San Mateo Correa Magallanes, presbítero y mártir

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Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Infancia
Nació en Tepechitlán, Zacatecas, el 22 de julio de 1866, fueron sus padres Rafael Correa y Concepción Magallenes, recibió las aguas lustrales al día siguiente de su nacimiento, donde fueron sus padrinos el párroco del lugar Procopio del Toro y Luisa Correa. Recibió el sacramento de la Confirmación por ministerio del Obispo Ignacio Mateo Correa, don de otro sacerdote, el señor cura Jesús Roble, fue su padrino. Sus estudios primarios fueron auspiciados por el padre Eufemio Estey en Jerez, Zacatecas, terminándolos en Guadalajara, Jalisco en 1879. En 1881 se va a vivir a Zacatecas para ingresar en el seminario donde fue admitido gratuitamente a cambio de desempeñar la función de portero del plantel, por su buena conducta y excelente aplicación, obtuvo una beca y así fue inscrito como alumno interno.

Sacerdote
Fue ordenado sacerdote el 20 de agosto de 1893, cantando su primera misa en Fresnillo, Zacatecas, el 1 de septiembre siguiente. Fue capellán de la Hacienda de Trujillo por un lapso de 18 meses, en 1897 fue capellán de Valparaiso, Zacatecas, por otro espacio de tiempo igual fue vicario cooperador allí mismo, después se desempeñó como capellán en Mezquitic, Jalisco.

De 1898 de 1905 fue párroco de Concepción del Oro, Zacatecas, allí trabó amistad con la familia Pro Juárez, dando la primera comunión al Beato Miguel Agustín Pro. En este último año se le nombró párroco de Colotlán, Jalisco; en 1910 tuvo que huir por causa de la revolución a León, Guanajuato, dond ese entregó de lleno al trabajo pastoral. La persecución carrancista coincide con su ministerio como párroco de Noria de los Ángeles, Zacatecas, de 1914 a 1917. En diciembre de este año es nombrado párroco de Huejúcar, Jalisco donde permaneció tres años, pues en 1920 es nombrado párroco de Guadalupe Zacatecas, donde permaneció hasta 1922, porque es enviado a trabajar en Tlaltenango, Zacatecas, En 1923 regresó a Colotlán como párroco y vicerrector del Seminario, en 1926 es enviado nuevamente como párroco a Valparaiso, coincidiendo su llegada a ese lugar en un momento en que la A.C.J.M. local recolectaba firmas para pedir al Congreso de la Unión la derogación de las leyes persecutorias que el Presidente Plutarco Elías Calles había promulgado en contra de la Iglesia Católica.

Fotografía en su hábito sacerdotal.

Fotografía en su hábito sacerdotal.

Tiempos de persecución
El 2 de marzo de 1926 llegó a Valparaiso el General Eulogio Ortiz, que al enterarse de las gestiones de los jóvenes de la Acción Católica, como represalia, mandó capturar a San Mateo Correa, al padre José Rodolfo Aguayo y a los jóvenes Vicente Rodarte, Pascual. R. Padilla y Lucilo J. Caldera, este último, presidente de la A.C.J.M.
Al presentarse ambos sacerdotes ante el General Ortiz, éste les preguntó: “¿cuál es su labor aquí?” y el Santo le contestó: “Labor de paz”, a lo que el militar disgustado le restregó el manifiesto con las firmas recabadas; el padre Rodarte intervino diciendo: “El padre no tiene que ver nada, acaba de llegar”, a lo que el militar le replicó: “¿no sabe nada? ¡Llegando y haciendo lumbre!”. Luego los amenazó con llevarlos a presos a Zacatecas por sediciosos y como les preguntó si tenían modo de trasladarse, y ellos le dijeron que no, los amenazó: “pues irán a pie”, a lo que san Mateo Correa respondió: “¡Con gusto, mi General!”

En tanto, el pueblo, enterado de estas circunstancias arbitrarias se exaltaba y los sacerdotes trataban de calmarlo, pues se tomaban determinaciones delicadas para impedir la extradición de los detenidos, maquinando un plan que hizo temer al General Ortiz y sus soldados, al grado que salieron del lugar precipitadamente, dejando incluso la mesa servida. Luego, desde la Hacienda de san Mateo el General Ortiz mandó al Presidente municipal de Valparaiso, que enviara a los sacerdotes junto con los muchachos a Zacatecas. En este lapso de tiempo se integró un comité de varias damas que se entrevistaron con el General Ortiz, pero éste las trató mal y nada se pudo resolver. Incluso, ellas lograron entrevistarse con el Gobernador del Estado, Leonardo Reséndiz, pero tampoco se llegó a un arreglo positivo; entonces, el Obispo diocesano, Ignacio Plascencia y Moreira, aconsejó a los sacerdotes que acataran la orden y fueran a la Capital.

El 8 de marzo los acusados llegaron a Zacatecas y se entrevistaron con el Gobernador, que les recomendó que se ocultaran pues se esperaba que de un día para otro, el General Ortiz dejara la ciudad. El día 10 fueron notificados por el Gobernador, que no había remedio y que se debían presentar ante Ortiz que no se iba de Zacatecas. Al presentarse ante él, les reclamó su tardanza en ir ante él, ellos se excusaron diciendo que no tenían dinero para pagar los gastos del traslado, el militar entonces se burló diciendo: “¡Pobrecito clero mexicano, tan pobre está!”. Luego regañó muy duramente a los jóvenes y los hizo consignar junto con los sacerdotes. Los cinco estuvieron presos hasta el 13 de marzo en un cuartel inmundo, luego fueron trasladados a la cárcel de Santo Domingo, donde permanecieron hasta el día 16, cuando pudieron recibir visitas y asistencia. Ese día el juez de distrito ordenó su liberación pues no había delito que perseguir, eso causó la ira del General Ortiz, quien se sintió burlado y juró entonces vengarse en la persona de San Mateo Correa Magallanes.

Reliquias del Santo en la catedral de Zacatecas, México.

