San Juan María Vianney, sacerdote y confesor (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo-retrato del Santo.

Lienzo-retrato del Santo.

Sobre el santo que vamos a hablar hoy no es un santo al que frecuentemente encontremos, pero que es quien se ha dedicado con tanto celo a las almas, sobre todo al sacramento de la reconciliación, amado y considerado incluso en vida como un hombre de Dios. La Iglesia ha querido proponerlo con justa razón como modelo de todos los sacerdotes, en especial de los párrocos. Es posible que algunos fenómenos en su vida puedan parecernos extravagantes como las penitencias corporales que él realizaba, pero en él se ve un trato muy humano con los demás.

Infancia
Juan María Vianney
nace en un humilde hogar en el pueblo de Dardilly a ocho kilómetros de la ciudad de Lyon (Francia), el día 8 de mayo de 1786, hijo de Don Mateo Vianney y de María Beluse, siendo el cuarto de seis hermanos. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento poniéndosele el nombre de su padrino, que además era su tío paterno. Su familia era campesina, poseyendo una pequeña finca, donde también hospedaban peregrinos; su abuelo Pierre Vianney hospedó al mismísimo San Benito José Labré mientras éste viajaba a Roma. Eran muy piadosos y así inculcaron la fe a sus hijos: desde pequeño su madre le enseñaba como hacer la señal de la cruz, muy pronto adquirió la costumbre de santiguarse antes de comer y era obediente a sus padres en todo.

Una anécdota de él fue cuando tenía cinco años: una camándula que amaba mucho, su hermana Margarita se la quitó, haciendo que el pequeño Juan llorara y pataleara ante su mamá, quien le dijo: “Regálale la camándula a Margarita por amor a Dios”. Su madre en recompensa le regaló una pequeña y tosca estatuilla de la Santísima Virgen a la que desde entonces amó siempre.

A nuestro santo le tocó vivir el momento más difícil que pasaba el país. Como sabemos por la historia, tres años después de su nacimiento en 1789 estalló la Revolución Francesa, significó la aniquilación total de una sociedad feudal dividida en clases sociales en que el Estado y la Iglesia mantenían una comunión mutua en el papel del poder. En el ámbito religioso, aparte de confiscar los bienes que poseía la Iglesia, el anticlericalismo predominaba en las mentes de los revolucionarios. Cerca del pueblo de Dardilly como anteriormente he expuesto, estaba la ciudad de Lyon y allí con gran crueldad llegó la revolución, siendo zona de constantes insurrecciones y sangrientas represalias. Con la promulgación de la constitución civil del clero en 1790, los sacerdotes que se negaron a firmarlo fueron perseguidos, algunos decidieron seguir atendiendo a los fieles de manera clandestina, disfrazados por las noches entraban a las casas a confesar, oficiar misa, bautizar y predicar. El padre Groboz llegó una vez a la casa de los Vianney disfrazado de cocinero y con él hizo su primera confesión. En 1799 en una casa de campo en época de cosecha, Juan hizo su primera comunión a escondidas, con las puertas y ventanas cubiertas.

Casa del Santo.

Casa del Santo.

Realmente nos recordaba como los primeros cristianos en las catacumbas, nomás que ahora el contexto es diferente. Como todos los niños en el ámbito rural se dedicó a llevar a pastar el ganado de la familia, aprovechando esos momentos para dedicarse a la oración, el rezo del rosario o a cantar himnos que se aprendía por boca de sus mayores. Durante el invierno asistía a la escuela, y aprovechaba bien sus clases, aunque sin embargo, a los trece años tuvo que dedicarse a trabajar con su padre y su hermano mayor como labrador en el viñedo de la familia, labor que realizaba rezando jaculatorias en voz alta.

Vocación sacerdotal
En 1800 comenzaba a gobernar el país Napoleón Bonaparte quien deseando volver a la paz religiosa al año siguiente hizo un concordato con Pío VII, en el que se estipuló la libertad de culto, siendo esta noticia recibida con júbilo por toda la nación. Por primera vez después de diez años se celebraba públicamente la fiesta del Corpus. A los diecisiete años, sintió la llamada de Dios al ministerio sacerdotal; sin embargo, aunque su padre era muy buena persona no consentía que su hijo fuera a estudiar al seminario debido a varias razones: Necesitaban a alguien que trabajara en el campo porque Francisco su hermano iba a estar en el servicio militar y Catalina estaba a punto de casarse, así que tuvo que sufrir dos años de espera aunque confiando en la Providencia. Por fin cuando el párroco de Ecully, el padre Carlos Balley estaba buscando jóvenes para prepararlos para el sacerdocio, su padre accedió y Juan partió hacia el pueblo para entrevistarse con él.

Vista de la localidad de Ars (Francia), con la Basílica del Santo en el centro.

