunidades helenistas [6], en donde los Apóstoles, por el problema del idioma y la cultura, se desenvolverían de un manera no tan eficaz. El tener auxiliares para dichas comunidades sería de gran ayuda. Posteriormente, en los primeros siglos vemos cómo a los diáconos se le suman a estas funciones otras, las cuales han permanecido bastante estables a lo largo de los siglos.

De los Siete de Hch 6, sólo conocemos la actividad de dos: Esteban y Felipe. De Esteban ya conocemos su historia sobradamente. Su catequesis a las autoridades judías, repasando la historia de la salvación queda como uno de los discursos más logrados de la Sagrada Escritura. Su martirio, el primero de los seguidores de Cristo resucitado, es recordado en el día de hoy, y plasmado infinidad de veces en numerosas obras de arte que han servido de inspiración y consuelo a los cristianos perseguidos de todos los tiempos. Estos hechos gloriosos recordados por el autor de Hechos, san Lucas, seguramente propiciarían el ser nombrado en primer lugar en la lista de los Siete.

Martirio del Santo. Mural románico catalán en la iglesia de Sant Joan de Boi, Lleida (España).

Martirio del Santo. Mural románico catalán en la iglesia de Sant Joan de Boi, Lleida (España).

Un texto del Nuevo Testamento discutido, que algunos autores [7] atribuyen al santo que nos ocupa, es el de 1Cor 16, 15-16: Un último ruego, hermanos: Sabéis que la casa de Esteban (o Estéfanos, según traducciones) es primicia de Acaya y que se pusieron al servicio de los santos. Someteos también vosotros a gente como esta y a cualquiera que coopere en sus esfuerzos. De tratarse de Esteban, san Pablo, como sabemos presente en el martirio del mártir y diácono, nos hablaría aquí de una casa de acogida y descanso para los cristianos que fueran de paso por la ciudad de Acaya, modelo de la casa de cualquier seguidor de Cristo. La misión diaconal del padre de familia, Esteban, ya fallecido, seguía viva en esa casa. Sus habitantes eran una auténtica familia diaconal al servicio de la Iglesia. Este texto es de gran valía para la reflexión y oración personal de las familias de los actuales diáconos permanentes.

¿Cómo se desarrolló este ministerio diaconal a lo largo de la historia? Pues sería muy largo explicar sus avatares a lo largo de los siglos. Baste decir que en el catálogo de los santos hay numerosos diáconos, algunos muy importantes en la historia eclesial: san Lorenzo, san Vicente, san Efrén doctor de la Iglesia, san Antolín, san Eulogio, san Francisco de Asís… El diaconado tuvo gran auge en los primeros siglos de la Iglesia, siendo un ministerio de gran prestigio y poder. Pero precisamente por ese poder, y por la codicia humana (administraban los bienes), a partir del siglo VI cae en declive. El presbiterado, posterior en el tiempo al diaconado, gana terreno y se convierte en el prototipo y modelo de clérigo. Quedó el diaconado sólo con sus funciones litúrgicas y, en todo caso, como un paso transitorio de los aspirantes al presbiterado (también lo es hoy día), desapareciendo como ministerio permanente. Aunque el concilio de Trento quiso restaurarlo, no fue hasta el Vaticano II cuando se rescató para la Iglesia católica de rito latino (en algunos de los ritos católicos orientales aún se mantenía). El deseo de volver a sus orígenes tal y como se desarrolló en los primeros siglos fue tal, que se dio la opción de poder ordenar a varones célibes o casados. Estos últimos podían ejercer un papel muy importante como puente entre la jerarquía y el laicado. En Lumen Gentium 29 se concreta esta restauración [8].

Tabla gótica del Santo, obra de Giotto di Bondone (s.XIV).

Tabla gótica del Santo, obra de Giotto di Bondone (s.XIV).

En lo personal, como diácono permanente, san Esteban ha sido mi gran modelo diaconal. Curiosamente, él es titular de la parroquia donde he prestado servicio pastoral en los últimos años: la parroquia de san Esteban protomártir, del barrio burgalés de Villafría. He mirado muchas veces a su imagen en el retablo pidiendo ser un buen servidor-diácono y un buen testigo de Cristo. Que la intercesión de este santo tan importante para la Iglesia, el primero que derramó su sangre por el Salvador, y el primero del orden de los servidores-diáconos, nos ayude a todos a soportar las contrariedades de la vida, ser constantes en la fe y manifestar sin miedo al mundo que Cristo ha venido para salvarnos.

