San Martín I, papa y mártir

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Estatua del Santo en la catedral de Odessa, Ucrania.

Estatua del Santo en la catedral de Odessa, Ucrania.

Introducción
“Ustedes serán mis testigos”, dijo Cristo a sus discípulos, y el testimonio que ello ha implicado a lo largo de la historia de la Iglesia, supone en más de una ocasión, la rúbrica con la misma sangre por la defensa de la fe, la cual ha sido encomendada a la asamblea de creyentes para su conocimiento y su transición íntegra. Corresponde a los pastores de la comunidad su distribución, su explicación y su salvaguarda; el contenido de la fe causa incomodidad en varias ocasiones porque quienes tienen otras funciones o responsabilidades en esa comunidad no pueden o no quieren plasmar en sus vidas este contenido salvífico, pues la fe siendo luz es un reproche o un revés para sus planes en diversos niveles: política, economía, social, etc. Así sucedió en la vida de San Martín I, el último de los Papas venerado como mártir, quien fue víctima del poder político del Imperio Bizantino.

La doctrina sobre Jesucristo y su conocimiento teológico se fue configurando poco a poco, las verdades de fe sobre su Persona se fueron proponiendo y aceptando paulatinamente, de manera que la cristología se desarrollará con fuerza durante los siglos IV y V, con temas de la sustancia que comparte con el Padre Celestial hasta su doble naturaleza y por tanto su doble voluntad. En este contexto se encuadra la vida de este Pontífice, que como guardián de la fe, supo defender su exposición no solo con la palabra sino con su vida misma.

La herejía monofisita exponía que en Cristo no había sino una sola naturaleza, la divina, por lo que la Redención se presentaba inútil al considerar que el Verbo de Dios no se había hecho hombre para salvar al hombre como hombre. El bando que proponían una tesis y el contrario, buscaban cada uno defender su verdad y así surgió otra corriente, el eutiquianismo, que aceptaba la doble naturaleza de Jesucristo, pero que condicionaba la doble voluntad del mismo, conduciendo este error a otra herejía: el monotelismo, que aceptaba únicamente una voluntad en la Persona de Cristo, la divina, que suprimía la humana, que como es sabido, también es poseída por el Verbo encarnado, Hijo de Dios y Dios verdadero, también hombre verdadero, pero que la tiene subordinada a la voluntad divina. Esta doctrina manchó la ortodoxia en Constantinopla, siendo favorecida con la simpatía y apoyo del Emperador Constante II, otorgándole incluso la protección civil, afectándose de esta manera la vigilancia y el respeto que correspondían guardar al clero de Constantinopla.

Detalle del Santo en la iglesia de San Martín el Confesor. Moscú, Rusia.

Detalle del Santo en la iglesia de San Martín el Confesor. Moscú, Rusia.

Biografía
San Martín I nació en Todi, ciudad situada al norte de Roma. Fue un hombre lleno de virtud y con excelente preparación; se dice que prodigaba la caridad para con los pobres y miserables en los lugares donde vivía. Muerto el Papa Teodoro I en julio del año 649, ascendió a la sede de San Pedro para ocupar el lugar 74° entre los Papas. Esta elección se hizo sin la consulta y aprobación del Emperador de Oriente, en un afán de cortar la dependencia de la Iglesia con el Estado.

