San José Petrovykh, metropolitano de Petrogrado y mártir

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Icono ortodoxo ruso del Santo.

Icono ortodoxo ruso del Santo.

De los nuevos mártires de la cristiandad ortodoxa en Rusia durante el régimen bolchevique, no está reconocido como tal José Petrovykh, metropolitano de Petrogrado (Leningrado). En buena medida se debe a que se opuso a la actuación del Patriarca Sergio I de reconocer al nuevo Estado, solo siendo canonizado por la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exilio pero no reconocida por el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Como veremos más adelante la Iglesia, a la muerte del Patriarca San Ticón, se verá envuelta en disputas y divisiones.

Contexto histórico
Durante la Revolución Rusa y especialmente tras el ascenso al poder de los bolcheviques, la Iglesia que representaba el poder monárquico en unión con el antiguo régimen zarista, sufrió una dura persecución en la cual muchos sacerdotes, obispos, religiosos y religiosos, así como miles de creyentes fueron segregados, deportados o asesinados por su fe. Las propiedades de la Iglesia fueron confiscadas, sobre todo para subsanar los gastos de la Gran Hambruna durante la Guerra Civil Rusa (1921-1922), se profanaron edificios destinados para el culto y reliquias, se organizaron actos antirreligiosos, y la persecución originó un cisma dentro de las estructuras de la Iglesia, dividiéndose las opiniones entre el clero y siendo alentadas por el propio Estado en un intento de acabar de una vez por todas el poderío de la religión en la sociedad rusa.

Este cisma, apoyado por elementos del clero que se constituyeron como un movimiento de reforma pero que pronto tendría apoyo de las autoridades soviéticas, se le conoce como la “Iglesia Viva” comandada por la Administración Superior de la Iglesia que fue denunciada como anti canónica por el metropolitano Agatangel de Yaroslavl (a quien tras la detención del patriarca Ticón le fue confiado los deberes patriarcales), pero otros jerarcas como el futuro patriarca Sergio I reconocieron la autoridad de la misma.

Durante la década de 1920, la Iglesia Ortodoxa canónica y el régimen se fueron acercando, hasta que en 1927 se publicó por parte del todavía obispo metropolitano Sergio una “declaración” de lealtad absoluta al gobierno de la URSS con el objetivo de frenar la campaña antirreligiosa y la persecución, pero aunque fue bienintencionada la decisión, provocó el inmediato rechazo de los demás obispos entre ellos muy respetados miembros del Santo Sínodo que estaban exiliados o encarcelados, formándose la resistencia en la llamada “Iglesia de las Catacumbas” al cual estaba adherido nuestro biografiado de hoy.

Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Biografía
Ivan Semyonovich Petrovykh nace en Ustyuzhna, Novgorod el 15 de diciembre de 1872 de parte de una familia de clase media baja; terminó sus estudios en la escuela teológica de su lugar natal y del Seminario Teológico de Novgorod y en 1895 estudió en la Academia Teológica de Moscú, de donde se graduó en 1899 con el grado de candidato de teología y profesor de historia bíblica.

El 26 de agosto de 1901 fue tonsurado como monje por el obispo Arsenio Stadnitsky, que era el rector de la Academia, tomando el nombre de José. El 30 de septiembre fue ordenado diácono y el 14 de octubre fue ordenado sacerdote; dos años después se le concedió el rango de maestro de teología e inspector y profesor extraordinario de la Academia y el 18 de enero de 1904 fue elevado al rango de Archimandrita. Fue conocido autor y publicista de varios escritos, la mayoría con fuerte contenido de literatura patrística y de ascética ortodoxa, entre ellas sus reflexiones personales en el libro “En el abrazo del Padre: del diario de un monje”. Se opuso con rotundidad a las tendencias anti monásticas que el cuerpo de profesores así como del Archimandrita Nicón, que defendía el carácter contemplativo total del monacato apartándolo del servicio social; ambos, junto con otros profesores mantuvieron una fuerte disputa.

En junio de 1906, fue nombrado superior del monasterio de San Onofre de la diócesis de Yablochinsky, encontrándolo en un estado lamentable, deteriorado y con la comunidad ortodoxa acosada por católicos hostiles en la zona, pero después de una hábil administración pudo traer al convento de nuevo a un estado floreciente. El 15 de marzo de 1909 José fue consagrado como obispo de Uglich en la Catedral de la Trinidad de la Laura de San Alejandro Nevsky en San Petersburgo y más adelante fue nombrado superior del monasterio de Spaso-Yakovlevsky en Rostov, cargo que mantuvo hasta 1923.

Lienzo-retrato del Patriarca Sergio.

Lienzo-retrato del Patriarca Sergio.

Participó en el Consejo de 1917-1918 en que se determinó la restauración del Patriarcado de Moscú, y durante el ascenso de los bolcheviques se enredó en varias disputas con ellos, sobretodo el 7 de julio de 1919 en que fue arrestado por participar en protestas contra la campaña de profanación de reliquias siendo liberado en agosto. El 21 de mayo de 1924 el Patriarca Ticón lo designó para el Santo Sínodo y el 12 de abril del año siguiente participó en la transferencia del liderazgo de la Iglesia al Metropolitano Pedro después de la muerte del patriarca, pero el problema con los revisionistas cismáticos hizo que este siguiera el ejemplo nombrando a otros tres candidatos entre los que se encontraba Sergio.