Reliquias del Santo en la catedral de Zacatecas, México.

Todos regresaron a Valparaiso el 17 de marzo, siendo recibidos con grandes muestras de afecto. Ese día el Santo presidió el rezo del Rosario en la Parroquia y predicó sobre el amor a los enemigos. Desde esa fecha se dedicó a su ministerio con mayor empeño, trabajando con mucho celo no solo en la cabecera parroquial, sino en todas las rancherías a donde iba, entonces se dedicó de lleno a catequizar a sus parroquianos; este trabajo logró que muchos descarriados volvieran a la vida de la fe, que los enemigos de la Iglesia reconocieran sus errores y que los grupos de la A.C.J.M. crecieran en cantidad y en calidad; la labor desarrollada por estos jóvenes era intensa, por lo que varios de ellos estuvieron siendo observados y luego apresados para ser llevados a la Ciudad de México, donde por faltas de pruebas de delitos que perseguir, tuvieron que ser puestos en libertad, siendo esto un nuevo fracaso para el General Ortiz, que era quien orquestaba todo este proyecto pues estaba seguro que San Mateo Correa era el autor intelectual del trabajo hecho por los jóvenes.

Martirio
El 30 de enero de 1927, estando el Santo en San José de la Sauceda una persona le pidió que fuera a auxiliar a su madre moribunda, el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento para llevarlo como viático y se hizo acompañar por Don José María Miranda. Al legar a la Mesa de San Pablo, divisaron que la tropa venía en dirección contraria a ellos, por lo que su compañero sugirió a San Mateo que se devolvieran, el Párroco no lo consideró oportuno pues esto levantaría sospechas, convinieron entonces que el Señor Miranda se haría pasar por el Patrón y el sacerdote como el sirviente, por lo que llevaría las riendas del carro. Al encontrarse con la tropa, dirigida por el Mayor José Contreras y que venían derrotados por los cristeros en Huejuquilla, Jalisco, pasaron inadvertidos, hasta que un agrarista que conocía perfectamente al Señor Cura Mateo Correa los delató. El Señor Miranda trató de continuar con el plan, pero al ser revisado el saco del sacerdote, se encontró el Manual de párrocos con su nombre inscrito. Fueron entonces detenidos y se les dio la facultad de continuar en su carruaje atrás o delante de la tropa, circunstancia que San Mateo aprovechó para ir a la capilla de la Hacienda y resguardar la Sagrada Forma.

Detalle de las reliquias del Santo en la catedral de Zacatecas.

Detalle de las reliquias del Santo en la catedral de Zacatecas.

Luego se les condujo a Fresnillo, Zacatecas, donde se les encarceló. Allí San Mateo fue burlado soezmente por su condición de sacerdote por los demás prisioneros. Tres días después fueron conducidos a Durango en el tren del General Ortiz, el Santo fue amable con los soldados que lo resguardaban y les hizo algunos regalos. Llegaron a Durango del 3 de febrero, luego fueron conducidos a la Jefatura militar que estaba en el edificio que había sido Seminario. Aquí también San Mateo se ganó la confianza de los presos, a quienes dio regalos y buenos consejos. Todo este tiempo trató de llevar una vida normal, conviviendo con los demás y cumpliendo con su obligación de rezar el Oficio Divino, pero a pesar de esto, el Santo no podía ocultar su inquietud.

El 5 de febrero se le reprendió por no haber aseado su celda, entonces, pidió con humildad una escoba y se puso a barrer. Esa noche, después de merendar rezó el rosario y luego fue llevado ante el General Ortiz, que le mandó confesar unos reos que iban a ser fusilados y le dijo que luego dispondría de él. Una vez cumplida esta encomienda, el General le exigió que le revelara la confesión de los condenados, a lo que el Santo se negó: “¡Jamás lo haré!”, respondió; “¿Cómo que jamás lo hará?”– vociferó el militar- “¡Voy a hacer que lo fusilen de inmediato!”, “Puede hacerlo”, respondió el mártir, y continuó: “Pero no ignore usted, General, que un sacerdote debe guardar el secreto de la Confesión. Estoy dispuesto a morir”.

El Santo con sus compañeros seminaristas.

El Santo con sus compañeros seminaristas.

El día 6 de febrero, por la madrugada, los soldados condujeron al sacerdote al panteón a un lugar solitario para ser fusilado, donde luego de ser ajusticiado, permaneció insepulto tres días. Algunas personas con sentimientos de piedad se propusieron darle cristiana sepultura pero cuando llegaron a donde estaba el cuerpo, éste ya había sido enterrado por los soldados, solamente hallaron su sombrero y una mascada. Allí permaneció enterrado hasta que luego de un tiempo se le sepultó en una tumba.

Culto
San Mateo Correa Magallanes integra el grupo de mártires encabezados por San Cristóbal Magallanes Jara, mismos que fueron beatificados por San Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1992 y que también él canonizó el 21 de mayo de 2000. Actualmente las reliquias de San Mateo Correa se veneran en la capilla de San Jorge de la catedral de Durango.

Humberto

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Bibliografía:
– Conferencia del Episcopado Mexicano, Viva cristo rey, editada por ella misma, México, D. F. 1991, pp. 45-52.

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Santuario de la Balma en Zorita del Maestrat

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Imagen de la Virgen en su santuario de la Balma, Castellón (España).

Imagen de la Virgen en su santuario de la Balma, Castellón (España).

Uno de los santuarios más enigmáticos con los que podemos encontrarnos en la Comunidad Valenciana es el de Santa María de la Balma de Zorita del Maestrazgo, en un paraje llamado “de la Balma” por ser el lugar donde apareció en el siglo XIV la imagen de esta Virgen. “Balma” es un nombre de origen celta para referirse a una oquedad o cavidad pétrea. No es aventurado suponer que en esta gruta habitaron anacoretas buscando remotamente su tranquilidad espiritual. Este se convirtió en centro de peregrinaciones desde época medieval para la curación de enfermos y endemoniados, casi siempre confundidos por epilépticos, conociéndose esta romería ya desde el año 1408. Pero podemos afirmar que como lugar de culto tiene sus orígenes en épocas precristianas. Por ello año tras año se realizaba un ancestral ritual de expulsión de demonios llamados «caspolines i malignes» que fue parte de la España más negra y oscura.

