San Juan María Vianney, sacerdote confesor (II)

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Vidriera del Santo.

Vidriera del Santo.

Ministerio sacerdotal en Ecully
Ayer vimos los difíciles años de estudio en el seminario, así como el curioso caso de su vida de soldado y desertor del ejército de Napoleón; hoy continuamos con la vida del Santo Cura de Ars y trataremos sobre su ministerio sacerdotal.

El 15 de agosto de 1815, fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen, pasó en recogimiento en el seminario, emprendiendo el viaje de regreso a su localidad natal al día siguiente, siendo nombrado vicario coadjutor de la parroquia de Ecully, de donde era párroco su benefactor el padre Balley. Sin embargo la licencia para confesar la tuvo que esperar para el año siguiente, debido a que los superiores tuvieron que analizar si poseía ciencia para ello. Entonces se dedicó mientras a enseñar el catecismo a los niños y predicar los domingos en la misa, pero para esta segunda labor se le dificultaba constantemente, debido a que en algunas ocasiones la memoria le fallaba en la penosa tarea de aprenderse la homilía durante horas. Su temperamento era constantemente dominado por el nerviosismo. Era parco en las comidas y penitente en extremo, amable con sus visitantes pero duros consigo mismos. El padre Vianney con frecuencia se azotaba la espalda por los pecados de sí mismo y de sus feligreses, era mortificado en extremo, daba cuanto tenía a los necesitados y aunque su trato con las mujeres era muy amable y cortés, nunca permitió familiaridad exagerada en el trato.

En 1817 a su benefactor le apareció una úlcera en las piernas que lo dejó postrado en cama, entonces el joven coadjutor tuvo que reemplazarlo en los deberes parroquiales, pero la úlcera se convirtió en gangrena y los médicos declararon incurable la enfermedad. El 17 de diciembre de 1817 después de confesarse con el padre Vianney y pedirle guardar sus pertenencias el padre Balley falleció. El nuevo párroco, no se sentía demasiado cómodo con lo mortificado de su vicario y en enero de 1818, hizo a la diócesis de Lyon la petición de cambio. Entonces el obispo envió a Juan María al pueblo donde iba a pasar el resto de su vida a petición de las personas más influyentes de la localidad.

El Santo predicando a los hombres.

El Santo predicando a los hombres.

Ministerio sacerdotal en Ars
El 21 de enero de ese año murió el sacerdote que trabajaba en Ars y las autoridades eclesiásticas decidieron enviarlo allá para dedicarse a la evangelización de los habitantes, tan alejados de la fe, tan mundanos en costumbres. Durante la Revolución Francesa, el templo parroquial, se convirtió en teatro para fiestas, en la comunidad había cantinas y ahí a pesar de la pobreza se gastaba el dinero ganado en bebidas alcohólicas. En los bailes pueblerinos, aparte de las borracheras se faltaba el respeto a las mujeres, había analfabetismo y Ars no era parroquia precisamente sino una capellanía de la parroquia de Miserieux. Sin embargo no todo era negativo ya que también había personas cumplidoras de sus deberes religiosos como la dueña del castillo cercano, la señorita Des Garets, así como el alcalde de la localidad, la señorita Catalina Lassagne y otras mujeres más que durante su ministerio fueron de gran ayuda a nuestro santo. Juan María se encaminó a su nuevo destino junto con una colaboradora de Ecully, en el camino se extraviaron a causa de la niebla, en un paraje encontraron a un pastorcito que les indicó la dirección y ahí es cuando el párroco pronuncia una de sus más célebres frases: “Tú me enseñaste el camino para ir a Ars. Yo te enseñaré el camino para ir al cielo”.

Al llegar se encomendó a su ángel de la guarda y comenzó su labor ministerial arreglando el templo que estaba en condiciones lamentables con los ornamentos desgastados y descoloridos. Con el dinero de sus benefactores arreglaron y repintaron las paredes, embellecieron el altar y él ayudaba personalmente. Se dedicó personalmente al catecismo de los niños con gran esmero, sabía que la atención de los oyentes no duraba mucho tiempo así que se tenía a la mano un cuento, una comparación y hasta un chiste agradable; no admitía jamás que hicieran la primera comunión sin aprenderse el catecismo pues él estaba convencido de que enseñar religión y no hacer aprender nada de memoria es formar ateos.

El Santo bendiciendo a los niños.

El Santo bendiciendo a los niños.

A pesar de su pobre capacidad de memoria y del habla, era duro en la predicación, no tenía miedo de atacar a los vicios, tenía el afán de corregir y no se enfocaba nada más en los sermones, también en la oración, el ayuno y la penitencia. Pero entusiasmaba hacia la vida fervorosa. Otro problema es que la mayoría de los feligreses trabajaban incluso en domingo, pero a los pocos fieles que asistían a la Santa Misa les recalcaba una y otra vez su deber como buenos cristianos.

Poco a poco, el clima de Ars fue mejorando, aunque no sin sufrir calumnias fuertes y burlas de parte de sus colegas sacerdotes. Como confesor era un poco severo (afortunadamente el tiempo lo fue ablandando y se fue haciendo más comprensivo) y hasta el final de sus días no concedía la absolución a quien no mostraba interés de llevar una vida santa. Como decíamos sufrió crueles calumnias, chismes e incluso algunos le cantaban por las noches coplas ofensivas, y llegaron a colgarle un cerdo por la ventana, cosa que sobrellevaba con paciencia y perdón.

El 20 de junio de 1821 Ars fue declarada parroquia oficialmente; entonces el padre Juan María se dedicó con todas sus fuerzas a la remodelación del templo, la evangelización de la zona, al ministerio de la confesión y la maduración de la predicación. En el pueblo como no había escuelas, comenzó a trabajar en un proyecto de educación para niñas, completamente gratuito, comprando una casa a la que llamó “la Casa de la Divina Providencia”. No exento de problemas económicos, además de dificultades con las provisiones de comida, con los parroquianos algo tacaños, ahí se hizo famoso por los dos milagros que ocurrieron (el de la multiplicación del trigo y la multiplicación de la harina).