Vista de la localidad de Ars (Francia), con la Basílica del Santo en el centro.

Aunque al principio fue rechazado, después de conocerlo personalmente aceptó integrarlo. Sin embargo no había cursado la primaria y apenas sabía leer y escribir, su calvario fue el latín, el cual no pudo aprender con facilidad (recordemos que en aquellos tiempos los principales libros de teología estaban escritos en latín) y esto, en el joven seminarista provocaba desaliento.

Peregrinó hacia el santuario de San Juan Francisco Regis y aunque no obtuvo una buena memoria fue una auténtica experiencia espiritual que le dio una constancia enorme para que alcanzara el sacerdocio, costara lo que costara. En 1807 Juan María recibió la confirmación de manos del Arzobispo de Lyon, tomando el nombre de Juan Bautista María.

Servicio militar
Para 1809, Napoleón Bonaparte estaba invadiendo España, pero como las guerrillas españolas les oponían a los franceses una fiera resistencia, necesitaba muchos soldados. Entonces publicó un decreto por el que los hombres solteros de entre veinte y treinta años de edad, tenían que enrolarse en el ejército. El sorteo le tocó a Juan, ya que por inexplicables razones, la dispensa sobre los seminarios no llegó y cuando los encargados entraron en el pueblo notificaron que si no se enrolaba pronto a las filas sufrirían penas graves por desobediencia al edicto, no tuvo más remedio que registrarse en el cuartel. Durante su servicio convaleció de fiebres siendo hospitalizado dos veces, aun así le llegó la notificación de que debía presentarse al cuartel para recibir el comprobante perteneciente a su batallón, pero sin embargo un retraso peligroso hizo que le increpara su capitán aunque lo aceptó de nuevo, partiendo rumbo a España.

Vidriera de Santa Filomena y San Jean-Marie Vianney en la iglesia de Chatillon-sur-Chalaronne, Ain (Francia).

Vidriera de Santa Filomena y San Jean-Marie Vianney en la iglesia de Chatillon-sur-Chalaronne, Ain (Francia).

Tratando de alcanzar a sus compañeros de infantería, al llegar a las montañas de Foréz, se sentó a descansar y a rezar encontrándose a un desconocido soldado que lo llevó a la dirección contraria del ejército. Al enterarse que había desertado se asustó debido a las represalias y compromisos que contraería su familia con la autoridad. Se refugió en Noes donde se enteró de que si se presentaba en el ejército sería fusilado y si la policía lo pillaba sería expulsado de la nación. Se escondió en la casa de Claudina Fayot, asistiendo a escondidas a misa, y hasta se atrevió a cambiar de nombre para que no lo reconocieran, trabajó bajo techo para evitar que la gente lo viera, incluso alguna vez tuvo que correr a ocultarse entre las pajas del establo al haber un registro en la finca donde se hospedaba. Sin embargo la situación cambió en 1810 cuando el emperador publicó una amnistía para todos los desertores y pudo volver al seminario a estudiar.

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En el seminario
A principios de 1811 y aunque el 8 de febrero murió su madre, volvió Juan con su protector el padre Balley para continuar con sus estudios incluso hospedándose en su propia casa. Para pagar la alimentación, sirvió de sacristán, catequista y cuidando el caballo del párroco, e incluso haría el aseo de la casa cural entre otros oficios. Se le impuso la sotana la cual apreció toda su vida y en el segundo semestre de 1812 fue inscrito en el seminario menor de Verrieres, pero de nuevo en filosofía sufría constantes chascos debido a su limitada capacidad intelectual. Tuvo como compañeros del seminario a San Marcelino Champagnat y a Claudio Colin, quienes no solo compartían su anhelo por el sacerdocio sino también su dificultad por entender el latín.

A finales de 1813 ingresó en el seminario mayor de Lyon. Ya en ese momento nuestro santo era mortificado y penitente. Pero de nuevo se complicaron las cosas siendo suspendido un año, sin embargo no se desanimaba y mucho menos su mentor el padre Balley hasta que por fin encontró apoyo en el arzobispo de Lyon monseñor Courbon. El 2 de julio fue ordenado subdiácono, el 23 de junio de 1815 fue ordenado diácono y por fin, el día 13 de agosto de ese mismo año fue ordenado sacerdote en la ciudad de Grenoble por Monseñor Simon obispo de la diócesis.

En el artículo siguiente veremos el ministerio sacerdotal del Santo Cura de Ars.

René

Bibliografía:
-P. Eliécer Sálesman, San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, Apostolado Bíblico Católico, Bogotá, Colombia.