Físicamente, se trata de un edificio enclavado en la roca, de estilo renacentista y construido entre los siglos XVI y XVIII. En el año 1438 había tres altares; el del culto a Santa María Magdalena, el de San Blas y el de la Virgen. Se trata de un santuario con gruta, compuesto de iglesia, hospedería y estación veraniega a la que se accede bajo la mirada vigilante de un rotundo almez, árbol simbólico de estas tierras por ser el tipo de árbol relacionado con el hallazgo de la patrona de Castellón, la Virgen de Lidón. Esta iglesia tan irregular tiene un original púlpito y una artística reja que cierra el camarín, en cuyo centro está la imagen de la Virgen de la Balma. Junto a la capilla se halla otro habitáculo que resulta impactante, ya que de sus muros penden los exvotos, con una larga serie de objetos que reproducen partes del cuerpo humano aportadas, en acción de gracias, por personas anónimas que agradecían así su curación por la intercesión mariana.

Interior del Santuario de la Balma, Castellón (España).

Interior del Santuario de la Balma, Castellón (España).

El santuario como tal se conoce ya en el siglo XIV, mitad edificio y mitad gruta que cuenta con un curioso campanario del siglo XVII. Junto a él, la hospedería es de importancia histórica y fue edificada en el siglo XVI adaptándose al abrupto terreno. A la llegada al santuario uno se encuentra con la cruz cubierta, cruz protegida por una cúpula sostenida por cuatro pechinas que muestra unos frescos obra del artista Cruella (1860), alegóricos de las virtudes. En el acceso a la hospedería tropezaremos con una larga escalinata que facilita la entrada a la gruta alargada y el mirador que, bordeando el precipicio sobre el cauce del río Bergantes, sirve de acceso a la iglesia. La fachada se prolonga formando un curioso campanario de dos cuerpos. El santuario está declarado Monumento Histórico Artístico desde el año 1979.

Respecto a la imagen de la Virgen diremos que es objeto de veneración desde su hallazgo por un pastor en el siglo XV. La tradición cuenta que el hallazgo de la virgen de la Balma fue por un pastor manco de un brazo, que súbitamente observó un gran resplandor que provenía de una imagen de la Madre de Dios que le indicó su voluntad de construir una ermita allí mísmo, en la Balma, para ser refugio de toda la comarca. A pesar de que la imagen fue intentada llevar al pueblo, esta volvía a aparecer misteriosamente en su gruta inicial por lo que se construyó su ermita donde la Virgen había señalado. Así se hizo y el pastor manco recuperó la movilidad de su mano. Se dice que su imagen fue la tercera en encontrarse en el Reino de Valencia, imagen sedente de madera de unos 70 centímetros de altura con el Niño sentado en su rodilla izquierda. María en su mano derecha sostenía una manzana.  Esta imagen desapareció en la guerra civil y en 1940 fue sustituida por otra que los devotos no aceptaron y que hoy se guarda en la Sala de las Danzas. La que se venera hoy es de tipo maniquí y lleva cabellera postiza. Además, esta Virgen es venerada de igual manera en la localidad de Rossell.

Vista exterior del Santuario de la Balma, Castellón (Valencia).

Vista exterior del Santuario de la Balma, Castellón (Valencia).

La primera semana de septiembre son las fiestas patronales de Zorita y, a la vez, del mismo santuario de la Balma. Por ello, ante su cruz cubierta se representa anualmente la lucha entre el bien y el mal. El 8 de septiembre, un ángel, encarnado por un niño, lucha y derrota a Lucifer, representado por un hombre maduro con el rostro tiznado y ataviado con una extraña vestimenta, en la que predominan las pieles, y que durante el combate lleva en la mano una serie de bengalas. El ángel consigue desarmar al demonio tirándolo al suelo y colocando un pie sobre su cabeza en señal de victoria. Posteriormente se realiza la procesión, en el transcurso de la cual se interpretan varias danzas ancestrales, con el acompañamiento del «tabalet» y la «dolçaina«, «llauradorets«, «pastorets«, «gitanetes«, «les verges«, etc… que bailan estas danzas ancestrales vistiendo faldas de tres colores, amarillo, verde y azul, camisa blanca y pantalón corto atado con cintas y calzando alpargatas. En suma, un lugar mágico, enigmático y con profundas connotaciones espirituales e históricas para los valencianos…

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Salvador Raga Navarro

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Sierva de Dios Teresa Enríquez, la «Loca del Sacramento»

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Lienzo-retrato de la Sierva de Dios.

Lienzo-retrato de la Sierva de Dios.

A menudo nos hemos preguntado, en este mismo blog, cómo un proceso de canonización puede alargarse tanto en el tiempo, más todavía cuando el candidato o candidata gozó en vida de una gran fama de santidad por sus actos de fe y caridad. La Sierva de Dios Teresa Enríquez reúne todas estas condiciones para que este caso no deje de ser llamativo, casi quinientos años después de su muerte ha sido muy poco el avance que ha tenido para verla finalmente en los altares. Pionera en muchas cosas como el culto al Santísimo Sacramento, y conocida sobre todo por sus obras de caridad para con los más desfavorecidos, este breve artículo seguro que servirá para conocer mejor su obra y a la vez extender su devoción dentro y fuera de España, esperando que no se tarde mucho en reconocer su santidad, ya que la causa está abierta y avanza poquito a poco.