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David Jiménez, diácono


[1] Cfr. J. RODILLA MARTÍNEZ, El diaconado permanente en los albores del tercer milenio, Valencia 2006, 54.
[2] Cfr. LG, 20.
[3] CEC, 1536.
[4] Cfr. LG, 20.
[5] Cfr. J. N. COLLINS, Los diáconos y la Iglesia. Conexiones entre lo antiguo y lo nuevo, Madrid 2004, 46.
[6] Cfr. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, El diaconado: evolución y perspectivas, Madrid 2003, 29.
[7] Cfr. J. RODILLA MARTÍNEZ, El diaconado permanente en los albores del tercer milenio, Valencia 2006, 57.
[8] LG, 29: En el grado inferior de la jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de manos no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio. Así confortados con la gracia sacramental en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del diácono, según la autoridad competente se lo indicare, la administración solemne del bautismo, el conservar y distribuir la Eucaristía, el asistir en nombre de la Iglesia y bendecir los matrimonios, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir los ritos de funerales y sepelios. Dedicados a los oficios de caridad y administración, recuerden los diáconos el aviso de San Policarpo “Misericordiosos, diligentes, procedan en su conducta conforme a la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos”.
Teniendo en cuenta que, según la disciplina actualmente vigente en la Iglesia latina, en muchas regiones no hay quien fácilmente desempeñe estas funciones tan necesarias para la vida de la Iglesia, se podrá restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente en la jerarquía. Tocará a las distintas conferencias episcopales el decidir, oportuno para la atención de los fieles, y en dónde, el establecer estos diáconos. Con el consentimiento del Romano Pontífice, este diaconado se podrá conferir a hombres de edad madura, aunque estén casados, o también a jóvenes idóneos; pero para éstos debe mantenerse firme la ley del celibato.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Navidad en México (IV)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nacimiento Guadalupano, en la Antigua Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, año 2014, cortesía de Luis Alberto Rosher.

Nacimiento Guadalupano, en la Antigua Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, año 2014, cortesía de Luis Alberto Rosher.

Las primeras Navidades en México y el origen de sus tradiciones
Durante los días que preceden al 25 de diciembre en la cultura azteca se celebraba la fiesta llamada Panquetzaliztli, “levantamiento de banderas”, celebrada el decimoquinto mes del calendario azteca, en el cual se preparaban para conmemorar el nacimiento de su dios tutelar Huitzilopochtli, “colibrí hechizado”, cuyas leyendas hacían referencia que había nacido de la diosa Coatlicue “la de la falda de serpiente”, la cual concibió a su hijo virginalmente después de que del cielo cayó en su seno una bola de brillantes plumas. Sus hijos e hijas, enojados al darse cuenta que su madre estaba embarazada sin saber de quién, decidieron asesinarla por consejo de su hermana Coyolxauhqui, pero al nacer Huitzilopochtli, que era el dios de la guerra y que nació armado totalmente para esta, dió muerte a sus hermanos para proteger a su madre del peligro. En esta fiesta los aztecas celebraban la salida de Huitzilopochtli del vientre de su madre, asemejándolo a la salida del sol diariamente. Es destacable que en esta misma fecha los mayas celebraban el advenimiento de Kukulkán.

Durante el Panquetzaliztli, los sacerdotes ayunaban durante cuarenta días y realizaban penitencias como caminar desnudos por la noche para llevar ramos a los montes. Esta fiesta como otras celebraciones aztecas iba acompañada de danzas y cantos durante los cuarenta días que duraba y al final de esta se sacrificaban a varios esclavos en honor a su dios. También los aztecas acostumbraban en estas festividades colocar banderas en los árboles frutales y se plantaba una enorme bandera en medio del patio del templo. Las banderas eran símbolos de las víctimas guerreras del sacrificio, lo cual daba nombre a la festividad, y prendían fogatas en los templos en honor a su dios. Posteriormente, al llegar el invierno, los aztecas llevaban invitados a sus casas para servirles comida y obsequiarles con unos muñecos comestibles llamados Tzoatl. Durante el Panquetzaliztli era la festividad en que los aztecas sacrificaban la mayor parte de prisioneros de las guerras floridas [1].

"La adoración de los reyes Magos", oleo/tela, siglo XVIII, Baltasar de Echave Orio, Museo Nacional de Artes.

“La adoración de los reyes Magos”, oleo/tela, siglo XVIII, Baltasar de Echave Orio, Museo Nacional de Artes.

