San Juan María Vianney, sacerdote confesor (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vidriera del Santo.

Vidriera del Santo.

Ministerio sacerdotal en Ecully
Ayer vimos los difíciles años de estudio en el seminario, así como el curioso caso de su vida de soldado y desertor del ejército de Napoleón; hoy continuamos con la vida del Santo Cura de Ars y trataremos sobre su ministerio sacerdotal.

El 15 de agosto de 1815, fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen, pasó en recogimiento en el seminario, emprendiendo el viaje de regreso a su localidad natal al día siguiente, siendo nombrado vicario coadjutor de la parroquia de Ecully, de donde era párroco su benefactor el padre Balley. Sin embargo la licencia para confesar la tuvo que esperar para el año siguiente, debido a que los superiores tuvieron que analizar si poseía ciencia para ello. Entonces se dedicó mientras a enseñar el catecismo a los niños y predicar los domingos en la misa, pero para esta segunda labor se le dificultaba constantemente, debido a que en algunas ocasiones la memoria le fallaba en la penosa tarea de aprenderse la homilía durante horas. Su temperamento era constantemente dominado por el nerviosismo. Era parco en las comidas y penitente en extremo, amable con sus visitantes pero duros consigo mismos. El padre Vianney con frecuencia se azotaba la espalda por los pecados de sí mismo y de sus feligreses, era mortificado en extremo, daba cuanto tenía a los necesitados y aunque su trato con las mujeres era muy amable y cortés, nunca permitió familiaridad exagerada en el trato.

En 1817 a su benefactor le apareció una úlcera en las piernas que lo dejó postrado en cama, entonces el joven coadjutor tuvo que reemplazarlo en los deberes parroquiales, pero la úlcera se convirtió en gangrena y los médicos declararon incurable la enfermedad. El 17 de diciembre de 1817 después de confesarse con el padre Vianney y pedirle guardar sus pertenencias el padre Balley falleció. El nuevo párroco, no se sentía demasiado cómodo con lo mortificado de su vicario y en enero de 1818, hizo a la diócesis de Lyon la petición de cambio. Entonces el obispo envió a Juan María al pueblo donde iba a pasar el resto de su vida a petición de las personas más influyentes de la localidad.

El Santo predicando a los hombres.

El Santo predicando a los hombres.

Ministerio sacerdotal en Ars
El 21 de enero de ese año murió el sacerdote que trabajaba en Ars y las autoridades eclesiásticas decidieron enviarlo allá para dedicarse a la evangelización de los habitantes, tan alejados de la fe, tan mundanos en costumbres. Durante la Revolución Francesa, el templo parroquial, se convirtió en teatro para fiestas, en la comunidad había cantinas y ahí a pesar de la pobreza se gastaba el dinero ganado en bebidas alcohólicas. En los bailes pueblerinos, aparte de las borracheras se faltaba el respeto a las mujeres, había analfabetismo y Ars no era parroquia precisamente sino una capellanía de la parroquia de Miserieux. Sin embargo no todo era negativo ya que también había personas cumplidoras de sus deberes religiosos como la dueña del castillo cercano, la señorita Des Garets, así como el alcalde de la localidad, la señorita Catalina Lassagne y otras mujeres más que durante su ministerio fueron de gran ayuda a nuestro santo. Juan María se encaminó a su nuevo destino junto con una colaboradora de Ecully, en el camino se extraviaron a causa de la niebla, en un paraje encontraron a un pastorcito que les indicó la dirección y ahí es cuando el párroco pronuncia una de sus más célebres frases: “Tú me enseñaste el camino para ir a Ars. Yo te enseñaré el camino para ir al cielo”.

Al llegar se encomendó a su ángel de la guarda y comenzó su labor ministerial arreglando el templo que estaba en condiciones lamentables con los ornamentos desgastados y descoloridos. Con el dinero de sus benefactores arreglaron y repintaron las paredes, embellecieron el altar y él ayudaba personalmente. Se dedicó personalmente al catecismo de los niños con gran esmero, sabía que la atención de los oyentes no duraba mucho tiempo así que se tenía a la mano un cuento, una comparación y hasta un chiste agradable; no admitía jamás que hicieran la primera comunión sin aprenderse el catecismo pues él estaba convencido de que enseñar religión y no hacer aprender nada de memoria es formar ateos.