En agosto de 1926 fue nombrado Metropolitano de Petrogrado a insistencia de creyentes de aquella diócesis, pero solo aceptó por obediencia ya que se negó a utilizar el nuevo nombre que los soviéticos habían impuesto a la ciudad: Leningrado; sin embargo el 11 de agosto llegó a la ciudad entre acogedores saludos y afecto por parte de su rebaño, al cual, con sus virtudes se ganó la simpatía de los mismos, los obispos lo respetaban así como gran parte del clero, era serio y despegado de las cosas de este mundo en el altar, ferviente en la oración, parecía verdaderamente un monje. Pero el día 13 dejó como vicario a su vicario Gabriel, jamás volvió a pisar Petrogrado, se dirigió a Moscú, el clero liberal quería reemplazar al metropolitano José por el obispo Alexis, pero cuando el metropolita Sergio fue arrestado, fue nombrado líder provisional de la Iglesia Rusa y diputado ad ínterin del trono patriarcal. El 16 de diciembre fue transferido a Lubianka y el día 28 fue detenido y trasladado al monasterio de Ustyuzhna, su localidad natal.

En marzo de 1927 fue liberado Sergio que comenzó con su labor de sumisión y de reconocimiento a las autoridades soviéticas, como hemos dicho anteriormente. En julio de ese mismo año realizó su declaración de absoluta lealtad al gobierno, expresando José claramente su desacuerdo con este acto, siendo transferido de nuevo de Petrogrado a Odessa pero consideraba este traslado como anti canónico, objeto de las intrigas que se desarrollaban entre los obispos. Aun así Sergio le negó la posibilidad de administrar la diócesis de Leningrado debido a que las autoridades bolcheviques le habían prohibido terminantemente volver a la ciudad.

El terreno se iba allanando para que los jerarcas descontentos rompieran la comunión con la organización central; el traslado del metropolita José había creado disturbios enormes, en las que volvía a protestar contra la política considerada pro-comunista del metropolitano Sergio, la situación se hacía insostenible. El 23 de diciembre de 1927 declaró: “Con el fin de condenar y neutralizar las últimas acciones del metropolita Sergio, no tenemos ninguna otra alternativa en las actuales circunstancias que con decisión apartarse de él e ignorar sus directivas”.

Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Entonces otros sacerdotes y obispos con la bendición de José se sumaron a la ruptura tomando él sobre sí de nuevo la dirección de la diócesis de Leningrado. El 6 de febrero de 1928 los sacerdotes de la diócesis de Yaroslav firmaron un acto formal de separación con el Santo Sínodo, quien reaccionó de inmediato retirando y suspendiendo de la gracia del sacerdocio a los que consideraban cismáticos (al que se denominó como movimiento josefino), pero sin embargo los afectados ignoraron estas disposiciones. Es más, cuando se les acusó precisamente de cisma, José les responde de la siguiente forma:
1. “No soy en absoluto un cismático, y yo no llamo a un cisma, sino para la purificación de la Iglesia de los que siembran el cisma real y lo provocan.
2. Indicando a otra persona sus errores no es cisma, pero, para decirlo, simplemente se está poniendo un caballo desbocado de nuevo en el arnés.
3. La negativas a aceptar reproches de sonido y directas, es en realidad un cisma y un atropellamiento a la Verdad.
4. En la construcción de la vida eclesiástica los participantes no solo son los que están a la cabeza, sino que es todo el cuerpo de la Iglesia y cismático es quien asume para si los derechos que exceden su autoridad y en nombre de la Iglesia presume decir lo que no es compartido con sus colegas.
5. El metropolita Sergio ha demostrado ser un cismático tal, porque ha superado con creces su autoridad y ha rechazado y despreciado la voz de muchos jerarcas, en cuyo seno la verdad pura se ha conservado”
.

En verdad la Iglesia Ortodoxa trataba de sobrevivir al estado autoritario con que se había constituido desde la Revolución de Octubre, la descristianización masiva siempre estuvo presente en este difícil periodo, con el asesinato de sacerdotes, religiosos y religiosas y seglares que se mantuvieron fieles al Evangelio. De algunos de ellos ya se había hablado en este blog. Algunas voces veían la sumisión de la Iglesia como “apostasía”, fervientes anticomunistas abanderaban la causa de nuestro mártir. Pero pronto las autoridades los vieron como una amenaza (como es lógico) contrarrevolucionaria, pero José no cedió y dejó muy claro de que no se reestablecería la unidad hasta que Sergio se arrepintiera de sus errores.

El movimiento de los “josefinos” se constituyó en la “Iglesia de las Catacumbas” que representaba los sufrimientos del pueblo cristiano por defender su fe ortodoxa en contra de las políticas ateístas de la URSS. José fue arrestado y enviado al exilio en la zona de Asia Central, pero continuó siendo perseguido por las autoridades, que no dejaban en paz a los adeptos al movimiento, puesto que seguían negándose a reconocer las iglesias “soviéticas”, aún en Kazajstán donde estaban desterrados (esta zona también fue adherida al territorio de la Unión Soviética). El sufrimiento lo fueron preparando para la hora del martirio que venía inminente. El metropolita José fue ejecutado por fusilamiento el 20 de noviembre de 1937, acusado como la mayoría de los casos de “contrarrevolucionario” junto a otros sacerdotes que le acompañaban. En 1981 fue glorificado como mártir por la Iglesia Ortodoxa Rusa en el exilio.

En los iconos se le representa con atuendo de metropolita, con la mano en actitud de bendecir y en algunas ocasiones bajo sus pies al patriarca Sergio. Puede resultar controvertida la actuación de nuestro santo, que incluso su canonización no fue reconocida por la Iglesia Ortodoxa Rusa, actuó conforme a su conciencia aunque pecara de intransigente, aunque no estuviera de acuerdo si viviera en nuestros días, la Iglesia logró sobrevivir a la tormenta que la encubrió durante años de represión y dictadura aunque ello significara sacrificar los intereses de la misma. Las intrigas envolvieron su legado pero esta es una lección para todos: que la historia puede estar llena de contradicciones y de conflictos que quizá no alcancemos a entender, pero sirve como memoria, como descubrimiento de nuestro pasado para marcar el rumbo del futuro.