El Santo en el confesionario. Ilustración contemporánea.

El Santo en el confesionario. Ilustración contemporánea.

Es célebre también por sus enfrentamientos con el demonio quién, según decían algunos testigos, llegó a arrastrar la cama del sacerdote por toda su habitación en la casa cural. A veces temblaba la casa y otras veces le llegaban tentaciones de desesperación. También tenía deseos de irse a la soledad, a un convento a llorar sus pecados, incluso quince días antes de su muerte todavía albergaba deseos de irse a la soledad, pero las autoridades eclesiásticas y los fieles se lo impidieron.

Su apostolado en la confesión fue admirable y a pesar de las debilidades en el ayuno y su frágil salud a causa de las penitencias, es notable como de ser un sacerdote exigente en sus primeros años de ministerio se volviera un confesor bondadoso. Tenía don de discernimiento, sabía de sus penitentes que querían confesarle u ocultarle, llegaban al pueblo multitudes de todos lados del país para confesarse con él. Era desprendido de bienes materiales y todo pasaba a los necesitados, por eso decían que tenía “las manos rotas para dar”.

Algunos colegas suyos se burlaban de su “ignorancia”, su desprendimiento total de la política, su pobre forma de vestir (era amante de la limpieza pero su forma de presentarse era paupérrima, comenzando por la sotana desgastada), aunque también al padre Juan María le disgustaban enormemente los elogios. Tuvo don de profecía y a las gentes supo predecirles el futuro, pero también tuvo don de consejo y consolaba a quienes recurrían a él para contarle sus penas.

Grupo escultórico de Santa Filomena y San Jean-Marie Vianney. Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Mugnano del Cardenal (Italia).

Grupo escultórico de Santa Filomena y San Jean-Marie Vianney. Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Mugnano del Cardenal (Italia).

Fue admirado por muchos intelectuales entre ellos el dominico Lacordaire, por los sacerdotes Petetot y Combalot y muchos personajes importantes. A pesar de la fama que gozó en su tiempo, rechazó en 1852 ser nombrado canónigo, y cuando le fue concedida la muceta él la vendió para hacer una obra de caridad; el 11 de agosto de 1855 el emperador Napoleón III le concedió la Cruz de Caballero de la Legión de Honor, pero el de nuevo no la aceptó, y hasta llegó a decir: “Es el colmo, la nación quiere condecorarme, cuando lo que yo hice por mi patria fue desertar del ejército. ¡Qué vergüenza que quieran condecorar a un desertor!”.

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Era conocida su fama de Taumaturgo: sanó enfermos, curó mudos, tullidos, pero para evitar habladurías y como era devoto de Santa Filomena, recomendaba a la gente encomendarse a ella; una vez se ruborizó y avergonzó cuando la madre de un niño con tumor le tomó la mano para que tocara y curara al infante. También ocurrieron en él fenómenos de levitación así como visiones celestiales.

Muerte
En 1859 estaba agotado en su apostolado, la fatiga había consumido todas sus fuerzas y como el clima de la región era asfixiante por el calor, él se estuvo sofocando en el confesionario aunque sin abandonar su puesto. El 29 de julio, que quiso dar su última catequesis, sentía una sensación de ahogo y tuvo que salir al coro a descansar un poco, la fiebre lo abrasaba. Los fieles, al ver a su santo párroco decaído sentían tristeza y desolación pero el santo sacerdote estaba tranquilo; habiendo sido exagerado penitente durante la mayoría de su vida, en su última enfermedad, fue obediente con su médico e incluso el que había dormido en una cama de pasto seco, ahora cambiaba el colchón por uno de algodón. El 2 de agosto, su confesor le dio la última comunión y la unción de los enfermos, en la cual derramó copiosas lágrimas. Al día siguiente el padre Beau le rezó las oraciones por los moribundos y a las diez de la noche el sacerdote Toccanier que fue su vicario en sus últimos años le aplicó la indulgencia plenaria que el Papa concede a los moribundos. El 4 de agosto a las dos de la madrugada, el más grande sacerdote y confesor descansó en el Señor.

Sepulcro del Santo en su Basílica de Ars, Francia.

Sepulcro del Santo en su Basílica de Ars, Francia.

Ese mismo día se expuso su cadáver para la veneración de los fieles y aún después en un ataúd cerrado siguió expuesto hasta el 14 de agosto en que fue sepultado. El afecto hizo de su funeral multitudinario, lo consideraban no solo un gran amigo sino un gran hombre de Dios.

El 8 de enero de 1905, y después de un largo proceso el papa San Pío X proclamó en la Basílica de San Pedro beato al Santo Cura de Ars y el 17 de mayo de 1925, el día de Pentecostés, el papa Pío XI lo canonizó oficialmente entre una multitud entusiasmada que estremeció el recinto vaticano. En 1929 fue nombrado Santo patrono de todos los párrocos del mundo.

René

Bibliografía:
– P. Eliécer Sálesman, San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, Apostolado Bíblico Católico, Bogotá, Colombia.

Webs consultadas (08/02/16):
-https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_María_Vianney
-www.aciprensa.com › Recursos › Santos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Juan María Vianney, sacerdote y confesor (I)

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Lienzo-retrato del Santo.

Lienzo-retrato del Santo.

Sobre el santo que vamos a hablar hoy no es un santo al que frecuentemente encontremos, pero que es quien se ha dedicado con tanto celo a las almas, sobre todo al sacramento de la reconciliación, amado y considerado incluso en vida como un hombre de Dios. La Iglesia ha querido proponerlo con justa razón como modelo de todos los sacerdotes, en especial de los párrocos. Es posible que algunos fenómenos en su vida puedan parecernos extravagantes como las penitencias corporales que él realizaba, pero en él se ve un trato muy humano con los demás.