Esta provocación resultó mayúscula cuando el Papa convocó el Concilio de Letrán ya pensado por su antecesor y cuya muerte vino a impedir. San Martín I conocía muy bien el ambiente en la ciudad imperial, pues allí había sido apocrisiario ante la corte bizantina y entonces tuvo la oportunidad de conocer de cerca la realidad sobre el Monotelismo. Con apenas tres meses al frente de la Sede de Roma, convocó al Concilio a todos los obispos de occidente en la Basílica de Letrán para comienzos de octubre. El Concilio se reunió en cinco sesiones en las que se estudió y discutió la doctrina monotelita, bajo la presidencia del mismo Papa quien rebatió las tesis heréticas y confirmando que en Cristo hay dos voluntades, humana y divina. Dicho concilio fue para el santo un evento con deber de fidelidad a la fe, no un acto de arrogancia papal o de buscapleitos con Constantinopla. Los condenados en este Concilio fueron los Patriarcas Sergio I, Pirro I y Pablo I, así como los prelados Cirilo de Alejandría y Teodoro de Farón. También se condenaron a los 150 obispos reunidos en el “Ekthesis”, doctrina promulgada por el Emperador Heraclio que hacía una profesión de fe en el monotelismo, así como el “Thypos” de Constante II que prohibía a todos los súbditos cristianos, luchar unos con otros sobre una voluntad o dos voluntades, ordenando hacer desaparecer todas las disertaciones escritas sobre el tema, incluida la “Ecthesis”. Concluidas las sesiones, San Martín I mandó la noticia de los resultados a Constante II, lo cual sería la causa que desató su perdición.

Reliquia del cráneo del Santo venerada en Crimea.

Reliquia del cráneo del Santo venerada en Crimea.

El 6 de noviembre siguiente, el Emperador envió a Olimpio, Exarca de Ravenna, con fuerzas armadas y con la misión de ganar adeptos al monotelismo y de asesinar al Papa Martín. La ocasión se calculó para cuando el Pontífice celebrara misa en la Basílica de Santa María la Mayor. El escudero de este hombre se acercó para apuñalar al Papa durante la comunión, pero el sicario quedó ciego súbitamente y el proyecto se frustró. Olimpio tuvo entonces remordimientos y se sinceró y reconcilió con el Papa y luego se convirtió en su protector, mas muriendo luego en el año 652 a causa de la peste, fue sucedido en el exarcado por Diódoro Calliopas, a quien Constante II volvió a encomendar el malévolo proyecto.

Así, éste se presentó en Roma con un temible ejército en junio de 653, provocando que el Papa Martín buscara huir pese a las limitaciones que la enfermedad de la gota lo tenían postrado en cama. Pretextando un arsenal en el Palacio Pontificio y violando el derecho de asilo en la Basílica de San Juan de Letrán donde se había recluido el Santo y sin contar que se permitió el libre acceso para revisar con calma el lugar, literalmente se hizo una invasión y el Papa fue detenido en su propio lecho de enfermo; el detenido no opuso resistencia con afán de evitar represalias contra su pueblo y su clero. Antes de abandonar el Palacio Apostólico, San Martín pidió el favor de tener la compañía de algunos clérigos, que no fueron pocos los solidarios. En la madrugada fue llevado al Tíber para embarcarlo y llevarlo a Constantinopla, logrando burlar astutamente a los que habían de acompañarlo, siendo así que partió a su destino privado de equipaje y con una media docena de compañeros. Entonces ocupó la Cátedra de San Pedro el Papa San Eugenio I con la aquiescencia de Constante II. Este Papa fue prudente al no provocar con comentarios las represalias imperiales sobre Roma y principalmente con el desterrado.

Reliquia del Santo venerada en Henvic, Francia.

Reliquia del Santo venerada en Henvic, Francia.

Un año estuvo detenido en la Isla de Naxos en el mar Egeo. Como su salud declinaba, no querían sus captores que muriera antes de ser enjuiciado, por eso se detuvieron allí, para que su salud se equilibrara; en este lugar San Martín probó la caridad de los lugareños, a quienes se les amenazó con considerarlos enemigos del estado si lo visitaban. Por fin la comitiva arribó al Constantinopla el 17 de septiembre de 654. El Pastor de Roma llegó tumbado en un jergón y se le exhibió como un espectáculo público, soportando burlas, maledicencias y otras manifestaciones de antipatía, luego fue llevado a la prisión Priandiaria. Allí, durante tres meses, soportó vejaciones, torturas e incomunicación. Aquí escribió algunas cartas, en las que expresa su negativa a abdicar ante la presión de Constante y refiere también noticias de su lamentable estado: “Desde hace 47 días que no he podido bañarme”, la crónica de sus penalidades tiene un edificante remate: “Espero en Dios, que cuando me haya librado de esta vida, se apiade de mis perseguidores y los mueva a la penitencia”.