Teresa Enríquez de Alvarado nació en el año 1450, probablemente en Medina de Rioseco (Valladolid), aunque ni el lugar ni tampoco la fecha se pueden precisar con exactitud. Sus padres eran Dº Alonso Enríquez de Quiñones y María de Alvarado y Villagrán. La familia pertenecía a la nobleza ya que su padre era almirante y señor de muchas villas, estaba emparentado con la realeza, su sobrino era el rey Fernando el Católico. Dª María, madre de Teresa, murió al poco tiempo de nacer ella, por lo que la Sierva de Dios se crió junto a su abuela paterna. Muchas fuentes apuntan que esto ocurrió así debido a que Dº Alonso no llegó nunca a contraer matrimonio y por ello Teresa no pasó su infancia con la familia materna, también existe la duda, a pesar de que es poco probable, que fue hija ilegítima. Su abuela, Dª Teresa de Quiñones, y algunas personas del servicio se dedicaron de su educación y de que conociese el catecismo y es que para postre vivían en un monasterio de la orden franciscana que estos, sus abuelos, habían fundando junto a un hospital.

Era una niña muy guapa, como también lo fue de mayor, despegada de los elogios y protagonismos dedicaba parte de su tiempo a repartir caridad y a asistir a prácticas devocionales con sus abuelos. Decían los habitantes de Medina de Rioseco que la misma Santa Ana y la Virgen niña asistían a las procesiones del pueblo cuando abuela y nieta iban a estas en determinadas ocasiones como Semana Santa.

Antiguo convento concepcionista, hoy Ayuntamiento.

Antiguo convento concepcionista, hoy Ayuntamiento.

En el año 1471, cuando la joven Teresa Enríquez tenía alrededor de veintiún años, entró en la corte Real, aquí conoció al que sería su marido, Dº Gutiérrez de Cárdenas que era un noble y político, alcalde de Toledo y afamado por sus dotes diplomáticas. El consejo que daba a los Reyes Católicos era muy tenido en cuenta, a él se le debe el nombramiento del Cisneros como cardenal primado de esta ciudad. Cuando contrajeron matrimonio éste era valido de la princesa Isabel (Isabel la Católica). Ambas dos fueron grandes amigas, Teresa Enríquez fue dama de su séquito por su condición de noble, pero no sólo esto las unía ya que compartían los mismos gustos y las mismas inquietudes. Nos ha llegado que los hijos de las dos se criaron de niños juntos y que ellas mismas socorrieron en el hospital de Córdoba a numerosos heridos de la guerra de la conquista Granada. Desde este momento, tal vez por conocer de cerca los desastres y consecuencias de la guerra, incrementó su caridad con los más necesitados.

Dº Gutierre de Cárdenas era señor de muchas villas y tierras, en las provincias de Andalucía contaba con muchas, sobre todo en Sevilla donde llegó a vivir el matrimonio y sus hijos, pero en la provincia de Toledo y más concretamente en el pueblo de Torrijos donde acumulaban muchas propiedades. En 1503 muere su marido y desde este momento decide abandonar toda esta vida en la corte real. Nunca le había gustado, rehuía a todo ese tipo de privilegios y por ello decidió retirarse a Torrijos a dedicarse enteramente a las obras de caridad. Ya establecida en este pueblo toledano daba todos los día de comer a las familias que se acercaban a su puerta, también les proporcionaba un trabajo en sus tierras y además de todo esto vendía si hacía falta algunas de sus valiosas pertenecías para comprar ganado y semillas a las familias que se habían quedado sin nada a causa de catástrofes meteorológicas. No satisfecha con esto fundó y se encargo de sufragar los gastos de la Colegiata de Torrijos y el convento de la Concepción, decidió donarles el edificio a la muerte de su hijo y fundarlo para las hijas espirituales de Santa de Beatriz de Silva, que conoció en vida gracias a la reina Isabel la Católica, desde entonces profesó un gran afecto hacía la fundadora. Pero no solo fue este el único convento de religiosas que fundó, fueron muchos y en muchos sitios del reino y todos Concepcionistas. También se conocen varias capillas catedralicias fundadas por ella, como por ejemplo; la de la Virgen de la Antigua en Toledo y otra en la iglesia de San Lorenzo y San Dámaso en Roma aparte de dos hospitales para desamparados, el de la Santísima Trinidad y el de la Consolación.

Cuerpo incorrupto de la Sierva de Dios.

Cuerpo incorrupto de la Sierva de Dios.

Todo este rosario de fundaciones y dotaciones para el beneficio de pobres, trabajadores y religiosas no la hicieron tan “famosa “como su devoción, propagación y exaltación del Santísimo Sacramento. Era muy devota y fue pionera en fundar la Hermandad del Santísimo Sacramento, hermandades y cofradías sacramentales que rápidamente se extendieron por España (sobre todo en Sevilla), America y Europa con el fin adorar a Jesús bajo las dos especies del pan y el vino. Se extendieron gracias también a la aprobación por bula del Papa Julio II que vio con buenos ojos que Teresa Enríquez las promoviera y sufragara. Con esto, y sin saberlo ella, dio protagonismo a los laicos y muy especialmente a las mujeres dentro de las cofradías que fueron surgiendo después de esta, la que fue la primera de este tipo.

Los últimos años de su vida los pasó viviendo muy austeramente, vivía prácticamente como una de la monjas concepcionistas que tanto estimaba, vestía con una especie de hábito de color pardo, pasaba largas horas de oración ante el sagrario y procuraba enviar a personas a adorar al Santísimo en sagrarios que no recibían adoradores y que ella pensaba que estaban abandonados. Antes de morir socorrió a muchas jóvenes huérfanas en peligro de perderse, les dio una educación y un trabajo, así como a los niños “clerizones” o también “Mozos del coro”, que eran niños que formaban coros y recibían una educación.

Primitiva tumba de don Gutiérrez de Cárdenas y Teresa Enríquez.

Primitiva tumba de don Gutiérrez de Cárdenas y Teresa Enríquez.