Infancia
Juan María Vianney
nace en un humilde hogar en el pueblo de Dardilly a ocho kilómetros de la ciudad de Lyon (Francia), el día 8 de mayo de 1786, hijo de Don Mateo Vianney y de María Beluse, siendo el cuarto de seis hermanos. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento poniéndosele el nombre de su padrino, que además era su tío paterno. Su familia era campesina, poseyendo una pequeña finca, donde también hospedaban peregrinos; su abuelo Pierre Vianney hospedó al mismísimo San Benito José Labré mientras éste viajaba a Roma. Eran muy piadosos y así inculcaron la fe a sus hijos: desde pequeño su madre le enseñaba como hacer la señal de la cruz, muy pronto adquirió la costumbre de santiguarse antes de comer y era obediente a sus padres en todo.

Una anécdota de él fue cuando tenía cinco años: una camándula que amaba mucho, su hermana Margarita se la quitó, haciendo que el pequeño Juan llorara y pataleara ante su mamá, quien le dijo: “Regálale la camándula a Margarita por amor a Dios”. Su madre en recompensa le regaló una pequeña y tosca estatuilla de la Santísima Virgen a la que desde entonces amó siempre.

A nuestro santo le tocó vivir el momento más difícil que pasaba el país. Como sabemos por la historia, tres años después de su nacimiento en 1789 estalló la Revolución Francesa, significó la aniquilación total de una sociedad feudal dividida en clases sociales en que el Estado y la Iglesia mantenían una comunión mutua en el papel del poder. En el ámbito religioso, aparte de confiscar los bienes que poseía la Iglesia, el anticlericalismo predominaba en las mentes de los revolucionarios. Cerca del pueblo de Dardilly como anteriormente he expuesto, estaba la ciudad de Lyon y allí con gran crueldad llegó la revolución, siendo zona de constantes insurrecciones y sangrientas represalias. Con la promulgación de la constitución civil del clero en 1790, los sacerdotes que se negaron a firmarlo fueron perseguidos, algunos decidieron seguir atendiendo a los fieles de manera clandestina, disfrazados por las noches entraban a las casas a confesar, oficiar misa, bautizar y predicar. El padre Groboz llegó una vez a la casa de los Vianney disfrazado de cocinero y con él hizo su primera confesión. En 1799 en una casa de campo en época de cosecha, Juan hizo su primera comunión a escondidas, con las puertas y ventanas cubiertas.

Casa del Santo.

Casa del Santo.

Realmente nos recordaba como los primeros cristianos en las catacumbas, nomás que ahora el contexto es diferente. Como todos los niños en el ámbito rural se dedicó a llevar a pastar el ganado de la familia, aprovechando esos momentos para dedicarse a la oración, el rezo del rosario o a cantar himnos que se aprendía por boca de sus mayores. Durante el invierno asistía a la escuela, y aprovechaba bien sus clases, aunque sin embargo, a los trece años tuvo que dedicarse a trabajar con su padre y su hermano mayor como labrador en el viñedo de la familia, labor que realizaba rezando jaculatorias en voz alta.

Vocación sacerdotal
En 1800 comenzaba a gobernar el país Napoleón Bonaparte quien deseando volver a la paz religiosa al año siguiente hizo un concordato con Pío VII, en el que se estipuló la libertad de culto, siendo esta noticia recibida con júbilo por toda la nación. Por primera vez después de diez años se celebraba públicamente la fiesta del Corpus. A los diecisiete años, sintió la llamada de Dios al ministerio sacerdotal; sin embargo, aunque su padre era muy buena persona no consentía que su hijo fuera a estudiar al seminario debido a varias razones: Necesitaban a alguien que trabajara en el campo porque Francisco su hermano iba a estar en el servicio militar y Catalina estaba a punto de casarse, así que tuvo que sufrir dos años de espera aunque confiando en la Providencia. Por fin cuando el párroco de Ecully, el padre Carlos Balley estaba buscando jóvenes para prepararlos para el sacerdocio, su padre accedió y Juan partió hacia el pueblo para entrevistarse con él.

Vista de la localidad de Ars (Francia), con la Basílica del Santo en el centro.

Vista de la localidad de Ars (Francia), con la Basílica del Santo en el centro.

Aunque al principio fue rechazado, después de conocerlo personalmente aceptó integrarlo. Sin embargo no había cursado la primaria y apenas sabía leer y escribir, su calvario fue el latín, el cual no pudo aprender con facilidad (recordemos que en aquellos tiempos los principales libros de teología estaban escritos en latín) y esto, en el joven seminarista provocaba desaliento.

Peregrinó hacia el santuario de San Juan Francisco Regis y aunque no obtuvo una buena memoria fue una auténtica experiencia espiritual que le dio una constancia enorme para que alcanzara el sacerdocio, costara lo que costara. En 1807 Juan María recibió la confirmación de manos del Arzobispo de Lyon, tomando el nombre de Juan Bautista María.

Servicio militar
Para 1809, Napoleón Bonaparte estaba invadiendo España, pero como las guerrillas españolas les oponían a los franceses una fiera resistencia, necesitaba muchos soldados. Entonces publicó un decreto por el que los hombres solteros de entre veinte y treinta años de edad, tenían que enrolarse en el ejército. El sorteo le tocó a Juan, ya que por inexplicables razones, la dispensa sobre los seminarios no llegó y cuando los encargados entraron en el pueblo notificaron que si no se enrolaba pronto a las filas sufrirían penas graves por desobediencia al edicto, no tuvo más remedio que registrarse en el cuartel. Durante su servicio convaleció de fiebres siendo hospitalizado dos veces, aun así le llegó la notificación de que debía presentarse al cuartel para recibir el comprobante perteneciente a su batallón, pero sin embargo un retraso peligroso hizo que le increpara su capitán aunque lo aceptó de nuevo, partiendo rumbo a España.