A la llegada de los primeros evangelizadores franciscanos, y al percatarse estos de la coincidencia de fechas de la fiesta del Panquetzaliztli con el adviento y la navidad cristiana, aprovecharon estas coincidencias. Todo indica que fue el religioso franciscano fray Pedro de Gante quien en 1528 celebró por primera vez la Navidad en México. Reunió a todos los indios en el patio del templo de San José de los Naturales de la ciudad de México fundado por el mismo. Gante relata que llegaron tantos indios que no entraban en el patio y les enseño a cantar el himno “Hoy nació el redentor del mundo”, el cual entonaron el 24 de diciembre después de celebrar la misa.

Fray Toribio de Benavente, mejor conocido como “Motolinía”, siendo un importante cronista de la Nueva España, en su obra “Historia de los Indios de Nueva España” narra de esta forma la celebración de las primeras Navidades en territorio mexicano: “La noche de Navidad ponen muchas lumbres en los patios de las iglesias y en los terrados de sus casas, y como son muchas las casas de azotea y van las casas una legua, y dos, y más, parecen de noche un cielo estrellado; y generalmente cantan y tañen atabales y campanas, que ya en esta tierra han hecho muchas. Ponen mucha devoción y dan alegría a todo el pueblo, y a los españoles mucho más. Los indios en esta noche vienen a los oficios divinos y oyen sus tres misas, y los que no caben en la iglesia por eso no se van, sino delante de la puerta y en el patio rezan y hacen lo mismo que si estuviesen dentro.”

En 1530, por disposición del primer obispo de México fray Juan de Zumárraga, se escenifico la “Farsa de la Natividad Gozosa de Nuestro Salvador” para con esta dar a conocer a los neófitos el significado de la Navidad. También en la misma época se acostumbraba para la fiesta de la Epifanía representar el famoso “Auto de la Adoración de los Reyes Magos” obra escrita en náhuatl por fray Andrés de Olmos, que posiblemente se haya basado en el célebre “Auto de los Reyes Magos” del siglo XIII. “Motolinía” hace referencia que el 6 de enero los indios iban al pesebre que se colocaba en los templos y ofrecían velas, incienso, palomas y codornices al Divino Infante.

"Las Nueve Jornadas de los Santos Peregrinos", grabado/papel, siglo XIX, José Guadalupe Posada, Colección Andrés Blastein.

“Las Nueve Jornadas de los Santos Peregrinos”, grabado/papel, siglo XIX, José Guadalupe Posada, Colección Andrés Blastein.

Es de destacar que por estos mismos años es cuando los religiosos españoles en Nueva España hacen un aporte importante a la festividad universal de la Navidad, pues es en este momento, tratando de atraer a los naturales, cuando deciden adornar los pesebres con la flor de cuetlaxochitl que hasta ese momento era usada como ofrenda a los guerreros difuntos, y que los religiosos la tomaron como una flor de paz y eternidad nombrándola flor de nochebuena o de pascua.

Durante el siglo XVII la Navidad se había totalmente arraigado entre las tradiciones novohispanas, de tal manera que el 24 de diciembre las personas de la clase aristocrática colocaban en las ventanas de sus casas figuras de la Virgen María y otros santos de su devoción, a las que rodeaban con cirios y velas. Por otro lado los indígenas y los mestizos se reunían en las múltiples cruces atriales que había por toda la ciudad de México para rezar un rosario a la Virgen. Se organizaban grupos encabezados por sacerdotes que realizaban una procesión recorriendo todas estas cruces atriales de la ciudad y rezaban en cada una de ellas.

El origen de las Posadas navideñas o las Nueve Jornadas
Hacia 1587 en la población de San Agustín de Acolman, actual Estado de México, el religioso agustino fray Diego de Soria prior del convento pide al papa Sixto V una bula para celebrar en Nueva España nueve misas llamadas “de aguinaldo” en los nueve días anteriores a la Navidad. Fray Juan de Grijalva nos narra que por la bula “Apud Sanctu Marcum” del 5 de agosto de 1586, concedía Sixto V el permiso para realizar dichas misas y concedía indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados a los que confesados y comulgados asistieran a las misas de aguinaldo. Tomaron el nombre de “misas de aguinaldo” debido a que al final de cada una de estas las cuales se celebraban a primera hora del día se obsequiaba frutas o dulces lo que era llamado “aguinaldo”. Las misas de aguinaldo que son el antecedente de las posadas mexicanas que recuerdan el peregrinar de José y María en Belén buscando posada (para profundizar al respecto recomiendo leer el primer artículo de la serie de La Navidad en México), se celebraban con un ambiente festivo con música ejecutada con instrumentos prehispánicos y europeos. Estas festividades de las misas de aguinaldo tuvieron tanto éxito que posteriormente se trasladaron a las haciendas, barrios y casas particulares tomando la forma de las tradicionales posadas que hasta el día de hoy se siguen realizando en los días del 16 al 24 de diciembre. La misa de aguinaldo fue sustituida en los hogares por el rezo del rosario y la lectura de la novena de las “nueve jornadas” como es conocida la novena de posadas y al finalizar se repartían juguetes llenos de dulces. Durante el virreinato era común que los conventos de monjas entre el 16 y el 24 de diciembre enviaran a las casas de sus benefactores un par de peregrinos para pedir posada y recolectar con estas, limosnas para el convento.