El Santo bendiciendo a los niños.

El Santo bendiciendo a los niños.

A pesar de su pobre capacidad de memoria y del habla, era duro en la predicación, no tenía miedo de atacar a los vicios, tenía el afán de corregir y no se enfocaba nada más en los sermones, también en la oración, el ayuno y la penitencia. Pero entusiasmaba hacia la vida fervorosa. Otro problema es que la mayoría de los feligreses trabajaban incluso en domingo, pero a los pocos fieles que asistían a la Santa Misa les recalcaba una y otra vez su deber como buenos cristianos.

Poco a poco, el clima de Ars fue mejorando, aunque no sin sufrir calumnias fuertes y burlas de parte de sus colegas sacerdotes. Como confesor era un poco severo (afortunadamente el tiempo lo fue ablandando y se fue haciendo más comprensivo) y hasta el final de sus días no concedía la absolución a quien no mostraba interés de llevar una vida santa. Como decíamos sufrió crueles calumnias, chismes e incluso algunos le cantaban por las noches coplas ofensivas, y llegaron a colgarle un cerdo por la ventana, cosa que sobrellevaba con paciencia y perdón.

El 20 de junio de 1821 Ars fue declarada parroquia oficialmente; entonces el padre Juan María se dedicó con todas sus fuerzas a la remodelación del templo, la evangelización de la zona, al ministerio de la confesión y la maduración de la predicación. En el pueblo como no había escuelas, comenzó a trabajar en un proyecto de educación para niñas, completamente gratuito, comprando una casa a la que llamó “la Casa de la Divina Providencia”. No exento de problemas económicos, además de dificultades con las provisiones de comida, con los parroquianos algo tacaños, ahí se hizo famoso por los dos milagros que ocurrieron (el de la multiplicación del trigo y la multiplicación de la harina).

El Santo en el confesionario. Ilustración contemporánea.

El Santo en el confesionario. Ilustración contemporánea.

Es célebre también por sus enfrentamientos con el demonio quién, según decían algunos testigos, llegó a arrastrar la cama del sacerdote por toda su habitación en la casa cural. A veces temblaba la casa y otras veces le llegaban tentaciones de desesperación. También tenía deseos de irse a la soledad, a un convento a llorar sus pecados, incluso quince días antes de su muerte todavía albergaba deseos de irse a la soledad, pero las autoridades eclesiásticas y los fieles se lo impidieron.

Su apostolado en la confesión fue admirable y a pesar de las debilidades en el ayuno y su frágil salud a causa de las penitencias, es notable como de ser un sacerdote exigente en sus primeros años de ministerio se volviera un confesor bondadoso. Tenía don de discernimiento, sabía de sus penitentes que querían confesarle u ocultarle, llegaban al pueblo multitudes de todos lados del país para confesarse con él. Era desprendido de bienes materiales y todo pasaba a los necesitados, por eso decían que tenía “las manos rotas para dar”.

Algunos colegas suyos se burlaban de su “ignorancia”, su desprendimiento total de la política, su pobre forma de vestir (era amante de la limpieza pero su forma de presentarse era paupérrima, comenzando por la sotana desgastada), aunque también al padre Juan María le disgustaban enormemente los elogios. Tuvo don de profecía y a las gentes supo predecirles el futuro, pero también tuvo don de consejo y consolaba a quienes recurrían a él para contarle sus penas.

Grupo escultórico de Santa Filomena y San Jean-Marie Vianney. Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Mugnano del Cardenal (Italia).

Grupo escultórico de Santa Filomena y San Jean-Marie Vianney. Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Mugnano del Cardenal (Italia).

Fue admirado por muchos intelectuales entre ellos el dominico Lacordaire, por los sacerdotes Petetot y Combalot y muchos personajes importantes. A pesar de la fama que gozó en su tiempo, rechazó en 1852 ser nombrado canónigo, y cuando le fue concedida la muceta él la vendió para hacer una obra de caridad; el 11 de agosto de 1855 el emperador Napoleón III le concedió la Cruz de Caballero de la Legión de Honor, pero el de nuevo no la aceptó, y hasta llegó a decir: “Es el colmo, la nación quiere condecorarme, cuando lo que yo hice por mi patria fue desertar del ejército. ¡Qué vergüenza que quieran condecorar a un desertor!”.