Vidriera de Santa Filomena y San Jean-Marie Vianney en la iglesia de Chatillon-sur-Chalaronne, Ain (Francia).

Vidriera de Santa Filomena y San Jean-Marie Vianney en la iglesia de Chatillon-sur-Chalaronne, Ain (Francia).

Tratando de alcanzar a sus compañeros de infantería, al llegar a las montañas de Foréz, se sentó a descansar y a rezar encontrándose a un desconocido soldado que lo llevó a la dirección contraria del ejército. Al enterarse que había desertado se asustó debido a las represalias y compromisos que contraería su familia con la autoridad. Se refugió en Noes donde se enteró de que si se presentaba en el ejército sería fusilado y si la policía lo pillaba sería expulsado de la nación. Se escondió en la casa de Claudina Fayot, asistiendo a escondidas a misa, y hasta se atrevió a cambiar de nombre para que no lo reconocieran, trabajó bajo techo para evitar que la gente lo viera, incluso alguna vez tuvo que correr a ocultarse entre las pajas del establo al haber un registro en la finca donde se hospedaba. Sin embargo la situación cambió en 1810 cuando el emperador publicó una amnistía para todos los desertores y pudo volver al seminario a estudiar.

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En el seminario
A principios de 1811 y aunque el 8 de febrero murió su madre, volvió Juan con su protector el padre Balley para continuar con sus estudios incluso hospedándose en su propia casa. Para pagar la alimentación, sirvió de sacristán, catequista y cuidando el caballo del párroco, e incluso haría el aseo de la casa cural entre otros oficios. Se le impuso la sotana la cual apreció toda su vida y en el segundo semestre de 1812 fue inscrito en el seminario menor de Verrieres, pero de nuevo en filosofía sufría constantes chascos debido a su limitada capacidad intelectual. Tuvo como compañeros del seminario a San Marcelino Champagnat y a Claudio Colin, quienes no solo compartían su anhelo por el sacerdocio sino también su dificultad por entender el latín.

A finales de 1813 ingresó en el seminario mayor de Lyon. Ya en ese momento nuestro santo era mortificado y penitente. Pero de nuevo se complicaron las cosas siendo suspendido un año, sin embargo no se desanimaba y mucho menos su mentor el padre Balley hasta que por fin encontró apoyo en el arzobispo de Lyon monseñor Courbon. El 2 de julio fue ordenado subdiácono, el 23 de junio de 1815 fue ordenado diácono y por fin, el día 13 de agosto de ese mismo año fue ordenado sacerdote en la ciudad de Grenoble por Monseñor Simon obispo de la diócesis.

En el artículo siguiente veremos el ministerio sacerdotal del Santo Cura de Ars.

René

Bibliografía:
-P. Eliécer Sálesman, San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, Apostolado Bíblico Católico, Bogotá, Colombia.

Webs consultadas (08/02/16):
-https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_María_Vianney
-www.aciprensa.com › Recursos › Santos

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San Hermógenes, obispo mártir de Tobolsk

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Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

San Hermógenes Dolganyov es uno de los santos más controvertidos, eminente monárquico, representante de la extrema derecha zarista durante el tiempo de la caída de la monarquía y la revolución bolchevique, en su tiempo una de las figuras más respetadas de la Iglesia Ortodoxa Rusa, pero aun así, no deja de ser polémico su apoyo a los Centurias Negras y otras corrientes derechistas. También es notable su relación con el también controvertido personaje Grigori Rasputín y su constante oposición al libre pensamiento y la modernidad.

Biografía
Jorge Yefremovich Dolganyov nace el 25 de abril de 1858 en la gobernación de Quersoneso, en el seno de una familia sacerdotal. Su provincia era mayoritariamente de población judía. Estudió derecho, matemáticas y filología en la Universidad de Novorossiysk. Era de voz aguda y por eso se rumoreaba que se había castrado a sí mismo en 1890 influenciado por una secta milenarista llamada Skoptsy.

Influenciado por el obispo Nicanor aceptó el servicio a la Iglesia en el monacato; al graduarse en 1889, entró en la Academia Teológica de San Petersburgo donde el 28 de noviembre de 1890 fue tonsurado y ordenado diácono, recibiendo el nombre de Hermógenes y el 2 de diciembre del mismo año fue ordenado sacerdote (aunque otros lo sitúan hasta 1892). En 1893 fue nombrado inspector en el seminario teológico de Tiflis en Tbilisi (Georgia) y en 1898 se convirtió en su decano. Fue un dedicado predicador entre los estudiantes del Seminario, pero en 1899, fue responsable de la expulsión de uno de sus estudiantes, quien en un futuro sería el famoso dictador Stalin después de que lo descubrieran que estaba leyendo “Noventa y tres” de Víctor Hugo y dando a los estudiantes conferencias del marxismo; nótese que la influencia de las ideas izquierdistas hayan llegado a los Seminarios aun provocando cierto rechazo por parte de la jerarquía como lo hemos visto en el caso de San José de Petrogrado.

El Santo fotografiado entre Rasputín e Iliodor Germogen.

El Santo fotografiado entre Rasputín e Iliodor Germogen.

En 1903 se convirtió en obispo de Saratov y Tsaritsyn y fue incluido en el Santo Sínodo. Construyó muchas iglesias, casas de oración e impulsó la actividad misionera a través de la predicación y el uso de folletos temáticos sobre cuestiones de fe. Fue un ferviente activista contra las llamas revolucionarias que empezaban a caldear la situación, sobre todo en 1905 cuando los disturbios asolaron la ciudad. El, a pesar de tener problemas de salud, predicó con gran entusiasmo, dando como resultado encabezadas procesiones, contra los perturbadores de la paz.