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René Alejandro

Enlaces consultados (19/01/16):
– orthodoxwiki.org › Categories › Church History
– https://en.wikipedia.org/wiki/Joseph_(Petrovykh)
– orthodoxinfo.com/ecumenism/cat_joseph.aspx
– http://dnjosephsuaiden.typepad.com/blog/2009/04/the-life-of-hieromartyr-joseph-metropolitan-of-petrograd-and-those-with-him.html

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San Ponciano, Papa y mártir

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Medallón del Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Medallón del Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

El Calendario Romano celebra el 13 de agosto a los santos mártires Ponciano, Papa y San Hipólito, presbítero. De este último ya se ha escrito un articulo muy interesante que vale la pena leer para conocerlo mejor; ahora, toca el turno al Santo Pontífice para que quede completa la información sobre este par de santos, cuyo martirio celebra la Iglesia con devoción.

San Ponciano es el Papa número 18 y sucedió al San Urbano I, gobernando la Iglesia de Roma del año 231 al año 235. A él le tocó enfrentar divisiones internas que rasgaron la unidad eclesial desde los anteriores pontificados de San Ceferino (198-217), San Calixto I (217-222) y de San Urbano I (222-230), dando como resultado un resquebrajamiento a causa de las doctrinas teológicas y de la disciplina eclesiástica. Se dice que durante su ministerio hubo un cisma y un antipapa, señalando como cabecilla de la rebelión a San Hipólito, dato que la crítica histórica moderna actualmente no acepta que se atribuya a su compañero de celebración.

San Jerónimo en su carta 33 refiere que en sus tiempos, un Sínodo presidido por él mismo, ratificó la condena de Orígenes que se había sentenciado ya en Alejandría. Los primeros años de su pontificado transcurrieron bajo el imperio de Alejandro Severo (222-235), quien fue tolerante para los cristianos, pero su sucesor, Maximino el Tracio, (235-238) no procedió como él y en el primer año de su reinado, desterró al obispo de Roma a la Isla de Cerdeña, probablemente condenado a ser obrero en las minas de sal.

Lápida del cubículo del Santo. Catacumbas de San Calixto, Roma (Italia).

Lápida del cubículo del Santo. Catacumbas de San Calixto, Roma (Italia).

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San Ponciano comprendió que su ida no tendría vuelta, por lo que renunció a su ministerio petrino al frente de la comunidad de la Iglesia de Roma el 25 de septiembre de 235 para que no quedara sin cabeza ni pastor. Fue el primer Papa que dimitió y lo hizo por una causa ejemplar; esta fecha es desde entonces la primera que se conoce con exactitud en la historia del papado, así pues, clero y pueblo de Roma eligieron a su sucesor en la persona de San Antero. Las penalidades del viaje y los duros trabajos acabaron pronto con la vida de San Ponciano, quien moriría probablemente el 30 de octubre del mismo año, siendo víctima de la persecución a causa de su fe y su ministerio.

El “Catálogo Liberiano” informa que con San Ponciano fue desterrado el presbítero San Hipólito, que también murió mártir en ese lugar; a iniciativa de San Fabián, el año siguiente, los despojos de ambos mártires fueron retornados a Roma. San Hipólito fue sepultado en el Cementerio de la Vía Tiburtina que lleva su nombre, y San Ponciano fue sepultado en la cripta de los Papas en el Cementerio de San Calixto. El “Liber Pontificalis” da la noticia de que sus reliquias habrían sido trasladadas por el Papa San Pascual I a la Iglesia de Santa Praxedes en el Esquilino.

Relicario del cráneo del Santo venerado en Ágreda, Soria (España).

Relicario del cráneo del Santo venerado en Ágreda, Soria (España).

La fecha del 13 de agosto en que se celebra, figura como aniversario en la Depositio Martyrum, en el Martirologio Jeronimiano y en el Sacramentario Leoniano. La complejidad de noticias sobre la fecha de su muerte y su traslación ha causado la oscilación de fechas para su celebración: 19 y 20 de noviembre en los Martirologios de Floro, Odón de Vienne y Usardo, 30 de octubre en la anterior edición del Martirologio Romano y 19 de noviembre hasta la reforma del calendario litúrgico. Actualmente se le conmemora junto con San Hipólito como ya se ha dicho, el 13 de agosto, con el grado de memoria opcional.

Oración:
Que la sincera y abnegada lealtad de tus santos mártires Ponciano e Hipólito, nos obtenga, Señor, el don del amor y la inquebrantable firmeza de la fe. Por…

Humberto

Bibliografía:
– VV.AA. “Año Cristiano agosto”, Editorial BAC, Madrid, 2003, pp 392-396.
Diccionario de los Santos Volumen II, Editorial San Pablo, Madrid, pp.1935-1936.

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San Pedro II, arzobispo de Tarantasia

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Icono del Santo.

Icono del Santo.

Nació en el año 1102 en la villa de Saint-Maurice-de-l’Exil, siendo el segundo de los cinco hijos de unos padres muy piadosos y caritativos, que daban hospedaje a cuantos religiosos pasaban por su pueblo. Por esto, desde su infancia, conoció a algunos monjes cartujos y a algunos cistercienses pertenecientes a la recién fundada Abadía de Bonnevaux, cercana a su casa. En esta abadía, cuando tenía veinte años de edad, acompañado de su hermano Lamberto, tomaron el hábito cisterciense. Años más tarde, el más pequeño de los hermanos y su padre ingresaron también en la abadía, mientras que su madre y su hermana, tomaron el velo monacal en la abadía cisterciense de San Pablo de Izeaux. O sea, de los siete miembros de la familia, seis se hicieron religiosos cistercienses.