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Era conocida su fama de Taumaturgo: sanó enfermos, curó mudos, tullidos, pero para evitar habladurías y como era devoto de Santa Filomena, recomendaba a la gente encomendarse a ella; una vez se ruborizó y avergonzó cuando la madre de un niño con tumor le tomó la mano para que tocara y curara al infante. También ocurrieron en él fenómenos de levitación así como visiones celestiales.

Muerte
En 1859 estaba agotado en su apostolado, la fatiga había consumido todas sus fuerzas y como el clima de la región era asfixiante por el calor, él se estuvo sofocando en el confesionario aunque sin abandonar su puesto. El 29 de julio, que quiso dar su última catequesis, sentía una sensación de ahogo y tuvo que salir al coro a descansar un poco, la fiebre lo abrasaba. Los fieles, al ver a su santo párroco decaído sentían tristeza y desolación pero el santo sacerdote estaba tranquilo; habiendo sido exagerado penitente durante la mayoría de su vida, en su última enfermedad, fue obediente con su médico e incluso el que había dormido en una cama de pasto seco, ahora cambiaba el colchón por uno de algodón. El 2 de agosto, su confesor le dio la última comunión y la unción de los enfermos, en la cual derramó copiosas lágrimas. Al día siguiente el padre Beau le rezó las oraciones por los moribundos y a las diez de la noche el sacerdote Toccanier que fue su vicario en sus últimos años le aplicó la indulgencia plenaria que el Papa concede a los moribundos. El 4 de agosto a las dos de la madrugada, el más grande sacerdote y confesor descansó en el Señor.

Sepulcro del Santo en su Basílica de Ars, Francia.

Sepulcro del Santo en su Basílica de Ars, Francia.

Ese mismo día se expuso su cadáver para la veneración de los fieles y aún después en un ataúd cerrado siguió expuesto hasta el 14 de agosto en que fue sepultado. El afecto hizo de su funeral multitudinario, lo consideraban no solo un gran amigo sino un gran hombre de Dios.

El 8 de enero de 1905, y después de un largo proceso el papa San Pío X proclamó en la Basílica de San Pedro beato al Santo Cura de Ars y el 17 de mayo de 1925, el día de Pentecostés, el papa Pío XI lo canonizó oficialmente entre una multitud entusiasmada que estremeció el recinto vaticano. En 1929 fue nombrado Santo patrono de todos los párrocos del mundo.

René

Bibliografía:
– P. Eliécer Sálesman, San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, Apostolado Bíblico Católico, Bogotá, Colombia.

Webs consultadas (08/02/16):
-https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_María_Vianney
-www.aciprensa.com › Recursos › Santos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

15 pensamientos en “San Juan María Vianney, sacerdote confesor (II)

  1. Ha sido un placer poder leer seguidos los dos articulos que al santo cura de Ars has dedicado.
    Veo que al principio del comienzo de su ejercicio en el confesionario fue algo duro,pero se ablando con el tiempo.
    Tengo una duda respecto a la figura o cuerpo del santo que reposa en la Basilica de Ars.
    ¿Es una figura de cera que contiene sus restos o su cuerpo estuvo incorrupto y le aplicaron las capas de cera sobre su rostro?

    • Según tengo entendido cuando exhumaron sus restos los encontraron incorruptos, recuerda que expliqué que el clima de Ars era caluroso, lo que si recuerdo es que el corazón del Santo está incorrupto, no se si Antonio tendrá más datos pero yo pienso que es una figura de cera

      • Los restos de San Juan María Vianney están incorruptos, algo ennegrecidos, por lo cual se le ha puesto una mascarilla de cera. Las crónicas cuentan cómo fue que al ser exhumado su cadáver para la beatificación, había varios de sus parroquianos que eran niños cuando el murió, las exclamaciones de los mismos fueron: “es él, es él”.

  2. Muchas gracias, René, por este segundo y último artículo sobre el Santo Cura de Ars.
    En él dices: “…Sin embargo la licencia para confesar la tuvo que esperar para el año siguiente, debido a que los superiores tuvieron que analizar si poseía ciencia para ello….” Leo esto y siento verdadero asombro por no decir indignación y vergüenza. ¿Qué conocimientos científicos tiene que saber un santo sacerdote para dirigir a las almas que se encomiendan a él?
    Para ser un buen confesor, ¿se ha de saber latín?, ¿debe ser un docto en filosofía o teología?… o más bien, ¿no será necesario ser un hombre comprensivo y misericordioso, que sabe encauzar a quienes acuden a él solicitándole ayuda?