"La adoración de los reyes Magos", Ex convento de san Agustín Acolman, Estado de México, Lugar donde fray Diego de Soria inició las Posadas.

“La adoración de los reyes Magos”, Ex convento de san Agustín Acolman, Estado de México, Lugar donde fray Diego de Soria inició las Posadas.

Las posadas se volvieron sumamente populares en el pueblo al grado que llego a tales excesos que el mismo arzobispo de México las prohibió en 1808, debido a que las posadas se habían convertido en grandes fiestas y bailes contrarias a la devoción de los Santos Peregrinos según consta en el edicto del arzobispo. A pesar de la prohibición las posadas siguieron realizándose primero a escondidas, y luego de forma normal, y es en este mismo siglo XIX cuando toman la forma que hoy se conocen con un canto que se entona para pedir posada, la piñata y los peregrinos.

Las piñatas navideñas
Precisamente es la piñata junto con los peregrinos el símbolo nacional de las posadas mexicanas y el origen de estas es bastante lejano a México, pero aquí se ha nacionalizado la piñata y tomado matices propios del país. La piñata fue inventada en China ya que en este lugar como parte de las celebraciones de Año Nuevo se acostumbra hasta el día de hoy romper una piñata con forma de vaca, buey o búfalo relleno con semillas de cinco clases diferentes. Los mandarines eran quienes se encargaban de golpear la piñata con varas de madera recubiertas de diversos colores y una vez rota la piñata, los residuos se quemaban y los asistentes las guardaban como amuletos de buena suerte para todo el año.

Hacia el siglo XII, Marco Polo después de viajar al Oriente, llevó la tradición de las piñatas consigo a Italia donde fue llamada “pignatta” (olla) y de ahí se esparció por Europa. En un principio fueron los Reyes de la casa de Borbón quienes en sus celebraciones en el palacio rompían piñatas las cuales estaban rellenas de monedas de oro, piedras preciosas y joyas. En España la piñata comenzó a romperse como parte de las festividad de cuaresma previas a la Semana Santa en el llamado “Domingo de piñata”. A la llegada de los españoles a México trajeron consigo la tradición de las piñatas las cuales en un principio también se rompían en Cuaresma, en el domingo posterior al Miércoles de Ceniza. Tal parece que la primera piñata que vio el Nuevo Mundo fue quebrada en Iztacalco.

No se sabe con certeza en que momento los religiosos decidieron trasladar la tradición de las piñatas de cuaresma a la Navidad. Actualmente en algunas localidades aún se acostumbra en cuaresma romper piñata. Al ser trasladada la tradición a la Navidad comenzó a formar parte de las posadas ya que después de pedir posada y hacer los debidos rezos se rompe la piñata, la cual comenzó a simbolizar al demonio, con sus siete picos representando los siete pecados capitales. Los dulces o fruta que tradicionalmente la rellenaban simbolizaban estando aun dentro de la piñata las delicias que el demonio ofrece al pecador y al ser rota la piñata y caer sobre quien la ha quebrado simboliza la gracia de Dios que cae sobre nosotros. El palo con el que se rompe es símbolo de la virtud y se venda al participante como símbolo de la fe ciega. Al acto de romper la piñata se considera como que el hombre, gracias a su fe, vence al demonio, mientras tanto los demás asistentes entonan el tradicional canto para romper la piñata:

Dale, dale, dale
no pierdas el tino
porque si lo pierdes
pierdes el camino

Dale, dale, dale
dale y no le dio
quítenle la venda
porque sigo yo.

Ya le diste una
ya le diste dos
ya le diste tres
y tu tiempo se acabo

La piñata tiene caca…,
tiene caca…,
cacahuates de a montón.

Esta piñata
es de muchas mañas
solo contiene
naranjas y cañas

No quiero oro
ni quiero plata
yo lo que quiero
es romper la piñata.

Echen confites
y canelones,
pa’ los muchachos
que son muy tragones

Anda María
sal del rincón
con la canasta
de la colación

Andale Juana
no te dilates
con la canasta
de los cacahuates.