Agotada por su magno trabajo para el bien de las almas, murió santamente el día cuatro de marzo de 1529 a los setenta y nueve años. Dejó en su testamento todo muy bien detallado para que a su muerte, todas sus pertenecías pasaran a la Iglesia y con ellas se siguieran haciendo obras de caridad a los pobres y actos en adoración al Santísimo Sacramento. La “loca del Sacramento” o “la embriagada del vino celestial”, como así la apodó curiosamente el Papa Julio II por su fomento y devoción al cuerpo de Cristo bajo las dos especies, fue enterrada junto a su marido en el convento franciscano donde ya él descansaba, posteriormente se trasladó a la colegiata de Torrijos y desde allí al antiguo convento de la Franciscanas Concepcionistas. Ahora su cuerpo incorrupto descansa en el nuevo monasterio de estas mismas religiosas, ya que el anterior ahora es el ayuntamiento de Torrijos.

En el año 2001 se reabrió oficialmente la causa diocesana de canonización, se clausuró un año después, en 2002 y más tarde el proceso diocesano fue aprobado en Torrijos y enviado a Roma donde se está estudiando en la actualidad. Se la presenta como una mujer muy hermosa, ricamente vestida y haciendo el vino para la Eucaristía con sus propias manos. Como curiosidad diré que esta candidata a los altares era tía de dos grandes santos, como San Francisco de Borja o San Juan de Ribera.

David Garrido

Enlaces consultados (26/01/2016):
– http://archicofradiasacramentaldepasion.blogspot.com.es/2011/02/teresa-enriquez-de-alvarado-la-loca-del.html
– www.lavozderioseco.com/teresa-enriquez-la-loca-del-sacramento/

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San Alejo de Ugine, sacerdote ortodoxo

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Foto con la cruz pectoral.

Foto con la cruz pectoral.

San Alejo de Ugina (Alexis en lengua francesa, Алексий Южинский en ruso) fue un sacerdote ruso que trabajó activamente en Rusia, Estonia y Francia y se sirvió con devoción especialmente a las comunidades de exiliados rusos. San Alexis nació el 1 de julio del 1867 en el seno de la familia sacerdotal rusa Medvedkov. Su padre, Iván, era un simple sacerdote que prestaba sus servicios en Fomitcheva, región de Vyazma, no muy lejos de San Petersburgo. El padre murió poco después del nacimiento de Alexis, dejando a la familia en una situación difícil, sólo con su madre, Neonila Mikhailovna. El joven Alexis estudió en la escuela de la iglesia y más tarde en el seminario teológico de San Petersburgo. Se graduó en 1889 sin ningún tipo de rendimiento notable, pero en cualquier caso, era una persona muy piadosa y, creyendo que no era digno, tuvo dudas antes de ordenarse de sacerdote. Así que desempeñó durante cinco años el oficio de cantor en la iglesia de Santa Catalina de la isla Vasilyevsky y se casó con una mujer llamada María, con la que tuvo dos hijas. En estos cinco años se puso bajo la dirección espiritual de San Juan de Kronstadt (1929/08), un famoso sacerdote que, ya en vida, tenía reputación de santo. San Juan lo animó para que se ordenara de sacerdote.

Sacerdote en Vruda
Cuando tenía veintiocho años, después de una solicitud al Consejo Diocesano, fue ordenado diácono por el metropolita Paladío de San Petersburgo, en la víspera de Navidad de 1895, y dos días más tarde, de sacerdote, siendo nombrado en enero del 1896, párroco de la Iglesia de la Dormición de la Madre de Dios en el pueblo de Vruda, situado a unos noventa kilómetros de San Petersburgo; allí desempeñó su trabajo sacerdotal durante veintitrés años.

Foto durante un servicio fúnebre

Foto durante un servicio fúnebre

Vruda era una comunidad rural compuesta con trece pequeñas aldeas. Debido a la pobreza de su parroquia, la retribución que recibía por sus obligaciones religiosas no era suficiente para sostener económicamente a su familia, por lo que también trabajaba en el campo junto a sus fieles parroquianos. Eso no significaba que quedase estancado en la cultura teológica adquirida en el Seminario, ya que pasaba muchas noches leyendo los escritos de los Santos Padres de la Iglesia con el fin de preparar sus sermones dominicales. Por otra parte, a menudo visitaba el orfanato de su parroquia y ayudó en la apertura de dos nuevas escuelas en aquella región rural. Su trabajo arduo y dedicado le granjeó el respeto no solo en su parroquia, sino también entre los sacerdotes de la región. Por sus méritos, el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, le ofreció en el año 1911 la cruz pectoral y en el 1914, la Orden de Santa Ana, dándole además el rango de arcipreste en el año 1916.

Sacerdote en Estonia
La revolución rusa de 1917 supuso un momento muy duro en la vida de San Alexis y de su familia. Durante la persecución a la Iglesia por parte de los comunistas, fue arrestado por la CEKA (los servicios secretos), hecho prisionero y torturado. Los torturadores le rompieron los brazos y las piernas y lo golpearon en la cara, por lo que su nervio facial quedó parcialmente destruido durante toda su vida. Su hermana mayor se ofreció como rehén a cambio de su liberación y así, poco después a él y a su familia se les permitió ir al exilio en Estonia.

Foto siendo anciano.

Foto siendo anciano.

Instalado en Kohtla-Jarve, una zona industrial muy poblada por refugiados rusos, con el fin de mantener a su familia, trabajó como minero durante un tiempo, en unas condiciones insalubres a causa de la humedad y de la contaminación. Debido a su mal estado de salud después de la detención y a su empeoramiento por las condiciones inadecuadas de trabajo, en el 1923, fue nombrado párroco de Levvé bajo la jurisdicción de la Iglesia Rusa, donde compaginó su trabajo como párroco con la de enseñante en una escuela para niños refugiados. En el 1926, su esposa enfermó y después de tres años de grandes sufrimientos, murió en enero de 1930. Mientras tanto se inició un conflicto entre el clero local, organizado como iglesia autónoma y los sacerdotes bajo la antigua jurisdicción de la iglesia rusa. A causa de estas dificultades, solicitó al Metropolita Eulogio, ordinario de la diócesis de la Iglesia ortodoxa rusa en Europa Occidental, trasladarse a Francia y después de pasar por unos momentos de dificultades financieras, padre Alexis finalmente se trasladó a territorio francés en diciembre de 1930, siendo enviado a la región alpina de Saboya, a la nueva parroquia creada de San Nicolás en Ugine.