    Dices que en un principio era muy estricto. ¿No le inculcarían ese rigor los profesores y tutores del seminario? La cura de almas lo fue haciendo más comprensivo, más misericordioso como corresponde al sacramento de la penitencia, que es el sacramento del perdón, de la misericordia divina hacia nosotros si realmente nos arrepentimos de nuestras faltas. ¡Qué tiempos aquellos – y quizás aun hoy en día los haya, – en que algunos sacerdotes morbosos inquirían hasta los más mínimos detalles de las faltas cometidas! ¡Qué forma de tergiversar el verdadero sentido del sacramento!

    Seguro que San Juan María Vianney, como San Leopoldo Mandic o San Pío de Pietrelcina, eran padres compasivos, comprensivos, piadosos que sabían que además del perdón, inculcaban a sus fieles el amor de un Dios que es Padre y que como tal, se desvive por sus hijos.

    • Toño, dices muy bien tu parecer respecto a la misericordia en el sacramento de la Reconciliación, sin embargo, en los tiempos que San Juan María Vianney era seminarista, todavía era común encontrar huellas del Jansenismo en los seminarios. San juan María Vianney como confesor se demostró como un verdadero médico de almas, no en vano se pasaba más de 14 horas en el confesionario, su fama desbordó la aldea de Ars y llegó a ser él mismo meta de multitudinarias peregrinaciones. Fue en verdad una caricia del Padre para el pecador arrepentido.
      Saludos.

      • Estoy de acuerdo con Humberto, y voy a contestar, lo primero, recuerda los chascos que sufrió en el seminario, incluso los rectores poseían varias dudas sobre la capacidad de San Juan María, y recordemos que la teología le costó no pocas desilusiones, debido a que los libros estaban en latín, como escribí en el artículo anterior, si no fuera por la persistencia que tuvo y el apoyo de su mentor y del vicario de la Arquidiócesis de Lyon, no lo tendríamos como santo sacerdote. De hecho cuando le preguntaron al obispo que lo ordenó si no sería mucha molestia ordenar a un “ignorante” como sacerdote, el les respondió: Nunca es mucha molestia si es un piadoso sacerdote. Ahora sobre si era severo, ya te ha contestado Humberto, y ya diste la respuesta tú, fue por su educación principalmente, debido a que en los seminarios no solo las ideas jansenistas predominaban, más que nada las rigoristas, lo que si es que a pesar de ser más comprensivo y más apacible jamás dio la absolución a quien no tenía interés de cambiar. Claro no quería palabras exageradas, sino una forma sencilla, era muy sencillo. Obviamente también ha de aguantar a personas que eran merolicos como decimos aquí, si de sacerdotes hay morbosos los penitentes no quedan atrás eh?

  3. René, has de dispensar que te conteste hasta ahora, estuve desconectado de internet el fon de semana y hasta ahora me ha sido posible leer y comentar tu trabajo.
    En primer lugar para agradecerte el haber llenado este vacío que estaba pendiente por cubrir, San Juan María Vianney es un santo muy importante y qué bueno que por fin se ha escrito de él en este blog. En un comentario de Toño publicado en la primera parte decía algo como que hacen falta muchos sacerdotes cómo él, este comentario me hizo recordar una admonición que el mismo demonio le vociferó en uno de tantos ataques que le hacía: “Vianney, Vianney, ¡Cómedor de trufas! (es decir: “puerco”) si hubiera cinco como tú, mi reino estaría destruido”
    Y realmente el demonio da testimonio indirecto de los bueno que es confesarse y lo bueno que era en el confesionario este santo. Este año de la misericordia sin duda su ejemplo es muy útil.
    San Juan María Vianney fue un santo con rasgos místicos, su clarividencia para leer las conciencias, adivinar el futuro (creo que por ahí andan dos beatas que tuvieron un consejo suyo en el confesionario), dirección de almas, ataques del demonio, matrimonio místico, éxtasis, etc, pero no son estas cosas lo que realmente lo hacen santo, sino su dedicación a vivir cada día de manera extraordinaria, respetando el horario de su jornada, orando, atendiendo a los pobres y necesitados, decir que su vida se encierra en el confesionario es poco, baste conocer su obra del La Providencia para dar asistencia y seguridad social.
    Un hombre más bien humilde, que al ser nombrado canónigo honorario de su catedral, no uso la museta de armiño que le regaló su obispo como distinción.
    Te comparto una anécdota muy interesante sobre San Juan María Vianney sober su conocimiento sobrenatural, como bien sabes, de las personas que han muerto, la Iglesia dictamina que algunas de ellas están en el cielo, es decir, con la canonización se define como cierto que una persona se ha salvado y está ante Dios. Sin embargo, no es posible y nadie, o tal vez, solo él, ha dicho que una persona está en el infierno; es el caso que muchas personas también acudían a él para demandar consuelo ante la muerte de sus familiares, de los cuales temían la condenación eterna, muchas veces les daba la seguridad de su salvación y el consuelo de que por lo menos estaban en el purgatorio. En cierta ocasión alguien le preguntó sobre un famiilar fallecido y San Juan María Vianney le dijo muy serio y escuetamente, pero con seguridad y tristeza: “no se quiso confesar”.
    Saludos.