Castaña asada
piña cubierta
denle de palos
a los de la puerta

Y que le sirvan
ponches calientes
a las viejitas
que no tienen dientes

Nacimiento barroco del templo de los Santos Reyes, en Los Reyes Tlanechicolpan, Puebla. Cortesía de Tacho de Santa María. Este tipo de imágenes eran muy gustadas durante el virreinato y muchas se hacían traer desde Guatemala.

Nacimiento barroco del templo de los Santos Reyes, en Los Reyes Tlanechicolpan, Puebla. Cortesía de Tacho de Santa María. Este tipo de imágenes eran muy gustadas durante el virreinato y muchas se hacían traer desde Guatemala.

Muy posiblemente los religiosos decidieron hacer uso de la piñata en las posadas debido a la tradición que los aztecas tenían durante el Panquetzaliztli de una curiosa costumbre en la que solían colgar una figura de Huitzilopochtli decorada con plumas de colores y llena de ofrendas, la cual era apaleada por un sacerdote hasta que la ofrenda caía y se esparcía por el suelo.

Existen narraciones de que en las primeras posadas realizadas fuera de los templos ya se acostumbraba tener una olla llena de confites, cacahuates y frutas de la temporada adornada con papel de china de vivos colores y oropel, y que esta olla debía ser rota por una persona con los ojos vendados. Todo esto es muy similar a lo que actualmente se realiza con las piñatas durante las festividades de las posadas mexicanas, lo que nos habla que muy tempranamente en la Nueva España a la piñata se le asimilo con la Navidad como con la Cuaresma. Durante el siglo XIX las piñatas no se rompían, ya que eran elaboradas con diversos listones de colores los cuales se jalaban para que así saliera lo que la piñata tenía por dentro.

Los nacimientos mexicanos
Los registros históricos indican que la primera representación del nacimiento se llevó acabo a instancia de los religiosos franciscanos en Tlajomulco, Jalisco en 1550 realizada con personas muy similar a lo que hiciera San Francisco de Asís siglos antes, con los personajes centrales, José, María, el Niño, la mula y el buey, algunos pastores y los reyes magos, mientras un grupo de indígenas entonaban versículos bíblicos a modo de villancicos.

Es posterior a esta representación que fray Pedro de Gante funda una escuela en Texcoco donde enseña a los indígenas a elaborar las primeras piezas que se usarían en los nacimientos de las iglesias. Fue en el siglo XVIII cuando las figuras de barro comenzaron a ser populares y a usarse por el pueblo. Estas primeras imágenes eran vestidas a la usanza de la época y se veían arzobispos, virreyes y personajes de las diferentes castas en el nacimiento. Fueron los mismos franciscanos quienes, radicados en Taxco, hicieron participe de los nacimientos a la flor de Nochebuena o de Pascua.

Las imágenes de vestir también fueron gran éxito pues eran vestidas finamente por jovencitas y religiosas, Nacimiento del templo de la Asunción de María, Milpa Alta, México D.F., Cortesía de Carlos Flores Blanco.

Las imágenes de vestir también fueron gran éxito pues eran vestidas finamente por jovencitas y religiosas, Nacimiento del templo de la Asunción de María, Milpa Alta, México D.F., Cortesía de Carlos Flores Blanco.

Fueron famosos los nacimientos que elaboraban las religiosas del convento de la Encarnación de la ciudad de México pues lo enriquecían con gran cantidad de pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, de este modo no podían faltar Adán y Eva al principio del Belén, los Reyes Magos con todo su cortejo, el ermitaño y el demonio. Las familias acomodadas solían encargar a Guatemala bellas imágenes estofadas y policromadas para el nacimiento, las cuales muchas veces solo el transporte hasta la ciudad de México resultaba más costoso que la misma elaboración de las esculturas. Otras familias solían ir al mercado del Parían, el cual se localizaba en lo que actualmente es el zócalo de la ciudad de México, y compraban finas esculturas realizadas en marfil o porcelana traídas de Filipinas y otros más gustaban de las imágenes de candelero o de pijama para ser vestidas por las niñas y jóvenes casaderas de la familia con finas telas y brocados. En esto también destacaban las religiosas de los conventos en la elaboración de ropas para las imágenes. La devoción popular enriquecía las imágenes del nacimiento mandado a ponerles aureolas y coronas de plata a los peregrinos y al cortejo de los Reyes Magos con arneses de plata y ricas telas.