En el año 1120, algunos monjes de la Abadía de Bonneveaux habían fundado el monasterio de Mazan en la región de Vivarais y el de Montpeyroux en Alvernia y en el 1132, bajo los auspicios del arzobispo Pedro I de Tarantasia, hicieron la fundación de Tamié en la región de Saboya, nombrando a Pedro como abad, el cual se prodigó sin límites en conseguir para su abadía todo tipo de bienes, tanto espirituales como materiales. El arzobispo San Pedro I de Tarantasia, promotor de esta fundación, había sido un antiguo monje de Citeaux y abad de La Ferté.

En el 1140, cuando murió el santo arzobispo Pedro I, le sucedió Isdraël – que era capellán del conde de Saboya -, pero que poco a poco se mostró indigno para ocupar este cargo hasta el punto de que la Santa Sede lo depuso del mismo. Entonces, se apeló a Pedro (que como he dicho era abad de Tamié), el cual, en un principio se mostró renuente a aceptar el cargo, aunque finalmente tuvo que hacerlo ante la insistencia de los abades de Citeaux y de Bonnevaux y, sobre todo, de San Bernardo de Claraval. Y así, siguiendo el ejemplo de su antecesor San Pedro I, conservó el hábito monacal y mantuvo en todo lo posible durante toda su vida, el cumplimiento personal de la Regla Cisterciense. Reformó el Capítulo de su catedral recurriendo a los Canónigos Regulares de la Abadía de San Mauricio de Agaune, viviendo con ellos en comunidad. Esta vivencia la compaginó con la visita pastoral a todas las parroquias de su diócesis, prodigándose en la realización de obras sociales y en la administración de los sacramentos de la Penitencia y de la Confirmación.

Abadía de Tamié.

Abadía de Tamié.

En el año 1153, el Papa Eugenio III – que había sido antiguo monje de Claraval -, delegó en él la solución de una disputa entre el obispo de Maurienne y los señores de La Chambre. Dos años más tarde, el Papa Adriano IV, de acuerdo con el santo obispo Amadeo de Lausanne, le encargó el restablecimiento de la paz entre los Premonstratenses de Lac-de-Joux y los monjes de Lieu-Poncet, los cuales dependían de la Abadía de San Claudio. Como, según su biógrafo, en esta abadía se le atribuyeron la realización de algunos milagros, comenzó a difundirse por toda la región su fama de santidad. Huyendo de esto, decidió dejar su diócesis para esconderse en el monasterio cisterciense de Lucella, en la diócesis de Basilea, aunque allí fue descubierto camuflado como un monje más, dedicado a las labores agrícolas del monasterio. Contrariado, retornó a su diócesis dedicándose plenamente a sus deberes pastorales.

Deseoso siempre de practicar la caridad, transformó su palacio episcopal en una casa de acogida para los pobres; su mesa siempre estaba dispuesta para los más necesitados, con los cuales compartía todo cuanto tenía. Pero, dada la cantidad de menesterosos que acudían a él, pronto se dio cuenta de la necesidad de instituir obras y organizaciones de caridad, entre las cuales cabe destacar el llamado “Pan de Mayo”, que sobrevivió hasta la llegada de la Revolución Francesa y que consistía en la distribución de un plato de sopa caliente a cuantos acudían al que había sido el palacio episcopal. Su biógrafo dice que en más de una ocasión fue tan grande el número de necesitados que acudían, que la sopa se multiplicaba de manera milagrosa; algo similar al célebre milagro que llevó a la canonización a San Juan Macias.

Hospicio del Pequeño San Bernardo.

Hospicio del Pequeño San Bernardo.

Asimismo agrandó el llamado “Hospicio del Pequeño San Bernardo”, en la célebre Colonne-Joux, que como sabemos es un puerto de montaña que separa Tarantasia (en la Saboya francesa) del Valle de Aosta en Italia. Este hospicio había sido fundado por San Bernardo de Menthon a fin de proteger a los peregrinos contra los bandidos y las inclemencias del tiempo, pero que con el paso de los años se fue deteriorando, por lo que San Pedro II de Tarantasia lo reconstruyó. Quién desee más información sobre este emplazamiento, lea este enlace.

Por su forma de ser y de actuar consiguió tener una gran autoridad moral en toda aquella región: el conde de Saboya lo llamaba para recibir sus consejos y en más de una ocasión recurrió a él para que intermediara en alguna disputa. Así, restableció la paz entre el conde y el obispo San Guerino de Sión, quién había sido abad del monasterio cisterciense de Aulps. En el año 1156 redactó un tratado de alianza entre el abad de San Mauricio de Agaune y el del monasterio de Nuestra Señora de Abondance. Ese mismo año, en San Segismundo, resolvió otra discrepancia entre el obispo de Ginebra y el conde del Ginebrino (lo que hoy sería el alcalde), acerca de los respectivos derechos o competencias de cada uno de ellos sobre aquella ciudad.

Relicario con el húmero del Santo.

Relicario con el húmero del Santo.

Pero su más importante actividad fue aquella que llevó a cabo en defensa de la unidad de la Iglesia cuando en el año 1159, a la muerte del Papa Adriano IV, después de la elección de Alejandro III, cuatro cardenales fieles al emperador se reunieron eligiendo a uno de ellos que tomó el nombre de Víctor IV. Entonces, en la ciudad de Crema, el emperador Federico Barbarroja convocó a un cierto número de obispos y arzobispos a los cuales les propuso la oportunidad de convocar un concilio. Allí se presentó San Pedro II de Tarantasia, acompañado de los abades de Claraval, de Morimond y de otros abades cistercienses para encontrarse con el emperador, el cual iba avanzando camino de Milán y suplicarle que respetase a aquella ciudad y a sus habitantes. En el “seudoconcilio” convocado por Barbarroja en Pavía a principios del año 1160, los cardenales fieles al emperador reconocieron a Víctor IV como legítimo Papa. Pedro, prácticamente solo, se enfrentó al emperador y al antipapa y se marchó a Tarantasia y a las regiones vecinas de Borgoña, Alsacia y Lorena para predicar la unión en torno al legítimo Papa Alejandro III. Su biógrafo nos dice que en esta campaña de defensa del legítimo Papa, realizó numerosos milagros y curaciones.