En diciembre de ese año fue llevado a juicio o más bien a un remedo de juicio. A los que iban a atestiguar en su contra, el Santo pidió que se les exonerara de jurar sobre los Evangelios, para que no pecaran de perjurio. Se le condenó por rebelión, pero cuando el trató de expresar la razón del Concilio, se le hico callar con el pretexto de que ese juicio nada tenía que ver con la fe, de la cual los jueces eran fieles creyentes y ortodoxos. Abrumado por las acusaciones ridículas, las presiones, un juicio largo y cansado de estar parado, San Martín expresó a sus delatores: “Hagan de mi lo que sea que tengan decidido, córtenme a pedazos si quieren, cualquier muerte me será beneficiosa. Pero no esperen que entre en comunión con la Iglesia de Constantinopla”. Luego fue expoliado de sus vestiduras episcopales, quedando casi desnudo, fue encadenado de cuello y condenado a muerte. Antes de ejecutar la sentencia capital, fue paseado por la calle para que el populacho se burlara de él, en tanto, Constante II observaba escondido desde una rejilla. Condenado por delito de alta traición, fue llevado a la prisión Diómedes, llevado con tal brutalidad, que al ingresar cayó de espalda. El Papa miró entonces a su carcelero y le dijo: “Aunque desmiembren mis carnes, no lograrán que comulgue con la autoridad eclesiástica de Constantinopla”. Ni la edad, las penas, la enfermedad y el martirio incruento lo doblegaron, él estaba consciente de que como Pedro, tenía que confirmar en la fe a sus hermanos.

Reliquias del Santo veneradas en Vignely, Francia.

Reliquias del Santo veneradas en Vignely, Francia.

Mientras esto pasaba, Constante II visitó en su lecho de muerte al Patriarca Pablo para platicarle de lo que le sucedía al Papa de Roma. No halló los aplausos que esperaba, pues el visitado, con remordimientos, expresó su hondo pesar y su desagrado: “Desgraciadamente esto aumenta mis dolencias. No es deseable que un Pontífice sea tratado tan deplorablemente”. Esta plática hizo que Constante II conmutara la pena de muerte por el destierro al Queresoneso. El Patriarca murió y fue sucedido por Pirro, a quien San Martín confirmó su excomunión. El encierro en la cárcel duró del 17 de septiembre de 653 al 10 de marzo de 654. El Jueves Santo 26 de marzo de 655, tras una emotiva despedida, sale a su destino, dando antes a sus allegados el signo de la paz. Llegó finalmente al lugar de su castigo el 15 de mayo hecho una piltrafa. Allí enfrentó con heroicidad la privación de lo mínimo para subsistir. En una carta de mediados de junio relata: “La escasez y el hambre son espantosas. Aquí no hay pan, no hay nada. Si no llegan víveres de Italia, es imposible subsistir…” No se trata del pan del destierro, sino del destierro sin pan. Siente la soledad y el abandono: “No solo he sido apartado del mundo, sino que incluso se me priva de la vida. Los habitantes del país son todos paganos y no tienen caridad ni aún la mínima compasión natural que se da entre los bárbaros… Me impresiona la poca sensibilidad de todos aquellos que en otras ocasiones se acordaron de mí y ahora me han olvidado, ni les interesa conocer si aún sigo con vida. Me impresiona en aquellos que pertenecen a la Iglesia de San Pedro el poco cuidado que tienen de uno de los suyos… Pido constantemente por intercesión de San Pedro, que Dios conserve firme en la fe ortodoxa, principalmente al pastor que la gobierna, es decir, al Papa Eugenio. De mi miserable cuerpo el Señor tendrá cuidado, ¿por qué me preocupo? Y espero de su misericordia que no tardará en poner fin a mi carrera”.