Sacerdote en Ugine
Tenía sesenta y tres años de edad cuando comenzó su nueva misión en Francia. Como Kotha-Jarve en Estonia, Ugine era un importante centro industrial, donde trabajaban varios cientos de inmigrantes rusos. Debido a las diferentes opiniones políticas y afiliaciones eclesiales, sus connacionales estaban muy divididos. El carácter amable y paciente del padre Alexis le hizo estar siempre a disposición de sus feligreses tratando de llevar la paz. Ya anciano, no por su edad, sino porque su vida había sido muy dura, prefirió pasar la mayor parte de su tiempo en una iglesia de madera construida en la montaña, donde rezaba constantemente, pero aun así participaba en las reuniones locales con sus feligreses y era muy abierto a todos, sobre todo cuando se trataba de la vida espiritual. Era un gran admirador de Aleksei Khomiakov (1804- 1860) teólogo y filósofo ruso, teórico de la eclesiología ortodoxa moderna. Pero cuando las discusiones se convertían en política o versaban sobre otras cosas mundanas, solía ausentarse y dedicarse a la oración.

Iglesia de san Nicolás en Ugine (Francia).

Iglesia de san Nicolás en Ugine (Francia).

Solía caminar con su sotana sacerdotal, que era bastante vieja y descuidada. A pesar de que su salario eclesial era muy pequeño, en secreto daba una parte de su dinero a los más pobres. Después de que su hija menor, Olga se casase en el año 1931 y su hijastro se mudase a su casa, los dos comenzaron a llevar una vida aún más dura, ya que comenzaron a burlarse de él y a tratarlo de manera irrespetuosa. Pero él se refugiaba en la oración y se negaba a responder a las provocaciones. Entre todos sus conocidos, nadie supo de él que profiriera ninguna queja. En los últimos años de su trabajo como sacerdote, una pequeña parte de sus feligreses comenzaron a criticarlo por su suave carácter, convirtiéndose en objeto de sarcasmo. Finalmente algunos de ellos escribieron una carta al Metropolita, diciéndole que había robado una cantidad de dinero de la parroquia, a lo que él se negó a defenderse. Estando en esta posición tan difícil, la mayoría de sus feligreses, se indignaron por el contenido de la carta y se movilizaron a favor de su sacerdote para que el Metropolita decidiera que era inocente.

Agotado por todos estos trabajos, el padre Alexis cayó enfermo y poco después, al agravarse su condición física, en el mes de julio de 1934, se vio obligado a ser hospitalizado en Annecy, donde los médicos le diagnosticaron un cáncer de estómago, que mantuvo oculto a casi todo el mundo, incluso a su hija cuando lo visitaba. Fue visitado por otros sacerdotes rusos y por sus feligreses, los cuales comenzaron a darse cuenta de que les leía sus pensamientos e incluso les profetizaba. En el hospital, uno de sus más fieles feligreses hablaba mucho con él y el padre le confesó que, aunque le gustaban todos los Akathistos y cánones, le encantaba especialmente el de San Pantaleón. También le confesó lo mucho que amaba a los niños: “En mi parroquia los verdaderos feligreses son los niños, los hijos de mis feligreses… y si esos niños viven y crecen, van a formar el interior de la Iglesia. Y también nosotros, que pertenecemos a la Iglesia, siempre y cuando vivamos de acuerdo a nuestra conciencia y cumplamos los mandamientos… ¿entiendes lo que quiero decir? En la Iglesia visible existe una Iglesia invisible, una Iglesia secreta. En ella se encuentran los humildes que viven por la gracia y que caminan en la voluntad de Dios. Se pueden encontrar en cada parroquia y en cada jurisdicción. La emigración vive a través de ellos y por la gracia de Dios».

Sepulcro del Santo en Bussy, Francia.

Sepulcro del Santo en Bussy, Francia.

Finalmente incluso sus adversarios se acercaron a él, aunque fue él quién les pidió perdón. El día antes de su muerte, recibió la Santa Comunión y la unción de los enfermos. Murió en la mañana del 22 de agosto del año 1934 y a su sepelio en Ugine, participaron varios miles de personas: sacerdotes, feligreses, amigos, e incluso quienes lo habían criticado.

Veneración
En el año 1953, las autoridades de Ugine decidieron trasladar el cementerio y transformar el lugar en un barrio de viviendas, por lo que todas las tumbas tenían que reubicarse en un plazo de cinco años. Filip Shportak, el nuevo párroco de los ortodoxos rusos que vivían en Ugine, decidió trasladar el cuerpo del padre Alexis, por lo que se abrió la tumba el 22 de agosto de 1956, exactamente veintidós años después de su muerte. Cuando se pusieron a excavar, a una profundidad de 1,20 metros los sepultureros no pudieron utilizar sus herramientas, como si los detuviera una fuerza desconocida. Así continuaron cavando con sus manos y bajo el ataúd descompuesto encontraron incorruptos los restos del Padre Alexis. Su cuerpo era muy flexible y hasta los médicos afirmaron que un hombre que había muerto de cáncer generalizado no podía librarse de la descomposición. Normalmente los sepultureros utilizaban ataúdes pequeños para meter los huesos de los difuntos, por lo que para el padre Alexis se necesitaba un ataúd normal, que ellos no tenían. Debido a esta situación, su cuerpo permaneció al descubierto durante tres días, no sufriendo ningún daño hasta que llegó el nuevo ataúd y pudieron sepultarlo de nuevo.