En este periodo es cuando los dominicos popularizan el rezo del rosario de rodillas ante el nacimiento para celebrar los días sagrados. Es pues también aquí cuando se populariza el uso de cantos ante el pesebre y el arrulló del Niño Jesús que hasta el día de hoy se conservan en la tradición mexicana; así cada noche del 24 de diciembre alguien es seleccionado como padrino del Niño Jesús y es quien ayudara a arrullarlo y lo dará a veneración, se pone la imagen en una manta la cual es sostenida por ambos lados y se comienza a arrullar mientras se entona un canto para este efecto. También fueron muy gustadas las imágenes elaboradas en cera, en especial las del artista poblano José de Borja; este tipo de imágenes tendrán su auge especialmente en el siglo XIX. Ya para el decimonónico además comenzaron a tener auge las piezas de nacimiento de elaboración popular y con personajes de la cotidianeidad mexicana, esto debido al nacionalismo imperante a partir de la independencia de México.

Nacimiento mexicano de corte popular los cuales se hicieron famosos entre el pueblo a partir del siglo XIX. Colección particular de Ivan Emmanuel.

Nacimiento mexicano de corte popular los cuales se hicieron famosos entre el pueblo a partir del siglo XIX. Colección particular de Ivan Emmanuel.

A mediados del siglo XX destacó especialmente en la elaboración de nacimientos el poeta y museógrafo Carlos Pellicer quien cada año montaba un enorme nacimiento en una habitación de 16 metros en la cual, a decir de él mismo, juntaba todas las artes: hacía que amaneciera y oscureciera, se escuchaba un poema grabado que anualmente elaboraba para el nacimiento y con sus amigos artistas, quienes le ayudaban, solían ir al bosque de Chapultepec a buscar vegetación para usar en el Belén, a decir del mismo Pellicer, “Este nacimiento es lo único importante que he hecho en mi vida. Es lo único importante porque en él he logrado conjugar todas las artes, mucho más importantes que mis libros y poemas y los museos que organicé, por el hecho de ser un simple acto de fe”. Cada año también Pellicer montaba el nacimiento del templo de San Lorenzo de la ciudad de México y el del Fondo de Cultura Económica, todas las imágenes eran elaboradas en cera hechas con las especificaciones del poeta.

Esta noche en el agua
canta la tierra.

Con el alma en los ojos
van las estrellas,
húmedas en la sombra
que el tiempo deja.

El sol en un pesebre
volvió a ser niño,
es lo mismo el pesebre
que el infinito.

El pesebre es el cielo
del sol nacido.

La Virgen: la vía láctea;
José el carpintero
regresó de los árboles
con un lucero
que nació entre sus manos
como un sueño.

Esta noche
la luz se ofrece a todos.

Tómala para siempre
y en vez de lodo
distribuirás diamantes
de a todo a todos.

(Cosillas para el nacimiento, Carlos Pellicer, 1973)

En el caso de los nacimientos mexicanos hay una particularidad que destacar en un estado de la república y me refiero a los nacimientos que se montan anualmente en la población de Teabo, Yucatán. A partir del 16 de diciembre las familias de la población comienzan a elaborar sus singulares nacimientos, los cuales tienen la particularidad de que anualmente tienen una temática diferente. De esta forma podemos ver la Natividad del Señor en una Selva, en un circo, en un parque, en la isla del tesoro o entre las nubes y un sin fin de temáticas diferentes más, los cuales son elaborados con gran arte e imaginación por parte de los habitantes. El nacimiento debe estar listo para el 24 de diciembre ya que durante la noche todas las casas del pueblo que ponen nacimientos abren sus puertas a los visitantes los cuales en grupos, a partir de las 8 de la noche, comienzan a llegar a las diferentes casas a visitar los nacimientos que con tanto esfuerzo han elaborado las familias. En cada hogar que tiene puesto un nacimiento es costumbre a los visitantes regalarles “tox” que se refiere a diversos postres y dulces que se reparten entre las personas que visitan el nacimiento por la noche.

Video sobre la tradición de los nacimientos en Yucatán

André Efrén Ordóñez

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Bibliografía:
-Chávez de García Terrés, Celia (Coord.), “El arte tradicional del nacimiento”, México, Artes de México, Núm. 81, 2006.
-Gutiérrez León, Guillermo, “Fervor desde el trópico”, México, UJAT, primera edición, 2007.
-Goycoolea, Anna, “Navidad a la mexicana”, en Arnau Ávila, Luis Jorge, “Mexicanisimo: Navidad a la mexicana”, México, revista mensual, No.34, diciembre 2010.
-Graulich, Michel, “Fiestas de los pueblos indígenas ritos aztecas las fiestas de las veintenas”, México, Instituto Nacional Indigenista, primera edición, 1999.
-Hernández, Eunice, “Entre pastorelas, ponches y piñatas”, en Arnau Ávila, Luis Jorge, “Mexicanisimo: fiestas y tradiciones”, México, revista mensual, No. 46, diciembre 2011.
-Iglesias y Cabrera, Sonia, “Las fiestas tradicionales de México”, México, Selector, primera edición, 2009.
-Iglesias y Cabrera, Sonia, Navidades Mexicanas, México, CONCACULTA, primera edición, 2001.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos Primo y Feliciano, mártires

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Mosaico de los Santos en la bóveda de su capilla-sepulcro. Iglesia de San Stefano Rotondo, Roma (Italia).