Tuvo la valentía de presentarse de nuevo ante el emperador para responsabilizarle de la desunión de la Iglesia, pero éste se mostró inflexible. De todos modos, gracias a sus enormes esfuerzos, fue reuniendo en torno a sus tesis a muchos obispos y abades cistercienses, como al obispo Enrique de Baeuvais – hermano del rey de Francia y antiguo monje de Claraval -, al abad Lamberto de Citeaux, a Felipe de Aumône, a San Elredo de Rievaulx y a otros. Finalmente, gracias a sus esfuerzos, en el mes de mayo del 1163, en el Concilio de Tours, los reyes de Francia y de Inglaterra reconocieron solemnemente la legítima autoridad del Papa Alejandro III, el cual se había refugiado en Francia huyendo de la persecución ejercida contra él por Federico Barbarroja. Este siguió en sus treces y a la muerte del antipapa Víctor IV, hizo elegir a otro que tomó el nombre de Pascual III.

En el año 1165, el Papa Alejandro III llamó a Roma a San Pedro de Tarantasia, el cual realizando un triunfal viaje por toda Italia, se presentó ante el Papa acompañado por Gualberto, futuro obispo de Aosta. Digo que este viaje fue triunfal, porque a su paso por las ciudades de Pavía, Bolonia, etc., la población se echaba a la calle para recibirlo; dice asimismo su biógrafo que durante este viaje, el santo realizó numerosas curaciones por el camino. A su vuelta, en Tolosa (Toulouse), logró imponer la paz entre el conde Raimundo V y el conde Humberto III de Saboya. También en ese mismo año intervino eficazmente en una disputa jurisdiccional entre el conde de Forez y la Iglesia de Lyon, consiguiendo que llegaran a un acuerdo.

Urna con el cráneo y la pierna izquierda del Santo.

Urna con el cráneo y la pierna izquierda del Santo.

En el 1170, cuando el emperador se encontraba en Besançon, fue nuevamente a verlo a fin de convencerlo para que firmase la paz con la Iglesia Romana, pero nuevamente fracasó en el intento. Era capaz de poner de acuerdo a multitud de contendientes, pero con el emperador, no lo conseguía. Un año más tarde, durante una estancia de reposo en la Gran Cartuja, hizo división de los bienes materiales de la Iglesia de Tarantasia, determinando la parte que quedaba reservada para los canónigos y la pequeña porción que dejó a la administración del propio obispo.

Sus últimos años de vida fueron particularmente activos. El 12 de febrero del 1173 estaba presente en el castillo de Montferrand (en Alvernia), acompañado de los obispos de Ginebra y de Maurienne y de un numeroso grupo de nobles de la región de Saboya, donde consiguió que firmaran un acuerdo el rey Enrique II de Inglaterra y el conde Humberto III de Saboya; este acuerdo estaba relacionado con el proyecto matrimonial entre la princesa Alicia de Saboya y Juan sin Tierra. Pocos días más tarde, lo encontramos en Limoges, donde por espacio de doce días se quedó en la corte del rey de Inglaterra, realizando diversas curaciones de las que nos ha llegado información gracias al clérigo escritor Gautier Map. Los contactos que tuvo con este rey tuvieron como objetivo el abordar un acercamiento con el rey de Francia, más que deseable ya que los eventos provocados por los cruzados en Tierra Santa se estaban precipitando. Y parece ser que estos contactos no fueron inútiles, pues el 23 de agosto de ese mismo año, el Papa – después de haberlo consultado con el obispo Ponce de Clermont, el abad Alejandro de Citeaux, el prior de la Gran Cartuja y el Gran Maestro del Temple -, delegó en él para que negociara la paz entre el rey de Inglaterra y sus hijos, a los cuales se había unido el rey de Francia y así, el Miércoles de Ceniza del año 1174, el santo obispo Pedro II impuso la ceniza al rey de Inglaterra y a su séquito en la abadía cisterciense de Mortemer, en Normandía.

Urna con la pierna derecha del Santo.

Urna con la pierna derecha del Santo.

De retorno a su diócesis, el arzobispo Pedro II realizó diversas paradas deteniéndose en el monasterio de Hautes-Bruyères (dependiente de la abadía de Fontevrault, en la diócesis de Evreux), en la ciudad de Montmorency, en la abadía cisterciense de Vaux de Cernay, en la abadía de Longuay que está cercana a Langres y finalmente, en Lyon donde fue testigo de una donación realizada por Ulderico de Villars a favor de los cistercienses de Chassagne. Una vez llegado a Tarantasia, recibió un nuevo encargo del Papa ante los monjes de Bellevaux, lo cual hizo que de nuevo tuviese que viajar, pero llegando a su lugar de destino se vio atacado por un violento estado febril, llegando a duras penas al monasterio, donde murió pocos días más tarde, el 14 de septiembre del año 1174, día de la Exaltación de la Santa Cruz. Fue sepultado en la iglesia de Bellevaux junto al altar dedicado a la Santísima Virgen. Godofredo de Auxerre, que entonces era abad de Hautecombe, quién frecuentemente había estado en contacto con él, escribió su “Vita” con la intención de solicitar su canonización. De hecho, fue canonizado por el Papa Celestino III el 10 de mayo del año 1191, o sea, solo diecisiete años después de su muerte.