En el funeral que se ofició por el asesinato del príncipe Sergio Alexandrovich llegó a decir que los terroristas asesinos no solo fueron responsables de su muerte, sino toda la sociedad rusa que tenía poca fe y rechazaban el orden del Estado. El obispo Hermógenes fue muy admirado por el mismo San Juan de Kronstadt que incluso afirmó no tener miedo sobre el destino de la Ortodoxia, ya que en él veía como un infatigable defensor. El mismo Juan le escribe una carta en el que presagiaba su futuro martirio: “El Señor está abriendo los cielos (para ti) como él hizo para el Arcediano Esteban y está bendiciendo”.

A finales de 1911 tuvo una fuerte disputa con el Procurador del Sínodo, que defendía el intento de introducir diaconisas y el rito de una letanía fúnebre para los heterodoxos, en la que él apeló a los cánones de la Iglesia y a la tradición oponiéndose a aquella pretensión. Entonces el Zar reaccionó suspendiéndolo de sus funciones en el Santo Sínodo. Años antes había sido amigo de Rasputín quien tenía cierta influencia sobre la familia real, se convirtieron en aliados contra el libre pensamiento y la modernidad. Pero rumoreaban que Rasputín se había unido a una secta con caracteres siberianos, que practicaba exagerado ascetismo y se murmuraba que sus actos de culto se convertían en orgías sexuales. Entonces cuentan que cuando estuvo frente al obispo, éste con un crucifijo en la mano lo maldijo. El monje se quejó ante el zar, más porque era protegido de la zarina Alexandra, quien decretó su expulsión, aunque antes del asesinato de la familia imperial llegaría la reconciliación. Como todos sabemos, la zarina se había apoyado en Rasputín desde que le predijo la curación del zarévich Alexis. Entonces esto hacía que el místico tuviera cierta influencia sobre las decisiones políticas, a pesar de que tuvo cierta impunidad. Los rumores sobre su conducta moral estaban a la orden del día.

Detalle del martirio del Santo en un icono ortodoxo ruso.

Detalle del martirio del Santo en un icono ortodoxo ruso.

El Zar mandó un telegrama al Procurador, exigiendo que Hermógenes abandonara la ciudad; el obispo que estaba enfermo le pidió pasar algunos días en San Petersburgo a lo que se le negó con rotundidad. Prácticamente fue desterrado y en 1915 recluido en el monasterio de Ugresha hasta 1917 en que fue nombrado Arzobispo de Tobolsk y de Siberia. Rusia vivía sus peores momentos: cuando estalló la Revolución Rusa, el obispo fue representante de la facción monárquica, incluso apoyó a los centurias negras, una organización totalmente antisemita, xenófoba y firme partidaria de la Dinastía Romanov. Esta organización que organizaba pogromos, tuvo firmes partidarios entre los intelectuales conservadores, así como miembros del clero y la aristocracia, Entonces desde el estallido de la revolución hasta su arresto, se destacó como firme opositor al gobierno, sobre todo cuando en enero de 1918 fue firmado el decreto de separación de la Iglesia y el Estado, la cual calificó de anticristiano. El pueblo ortodoxo protestó y salió a las calles con cruces e iconos en sus manos cantando “¡Oh Señor, salva a tu pueblo!”, enfureciendo a las autoridades.

En abril de ese mismo año fue finalmente arrestado por la Guardia Roja, a pesar de que mantuvo contactos con la familia del Zar en Ekaterimburgo; después de su aprehensión en las calles habían patrullas cerca de la Sede del Ejército bolchevique, se le acusó de ser un organizador de pogromos, así como su procesión había enfurecido a los judíos locales, que incitaron a los soldados. Trasladado a la ciudad, se intentó obtener un canje por su liberación pero no resultó, en cambio el peticionario fue arrestado y fusilado junto a otros miembros de la comisión.

El 13 de junio fueron trasladados en barco a través del río Tura hacia Tobolsk pero el día 15 junto con otros prisioneros fue torturado, fueron golpeados por los guardias acompañados de palabras obscenas y encerrados en una sucia y oscura bodega de vapor. A las doce y media de la madrugada del día siguiente, se sacó al obispo, junto con otros detenidos, mientras él los bendecía, le despojaron de su sotana y sus demás vestiduras episcopales y le maniataron las manos por la espalda. El guardia al ver que oraba en voz alta le increpó: “¡Mantenga su mandíbula!”. Un golpe en la cara obligó al jerarca a guardar silencio y entonces los soldados lo tomaron en brazos y lo arrojaron al río, muriendo ahogado.

Sepulcro del Santo.

Sepulcro del Santo.

Los habitantes de la aldea de Usolsk descubrieron el cadáver, que fue enterrado inmediatamente hasta el 21 de julio, día en que fue trasladado a Pokrovskoye, y finalmente depositado en la catedral de la que había sido su sede con sus vestimentas episcopales. Fue canonizado como neo mártir el día 31 de marzo de 1999.

René

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Enlaces consultados (31/01/16):
– https://en.wikipedia.org/…/Hermogenes_(Dolganyov…
– www.orthodox.net/…/hermogenes-bishop-and-hiero…
– www.johnsanidopoulos.com/2011/06/hieromartyr-hermogenes-bishop-of.html

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La Cátedra de San Pedro

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La Cátedra de San Pedro. Conjunto escultórico de Gian Lorenzo Bernini. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fotografía: J. Albertos.

La Cátedra de San Pedro. Conjunto escultórico de Gian Lorenzo Bernini. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). Fotografía: J. Albertos.

La fiesta que celebramos hoy, es una fecha singular dentro del calendario litúrgico. No celebramos directamente una fiesta sobre algún misterio cristológico ni mariano, ni tampoco hacemos memoria de algún santo canonizado por la Iglesia. Hoy la mirada se dirige hacia un encargo, hacia el encargo que Nuestro Señor realizó a san Pedro (y sólo a él): “¡tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia! (Mt 16, 18)”. Por tanto, recordamos la autoridad de san Pedro y sus sucesores, los Papas, y su pastoreo sobre todo el Pueblo de Dios. Por tanto es un momento para acordarnos de nuestro pontífice, orar por él y su ministerio, y por toda la Iglesia que guía.