Webs consultadas (08/02/16):
-https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_María_Vianney
-www.aciprensa.com › Recursos › Santos

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9 pensamientos en “San Juan María Vianney, sacerdote y confesor (I)

  1. René,
    Muchas gracias por este artículo sobre el Santo Cura de Ars, sobre el cual deberíamos haber escrito antes. Perdona que no te haya comentado antes, pero me ha sido imposible.
    Yo creo que en este humilde sacerdote se nos muestra toda la grandeza de Dios. Como una persona iletrada o torpe a los ojos humanos, es una verdadera lumbrera a los ojos divinos. Realmente, el Señor hizo en él maravillas, pues les puso a los sacerdotes un modelo en el que todos deberían mirarse. ¡Cuantos curas de Ars necesita la Iglesia!

    • Pues esta es la primera parte de la vida del cura de Ars, no fue posible resumir en un solo artículo toda su vida debido a la densa información, pero veremos en el artículo siguiente que fue también un hombre con dudas. Fue un ser humano, la verdad es que ser sacerdote es una vocación que debe darse total dedicación y realmente en la actualidad ya vemos que el papel del sacerdote es muy cuestionado. Unos caen pero otros siguen. Es verdad que en la actualidad se ve que se necesitan muchos curas de Ars, pero no es menos cierto que también hay muchos sacerdotes que como él están totalmente dedicados a la salvación de las almas que apenas se puede notar

  2. Gracias por el articulo René, si me hubieran preguntado por este articulo hubiera jurado que ya lo teníamos en el blog. Entiendo que lo hayas fraccionado en dos partes, la vida de este gran santo da para rellenar muchas paginas.
    Este sacerdote se dedico por entero a seguir el camino al que estaba predestinado. El no se desanimo a pesar de no seguir el ritmo de las clases y las materias, y este esfuerzo al final tuvo su recompensa porque como veremos mañana fue el sacerdote más “famoso” de toda Francia por su celo apostólico, por sus consejos, por su dirección, caridad y sobre todo por su humildad.Casi seguro que más de un compañero o superior suyo que se las daban de doctos, lo verían sin futuro en la iglesia al considerarlo torpe y nada más lejos de la realidad vemos aquí una gran lección.
    No conocía que le tocara vivir la revolución francesa, pensaba que fue posterior a ella. En estos tiempos de guerras y dificultadas para la religión católica a lo largo de toda la historia y en diferentes países, vemos como surgen hombres y mujeres de Dios que dejan huella en toda una nación.

    • David, me alegra sobremanera leerte.
      Comenzaré por lo último, al santo como he dicho, si le tocó vivir la Revolución Francesa, como habrás visto en el artículo, su primera comunión fue a escondidas con las ventanas cerradas y tapadas, a oscuras, solo con la luz de los cirios, y así también la familia Vianney asistía a misa a escondidas, generalmente a pueblos vecinos y en establos, y verás que le tocó la etapa en donde si te descubrían asistiendo a misa o con una estampa religiosa o un crucifijo pagas caro tu atrevimiento con el exilio o la guillotina, sobre su desempeño en clase, cuanta gente no ve inútiles a los demás que no están a su nivel, y mira como terminan, de seguro los superiores se quedaron perplejos con su reticencia a aprender y el esforzándose de manera que solo Dios conoce, pero mira como lo tenemos ahora. jeje. Cuantos sacerdotes como él nos hacen falta, y cuantos tenemos y los despreciamos

  3. Rene gracias por publicar estos dos articulos sobre San Juan Maria Vianney.
    Yo lo conoci por un comic de “Vidas Ejemplares” a el dedicado,en donde en la portada se ilustra uno de los sucesos de su juventud que tu mismo cuentas en este primer articulo,el que se ocultaba entre la paja en los establos ante un registro.
    No recordaba que hubiera tenido tantos problemas con el latin e incluso que no fuera de mente brillante.

    • Pues no creas que ese defecto con el latín era solamente de San Juan María, imagínate pasar años sin estudios, apenas pudiendo saber leer y escribir, y para las exigencias de la época para ser sacerdote, como no sufrió varios chascos con el idioma que era fundamental para la liturgia. Y para los 21 años sin tener ninguna educación en materia, aprender latín, no creo que él tenga la culpa

  4. Ya era hora de que se publicara algo referente a San Juan Maria Vianney mejor conocido como el santo cura de Ars realmente fueron muchos los sufrimientos que tuvo que pasar para que se pudiera ordenar pero lo mas importante no se desanimo y siempre estuvo firme en su vocacion.

    • Como dices tu, lo importante es que estuvo firme en su vocación, cuantos seminaristas o sacerdotes no se mantienen firmes

      • Lo que has dicho eso es verdad realmente para ser sacerdote como se dice vulgarmente: hay que tener los pantalones bien puestos. el Santo Cura de Ars no da la muestra, por algo es el santo patron de los sacerdotes

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