Al año siguiente el diario ruso «La pensée russe» publicó un artículo titulado «El santo padre de Ugine». Al leerlo, el padre Pavel Puchalsky, sacerdote del monasterio ortodoxo de Bussy-en-Othe comenzó a recopilar testimonios sobre el padre Alexis y solicitó al Metropolita Vladimir que removiese los restos al cementerio ruso de Sainte-Geneviève-des-Bois, cerca de París. Eso ocurrió el 30 de septiembre de 1957 y cuando el ataúd fue abierto de nuevo, el cuerpo se encontró en las mismas condiciones de incorrupción, siendo trasladado a la cripta de la iglesia del cementerio ruso de Sainte-Geneviève-des-Bois.

Vista de los restos del Santo en Bussy, Francia.

Vista de los restos del Santo en Bussy, Francia.

La canonización de San Alejo de Ugina fue decretada por el Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, al cual estaba subordinada la parroquia rusa, el día 16 de enero del año 2004. La solemne ceremonia de la canonización se celebró en la Catedral Rusa de San Alejandro Nevsky de París, el día 2 de mayo de ese mismo año, oficiando el arzobispo Gabriel de Comana, obispo para las comunidades rusas que están bajo la jurisdicción de Constantinopla. El 13 de octubre de ese mismo año, sus sagradas reliquias fueron trasladadas desde Sainte-Geneviève-des-Bois a Bussy-en-Othe y depositadas en la iglesia de la Transfiguración, construida recientemente para servir como iglesia principal de las monjas ortodoxas del monasterio dedicado a la Protección de la Madre de Dios. San Alejo es conmemorado el 22 de agosto (día de su muerte), el 13 de octubre (día del traslado de sus reliquias) y el 20 de julio (Synaxis de los nuevos Santos Rusos de Francia).

Troparion
Pastor amado de Cristo Dios, que fuiste una regla de fe y un ejemplo de misericordia. Te quemaste por el cuidado de tu rebaño en tierra extranjera, por lo que has sido glorificado por Dios. Por eso, tu cuerpo descansa incorruptible y tu espíritu está delante del trono divino. Ruega a Cristo Dios para que nos fortalezca en la ortodoxia y en la piedad, con el fin de salvar nuestras almas.

Mitrut Popoiu

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Bibliografía:
Vie de Saint Alexis d’Ugine.
– Job Getcha, “Alexis Medvedkov, un prêtre serviteur du Seigneur”, en: Contacts, vol. 56, no. 208, 2004.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Ronán de Quimper, obispo eremita

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Escultura del santo en Locronán (Francia).

Escultura del santo en Locronán (Francia).

Se le conoce también con el nombre de Ronano. Las fuentes principales que nos hablan de su vida, son las siguientes: una “Vita” latina escrita a mediados del siglo X por un canónigo de la catedral de Quimper, sus “Actas” en el “Breviarium Corisopitense” y sus lecciones en el nocturno de maitines del “Proprium sanctorum ecclesiae Corisopitensis”, que data del año 1642. Existen otros datos que pueden recabarse en otros documentos litúrgicos, en las dedicaciones de iglesias, de lugares que llevan su nombre e incluso de algunas tradiciones locales que han llegado hasta nuestros días. No obstante, existen considerables incertidumbres acerca de su figura y sobre los detalles históricos de su vida; sobre todo, existe un problema muy complejo, difícil de solventar acerca de su identificación con San Ronán de Tavistock, problema que aun no se ha resuelto de manera satisfactoria a pesar de que muchos hagiógrafos se han devanado los sesos en este intento.

Según estas fuentes, Ronán era un irlandés que habiendo sido consagrado como obispo gracias a su santidad y a su cultura, dejó su isla natal para dedicarse a llevar vida de ermitaño en otras tierras. Según la obra “Vies des Saints de la Bretagne Armorique”, de Alberto el Grande – hagiógrafo dominico bretón que vivió a caballo entre los siglos XVI-XVII -, publicada en el año 1636, Ronán era un pagano irlandés que convertido al cristianismo, una vez bautizado, recibió una buena educación eclesiástica llegando a ser ordenado como sacerdote una vez que había abandonado Irlanda. Parece ser que primero estuvo en Cornualles (Inglaterra) y posteriormente pasó al continente, asentándose en la región de Bretaña, concretamente en Saint-Pol-de-Léon, donde se quedó como eremita y en la que debido a la fama de sus curaciones hizo que acudieran a él mucha gente de toda aquella zona.

Como deseaba vivir en una soledad mayor, se retiró a los confines del bosque de Névet, cerca de la bahía de Douarnenez, donde se construyó una casucha que le servía de vivienda y de oratorio. Pero nuevamente, su santidad atrajo a las multitudes hasta tal punto que el rey Grallón de Bretaña acudía a él para solicitarle consejo. Ronán realizó numerosas curaciones de enfermos y algún milagro en su propia defensa, ya que en dos ocasiones fue acusado falsamente por una mujer llamada Keban, esposa de un campesino que vivía cerca de su choza y con el que se encontraba muy a menudo. La primera acusación fue que era un licántropo (hombre lobo) y la segunda, que intentó seducirla. Por culpa de estos rumores abandonó aquel lugar y se marchó a Est, cerca de Rennes, donde se construyó un nuevo eremitorio. Allí murió aunque su cuerpo de manera milagrosa fue transportado a Locronán, lugar de su primera ermita en las cercanías del bosque de Névet, donde fue sepultado.

Campanilla del santo.

Campanilla del santo.

Durante la ocupación de Bretaña por parte de los escandinavos a principios del siglo X, Locronán fue destruida y sus reliquias, a fin de que no fuesen profanadas, fueron trasladadas hasta la Francia central. Pasado el peligro, se dice que su cabeza fue devuelta a Locronán una vez que esta ciudad fue nuevamente reconstruida y que su cuerpo fue llevado a Quimper.