    • Gracias, estas perdonado jejeje, conocía eso que tu dices de su don de ver el estado de las almas, sus hechos místicos, perdona no incluirlos para no hacer extenso el artículo. Sobre sus experiencias con el demonio, se dice que le llegó a quemar la habitación, a hacerle temblar la casa, arrastrarle la cama, o a cantarle con horrenda voz. y más cuando se iban a confesar muchos penitentes. Lo único que me dejó perplejo de la vida del Santo Cura de Ars, es su penitencia, se dice que solo comía en los primeros años de sacerdocio dos papas mohosas al día, dormía en un colchón de pasto seco, se azotaba con fuetes con pequeños pedacitos de plomo. Solo al final de su vida tomaba un vaso de leche, y un poco de sopa, por ir a confesar a alguna persona que vive lejos o en los pueblos vecinos se le olvidaba comer. Se llegó a desmayar de tantos azotes que se daba, me dejó perplejo y eso si es en lo único que no estoy de acuerdo

  4. Lo del Santo cura de Ars es realmente maravilloso en un libro que lei de el es de su preparacion tambien para la homilia y con el tiempo se caracterizo tambien por ser un buen homiletico, tambien las pocas horas de dormir ya que multitudes lo esperaban para confesarse con el.
    MUY BUEN ARTICULO ENHORABUENA

    • Gracias Israel, pues sobre sus homilías a el le costaron esfuerzo y dedicación pues hablar en público no era su fuerte, se esforzaba de sobremanera ya después era un gran predicador, pero un buen predicador es el que convierte el corazón no el que habla elocuentemente

  5. Antes que nada, quiero saludar a mis compañeros y disculparme por no poder estar presente aquí a menudo, pero entre trabajo y estudios, realmente no me queda tiempo para estar aquí lo que yo quisiera y debiera.

    Dicho esto, agradecerle a René su excelente disposición y contribución al blog, y también su claridad de ideas y brillantez para debatir los claroscuros de los temas que trata, cosa que admiro enormemente en él. Normalmente, cuando se escribe de un Santo o tema religioso, tendemos sólo a decir las luces, o las cosas bonitas, y hasta nos picamos cuando nos muestran las sombras. Hay que tener valentía para cuestionar tu propio trabajo, tener sentido común para ver luces y sombras en lo que tratamos y a quienes admiramos, y sensatez para hacer frente a más de un tema incómodo. Y tú tienes todo eso y más, René. Muchas gracias.

    Sobre San Jean-Marie Vianney, el mejor tributo que puedo hacerle, y que no sea repetir lo ya dicho, es que admiro su gran humildad y cómo se escudó tras Santa Filomena para desviar la atención de esos prodigios que, muy probablemente, eran mérito sólo suyo. Esto luego ha jugado en descrédito de la pequeña mártir, porque al final, quien ha querido pisotear a Santa Filomena lo ha hecho igual, y en eso Vianney ha sido arma arrojadiza: que si soy devoto de ella, la defiendo diciendo que Vianney la veneraba, y él era un Santo luego ella lo es también. Que si soy detractor de su existencia histórica, la ataco diciendo que Vianney se escudaba tras ella y que le atribuía los milagros que él hacía, ergo ella no hacía milagros, ergo no existe.