A los quince días de haber escrito esta carta, en dolorosa soledad, moría por manos de los herejes, no de los paganos. Era el 16 de septiembre de 655. La duración de su pontificado fue de seis años, un mes y veintiséis días. Recibió sepultura en la Basílica de Santa María de Blanchernas, aureolado por el pueblo sencillo con el título de santo y de mártir. Según una tradición, en el siglo XIII, sus restos mortales fueron trasladados a Roma, siendo depositados en la iglesia de San Silvestre y San Martín ad Monte. De él se conservan 17 cartas que se incluyeron en la patrología latina de Migne. Su celebración litúrgica tiene el grado de memoria opcional el día 13 de abril.

Detalle del Santo en el Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Detalle del Santo en el Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Oración
Concédenos, Dios todopoderoso, afrontar las luchas y adversidades de la vida con la misma fortaleza con que soportó el Papa San Martín, las amenazas y el martirio por causa de la fe. Amén.

Humberto

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Bibliografía:
– VVAA, Año Cristiano IV abril, editorial BAC, Madrid, 2003, pp. 266-275.

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7 pensamientos en “San Martín I, papa y mártir

  1. Gracias, Humberto, por este artículo sobre San Martín I.
    Dices al principio del artículo que Cristo tiene dos naturalezas, dos voluntades y una sola Persona. Eso puede parecer contradictorio porque la voluntad se asocia a la personalidad, pero en Cristo no lo es. Jesús de Nazareth era (es) hombre y como tal, tenía una voluntad humana, pero también era (es) Dios y por tanto tiene una voluntad divina. ¿Cómo se casaría esto si la voluntad humana fuese contraria a la divina?
    Eso nunca se pudo dar porque las dos voluntades estaban unidas de tal manera que no podría hacerse distinciones sobre ellas; en verdad eran una sola cosa. Cristo quiere que “pase de Mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. La voluntad humana y la divina, aun siendo distintas, estaban unidas, formaban una sola cosa, estaban perfectamente engarzadas la una a la otra, como se funden dos metales formando una sola aleación y a eso es a lo que Jesús de Nazareth llama su Corazón. Su Corazón humano quiere y hace siempre la voluntad del Padre.

    Con respecto a la vida del santo quiero resaltar el hecho de que su elección se hizo sin consultar previamente al emperador y esto hay que tomarlo como el primer intento de hacer distinción entre el poder espiritual y el temporal. Lástima que pasados unos años o siglos, ambas volvieran a unirse tan estrechamente de tal modo que emperadores quitaban a papas y viceversa, metiéndose uno en las competencias del otro.
    Ahí empezaron los encontronazos entre el Papa y el emperador de Bizancio y esta fue la causa final que provocó su martirio.
    Quiero resaltar la curiosidad de que San Martín I, aun siendo Papa de Roma, parece ser venerado más en Oriente que en Occidente y, a mi entender, eso demuestra el aprecio que la Iglesia Ortodoxa tiene a la unión que hubo entre ambas antes del Gran Cisma

    • Toño, la cristología en su tiempo era un deporte nacional, todos estaban al pendiente de las teorías, dogmas, desviaciones de doctrina y de una u otra manera todos querían participar. Hoy nos falta interés por conocer a Cristo, aprender su mensaje, vivir sus enseñanzas, tal vez debamos pedir a San Martín I que nos infunda ese interés por ser cristianos auténticos, donde Cristo sea siempre nuestro centro de atención y la razón de vivir.
      Como lo dices y ya lo había comentado, este proceso de separar los poderes temporales y espirituales comenzaron con brío en este pontificado, lástima que tuvieron que pasar muchos siglos para que esto se consolidara, aunque no faltan integrantes de los dos ámbitos que mal interpretando estos tiempos, quieran volver a repetir estos episodios.
      Una pregunta: san Eugenio I y San Martín I fueron Papas simultáneamente, pero quie era el legítimo? Parece que es un episodio muy lastimoso este en el papado. Cuando San Ponciano se fue al destierro, renunció a su ministerio, cosa que no hizo San Martín, por razones obvias y San Eugenio I tampoco se negó a presentarse como tal. Una conjunción de dos papas que son santos y que no fue motivo de cisma. Que opinión tienes al respecto?
      Y la consabida referencia sobre sus reliquias: están desperdigadas, o si hay un sepulcro en Roma para él. Alguna vez pensé que, como a veces pláticas, que sin saber realmente sobre el destino de las reliquias de otros santos, no haya sucedido que San Martín haya sido confundido con San Clemente I, quien por cierto, hasta que murió en el destierro, tuvo su sucesor.
      Saludos.