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San Pedro II de Tarantasia, San Bernardo y San Guillermo arzobispo de Bourges, son los únicos tres santos canonizados de la Orden de Citeaux. Su fiesta fue fijada el día 11 de septiembre, pero muy pronto fue trasferida al 8 de mayo. Los cistercienses lo conmemoran el día de su muerte, el 14 de septiembre. La Abadía de Tamié, de la cual fue su primer abad, poseo tres reliquias insignes del santo: la cabeza, la pierna izquierda y un húmero, mientras que la iglesia de San Jorge de Vesoul, conserva la pierna derecha. El resto de reliquias están muy repartidas.

Como hemos podido comprobar siguiendo este breve relato de su vida, fue un obispo que vivió como un monje, un hombre de Iglesia, tremendamente trabajador y conciliador, muy caritativo y con fama de taumaturgo aun en vida.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Godofredo de Auxerre, “Vita Sancti Petri Tarentasiensis”, Biblioteca de Troyes, siglo XII.
– Burnier, A., “Histoire de l’abbayé de Tamié”, Chambery, 1865.
– Dimier, A., “Saint Pierre de Tarentaise”, Ligugé, 1935
– Dimier, M.A., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.
– Lenssen, S., “Aperçu historique sur la vénération des Saints cisterciens dans l’ordre de Citeaux”, Collectanea Ordinis Cisterciensis III, 1939.
– Múller, G., “San Pedro arzobispo de Tarantasia”, Crónicas cistercienses III, 1891.

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Santos neomártires serbios de Jasenovac

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Icono ortodoxo serbio de los neomártires de Jasenovac.

Icono ortodoxo serbio de los neomártires de Jasenovac.

La Iglesia Ortodoxa Serbia, ha canonizado a varios mártires que fueron asesinados en este campo de exterminio creado durante el gobierno de Ante Pavelic para reprimir cualquier signo de oposición al Estado Independiente de Croacia. Aunque pueda generar polémica dar algunas pinceladas sobre estos mártires, entre ellos la participación de miembros de la Iglesia Católica en estas atrocidades, pero sin temer a las discrepancias que puedan surgir me atrevo a escribir aunque sea de manera somera y breve sobre estos episodios y sobre los mártires más destacados de esta represión.

Contexto
El establecimiento del Estado de Croacia, se proclamó el día 10 de abril de 1941, cuatro días después del ataque alemán que se precipitara sobre Yugoslavia; en esta zona de los Balcanes durante el anterior gobierno monárquico, las luchas étnicas y religiosas habían desestabilizado al país, así como las crisis económicas y políticas. El gobierno del nuevo Estado estableció su capital en Zagreb formando una dictadura de carácter fascista representada en un grupo extremadamente radical y anti serbio, la Ustacha, que durante el gobierno del rey Alejandro I había realizado varios atentados contra la vida de éste, a lo que el mandatario respondía con brutalidad.

Urna con reliquias de los neomártires de Jasenovac.

Urna con reliquias de los neomártires de Jasenovac.

Una de las primeras medidas fue proscribir a la Iglesia Ortodoxa Serbia, así como fomentar la conversión forzosa al catolicismo, matanzas y expulsiones masivas en un ideal arcaico de purificación, pero a diferencia de lo que haría el régimen nazi, esta discriminación contra los serbios (porque también hubo víctimas entre la población gitana, judía y musulmana) era de carácter cultural y religioso.

Ahí entra la controversia sobre la participación en este calvario del arzobispo de Zagreb Aloysius Stepinacen la cual apoyó desde un principio al Estado distanciándose más tarde, lo que no impidió ser juzgado en 1946 como responsable, y fue una importante crítica a su beatificación llevada a cabo por el papa Juan Pablo II el 3 de octubre de 1998.

Igual que los nazis, los fascistas croatas crearon varios campos de concentración y exterminio para llevar a cabo sus sangrientos objetivos, es conocido el de Jasenovac, por el grado de violencia al que llegó la tortura y asesinato no solo de presos políticos sino de religiosos. Cuando se creó el gobierno independiente en los territorios pertenecientes a Croacia había aproximadamente dos millones de serbios, la mayoría eran cristianos ortodoxos y son los que sufrirían durante cuatro años hasta la caída de las potencias del Eje, todas las vejaciones y la discriminación racial, así como muchos sufrirán torturas, conversiones forzadas y espantosas muertes.

Veneración de las reliquias de los neomártires en Bosnia-Herzegovina.

Veneración de las reliquias de los neomártires en Bosnia-Herzegovina.

Jasenovac
El campo de concentración y de exterminio era el más grande de toda Croacia, estaba constituido por 5 subcampos y 3 campos menores, ocupando un total de 240 kilómetros cuadrados junto al río Sava, dirigido por Miroslav Majstorovic fue cerrado el 22 de abril de 1945. Pero la masacre y la brutalidad durante sus años de funcionamiento fueron indescriptibles, los que no eran aptos para los trabajos forzados con que sometían a los prisioneros, eran llevados al río anteriormente mencionado donde eran asesinados.

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Por ejemplo, a finales de verano de 1942 cuando unos 10 000 campesinos serbios entraron en el campo de concentración, las milicias de la Ustacha organizaron concursos cuyo ganador era quien asesinaba en un día el mayor número de prisioneros, fueron degollados algunos, brutalmente mutilados otros, golpeados en la cabeza más, y arrojados vivos al fuego; era frecuente que a las mujeres se las violara antes de asesinarlas, con igual crueldad se asesinaba a los niños y a los ancianos. También fueron asesinados aproximadamente 360 000 prisioneros en los bosques de Krapje, y muchos más en los sótanos y la torre de una antigua fortaleza militar junto al río Sava.