Mosaico de los Santos en la bóveda de su capilla-sepulcro. Iglesia de San Stefano Rotondo, Roma (Italia).

Introducción
Roma es una ciudad que ha sido santificada por la sangre de innumerables mártires y ésta reconoce a San Pedro y San Pablo como sus principales patronos, a los cuales sigue San Lorenzo y una numerosa lista en la que cabe mencionar a San Sebastián, San Pancracio y otros muchos nombres, entre éstos, los de los Santos Primo y Feliciano, dos hermanos que derramaron su sangre para dar testimonio de su fe. Los datos sobre sus vidas se conocen mediante actas tardías, por lo que la información proveniente de esas fuentes debe de ser tomada con precaución. Sin embargo, nos encontramos ante dos santos históricos, de los cuales lo único cierto es que murieron mártires.

Historia
El Martirologio Romano en su última edición hace de estos santos el siguiente elogio, muy escueto por cierto: “En la Vía Nomentana, en el lugar llamado Ad Arcos, a quince miliarios de la ciudad de Roma, los Santos Primo y Feliciano, mártires”. Esta información no expone su parentesco y tampoco ofrece una fecha aproximada de su martirio. Es probable que estos Santos hayan nacido en un lugar llamado Mentana, en Sabina y que en este mismo lugar hayan muerto, aunque la “passio” refiere que eran romanos de nacimiento, de estirpe noble y que ambos eran octogenarios al momento de ser martirizados.

Detalle del martirio de los Santos. Iglesia de San Stefano Rotondo, Roma (Italia).

Detalle del martirio de los Santos. Iglesia de San Stefano Rotondo, Roma (Italia).

Esta misma fuente los hace contemporáneos de Diocleciano y Maximiano Hercúleo, por lo que de ser cierto este dato, habría que ubicarlos en un periodo que va del año 297 al 306. La causa de su proceso comienza cuando los sacerdotes de los ídolos recibieron un oráculo en el que las falsas divinidades, asumidas por los demonios, estaban enojadas y no darían respuestas a las preguntas que se les hicieran ni harían algún beneficio a sus seguidores hasta que Primo y Feliciano les rindieran culto y les ofrecieran sacrificios. Así, los sacerdotes lograron que los emperadores los hicieran encarcelar, cargándolos de cadenas y metiéndolos en horrendas prisiones. Sin embargo, allí, un ángel mandado por Dios para fortalecerlos en la prueba, les dio consuelo en medio de sus sufrimientos y a él le pidieron que les obtuviera de San Pedro, que había sido liberado de la cárcel con la ayuda de otro ángel, que les obtuviera de Cristo la gracia de perseverar en la prueba.

A los pocos días fueron llevados ante Diocleciano y Maximiano, quienes luego de discutir con ellos sin convencerlos de abandonar su religión, fueron condenados a ser llevados al templo de Hércules, donde sufrieron tormentos por no ofrecer sacrificios. Luego, se les hizo conducir a la ciudad de Numento (Mentana), donde el gobernador, llamado Promoto, tenía la encomienda de hacer lo necesario para que apostataran de la fe que profesaban. Éste los hizo comparecer ante su presencia y los exhortó a abjurar de sus creencias y para lograr su objetivo, los separó para que no pudieran animarse mutuamente. Encarceló primero a Primo, dejando a Feliciano a su merced. Al insistirle a éste que mirara por su vejez, que no valía la pena ser cristiano y que evitara los castigos que le sobrevendrían en caso de subsistir en sus ideas, el santo le respondió: “Mire Cristo por mi vejez, que se ha dignado de guardarme hasta ahora en la confesión de la fe. Ochenta años tengo y hace treinta que Dios me iluminó y que me determinó a vivir solo por Cristo, en quien confío me librará de tus manos”.

Los Santos entre las fieras. Capilla de los Santos. Iglesia de San Stefano Rotondo, Roma, Italia.

Los Santos entre las fieras. Capilla de los Santos. Iglesia de San Stefano Rotondo, Roma, Italia.