El que reciba este nombre tan peculiar de “Cátedra”, es por el gran significado que recibe el asiento sobre el que se sienta el Papa, sitio en el que preside, gobierna, administra, pastorea y enseña a toda la Iglesia universal. Nos recuerda que el asiento-ministerio del elegido como Papa es patrimonio de toda la Iglesia que debe llenar de temor y temblor a quien en éste se siente.

La tradición nos cuenta que en el retablo construido por Bernini en la basílica de san Pedro se encuentra el asiento de san Pedro, la Cátedra. Sin embargo la historia nos narra que en realidad se trata de un trono del siglo IX, regalado por el rey Carlos el Calvo al papa Juan VIII, usándose en numerosas ceremonias pontificias durante siglos. En el siglo XVII se incorporó al retablo de Bernini y allí sigue desde entonces.

Cristo entrega las llaves a San Pedro. Obra de Pietro Perugino.

Cristo entrega las llaves a San Pedro. Obra de Pietro Perugino.

La función de “Pedro”
Muchas veces se olvida que el Papa es un obispo más a la vez que diferente. Es el obispo de Roma, sede de san Pedro. Es “elegido y proclamado”, pero no “es ordenado como Papa”, no recibe ninguna ordenación sacramental como algunos creen, sino que en el cónclave es elegido por los cardenales (que aunque actualmente no es habitual, podrían elegir de obispo de Roma a alguno no presente en dicho cónclave).

El sucesor de san Pedro, se sitúa junto al resto de los obispos, el llamado “Colegio Apostólico o Episcopal”, diverso pero unido, y juntos forman los cimientos de la Iglesia: por eso, cuando la Iglesia católica afirma que la función del Obispo de Roma responde a la voluntad de Cristo, no separa esta función de la misión confiada a todos los Obispos, también ellos “vicarios y legados de Cristo”. El Obispo de Roma pertenece a su colegio y ellos son sus hermanos en el ministerio. También se debe afirmar, recíprocamente, que la colegialidad episcopal no se opone al ejercicio personal del Primado ni lo debe relativizar [1].

No puede haber Iglesia “apostólica” sin sus sucesores, los obispos, como tampoco la puede haber sin el sucesor del que Cristo eligió como primero de todos, san Pedro, piedra que sostiene toda la Iglesia. El Colegio Apostólico está incompleto sin su primado, el Papa, y no tiene autoridad si no está junto a él [2], aunque sí puede ejercer un gobierno o pastoreo en funciones, como por ejemplo, en Sede vacante (tiempo entre cónclaves). Esto también se aplica para el caso del reconocimiento en el número y la validez de los sacramentos entre algunas iglesias cristianas, como por ejemplo con los cristianos ortodoxos, cuyos sacramentos son válidos para la Iglesia católica, aunque no reconozcan el primado de Pedro y, por tanto, no estén en plena comunión. Sus sacramentos son válidos porque mantienen un vínculo apostólico (la llamada sucesión apostólica). Así un bautismo, por ejemplo, realizado por un sacerdote ortodoxo es plenamente reconocido por la Iglesia sin más problema.

Escultura de San Pedro en su cátedra y cúpula de la Basílica Vaticana. Roma, Italia.

Escultura de San Pedro en su cátedra y cúpula de la Basílica Vaticana. Roma, Italia.

La autoridad del Papa no menoscaba la autoridad de los obispos en sus respectivas diócesis, que tienen autoridad ordinaria. Cada uno de los obispos, como miembros del Colegio está obligado a velar por toda la Iglesia (sollicitudo omnium Ecclesiarum), aunque ejercen su autoridad en la porción del Pueblo de Dios que se les encomienda (diócesis normalmente). La potestad el Papa es “personal”, la del Cuerpo de los Obispos, “colegial”. El poder del Papa no es el resultado de una simple adición numérica, sino el principio de unidad y de conexión del cuerpo episcopal.

Si echamos un vistazo a los documentos eclesiales veremos que la figura del sucesor de san Pedro, como las de cualquier obispo, tiene unas funciones de enseñar, regir y santificar (triple munera) que tienen, por su papel de primado, unos matices que hay que nombrar:

1. Primado. El que san Pedro fuera constituido como el primero entre los apóstoles y que sus sucesores, los Papas, conserven esta función, es motivo de separación entre los cristianos. Ortodoxos y anglicanos, por citar un par de ejemplos, discrepan frontalmente con dicha doctrina eclesial católica. Es un punto doctrinal que tiene incluso definición dogmática promulgada en el Concilio Vaticano I [3]:
a. Por lo tanto, si alguien dijere que el bienaventurado Apóstol Pedro no fue constituido por Cristo el Señor como príncipe de todos los Apóstoles y cabeza visible de toda la Iglesia militante; o que era éste sólo un primado de honor y no uno de verdadera y propia jurisdicción que recibió directa e inmediatamente de nuestro Señor Jesucristo mismo: sea anatema. (Capítulo 1)
b. Por lo tanto, si alguno dijere que no es por institución del mismo Cristo el Señor, es decir por derecho divino, que el bienaventurado Pedro tenga perpetuos sucesores en su primado sobre toda la Iglesia, o que el Romano Pontífice no es el sucesor del bienaventurado Pedro en este misma primado: sea anatema.(Capítulo 2)

La imagen de San Pedro engalanada. Basílica Vaticana, Roma, Italia.

La imagen de San Pedro engalanada. Basílica Vaticana, Roma, Italia.