Algunos con mucha razón (y en mi opinión personal también) que estamos en un caso de genocidio, es decir de destrucción cultural, atentado grave contra la integridad de la vida de miles de personas, víctimas del odio y la segregación. Muchos derramaron su sangre en defensa de su cristiandad ortodoxa, (sin intención alguna de desacreditar ni de estigmatizar o faltar al respeto a la Iglesia católica) es notoria la participación de clérigos católicos en este plan de exterminio y “limpieza” cultural. Aparte de la participación controvertida del arzobispo de Zagreb, el arzobispo de Sarajevo Iván Saric y el franciscano Miroslav Filipovic fueron militantes de la Ustacha y algunos sacerdotes participaron activamente en asesinatos y saqueos. Entre los mártires se encuentran obispos, sacerdotes, monjes, y miles de fieles, quienes los forzaron a convertirse al catolicismo romano pero que no quisieron traicionar su fe, y fueron martirizados.

Icono ortodoxo serbio de San Vukasin.

Icono ortodoxo serbio de San Vukasin.

Sobre los mártires, hablaremos de uno, que es el más conocido de todos, San Vukasin de Klepci. Poco se sabe de esta víctima salvo que nació en Klepci, Herzegovina a principios del siglo XX, para la Segunda Guerra Mundial era un hombre mayor cuando las milicias croatas lo deportaron al terrible campo de Jasenovac, siendo testigo de los famosos concursos donde se competía por quién mataba a más serbios; la noche del 29 de agosto de 1942 precisamente fue una noche de matanza, Petar Brzica se jactaba de haber cortado las gargantas de unos 1360 prisioneros, luego Ante Zrinusic relataba haber matado 600, pero quien merece poner nuestra atención es de Friganovic quien admitió haber matado a unos 1100 reclusos, nos relatan testigos del martirio de Vukasin: “Intentó obligar al hombre a bendecir el nombre de Ante Pavelic, a lo que este se negó a hacer, incluso después de haberle cortado las orejas, la nariz y la lengua con cada negativa. Definitivamente le cortaron los ojos, le arrancaron el corazón y le cortaron la garganta, este incidente fue presenciado por el Doctor Nikola Nokolic”. La Iglesia Ortodoxa serbia le canonizó en 1998, su fiesta es el 16 de mayo.

René Alejandro

Enlaces consultados (22/01/2016):
-https://es.wikipedia.org/wiki/Campo_de_concentración_de_Jasenovac
-https://es.wikipedia.org/wiki/Estado_Independiente_de_Croacia
-www.johnsanidopoulos.com/2011/05/holy-new-martyr-vukasin-of-klepci
-pemptousia.com/2014/05/new-martyr-vukasin-of-klepci

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Cutberto, obispo de Lindisfarne

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Miniatura en el célebre códice del siglo XII custodiado en el British Museum de Londres.

Miniatura en el célebre códice del siglo XII custodiado en el British Museum de Londres.

San Cutberto, uno de los santos más venerados por la Iglesia de Inglaterra, nació en el año 634 cerca de Melrose, en el seno de una familia campesina anglosajona, que se dedicaba a la cría de ovejas. Desde niño trabajó como pastor pero con ocho años de edad fue enviado a Lindisfarne para que asistiera a la escuela que había fundado el obispo San Aidano y debió tener una buena relación con él porque según nos cuenta San Beda el Venerable en su “Vita Sancti Cuthberti”– que es la principal fuente histórica existente sobre este santo -, que una noche tuvo un sueño en el que vio cómo el alma del santo obispo era llevada al cielo por los ángeles: “Quomodo cum pastoribus positus animam sancti Aidiani episcopi ad coelum ab angelis ferri aspexerit”.

Con quince años de edad se enroló en el ejército del rey Oswin de Northumbria a fin de defender el castillo de Bamburgh, pero el recuerdo de aquella visión le impulsó a ingresar dos años más tarde, en el año 651, en un monasterio existente en su localidad natal, que estaba bajo la guía del abad Boisilo y en el que distinguió por su vida ascética. En el año 661, junto con un grupo de monjes fue enviado a Ripón por el rey Alchfrith (hijo de Oswin) a fin de fundar un monasterio y hacerse cargo del hospicio anexo al mismo. Misionó por toda la Northumbria y el sur de Escocia, pero cuando el rey adoptó las costumbres de la Iglesia Romana y San Wilfrido se convirtió en el abad de Ripón, los monjes que seguían las tradiciones celtas, abandonaron el monasterio y volvieron a Melrose y a la muerte del abad Boisilo, Cutberto fue llamado a sucederle en el gobierno del cenobio.

Cuando en el Sínodo celebrado en la Abadía de Whitby – recordad el artículo del pasado 14 de diciembre -, se acordó aceptar la costumbre romana en el cálculo de la fiesta de la Pascua, el monje Cutberto, por obediencia a sus superiores que, capitaneados por San Wilfrido, se impusieron el objetivo de unificar a toda la Iglesia de Occidente, asumió las decisiones de Whitby y trabajó activamente para que se aceptaran estas nuevas normas, unificando las costumbres de la iglesia anglosajona a los usos de la Iglesia romana. Recordemos que San Aidano, que era el que llevó el cristianismo a Northumbria en el año 631, había establecido el rito celta y su forma de calcular la fecha de la Pascua y que Cutberto había seguido las normas celtas, pero, como he dicho, más por obediencia a sus superiores que por propia convicción, asumió esta tarea, siendo elegido prior del monasterio de Lindisfarne en el año 664 para que introdujese en él la liturgia romana.

Miniatura en el célebre códice del siglo XII custodiado en el British Museum de Londres.