El autor de la “Vita” nos cuenta, aunque sin convencimiento alguno, la historia de la transferencia de sus reliquias en Bretaña, ocurrida en la primera mitad del X: en Francia, fuera de la región de Bretaña, San Ronán no recibe ni recibía culto alguno y en la “Vita” no se dice ni como ni donde estuvieron las reliquias cuando, digamos, estuvieron “en el exilio”. ¿Por qué digo “sin convencimiento alguno”? Porque el pasaje que describe su retorno presenta incongruencias muy notables: el motivo de la reconstrucción del oratorio de Locronan constituye una burda interpolación entre la afirmación de que el cráneo del santo había sido llevado desde Cornualles y la “milagrosa recomposición” de su cuerpo en Quimper, donde había sido traído desde el oratorio. Lo más verosímil es que la totalidad de las reliquias del santo fueron transportadas desde Locronan hasta la catedral de Quimper, mucho antes. La creencia de que en el siglo X fueron transportadas desde Bretaña a Cornualles, está basada en la confusión existente entre este San Ronán de Quimper y el San Ronán de Tavistock, cosa que ya expliqué anteriormente. Comprendo que es bastante lioso el entender todo esto, pero es que en realidad, lo que la “Vita” describe, es un verdadero lío.

En un inventario del año 1273, Menn nos dice que en la catedral de Quimper, en un relicario de plata estaba el cráneo y que en otra caja de plata estaba el resto del cuerpo. En el año 1687, a petición del obispo local, se hizo un reconocimiento de estos restos: “… nos encontramos la escápula del lado izquierdo, el fémur de un muslo, la mandíbula inferior, un hueso occipital, la tibia y un hueso de un brazo, un húmero, las vértebras, el cubito del otro brazo, varias costillas, un hueso roto de una tibia… todo envuelto cuidadosamente en un cabestrillo de tafetán verde, colocado dentro de la caja de plata”. En el siglo XVII, era muy importante realizar este reconocimiento y este relato detallado, ya que lo que se pretendía era, por razones económicas, atraer a los peregrinos a Quimper y como en Locronan – aunque estaba el sepulcro -, solo había dos costillas, se provocaba así una cierta competencia entre ambas iglesias. Pero cosas del destino, durante la Revolución Francesa se destruyeron todas las reliquias conservadas en Quimper (hay que tener en cuenta que los relicarios eran de plata), mientras que se respetaron las dos costillas de Locronan porque estaban en un relicario de madera. ¡Así es la vida! Y esto es lo que existe en el día de hoy.

Relicario de las costillas del santo en la iglesia de Locronán (Francia).

Relicario de las costillas del santo en la iglesia de Locronán (Francia).

Existen muchos testimonios de culto litúrgico a este santo en toda la región de la Bretaña francesa. En los calendarios de Quimper, en los breviarios de Tréguier del siglo XV, en el calendario de París de 1472, en el de Léon del 1516 y en los misales de Bréventec del siglo XIII, es recordado el día 1 de junio. En unas letanías del siglo XI de Limoges es invocado entre los santos Brioco y Tugdual dentro de un grupo de santos venerados en las diócesis de Saint-Brieuc, Tréguier y Léon e incluso en los estatutos del sínodo celebrado en el 1536 en la diócesis de Cornualles, se establece que su fiesta sea de precepto. Su memoria es también decretada en la “Grande Troménie de Saint Ronan” (una larga procesión o peregrinación) que en Locronán se celebra cada seis años entre el segundo y el tercer domingo de julio y en la cual se sigue un protocolo que no ha variado a lo largo de los siglos.

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A San Ronán se le han dedicado muchas iglesias a lo largo y ancho de la Bretaña francesa. Recordemos la magnífica iglesia de Locronán donde se conserva su tumba y una campanilla que el propio santo utilizaba. En Plozévet tiene dedicada una capilla y una fuente, en Briec una capilla y otra en Quimper. Estas tres últimas dedicaciones fueron destruidas durante la Revolución Francesa. Es el santo patrono de la localidad de Saint-Renan (cercana a Léon), de la iglesia existente en la isla de Molène, de Laurenan, en la costa septentrional y de Hillion, en la diócesis de Saint-Brieuc. En estos últimos dos lugares su culto ha sido sustituido por el de San Renato obispo de Angers. Es también el santo patrono de Locrenan en Plestin, Saint-Renan en Plouec y en Saint-Drenan en Minihy Tréguier.

Tumba del santo en Locronán (Francia).

Tumba del santo en Locronán (Francia).

Aunque como he dicho anteriormente, Alberto el Grande en su obra “Vies des Saints de la Bretagne Armorique”, considera que era un sacerdote, las otras fuentes mencionadas al inicio del artículo señalan que era un obispo ermitaño y así aparece representado en las escenas esculpidas en el púlpito de madera de roble existente en la iglesia de Locronan: exactamente, como un obispo mitrado, con la mitra puesta. Sin embargo, en unas vidrieras multicolores del siglo XVI existentes en la iglesia de Plogonnec (cerca de Locronan) es representado como un ermitaño que lleva una campanilla en su mano derecha y un bastón en la izquierda.

Todos los hagiógrafos afirman que San Ronán fue un personaje histórico del siglo VI, aunque algunos se resisten a admitir la tesis de que su origen era irlandés. Algunos, sin fundamento alguno, dicen que fue discípulo de San Senan de Inis Cathaig, localidad situada en la isla Scattery existente en el río Shannon, en Irlanda. Que el santo fuera un obispo irlandés que dejó su tierra natal a fin de vivir en soledad en la Bretaña francesa, es una afirmación que concuerda plenamente con la tradición de la Iglesia Celta, aunque está claro que su biógrafo del siglo X, basó su “Vita” únicamente en el folklore contemporáneo existente en Locronan.

Antonio Barrero

Bibliografía:
Analecta Bolandista, LVIII, 1940.
Analecta Bolandista, LXXI, 1953.
– Doble, G.H., “Saint Rumon et Saint Ronan”, Shipston-on-Stour, 1939
– Dujardín, D., “Saint Ronan”, Brest, 1935.
– Grannel, F., “Bibliotheca sanctorum, tomo XI”, Roma, 1990
– Le Grand, A., “Les vies des saints de la Bretagne Armorique”, Paris, 1901
– Plaine, F., “La tumba monumental y las peregrinaciones de San Ronán”, Revista de Arte Cristiano, XI, 1879.

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