Pero aunque este lenguaje de siglos pasados es algo duro, es verdad de fe esta doctrina, con lo cual interpela al creyente, católico o no. Ha de entenderse el primado como roca de unidad, como veremos a continuación, y no como piedra de discusión. Conocedora de esta dificultad, y para disipar las reservas de los no católicos hacia el primado, el santo Papa Juan Pablo II escribió en la encíclica sobre ecumenismo Ut unum sint (1995): Estoy convencido de tener al respecto [la comunión plena de los cristianos] una responsabilidad particular, sobre todo al constatar la aspiración ecuménica de la mayor parte de las Comunidades cristianas y al escuchar la petición que se me dirige de encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva. Durante un milenio los cristianos estuvieron unidos por la comunión fraterna de fe y vida sacramental, siendo la Sede Romana, con el consentimiento común, la que moderaba cuando surgían disensiones entre ellas en materia de fe o de disciplina [4].

2. Es vínculo de unidad, de caridad y de paz. Cada obispo es principio y fundamento visible de unidad en el rebaño a él encomendado (iglesia particular) [5]. El Papa es también fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de todos los fieles [6]. Así, el vínculo de toda la Iglesia pasa por unirse al Pastor máximo del rebaño del Pueblo de Dios. Si un clérigo, religioso, fiel o grupo de fieles, va por libre, no está en comunión plena con la Iglesia universal. La unidad se encuentra en el seguimiento del sucesor de san Pedro, elegido Pastor y Piedra de la Iglesia por el mismo Cristo. Esta función es muy importante en determinados lugares, como por ejemplo en la comunista China, donde existen obispos fieles a la sede petrina y otros pertenecientes a la llamada Iglesia popular china, dependiente del gobierno. Cada eucaristía tiene valor si está unida a la sede de Pedro: toda válida celebración de la Eucaristía expresa esta comunión universal con Pedro y con la Iglesia entera, o la reclama objetivamente, como en el caso de las Iglesias que no están en plena comunión con la Sede Apostólica [7].

Medalla de Pablo II (1470), reverso mostrando la Tribuna Petri.

Medalla de Pablo II (1470), reverso mostrando la Tribuna Petri.

3. Cabeza de la jerarquía y de la Iglesia. Como el principal entre los sucesores de los apóstoles, ejerce el papel de Cabeza de la Iglesia peregrinante. Es el vicario de Cristo en la tierra. La diversidad de funciones y ministerios del Cuerpo de la Iglesia se reúnen bajo su única autoridad, que es propia (no deriva de nadie), suprema (no hay otra por encima de él, aunque es subordinado a la Palabra de Dios y la fe católica), plena (total, sin restricciones jurisdiccionales), inmediata (si lo desea no necesita intermediarios) y universal (en toda la Iglesia, sobre pastores y fieles) [8].

4. Pastor de la Iglesia. No sólo ejerce una función de autoridad, sino también la del cuidado de la grey de Cristo a él encomendada: “apacienta mis corderos” (Jn 21, 16). Esta tarea debe ser el principal desvelo del que se sienta en la cátedra de Pedro, pues ni una sola de las ovejas debe perderse: “¡Ay del pastor inútil que abandona las ovejas! ¡Espada sobre su brazo y sobre su ojo derecho; que su brazo se seque del todo, y del todo se oscurezca su ojo!” (Zac 11, 17). Apacentar el rebaño es proporcionarle un alimento sólido de vida espiritual, y en este alimento está la comunicación de la doctrina revelada para robustecer la fe [9].

5. Custodio de la doctrina y la Tradición eclesial. También san Pedro recibió el encargo de velar por las enseñanzas y la Tradición eclesial: “A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 16, 19). Pero el Papa no puede ejercer esta función como dueño, sino como guardián, custodio de lo recibido por Cristo. No puede, por tanto, cambiar nada a su arbitrio: No decide según su arbitrio, sino que es portavoz de la voluntad del Señor, que habla al hombre en la Escritura vivida e interpretada por la Tradición; en otras palabras, la episkopé del Primado tiene los límites que proceden de la ley divina y de la inviolable constitución divina de la Iglesia contenida en la Revelación. El Sucesor de Pedro es la roca que, contra la arbitrariedad y el conformismo, garantiza una rigurosa fidelidad a la Palabra de Dios: de ahí se sigue también el carácter martirológico de su Primado que implica el testimonio personal de la obediencia de la cruz [10].

Espíritu Santo en la vidriera superior de la  Cátedra. Basílica Vaticana, Roma, Italia.

Espíritu Santo en la vidriera superior de la Cátedra. Basílica Vaticana, Roma, Italia.

El gobierno de la Iglesia
El gobierno que el Papa ejerce en toda la Iglesia está supeditado a su función de vínculo de la unidad y de Pastor Supremo. En otras palabras, sus actos de gobierno no lo son al modo absolutista, sino que son actos de servicio a la Iglesia. Es por ello que el Papa es el servus servorum Dei (siervo de los siervos de Dios): Su potestad debe ser siempre para realizar actos de gobierno encaminados al bien de la Iglesia: promulgar leyes, nombrar obispos y superiores, establecer diócesis o removerlas, crear estructuras pastorales, etc. Dichas tareas se ejercerán de distintos modos según las circunstancias y tiempos. Un ejemplo claro de ello son las diferencias canónicas (leyes) que suelen existir entre la Iglesia católica latina y las católicas orientales, que son fruto de las diferencias históricas entre dichos ámbitos católicos.

El oficio magisterial
El sucesor de san Pedro tiene como ministerio fundamental enseñar la verdad revelada, exponerla a todos los hombres, custodiar la doctrina y corregir los posibles errores: El sucesor de Pedro cumple esta misión doctrinal mediante una serie continuada de intervenciones, orales y escritas, que constituyen el ejercicio ordinario del magisterio como enseñanza de las verdades que es preciso creer y traducir a la vida (fidem et mores). Los actos que expresan ese magisterio pueden ser más o menos frecuentes y tomar formas diversas, según las necesidades de los tiempos, las exigencias de las situaciones concretas, las posibilidades y los medios de que se dispone, las metodologías y las técnicas de la comunicación; pero, al derivar de una intención explícita o implícita de pronunciarse en materia de fe y costumbres, se remiten al mandato recibido por Pedro y se revisten de la autoridad que Cristo le confirió. El ejercicio de ese magisterio puede realizarse también de modo extraordinario, cuando el sucesor de Pedro -solo o con el concilio de los obispos, en calidad de sucesores de los Apóstoles- se pronuncia ex cathedra sobre un punto determinado de la doctrina o la moral cristiana [11].