    Al final, a cada uno en su lugar: ella, una mártir de las catacumbas en la Antigüedad, él, un ejemplar párroco francés del siglo XIX. Que él la venerara o la pusiera de ejemplo no debería actuar en descrédito de ella, como tampoco de excesiva alabanza. Al final las cosas suceden por un motivo, y probablemente si esta pequeña mártir, de la que nunca me cansaré de hablar, ha sido tan mundialmente famosa y reconocida, ha sido por la difusión de su culto promovida por personas como el mismo Vianney. Eso ni es bueno ni es malo, es como ha sido, y hay que ir a la cuestión de fondo de todo. Yo, al final, doy gracias a Vianney por Filomena, y a Filomena por Vianney. Que dos personas separadas por tantos siglos de existencia establecieran ese vínculo tan fuerte y quedara tan fuertemente reflejado en el arte, la cultura y la devoción cristianas, no es de avergonzarse, es de admirar.

    Buen trabajo, René, sigue así.

    • Quizá lo hizo el Santo Cura de Ars con otra intención, puede que no fuera culpa suya dar a los detractores motivo para desacreditar a Santa Filomena, claro que cuando un culto es exagerado y lleno de promesas materialistas en vez de la verdadera devoción se puede mal hablar de él, yo creo que lo importante es que la devoción de este sacerdote era sencilla y sincera, claro eso voy con lo siguiente, puedo decir que el santo cura de Ars para mi es un hombre irrepetible, como se ha hablado de San Francisco de Asís, de San Juan de Dios, de la Madre Teresa de Calcuta, y de muchos, claro aceptando sus errores como humanos, como le comentaba a Humberto sus exageradas penitencias que me pusieron los pelos de punta, cada santo tiene su forma de buscar la Santidad, aunque sus actos los llevemos en tela de juicio. Yo soy humano también puedo fallar, y más que yo tengo 18 años, el trabajo de los demás colaboradores me hace ver como un enano, y soy novato. Si todos fuéramos ángeles perfectos, entonces en este blog no habría nada que comentar, pero vemos a los santos más humanos, por ejemplo cuando hablé de San Hermógenes de Tobolsk. O San Cirilo de Alejandría, San Jerónimo y varios, pronto que hablaré de San Pío V, veremos en él y su legado así como seguiremos cuestionando sus acciones.
      Si he visto lejos es porque me he subido a hombros de gigantes

  6. Gracias René.
    Con este segundo articulo he conocido mejor aspectos desconocidos para mi de la vida del Santo Cura de Ars. No voy a compararlos, ya cada uno es cada uno, pero la vida y obra del Padre Pio y la suya son muy similares en muchos aspectos como las tentaciones del demonio, los dones, la humildad y caridad con los desfavorecidos, la sobriedad y sobre todo la misericordia en las confesiones. Ambos dos son santos que marcaron una época y un país, dedicándose por completo y sin grandes y extraordinarios echos a los cargos ‘propios de un sacerdote.
    Muy grande y profunda fue la labor que desarrollo en Ars para pasar de un pueblecito ateo y casi sin feligreses a ser un pueblo conocido en toda Francia por el cambio que dio este Santo Cura. Podemos estar seguros que Dios da difíciles batallas a soldados capaces que las pueden ganar como él.

    San Juan María Vianney ruega por nosotros y en especial por todos los sacerdotes, ya que la mies es mucha y los obreros pocos.

    • Son contextos diferentes, pero actos muy similares, el soldado que sabe luchar en vez de odio lleva amor, en vez de guerra lleva paz, y en vez de guardar rencor perdona, eso es lo que fue San Juan María Vianney . No hay santo perfecto solo pecador perfectible, y si vemos el transcurso de la vida del santo sacerdote veremos a él mucho más humano de lo que se nos presenta a primera vista

  7. Hola hermanos, hacerca del cuerpo del Santo cura, segun tengo entendido su cuerpo estuvo incorrupto hasta su exumasion, lo unico que esta incorruptible es su corazon, en este mes de Mayo 4,5,6, tuvimos la gracia de que nos visitara esa gran reliquia del Santo cura.
    Bendiciones a todos

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