      • San Martín I fue Papa desde julio del 649 al 16 de septiembre del 655, mientras que San Eugenio I, lo fue desde el 10 de agosto del 654 al 2 de junio del 657. O sea, ambos coincidieron en el papado desde el 10 de agosto del 654 al 16 de septiembre del 655.

        ¿Por qué sucedió esto? Fue el emperador Constante II el que, un año antes de morir San Martín I, mientras éste era conducido encadenado a Constantinopla, impuso la elección de San Eugenio I. Ni Eugenio ni el clero romano se opusieron al emperador, pero no por sumisión, sino porque ellos veían que si Eugenio no aceptaba, el emperador elegiría a un papa monotelista.

        Hay quienes afirman que aceptando esto, San Eugenio no quiso agravar la ya difícil situación del papa San Martín, aunque bien es verdad que el propio “Liber pontificalis”, hablando de San Eugenio dice que era “Benévolo, dulce y lleno de mansedumbre”. ¿Quiere decir con esto que fue condescendiente con el emperador o timorato, temeroso de que pudiera hacer más daño a la Iglesia? Yo me inclino por lo segundo.

        Yo creo que los dos fueron papas legítimos aunque coincidieran en un año y que a ambos los motivó el bien de la Iglesia. San Martín no tenía por qué abdicar, aunque en la práctica le impidieron gobernar la Iglesia y San Eugenio, al ser consciente de esta posible ingobernabilidad, lo aceptó como un mal menor. Pero además, ten en cuenta que a ambos se les impidió el que pudieran contactar personalmente y compartir el acuerdo.

        P/D.- Si eres Humberto, ¿por qué firmas como Eduardo?

  2. No conocía la vida de este santo Papa y me sorprende todo lo que soporto para defender la fe aun a su mayoría de edad, es una pena que siendo un santo que tanto lucho por la fe su memoria sea solo opcional, cuando realmente su ejemplo es maravilloso, virtuoso y muy imitable. Muchas gracias Humberto por poner tu grano de arena dando a conocer la vida de este gran Papa

    • Me alegra que conozcas mejor la vida de este papa por medio de este trabajo, es este el principal objetivo del blog. La vida de este Santo nos muestra las pasiones humanas y las luchas interiores que todos sentimos. A mi me llama la atención como el Emperador va a comentar su chistecito con el Patriarca que se está muriendo, su respuesta está llena de remordimiento y de vergüenza, ¿qué habrá sentido el emperador que conmutó la pena capital por el destierro?
      Yo creo que todos, de alguna manera, hemos tenido dramas personales semejantes o por lo menos a escala, a veces vamos por lana y salimos trasquilados.
      Que San Martín nos ayude a defender siempre la verdad.
      Saludos.

  3. Gracias, Humberto. Me ha encantado ver a este Papa -obispo de Roma, para ellos- en una iglesia rusa. Que católicos y ortodoxos compartimos a los Santos y mártires de los primeros siglos es algo que debemos tener presente.

  4. Ana, gracias por tu participación, que bueno que te has alegrado por esta feliz conjunción de un santo venerado tanto por católicos como ortodoxos, San Martín I papa católico, fue un excelente ortodoxo en el sentido etimológico de la palabra, pues defendió la fe a vista de su propia vida.
    Que este Santo y otros más que son como eslabones entre ortodoxos y católicos, intercedan ante Cristo, para que como Él y el Padre, también nosotros seamos uno.

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