Óleo del Santo por Pedro Pablo Rubens (s.XVII).

Óleo del Santo por Pedro Pablo Rubens (s.XVII).

El magisterio ordinario suele ejercerlo el Papa mediante palabras, escritos e iniciativas autorizadas e institucionales de orden científico y pastoral. Si hablamos ya del modo extraordinario nos referimos a lo que suele denominarse magisterio “ex cathedra”. Este magisterio se reserva para las definiciones dogmáticas de primer nivel. Se refiere a verdades que pertenecen al depósito de la fe y son de obligada creencia para todos los fieles, como por ejemplo la definición del dogma de la Inmaculada Concepción de María (Pío IX, 1854) o el de la Asunción (Pío XII, 1950). Como dichos dogmas son de una grandeza e importancia extraordinarias la Tradición ha reconocido que el sucesor de Pedro goza en dichas definiciones, solo o con el Colegio Episcopal reunidos en concilio, de un carisma especial, de una asistencia del Espíritu Santo que suele denominarse Infalibilidad: El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando, cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia [12].

Este modo extraordinario no quiere decir que el Papa no goce de la asistencia del Espíritu Santo en su magisterio ordinario. También en dicha enseñanza el Papa es maestro de la verdad aunque no llegue a proclamar una definición infalible y definitiva. A dicho magisterio ordinario los fieles deben adherirse con espíritu de obediencia religiosa que, aunque distinto del asentimiento de la fe, es una prolongación de él.

David Jiménez

preguntasantoral_anticopia_articulo20160222


[1] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. El primado del sucesor de Pedro, 5 (31-10-1998).
[2] CIC 336
[3] Pastor aeternus 1 y 2
[4] Ut unum sint, 95
[5] LG 22
[6] LG 23
[7] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. El primado del sucesor de Pedro, 11 (31-10-1998).
[8] CIC 331
[9] JUAN PABLO II. Catequesis sobre la misión doctrinal del sucesor de Pedro (10-3-1993)
[10] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. El primado del sucesor de Pedro, 7 (31-10-1998).
[11] JUAN PABLO II. Catequesis sobre la misión doctrinal del sucesor de Pedro (10-3-1993)
[12] Pastor aeternus 4.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nuestra Señora de la Huerta de Ademuz

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Vista de la fachada de la ermita.

Vista de la fachada de la ermita.

La magnífica ermita de Nuestra Señora de la Huerta de Ademuz fue erigida en estilo románico en el siglo XIV y fue sede de la Cofradía de Nuestra Señora de la Huerta, fundada en ese mismo siglo, y que hizo de este edificio uno de los más famosos de un territorio administrativamente hoy valenciano pero ubicado en plena provincia turolense. En todo caso, sus modos constructivos derivan del tipo de arquitectura de reconquista practicado en la época de la conquista del siglo XIII.  A ello hay que añadirle el especial afecto que los habitantes de Ademuz tienen por este edificio por su relevancia tradicional e histórica.

Respecto al origen de la imagen mariana que le da nombre, no falta quien sostiene la leyenda de que Jaime I pudo dejar aquí una imagen de la Virgen del Rosario que llevaba en su estandarte, tradición repetida en varios lugares de nuestra geografía. A lo largo de su longeva historia el edificio sufrió transformaciones de peso como cuando la cabecera se amplió en el siglo XVI con la adición de dos capillas laterales; la del lado del evangelio es la capilla de la Concepción, edificada por patrocinio de la familia Visiedo y la del lado de la Epístola se dedicó a Nuestra Señora del Rosario, y perteneció a los Fernández de Árguedas.

Vista de la fachada de la ermita.

Vista de la fachada de la ermita.

A continuación de esta última, y en el lateral, se construyó ya en el siglo XVIII la capilla de San Antonio de Padua. La construcción en el año 1673 del actual presbiterio de estilo barroco abundó en su reforma. El interior consta de tres naves, la central el doble de ancha que las laterales, limitadas por dos series de arcos románicos que le dan una planta rectangular, con un coro de madera, a los pies del templo, sobre la entrada. Con posterioridad al siglo XVIII la mayor transformación del edificio afectó a su decoración interior pues ya en el siglo XIX su interior fue redecorado al eliminarse los bellos esgrafiados barrocos en tonos blancos y rosados que cubrían la práctica totalidad del espacio del presbiterio.

En uno de los arcos centrales podemos disfrutar  de la pintura mural gótica de María Magdalena que data del Siglo XV, en los primeros tiempos de existencia de la ermita. En el exterior destaca sin duda su porche sostenido por dos gruesas columnas toscanas, la espadaña de dos luces y, especialmente, su portada de tradición románica con una inscripción moderna en hebreo del Salmo V. El desaparecido retablo mayor, también barroco, acogió la imagen de la Virgen de la Leche con donante, tabla valenciana del siglo XV de influencia flamenca y hoy custodiada en la sacristía de la iglesia arciprestal de san Pedro y san Pablo de Ademuz, obra del pintor valenciano Bertomeu Baró o de Juan Rexach de 1460.

Interior de la ermita.

Interior de la ermita.

Otras obras como el retablo de San Juan Bautista, de la escuela del Maestro Perea, datado de finales del siglo XV, desaparecieron. Es incomprensible cómo se ha permitido que un edificio de este valor patrimonial se halle literalmente adosado a un moderno centro de enseñanza pues el patio de recreo del colegio se extiende frente a la fachada de la ermita. Actualmente preside el templo una talla de la Virgen con el Niño, obra del escultor valenciano José Esteve Edo. Su culto se reduce a los meses de verano y algunas celebraciones en fechas señaladas.

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Salvador Raga Navarro

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