Miniatura en el célebre códice del siglo XII custodiado en el British Museum de Londres.

En el año 669, el abad Eata de Lindisfarne fue consagrado como obispo y Cutberto fue elegido abad, continuando sus viajes misioneros, predicando, extendiendo el cristianismo por las islas británicas y, según San Beda, realizando milagros. Quizás por su no completa convicción, tuvo muchas dificultades para convencer a muchos monjes celtas a fin de que aceptaran las costumbres romanas adoptadas en el sínodo de Whitby y, cansado, en el año 676 se retiró buscando la soledad en las Islas Farne, situadas en la costa de Northumbria: allí vivió como eremita en una pequeña gruta durante nueve años. Se construyó una ermita, comía solo verduras y pescado y siguió practicando en solitario su antiguo rito celta. Siguiendo una de las costumbres monásticas celtas recitaba los salmos mientras se bañaba en las frías aguas del Mar del Norte y dice la tradición que cuando salía del agua después de recitar sus oraciones, las nutrias le secaban los pies y las aves marinas de la isla le traían peces para que comiera.

En el año 685, San Teodoro de Tarso, arzobispo de Canterbury (el mismo que restituyó a San Wilfrido la sede de York), nombró a Cutberto obispo de Lindisfarne. Aunque se resistió a asumir esta nueva responsabilidad, la aceptó a regañadientes, tuvo que dejar las Islas Farne y fue consagrado en York el 26 de marzo de ese mismo año. Tomó posesión de su diócesis y reanudó su trabajo misionero. Pero poco le duraría esta responsabilidad ya que viendo que se acercaba su fin y deseando vivir y morir en soledad, un año más tarde renunció al cargo y se retiró de nuevo a las Islas Farne, donde murió el 20 de marzo del año 687. Fue sepultado en Lindisfarne, aunque diez años más tarde a instancias del obispo Eadberto, su cuerpo fue exhumado, encontrándose fresco e incorrupto. Su ejemplar vida y esta señal, fue tomada como signo de santidad, siendo desde ese momento venerado como santo mediante el acto de la elevación de las reliquias.

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En el año 793, los vikingos destruyeron el monasterio de Lindisfarne a excepción de la tumba de San Cutberto, pero los monjes a instancias del obispo Eardulfo y a fin de evitar futuros pillajes, trasladaron el cuerpo del santo realizando un largo viaje de siete años por toda Northumbria. Durante el traslado, recibieron numerosas donaciones, estuvieron en su localidad natal de Melrose (Mailros), en Durham, en Lancashire y en Yorkshire. Intentaron ir a Irlanda, pero se vieron impedidos a causa de una tormenta que ellos interpretaron que era la voluntad del santo para impedir pasar a aquella isla. Durante diez años estuvo en Chester-le-Street, pero en el año 995 los daneses invadieron Northumbria lo que obligó a que los monjes se lo llevaran a Ripon. Allí estuvo dos meses hasta que los monjes decidieron continuar con el traslado en un carro. Como el carro se quedó hundido en el barro del camino, los monjes interpretaron de nuevo que aquello era un signo sobrenatural por lo que después de ayunar durante tres días, les fue revelado que el santo quería ser sepultado en un lugar llamado Dunholme, cercano al río Wear. Allí fue sepultado y más tarde, en aquel mismo lugar fue construida la actual catedral de Durham.

Sepultura del santo en la catedral de Durham, Inglaterra.

Sepultura del santo en la catedral de Durham, Inglaterra.

En el año 1534, las huestes del rey Enrique VIII desenterraron el cuerpo del santo y al encontrarlo incorrupto, lo volvieron a enterrar en la misma capilla donde había estado sepultado. No quedó ahí la cosa, porque en el año 1827, fue exhumado de nuevo aunque en dicha exhumación se encontraron tres ataúdes. En uno de ellos estaba un cuerpo con una cruz en el pecho llamada la cruz de San Cutberto, la cual siempre había llevado encima desde hacía casi mil años. Se puso en un nuevo ataúd y se enterró en el mismo lugar. En el año 1899 se volvió a exhumar el cadáver para realizarle un reconocimiento canónico. A San Cutberto se le atribuye el milagro de envolver a Durham en una espesísima niebla que hizo imposible que durante la Segunda Guerra Mundial, la aviación nazi pudiese bombardear la ciudad. La festividad de San Cutberto de Lindisfarne se celebra el día 20 de marzo.

Las imágenes más antiguas del santo provienen del siglo X y son una escultura en la catedral de Carlisic y otra en el cementerio de Mosham en la que aparece junto a Cristo y los apóstoles. Son excepcionales las miniaturas de los códices del siglo XII de la “Vita Sancti Cutberti” de San Beda el Venerable, una de las cuales reproducimos en este artículo. En el códice custodiado en el British Museum de Londres, aparecen cuarenta y una miniaturas, bellísimas por su simplicidad, en algunas de las cuales es representado como un monje benedictino y en otras con los hábitos episcopales. Existen otras muchas representaciones iconográficas de este venerado santo anglosajón, las cuales son imposibles de enumerar, aunque no me resisto a recordar las que aparecen en el “Breviario de Bedford”, del año 1434, conservado en la Biblioteca Nacional de Paris y la escultura de la capilla de Enrique VII en Westminster.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Aprile, A y Rimoldi, A., “Bibliotheca sanctórum, tomo IV”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987
– Beda, “Vita Sancti Cutberti”.
– Colgrave, B., “Two lives of St. Cuthbert”, Cambridge, 1940
– Craster, E., “Los Milagros de San Cutberto en Farne”, Analecta Bolandista, LXX, 1952 .

Enlace consultado (02/01/2016):
– http://feastssaintsmedievalchurch.blogspot.com.es

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