Entonces, el juez lo hizo azotar terriblemente, lo hizo clavar en un palo traspasando sus manos y pies con agudos clavos. En medio de sus sufrimientos, el Santo alababa a Dios con salmos y cánticos. Así lo mantuvieron tres días, sin comer ni beber, para ver si desfalleciendo de debilidad, cambiaba de parecer, pero él, sumido en la oración, recibió la fuerza necesaria para subsistir físicamente y no apostatar. Avergonzado el juez, lo hizo bajar del madero y arrojar a un calabozo, donde estaría incomunicado. Luego hizo traer a Primo y le dijo que su hermano había cambiado de parecer y que tomó la decisión de agradar a los emperadores por lo que había abjurado de su falsa religión. El santo le recriminó: “Dices la verdad pues mi hermano ha querido agradar al emperador, pero no al que dices, sino al del cielo, Dios verdadero, quien le ha concedido en su celda gozar de especiales muestras de cariño de su parte como premio por los castigos que ha sufrido y esto me lo ha revelada a mi Dios también”.

Ante tal respuesta, Promoto lo condenó a ser molido a palos y luego abrasar sus costados con teas encendidas, más en medio del tormento, Primo cantaba y oraba, igual que había sucedido con su hermano. Pensaba el gobernador que esto tal vez se debiera a un hechizo o encantamiento, más el santo le advirtió: “No pienses que es artes o magia, la misericordia que Jesucristo usa con sus siervos para gloria de su nombre”. En represalia a su osadía, lo hizo acostar en el suelo y haciéndole abrir la boca, le derramaron plomo derretido que el mártir bebió como si fuera agua o un licor suavísimo, luego le trajeron frente a él a Feliciano. Entonces Primo retó a Promoto diciéndole: “Mira como mi hermano Feliciano no ha sacrificado a los dioses como tú dijiste, antes está firme en Cristo, que nos librará de tus tormentos y nos dará el premio que suele dar a los que sufren por su amor”.

Sepulcro de los Santos en el altar de su capilla. Iglesia de San Stefano Rotondo, Roma (Italia)l

Sepulcro de los Santos en el altar de su capilla. Iglesia de San Stefano Rotondo, Roma (Italia)l

Promoto, desesperado por no lograr reducirlos como era la consigna recibida, los envió a las fieras, primero con leones y luego con osos, pero en ambas ocasiones, los animales se comportaron mansamente ante ellos. Los espectadores se conmovieron y muchos de ellos se convirtieron al cristianismo. A resultas de este fracaso, el juez los mandó degollar y ordenó que sus cuerpos estuvieran al aire libre, para ser pasto de los animales, pero sucedió que ni las fieras o las aves los tocaran. Luego de un mes, los cristianos pudieron rescatar sus restos y envolviéndolos en sábanas blancas, les dieron sepultura junto a los arcos nomentanos.

Culto
En el año 648 el Papa Teodoro trasladó los restos de los mártires con los de su padre a la iglesia de San Stefano Rotondo, donde los hizo sepultar en un altar erigido en su honor en la capilla que lleva sus nombres. Allí hay un mosaico que data del siglo VII que representa a ambos santos junto a una cruz enjoyada. También se pueden hallar representaciones suyas en la Basílica de San Marcos, en Venecia, así como en Palermo, en la Capilla Palatina.

Es oportuno señalar que su culto de difundió por Bavaria donde se dice que ambos santos vivieron siendo legionarios, donde una antigua tradición refiere que San Primo, en la región de Chiemgau, hizo brotar una fuente con propiedades curativas. Se dice que ambos santos predicaron allí el Evangelio y que con sus oraciones lograban curar a los enfermos. También en Agen tienen una referencia que dice que San Caprasio de Agen era su hermano.

Reliquias de los Santos. Iglesia franciscana en  Kamnik, Eslovenia.

Reliquias de los Santos. Iglesia franciscana en Kamnik, Eslovenia.

San Primo y San Feliciano se celebran el 9 de junio, aniversario de su nacimiento al cielo; hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, su conmemoración estaba inscrita en al Calendario de la Iglesia Católica. Estos santos son los primeros de los cuales consta que fueron trasladados a Roma.

Humberto


O Rex Géntium,
Et desiderátus eárum,
Lapisque anguláris qui facis útraque unum:
Veni
Et salva hóminem,
Quem de limo formásti.
Oh Rey de las naciones,
Y esperado por los pueblos,
Piedra angular que haces de los dos pueblos uno solo,
Ven
Y salva al hombre,
Que hiciste del barro de la tierra.

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Bibliografía:
– Rivandeneyra P. Flos Sanctorum o Libro de las Vidas de los Santos, Madrid, 1610, pp. 408-410.

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